Vergüenza dictatorial en Chile: la tarde más triste del fútbol (21 de Noviembre de 1973)

El fútbol y la guerra fría: Chile vs URSS, la tarde más triste del fútbol

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Como en tantos y tantos lugares del mundo, el fútbol siempre ha sido el deporte más popular en Chile, país que, a tenor de su convulsa historia política en el siglo XX, vio también como el deporte rey se convertía una vez más en herramienta de influencia social y política para ser usada por sus dirigentes. Justo después de un terrible terremoto, Chile organizó su mundial en 1962. Jorge Alessandri Rodríguez aprovechó la ocasión y una excelente hornada de jugadores para tratar de unir con el deporte a un país que vivía un continuo y duro enfrentamiento entre derecha e izquierda.

En aquel Mundial Chile quedó tercera, pero uno de los encuentros más recordados fue la semifinal contra Italia, conocida como “la batalla de Chile”, donde los jugadores de uno y otro equipo repartieron patadas y entradas duras a diestro y siniestro, influenciados por el clima de tensión generado por el gobierno local, que había reaccionado muy duramente ante las críticas exageradas de dos periodistas italianos al estado de pobreza en el que estaba sumido el país sudamericano.

Once años después del Mundial, el golpe de estado de Augusto Pinochet ponía fin al gobierno de Salvador Allende, elegido democráticamente. Los estadios de fútbol se usaron como centros de detención; en el Estadio Nacional, miles de personas fueron recluidas y otras muchas perdieron la vida. El periodista deportivo Vladimiro Mimica estuvo allí retenido y relataba lo que para él suponía una negra ironía: “Donde yo había cosechado mis primeras alegrías en el ámbito profesional estaba también cosechando mi más grande pena de aquel momento”.

Antes de que el Colo Colo también se convirtiera en instrumento de Pinochet a modo que lo era el Real Madrid para Franco, ya el fútbol se convirtió en terreno de enfrentamiento bajo el mandato de Pinochet. Sólo unas semanas después del golpe de estado, Chile debía enfrentarse con la Unión Soviética y vencerla para clasificarse para el Mundial de 1974.

El partido de ida se disputó en Moscú, sólo diez días después del levantamiento. Las noticias que llegaban de Chile, aunque no eran buenas, aún eran confusas, y el partido se desarrolló con una tensa normalidad, acabando el choque con el 0-0 inicial. En Moscú, las autoridades pusieron a algunos jugadores chilenos problemas ante una hipotética falsedad de sus pasaportes, lo que indicaba que la actitud de los soviéticos ya comenzaba a ser hostil hacia la nueva política que se gestaba en Chile.

Para el partido de vuelta que debía disputarse en Santiago el 21 de Noviembre de 1973, ya habían trascendido las noticias de las torturas sistemáticas de militantes socialistas y las tendencias derechistas del general, así como la muerte de Salvador Allende, con el que los dirigentes soviéticos mantenían buenas relaciones. La URSS emitió un comunicado en el que anunciaba que se negaba a jugar en el estadio que había servido de campo de concentración, torturas y ejecuciones, y apelaba a la FIFA para que no permitiera que un estado de tal signo político pudiera organizar partidos.

La FIFA entonces inició la trama surrealista que se preparaba, efectuando una revisión del estadio digna de las mejores obras del teatro del absurdo, con los prisioneros observando la acción desde las ventanas de los subterráneos del estadio, amenazados con ser ejecutados si gritaban para denunciar su situación.

Así, la federación dio luz verde a la celebración del encuentro y la URSS se negó a participar. Entonces se dio uno de los espectáculos más lamentables que se recuerdan en la historia del fútbol, bautizada por la prensa local como “la tarde más triste del fútbol”. Los jugadores de la selección chilena saltaron al campo sin ningún rival enfrente, y marcaron un gol simbólico para celebrar su clasificación para el Mundial, en el cual se mostraron numerosas protestas y manifestaciones en contra del régimen de Pinochet.


El relato de Eduardo Galeano en “Los hijos de los días”…

En 1973, Chile era un país prisionero de la dictadura militar, y el Estadio Nacional se había convertido en campo de concentración y en cámara de torturas.

La selección chilena iba a disputar, contra la Unión Soviética, un partido decisivo para la clasificar a la Copa del Mundo.

La dictadura de Pinochet decidió que el partido debía disputarse en el Estadio Nacional, sí o sí.

Los presos que el estadio encerraba fueron trasladados de apuro y las máximas autoridades del fútbol mundial inspeccionaron la cancha, césped impecable, y dieron su bendición.

La selección soviética se negó a jugar.

Asistieron dieciocho mil entusiastas que pagaron entrada y ovacionaron el gol que Francisco Valdés metió en el arco vacío.

La selección chilena jugó contra nadie.

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