Carl Gustav Jung y el Nacionalsocialismo

Carl Gustav Jung y el Nacionalsocialismo

Laura Ibarra García Centro de Estudios Europeos Universidad de Guadalajara ________________________

El inconsciente ario tiene un potencial mayor que el judío […]. A mi juicio, la actual psicología médica ha cometido un grave error al aplicar indiscriminadamente categorías, que ni siquiera son válidas para todos los judíos, a los germanos cristianos o eslavos […]. La psicología médica ha sostenido que el secreto más precioso de los germanos, el fondo de su alma creadora y llena de fantasía, es un pantano infantil y banal, mientras que por décadas, mi voz que advertía de ello, ha estado bajo la sospecha de ser antisemita. La sospecha provino de Freud. Éste no conocía el alma germana, como tampoco la conocen sus seguidores.

Estas palabras fueron escritas por C. G. Jung en enero de 1934. Ellas dejan ver el rumbo que tomaría la psicología en Alemania durante los once años en que el país estaría dominado por los nacionalsocialistas. Mientras Sigmund Freud y Alfred Adler, quienes pertenecían a la comunidad judía de Viena, eran blanco de numerosas difamaciones que aparecían en periódicos nacionales y en revistas especializadas, Jung sintió que había llegado la hora en que el régimen alemán lo habría de reconocer como uno de sus grandes intelectuales.

Jung pensaba que sólo su teoría, conocida como psicología analítica, lograba explicar realmente el surgimiento del nazismo, la grandeza de Adolfo Hitler y la supremacía psicológica del alma alemana sobre el inconsciente de los otros pueblos.
Jung estaba seguro de que tan pronto como los líderes nazis se dieran cuenta de las coincidencias entre su pensamiento y la ideología del nacionalsocialismo, él pasaría a formar parte de las luminarias académicas a quienes los nazis acostumbraban tributar un enorme reconocimiento.

A principios de 1933, Jung empezó a ser considerado en Alemania como el renovador de la psicología y de la psiquiatría. Él había venido a rescatarlas del estado de descomposición en que habían sido sumergidas por los judíos psicoanalistas. En ese mismo año, empezaron a ser quemados públicamente los libros de Freud. Los nacionalsocialistas recomendaban recitar en el momento en que éstos eran lanzados al fuego lo siguiente: “En contra de la sobrevaloración de la vida sexual que destruye el alma, y por la nobleza del alma humana, entrego a las llamas los escritos de un tal Sigmund Freud”.

En junio de 1933, C. G. Jung fue nombrado presidente de la Sociedad Médica de Psicoterapia, que agrupaba asociaciones de diversos países. Los miembros de la Asociación Psicoanalítica Alemana, que tenía más de veinte años de existencia, la fueron abandonando, voluntariamente o por presiones políticas, e ingresaban a la Sociedad Alemana Médica de Psicoterapia, que se formó en 1934.

Como presidente de esta sociedad fue designado el psiquiatra M. H. Goering, primo del ministro de Aviación, Hermann Goering, el hombre más importante del régimen, después de Hitler. Gracias a los esfuerzos del psicoanalista Ernest Jones, quien gozaba en ese entonces de un gran prestigio internacional, fue posible que el doctor Goering permitiera que la Sociedad Psicoanalítica Alemana continuara existiendo como una división dentro de la Sociedad Alemana Médica de Psicoterapia.

En diciembre de 1933 fue publicada la declaración de principios que regía a esta sociedad. El escrito fue redactado por el mismo doctor Goering. En él se afirma lo siguiente:

Esta sociedad tiene la tarea […] de unir a todos los médicos alemanes […] que pretenden formarse y practicar la terapia psiquiátrica conforme a las concepciones nacionalsocialistas. La Sociedad presupone que todos sus miembros activos, los que hacen uso tanto de la palabra verbal como escrita, han trabajado el libro fundamental de Adolfo Hitler, Mi lucha, con toda la seriedad científica y lo reconocen como fundamento. La Sociedad pretende colaborar en la obra del Kanzler, educando al pueblo alemán hacia una convicción heroica orientada al sacrificio.

Aunque años más tarde Jung negó haber tenido conocimiento de esta declaración de principios antes de su publicación, él era en ese entonces editor y responsable de la Revista de Psicoterapia, en la cual fue dada a conocer la declaración. Las páginas editoriales del número en que apareció la declaración fueron escritas por el mismo Jung, y su contenido se apega al sentido de las palabras del doctor Goering: “Las diferencias que realmente existen desde hace mucho tiempo entre la psicología germana y la judía no deben continuar siendo ignoradas; para la ciencia, esto sólo puede ser provechoso”. Con ello, Jung mostraba que no sólo estaba interesado en señalar las diferencias entre ambas psicologías, sino en proclamar la superioridad de la psicología alemana frente a la judía. Jung, por cierto, nunca se distanció públicamente del manifiesto psiquiátrico del doctor Goering.

Diversas publicaciones muestran que Jung participó voluntaria y conscientemente en las difamaciones que se divulgaban sobre los judíos y el psicoanálisis. A principios de 1934, en su artículo “Sobre la situación actual de la psicoterapia”, afirma que el judío, como “nómada”, no puede crear jamás una cultura propia; para desarrollar sus instintos y talentos tiene que apoyarse en un “pueblo anfitrión más o menos civilizado”.

En este mismo artículo, Jung se empeñó en hacer notar la imposibilidad del psicoanálisis judío de explicar el surgimiento del nacionalsocialismo, y lo acertado y útil que resultaba su propia psicología en este sentido. “¿Ha podido (el psicoanálisis de Freud) esclarecer la grandiosa aparición del nacionalsocialismo al que todo el mundo observa con los ojos llenos de sorpresa? ¿Dónde se encontraba el ímpetu silencioso y la fuerza cuando todavía no había nacionalsocialismo? Ella se encontraba escondida en el alma germana, en aquel profundo fondo, el cual es todo lo contrario a la cloaca de los deseos infantiles insatisfechos y de los resentimientos familiares latentes”. Jung va tan lejos en su deseo de desprestigiar las enseñanzas de Freud, que llega a señalar la concepción de éste sobre la neurosis como “la sucia fantasía de adolescente tenida por su autor”.

En Suiza, algunos psicoanalistas reaccionaron con toda firmeza en contra de la posición de Jung. Entre ellos destaca Gustavo Bally, quien publicó en uno de los principales diarios del país, el Neue Zuercher Zeitung, fuertes críticas a las coincidencias de Jung con el nacionalsocialismo en lo que respecta al racismo, la ideología aria y el desprecio a los judíos.

Aunque muchos de los discípulos de Jung trataron, y aún lo hacen, de minimizar y restar importancia a su convencimiento y entusiasmo por el nacionalsocialismo, los testimonios son contundentes. Artículos, cartas y entrevistas constatan que Jung no sólo simpatizaba con las ideas de los nazis, sino que trató de devaluar la persona de Freud, de excluir su obra de los países de habla alemana y de beneficiarse a sí mismo de todo esto.

En una carta enviada a Wolfgang Kranefeld, un discípulo de Jung en Alemania y ferviente partidario del nacionalsocialismo, Jung aboga por una prohibición del “psicoanálisis judío”: “Como es conocido, contra la necedad no se puede hacer nada, pero en este caso los arios pueden señalar que con Freud y Adler se están predicando públicamente puntos de vista específicamente judíos. Puntos de vista que, por cierto, tienen un carácter esencialmente destructor. Si la promulgación de este evangelio judío le resulta agradable al gobierno, pues es así y basta. Pero, por otra parte, existe la posibilidad de que esto no le fuera tan cómodo al gobierno…”.

El 26 de junio de 1933, Jung concedió una entrevista a la Radio de Berlín en la que dio a conocer sus opiniones e intereses. Jung fue presentado por su entrevistador, el doctor Weizsaecker, uno de sus discípulos, como el “conocido psicólogo de Zurich, quien frente al destructivo psicoanálisis de Sigmund Freud logró oponer su psicología constructiva”. El director del programa mencionó que el padre de Jung era un pastor protestante, mientras que Freud y Adler eran judíos. Por ello, según el doctor Weizsaecker, Jung contaba con un terreno totalmente diferente en su perspectiva general frente al ser humano.

En esta entrevista, Jung criticó la psicología de Freud y Adler como “una psicología enemiga de la vida”. A la pregunta expresa sobre las diferencias entre su pensamiento y la psicología de Freud y Adler, manifestó: “Mire usted, uno de los privilegios más bellos del espíritu germano es dejarse influir sin condiciones por la totalidad de la creación en su inagotable diversidad. Freud y Adler sostienen sólo un punto de vista individual (sexualidad, anhelo de poder) frente al todo. La teoría de estos autores distorsiona el poderoso sentido de la totalidad hasta la necedad y la belleza propia de la totalidad hasta el ridículo”. Para subrayar su distanciamiento con respecto a estos dos autores, Jung afirma que él “nunca pudo conformarse con estas posiciones enemigas de la vida”. El doctor Weizsaecker le agradeció en especial esta aclaración, y afirmó que “precisamente esta respuesta sería para muchos una liberación”.

Jung acentuó, de nuevo, la ventaja de su psicología sobre cualquier otra teoría. Ella no sólo está en situación de explicar los acontecimientos políticos en Alemania, sino también los cambios paralelos que en el arte y en la filosofía ocurrían en ese tiempo.

Tres años más tarde, en 1936, Jung publicó su famoso Himno a Wotan, el antiguo dios germano de las tormentas y del rayo. Esta divinidad es quien, desde el inicio de los tiempos, escondido en el alma alemana, desencadena las pasiones y el ansia de lucha. Para Jung, “el dios de los alemanes” explica más el nacionalsocialismo que los factores económicos, políticos y psicológicos.

En 1939, Jung concedió una entrevista al periodista norteamericano H. R. Knickerbocher en Zurich. En ese año, la política agresiva de los nazis estaba a la vista de todos: Austria, la ciudad de Dánzig, en Polonia, y la región de los sudetes, en Checoslovaquia, habían sido “anexadas” al tercer reich. La persecución de los judíos era entonces brutal y evidente. La Noche de los Cristales Rotos, en que las casas y negocios de los judíos habían sido apedreados o saqueados, había sucedido en noviembre de 1938. Nadie podía ignorar lo que estaba ocurriendo.

Jung, que entonces tenía sesenta y tres años, afirmó que “la mirada soñadora” de Hitler, “el rasgo más prominente de su fisonomía”, lo había impresionado. “En sus ojos -decía- se encuentra la mirada de un vidente. Hitler es el altavoz que amplifica el murmullo inaudible del alma alemana”. Él “se deja tocar por su inconsciente”. Para Jung, el Führer es “como un hombre que atento escucha una corriente de inspiraciones, de cuya fuente escondida sale una vocecita y que conforme a ella actúa”. “Hitler escucha y obedece” pues, según Jung, “el verdadero Führer siempre es dirigido”.

En esta entrevista, Jung no sólo expresó su admiración por Hitler, sino que refirió también su simpatía por Mussolini. En comparación con Hitler, quien es “chamán, mitad dios, mito”, Mussolini “es un hombre”. Jung afirmaba haber descubierto en el dictador italiano “determinado corte de un hombre auténtico que dispone para ciertas cosas de muy buen gusto”. Eran muestras de este “buen gusto” el hecho de que Mussolini haya tolerado al rey de Italia en su puesto y que él mismo se hiciera llamar “Duce” y no “Doge”, como en la antigua Venecia.

Jung confesó al periodista norteamericano que después de haber experimentado “la gran felicidad de encontrarse a sólo unos pasos del Duche y del Führer” en un desfile militar en Berlín, se sintió un poco decepcionado por la seria actitud mostrada por Hitler. La emocionalidad del fascista Mussolini, por el contrario, le encantó. Jung admitió haber compartido con él su entusiasmo por el paso de punta en la marcha militar. “Frente a este paso -relata- Mussolini aplaudió con alegría; estaba tan contento como un niño pequeño en el circo”.

Mientras Jung trataba de hacerse notar en los círculos nazis revistiendo la ideología nacionalsocialista de psicología profunda y justificando psicológicamente el racismo, Freud, su maestro y amigo paternal durante más de ocho años, tuvo que abandonar Viena y exiliarse, junto con su familia, en Londres. A los ochenta y dos años, no le fue fácil abandonar la ciudad en la que había vivido casi toda su vida. Pese a los esfuerzos de Freud por salvar la vida de sus cuatro hermanas, éstas fueron asesinadas en los campos de concentración de Auschwitz y de Thereseinstadt. Según un testigo que sobrevivió al holocausto, una de ellas, antes de entrar a la cámara de gas, gritaba: “Aquí hay un error, yo soy la hermana de Sigmund Freud”.

A diferencia de sus seguidores, que aún hoy se empeñan en reprimir o ignorar las simpatías de su maestro por el nacionalsocialismo, Jung admitió haber cometido un error. Después de finalizar la guerra, en 1946, Leo Baeck, profesor de historia de la religión y representante de la comunidad judía, aceptó, aunque no de muy buena gana, conversar con Jung. Este rabino, así como Ernst Bloch, Thomas Mann, Erich Fromm y Herbert Marcuse, entre otros, había criticado con dureza el apoyo que Jung brindó públicamente al nacionalsocialismo y su pretensión de legitimar mediante la psicología el dominio nazi. En esta entrevista, Jung intentó defenderse y, aunque trató de transferir la culpa a los alemanes y su patología, reconoció “haber resbalado”.

Sin embargo, hasta su muerte, ocurrida en 1961, Jung no logró distanciarse de su producción ideológica de los años treinta ni analizar las coincidencias entre sus ideas y la propaganda nazi. Esta tarea está aún por hacerse.

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Un pensamiento en “Carl Gustav Jung y el Nacionalsocialismo

  1. Carl Gustav Jung y la maraña de malentendidos.
    El psicólogo suizo argumenta su defensa

    Francisco Hernández Lomelí(1) Departamento de Estudios en Comunicación Social Universidad de Guadalajara ________________________

    La vida y la obra de Carl Gustav Jung (1875-1961) resultaron incómodas para muchos participantes del campo de la psicología. En Eros y civilización, Herbert Marcuse escribe que a pesar de que el psicoanálisis es “una teoría radicalmente crítica”, que había reconocido la “infelicidad general” de la sociedad como límites insuperables de la salud y la normalidad, fue víctima de un doble “revisionismo neofreudiano” que intentó trocar la concepción psicoanalítica del hombre; este revisionismo se forjó bajo la orientación de un “ala izquierda y una derecha”. Según Marcuse, el orquestador de la primera fue Wilhelm Reich, y el principal abanderado del ala derecha fue Carl Gustav Jung. Esta geografía del psicoanálisis incluía también comentarios a la obra de ambos pensadores: el trabajo de Reich contenía un “primitivismo” que anticipaba “las salvajes y fantásticas ocurrencias de sus últimos años”, y Jung no salió mejor librado; Marcuse calificó la obra de éste como una “pseudomitología oscurantista”.

    Al parecer, ubicar la vida y obra de Jung en la derecha del psicoanálisis fue, en definitiva, un ejercicio intelectual de Marcuse, cuya validez no se discutirá aquí. Este ensayo está enfocado a la reflexión de los malentendidos que pesan sobre las espaldas de Jung: su supuesta simpatía hacia el nacionalsocialismo y su actitud antisemita. El origen de estas acusaciones es diverso; el psicoanalista mexicano Manuel Aceves2 señala la “rencorosa pluma” de Erich Fromm como iniciadora y fuente principal de los infundios. Siguiendo los pasos del autor de El arte de amar, el crítico y poeta estadounidense Robert Hillyer publicó en The Saturday Rewiew of Literature dos artículos en los que acusa al psicólogo suizo de “nazi” y “antisemita”. Como pruebas de su afirmación, ofrece sólo algunas citas y declaraciones descontextuadas de Jung, pero nunca un análisis global de su vida y obra.

    Paseos por el callejón de la historia3 es el título del libro de Laura Ibarra, que recientemente ha comenzado a circular en Guadalajara. En él se incluye un capítulo dedicado a “Carl Gustav Jung y el nacionalsocialismo”, en el que la autora se adhiere de manera acrítica a la postura de Fromm y Hillyer en el sentido de relacionar la vida y obra de Jung con el ideario del partido nazi.

    La sorpresa ante el resurgimiento de la acusación de apoyo a los nazis y el desprecio por los judíos por parte de Jung motiva esta réplica, ya que no comparto la sospecha ni el juicio apriorístico que se ha hecho al psicólogo suizo. Debe recordarse que el propio Jung explicó suficientemente los equívocos y errores de interpretación que sufrieron algunos pasajes de sus escritos. Es posible un ejercicio de imaginación que construya un diálogo entre, por una parte, detractores y acusadores de Jung, cuyos argumentos son recogidos por Laura Ibarra; y, por otra, el propio Carl Gustav Jung y sus biógrafos, quienes en distintos escritos han desmentido las acusaciones que le imputan. Tal estructura me coloca como simple compilador de argumentos, no como su autor, aunque asumo la responsabilidad total de la manufactura diacrónica del encuentro.

    I

    “El inconsciente ario tiene un potencial mayor que el judío […]. El judío es un nómada, que no puede crear jamás una cultura propia; para desarrollar sus instintos y talentos tiene que apoyarse en un pueblo anfitrión más o menos civilizado.” Laura Ibarra inicia su artículo con estas frases, de las que surgió el primer malentendido, tomadas de la ponencia “Sobre la situación actual de la psicoterapia”, escrita por Jung y que apareció en el Zentralblatt für Psycoterapie (vol. 7, núms. 1 y 2).

    En una entrevista ofrecida a la periodista Carol Baumann, el psicólogo suizo consideró que esas frases se sacaron del contexto original y dieron como resultado una interpretación ajena a la intención que tienen. Cito en extenso a Carl Gustav Jung:

    Como constituye una cultura el doble de antigua, los judíos son notablemente más conscientes de las debilidades e inferioridades del ser humano y, por tanto, en ese respecto, mucho menos vulnerables que nosotros. A su experiencia como antigua cultura también deben la habilidad de poder vivir conscientemente en términos benevolentes, amistosos y tolerantes con sus propios defectos. Nosotros, en cambio, somos demasiado jóvenes para dejar de tener ilusiones […]. El judío como es miembro de una raza cuya cultura tiene unos tres mil años de edad, al igual que el chino culto, es consciente de áreas más amplias que nosotros […]. El judío, como es relativamente nómada, nunca ha producido, y posiblemente nunca producirá, una cultura propia, puesto que todos sus dones e instintos requieren un pueblo-anfitrión más o menos civilizado para su desarrollo. Por tanto, la raza judía en general tiene, de acuerdo con mi experiencia, un inconsciente que sólo condicionalmente puede compararse con el ario. Fuera de ciertos individuos creativos, el judío común y corriente ya es demasiado consciente y diferenciado y no puede preñarse de las tensiones de un futuro que no ha nacido. El inconsciente de los arios tiene un potencial más alto que el de los judíos; ésta es la ventaja y desventaja de una juventud que aún no se desprende de la barbarie.
    Ya que este artículo se imprimiría en Alemania (en 1934) tuve que escribirlo en una forma un tanto velada, mas para cualquiera en sus sentidos el significado debería ser claro. Yo tenía que ayudar a esa gente. Tenía que quedar claro que yo, ario fuera de Alemania, estaba por un enfoque científico a la psicoterapia. ¡Ésta era la cuestión! No veo nada en lo más mínimo antisemita en este planteamiento. En el fondo, simplemente se trata de una valuación de ciertas diferencias sicológicas, y de hecho es halagador para los judíos señalar que en general son más conscientes y diferenciados que el ario común y corriente, que ha permanecido cercano a la barbarie (Jung entrevistado por Carol Baumann ).4

    II

    El hecho de que Jung aceptara ser presidente honorario de la Sociedad Médica de Psicoterapia y director de la Revista de Psicoterapia desde 1933 hasta 1939, ha sido utilizado como uno de los argumentos que “demuestran” las inclinaciones pronazis y antisemitas de Jung. Laura Ibarra dice:

    En junio de 1933, C. G. Jung fue nombrado presidente de la Sociedad Médica de Psicoterapia que agrupaba asociaciones de diversos países. Los miembros de la Asociación Psicoanalítica Alemana, que tenía más de veinte años de existencia, la fueron abandonando, voluntariamente o por presiones políticas, e ingresaban a la Sociedad Alemana Médica de Psicoterapia, que se formó en 1934. Como presidente de esta sociedad fue designado el psiquiatra M. H. Goering, primo del ministro de Aviación Hermann Goering, el hombre más importante del régimen, después de Hitler. Gracias a los esfuerzos del psicoanalista Ernest Jones, quien gozaba en ese entonces de un gran prestigio internacional, fue posible que el doctor Goering permitiera que la Sociedad Psicoanalítica Alemana continuara existiendo como una división dentro de la Sociedad Alemana Médica de Psicoterapia.
    En diciembre de 1933 fue publicada la declaración de principios que regían a esta sociedad. El escrito fue redactado por el mismo doctor Goering. En él se afirma lo siguiente: “Esta sociedad tiene la tarea […] de unir a todos los médicos alemanes […] que pretenden formarse y practicar la terapia psiquiátrica conforme a las concepciones nacionalsocialistas. La sociedad presupone que todos sus miembros activos, los que han hecho uso tanto de la palabra verbal como escrita, han trabajado el libro fundamental de Adolfo Hitler, Mi lucha, con toda la seriedad científica y lo reconocen como fundamento. La sociedad pretende colaborar en la obra del Kanzler, educando al pueblo alemán hacia una convicción heróica orientada al sacrificio”.
    Jung era entonces editor y responsable de la Revista de Psicoterapia, en la cual fue dada a conocer la declaración. Las páginas editoriales del número en que apareció la declaración fueron escritas por el mismo Jung.

    A pesar de los argumentos anteriores, Jung y su biógrafa Aniela Jaffé ofrecieron, cada quien en su momento, pruebas en su descargo. Carl Gustav Jung dijo:

    Yo, como suizo, acepté esta posición [presidente de la Sociedad Internacional de Psicoterapia] con el fin de preservar un espíritu de cooperación científica entre todos los doctores europeos ante el antisemitismo nazi que entonces empezaba a alzar cabeza. Era imposible luchar abiertamente contra la intolerancia nazi sin que peligrara la posición de todos los doctores alemanes, y de los judíos alemanes en particular […]. La tarea que yo había aceptado, la preservación de una sociedad internacional no política, finalmente se volvió una carga muy pesada, y en realidad una empresa imposible. En tanto, traté de cumplir con mi deber en este respecto como cualquier otro hombre decente habría hecho en mi lugar. Varias veces me quise retirar, pero los representantes inglés y holandés me hicieron una petición urgente, suplicándome “que me quedara en beneficio de toda la organización”, y me quedé. No se debe abandonar a quien se encuentra en un agujero. Fue muy útil para mucha gente que yo permaneciera en ese puesto. Se podría decir que un tonto idealismo hizo que yo aguantara, pero me parecía injusto dejar en las astas del toro a toda la gente que se adhería a mí. Mi posición era: no soy la rata que abandona el barco, así que no renuncié hasta fines de 1939, cuando empezó la guerra y yo ya no era de utilidad. Entonces todas las comunicaciones internacionales se interrumpieron (Jung entrevistado por Carol Baumann).

    Jung también habló sobre su supuesta relación con Goering:

    A los nazis les agradaba mucho publicar mi nombre como una de sus conquistas suizas cuando trataban de levantar su menguante reputación ante los ojos del mundo […]. El hecho de que mi nombre se asociara con el de Goering en el consejo editorial de la Zentralblatt (Revista de Psicoterapia) por supuesto me colocó en una posición cada vez más falsa, especialmente cuando él publicó su famoso pronunciamiento sobre Mi lucha. Este texto se incluyó en la Zentralblatt sin mi consentimiento (Jung entrevistado por Carol Baumann).

    En la presidencia de Jung los estatutos de la Sociedad Internacional fueron modificados y dio existencia de facto a la Sociedad Médica General Internacional para la Psicoterapia, compuesta de diferentes grupos o secciones nacionales. Jung era el presidente no sólo de esta sociedad, sino también de la sección suiza. Una sociedad alemana separada había sido fundada en Berlín (septiembre de 1933) como la sección nazificada de la Sociedad Internacional, pero sólo esta sección manifestó su simpatía al régimen nazi. Uno de los primeros actos oficiales de Jung al frente de la Sociedad Internacional fue la ejecución de una medida establecida por la ley que funcionara en favor de sus colegas judíos de Alemania. En el Congreso de la Sociedad Internacional en Bad Nauheim, en mayo de 1934, Jung estipuló que los doctores judío-alemanes que hubieran sido expulsados o excluidos de la sección alemana podrían, en forma individual, convertirse en miembros de la Sociedad Internacional con los mismos derechos y, así, preservar la condición profesional y social. A pesar de que esta medida más tarde no demostró ser efectiva en vista del terror nazi, aun así la intención de Jung fue ir directamente en ayuda de sus colegas judíos de Alemania ante las restricciones antisemitas promulgadas por el régimen nazi. Su estipulación de que la sociedad fuera “neutral en cuanto a la política y el credo” afirmó su completa independencia en cuanto a la sección alemana, que se aseguró todavía más gracias a una cláusula en los estatutos que decía que “ningún grupo nacional puede representar 40 por ciento de los votos presentes” (Aniela Jaffé).5

    III

    Laura Ibarra consigna en su artículo la entrevista que concedió Jung a la Radio de Berlín en la que dio a conocer sus opiniones e intereses. El psicólogo suizo fue presentado por su entrevistador, el doctor Weizsaecker, uno de sus discípulos, como el “conocido psicólogo de Zurich, quien frente al destructivo psicoanálisis de Sigmund Freud logró oponer su psicología constructiva”. El director del programa mencionó que el padre de Jung era un pastor protestante, mientras que Freud y Adler eran judíos. Por ello, según el doctor Weizsaecker, Jung contaba con un terreno totalmente diferente en su perspectiva general frente al ser humano. En esta entrevista, Jung criticó la psicología de Freud y Adler como “una psicología enemiga de la vida”.

    En efecto, los desacuerdos de Jung con algunas ideas de Freud y Adler fueron importantes y están bien documentados, pero las desavenencias entre ellos de ninguna manera son producto de prejuicios raciales; se deben más bien a diferentes concepciones de método. Aquí recordaré las versiones sobre el origen de la neurosis en estos tres pensadores de acuerdo con la misma descripción de Jung:

    Si observamos ambas teorías con imparcialidad, no puede negarse que ambas contienen verdades importantes y, aunque éstas sean contrarias, no deben las unas excluir a las otras […]. Adler encuentra que un sujeto que se siente inferior y de menor valía, “trata de asegurarse” una superioridad ilusoria por medio de “protestas”, “arreglos” y otros artificios adecuados, dirigidos indistintamente contra los padres, los maestros, los superiores, las autoridades, las situaciones, las instituciones o cualquier otra cosa. Hasta la sexualidad figura entre esos artificios. Esta afirmación se basa en una extraordinaria acentuación del sujeto, ante el cual el carácter y el sentido propio de los objetos desaparecen del todo. Los objetos entran a consideración a lo sumo como mantenedores de las tendencias represivas […]. Freud, por el contrario, considera a sus pacientes en perpetua dependencia de los objetos y en relación con importantes objetos. El padre y la madre desempeñan un gran papel; todas las influencias o determinaciones importantes que pueden presentar en la vida, se refieren en causalidad directa a esas potencias originarias […]. En Freud los objetos son de mayor importancia y tienen casi exclusivamente la fuerza determinante, mientras que el sujeto permanece extrañamente insignificante, y no es en realidad otra cosa que la fuente del anhelo de placer […]. Es cierto que ambos investigadores ven el sujeto en relación con el objeto. Pero ¡de qué manera tan distinta consideran esta relación! Alder hace hincapié en el sujeto que se asegura y busca superioridad sobre cualesquiera objetos. Freud, por el contrario, hace hincapié en los objetos que por su determinado carácter son alicientes o estorbos para el ansia de placer del sujeto (Jung).6

    La gran polémica Freud-Jung se centró en la intención de este último por entender la libido de manera desexualizada, concebirla como energía psíquica. Para Manuel Aceves, ésta es la verdadera causa del rompimiento intelectual entre estos dos pensadores. Para terminar este artículo proporciono algunos hechos en defensa de Jung. En 1938, la Universidad de Oxford le confirió el título de doctor Honoris causa. Cuando Winston Churchill visitó Suiza en 1946, a pedido de él Jung se sentó a su lado, tanto durante la ceremonia en el Aula de la Universidad de Zurich como en la cena oficial en Schlob Allmendingen. Como dice Aniela Jaffé,7 es poco probable que Churchill “haya buscado la compañía de un ex nazi o simpatizante nazi”.
    Sospecho que la polémica seguirá; detractores y defensores de Jung continuarán aportando pruebas para su causa, sólo espero que estas reflexiones contribuyan al debate.

    Notas

    1. Agradezco a Laura Ibarra el haberme alentado a escribir estas reflexiones.
    2 . Manuel Aceves, El mexicano. Alquimia y mito de una raza. Seguido de otros ensayos junguianos, México, Joaquín Mortiz, 1991, p. 218.
    3 . Laura Ibarra García, Paseos por el callejón de la historia, Guadalajara, Ágata, 1996.
    4 . Publicada como apéndice I en El mexicano. Alquimia y mito de una raza… Las cursivas son mías.
    5 . Aniela Jaffé, De la vida y la obra de C. G. Jung, Madrid, Mirach, 1992, pp. 81-84.
    6. Carl Gustav Jung, Lo inconsciente, Buenos Aires, Editorial Lozada, 1955, p.p. 52-60.
    7 . Aniela Jaffé, op. cit., p. 94.

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