Me gusta marihuana, me gustas tú, por Soledad Platero Puig

ME GUSTA MARIHUANA, ME GUSTAS TÚ

de Soledad Platero Puig, el jueves, 21 de junio de 2012 a la(s) 13:12 ·

Hay que reconocer que, con un poco de ingenio, burlarse de los anuncios oficiales es siempre fácil. Los anunciantes están ahí, expuestos a una situación generalmente incómoda, para decir cosas que todo el mundo espera poder comentar o rebatir.

La conferencia de prensa de los ministros de Defensa, Desarrollo Social e Interior del pasado miércoles 20 no fue la excepción. Bastaba verlos, apretados en ese mostrador desde el que deberían responder a la prensa, para recordar el número de los militares que anunciaban la nacionalización del karate en un episodio de cha cha cha.

Sin embargo, lo que se esperaba fuera un paquete de medidas en torno a la seguridad terminó siendo un paquete de medidas presentado como parte de una “estrategia por la vida y la convivencia”, y la diferencia entre una cosa y otra no es menor. Hablar de seguridad supone desde el inicio pararse en el lugar de la vigilancia y el castigo, mientras que hablar de estrategias por la vida y la convivencia supone pararse en el lugar de una construcción política. Y es posible leer como un gesto político importante el que tres ministros de Estado se planten ante la opinión pública para decir que la estrategia de este gobierno no es la mano dura y la promesa de seguridad, sino el compromiso con la convivencia. Después podrán venir las críticas (y vendrán) pero negar la diferencia radicada en ese gesto sería de una necedad imperdonable.

Obviamente, quince medidas son muchas medidas, y varias de ellas han sido apenas delineadas, así que me concentraré, como todo el mundo, en la que hace más ruido: la legalización regulada y controlada de la marihuana. Diré en mi defensa que no es la primera vez que me ocupo del asunto, y que me resultó gratamente sorprendente el planteo del gobierno. Nunca me pareció buena la reivindicación del autocultivo como alternativa a la penalización. Lo expliqué hace poco más de un año en otra columna*, así que no repetiré los argumentos, pero digamos que nunca me quedó claro por qué debería plantar mi propia marihuana para fumar (con las dificultades que eso supone para quien no tiene un campito, ni un jardín, ni una terraza soleada, ni tiempo para la jardinería) si no tengo que plantar mi yerba, mi café ni mis hortalizas. La del autocultivo me pareció siempre la opción tilinga; la del que quiere resolver su problema y le importa poco el de los demás. Lamento mucho herir sensibilidades, porque seguramente mucha gente que quiero y respeto defiende esa opción.

Por otro lado, pensar en que la legalización de la marihuana es algo sencillo y aproblemático es de una ligereza incomprensible. La marihuana es una sustancia psicoactiva y su consumo generalizado tiene que ver con eso, y no con su rico sabor. Y si todos estamos de acuerdo en que el Estado debe hacerse cargo de cuestiones como la salud pública, la convivencia, la seguridad social y la educación, es tonto pensar que no tiene que meterse allí donde hay, en potencia o en acto, una conducta de riesgo. Para reclamar libertad y argumentar en su nombre están los individuos y las organizaciones de la sociedad civil que se interesan en el asunto, y ese tironeo entre la posición regulatoria del Estado y los reclamos y las críticas de las personas no solo es inevitable sino que es deseable.

Evidentemente, todo esto no será de fácil instrumentación. Para empezar, es obvio que mientras el Estado empieza a plantar (¿a partir de qué semillas? ¿en qué terrenos? ¿con qué mano de obra?), cosecha, elabora y distribuye la cantidad de marihuana que se consume en el país, va a pasar un tiempo largo. Mientras tanto sería razonable pensar que todo seguirá como hasta ahora, con canales clandestinos de compra y venta por un lado, y producción para consumo personal por otro.

Es cierto que la posibilidad de que el registro de consumidores sirva como base a diversas formas de marginación existe. Pero la pelea contra esa marginación habrá que darla como se dan otras. No se sabe si esos registros serán de acceso libre o estarán protegidos por alguna normativa, pero también habrá tiempo de debatir eso y pelear por lo que sea más justo.

¿Que la perspectiva del Estado es sanitarista y controladora? Ya veremos, pero en todo caso contra un Estado sanitarista es posible plantarse con demandas, reclamos y exigencias, cosa que hasta el momento no se hace contra el libre mercado. En todo caso, acerca de la marihuana y las consecuencias de su consumo hay poca información, no porque no haya abundante literatura a favor y en contra, sino porque cualquier sustancia que circula clandestinamente está sujeta a variaciones impredecibles, además de que todo testimonio está atravesado por el riesgo de la culpabilización, así que recién después de un tiempo de que su uso esté mínimamente regulado se podrá saber algo con cierta pretensión de generalidad.

Lo más importante de todo esto, supongo, es que a pesar de los embates histéricos en reclamo de mano dura el gobierno tomó una decisión política: decidió no hablar de seguridad sino de convivencia. Y decidió hacerse cargo, con todos los costos que tenga, de proponer una alternativa a la situación actual del consumo de una sustancia que no es un veneno, pero tampoco es agua mineral. Como toda decisión política, podrá ser debatida y combatida, y eso es saludable. Por lo pronto, yo empezaría por discutir la afirmación de que los orígenes de lo que vivimos hoy puedan situarse en la dictadura y las políticas neoliberales posteriores. Es obvio que la dictadura estuvo precedida por cosas que no solo la hicieron posible, sino que también mostraban cómo el mundo se orientaba hacia lo que serían las políticas neoliberales de las últimas décadas. Y es bastante obvio también que mucho de lo que hoy vivimos como un avance imparable de la violencia y la marginación tiene que ver menos con la impunidad en relación a los hechos de la dictadura que con la forma en que el sistema se sostiene a sí mismo desde que el motor de la economía dejó de ser la producción para trasladarse hacia el consumo. Pero esa es otra historia, y no faltarán escenarios donde exponerla si el conjunto de medidas anunciadas llega, efectivamente, a ponerse en práctica.

* ESTOY HABLANDO DEL FASO, en http://www.uypress.net/hnnoticiaj1.aspx?13631,100

Soledad Platero, para Uypress

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