Cuando el fin sustituyó a los medios (de comunicación), Otto Berdiel Rodríguez

Cuando el fin sustituyó a los medios
Otto Berdiel Rodríguez

“En las sociedades capitalistas con la excusa de ‘entretener’, y en las socialistas bajo la de ‘educar’, lo que se persigue es que la inmensa mayoría de la gente piense, sienta y se comporte como lo pautan las instituciones”
(Barrios)
¿ Cuántas páginas tendrá el periódico de mañana? ¿Ochenta, cien? ¿Supone alguien que si no pasan cosas importantes o si no hay nada interesante que decir tendrá ese diario menos páginas? ¿Se reducirá la duración del noticiario en la televisión?. No; el espacio de los “medios” (¿de qué enteros?) Está abierto y es necesario llenarlo. Aunque sea de un anodino vacío.
(Braunstein)

La realidad material ha sido desbancada por la virtual. Las marcas (mas que metafóricas) que inscribía la maquina de escribir en la hoja han sido sustituidas por la frialdad de una pantalla cristalina, que no tacha, sino borra, que no permite ver las huellas y los pasos del pensamiento del escritor, y así, sustituye la represión por la forclusión. En estos detalles de la vida cotidiana, se revela el fin, no sólo de un estilo tal como plantea Braunstein, sino de una era, así como también de un modo de estructurarse psíquicamente: antes se construia sobre rayones, había una marca de los cambios de pensamiento, de la decisión de tomar uno u otro camino determinado, ahora, el borrón total de la palabra quita sus marcas. Las reuniones en las plazas, la crítica propia ante los sucesos sociales han sido sustituidos por algunos mercaderes de la información que deciden la línea de pensamiento social, ya sea este de izquierda, derecha, o cualquier otra geometría política. Y así, los medios han tenido su intervención y sus cambios en este proceso.
En el presente artículo nos damos a la tarea de desentrañar los efectos psíquicos y sociales de los cambios de la masa con respecto a los medios de comunicación tomando como referencia el Día mundial de los medios de comunicación social. Esta, entre otras celebraciones, son un punto de base que permite repensar nuestra interacción con lo celebrado, en este caso, nuestra relación, como sociedad, ante los medios de comunicación. Para dar cuenta de tal empresa, tomaremos el método sugerido por el filósofo Peter Sloterdijk: “Hasta ahora los filósofos solo han halagado de maneras diferentes a la sociedad; es hora de provocarla” Pues bien, empecemos.
Los tiempos de la ciencia y la tecnología y su affaire interminable con el capitalismo trastruecan hasta la medula las organizaciones sociales clásicas. Por nuestra parte, sostenemos dos puntos centrales de estos cambios: El primero de ellos se refiere a la homogenización de la información como forma de control social, con honrosas excepciones. El segundo de ellos lo ubicamos en el ingreso de medios virtuales como el Internet, los cuales, generan entre otras cosas, el cambio de espacio de reunión de las masas, pasando del físico al virtual.
Los medios marcan un cambio en las masas, antes las masas se reunían en tumultos, ahora su propiedad de masa a pasado a un espacio virtual, ya no se expresan en asambleas físicas, sino en la participación de programas relacionados con medios de comunicación masivos. Es decir, antes lo físico constataba ser parte de una masa, hoy día, cambian las experiencias corporales por la percepción a través de símbolos mediáticos de masas, discursos, modas, personalidades y programas famosos. Este es, por decirlo con palabras de Sloterdijk el “fundamento sistémico” del individualismo de masas postmoderno, y así, llegamos a lo que el psicólogo social David Riesman señalaba, con una feliz expresión, el advenimiento de “the lonely crowd” (disculpe el lector y el autor el atrevimiento a esta grosera traducción, pero para los lectores no hablantes de la lengua anglosajona podría ser traducido como la muchedumbre solitaria)
Estudios de algunos pensadores de la escuela de Frankfurt convinieron en ubicar a los medios de comunicación social en lo que llaman las “industrias culturales” los cuales, siguiendo la lógica capitalista también son partícipes del intercambio de mercancías, por ejemplo, de contenidos (informativos, entretenimiento, etc.) que se difunden según ya sea por radio, televisión, cine, prensa escrita, Internet, etc. Es más, se podría sostener que son resultados del modelo capitalista de producción.
No nos engañemos, la producción cultural de una sociedad es también una mercancía, o por lo menos, es considerada como tal, lo cual la torna lógicamente en un elemento más del mercado. Estos medios, muchas veces, publican y transmiten productos basados en formulas estandarizadas para atraer masivamente al público, por tanto siguen la lógica capitalista. No se trata buscar culpables o deudores, ni tomar posturas ideológicas, sino simplemente analizar, analizar por ejemplo, que de parte de la sociedad (el público receptor) hay un comportamiento consumista, que hace de la imitación de los patrones de conducta de grupos hegemónicos los patrones propios. Esto es llamado por Adorno como “Estandarización cultural.” A partir de un estudio que realizó con respecto a la música popular (“on popular music”) donde descubrió que “numerosos musicales de determinado tipo son impuestos por los monopolios de la industria cultural para ser promovidos masivamente” (Adorno). Es decir, que a partir de ciertas preferencias GENERADAS POR EL MERCADO, se generaban ciertos gustos populares que seguían ciertas políticas impuestas desde el poder mismo.
Se dice que los medios de comunicación social son para darle cabida a todos los sectores, sin embargo, al acercarnos a la práctica de los mismos constatamos que la libertad de expresión, en sentido amplio, no es ejercitada del todo, puesto que las industrias de la comunicación siguen patrones de contenidos similares aunque sean presentados de diversas formas. Lo cual genera, que cuando hay ciertos medios que divergen con la línea oficial, o con la estructura normativa se mantienen bajo un estatuto de incertidumbre, donde cabe la posibilidad de desaparecer, ya sea por presión de los grandes monopolios o son orillados a finalmente integrarse al modelo mayoritario. Debido a estas funciones que señalamos anteriormente, varios comunicólogos y estudiosos del funcionamiento de las industrias culturales han convenido en considerar a los medios de comunicación social el primer poder, y no el cuarto, puesto que es una industria BASICA dentro del sistema. Puesto que la información genera determinados comportamientos, actitudes, y así, facilita el control social a los supuestos primeros tres poderes. Pues “mientras menor variedad haya, más fácil es ejercer el control social”. (Barrios, 1999) Por otra parte, la incursión tecnológica ha facilitado esta función de “control social”, puesto que genera la posibilidad de transmitir a “tiempo real” contenidos acompañados de imágenes y sonidos desde cualquier lugar. Sustituyendo el papel de informar, entretener y educar. El capitalismo genera que el papel de los medios de comunicación social se enfoque en generar la ideología y su consecuencia conductual de consumo del espectador. Eso si dependiendo de donde vienen los recursos de cada medio, pues permite entender su vínculo con respecto a la línea de pensamiento en la mayoría de los casos.
Según Lacan, el ser se constituye en una estructura de lenguaje, encontrándonos nadando (o hundiéndose según sea le caso) en una sopa de letras. La palabrería, el bla bla bla, el parloteo que muchas veces sirve mas que pasar el tiempo, para matarlo. Esto lo podemos encontrar en los medios de comunicación, en los cuales, hay que cumplir un cierto tiempo, y por tanto, si no hay noticias “relevantes” es llenado con nimiedades. Y así, se eleva la nimiedad a rango de noticia.
Los tiempos y espacios cortos de los medios generan que se salte de una noticia a otra sin decir ni siquiera “con permiso” y así, la tragedia del mundo, el sufrimiento humano, en vez de ser subjetivado pasa a ser digerido y metabolizado por un aparato de “aplanamiento afectivo” (Braunstein) Mostrando la supuesta “realidad” y callando la capacidad de sentir, por tanto, conlleva a que se deje de entender lo que se ve. Así como una incapacidad de sorprenderse.
La paradoja de la sorpresa es que, al ser sorprendida y apaciguada por lo mundano, pierde su chispa. Aquella chispa que surge en un nuevo amor, en una nueva palabra que al agregarse al enunciado va cambiando los sentidos indefinidamente. Aquella chispa que permite pensar la diferencia, que hace frente a las supersticiones, que nos hace sujetos responsables de nuestra vida, que invita a cuestionarnos, que invita a vivir. Aquella chispa que encontramos en la mirada de un niño antes de ser rebasado por los imperativos culturales. En fin, aquella chispa que tiene como esencia al deseo.
La sorpresa es un afecto que rebasa el campo de lo agradable y lo desagradable, sino que hay un placer (o displacer) en la sorpresa pero también una sorpresa en el placer (y en el displacer).
¿Qué papel juegan los medios en general ante estos efectos subjetivos de pérdida de sorpresa? Considero que ante esta problemática el periodismo tiene un papel fundamental: jamás ceder a los guiños seductores del poder, no dejar de transmitir la sorpresa ante sucesos, que, aunque comunes, no por ello debemos de acostumbrarnos. Hablo de la narcoviolencia, de los muros con tintes hitlerianos, de los terroristas autollamados no-terroristas, de la persecución a periodistas, de la discriminación a personas por raza, sexo, orientación sexual, etc., etc. Sucesos que se suceden en los medios con tal ligereza y repetición, que pareciera, intentan domesticar la violencia (¿quizás por esto el inacertado término de violencia doméstica?) Ante la respuesta rápida para apaciguar la angustia, la pregunta. Ante la vociferación de universalizaciones, la particularidad. Ante el: “las cosas son así…”, preguntarse por que y que tengo que ver yo en esto. Por que, en este sentido, la sorpresa es…
Rasotto@yahoo.com
ottoberdiel@hotmail.com

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