Distancia y aura en las telecomunicaciones, Lev Manovich

Distancia y aura
Lev Manovich

Este ensayo se centrará en uno de los temas compartidos por Walter Benjamin y Paul Virilio: el trastorno causado por un artefacto cultural, específicamente, la nueva tecnología de la comunicación (fotogafía en el caso de Benjamin y telecomunicación en el caso de Virilio), en los patrones familiares de la percepción humana; es decir, la intervención de la tecnología en la naturaleza humana. Este tema figura con gran relevancia en el ensayo sobre la obra de arte de Benjamin, de 1936(2); medio siglo después, Virilio vuelve a ello en un ensayo que presenta una de las críticas más interesantes de la cibercultura. A saber: “Big Optics” (1992)(3).

¿Qué es la naturaleza humana y qué es la tecnología? ¿Cómo se puede delinear el límite entre ambas en pleno siglo veinte? Benjamin y Virilio resuelven este problema del mismo modo. Ambos consideran relacionadas naturaleza y distancia espacial entre el observador y el observado; y ven a las tecnologías como destructoras de la distancia. Como veremos estas dos suposiciones les llevan a interpretar las nuevas tecnologías relevantes de sus épocas de un modo muy parecido.

Benjamin comienza con ese ahora famoso concepto de aura: la presencia única de una obra de arte, de un objeto histórico o natural. Podríamos pensar que un objeto debe estar cercano si queremos experimentar su aura pero, paradójicamente, Benjamin define -en la obra ya citada- aura “como el único fenómeno de una distancia”: “si mientras descansas en una tarde de verano sigues con la mirada la extensión de unas montañas en el horizonte o una rama que proyecta su sombra sobre tí, experimentas el aura de esas montañas y esa rama”. Similarmente, escribe Benjamin, “el pintor mantiene en su obra una distancia natural de la realidad”. Ese respeto por la distancia común en ambas, percepción de la naturaleza y pintura, es trastornado por las nuevas tecnologías de reproducción de masas, especialmente la fotografía y el cine. El cámara, a quien Benjamin compara con un cirujano, “penetra profundamente en su tejido [de realidad]”; su cámara enfoca para “evocar a un objeto por su caparazón”.

Escribiendo sobre la telecomunicación y la telepresencia Virilio utiliza igualmente el concepto de distancia para entender el efecto de los dos anteriores. En las lecturas de Virilio esas tecnologías derrumban las distancias físicas, desplazando los patrones familiares de percepción en los que se basan nuestra cultura y nuestra política.

Virilio introduce el término “Small Optics” y “Big Optics”, para subrayar la naturaleza dramática de este cambio. Las Small Optics están basadas en la perspectiva geométrica y compartidas por la visión humana, la pintura y el cine. Esto implica a las distinciones entre cerca y lejos, entre un objeto y un horizonte sobre el que los objetos sobresalen. Las Big Optics se dan en el tiempo real de transmisión electrónica de información, es “la óptica activa de tiempo pasando a la velocidad de la luz”.

Como las Small Optics están siendo reemplazadas por Big Optics, las distinciones características de las primeras son borradas. Si la información desde cualquier lugar puede ser transmitida con la misma rapidez, los conceptos de cerca y lejos, horizonte, distancia y espacio no volverán a tener significado. ( Por lo tanto, si para Benjamin la era industrial desplazó a todos los objetos de su lugar original, para Virilio la era post-industrial elimina la dimensión de espacio por completo). Al menos en principio, cada punto de la tierra es ahora instantáneamente accesible desde cualquier otro punto del planeta. Como consecuencia de esto, las Big Optics nos encierran en un mundo claustrofóbico sin ninguna profundidad u horizonte; la tierra se convierte en nuestra prisión.

Virilio nos invita a ser conscientes de la “progresiva desrealización del horizonte terrestre, … resultando en una inminente primacía de la perspectiva de tiempo real de óptica ondulatoria sobre el espacio real de la óptica geométrica lineal del Quattrocento”. Él lamenta la destrucción de la distancia, grandor geográfico, la inmensidad del espacio natural, la inmensidad que el tiempo garantizado retrasa entre los sucesos y nuestras reacciones, dándonos tiempo para la reflexión crítica necesaria para llegar a una decisión correcta. El régimen de las Big Optics conduce inevitablemente a la política de tiempo real, la política que requiere reacciones instantáneas a sucesos transmitidos con la velocidad de la luz, y que últimamente sólo pueden ser manejados eficientemente por ordenadores que respondan a cada uno.
Dada la sorprendente similitud entre las descripciones sobre las nuevas tecnologías que hacen Benjamin y Virilio, hay que explicar con cuánta diferencia dibujan los límites entre lo natural y lo que todavía es nuevo y amenazante. En sus escritos de 1936 Benjamín utiliza el paisaje real y la pintura como ejemplos de lo que es natural para la percepción humana. Este estado natural es invadido por el cine que elimina las distancias poniendo todo en la misma cercanía y destruyendo el aura.

Virilio, en sus escritos de medio siglo más tarde, sigue otra línea bastante diferente. Para Benjamín el cine todavía representaba una presencia ajena; para Virilio éste se ha convertido en parte de nuestra naturaleza humana, la continuación de nuestra vista. Virilio considera la visión humana, la perspectiva en el Renacimiento, la pintura y el cine como pertenecientes a Small Optics de la perspectiva geométrica en contraste con Bigs Optics de transmisión electrónica instantánea.

El cine, la telecomunicación, la telepresencia:

Los análisis de Benjamín y Virilio hacen posible que entendamos el efecto histórico de esas tecnologías en términos de disminución progresiva y finalmente completa eliminación de algo que ambos escritores ven como condición fundamental de la percepción humana-distancia espacial, la distancia que hay entre el sujeto que ve y el objeto que se ve. Esta lectura de la distancia envuelta en la visión (de perspectiva) como algo positivo, como un ingrediente necesario de la cultura humana, propone una alternativa importante para una tendencia mucho más dominante en el pensamiento moderno para leer la distancia negativamente. Esta lectura negativa es entonces utilizada para atacar el sentido visual como una totalidad. La distancia se convierte en la responsable de crear el espacio entre el espectador y el espectáculo, de separar sujeto y objeto, de poner el primero en posición de dominio trascendente y de dejar al segundo inactivo. La distancia permite al sujeto tratar al otro como objeto; hace la objetización posible. O como el pescador francés ha resumido en esta crítica al joven Lacan que estaba mirando a una lata de sardinas flotando sobre la superficie del mar: “¿Ves la lata? ¿La ves?, ¡Pues bien, ella a tí no te ve !”(4).

En el pensamiento occidental la visión siempre ha sido entendida y discutida en oposición al tacto; por lo que, inevitablemente, la degradación de la visión (para utilizar el término de Martin Jay(5)) conduce a la elevación del tacto (por ejemplo, testifica el reciente interés en la idea de lo fático). Por ejemplo, podemos estar tentados de leer la falta de distancia característica del acto táctil como concesión para una relación diferente entre el sujeto y el objeto. Benjamín y Virilio bloquean esta línea de discusión aparentemente lógica cuando expresan la agresión potencialmente presente en este acto. Más que el tacto del entendimiento como un contacto respetuoso y cuidadoso o como una caricia, lo presentan como una rotura de argumentos informal y agresivo.

De este modo las connotaciones estándar de visión y tacto devienen contrarias. Para Benjamín y Virilio la distancia garantizada por la visión preserva el aura de un objeto, su posición en el mundo, mientras que el deseo de “acercar las cosas destruye las relaciones entre los objetos, por último eliminando el orden material al completo y dejando sin significado las nociones de distancia y espacio. Por lo tanto, e incluso si
estamos en desacuerdo con sus reflexiones sobre las nuevas tecnologías y cuestionamos su posicionamiento a favor de la conservación del orden y la distancia naturales, la crítica sobre la visión-tacto es algo que deberíamos retener.

1. Una anterior versión de este texto apareció por primera vez en Telepolis-das Magazin der NetzKultur. La versión que se traduce está publicada en Rhizome.

2. Walter Benjamin, “la obra de arte en la era de la reproductibilidad téncia”, Iluminaciones I, Ed. Taurus.

3. Paul Virilio, ” Big Optics ” en “On justifying the hypotetical nature of art and the non-identicality within the object world”, ed. Peter Weibel (Köln, 1992). El debate de Virilio puede también encontrarse es otros ensayos recientes. Por ejemplo “Intercomunication Celebratium Symposium: “Media and comunication in the computer age”, ed. Asuda Akira. Edmond Couchot, Jonatan Crazy y Paul Virilio, en ANUAL INTERCOMUNICATION’94 (Tokyo: 1994); “Speed and Information: Cyberspace alarm!” en CTHEORY. (El texto se encuentra traducido en la Sección de pensamiento de ALEPH)

4. Jacques Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Barral, Barcelona, 1972.

5. Martin Jay, Downcast eyes: the denigration of vision in twentieth-century french thought, Berkeley, University of California Press, 1993.

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