¿Amor o prozac? ¿Qué necesitan los niños?, Juan Pundik

“La medicalización de la infancia es un fenómeno creciente en nuestro tiempo. Un niño movido es hiperactivo; un niño que expresa su malestar es ansioso o padece ‘déficit de atención’. Para tratarlo, se le recetan fármacos con peligrosos efectos secundarios. Un círculo vicioso que se rompe con la premisa básica: lo que los niños necesitan es ser escuchados y queridos”.


Amor o prozac? Qué necesitan los niños?

Atiendo la consulta desde la mañana hasta la noche, dirijo una escuela de psicoanalistas, superviso el trabajo de mis alumnos, publico un periódico, libros y artículos, participo y organizo jornadas y congresos, doy conferencias y cursos, mantengo una vida familiar y social regular, disfruto de fines de semana, viajes y vacaciones, y vivo rodeado de amigos y colegas que mantienen actividades comparables a las mías.

Me recuerdo en este tipo de dinámica hiperactiva desde que tengo uso de razón. Si hubiese sido niño hoy, tal vez me hubieran diagnosticado Trastorno de Déficit de Atención (Tr)A) o Trastorno de Déficit de Atención e I-liperactividad (TD), me hubieran medicado y me hubieran convertido en una persona estúpidamente “normal”.

Es posible que, según la clasificación oficial, aún siga siendo un adulto “hiperactivo’ aunque esta “hiperactividad” no suponga para mí un problema en absoluto; más bien ha sido todo lo contrario.

El problema es que la sociedad neoliberal globalizada necesita evaluarnos y cuantificarnos en nuestros actos, nuestras conductas, nuestros discursos, nuestros pensamientos y padecimientos.

Para ello, nada mejor que aprovechar las nomenclaturas clasificatorias del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (conocido como DSM, por sus siglas en inglés, y publicado por la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos) e irlas ampliando continuamente para responder a la aparición continua de fenómenos que todavía no están contemplados.

DSM: una clasificación económicamente interesada.

El primer Manual data de 1952 y, en la actualidad, la psiquiatría mundial se rige por el DSM-IV. El objetivo del DSM de abarcar todo fenómeno es explícito, tal y como se establece en la presentación:

“Es imposible que la nomenclatura diagnóstica abarque cualquier situación posible. Por este motivo, cada clase de diagnóstico cuenta por lo menos con una categoría no especificada, y algunas clases en particular incluyen varias categorías no especificadas”.

Supongo que ello se debe al muy probable objetivo de que ninguna conducta humana pueda escapar a la posibilidad de ser diagnosticada, tratada y medicada.

Según denuncia el British. Medical Jourrial, la publicación médica oficial británica, todos los procesos normales de la vida, como el nacimiento, el envejecimiento, la sexualidad, la infelicidad o la muerte, pueden someterse a permanente medicación.

Este fenómeno ha recibido el nombre de “disease morlgering”, que, en castellano, podría traducirse como “tráfico de enfermedades”.

El cansancio, el mal humor, la desgana, la falta de concentración, la timidez, la inapetencia sexual, la impaciencia, las dificultades para relacionarse con la gente, las crisis familiares y religiosas, la afición a internet y a las videoconsolas… pueden ser descritas con terminología médica y ser diagnosticadas como enfermedades, para las cuales hay indicación del correspondiente fármaco.

Este es el objetivo del ManualDiagriósticoyEstadístico de /os Trastornos Meritales-IVy de uno de sus inventos: el Trastorno de Déficit de Atención (TDA) y el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Lisa Cosgrove, psicóloga de la Universidad de Massachusetts, y Sheldon Krimsky profesor en la Universidad de Tufts (EE. uu.), realizaron un estudio que reveló que todos los “expertos” sobre trastornos de la personalidad que participaron en la elaboración del DSM-IV, sin excepción alguna, tenían vínculos económico-financieros con la industria farmacéutica.

El mismo estudio evidenció que, en 2003, la industria farmacéutica había pagado a la revista de la American Psychiatric Association 7,5 millones de dólares en concepto de publicidad y que, en 2004, esa cantidad había sido incrementada en un 22 %.

¿Existe el trastorno de déficit de atención?

Ante este panorama, cabe relativizar cualquier clasificación y tratamiento sugerido por el DSM, especialmente si afecta a un sector de la población tan vulnerable como es la infancia, hoy diagnosticada masivamente como “hiperactiva”.

No existe un enfoque psicoanalítico del T]DA/TDAH por cuanto los psicoanalistas consideramos que ese diagnóstico carece absolutamente de seriedad y validez: es un cómodo saco descriptivo en el que caben las conductas habituales de cada uno de nosotros.

Gillian Lynne, reconocida coreógrafa por sus exitosas producciones de obras como “Cats o El fantasma de la ópera”, cuenta que, de pequeña, los maestros alertaron a sus padres porque su hija nunca estaba quieta, por lo que debía de padecer algún trastorno. El pediatra, que la conocía desde que nació, habló con ella, la examinó y llegó a la conclusión de que no padecía trastorno alguno. Sí descubrió su pasión por el baile, por lo que aconsejó a sus padres que la matricularan en una escuela de danza.

Aún no se había inventado el TDAH. “Mi madre siguió la indicación y entré en una escuela de baile. Era un sitio extraordinario: allí nadie se estaba quieto:’

Los efectos secundarios:

Es sorprendente y revelador al mismo tiempo que en los cuestionarios que se suelen utilizar para establecer el diagnóstico de TDA/TDAH, quienes por sus respuestas no pueden ser incluidos en el grupo de déficit de atención encajan en el de hiperactividad.

Para tratar a estos niños, se prescriben firmacos como Rubifen (ritalina), Concerta, Strattera y ahora también Prozac. La falta de escrúpulos de muchos funcionarios y médicos no tiene límites.

El prospecto de Rubifen, por ejemplo, señala como posibles efectos secundarios: sequedad de boca, vértigo, dolor de cabeza, insomnio, náuseas, nerviosismo, palpitaciones, reacciones cutáneas y alteraciones de la presión arterial.

Según algunos estudios, puede producir la muerte súbita del niño. El mismo prospecto indica que no debe administrarse a menores de 6 años y advierte de que puede generar dependencia de tipo anfetamínico.

Está comprobado que el Prozac afecta prácticamente a todos los sistemas del organismo.

Sus efectos secundarios incluyen alteraciones de la visión, palpitaciones, manía/hipo- manía, temblores, síntomas gripales, arritmia cardiaca, dolores de espalda, urticaria, sudores, náuseas, diarrea, dolores abdominales y pérdida del deseo sexual.

Después de leer uno de mis libros, Gisehe contactó conmigo para compartir su testimonio: “Mi hija tenía 8 años cuando el pediatra le diagnosticó hiperactividad y le recetó ritalina. En poco tiempo, su carácter cambió, estaba permanentemente irritada, no dormía bien y perdió peso hasta quedar esquelética. Dejé de darle la medicación y recuperó la normalidad. No volvió a tener problemas en su escolaridad”.

Lo que los niños necesitan es amor

Es urgente que vayamos más allá y aumentemos la denuncia de estos fraudes y mentiras que incrementan desmesuradamente las ganancias de la industria farmacéutica y sus cómplices a expensas de la salud, la vida y la economía de la población en su conjunto.

El malestar del ser humano es la señal de alarma de su psiquismo de que hay algo de lo emocional que debe afrontar y resolver, y que se manifiesta como ansiedad, angustia, depresión y estrés, en sus diferentes denominaciones.

En estos estados, la presencia activa de serotonina en el cerebro disminuye naturalmente.

La serotonina es un regulador de una extensa gama de funciones psíquicas y orgánicas que influye en el sueño, en los estados de ánimo, las emociones, los estados depresivos, todo tipo de desequilibrios mentales, el funcionamiento vascular, el de las vísceras y los músculos, la frecuencia del latido cardiaco y, además, regula la secreción de hormonas, como por ejemplo la del crecimiento.

Y lo que hace la industria farmacéutica ante los síntomas de angustia, depresión… es recetar masivamente isas (Inhibidores Selectivos de los Receptores de Serotonina). Es decir, poner parches en los síntomas e ignorar las causas.

Y, encima, con efectos secundarios.

La propuesta del psicoanálisis es dirigirse a las causas de la ansiedad, angustia o estrés, lo cual permite que puedan volver a restablecerse niveles normales de presencia activa de serotonina. Intentar resolverlo recetando ISRS es como intentar eliminar el miedo con un inhibidor de adrenalina. Sería una auténtica locura.

El diagnóstico del TDAH infantil y la práctica de medicar esta enfermedad inventada con Rubifen, Concerta, Strattera o antidepresivos es también una auténtica locura.

Lo que necesitan nuestros hijos no es Prozac; necesitan amor.

La crianza amorosa de los hijos, la estimulación temprana, la paciencia, la actividad lúdica,… la luz del sol y la ingestión de carnes, huevos y quesos estimulan la producción de la serotonina indispensable para una buena calidad de vida y la formación de nuevas neuronas. Se trata de una estimulación natural, eficaz y sin ninguno de los graves síntomas adversos que los ISRS provocan.

Artículo sacado de la revista

“Mente Sana”

escrito por:

Juan Pundik

Psicoanalista,

presidente de la plataforma contra el prozac

y la medicalización de la infancia.

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2 pensamientos en “¿Amor o prozac? ¿Qué necesitan los niños?, Juan Pundik

  1. No Prozac, ni Zoloft, Duxetin, Dumirox etc. Causan efectos secundarios malos, especialmente en aparato digestivo y no producen ningún efecto. Tampoco Pristiq, Sarotex, es siempre peor el mal efecto que el estado anímico.
    Especialmente cuando además no hay depresión.
    Escrito por quien solo padeció malos efectos secundarios, y no otro resultado.

    LA TENDENCIA ES TRATAR DE DEJAR DE USARLOS PORQUE AFECTAN MÁS LOS MALOS EFECTOS QUE LOGRO DE RESULTADOS. HOY DÍA SE SUSTITUYEN POR VITAMINAS Y OTRO TIPO DE MEDICACIÓN.

  2. Amor y meditación! yo me curé de T.O.C y ataques d panico solo meditando, sin medicamentos ni llendo al psicologo, pienso q todos los psicologos deberian estudiar las enseñanzas de Buda. Saludos

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