Un enemigo del pueblo uruguayo: el agua nuestra de cada día

Un enemigo del pueblo (el agua nuestra de cada día)

gfdd

Marcelo Marchese
25.09.2013

Fuente original:
http://www.uypress.net/uc_44771_1.html (Columna del autor)

A fines del siglo XIX Henrik Ibsen publica una obra de teatro en la que nos presenta una ciudad que vive del turismo, entre cuyos habitantes debemos encontrar al protagonista: el enemigo del pueblo.

Esta persona de pésima reputación comete un crimen: afectar el negocio del turismo. ¿Cómo? Informa, sin medir las consecuencias, que el agua del balneario contiene una bacteria mortal. Un siglo después, en un escenario más vasto que involucra a 3 millones de habitantes, vuelven a presentarse los ingredientes del drama, como si la vida tendiera a copiar al arte.

En marzo de este año, los montevideanos que tenían el sentido del olfato menos desarrollado pudieron constatar algo que les decían aquellos que gozaban (o sufrían) de un poderoso sentido olfativo: el agua de la canilla huele mal. Tan funesto fue el olor que los responsables de brindarnos agua debieron aclarar que la culpable era un alga que había crecido en exceso a causa del calor, pero aunque tuviera feo gusto, no debíamos preocuparnos. Los medios oficialistas, naturalmente, se dieron por satisfechos, pero los medios opositores, naturalmente, establecieron dos interesantes signos de interrogación, uno por delante y otro por detrás, sobre todo dicho de cualquiera autoridad acerca de las bondades de nuestra agua.

En ese proceso de generar dudas, los medios opositores que buscan lo que sea con tal de darle al gobierno, entrevistaron al Ingeniero Agrónomo Daniel Panario, director del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales y coordinador de la Maestría en Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias, quien dijo que él no tomaba el agua de OSE, y que la OSE no tenía los medios para filtrar el agua adecuadamente. Panario, además, contó una interesante anécdota. Hace tres años la UTE le pidió a la Facultad de Ciencias que estudiara el agua del embalse de Rincón del Bonete que abastece a la gente de aquella región. Los científicos descubrieron que contenía fuertes concentraciones de microcystis, un alga que produce una toxina llamada microcystina, toxina que es carcinógena, teratogénica, bioacumulativa, hepatóxica y vaya a saber qué más. Cumpliendo con su deber, ya que habían estudiado en sus facultades que la ciencia debía estar al servicio del hombre, informaron a la UTE, pero también a las Intendencias acerca de este problema. ¿Resultado? Recibieron una fuerte reprimenda por parte de los jerarcas de UTE, ya que se los había llamado para informarlos A ELLOS, no a todos nosotros. ELLOS tomarían las medidas pertinentes, los científicos no deberían generar alarma pública. Daniel Panario, en ocasión de aquel problema que se generó bajó una administración de filiación política diferente a la actual, por la cual se denunció que la ANCAP utilizaba plomo en el procesamiento del petróleo, una técnica no demasiado simpática para la salud de la gente que tenía la buena suerte de vivir en las inmediaciones de la planta, ya se había enfrentado a las autoridades informando que, efectivamente, el plomo no era bueno para la salud. Luego informó que la pastera en el río Uruguay tampoco iba a generar una buena vida ni para el río, ni para todo lo que estuviera relacionado con él, incluyendo gente. Como el asunto de la pastera generaba toda una problemática con Argentina que exacerbara nuestro nacionalismo, tomamos la defensa de la pastera como un asunto patriótico, y todo aquel que pusiera en tela de juicio sus beneficios, era un traidor a la patria. Y así se lo hizo saber a Daniel Panario, pues en un vernissage en la Embajada Norteamericana, un representante de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores le informó que “si estuviéramos en guerra, lo hubiéramos fusilado”.

Así como al Doctor de la obra de Ibsen diferentes autoridades lo fueron presionando y luego denunciando para lograr una mengua de su prestigio, con nuestro enemigo del pueblo criollo sucede exactamente lo mismo, y luego de ser atacado por la directiva de Ancap y de la UTE, ahora vemos que fue tildado de irresponsable por la directiva de OSE, y la Universidad salió al cruce para asegurarnos que Panario hablaba por sí mismo, pero sus dichos no comprometían a la Universidad, y de paso advirtió a Panario que muy flaco favor le estaba haciendo a la Universidad haciendo lo que hacía. La Universidad nos dijo que ella misma elaboraría un informe acerca del agua de la cuenca del Santa Lucía, informe que fue redactado nada menos que por los decanos de la Facultad de Ciencias, de Química, de Ingeniería y de Agronomía.

En este informe (1) se nos dice que no se ha demostrado que fueran lesivas para la salud los terpenos que produjeron el mal olor y sabor del agua de marzo, sin embargo, “las cianobacterias que los producen, también producen toxinas (que son inodoras)”. También se nos dice que “La principal conclusión general es que las aguas de toda la cuenca tienden a presentar altos valores de P (fósforo) y puntualmente de otros contaminantes. Debe destacarse que estos monitoreos no reportan o no incluyeron agroquímicos y sus subproductos… esta es una carencia que deberá ser encarada y estudiada a futuro. Sin embargo, se hace una mención a la aparición de atrazina, un herbicida de vieja generación y muy persistente, cuya utilización está prohibida en la Unión Europea y está en consideración en los EEUU”. Refiriéndose y basándose en un informe del año 2011 de la DINAMA, los decanos agregan: “En este trabajo, se indica otro problema general en

la cuenca del Santa Lucía, que es la pérdida de los montes nativos ribereños y la falta de

áreas permanentemente vegetadas que formen un filtro superficial de las masas que se

muevan hacia las corrientes de aguas superficiales. De hecho el propio informe reconoce

la existencia de un altísimo porcentaje de vertidos que no cumplen con las limitaciones

establecidas por la normativa propuesta. El informe Dinama-Jica reporta algunas actividades en que se consideró el uso de otros agroquímicos diferentes a los fertilizantes. Pero la información manejada indica que el nivel de conocimiento está a una escala muy macro, casi al de conocer la magnitud de la importación de diferentes productos (se tiene conocimiento de que los Servicios Agronómicos del MGAP están comenzando a disponer de información mucho más

detallada). Se debe avanzar rápidamente hacia un conocimiento más profundo a nivel de

cada sistema de producción agropecuaria y al de cada uno de sus componentes (cultivos,

en general). Un primer objetivo debe ser conocer las carga cuantitativa de herbicidas,

insecticidas y fungicidas que se aplica en cada una de las porciones del territorio de cada

subcuenca, al nivel más detallado posible”.

Ahora, gracias a Dios tenemos una planta potabilizadora, cuya función es quitar las impurezas del agua. Llegado a este asunto, el informe de los cuatro decanos recomienda un monitoreo constante del agua de tal forma que, apenas se detecte algún veneno, inmediatamente se utilice algún coagulante, o carbón activado, para eliminarlo. Se trata de elaborar sistemas de alerta temprana para obtener: “Los indicadores ambientales y biológicos que deben ser simples, rápidos y fácilmente medibles”. El problema es que “Nuestro país no tiene implementado un sistema de este tipo en el tratamiento de agua potable, lo que nos ubica en una situación de riesgo e incapacidad de responder rápidamente frente a un evento de floración tóxica de cianobacterias”.

Ahora, amable lector, estudiemos el informe de los decanos. Primero que nada, no se ha demostrado que aquellos terpenos que produjeran un olor y sabor repugnantes fueran malos para la salud. Eso sería motivo de alegría para todos los optimistas, sin embargo este pesimista les recuerda que hay que mirar la otra mitad del vaso de agua, y si miramos ese vaso medio vacío, resulta que nadie ha demostrado que esos terpenos sean buenos para la salud. En síntesis, que la ciencia no demuestre que no es malo, no significa que sea bueno. Sólo significa que aún no se ha demostrado que esa cosa con mal olor sea mala. Acaso nunca se demuestre, acaso no sea mala, pero también es posible que un día nos digan: “después de miles y miles de ensayos, y miles y miles de ratas muertas, resulta que estos terpenos son una peste”. Antecedentes hay a montones: determinar que el tabaco era malo les llevó un buen tiempo, y determinar que la morfina podría ser peligrosa, también. Ahora, las cianobacterias que produjeron los terpenos olorosos, también producen toxinas, pero esas toxinas, que se sabe que son bien peligrosas, son inodoras. El amable lector puede tomarse un buen vaso de agua lleno de toxinas, que ni aún si fuera un enólogo podría descubrir, vía olfato, que está tomando veneno puro. Son toxinas tan jodidas que ni siquiera vienen acompañadas del mal olor característico de los venenos. Sigamos con este informe que nos hubiera venido de perillas para desautorizar al enemigo del pueblo. El agua del Santa Lucía tiende a tener altos valores de fósforo y de otros contaminantes. Nos advierten además que, lamentablemente, el monitoreo no incluye agrotóxicos, lo cual significa que no se ha aplicado el estudio a detectar todos los venenos que se le tira a la soja, el maíz, el arroz y otros rubros de exportación, los cuales tarde o temprano llegan al agua. Sin embargo, a pesar de que la mirada iba hacia otro lado, no pudieron dejar de notar la aparición de atrazina, un herbicida que está prohibido en los países civilizados. Ahora, aunque el fósforo es algo importante para nuestros huesos, los decanos encontraron demasiado fósforo y otros contaminantes en el agua. Nos dicen que los montes nativos filtraban estas impurezas, pero como todos sabemos cada vez que hacemos un asado con leña de monte, dichos montes vienen reduciéndose progresivamente. Ahora ¿cómo llega toda esta basura al agua? Tenemos gente que vive cerca de esta cuenca; tenemos frigoríficos que tiran sus desechos al río; tenemos tambos y tenemos feed-lots, una palabrita que pronto el lector verá escrita a rolete, que significa un sistema de cría de ganado en corrales, lo que genera que uno y otro ganado largen excrementos que terminan en nuestras aguas; y tenemos, por fin, el maíz y la soja y las frutas, en fin, los productos del agro que requieren fertilizantes, herbicidas, fungicidas, pesticidas e insecticidas. Afortunadamente, cuando un pesticida se arroja sobre un cultivo, aproximadamente sólo un 1% alcanza “el blanco”, el 25% queda en el follaje, el 30% llega al suelo, y el 44% va a la atmósfera y al agua (2). Cuánto de este 30 % que queda en la tierra no termina yendo al agua, es algo que uno no puede saber, pero lo cierto es que, según nos dicen los decanos: “la información manejada indica que el nivel de conocimiento está a una escala muy macro” y “Se debe avanzar rápidamente hacia un conocimiento más profundo a nivel de cada sistema de producción agropecuaria y al de cada uno de sus componentes” lo cual significa que por ahora el conocimiento es muy por arriba y que debemos saber algo más acerca de los venenos que se le tiran a las plantas para luego venderlas.

Por último, los decanos dicen que habría que monitorear el agua, y apenas se detectara un veneno, erradicarlo. Lamentablemente el Uruguay no cuenta con el equipo correspondiente para detectar los venenos.

Por lo visto, nada de lo que dice el informe desautoriza al enemigo del pueblo. Sin embargo el lector podrá pensar: “Bueno, el agua está un poco contaminada, pero con todo el cloro que le meten llega a nosotros completamente potable”. Parece ser que ni el cloro, ni hervir el agua, nos pueden ser de gran ayuda, pues ciertas toxinas sobreviven a cualquier cloro y a cualquier agua hervida. Por otra parte, el cloro no es ninguna maravilla, motivo por el cual fue usado como gas en algunas guerras. Particularmente afecta aquello que cubre nuestros nervios, algo que perfectamente puede comprobar el amable lector apenas use hipoclorito para limpiar alguna cosa, quedándole las manos un poco debilitadas. Pero supongamos que el cloro, en ciertas dosis, no fuera malo. La pregunta es si el lector quiere beber todos aquellos microorganismos que el cloro ha matado. No se ha estudiado el agua lo suficiente para saber cuántos venenos tiene, pero positivamente se sabe que no se tienen los mecanismos para tratar el agua si tuviera ciertos componentes peligrosos. Aparentemente, lo ideal sería utilizar el carbón activado para filtrarla. Según cuenta el enemigo del pueblo, OSE no hace esto, lo cual es bastante costoso, sino que dosifica el carbón activado en el agua, por lo que terminamos consumiendo también dicho carbón.

“Bueno”, volverá a decir el lector, “se contamina el agua, pero ¿qué cosa que produce el hombre no contamina? No podemos volver a la edad de piedra, debemos producir, aunque contamine, pues en caso contrario moriríamos”. Y ahí llegamos al quid del asunto. El gobierno, afortunadamente, ha decretado que al menos por tres meses no se aceptará la extensión de ningún tambo que se encuentre en las proximidades de la cuenca del Santa Lucía y exigirá que dichos tambos traten sus desechos. Es una buena noticia, y pareciera un indicador alentador. Sin embargo no alcanza, pues nuestro modelo agroexportador trae una serie de inconvenientes para la población que lo sufre. La gente de Treinta y tres, departamento que se caracteriza por la producción de arroz, a medida que descubre que el cáncer se lleva a uno, y después al otro, y luego al otro, está empezando a dudar de las bondades de los herbicidas, pesticidas, insecticidas y fungicidas que se le arroja al arroz, y cuya tabla el lector podrá leer en el final de la cita número 2. En cuanto a la soja y sus inconvenientes, citaremos parte de un artículo de Raúl Zibechi que pone en tela de juicio las bondades del modelo agroexportador progresista: “Las Madres de Ituzaingó, un barrio obrero de la periferia de Córdoba rodeado de campos de soya, recorrieron el suburbio puerta por puerta cuando empezaron a ver morir a sus hijos y descubrieron que los índices de cáncer son 41 veces superiores al promedio nacional. Durante años ningún organismo del Estado acogió sus denuncias. En Ituzaingó hay 300 enfermos de cáncer, nacen niños con malformaciones, 80 por ciento de ellos tienen agroquímicos en la sangre y 33 por ciento de las muertes son por tumores, dijo Sofía Gatica en un reciente encuentro contra la minería en Buenos Aires” (3).

Apostar exclusivamente al agro y a las actividades extractivas no sólo le genera problemas de salud a nuestra población, sino que nos empobrece con relación al resto del mundo, motivo por el cual otros pequeñas economías agrarias como Finlandia, Irlanda y Corea del Sur “modificaron sus estructuras productivas y sus bases de inserción internacional y se transformaron en economías exitosas…apostando a la inversión en innovación en sectores que han demostrado mayor
dinamismo (industria, tecnología de la comunicación, software, biotecnología, etcétera)”

(4).

El pueblo que vivía en aquel balneario soñado por el dramaturgo Henrik Ibsen, al menos en la versión cinematográfica que pude apreciar, terminaba arrojando piedras sobre las ventanas de la casa donde vivía el enemigo del pueblo y su familia. Aún el telón no ha caído en nuestro drama. Los principios de aquel enemigo del pueblo, como los del nuestro, parecen ser inquebrantables. Para saber el final de la obra tendremos primero que preguntarnos cuáles son nuestros principios, y luego cuál es el grado de nuestra inteligencia para determinar quién o qué es el verdadero enemigo del pueblo.

(1) http://subrayado.com.uy/Resources/Uploads/RelatedFiles/Docs/informe_agua_udelar.pdf

(2) (http://www.rapaluruguay.org/agrotoxicos/Uruguay/Eutrofizacion.pdf “).

(3) (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=173552)

(4) Jorge Álvarez, SOBRE MODELOS Y ESTRATEGIAS DE DESARROLLO PARA URUGUAY. Lo que enseña la historia

. Brecha, 26 de Marzo del 2010.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s