La masacre de Ludlow: la represión homicida de una huelga en Estados Unidos

2-tikas-grave

Al pueblo de Ludlow, ubicado en el estado de Colorado (USA), se lo recuerda por la “Masacre de Ludlow” consistente en la muerte violenta de 20 personas, 11 de ellos niños, durante un ataque de la Guardia Nacional de Colorado contra mineros en huelga.
Había con 1200 personas en huelga, los mineros del carbón y sus familias, el 20 de abril 1914.
Dos mujeres, once niños, seis mineros y dirigentes sindicales y un Guardia Nacional fueron asesinados.

Antecedentes que desembocaron en la tragedia:

Las condiciones de trabajo en las minas de carbón del sur de Colorado fue ampliamente reconocido como muy peligroso.
Los mineros trabajaban en casi total oscuridad, con la inhalación del polvo asfixiante. Se les pagaba sólo por el carbón que cavaban
por lo que sus salarios eran casi totalmente determinados por la empresa.
De los 42.898 mineros muertos en accidentes con minas en los Estados Unidos entre 1884 y 1912, 1708 murieron en las minas de Colorado.
El jurado absolvió a la industria del carbón la responsabilidad de estas muertes, casi sin excepción.

Como resultado de ello, la UMWA (Trabajadores de Minas Unidos de América) le presentó a las empresas mineras mas grandes, entre ellos la familia Rockefeller con su “Empresa de Combustible y Hierro de Colorado (CF & I)”, el “Rocky Mountain Fuel Company (RMF)” y la “Victor-American Fuel Company (VAF)”, las siguientes demandas:

1. Reconocimiento del sindicato como agente negociador
2. Un aumento en las tasas de tonelaje (equivalente a un 10% de aumento salarial)
3. La ejecución de las ocho horas de jornada de trabajo por ley
4. El pago de “trabajo muerto” (por la manipulación de impurezas, etc)
5. El derecho a elegir a sus propios controladores de pesaje. (Debido a la sospecha de los mineros, generalmente con razón, que estaban siendo engañados en la balanza que pesa su carbón, lo que querían era un minero, para comprobar la balanza.)
6. El derecho a utilizar cualquier tienda para comercializar, y elegir a sus casas y los médicos
7. La aplicación estricta de las leyes de Colorado (como la aplicación de las normas de seguridad, eliminación de vales), y el fin del temible sistema de vigilancia de la empresa.

Estas exigencias fueron rápidamente desestimadas por las empresas, y los trabajadores se pusieron en una huelga.
La movilización de los mineros de Ludlow causó la ira de Rockefeller que no estaba dispuesto a que ese ejemplo se extendiera a otras de sus empresas. A instancias de la poderosa Compañía de Combustible y Hierro el gobernador de Colorado, Elias Ammons, envió a la Guardia Nacional para asegurar que las minas siguieran funcionando.
Desalojados de las minas, los huelguistas y sus familias instalaron un campamento en las colinas cercanas y allí mantuvieron su protesta. Estos campamentos eran constantemente atacados por rompehuelgas contratados por las empresas.
Con frecuencia hacían disparos contra sus tiendas de campaña y por la noche les arrojaban luces de bengala. Los mineros, rodeados por sus agresores, resistieron esas condiciones durante siete meses. Para protegerse de los frecuentes disparos cavaron refugios debajo de varias de las tiendas. Así se aseguraban de que sus esposas e hijos no fueran alcanzados por alguna de aquellas balas.

La empresa Baldwin Detectives eran especialistas en romper las huelgas de carbón. Más violencia, incluidos asesinatos, se produjo en ambos lados casi de inmediato.
El primer uso de de la “Muerte Especial” por la Guardia Nacional de Colorado fue en la colonia de Forbes el 17 de octubre donde toda la colonia sin protección fue acribillada con fuego de ametralladora. Un minero resultó muerto, un niño recibió nueve disparos en la pierna, y 148 agujeros de bala se encontraron en una tienda de campaña.

Los hechos

La mañana del 20 de abril de 1914 los balazos dejaron de ser esporádicos. Miembros de la milicia de Colorado, guardias de la Compañía y golpeadores de la agencia de detectives dispararon con ametralladoras y rifles contra el campamento. Las tiendas de los mineros quedaron en llamas. Los rompe huelgas habían arrojado keroseno encima de ellas para que el incendio se propagase con más facilidad.
Las balas alcanzaron a tres huelguistas. Pero no fueron los disparos sino al miedo ante ellos lo que ocasionó la mayor cantidad de víctimas. Una docena de mujeres y niños -hay varias versiones acerca del número exacto- murieron asfixiados y quemados en uno de los escondites subterráneos.

Consecuencias: La Guerra de los 10 días

En respuesta a la masacre de Ludlow, los dirigentes de los sindicatos en Colorado, hizo un llamado a las armas, instando a los miembros del sindicato para adquirir “todas las armas y municiones legalmente disponibles”, y una gran guerra de guerrillas a escala se produjo. Durante 10 días, atacaron y destruyeron las minas y lucharon batallas campales con los guardias de las minas y las milicias.
Al menos cincuenta personas, incluidos los de Ludlow, fueron muertos en diez días de lucha contra los guardias de las minas. La lucha terminó sólo después de que el gobernador de Colorado desesperado pidió la intervención federal al presidente de EE.UU., Woodrow Wilson, que envió tropas federales.
Este conflicto, denominado la Guerra Coalfield Colorado, fue el conflicto laboral más violento de la historia de EE.UU., el balance de muertos oscilaba entre 69 en el informe del gobierno de Colorado, a 199 en la investigación ordenada por John D. Rockefeller, Jr.

El UMWA finalmente se quedó sin dinero, y llamó nuevamente a la huelga el 10 de diciembre, 1914.
Al final, los huelguistas no pudieron obtener sus demandas, el sindicato no pudo obtener el reconocimiento, y muchos trabajadores en huelga fueron sustituidos por nuevos trabajadores.
Después de los 10 días de guerra, la huelga se prolongó por otros siete meses, que terminó en derrota para el UMWA.

A pesar de que terminó en derrota para el sindicato, la masacre de Ludlow centró la atención nacional sobre las condiciones en los campos de carbón de Colorado y en las condiciones laborales en los EE.UU. en general. Debido a que la masacre fue un acontecimiento tan impactante finalmente llegó a simbolizar la ola de violencia industrial que condujo a las reformas de la era progresiva en las relaciones laborales.

Louis Tikas fué el principal dirigente de los huelguistas en Ludlow, y fue asesinado durante la masacre. La imagen de este artículo es de la lápida de Louis Tikas en el cementerio de Ludlow

Las siguientes personas murieron en la masacre y se enumeran en el Monumento Ludlow (como se ve muchos de ellos eran niños):

* John Bartolotti, de 45 años
* Charlie Costa, 31
* Fedelina Costa, 27
* Lucy Costa, 4
* Onofrio Costa, 6
* James Fyler, 43
* Cloriva Pedregon, 4
* Rodgerlo Pedregon, 6
* Frank Petrucci, de 4 meses.
* Joe Petrucci, 4
* Lucy Petrucci, 2
* Frank Rubino, 23
* William Snyder Jr., 11
* Louis Tikas, 30
* Eulala Valdez, 8
* Elvira Valdez, 3 meses.
* Mary Valdez, 7
* Patria Valdez, de 37 años
* George Ullman, de 56 años

Estremecedor relato de aquél fatídico día:

Relato de Mama Jones.

La crueldad de aquel episodio y el sufrimiento de los mineros fueron relatados más tarde por Mary Harris, conocida como Mama Jones, uno de los personajes emblemáticos de los movimientos sociales estadunidenses en aquella época. En 1914 Jones, que se había dedicado a promover la organización sindical entre los trabajadores mineros, tenía 77 años y visitó Ludlow después de la matanza. En su autobiografía, publicada en 1925, escribe acerca de aquel 20 de abril:

“Temprano por la mañana varios soldados se aproximaron a la colonia con la exigencia para que Louis Tikas, el dirigente del campamento, les entregase a dos italianos. Tikas les requirió una orden judicial para ese arresto. No la había. Así que Tikas se negó a entregarlos. Los soldados regresaron a su cuartel. Entonces dispararon una bomba como señal. Luego otra. Inmediatamente las ametralladoras comenzaron a rociar el frágil campamento, el único hogar que tenían las desventuradas familias de los mineros, acribillándola de balas. Como lluvia de hierro, las balas caían sobre hombres, mujeres y niños.
“Las mujeres y niños escaparon hacia las colinas. Otras, esperaron. Los hombres defendían sus viviendas con sus pistolas. El fuego continuó durante todo el día. Varios cayeron muertos. Las mujeres desfallecían. El pequeño niño Synder recibió un disparo en la cabeza cuando trataba de salvar a su gatito. Un niño que le llevaba agua a su madre moribunda fue asesinado.
“Para las cinco de la tarde los mineros no tenían comida, ni agua, ni municiones. Tenían que replegarse hacia las colinas con sus esposas y pequeños. Louis Tikas fue acribillado cuando trataba de poner a salvo a varias mujeres y niños. Perecieron junto con él.
“Llegó la noche. Un crudo viento bajaba de los cañones en donde hombres, mujeres y niños tiritaban y lloraban. Entonces un resplandor iluminó el cielo. Los soldados, ebrios de sangre y licor que habían hurtado de la cantina, prendieron fuego a las tiendas de Ludlow con antorchas mojadas en petróleo. Las tiendas, que eran el único mobiliario de aquellos pobres, las ropas y camastros de las familias de los mineros, fueron incendiadas. Alrededor del pozo, que era la única fuente de agua de los mineros, pusieron alambre de púas”.
“Cuando todo había terminado, aquella miserable gente se arrastró para sepultar a sus muertos. En un refugio, bajo una de las tiendas quemadas fueron encontrados, irreconocibles, los cuerpos carbonizados de once pequeños niños y dos mujeres. Todo estaba en ruinas. Los resortes de los camastros se retorcían en el suelo como si ellos también quisieran escapar de aquel horror. El petróleo, el fuego y los rifles habían despojado de sus viviendas a hombres, mujeres y niños y habían masacrado a pequeños bebés y mujeres indefensas. Todo bajo las órdenes del teniente Linderfelt, un brutal y salvaje ejecutor de la voluntad de la Compañía de Combustible y Hierro de Colorado”.

Quizá más conmovedor que la intensa prosa de Mama Jones era la puntual descripción que ofrecía The Rocky Mountain News, un diario de aquella región el 23 de abril de 1914 en un reportaje en donde se leía:
“Entre los muertos estaba la familia de Charles Costa, organizador del sindicato en Aguilar, y estaba la familia de la señora Chávez, una mujer mexicana, incluyéndola a ella, dos niñas de 4 y 6 años, un bebé de 6 meses y un sobrino de 9. “La familia de Costa lo incluía a él, a su esposa y a dos niños, Lucy de 4 y Orafrio de 6. “Bajo el montón de chatarra, al fondo del refugio de donde fueron recuperados esos cuerpos, también estaban los de los niños de la señora de Marcelino Perdrigon -Clardillo de 4 y Rogerio de 6- y los tres niños Petrucci, Lucy de 3 años, Joe de 4 y Frank de 6 meses.
“Los niños estaban tomados unos en brazos de otros y sobre ellos yacían los cuerpos de dos mujeres, ambos severamente quemados. Las dos mujeres iban a ser madres pronto”.

Anuncios

El progreso dice adiós al libro, Marcelo Marchese

El progreso dice adiós al libro

Marcelo Marchese

libro

La empresa que regentea la Enciclopedia Británica informó que su mercancía cultural ya no será editada, pues “una enciclopedia impresa es obsoleta en el minuto en que se imprime, mientras que nuestra edición en internet se actualiza constantemente”.
Esta declaración nos dispara consideraciones alarmantes. En primer lugar observemos una tendencia mundial: en el 2011 la venta de libros impresos descendió un 5%, y según la Asociación de Editores de EE.UU, en los últimos dos años las ventas de libros electrónicos se triplicó. No es un hecho condenable. Como sucede a menudo, un mismo fenómeno nos dispara sentimientos antagónicos. Por un lado es un acontecimiento fabuloso: cuando todo se digitalice (y en tanto el Capital no logre imponer esa fábula siniestra sobre la piratería digital) los libros serán gratis, igual que la música, el cine y la fotografía. Las consecuencias de este simple hecho son incalculables, y acaso sólo sean equiparables al invento de la imprenta y al descubrimiento del manejo del fuego. Viviremos un socialismo de la cultura y del arte, algo que apreciaremos debidamente cuando nuestros hijos crezcan. Mas el lado oscuro de la moneda es el tipo de control que tendremos sobre las obras del pasado, sobre nuestra memoria, cuando todo se digitalice. Eso no quiere decir que el libro impreso no sea pasible de adulteraciones. Durante 1700 años la humanidad ha leído esa obra magna de la literatura fantástica llamada El nuevo testamento, atribuida a cuatro discípulos de un semidios entrañable. Los verdaderos autores son desconocidos, sólo sabemos que escribieron o reescribieron tiempo después de los acontecimientos narrados, acaso cuando el Imperio Romano adoptó el cristianismo como religión oficial. La Iglesia decidió qué capítulos de la obra fantástica serían leídos por nosotros, y cuáles quedaban para ellos en exclusiva: esencialmente el período en que el semidios era un niño asaz irascible que aún no controlaba el poder de sus palabras y mataba, vía maldiciones, a sus compañeritos hipócritas.
Debemos estar agradecidos a la Iglesia Romana el que nos legara grandes obras del pasado. Laboriosamente los integrantes de esa empresa que fue la propietaria de tierras más importante del Medioevo, y que hoy se encuentra entre las principales trasnacionales del mundo, fueron copiando con primorosa letra las obras del pasado. Tenemos serios motivos para creer, tanto nosotros como el protagonista de El nombre de la rosa que algunos libros fueron ocultados (cuando no quemadas bibliotecas enteras) otros destruidos, y otros adulterados, como uno sospecha que se adulteró La República de Platón. Pero aunque el libro impreso sea pasible de adulteraciones (toda mala traducción es una adulteración) siempre es posible encontrar el original, encontrarlo físicamente, motivo por el cual son apreciadas las primeras ediciones por los sibaritas del libro. Una primera edición del Quijote nos informaría que los cajistas tuvieron a bien corregir los errores ortográficos del gran tartamudo tres veces convicto y amigo de los árabes. Aquellos primeros cajistas, guardianes de la lengua, adulteraron, como vil almacenero que santifica el vino echándole agua, la principal obra de nuestra lengua, pero podemos comprobar la maniobra y sacar conclusiones sobre cómo se nos quiere obligar a leer y pensar el mundo. Podemos hallar la escena y las pruebas del crimen y apresar a los criminales, pero el día que todo esté digitalizado y que un libro sea una rara pieza del pasado que sólo obtendrán los coleccionistas a cifras siderales, o las bibliotecas de los imperios (aparentemente la biblioteca del Congreso norteamericano posee tres ejemplares de cada título que se edita en el mundo) ese día alguien, la institución que controle y difunda los libros digitales, puede, accidental o voluntariamente, alterar alguna cosilla por el bien de todos nosotros, de igual forma que cualquier Estado oculta información a su población por el bien de su población, y de igual forma que la Iglesia no informaba de la infancia de Cristo por el bien de sus ovejas.
El mito de un Fausto haciendo viles componendas con Mefistófeles es la creación de una institución que sentía que a partir de la imprenta, comenzaba a resquebrajarse el imperio espiritual que había forjado a sangre y fuego. Los sacerdotes tenían el monopolio del libro y un ejército de copistas, y ahora, con esa imprenta que se movía sola y cuyas letras estaban demoníacamente dispuestas al revés, otros podrían reproducir libros heréticos por miles de ejemplares. Sin este hecho no se explicaría el Renacimiento, ni la Iluminación, ni el Romanticismo, ni nada de lo que ha significado el mundo que heredamos. La imprenta democratiza el libro. Ahora internet lo socializa, pero a un costo que aún no sabemos, o no nos animamos a apreciar, pues a la postre todo depende de la catadura moral de quienes sean los poseedores de la memoria humana.
Abordemos una segunda y alarmante conclusión. Leamos de nuevo esta frase del presidente de La Enciclopedia Británica: “Una enciclopedia impresa es obsoleta en el minuto en que se imprime, mientras que nuestra edición en internet se actualiza constantemente”. Esta joya del lugar común expuesta por el presidente de una venerable institución educativa, nos lleva a pensar en el carácter del mundo que como una losa de mármol ha caído sobre nosotros. ¿De qué conocimientos, de qué verdades, se nos habla? ¿Imaginamos a Cristo, a Aristóteles, a Lao Tse o a Henry Miller corrigiendo y desdiciéndose cada tres minutos? ¿Es posible que hayamos llegado a tamaño delirio? Sí, es posible. Es el resultado de ese cáncer llamado positivismo, un cáncer que se apoderó del cuerpo de la ciencia para dejarnos más expuestos aún a los males del mundo. El positivismo ha hecho de la ciencia esa cosa árida y a menudo al servicio de negocios tenebrosos. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que encontrar un científico que hable sobre algo que no sea su ultra específica parcela de átomo de su sub disciplina. El biólogo no hablará de biología, hablará del comportamiento de una pulga, o de algún comportamiento inter celular de cierta pulga que anida en ciertos camellos que acaso logren pasar por los ojos de las agujas. Que nuestro biólogo nos hable de cualquier otra cosa que no sea biología es algo que no lograremos, aunque le embutamos ochenta litros de whiskey aderezados con un kilo de ácido lisérgico y pongamos a bailar delante suyo, sobre la mesa donde antes colocáramos nuestra mezcla explosiva, una bailarina de pulpas insinuantes.
Pero el lector positivista, ya adoctrinado por la escuela, exclamará: “Pero sí es obsoleta la Enciclopedia a los tres minutos, pues la población de Malasia creció, el producto bruto interno de China aumentó, y se descubrió que Plutón no era un planeta”. Si el lector es de aquellos que cuando leen historia sólo se interesan por nombres, fechas y lugares (los hechos) que siga leyendo como un maniático cada actualización de conocimientos de la Enciclopedia y que luego se tire a un pozo lleno de cocodrilos que el mundo nada perderá. Ahora, si el lector es de aquellos que quiere saber sobre las grandes pulsiones históricas, no puede hacer otra cosa que lamentarse sobre el rumbo que la Enciclopedia Británica adoptó luego de 1911 para ganarse el mercado norteamericano. Le aconsejaría a ese lector, la aguja en el pajar del conocimiento, que de alguna manera consiga la edición de 1911. No estaba escrita por los maniáticos de los hechos, si no por De Quincey y por los principales pensadores de la lengua inglesa. No era una penosa lectura de estadísticas: era economía, historia, poesía y leyenda. No es imprescindible que encuentre aquella versión. En nuestra lengua tenemos nuestra propia enciclopedia, que aunque insinúe las espinas del positivismo, guarda las rosas de una visión más sabia. Me refiero al Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, de Montaner y Simón, que reunió, en 28 volúmenes de 900 páginas, en un formato de 30 por 22, a los principales intelectuales de la lengua castellana de los inicios del siglo XX. Puede el lector deleitarse con el artículo Cadáver y todas las etapas de su descomposición, en el caso que haya bebido de las aguas del río en que bebiera Baudelaire, o puede sorprenderse con el artículo Carnaval, donde se dice que todo pueblo ha necesitado la expansión de su locura, o puede encontrar la biografía de un desconocido, el jefe de una secta musulmana que abrogaba por la simplicidad de ir desnudos por el mundo, biografía que al cerrar el volumen sin marcar la página, perderá para siempre, pues esa enciclopedia es otra manifestación del infinito. Los datos estarán desactualizados, pero encontrará restos de una antigua sabiduría que no aparecen en esas guías telefónicas que se nos quiere hacer pasar como la suma del conocimiento.
Hubo un autor a través del cual conocimos esta frase: Dónde ha ido la sabiduría que hemos perdido en aras del conocimiento. Dónde ha ido el conocimiento que hemos perdido en aras de la información. Él parafraseaba a otro gran escritor que también vivió y sufrió la imposición de la dictadura positivista. Nuestro autor, cuando joven, gustaba de visitar la biblioteca de Buenos Aires. Como comprobó que perdía un tiempo precioso cada vez que pedía un libro, se acostumbró a tomar un ejemplar de la vieja Enciclopedia Británica, que se encontraba sabiamente al alcance de los usuarios. Allí devoró, de primera mano, toda una manera de entender el mundo que hoy ha sido sepultada por los hechos. Cuando leemos a este autor nos asombra su erudición siempre desmitificadora, y tengo para mí que gran parte de las agradables sorpresas que nos depara, vienen de sus inusuales lecturas de autores olvidados y de aquella versión de la Enciclopedia Británica.
¿Dónde habrá ido a parar la sabiduría sepultada por el conocimiento y la información? No se ha perdido, de igual manera que no se han perdido los cimientos de los antiguos templos destruidos sobre los cuales se construyeron las catedrales. Nuestra especie, que inconscientemente sufre de la pérdida de una milenaria sabiduría, ha generado por esta causa un oficio al que ha destinado la hermosa función de transmitir la memoria humana. Este oficio, cuando se adopta, se lo hace con la convicción con que se asume un sacerdocio, pues es un oficio sagrado. Las obras de estos memorialistas no necesitan ser actualizadas, se actualizan cada vez que encuentran eco en nuestras eternas interrogantes. Tienen vida, se transforman, pero se mantienen eternamente iguales a sí mismas. Los memorialistas son incorruptibles ante el tiempo, como es incorruptible ante el tiempo la adoración a la mujer amada. Cuando los desenterramos, brillan como diamantes. Los grandes artistas son los faros de la humanidad en estos siglos de oscuridad.

11 tesis sobre la política, Jacques Rancière

11 tesis sobre la política
Jacques Rancière

politica9ap

La política no es el ejercicio del poder. Debe ser definida por sí misma, como una modalidad específica de la acción, llevada a la práctica por un tipo particular de sujeto, y derivando de una clase de racionalidad específica. Es la relación política la que hace posible concebir al sujeto político, no a la inversa.

Lo peculiar de la política es la existencia de un sujeto definido por su participación en opuestos. La política es un tipo de acción paradójica.

La política es una ruptura específica de la lógica del arkhé, dado que no presupone simplemente la ruptura de la distribución “normal” de las posiciones entre quien ejercita el poder y quien lo sufre sino también una ruptura en la idea de las disposiciones que hacen a las personas “adecuadas” a estas posiciones.

La democracia no es un régimen político. Es una ruptura de la lógica del arkhé, en otras palabras, la anticipación de la regla en la disposición por él. La democracia es el régimen de la política en tanto forma de relación que define a un sujeto específico.

El pueblo, que es el sujeto de la democracia, y por lo tanto el sujeto matricial de la política, no es el conjunto de los miembros de la comunidad o la clase obrera o la población. Es la parte suplementaria en relación a cualquiera de las partes contables de la población que hace posible identificar la cuenta de los incontados con la totalidad de la comunidad.

La esencia de la política es la acción de sujetos suplementarios inscriptos como un plusvalor en relación a cualquier cuenta de las partes de una sociedad.

Si la política es el trazado de una diferencia evanescente en la distribución de las partes sociales, entonces su existencia no es de ninguna manera necesaria. Por el contrario, la política sucede siempre como un accidente recurrente en la historia de las formas de la dominación. El objeto esencial del litigio político es la existencia misma de la política.

La política es específicamente antagónica a lo policial. Lo policial es una distribución de lo visible cuyo principio es la ausencia del vacío y el suplemento.

La tarea esencial de la política es la configuración de su propio espacio, lograr que el mundo de sus sujetos y sus operaciones resulten visibles. La esencia de la política es la manifestación del disenso, en tanto presencia de dos mundos en uno.

La característica fundamental de la filosofía política consiste tanto en anclar la acción política en una modalidad específica del ser como en ocultar el litigio que es constitutivo de la política. Es en la descripción misma del mundo de la política que la filosofía produce este ocultamiento. Por otra parte, la efectividad de esta operación es perpetuada en las descripciones no filosóficas o anti-filosóficas de este mundo.

El “fin de la política” y el “retorno de la política” son dos maneras complementarias de cancelar la política a través de una relación simple entre el estado de lo social y el estado de los aparatos estatales. “Consenso” es el nombre vulgar de esta cancelación.

Noveno Piso, por Mario Levrero

Noveno Piso

Por Mario Levrero
A Pilar González
1972
mario-levrero-ciudad-L-rwcL03

UNO

—Noveno piso —digo al pequeño ascensorista. Tengo la mano derecha metida en el bolsillo del saco. Con la izquierda me aliso innecesariamente la solapa. “Le apuesto que no llega”. ¿Dijo realmente: “le apuesto que no Ilega”? Lo miro a los ojos. Enarco las cejas.
—Ya verá —dice, realmente, en voz alta. La sonrisa enigmática del muchacho (¿o es un enano?), me pone nervioso. El sabe algo que yo ignoro. Yo, en cambio, debo saber seguramente muchas cosas que él ignora.
—Por ejemplo… —le digo, pero hemos llegado. Las puertas se abren automáticamente. Miro el indicador: la aguja señala, recién, el primer piso. Sube una mujer gorda, vestida de negro. Huele mal. Se ha echado perfume y detecto una cantidad enorme de componentes, el perfume me resulta muy desagradable y hay algunos de esos componentes que me provocan asociaciones de ideas que no logro asir. Después entran otras personas, a las que no presto atención: sólo un alfiler de corbata, sobre una corbata con mucho amarillo. El alfiler tiene engarzada una piedra anaranjada opaca, y es esta piedra lo que observo mientras sigo percibiendo el perfume asqueroso y trato de ubicar las imágenes exactas correspondientes a las asociaciones de ideas que desata en mi mente. Me esfuerzo en vano.
El chico ascensorista, o enano payasesco con ropas de ascensorista que son demasiado grandes pare él, ha quedado oculto. Sospecho sin embargo que conserva su sonrisa enigmática, y pienso otra vez en aquellas palabras que creí escuchar. El sabe algo que yo ignoro, algo que me es vital.
Subimos. Después de mucho rato (qué lento es este ascensor, Dios mío, qué calor sofocante) llegamos al segundo piso. Las puertas se abren, entra más gente. Soy apretado contra el fondo del ascensor, ya definitivamente separado del enano. Luego seguimos subiendo. Cierro los ojos y me dejo estar en el efecto nauseabundo de la mezcla de sensaciones. No hay nada grato en este ascensor. Quizás debiera haber subido por la escalera. Nueve pisos, es cierto; pero en cambio… Tercer piso. Entran más. La subida se hace más lenta, más lenta.. El aparato tiembla ligeramente y el piso cruje. Temo que el piso cede, no debería cargar tanto este muchacho. Quisiera gritarle, al enano, que detenga este viaje de locos. Que quiero llegar al noveno piso, como sea; que así, como él bien había dicho antes, nunca llegaré, nunca llegaremos, nunca nadie llegará a ninguna parte. Imagino la sonrisa.

DOS

El ascensor se sigue cargando; y en el sexto piso, casi en un desmayo (estoy sofocado por el calor, mareado por el perfume, asqueado por el contacto con tantos cuerpos), siento no que el piso cede, sino que caemos. Probablemente se hayan roto los cables, por el peso, y ahora el ascensor cae, vertiginosamente, con una velocidad que jamás habría alcanzado para subir. Ni para bajar normalmente. Las mujeres gritan. Siento una risa que no puede pertenecer a nadie más que al enano. Lo imagino, dentro de las limitaciones del espacio, dando saltitos y palmeando de gozo. Creo escuchar su voz: “Le dije, señor, que no llegaba”. Luego el estrépito final, la obscuridad, el griterío, algunos ayes doloridos y más tarde silencio.
La caja del ascensor está deshecha, estoy en el sótano, sobre una pila de cadáveres sanguinolentos. Todavía me llega el olor del perfume de la mujer gorda. Tengo que salir de aquí. En la escasa luz que llega al sótano, desde los pisos superiores, no me es dado ver aún casi nada; sólo miembros hechos pulpa y un color rojo, de los cuerpos que tengo más cerca. “Alguien vendrá a socorrerme”, pienso, pero no puedo esperar. Tengo que salir de aquí en seguida; ella me espera, supongo.

TRES

Trepo por el enrejado de alambre que rodea el hueco del ascensor. Es una prueba difícil. Apenas si caben las puntas de los zapatos en los agujeros de la trama. Debí quitarme los zapatos; pero ahora es tarde pare pensarlo. Todo el esfuerzo recae en los dedos de las manos, que comienzan a dolerme: La gente que mira a través del enrejado me incite a soltarme. ¡Desdichados! No se les ocurre otra cosa que mirarme con lástima y mover la cabeza negativamente. Otros (hay un hombre gordo, de bigotes, con un traje impecable, que se toma muy serio su trabajo) me hacen indicaciones que pretenden ser de ayuda, pero no las oigo o no las entiendo, y no hacen más que debilitarme, desviar mi atención. Sólo puede sostenerme la voluntad de llegar: no hay otra técnica,. Pero esto, ¿cómo puedo hacérselo entender? ¿Qué saben ellos si alguien me espera en el noveno piso? Quizás tengan razón, y no me espere nadie. Si estuviera seguro. De todos modos, aunque llegue al noveno piso, no podré salir de esta especie de jaula. Tendré que seguir, llegar hasta la azotea, y desde allí, tal vez, alcanzar la escalera y bajar hasta el noveno piso. ¿Cuántos pisos tenía este edificio? Nunca lo supe. Alguna vez ella me lo dijo, pero no presté la debida atención; uno nunca sabe cuándo un dato puede tener una importancia vital. Sigo trepando y las manos ya comienzan a sangrar. ¿Ciento cincuenta pisos, había dicho? ¿Quince? ¿O el noveno era el último? Dios quiera. Dios me perdone. Pero de todos modos no sé en qué piso estoy. Miro hacia abajo y veo la masa gris y roja. Muy abajo. Debo estar en el sexto piso. O tal vez sólo sea el quinto, o el cuarto. Quién me mandó trepar. Y quién me puede asegurar que ella me aguarda en el noveno piso, o alguien, alguien en alguna parte. Dios. Dios. Quisiera soltarme. Un niño come una banana mientras me mira trepar. La madre le acaricia el pelo. Me señala; sin duda me pone por ejemplo, me toma como un ejemplo negativo para su hijo. Que él nunca se vea en una situación similar; estas cosas no deben hacerse. Eso pasa por… ¿por qué?
Miro hacia arriba, y no puedo darme cuenta de cuánto me falta. Sólo veo un túnel de luz interminable, una masa de reflejos de luces en el enrejado metálico.

CUATRO

La gente de las escaleras se ha vuelto más vieja y más pobre, a medida que asciendo. El edificio mismo parece bastante deteriorado a esa altura. Tengo la ventaja de que ya no me prestan atención; los viejos están muy ocupados con sus propios dolores, con su propia angustia. Algunos mastican en el aire, hacen chocar las encías vacías como si estuvieran comiendo o hablando. Otros no son tan viejos, pero están muy enfermos. Todos, de cualquier manera, huelen mal. No es un olor como el perfume de la gorda aquélla; es un olor humano, humano y vegetal, olor de desperdicios y decrepitud. Pero el deterioro me ha favorecido: la trama del enrejado está desgarrada, hay un agujero que me permite pasar, sin necesidad de seguir trepando. Ya era hora. Saco trabajosamente el cuerpo, a través del agujero. Me siento en un escalón. La cabeza me da vueltas. La náusea está clavada aquí en el píloro. Tengo las manos deshechas. Y un cansancio brutal, verdaderamente brutal. No sé cómo he podido hacerlo: ahora me siento maravillado. Nunca había soñado con algo semejante. Yo, trepando tantos pisos, tantos y tantos metros, por un enrejado que lastima las manos, donde no entra más que, apenas, la punta del zapato. Me dejo ir. Ruedo, dormido, varios escalones.

CINCO

—Antes —me informan— el noveno piso estaba entre el octavo y el décimo; ahora, qué quiere que le diga. Se alejan, se han alejado mucho.
Le doy una moneda al viejo. Sigo subiendo. Ahora cómodamente, por la escalera. A medida que subo me cruzo con gente que baja. Ellos son también muy pobres, y después de un tiempo noto que bajan como si lo hicieran en forma definitiva; que cargan con todas sus pertenencias, con atados de ropa y colchones, con carretillas y cacharros, con animales domésticos.
Huyen lentamente. No están apurados, pero huyen, se van pare siempre. Y no hay nadie que suba; sólo yo. Es que, tal vez, a nadie espera nadie en los pisos de arriba; sólo ella, que me espera a mí, tal vez.
¿Y si ella no me espera? No; no puedo pensar en esto. No puedo pensar que todo pierda, de pronto, sentido. Toda esta fatiga. Todo este dolor. Apretar los dientes y seguir subiendo. Me cruzo con un perro ovejero, muy sucio y viejo. Atrás viene el dueño, tan sucio y tan viejo como el perro.
De tanto en tanto se oye un ruido sordo y las paredes tiemblan.

SEIS

—El señor no debió haber tardado tanto —la criada se llevó una mano a la boca, con asombro y disgusto. Le tendí el sombrero y el bastón.
—¿Ella? —pregunté.
Inclinó la cabeza y me hizo pasar del vestíbulo a un largo corredor. Un corredor muy largo, ciertamente. Hacia el final, en una pieza iluminada en exceso con luz blanca, estaba ella. Vestía ropas blancas, amplias, vaporosas. Ella, rubia y blanca.
Aguardo anhelante en el extremo del corredor mientras ella se acerca despacio. Camina lentamente, y sus ropas se agitan levemente mientras camina. Sí, es cierto. Se me ha hecho muy tarde. Este accidente lamentable. Imprevisión homicida. Tú verás, sólo estoy vivo por casualidad, por una tremenda casualidad. Déjame que lo explique…
Ella avanza lentamente, y la veo y la recuerdo al mismo tiempo, superpongo imágenes. Ella me esperaba, ella se acerca. Enciende luces en el corredor, tan largo, mientras se acerca. Anhelante, yo, en el extremo del corredor, con la vida en suspenso. Todo este esfuerzo. Todo este trabajo. Todo este dolor.
A medida que se acerca voy percibiendo más detalles; y a medida que se acerca, noto que ha envejecido, que ha envejecido mucho; la noto más vieja a cada instante, a cada peso que da para acercarse a mí. Superpongo imágenes, y ella se va pareciendo cada vez menos al recuerdo. Es una mujer vieja; es una mujer muy vieja.
—¿Por qué tardaste tanto? —ella tampoco tiene dientes; tiene la piel arrugada, pegada a los huesos, y un maquillaje monstruoso que se va descascarando ante mi vista, que se va deshaciendo.
Por el corredor, ahora lo advierto, viene más gente. Llevan paquetes, colchones, carretillas, animales domésticos, cacharros. Un niño deforme —¿o es un enano, con ropas grandes?—— lleva puesto mi sombrero y hace girar, con torpeza, mi bastón. Nos apartan del corredor, nos empujan hacia un rincón del vestíbulo, mientras siguen pasando.
Viene la criada con un gran armario, que apenas puede cargar. La criada se detiene en el vestíbulo, a tomar aliento. Coloca el armario de tal forma que su gran espejo queda ante nosotros. Me veo reflejado; nos veo, a ella y a mí: somos dos viejos, ridículos y desdentados. Somos muy pobres: ahora noto que mis ropas están hechas jirones, y también sus sedas y tules blancos. A través de un agujero en la tela de una de sus mangas amplias y vaporosas, veo un trozo de piel grisácea.
Se oyen ruidos sordos, cada vez más frecuentes, y la construcción toda se sacude cada vez con mayor violencia. La criada se apresura a cargar nuevamente su armario, y sale.

SlETE

—Se me hizo tarde —explico, mirando obsesivamente el reloj. La cita era para las cuatro. Son las cinco. Se me ha hecho tarde, demasiado tarde. Nos abrazamos. Su cuerpo entre mis brazos es como un esqueleto. Su boca, una mancha seca. Los golpes de la demolición arrecian. Las paredes se rajan. —Se me hizo tarde —repito.
—No importa —dice ella, e intenta sonreír. Pero tiene una arcada, y un vómito negro, se vomita a sí misma, la vida entera, cae blanda y deshecha, cae podrida y líquida, tiñendo de marrón y rosado su vestido blanco.
Yo avanzo a tientas por el corredor; las luces se han apagado, el edificio cruje y se dobla, se abren boquetes y caen trozos de cielo raso. En su cuarto hay un gran espejo, que es lo que yo busco; y a la luz de la Ilama de mi encendedor contemplo mis ojos, que no han variado, contemplo asombrado mis ojos de niño, mis ojos de siempre, mis ojos nacidos para este asombro, para este momento, contemplo mis ojos y ya no trato de comprender, mientras el edificio comienza a desplomarse mientras la Ilama del encendedor se apaga.

Un intercambio de cartas entre Aristóteles y Alejandro Magno

ALEJANDRO MAGNO Y ARISTÓTELES: LA LECCIÓN DE UN MAESTRO
por FRANCISCO GARCÍA JURADO HLGE
martes, 7 de diciembre de 2010

AAAAAlejandroMagno160713

Ahora que en Madrid podemos disfrutar de la gran exposición sobre Alejandro Magno (Salas de Exposiciones del Canal de Isabel II), me ha parecido oportuno recordar alguna anécdota. En particular, voy a referirme a una que nos transmite el erudito latino Aulo Gelio.
Cartas de Alejandro y de Aristóteles en su original griego y traducidas al latín

Se dice que el filósofo Aristóteles, maestro del rey Alejandro, tenía, entre los comentarios y disciplinas que transmitía a sus discípulos, dos tipos de libros. A unos los llamaba exotéricos, y a los otros acroamáticos. Los exotéricos eran aquellos que conducían a las meditaciones sobre retórica, a la capacidad de argumentar y al conocimiento de los asuntos civiles, los acroamáticos, por su parte, eran aquellos donde se trataba un saber más remoto y sutil y todo aquello que concernía a la contemplación de la naturaleza y las discusiones dialécticas. A la enseñanza de esta disciplina acroamática ya referida dedicaba la mañana en el Liceo y no admitía sin más a cualquiera, a no ser que hubiera tenido antes ocasión de examinar su ingenio, los contenidos de su erudición, disposición y entrega al estudio. Sin embargo, en el mismo lugar, pero ya por la tarde, disertaba sobre las disciplinas exotéricas, y éstas se las ofrecía a todo tipo de jóvenes. Así pues, a esta última la llamaba “paseo vespertino”, mientras que a la primera la denominaba “paseo matutino”, dado que en uno y otro caso la disertación la hacía paseando. También dividió sus propios libros, comentarios de todas esas lecciones, de forma que unos se llamaron exotéricos y los otros acroamáticos.
Mas, como Alejandro, que por aquel entonces dominaba casi toda Asia con el poder de su ejército y que al mismo rey Darío perseguía entre batallas y victorias, se enteró de que su maestro había editado los libros del género acroamático para el vulgo, a pesar de encontrarse ocupado en tan importantes empresas, envió una carta a Aristóteles para decirle que no obraba correctamente al publicar y divulgar tales disciplinas, aquellas en las que él mismo había sido instruido. Estas fueron sus palabras: “Pues, ¿podremos sobresalir de entre los demás en algún conocimiento si éstos que hemos recibido de ti se hacen en adelante materia común de todos? Ciertamente preferiría destacar en conocimiento que en recursos y magnificencia.”
Aristóteles le respondió de esta forma: “Has de saber que los libros acroamáticos, esos cuya publicación lamentas porque a partir de ahora no van a permanecer escondidos como arcanos, ni están publicados ni dejan de estarlo, ya que éstos sólo serán comprensibles para aquellos que nos han prestado atención.”
He tomado los textos de una y otra carta del libro del filósofo Andrónico. ¿Acaso no [es una característica notable] en la epístola de uno y otro el hilo sutilísimo de su elegante concisión?

Alejandro saluda a Aristóteles.

No has obrado bien al publicar los libros acroamáticos. Pues, precisamente, ¿en qué nos vamos a diferenciar de los demás si cada uno de los libros de los que hemos aprendido van a ser públicos para todos? Yo, en verdad, preferiría sobresalir por el conocimiento y la práctica de las cosas excelentes a sobresalir por mi poder. Adiós.

Aristóteles saluda al rey Alejandro.

Me has escrito a propósito de los libros acroamáticos, en la creencia de que es necesario que los guardemos en secreto. Pues bien, has de saber que éstos están tan publicados como no lo están, pues sólo son inteligibles para aquellos que nos han escuchado. Adiós rey Alejandro.

A pesar de haber intentado expresar con una sola palabra la expresión “pues son comprensibles”, no he encontrado otra traducción posible que la que dejó escrita Marco Catón en su libro sexto de los Orígenes: “Así pues”, nos dice, “juzgo que la comprensión sea más comprensible.”

Hasta aquí el texto de Aulo Gelio, y ahora me gustaría añadir los siguientes apuntes. Dos de nuestros maestros intelectuales, Julián Marías y Pedro Laín Entralgo, definen de la siguiente manera en su Historia de la filosofía y de la ciencia (Madrid, Guadarrama, 1965, p. 38) la diferencia entre los libros de Aristóteles: “Aristóteles escribió dos tipos de libros: diálogos destinados al gran público, según parece muy bien escritos; cursos o lecciones dedicados a los temas más profundos, que se conservan sin elaborar, a veces como simples apuntes. Los diálogos, también llamados libros exotéricos, se han perdido y sólo nos quedan algunos fragmentos suyos; de los cursos, o libros esotéricos o acroamáticos se conservan, por azar, la casi totalidad.” Cuando Gelio escribe este comentario, al igual que Plutarco (Alejandro 7), transcribe la correspondencia apócrifa entre Alejandro y Aristóteles. En cierto sentido, la anécdota trata de dar explicación a la obscuridad de ciertos escritos de Aristóteles, cuyo corpus había sido publicado por Andrónico de Rodas unos cien años antes.

De Julio Cortázar a Felisberto Hernández: Carta en mano propia

De Julio Cortázar a Felisberto Hernández: Carta en mano propia

felisberto_hernandez

El azar quiso que nunca se conocieran en persona, aunque sus caminos casi se cruzaron en Chivilcoy o en París, como recuerda Julio Cortázar en este texto en el que rinde homenaje a Felisberto.

Felisberto, tú sabés (no escribiré “tú sabías”; a los dos nos gustó siempre transgredir los tiempos verbales, justa manera de poner en crisis ese otro tiempo que nos hostiga con calendarios y relojes), tú sabés que los prólogos a las ediciones de obras completas o antológicas visten casi siempre el traje negro y la corbata de las disertaciones magistrales, y eso nos gusta poquísimo a los que preferimos leer cuentos o contar historias o caminar por la ciudad entre dos tragos de vino. Descuento que esta edición de tus obras contará con los aportes críticos necesarios; por mi parte prefiero decirles a quienes entren por estas páginas lo que Antón Webern le decía a un discípulo: “Cuando tenga que dar una conferencia, no diga nada teórico sino más bien que ama la música”. Aquí para empezar no habrá ni sospecha de conferencia, pero a vos te divertirá el buen consejo de Webern por la doble razón de la palabra y la música, y sobre todo te gustará que sea un músico el que nos abra la puerta para ir a jugar un rato a nuestra manera rioplatense.
Esto de abrir la puerta no es un mero recuerdo infantil. En estos días en que andaba dándole la vuelta a la máquina de escribir como un perrito necesitado de árbol, encontré cosas tuyas y sobre vos que no conocía en los remotos tiempos en que por primera vez leí tus libros y escribí páginas que tanto te buscaban en el terreno de la admiración y del afecto. Y te imaginarás mi sorpresa (mezclada con algo que se parece al miedo y a la nostalgia frente a lo que nos separa) cuando llegué a un epistolario recogido por Norah Gilardi, en el que aparecen las cartas que le escribiste a tu amigo Lorenzo Destoc mientras hacías una gira musical por la provincia de Buenos Aires. Como si nada, sin el menor respeto hacia un amigo como yo, fechás una carta en la ciudad de Chivilcoy, el 26 de diciembre de 1939. Así, tranquilamente, como hubieras podido fecharla en cualquier otro lado, sin demostrar la menor preocupación por el hecho de que en ese año yo vivía en Chivilcoy, sin inquietarte por la sacudida que me darías treinta y ocho años más tarde en un departamento de la calle Saint-Honoré donde estoy escribiéndote al filo de la medianoche.
No es broma, Felisberto. Yo vivía entonces en Chivilcoy, era un joven profesor en la escuela normal, vegeté allí desde el 39 hasta el 44 y podríamos habernos encontrado y conocido. De haber estado a fines de ese diciembre no hubiera faltado al concierto del Terceto Felisberto Hernández, como no faltaba a ningún concierto en esa aplastada ciudad pampeana por la simple razón de que casi nunca había concierto, casi nunca pasaba nada, casi nunca se podía sentir que la vida era algo más que enseñar instrucción cívica a los adolescentes o escribir interminablemente en un cuarto de la Pensión Varzilio. Pero habían empezado las vacaciones de verano y yo aprovechaba para volver a Buenos Aires donde me esperaban mis amigos, los cafés del centro, amores desdichados y el último número de Sur: Vos tocaste con tu Terceto en eso que llamás a secas “el club” y que conocí muy bien, el Club Social de Chivilcoy detrás de cuyo amable nombre se escondían las salas donde el cacique político, sus amigos, los estancieros y los nuevos ricos se trenzaban en el poker y el billar. Cuando en tu carta le decís a Destoc que la discusión para que te aceptaran y te pagaran el concierto se libró junto a una mesa de billar, no me enseñás nada nuevo porque en ese club todas las cosas se libraban así. Muy de cuando en cuando, a regañadientes pero obligados a cuidar la fachada de las “actividades culturales”, los dirigentes accedían a un concierto o a una velada presuntamente artística, que pagaban mal y sin ganas y que escuchaban apoyándose entredormidos en el hombro de sus nobles esposas.
Si te hablara de algunas cosas que vi y escuché en esos tiempos no te sorprenderían demasiado y en todo caso te divertirían, vos que les contabas tantos cuentos a tus amigos como un preludio para aflojar los dedos antes de refugiarte en tu cuarto de hotel y escribir tus cuentos, justamente ésos que hubiera sido imposible contar sin destruir su razón más profunda. En esos mismos salones donde tocaste con tu terceto yo escuché, entre otras abominaciones, a un señor que primero contempló al público con aire cadavérico (probablemente tenía hambre) y luego exigió silencio absoluto y concentración estética pues se disponía a interpretar la… sinfonía inconclusa de Schubert. Yo me estaba frotando todavía los oídos cuando arrancó con un vulgar pot-pourri en el que se mezclaban el Ave María, la Serenata, y creo que un tema de Rosamunda; entonces me acordé de que en los cines andaban pasando una película sobre la vida del pobre Franz que se llamaba precisamente La sinfonía inconclusa, y que este desgraciado no hacía más que reproducir la música que había escuchado en ella. Inútil decirte que en el selecto público no hubo nadie a quien se le ocurriera pensar que una sinfonía no ha sido escrita para el piano.
En fin, Felisberto, ¿vos te das cuenta, te das realmente cuenta de que estuvimos tan cerca, que a tan pocos días de diferencia yo hubiera estado ahí y te hubiera escuchado? Por lo menos escuchado, a vos y al “mandolión” y al tercer músico, aunque no supiera nada de vos como escritor porque eso habría de suceder mucho después, en el cuarenta y siete cuando Nadie encendía las lámparas. Y sin embargo creo que nos hubiéramos reconocido en ese club donde todo nos habría proyectado el uno hacia el otro, yo te habría invitado a mi piecita para darte caña y mostrarte libros y quizá, vaya a saber, alguno de esos cuentos que escribía por entonces y que nunca publiqué. En todo caso hubiéramos hablado de música y escuchado los discos que yo pasaba en una vitrola más que rasposa pero de donde salían, cosa inaudita en Chivilcoy, cuartetos de Mozart, partituras de Bach y también, claro, Gardel y Jelly Roll Morton y Bing Crosby. Sé que nos hubiéramos hecho amigos, y andá a imaginar lo que habría salido de ese encuentro, cómo habría incidido en nuestro futuro después de conocernos en Chivilcoy; pero claro, justamente entonces yo tenía que irme a Buenos Aires y a vos se te ocurría elegir ese hueco para dar tu concierto.
Fijate que las órbitas no solamente se rozaron ahí sino que siguieron muy cerca durante una punta de meses. Por tus cartas sé ahora que en junio del 40 estabas en Pehuajó, en julio llegaste a Bolívar de donde yo había emigrado el año anterior después de enseñar geografía en el colegio nacional, horresco referens. Andabas dando tumbos musicales por mi zona, Bragado, General Villegas, Las Flores, Tres Arroyos, pero no volviste a Chivilcoy, la batalla junto a la mesa de billar había sido demasiado para vos. Todo eso asoma ahora en tus cartas como de un extraño portulano perdido, y también que en Bolívar paraste en el hotel La Vizcaína, donde yo había vivido dos años antes de mi pase a Chivilcoy, y no puedo dejar de pensar que a lo mejor te dieron la misma pieza flaca y fría en el piso alto, allí donde yo había leído a Rimbaud y a Keats para no morirme demasiado de tristeza provinciana. Y el nuevo propietario que se llamaba Musella, te acompañó sin duda hasta tu pieza, frotándose las manos con un gesto entre monacal y servil que bien le conocí, y en el comedor te atendió el mozo Cesteros, un gallego maravilloso siempre dispuesto a escuchar los pedidos más complicados y traer después cualquier cosa con una naturalidad desarmante. Ah, Felisberto, qué cerca anduvimos en esos años, qué poco faltó para que un zaguán de hotel, una esquina con palomas o un billar de club social nos vieran darnos la mano y emprender esa primera conversación de la que hubiera salido, te imaginás, una amistad para la vida.
Porque fijate en esto que mucha gente no comprende o no quiere comprender ahora que se habla tanto de la escritura como única fuente válida de la crítica literaria y de la literatura misma. Es cierto que a mí no me hizo falta encontrarte en Chivilcoy para que años más tarde me deslumbraras en Buenos Aires con El acomodador y Menos Julia y tantos otros cuentos; es cierto que si hubieras sido un millonario guatemalteco o un coronel birmano tus relatos me hubieran parecido igualmente admirables. Pero me pregunto si muchos de los que en aquel entonces (y en éste, todavía) te ignoraron o te perdonaron la vida, no eran gentes incapaces de comprender por qué escribías lo que escribías y sobre todo por qué lo escribías así, con el sordo y persistente pedal de la primera persona, de la rememoración obstinada de tantas lúgubres andanzas por pueblos y caminos, de tantos hoteles fríos y descascarados, de salas con públicos ausentes, de billares y clubes sociales y deudas permanentes. Ya sé que para admirarte basta leer tus textos, pero si además se los ha vivido paralelamente, si además se ha conocido la vida de provincia, la miseria del fin de mes, el olor de las pensiones, el nivel de los diálogos, la tristeza de las vueltas a la plaza al atardecer, entonces se te conoce y se te admira de otra manera, se te vive y convive y de golpe es tan natural que hayas estado en mi hotel, que el gallego Cesteros te haya traído las papas fritas, que los socios del club te hayan discutido unas pocas monedas entre dos golpes de billar. Ya casi no me asombra lo que tanto me asombró al leer tus cartas de ese tiempo, ya me parece elemental que anduviéramos tan cerca. No solamente en ese momento y esos lugares; cerca por dentro y por paralelismos de vida, de los cuales el momentáneo acercamiento físico no fue más que una sigilosa avanzada, una manera de que a tantos años de una mesa de billar, a tantos años de tu muerte, yo recibiera fuera del tiempo el signo final de la hermandad en esta helada medianoche de París.
Porque además también viviste aquí, en el barrio latino, y como a mí te maravilló el metro y que las parejas jóvenes se besaran en la calle y que el pan fuera tan rico. Tus cartas me devuelven a mis primeros años de París, tan poco tiempo después que vos; también yo escribí cartas afligidas por la falta de dinero, también yo esperé la llegada de esos cajoncitos en los que la familia nos mandaba yerba y café y latas de carne y de leche condensada, también yo despaché mis cartas por barco porque el correo aéreo costaba demasiado. Otra vez las órbitas tangenciales, el roce sigiloso sin que nos diéramos cuenta; pero qué querés, a mí me tocaría encontrarte en tus libros y a vos no encontrarme en nada; en este territorio en que habitamos eso no tuvo ni tiene importancia, como no la tiene el que ahora yo no lleve esta carta al correo. De cosas así vos sabías mucho, bien que lo mostrás en Las manos equivocadas y en tantos otros momentos de tus relatos que al fin y al cabo son cartas a un pasado o a un futuro en los que poco a poco van apareciendo los destinatarios que tanto te faltaron en la vida.
Y hablando de faltas, si por un lado me duele que no nos hayamos conocido, más me duele que no encontraras nunca a Macedonio y a José Lezama Lima, porque los dos hubieran respondido a ese signo paralelo que nos une por encima de cualquier cosa, Macedonio capaz de aprehender tu búsqueda de un yo que nunca aceptaste asimilar a tu pensamiento o a tu cuerpo, que buscaste desesperadamente y que el Diario de un sinvergüenza acorrala y hostiga, y Lezama Lima entrando en la materia de la realidad con esas jabalinas de poesía que descosifican las cosas para hacerlas acceder a un terreno donde lo mental y lo sensual cesan de ser siniestros mediadores. Siempre sentí y siempre dije que en Lezama y en vos (y por qué no en Macedonio, y qué hermoso saberlos a todos latinoamericanos) estaban los eleatas de nuestro tiempo, los presocráticos que nada aceptan de las categorías lógicas porque la realidad no tiene nada de lógica, Felisberto, nadie lo supo mejor que vos a la hora de Menos Julia y de La casa inundada.
Bueno, se me acaba el papel y ya sabemos que el franqueo es caro, por lo menos el que paga el lector con su atención. Acaso hubiera sido preferible callar cosas que siempre supiste mejor que los demás, pero confesá que la historia de la sinfonía inconclusa te hizo reír, y que seguro te gustó saber que habíamos estado tan cerca allá en las pampas criollas. Esta carta te la debía aunque no sea ni de lejos las que te escriben otros más capaces. A mí me pasó lo que vos mismo dijiste tan bien: “Yo he deseado no mover más los recuerdos y he preferido que ellos durmieran, pero ellos han soñado”. Ahora llega el otro sueño, el de las dos de la mañana. Déjame que me despida con palabras que no son mías pero que me hubiera gustado tanto escribirte. Te las escribió Paulina también de madrugada, como un resumen de lo que había encontrado en vos: Las más sutiles relaciones de las cosas, la danza sin ojos de los más antiguos elementos; el fuego y el humo inaprehensible; la alta cúpula de la nube y el mensaje del azar en una simple hierba; todo lo maravilloso y oscuro del mundo estaba en ti.
Te querrá siempre.
Julio Cortázar

(PROLOGO A LA EDICION DE EL CUENCO DE PLATA DE “LAS HORTENSIAS Y OTROS RELATOS”, CON LA AUTORIZACIoN EXPRESA DE BIBLIOTECA AYACUCHO, QUE LO PUBLICO POR PRIMERA VEZ EN ESPAÑOL EN SU EDICIoN DE “NOVELAS Y CUENTOS”, CARACAS, 1985.)

revistaenie.com. 14 de agosto de 2009

Cinco escenarios de ciberguerra en el nuevo orden mundial

escenarios-ciberguerra-nuevo-orden-mundial_EDIIMA20130507_0320_5

Cuando se habla de ciberguerra a todos nos viene a la mente un escenario muy influido por el cine a modo de videojuego en donde el litigio se dirime de forma incruenta, casi aséptica. La realidad es bien distinta. El crecimiento de la infraestructura tecnológica y la penetración de las redes de datos hacen que a día de hoy infraestructuras críticas puedan estar expuestas de un modo u otro a diversos tipos de ataques. Un nuevo orden mundial se está conformando en el terreno de conflicto relativamente confinado de las redes.

En este contexto tecnológico, ciberguerra y cibercrimen son tan difíciles de separar como complicado dilucidar la diferencia real entre ambos. La acepción de “Ciberguerra Fría” comienza a tomar cada vez más cuerpo entre expertos de seguridad de todo el mundo. Los escenarios de esta guerra son tan diversos como sus partes. Englobarlos en un contexto común es ya una tarea complicada dado que el único nexo de unión entre todos es que el escenario principal se da en la red de redes.

Al contrario que las campañas que puedan llevar adelante grupos que se denominan Anonymous, el conflicto soterrado entre potencias, grupos de intereses y criminales ha tratado de permanecer en un segundo plano informativo por interés propio. Sin embargo, tanto por informaciones periodísticas como por la propia intención de varios de los jugadores en este nuevo tablero geoestratégico, son cada vez más las informaciones al respecto que saltan al primer plano informativo.
Ciberdefensa y legislación

Para conocer el peso que todo el asunto ha tomado en los tiempos recientes nada mejor que acudir a la documentación pública de diferentes organismos internacionales. Así podemos ver cómo el manual de la OTAN acerca de ciberguerra legitima el asesinato de hackers. La falta de una legislación o acuerdo internacional a propósito del conflicto en el terreno de las redes parece estar sirviendo de excusa para que la impunidad se abra paso. Operaciones de sabotaje y espionaje se suceden cada vez con menos disimulo y se atribuyen de forma espuria a supuestos hackers, cuando es cada vez más manifiesto su origen real.

Como nota inquietante, que la revista norteamericana Wired, sitúe a Eugeni Karsperski, ciudadano ruso y dueño de la compañía de seguridad con su mismo apellido, como una de las quince personas más peligrosas del mundo por su colaboración activa con el FSB (agencia Rusa de seguridad) y sus acreditados conocimientos en ciberseguridad, no deja de ser esclarecedor. La “peligrosidad” parece ir más en función de las lealtades que a las actuaciones concretas.

Mucho menos agresivos, organismos como la Unión Europea, también han comenzado a elaborar informes que acompañan a maniobras de sus organismos de seguridad, como la polémica agencia ENISA (Agencia Europea de Seguridad de las Redes y de la Información). Australia, o Finlandia también desvelan su planificación al respecto haciendo público sus documentos sobre ciberseguridad. En todos ellos, aparte de los lugares comunes, se puede entrever cómo la exposición de sectores estratégicos cada vez mayores preocupa a los gobiernos.

Hace apenas unos días, surgió la noticas respecto a cómo han podido ser sustraídas información de primer orden a propósito de más de 79.000 instalaciones hidráulicas en EEUU por parte de hackers Chinos. Parece ser que las incursiones electrónicas de diversos hackers han sido tan discretas como continuas y ahora son los propios gobiernos los que deben replantearse cómo asegurar instalaciones básicas.

Por su parte, el Pentágono está preparando unidades especiales de ofensiva en un proyecto de ciberguerra en el que estas puedan intervenir comunicaciones y realizar ataques a infraestructuras controladas por ordenador para inutilizarlas o destruirlas. A esta información acompaña la autorización por parte de la presidencia de EEUU para realizar ataques cibernéticos a gran escala. Mientras tanto, su secretario de Defensa, Leon Panetta, alimenta la caldera hablando de que su nación se enfrenta a un eventual ” Ciber Pearl Harbor”.

La estrategia de inteligencia de los EEUU ha variado en los últimos años enfocándose más hacia la intervención de comunicaciones y operaciones electrónicas y retirando gran cantidad de agentes de campo. Sin embargo, esta estrategia no siempre ha dado los resultados esperados. Al calor de los atentados del 11S, legislaciones como la Patriot Act y la Homeland Security conseguirían ahondar en el camino del espionaje electrónico, aunque no siempre ofrecerían los resultados deseados en la persecución y prevención del terrorismo.

Aun así, los resultados de la actividad en los terrenos de incursiones informáticas darían ejemplos concretos de ciberataques, entre los que destaca Stuxnet, Duqu o Flame que han demostrado ser poderosas armas capaces de inutilizar infraestructuras y espiar equipos críticos en sistemas de defensa o investigación.
Los cinco escenarios de ciberguerra:

1. EEUU y China. Un conflicto no declarado cada vez más evidente.

La curiosa relación entre China y los Estados Unidos, les ha llevado a una constante tensión que ni puede ser declarada abiertamente ni se manifiesta más allá de esa guerra oculta que se libra en las redes. Mientras tanto, lugares públicos como el “Foro de la Industria de Internet China y Estados Unidos”, acogen calurosas declaraciones de intenciones en las que la colaboración contra el crimen y el espionaje son la clave.

Casos como el de Huawei, acusado el año pasado de mantener abiertas puertas traseras en sus routers que permitirían un eventual espionaje y acceso a sus infraestructuras por parte del país de origen de estos dispositivos, desató una polémica comercial que pasaría a primer plano informativo al formalizarse la queja por parte de la embajada China a propósito de la campaña contra una de sus mayores empresas tecnológicas.

Según un informe de Akamai, China supuso a lo largo del último trimestre de 2012 un 41% del tráfico global de los ataques de denegación de servicio (DDoS). EEUU representó el 10% de estos. El crecimiento de estos ataques y la multiplicación de sus orígenes hacen que las estrategias de seguridad de empresas no directamente vinculadas a la red, como bancos y medios de comunicación, queden expuestas. La escalada en la complejidad evidencia cada vez más que sin un claro patrocinio y el respaldo de una infraestructura cada vez mayor no es posible llegar a la escala actual que adquieren estos ataques.

En 2009, se produciría el ataque conocido como Aurora, que tendría como principal objetivo un Google que se negaba por aquel entonces a aplicar las cláusulas de censura que el Gobierno chino pretendía imponer al buscador. Las cesiones parciales a la censura no serían suficientes para Pekín. Finalmente, Google decidiría abandonar China, que desde entonces elevaría a Baidu como la gran opción de un internet debidamente fiscalizado por las autoridades.

Otro momento comprometido para las autoridades chinas sería la filtración en un documental de corte propagandístico en el que se mostraba la interfaz de un software de ataque que solicitaba una dirección IP desde la que encubrir el origen real de este. En el fotograma, se empleaba la dirección de la Universidad de Alabama, lo que dejaba en mala posición un reportaje que pretendía mostrar a China como víctima.

Esclarecedor ejemplo ha sido también el nuevo centro de operaciones ubicado en Shangai, que se ha revelado como una de las fuentes de buen número de intervenciones en la red. Si bien ha sido complicado revelar la procedencia de estos ataques, dado que la mayor parte empelan como plataforma la multitud de equipos zombies (operados remotamente por un software de control remoto) que operan como una BotNet (red de ordenadores infestados), finalmente el origen apunta a este centro de operaciones.

La sombra de los ciberataques procedentes de China parece siempre seguir unos parámetros que difícilmente podrían apuntar a hackers individuales. Así los sucesivos ataques a empresas, prensa y organismo gubernamentales como la NASA, no dejan de apuntar, aunque si pruebas concluyentes, hacia miembros apoyados por el propio gobierno. La contraparte es aún más oscura. China, apenas reporta casos en los que su seguridad haya sido comprometida, a pesar de la constancia de que no dejan de sucederse casos en ambas direcciones. Así, el ministerio de Defensa chino y otros sitios militares han llegado a contabilizar mensualmente un promedio de 144.000 a lo largo de 2012, de cuyo origen parece que un 62,9% partía de EEUU según una de las pocas informaciones suministradas.

Ciertamente, las informaciones que se deslizan en los medios apuntan a un espionaje organizado y constante por parte de EEUU. La revelación de todo un arsenal de nuevas armas secretas chinas, directamente recogido en informes públicos del Pentágono, no deja lugar a dudas del espionaje que este mantiene. La exactitud de los datos acerca de armas como misiles balísticos orbitales, cazas y sobre todo nuevas herramientas orientadas al ciberespionaje revelan una actividad importante en este sentido.

2. Guerra cibernética contra “Estados enemigos” como Irán o Corea del Norte

Irán, pasando por Siria en su camino, se ha convertido para EEUU e Israel en el próximo objetivo geoestratégico. La aparición de Stuxnet y la intrusión informática en la planta de enriquecimiento de uranio iraní de Natanz en 2010, ha sido uno de los momentos más señalados de todo este proceso. No se trata solamente de que se haya podido acceder desde el exterior al corazón de los sistemas de control de unas instalaciones críticas sino que el método planteaba una novedad inquietante. Así Stuxnet abría el camino a toda una nueva generación de virus espía capaz de actuar de forma casi autónoma y con un potencial aterrador.

No sería hasta bastante después, cuando el propio Gobierno estadounidense confirmara la existencia de un arsenal informático preparado para eventuales ataques preventivos, cuando sabríamos que se confirmaba, de forma tácita, que Stuxnet formaba parte de dicha infraestructura. Posteriormente conoceríamos que sería concretamente parte de una colaboración entre EEUU e Israel. Tanto Stuxnet como Duqu, siguen un mismo patrón. El peligro de ambos es la casi independencia con la que estas armas cibernéticas operan. Una eventual “mutación” o una deriva inesperada podría hacerlas operar a una escala no prevista o incluso volverlas contra sus creadores, como tantas obras de ciencia ficción nos han adelantado.

Por su parte, Hezbollah también ha comenzado a crear una estructura desde la que realizar incursiones en el ciberespacio. El frente abierto contra Israel, nos ha ofrecido otro capítulo curioso. De forma independiente operaciones de miembros de Anonymous han confluido en ataques a infraestructuras informáticas expuestas sobre todo tras los últimos episodios contra palestina por parte del estado hebreo. En este contexto, deberemos estar atentos a cómo se desenvuelve la llamada OpUSA. Entre las acusaciones más destacadas, la de volver a entrenar y equipar a yihadistas contra el gobierno Sirio.

El escenario del conflicto sirio también ha aportado sus particulares operaciones como la llevada adelante por la Syrian Electronic Army, que se atribuye los ataques de esta semana pasada a medios occidentales, como la BBC, France 24 TV, diversas radios públicas estadounidenses, Al-Jazeera, el Gobierno de Qatar y diversas cuentas de Twitter desde las que se difundirían informaciones falsas que llevarían a la caída de 145 puntos al índice Down Jones. Parece que en este sentido Siria puede ser el prólogo de una intervención contra su socio iraní.

Mientras, Corea de Norte y sus supuestas instalaciones nucleares se han convertido en otro de los objetivos prioritarios tanto de su vecino del sur como de EEUU. La reciente entrada de hackers en las redes norcoreanas, aisladas del resto de internet, ha sido posible gracias a un despliegue de antenas Wifi amplificadas que pudieron captar la señal y establecer un punto de entrada desde lugares próximos a la frontera. La intrusión terminaría por afectar a diversas infraestructuras aunque no alcanzara a ordenadores con información acerca del programa nuclear. Tal infraestructura difícilmente pasaría desapercibida en una de las fronteras más vigiladas del mundo. La reacción del norte fue cortar la línea de enlace existente desde 2006 para evitar confusiones militares y enfrentamientos fronterizos y declarar nulos los términos del armisticio entre ambas coreas.

En paralelo a las amenazas y bravatas norcoreanas, EEUU y Corea del Sur establecen las bases para colaborar en un eventual escenario de conflicto en la red. Esto se traduce en que el pretexto del ataque por parte de hackers se sostiene con dificultades y las próximas intrusiones en el sistema del norte serán ya confirmadas sin excusa, como métodos de “defensa”.

Por otro lado, parece que los ataques “de vuelta” pueden tener su origen en la propia China, aunque Corea del Sur se guarda bien las espaldas y acusa a sus compatriotas del norte de las recientes infecciones que afectaron a bancos, ordenadores personales y canales de televisión.

Por su parte, los EEUU han descrito entre sus prioridades estratégicas la intrusión en las redes que controlen el programa militar de Corea del Norte. La información pública que se conoce al respecto, advierte que podrían estar en disposición de manejar una variedad de herramientas de ataque que aunque no de la sofisticación del gusano israeloestadounidense Stuxnet podrán comenzar a comprometer sectores estratégicos en poco tiempo.

3. Rusia, la ciberdelincuencia y el espionaje

El caso más famoso de ataque de supuestos hackers a una nación fue el de 2007 a Estonia. Por aquel entonces, el país báltico era una de las naciones de mayor penetración digital de occidente. Diversos sistemas fundamentales, entre los que destacaban el sistema bancario y las infraestructuras públicas, desde saneamiento hasta los mismos semáforos, fueron bloqueados durante cerca de dos semanas a consecuencia de la retirada de un monumento identitario para la población rusa que habita el país. Expertos de la OTAN tendrían que acudir para tratar de hacer cesar dicho ataque cuyo origen se ubicaría finalmente en la Federación Rusa.

Ninguno de estos ataques “políticos” ha sido en ningún caso reconocido, como viene siendo pauta habitual, por autoridad alguna. Las especulaciones posteriores apuntarían a una suerte de “encargo” a hackers con capacidades de movilizar enormes Botnets para llevar adelante estos.

La afirmación que el negocio ilícito es el modelo de empresa capitalista más perfecto podemos trasladarla al ámbito de la red. El empresario delictivo busca un nicho de mercado y lo explota de la mejor forma posible. Para ello, la red se ha convertido en un nuevo lugar donde poder difundir su mercancía mejor.

En el caso ruso también parece ser más cierto que en ningún otro que existen múltiples operadores independientes que se dedican al delito informático sin relación con el Estado. Informes como es de Russian Underground 101, a cargo de Max Goncharov, detalla todas las actividades ilícitas que se realizan en la red y los precios a los que estos cibercriminales profesionales, prestan sus servicios en el mercado negro del hacking ilícito, en foros como antichat.ru, xeka.ru y cardingcc.com.

Grandes estructuras de ciberespionaje como la recientemente desvelada “Octubre Rojo” apunta a nuevas formas de espionaje netamente delictivo con origen ruso. La sofisticación de este software espía es muy grande. Con un periodo de operación de más de cinco años, este software utiliza distintos módulos independientes, con pautas similares al malware Flame, capaz de replicarse de forma oculta y descifrar códigos como ACID, desarrollado por el Ejército francés y que emplea la OTAN y la Unión Europea.

4. Anonymous y el Hacktivismo

Las sucesivas detenciones de diversos individuos que se atribuyen a redes de Anonymous o miembros de LulzSec apenas han conseguido poner freno a las constantes campañas que estos colectivos agrupados bajo un nombre común realizan.

Desde sus primeras operaciones surgidas de 4Chan contra emisoras racistas o la Cienciología, El colectivo Anonymous ha evolucionado hacia una mayor concienciación de su papel como activista por los derechos en Internet. Su apoyo a Wikileaks, en la llamada Operación PayBack, con las primeras acciones contra su bloqueo financiero, los llevarían a saltar definitivamente al primer plano informativo. También aumentarían su base de simpatizantes agregando un perfil mucho más activista y comprometido.

Desde entonces las operaciones de grupos de Anonymous irían incrementándose, sobre todo contra países con censura, organismos, políticos e incluso empresas. Ni siquiera la pederastia quedaría fuera de los ataques del grupo, que realizaría un masivo bloqueo al servidor de la red oculta que más páginas de este tipo empleaba.

El grupo LulzSec, impulsaría un ataque contra la compañía Sony que culminaría con la caída de PlayStation Network y la revelación de buena parte de nombres y claves de usuarios de sus clientes, como consecuencia de la denuncia de Sony contra George Hotz, creador del Jailbreak para iPhone que luego realizaría igualmente para la PlayStation 3. Los cambios de la política de uso de su consola y las restricciones que trataban de imponer a su este volverían a tener consecuencias para esta con sucesivos ataques que culminarían con la apertura final de esta a ser “pirateada” y la consiguiente puesta a disposicíon de juegos para su descarga.

La legislación que pretendía limitar la piratería y de paso buena parte de las libertades ciudadanas en la red, denominada SOPA, agruparía a buena parte del sector tecnológico. Acompañando a la línea cívica, que finamente conseguiría tumbar la ley, las operaciones de Anonymous tomarían el nombre de Operación BlackOut y pasarían por ataques a empresas y organismo gubernamentales que apoyaran dicha legislación.

5. Una difusa guerra contra el terrorismo

Podemos afirmar que el yihadismo internacional ha comenzado a ver cómo la actividad en la red puede ser empleada más allá de fuente de reclutamiento y comunicación entre sus miembros. Así grupos como la ciberguerilla Izz ad-Din al-Qassam, han comenzado a emplear metodologías muy similares a las que emplean grupos como Anonymous para realizar sus acciones en la red. Una de sus formas más recurrentes de ataque ha sido contra bancos estadounidenses. Estos ataques constantes se han sucedido a lo largo de un periodo de ocho meses. Al igual que apuntábamos respecto al caso iraní, parece que grupos vinculados a este país son los dan soporte a este nuevo “comando” que también suele aparecer como QCF (Izz ad-Din al-Qassam Ciber Fighters).

En este sentido, podemos encontrar paradojas al estilo de la OpUSA, anunciada para el próximo día 7 de mayo por parte de Anonymous, como forma de protesta de las violaciones de derechos humanos en las que los EEUU pueden ser responsables. Podría darse el caso que, aunque de forma autónoma, converjan los intereses de grupos completamente divergentes en este ataque. Como hemos explicado más arriba, el caso de Siria e Irán no deja de colmar de contradicciones a un occidente capaz de apoyar a los mismos yihadistas que persigue en sus propias fronteras.

La “lucha contra el terrorismo” se ha convertido en el nuevo comodín del populismo conservador capaz de justificar cualquier legislación una vez modelada oportunamente la opinión pública. La realidad ha demostrado que la mayor parte de las líneas de actuación que se han anunciado públicamente han terminado por tener un empleo bien distinto. Las diversas unidades surgidas a partir de la Patriot Act, después del 11S, demostraron una escasa eficacia a pesar de la ingente cantidad de recursos destinados a estas. El espionaje del activismo dentro de los propios EEUU ha terminado por ser una de las mayores actividades de dichos grupos. En este sentido la ciberyihad parece ser el placebo necesario para mantener una tensión pública lo bastante asustada como para comulgar con una sustracción de derechos de otro modo intolerable.

La propia legislación que supuestamente persigue controlar las comunicaciones terroristas no deja de ser un brindis al sol al respecto. Sin embargo legislaciones como CISPA permitirán que el espionaje ciudadano pueda realizarse no solo por agencias estatales autorizadas para ello, incluso extrajudicialmente al tratarse de la supuesta persecución del terrorismo, sino por las mismas compañías que prestan servicios de Internet.

Intentar orientarnos entre los múltiples escenarios de la ciberguerra y el cibercrimen resulta tan complejo como relatar el nuevo orden mundial que se está conformando. Quizás lo más interesante es que estos movimientos soterrados son las muestras de mayores despliegues y pueden apuntar la dirección geoestratégica del futuro. La ciberguerra en la actualidad no es más que la escaramuza inicial de futuros conflictos. Aun así, en un futuro próximo su importancia la llevará a un primer plano. De cualquier manera conocer su desarrollo dice mucho más que los discursos oficiales, teñidos de la diplomacia falsaria que nos revelara Wikileaks.