El salvajismo sofisticado

El salvajismo sofisticado
Yanina Cariboni

matanza de focas-.
Ilustración: Peletería fina.

A menudo me pregunto si las épocas, los siglos, y todo lo contenido en el transcurso de la humanidad realmente conlleva transformaciones o sólo transmutación aparencial. La humanidad cambia sus ropas, muda sus ornamentos, los sofistica, pero sustancialmente siguen sucediéndose las entramadas relaciones de la aglomeración humana, y en sus correlacionados contextos, en torno a tres ejes: poder, saber y sexualidad.

(Buscando el significado que subsigue me sorprendí de dos cosas; de lo corriente de su uso sugestivo, y asimismo, lo corriente de ser el inadvertido cuando se es el sugestionado)

“…Pathos es un vocablo griego (πάθος) que puede tomar varias acepciones.

Es uno de los los tres modos de persuasión en la retórica (junto con el ethos y el logos), según la filosofía de Aristóteles.

En la Retórica de Aristóteles (libro 1, 1356a), el pathos es el uso de los sentimientos humanos para afectar el juicio de un jurado. Un uso típico sería intentar transmitir a la audiencia un sentimiento de rechazo hacia el sujeto de un juicio para intentar con eso influir en su sentencia. En este sentido se puede decir que crear en la audiencia un sentimiento de rechazo hacia el sujeto juzgado, al margen del hecho que se está juzgando es, en el sentido etimológico de la palabra, crear un argumento patético.

La demonización o satanización es la técnica retórica e ideológica de desinformación o alteración de hechos y descripciones.

Generalmente se recurre a sentimientos para manipular a quienes se convencen más con éstos que con razones, usando las palancas de interés que en retórica se denominan pathos y ethos, más que la más minoritaria del logos. En la demonización, la influencia pública de un individuo con un grado elevado de visibilidad y ethos se pone en juego para estimular una reacción de descrédito que elimine las restricciones morales o legales para actuar en detrimento del demonizado. La demonización del otro transforma al demonizador en alguien tan indiscutible como Dios…” (fuente Wikipedia)

En términos globales e históricos podemos ver en el centro de los intereses en puja entre agrupaciones opositoras el uso de la retórica. Ver a los medios masivos de información, a Gobiernos, a corrientes ideológicas actúando y ejerciendo su dominio, construyendo “realidad”, a base de este tipo de elaboraciones de la retórica.
Lo grave, es que también y cada vez más, a niveles micro, en el centro de la relación entre individuos, se construya “realidad”, en la “necesidad” de dominio los unos sobre los otros, a base de similares elaboraciones. En este proceso de sofisticación de la humanidad, que a su vez, ha aparejado la sofisticación en la morfología de la violencia, como sofisticado también, el instinto de perservación y defensa.

El individualismo actual sobre el cual tanta producción teórica hay en curso acerca de sus causas, acerca de su fenomenología, ha engendrado un salvajismo sofisticado, sobre todo una barbarie relacional compleja, con convencionales y reglados modos de agresión y autoagresión en la producción de la socialización actual y sus aceptados comportamientos nocivos, desmembrantes, pero filiadores. en tanto hacen a lo “común”.

Quiero decir, lo que antes era censurado por lo que podemos denominar el dogma de la vieja moral establecida, no ha dejado de serlo a nivel de discurso en muchos de sus puntos. Continúan algunos de sus mandatos, ya nulos, como meros véstigios holográficos vigentes en su enunciación, pero en contra partida, se ha transformado en imprescindible en el actuar social lo que antes era censurado. Existe por consiguiente una exigencia de un discurso dislocado del actuar, ya que actuar bajo los viejos preceptos o principios te deja inerme en el terreno de las modalidades actuales de relacionamiento. Y asimismo esto no se hace evidente, porque formular un discurso concordante al proceder “común actual” te deja expuesto a la censura (hipócrita) que es arma, característica y elemento en juego en la interrelación del salvajismo mencionado.

La característica más salvaje de los nuevos consensos relacionales, es que no hay tal consenso explícito, sino tácito, hay un solapamiento de los nuevos valores regentes muy por el contrario a una ausencia de valores. hay una tergiversación de la acciones en función de la versatilidad de los valores enunciados como procursores.
Urge en esta era, quizá no una nueva moral y sus prespcripciones ordenadoras, sino el influjo de la exigencia en el desarrollo del sentido de la propia existencia en los individuos, que coadyuve al poder sobre sí mismo, y ya no a la dominación sobre los otros.

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