Los seres humanos: ¿ un cáncer para el planeta Tierra?

Seremos una célula cancerígena a ser extirpada?
Leonardo Boff

Philippines Typhoon

Hay negacionistas de la Shoah (eliminación de millones de judíos en los campos nazis de exterminio) y hay negacionistas de los cambios climáticos de la Tierra. Los primeros reciben el desprecio de toda la humanidad; los segundos, que hasta hace poco sonreían cínicamente, ahora ven día a día que sus convicciones están siendo refutadas por hechos innegables. Sólo se mantienen coaccionando a algunos científicos para que no digan todo lo que saben, como ha sido denunciado por diferentes y serios medios alternativos de comunicación. Es la razón enloquecida que busca la acumulación de riqueza sin ninguna otra consideración.

En tiempos recientes hemos conocido eventos extremos de la mayor gravedad: los huracanes Katrina y Sandy en Estados Unidos, tifones terribles en Paquistán y Bangladesh, el tsunami del Sudeste de Asia, el tifón de Japón que dañó peligrosamente las centrales nucleares de Fukushima y hace pocos días el avasallador tifón Haiyan en Filipinas que ha dejado miles de víctimas.

Hoy se sabe que la temperatura del Pacífico tropical, de donde nacen los principales tifones, estaba normalmente por debajo de los 19,2°C. Las aguas marítimas se han ido calentando hasta el punto de quedar hacia el año 1976 en 25°C y a partir de 1997/1998 alcanzaron los 30°C. Tal hecho produce gran evaporación de agua. Los eventos extremos ocurren a partir de los 26°C. Con el calentamiento, los tifones aparecen con más frecuencia y con vientos de mayor velocidad. En 1951 eran de 240 km/h; en 1960-1980 subieron a 275 km/h; en 2006 llegaron a 306 km/h y en 2013 a los terroríficos 380 km/h.

En los últimos meses cuatro informes oficiales de organismos ligados a la ONU lazaron una vehemente alerta sobre las graves consecuencias del creciente calentamiento global. Está comprobado, con un 90% de seguridad, que es provocado por la actividad irresponsable de los seres humanos y de los países industrializados.

Lo confirmó en septiembre el IPPC (Panel Intergubernamental para el Cambio Climático) que articula a más de mil científicos; lo mismo ha hecho el Programa del Medio Ambiente de la ONU (PNUMA); enseguida el Informe Internacional del Estado de los Océanos denunció el aumento de la acidez, que por eso absorbe menos C02; finalmente el 13 de noviembre en Ginebra la Organización Meteorológica Mundial. Todos son unánimes en afirmar que no estamos yendo hacia el calentamiento global, sino que estamos ya dentro de él. Si en los inicios de la revolución industrial la concentración de CO2 era de 280 ppm (partes por millón), en 1990 se elevó a 350 ppm y hoy ha llegado a 450 ppm. En este año se ha dado la noticia de que en algunas partes del planeta ya se rompió la barrera de los 2°C, lo que puede acarrear daños irreversibles para los demás seres vivos.

Hace pocas semanas, a la Secretaria Ejecutiva de la Convención de la ONU sobre el Cambio Climático, Christiana Figueres, en plena entrevista colectiva se le saltaron las lágrimas al denunciar que los países no hacen casi nada para la adaptación y la mitigación del calentamiento global. Yeb Sano de Filipinas, en la 19ª Cumbre del Clima de Varsovia realizada del 11 al 22 de noviembre, lloró ante los representantes de 190 países contando el horror del tifón que había devastado su país, alcanzando a su misma familia. La mayoría no pudo contener las lágrimas. Pero para muchos eran lágrimas de cocodrilo. Los representantes ya traen en su cartera las instrucciones preparadas previamente por sus gobiernos, y los grandes dificultan de muchas maneras cualquier consenso. Allí están también los dueños del poder en el mundo, dueños de las minas de carbón, muchos accionistas de petroleras o de siderurgias movidas por carbón, de industrias de montaje y otros. Todos quieren que las cosas sigan como están. Es lo peor que nos puede pasar, porque entonces el camino hacia el abismo se vuelve más directo y fatal. ¿Por qué esa irracional oposición?

Vayamos directos a la cuestión central: este caos ecológico se lo debemos a nuestro modo de producción que devasta la naturaleza y alimenta la cultura del consumismo ilimitado. O cambiamos nuestro paradigma de relación con la Tierra y con los bienes y servicios naturales o vamos irrefrenablemente al encuentro de lo peor. El paradigma vigente se rige por esta lógica: ¿cuánto puedo ganar con la menor inversión posible en el más corto lapso de tiempo con innovación tecnológica y con mayor potencia competitiva? La producción está dirigida al puro y simple consumo que genera acumulación, siendo esta el objetivo principal. La devastación de la naturaleza y el empobrecimiento de los ecosistemas ahí implicados son meras externalidades (no entran en la contabilidad empresarial). Como la economía neoliberal se rige estrictamente por la competición y no por la cooperación, se establece una guerra de mercados, de todos contra todos. Quien paga la cuenta son los seres humanos (injusticia social) y la naturaleza (injusticia ecológica).

Ocurre que la Tierra no aguanta más este tipo de guerra total contra ella. Necesita un año y medio para reponer lo que le arrancamos en un año. El calentamiento global es la fiebre que denuncia que está enferma, gravemente enferma.

O comenzamos a sentirnos parte de la naturaleza y entonces la respetamos como a nosotros mismos, o pasamos del paradigma de la conquista y de la dominación al del cuidado y de la convivencia y producimos respetando los ritmos naturales y dentro de los límites de cada ecosistema, o si no preparémonos para las amargas lecciones que la Madre Tierra nos dará. Y no se excluye la posibilidad de que ella no nos acepte más y se libere de nosotros como nos liberamos de una célula cancerígena. Ella puede continuar, cubierta de cadáveres, pero sin nosotros. Que Dios no permita semejante trágico destino.

– Leonardo Boff es Teólogo-Filósofo y autor de Proteger a Terra e cuidar da vida: como escapar do fim do mundo, Record, Rio de Janeiro 2011.

Fuente: http://servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=602

El suicidio de la intimidad

El suicidio de la intimidad
Marcelo Marchese

enface

El reciente affaire Sofía Bueno (http://goo.gl/3jF5hb) ha generado innumerables consideraciones entre las cuales no podemos obviar la siguiente: una persona ya no puede fugarse de su casa sin que se genere una alarma nacional. Contemporáneamente al secuestro de Lucía, otra muchacha, Evelyn, de diversa clase social, también desapareció hasta que la madre anunció por televisión que su padre ya no volvería a pegarle.
Ahora todos sabemos que Evelyn es víctima de la violencia paterna y sabemos también que algo sucede en la casa de Sofía Bueno. Pero sabemos mucho más, como que Wanda Nara disfruta de Mengano, pues ha dejado a Maxi, y Maxi ya no está con Wanda, pues ahora disfruta de Fulana. Wanda, tiempo atrás, le había practicado cierta maniobra íntima a Sultano y gracias a que Sultano hizo pública la operación, saltó a la fama la figura de Wanda. A su vez Ricardo Fort murió, se supone, de un paro cardíaco, mas previamente había sufrido 43 cirugías. Este constante proceso cirugizal responde, nos parece, a una incapacidad de aceptarse, la misma razón que genera esa necesidad de constante exposición. No sólo aquello íntimo se hace público, sino que aquello exclusivo desaparece: cierta específica boca se estandariza, al igual que cierta nariz. Debemos imaginar que vive por ahí un cirujano maníaco que reproduce su propia noción de belleza en los rostros de todas las mujeres que se someten a su poder.
Bajando en la escala de popularidad, sabemos que nuestro “amigo” en Facebook (no ahondaremos en esta prostitución del lenguaje) acaba de comerse unos ravioles y ama a su perro, y nuestra “amiga” nos informa que hoy está en París, mañana en Roma y pasado mañana en San Petersburgo. Nos dan ganas de decirle que se quede en un sólo lugar, pues en caso contrario no conocerá verdaderamente nada, pero sabemos que sería considerado un comentario impertinente, pues NO IMPORTA que esté ahí, lo que importa es que NOSOTROS SEPAMOS QUE ESTÁ AHI. Prueba indiscutible: en vez de disfrutar que está ahí, está mandándonos fotos a nosotros que estamos acá. Disfruta de que nosotros la sepamos ahí.
Hemos alcanzado una especie de farandulización de nuestra vida. No copiamos los esquemas de vida de los grandes artistas, los grandes científicos o los grandes santos, copiamos los esquemas de la elite de la farándula. Si ellos viven de hacer pública su vida nosotros vamos y hacemos la misma payasada. ¿Cómo hemos logrado un auditorio acorde? Sin necesidad de revistas y TV nos lo brinda Youtube y Facebook, que viven de nuestra imperiosa necesidad de exponernos. Esas empresas encontraron un nicho en el mercado.
A cierta edad el niño exige que lo miren. Luego esta necesidad decae siendo suplantada por nuevos goces. El niño madura. Algo sucede sin embargo con el uso que le damos a la tecnología, pues retardamos esta madurez o la imposibilitamos. No podemos concluir que esta inmadurez sea generada únicamente por las nuevas tecnologías, pero sabemos que sin ellas sería imposible, o en todo caso, históricamente así ha sucedido. Algo que antaño formaba parte del mundo privado ahora se hace público gracias a las nuevas tecnologías y las redes. La madre muestra las fotos de su hijito desnudo o sentado en la pelela, sin pensar que el día que ese niño crezca con todo derecho lapidará a su madre; el adolescente ostenta sus músculos trabajados a modo de carnada en procura, suponemos, de la admiración de algún ente vago; y el poetastro nos acribilla con poemas de muy dudosa audacia.
Se podrá objetar que todo el mundo expone su intimidad y particularmente los artistas hacen un uso rabioso de ella. Felisberto Hernández desnuda, junto a Marcel Proust, los recuerdos de su infancia, en tanto Mario Levrero nos cuenta su doloroso tránsito escolar y el viejo Henry Miller rememora cómo hacía el amor con Mara en tanto aplicaba el plan con cualquiera otra fémina que se le cruzara por el camino. Antes de ellos, y como verdadero signo de los tiempos, Baudelaire nos expuso todas sus llagas, le cantó a todas sus perversiones y desenmascaró la neurosis del hombre moderno dando inicio al carácter introspectivo de la literatura contemporánea. La diferencia entre esto y las fotos de la adolescente o la veterana en Facebook, que muestra una sus pechos turgentes y la otra sus pechos abundantes, es que lo íntimo ha llegado a nosotros a través de una elaboración. Se ha utilizado lo íntimo no para ostentar, sino a modo de material de trabajo de la problemática humana. El poeta trabaja con sus sueños y su intimidad así como el escultor trabaja con el mármol.
Tiempo atrás cuando alguien se hacía una cirugía estética ocultaba la información al resto, pero en el mundo del fin de la intimidad se sale a la calle al otro día, con un leuco pegado a la nariz como signo de la clase social que integramos, ya que pudimos afrontar un gasto de esa naturaleza. La vedette que antaño escondía su cuerpo para mostrarlo sólo a aquellos que pagaban por verlo, ahora lo desnuda de antemano y a toda hora, y como recurso marketinero, si las revistas no hablan de ella, aprovechará a sacarse alguna foto en el baño para publicitarse, o hablará pestes de la vedette Fulana, para que Fulana hable pestes de ella y así cumplir la máxima: “¡Que hablen de ti bien o mal, pero que hablen!”. Sin que se le pregunte, la Alfano informará que entre las personas con las cuales se acostó (¡Qué diablos nos puede importar!) se encontraba Sonia Braga. El mecanismo tiene la siguiente doblez: quienes diseñan la tapa de la revista pondrán el anuncio de que la modelo Menganita “Sufre la desaparición física de su pareja Sultanito” en tanto la muestran cubierta de aceite abrazando el tronco de una palmera, en una postura que nos hace pensar en cómo disfruta del luto riguroso, en el caso que no muestre en ese lugar mágico en que la espalda deja de serlo, su nuevo tatuaje con las invitadoras palabras “Enjoy me”.
Es el triunfo de la imagen sobre todo. El producto entra por los ojos y no escapan a esta dinámica los políticos, cuya imagen es preparada por las agencias de publicidad que blanquean los afiches electorales, pues el blanco se asocia a la pureza y la transparencia. La novia, que llegará a esa noche soñada desde la niñez, no disfrutará de su fiesta de casamiento, pues será sometida a la dictadura del fotógrafo, reedición de la dictadura del fotógrafo de la fiesta de los 15: “Ahora una foto con tus padres ante la fuente”; “Ahora una foto con los padres de él”; “Ahora una foto con tus compañeros”. El instante ya no importa. Importa el retrato de ese instante, el paso a la imagen, la construcción del fetiche que luego será mostrado al pobre desprevenido que irá a visitar a la novel pareja. El turista en Machu Picchu atrapará el instante, como forma de no estar allí, como eficaz forma de no ser alterado por las sensaciones que le generen la Sagrada Familia o el Museo de la Inquisición. Algo se mueve, algo es alterado, inmediatamente zafamos de esa inquietud trasladando la energía al obturador de la cámara.
Queremos perpetuarnos como imagen en la mente de los demás. Queremos popularidad. Ayudamos todo lo que podemos, en aras de la exposición mediática, a que las grandes empresas violen nuestra intimidad. Ellas aumentan su banco de datos sobre nuestros gustos e intereses, gustos e intereses en gran parte generados por esas mismas empresas que impunemente manejan nuestras pulsiones sexuales a su antojo, con tal de vender un producto. Somos bombardeados por la televisión, en ese momento en que sube el volumen para los reclames, con decenas de miles de estímulos sexuales luego insatisfechos. Mientras tantos los Estados nos piden una cédula para cruzar una frontera. Cada vez que cruzamos una sufrimos una horrible incomodidad resultado de ser considerados criminales hasta que se demuestre lo contrario. Los funcionarios con la peor mala onda del mundo harán lo imposible por manifestárnoslo. Hace algunos años no existía ni cédula ni pasaporte y el ser humano viajaba de aquí para allá sin tanto trámite. Tiempo atrás, si nos drogábamos era un asunto nuestro, pero la cruzada antiliberal de inicios del XX transformó un asunto íntimo en un asunto de Estado. No existe tampoco derecho al suicidio ni asistencia al suicida, el Estado lo penaliza dominando inclusive nuestro derecho a morir cuando queramos. Tampoco dos personas pueden solucionar sus problemas de honor como les plazca, pues el Estado, sin que nadie lo haya llamado a opinar en un problema de índole privado, ha resuelto que no corresponde. El Estado sabe cuándo nacimos, quiénes son nuestros padres, dónde trabajamos, cuánto ganamos, conoce nuestro currículum, nuestra ficha médica y el psiquiatra tiene el poder de recluirnos apenas seamos considerados unos alienados. Hemos sacrificado en el altar de la seguridad nuestra intimidad y en un futuro cercano tendremos un microchip que informará dónde estemos, en el caso que no seamos inmediatamente localizables por el celular o la tarjeta de crédito. La tarjeta de crédito permite que se sepa en qué circuitos andamos, cuánto ganamos y cuánto defraudamos al Estado.
Hay una inquietud, una ausencia de espiritualidad. Ha desaparecido el concepto de lo sagrado. Es la primera y más evidente de las virtudes del progreso. Llenamos el vacío consumiendo y exponiéndonos. Las cartas llegan más rápido para no decir nada. La comunicación ha avanzado increíblemente para desnudar nuestro vacío. Si el goce de estar con nuestro amor es trasladado a que los demás sepan que estamos con nuestro amor, se altera la razón misma del amor. Si el goce se traslada del vínculo con la cosa a la imagen de la cosa, desaparece el disfrute de la cosa. Si atrapamos al zorzal para enjaularlo y así poder disfrutar ordenadamente de su canto a modo de cucú del reloj, perdemos la posibilidad de sorprendernos porque un zorzal se acerca a nuestra ventana y con su canto nos regala un momento mágico.

Megaminería en Uruguay: 10 respuestas a 10 mentiras

Megaminería en Uruguay

10 RESPUESTAS A 10 MENTIRAS

afectacion

Coincidiendo con la aprobación parlamentaria de la Ley de Minería de Gran Porte, el gobierno uruguayo lanzó una campaña de falsedades y agravios contra los opositores a esa iniciativa para justificar los supuestos beneficios de dicha ley. A continuación, reproducimos un documento elaborado por el Movimiento por un Uruguay Sustentable (MOVUS) dando respuesta a esa campaña.

Introducción

La reforma del Código de Minería de 2011, la Ley del Puerto de Aguas Profundas de 2012 y la Ley de Minería de Gran Porte recién votada integran un conjunto orquestado de decisiones políticas y normas legales con la finalidad de abrirle las puertas a una actividad económica -la minería metalífera a cielo abierto- cuya escala y magnitud de los impactos sociales y ambientales no tiene precedentes en el país.

Cuando la sociedad precisaría disponer de la información y el tiempo adecuados para definir cambios de tal importancia, la presencia simultánea de empresas interesadas en esa actividad hace que los debates se realicen en medio de disputas y conflictos concretos. En este proceso se ponen en evidencia no solo simples carencias en el suministro sino también la deformación de la información a la población.

Este material pretende ser un aporte al esclarecimiento de una serie de argumentos falsos relacionados con este tema que han sido usados de manera sistemática para confundir a la población sobre la naturaleza de las decisiones en juego.

1. El Uruguay se quedará con el 50% de las ganancias de las grandes mineras.

Existen dos opciones para calcular el impuesto a la renta: 1) sobre la “renta efectiva”, que es la ganancia declarada por la empresa; y 2) sobre la “renta presunta”, que se deduce de las ventas. La primera opción fue probada en Chile y se vio que las mineras se las arreglan para declarar que tienen pérdidas y no pagar el impuesto. La segunda opción, en cambio, hace muy difícil la evasión. El IRAE (Impuesto a la Renta de las Actividades Económicas) de la ley uruguaya sigue la primera opción y no incluye medidas para impedir que las empresas inflen costos y escondan las ganancias. Por esta razón, la recaudación por el IRAE será muy pequeña o reducida a cero.

Al impuesto “adicional del IRAE” se lo presenta como dirigido a recaudar más cuando las mineras ganen mucho por los precios muy altos. Pero si el IRAE es ínfimo, el adicional del IRAE, al ser un porcentaje del primero, será ínfimo también.

Como si esto fuera poco, la ley aprobada permite descontar, para el cálculo del IRAE, todas las inversiones hechas por la minera antes de obtener la concesión (estudios de prospección, exploración y el informe de impacto ambiental presentado a la DINAMA). Esta ley permite también descontar el canon del adicional del IRAE. El canon no es un impuesto, es el 5% del valor del mineral que cobra Uruguay por llevarse esa riqueza. Al permitir a la minera que descuente el canon de un impuesto, está reduciendo el canon a cero. Es decir, le están regalando el 100% del valor del mineral.

Por estas razones, la recaudación por IRAE y adicional del IRAE, supuestamente el 50% de las ganancias o el mentado “fifty-fifty”, será insignificante.

2. La ley de MGP impone a las grandes explotaciones mineras mayores impuestos.

Además de ser irrisorios los ingresos por IRAE y adicional del IRAE, esta ley habilita otros beneficios fiscales para las mineras. Cuando el Poder Ejecutivo concurrió a la discusión en el Senado, el ministro Kreimerman explicó que la minera será eximida del pago del Impuesto al Patrimonio, del Impuesto al Valor Agregado y de los aranceles de importación y exportación. Solo por la exención del IVA se calculó que Aratirí será beneficiada con el no pago de 700 a 1.000 millones de dólares.

Este fue uno de los motivos por los cuales los partidos Nacional y Colorado no votaron esta ley. Con tales exenciones se violó un acuerdo de la Comisión Multipartidaria sobre Minería de Gran Porte que decía: “No serán aplicables beneficios tributarios de la Ley de Promoción de inversiones a las actividades extractivas y conexas (…). No serán aplicables subsidios a exportación…”. (Capítulo V. Eje económico, 5.d.)

La empresa minera será subsidiada además por el consumo de agua gratis y energía eléctrica a un tercio de la tarifa residencial, por obras de infraestructura y portuarias a cargo del gobierno por lo que, si se recauda algo, no se recaudará gran cosa.

3. Los asalariados rurales tienen poco trabajo y mal pagado, la minería creará nuevas fuentes de trabajo y con sueldos superiores.

Uruguay tiene hoy unos 70.000 asalariados rurales. En 2006 se aprobaron las leyes de libertad sindical y de regularización laboral en el BPS y, en 2008, la ley de ocho horas en el campo. El trabajador debe cobrar su salario en dinero, junto con la prestación de alimentación y vivienda (o un monto equivalente) fijado en el Consejo de Salarios. El trabajador rural está hoy legalmente protegido. Si se intenta eludirlo, el gobierno tiene la responsabilidad de inspeccionar, sancionar y hacer que se cumpla la ley.

Aratirí (el único proyecto posible en el país de minería de gran porte), promete 1.300 empleos directos para una explotación de 12 años. No es una cifra significativa frente al total de asalariados rurales pero, además, la zona de Valentines está habitada por productores familiares y por asalariados que trabajan en una actividad permanente. ¿A dónde irán ahora los actuales pobladores y adónde irán los trabajadores de Aratirí después de esos 12 años, cuando esa zona rural haya quedado destruida?

El obrero minero, una ínfima minoría incluso en los países ricos en minerales, cobra altos sueldos por la altísima rentabilidad de la minería y porque están pagando los riesgos de salud y de corta vida a los que se ve expuesto ese obrero.

4. El desarrollo de nuevas tecnologías alivia los impactos al medio ambiente.

En realidad, los nuevos equipamientos destruyen mucho más porque la minería a cielo abierto en gran escala está dirigida a explotar yacimientos pobres en metales, de bajo porcentaje de hierro y oro como los existentes justamente en Uruguay.

Para que la actividad minera sea rentable en estos lugares, las máquinas excavadoras y de transporte deben remover volúmenes mucho mayores de roca del subsuelo, usan más explosivos y productos químicos que producen más polvo, ruido y contaminación, y consumen más combustible y energía. Por lo tanto, si se lo compara con otras tecnologías conocidas, el ataque al ambiente es mucho mayor.

La megaminería metalífera a cielo abierto es intrínsecamente destructiva. No es algo excepcional, sus impactos son reconocidos y abundan en el mundo entero.

5. La extracción del hierro contribuye a crear una industria siderúrgica nacional.

Ni Aratirí ni el gobierno están promoviendo con este proyecto una industria siderúrgica nacional. El ritmo de extracción del hierro -18 millones de toneladas por año-, es para exportarlo aprovechando los precios altos del mercado. Por esta razón el proyecto Aratirí tiene tres partes indisociables: mina, mineroducto y puerto oceánico.

Para crear una industria siderúrgica con nuestro hierro, el mineral debe quedar en el país y, en vez de entregarlo a una empresa extranjera, el estado debe organizar la explotación llamando a una licitación. A su vez, el ritmo de extracción debe ser menor, para reducir el impacto ambiental y que la producción se mantenga varias décadas. Solo el montaje de la industria siderúrgica lleva unos cinco años.

La última reforma del Código de Minería definió que el 15% del mineral que extraiga una empresa debe ofrecerlo en el país. Si la oferta dura solo 12 años, como quiere Aratirí, no alcanza para armar una industria siderúrgica.

Durante la discusión parlamentaria, se propuso que la ley de MGP fijara una tasa de extracción anual del hierro para que la explotación durara unos 60 años, pero la mayoría oficialista se opuso a fijar un límite de extracción.

6. Los daños de la minería no son significativos porque el área afectada es pequeña.

En las presentaciones de su proyecto, Aratirí fue aumentando la superficie de impacto de las minas, aceptando que la propuesta había sido insuficiente. En el primer Estudio de Impacto Ambiental (EIA), el distrito minero ocupaba 4.300 hectáreas. En el segundo EIA subió a 6.210 hectáreas la zona de impacto directo y la franja de amortiguación pasó de 11.500 a 14.505 hectáreas. Aún así, esta franja toma la mitad de la mínima distancia de impacto que, según informes del propio EIA, sería de 3 kilómetros. Si se toma esta distancia, el área afectada llega a unas 30.000 hectáreas.

El daño es mayor aún porque Aratirí posee títulos de prospección en esa zona sobre 120.000 hectáreas y, por la reforma del Código de Minería de 2011, que extendió los plazos, esto significa que los productores rurales son rehenes de las decisiones de la minera por 12 años. ¿Por qué el estado otorgó a esta empresa títulos de tal magnitud? Y, si Aratirí no piensa explotarlos, ¿por qué no devuelve esos títulos?

Se pretende minimizar el daño alegando que es un área pequeña, pero se reconoce la importancia del daño. Además de los impactos durante la explotación, se destruirá un suelo que posibilita la vida y una actividad productiva permanente.

7. La ley exige a las mineras la reconstrucción del ambiente original.

Autoridades del gobierno, incluido el Presidente de la República, José Mujica, afirman que los inmensos cráteres de la mina se vuelven a rellenar y se restaura la actividad productiva anterior. Esto es sencillamente falso, en ninguna parte del mundo esos pozos se rellenan, menos van a hacerlo en Uruguay. No se rellenan porque tiene un alto costo y hacerlo reduce la rentabilidad de las empresas. Incluso se los deja abiertos por si más adelante surge el interés de continuar la extracción.

La ley de minería de gran porte contiene frases genéricas sobre la preservación del medio ambiente y una sección dedicada al plan de cierra de la mina, que incluye la imposición de garantías económicas para el cumplimiento del plan. Pero no define exigencias concretas de restauración del ecosistema precedente y éstas quedan libradas a los resultados de una negociación entre el gobierno y la minera.

Por otra parte, la propuesta de Aratirí ha sido muy clara, tanto en la comunicación a la DINAMA como en la discusión parlamentaria de la ley. Aratirí propone rellenar con agua de lluvia esos pozos, en un proceso que puede demorar hasta 80 años, al final de los cuales no sabe si esa agua estará apta para otros usos en la zona.

8. Se utilizará poca agua porque el proceso trabajará en ciclo cerrado.

Según Aratirí, el agua se gestionará en “circuito cerrado”: uno, formado por la represa de relaves, la represa de agua bruta y la planta de beneficiamiento; y otro, formado por el mineroducto hacia el puerto y un acueducto de retorno. Con este sistema, tendría que reponer por pérdidas 1,1 millón de metros cúbicos anuales (el consumo de 90 hectáreas de arroz). Pero Aratirí prevé un emisario submarino de 2,5 kilómetros de largo, al costado de la terminal portuaria, para descargar en el océano las aguas usadas y contaminadas del distrito minero.

¿Se puede llamar a esto “circuito cerrado”? Evidentemente, no. Es peor,

Además, para extraer el mineral del subsuelo desviarán varios arroyos y el río Yí, contaminarán aguas superficiales, napas freáticas y aguas subterráneas, tanto por el escurrimiento de los cráteres y de los depósitos de estériles, como por la infiltración hacia el suelo de los depósitos de relaves y de agua bruta. Los impactos de estas contaminaciones y las alteraciones del sistema hídrico de la región se extenderán, según el propio informe de Aratirí, entre 3 y 6 kilómetros desde el borde de las instalaciones mineras.

9. La minería se hará en tierras donde no hay posibilidades de desarrollo.

Se ha presentado a la zona potencialmente afectada por el proyecto Aratirí como un rincón abandonado del país. Al decir que pertenece “al Uruguay profundo”, se alude a una zona de pobreza y carente de desarrollo. Se la asocia entonces con el latifundio tradicional para decir que los que se oponen a la minera son “terratenientes”. Es un discurso mentiroso dirigido a las personas que desconocen esa realidad.

Según las estadísticas oficiales, en las tres áreas del proyecto minero, hay 3.573 personas dedicadas a la actividad agropecuaria que se verán directamente afectadas y 4.156 trabajadores con un grado de afectación indirecto. El propio EIA de Aratirí expone que los establecimientos del distrito minero son de los que el Ministerio de Ganadería (MGAP) define como “productores familiares” en la medida en que “el promedio de los establecimientos de la zona” es menor de 500 hectáreas.

Un informe reciente del MGAP calcula una rentabilidad bruta de 160 y neta promedio de 49 dólares por hectárea en la zona y estima que son necesarias 361 hectáreas en propiedad o 550 ha, si el 33.4% fuera arrendada, para que un productor tenga el ingreso medio de los hogares de una localidad pequeña del interior. El mismo informe agrega que, para el productor familiar, la tierra tiene otros valores, además del económico, como son la vivienda, la alimentación, la cultura y el estilo de vida, y que habrá dificultades para el realojamiento de esa población.

10. La minería de gran porte permitirá diversificar la matriz productiva del país.

Justificando la nueva ley de minería de gran porte, el senador Daniel Martínez dijo: “O diversificamos la matriz productiva, avanzamos en sectores de mucha más tecnología y valor agregado o vamos a ser un país pobre toda la vida”. Este argumento va dirigido a sectores preocupados por el desarrollo tecnológico del país, pero es tan vacío de contenido como el que asocia estos proyectos mineros con la industrialización.

No se diversifica la matriz productiva porque es una actividad meramente extractiva. Es decir, extrae el mineral y lo exporta en bruto. En segundo lugar, no es duradera porque, a lo sumo dará para 15 a 20 años y luego se acabó el recurso. Si se pretende diversificar la matriz productiva, debería poder realizarse una actividad permanente. En tercer lugar, es incompatible con otras actividades productivas y destruye el ecosistema, con lo cual, al cabo de un corto lapso, simplemente habremos perdido para siempre una zona productiva.

La minería de gran porte que se pretende instalar solo aumenta la condición primario exportadora de la economía. Sin diversificación productiva ni industrialización, el país será más dependiente aún de los vaivenes del mercado internacional, tanto por las materias primas que debemos vender, como por los productos manufacturados que, sin un cambio sustancial del modelo de desarrollo, seguiremos comprando.

Fuente:
http://www.observatorio-minero-del-uruguay.com/2013/09/megamineria-en-uruguay-xiv/

La élite criminal de los Estados Unidos: una orgía de ladrones.

La élite criminal de los Estados Unidos. Una orgía de ladrones
Jeffrey St. Clair · Alexander Cockburn · · · ·

24/11/13

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Entre los años 1980 y 1990, algunos embaucadores profesionales como James Q. Wilson y Charles Murray se llenaron de gloria con sus bestsellers sobre las propensiones criminales inherentes a la “clase marginal”, sobre la patología de la pobreza, los depredadores adolescentes, el derrumbe de la moral y la irresponsabilidad de las madres de dichos adolescentes.

Existía, en realidad, una amplia clase criminal que adquirió su mayor potencial en los 90. Un grupo completamente desprovisto de los más elementales instintos de honestidad social, carentes de toda fibra moral y egoístas hasta un nivel casi insondable. Esta clase se personifica en la élite empresarial.

Después de dar luz verde a finales de los 70 con el festín desregulador instado por los think tanks de las empresas, y lanzado a nivel legislativo por Jimmy Carter y Ted Kennedy, en los 90, los líderes de las empresas estadounidenses habían desarrollado una estrategia criminal muy sencilla de auto-enriquecimiento.

En primer lugar, debían mentir sobre su actuación, para que, de forma calculada, ésta decepcionara a los inversores. Todo ello fue diseñado con la producción de un balance general “pro forma”, servido con una argucia de contabilidad para cada tendencia y matiz, y suministrado voluntariamente por Arthur Andersen y otros de su misma calaña. Las pérdidas se catalogaron como “gastos de capital”; los activos con pérdidas fueron “vendidos” a co-conspiradores de los grandes bancos en los períodos contables relevantes.

Más tarde, empleando los Principios de Contabilidad Generalmente Aceptados, se presentaron balances ligeramente más realistas a la SEC y al IRS.

Haciendo alarde de las cifras “pro forma”, las empresas expidieron más reservas, solicitaron más créditos de algunos de los bancos co-conspiradores, volvieron a comprar las reservas para los jefes ejecutivos, quienes más adelante inflarían su valor a fuerza de una contabilidad falsa, vendieron las reservas a los clientes más crédulos y obtuvieron rescates antes de que se les cayera el cielo encima, dejando los fondos de pensiones como si CalPERS (sistema de pensiones público para empleados en California) sostuviera sus bolsas. Las fortunas amasadas por George W. Bush y Dick Cheney son ejemplos vívidos de esta técnica.

¿Cuál ha sido la magnitud del saqueo? De un nivel prodigioso. Esta orgía de robos, sin parangón en la historia del capitalismo, fue aprobada e instigada año tras año por el arzobispo de la economía Alan Greenspan, un hombre con un afilado sentido de la distinción entre la magnitud de reprobación que merecen los ricos y la que merecen los menos poderosos. Cuando Ron Carey lideró al sindicato de transportes en su victoria en el año 1997, Greenspan se apresuró a denunciar el potencial “inflacionista” de las modestas mejoras en los salarios. Aun habiendo sido declarado inocente por un jurado compuesto por sus iguales, a Carey se le prohibió incluso volver a presentarse en futuras elecciones de sindicatos. De igual manera continua ahora, sistemáticamente, la presión sobre el aumento del salario mínimo.

¿Dónde se encontraban entonces los sermones de Greenspan y su sucesor Ben Bernake sobre el potencial inflacionista de las fortunas en opciones de compra de acciones, impulsadas con las grandes ínfulas de la contabilidad deshonesta y del resto de conspiraciones análogas?

Si una persona muere en un fuego cruzado en South Central, William Bennet se apresurará a condenar a toda una generación, a toda una raza. ¿Dónde quedan entonces los discursos de Bennett, Murray y los moralistas del Sunday Show sobre cómo los directivos se marchan con el botín, dejando a sus empleados en la miseria entre pensiones destrozadas y perspectivas rotas? Un niño de la calle en Oakland puede sentarse frente a un ordenador a la edad de 10 años. No existen perfiles de “propensión criminal” en los licenciados de las escuelas de negocios de Wharton o Harvard.

Resulta necesario retomar a Marx o a Balzac para adquirir un sentido verdadero y claro de los ricos como élite criminal. Sin embargo, estos gigantes han legado una tradición de alegre disección de la moral y ética de los ricos, impulsada por Veblen, John Moody, C. Wright Mills, William Domhoff y otros tantos. A mediados de los años 60, la ciencia política negativa no era una propuesta viable si se apuntaba a ocupar un cargo en la universidad. Un estudiante que investigara sobre Mills tenía que pagar sus estudios trabajando de noche en un bar, mientras que uno que lo hiciera sobre Robert Dahl y escribiera necedades sobre el pluralismo podía obtener una beca de estudios.

En los años 50, en las zonas residenciales acomodadas, se leía sobre el vacío moral que propugnaban escritores como Vance Packard y David Riesman. Puede entenderse entonces que la soledad interior pronto se convirtió en felicidad interior. No había nada malo en pisotear la cabeza de un coetáneo para obtener un beneficio. ¿Dónde están ahora esos libros (que resultan pruebas tangibles) sobre los fundamentos de la gran cohorte empresarial criminal de la década del 2000, que alcanzó la mayoría de edad en la época de Reagan?

De hecho, hoy es tarea casi imposible localizar aquellos libros que analizan a la clase de ejecutivos de empresa a través de las lentes del menosprecio científico e imparcial. Mucha de la literatura actual sobre el mundo de los grandes directivos de empresa se publica en revistas como Fortune, Businessweel o Forbes. Además, a pesar de que hay unos cuantos autores —como Robert Monks (Power and Accountability)— que centran su atención en la cultura de los ejecutivos, en ningún lugar pueden encontrarse estudios empíricos sobre las raíces sociobiológicas de las tendencias criminales de la clase ejecutiva.

¿Por qué? Quizás porque los ricos han comprado a la oposición. En las remotas neblinas de la antigüedad, existían comunistas, socialistas y populistas que leían a Marx, y que tenían una noción bastante certera de lo que pretendían los ricos. Incluso los demócratas tenían ciertos conocimientos de la verdadera situación. Entonces llegaron de la mano las cazas de brujas y las compras de empresas. Como resultado, un operador de Goldman Sachs ha podido llegar a la madurez sin escuchar una sola palabra admonitoria sobre lo deleznable que resulta mentir, robar, engañar, vender a los socios o defraudar a los clientes.

Las escuelas más reputadas de los Estados Unidos han formado a una élite criminal que ha robado todos sus fondos en menos de una década. ¿Ha sido todo ello culpa de Ayn Rand, de la Escuela de Chicago, de Hollywood o de la muerte de Dios?

Este ensayo es la adaptación y actualización de un artículo publicado en la edición de noviembre del 2000 de la revista The New Statesman.

Jeffrey St. Clair es el autor de Been Brown So Long It Looked Like Green to Me: the Politics of Nature, Grand Theft Pentagon y Born Under a Bad Sky. Su último libro es Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion. Es el editor de Counterpunch.org. Alexander Cockburn (1941-2012) fue el editor de Counterpunch.org

Traducción para http://www.sinpermiso.info: Vicente Abella

El ocultamiento del suicidio adolescente en Uruguay

Ocultar el suicidio
Andrés Núñez Leites, sociólogo uruguayo.

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El suicidio juvenil, y el suicidio en general, no forma parte de la agenda uruguaya. El gobierno, los partidos políticos, las organizaciones de la sociedad civil y los mass media se abocan a otros asuntos. No obstante, las muertes se siguen sumando.
Los crímenes, la corrupción, la pobreza, las violaciones a los derechos humanos, no son esencialmente un problema. En todo caso, llegan a serlo si opera en ese sentido un proceso de problematización. Este puede conducir a diferentes escenarios: desde la más o menos audible protesta de los activistas de alguna minoría concientizada, hasta la movilización general de la comunidad en torno a la solución para ese “problema”.

El suicidio juvenil no es un problema

Es evidente, entonces, que la problematización es un hecho político.

Esto, que puede parecer una verdad trivial para el o la cientista social, no lo es para todos. Y es que la problematización de un asunto suele ir acompañada del ejercicio persistente de una violencia simbólica, a la que podemos definir como “la imposición arbitraria de una arbitrariedad cultural” (Bourdieu y Passeron, 1995:45). Es decir, que cuando irrumpe en la agenda pública un problema, suele opacarse -voluntaria o involuntariamente- el sistema de relaciones de fuerza entre distintos actores políticos (en sentido amplio) que sustenta esa irrupción. En términos un poco pasados de moda, diríamos con Dahrendorf que “se oculta la lucha de los grupos de interés” que está por detrás de la emergencia del problema y de la forma particular en que lo hace.

Un caso paradigmático es el discurso oficial sobre las drogas: emerge como resultado de la conjunción de diversos intereses, entre ellos, el interés biopolítico del gobierno de EE.UU. con relación a su propia población y una innegable estrategia geopolítica de dominación internacional, el interés del gobierno local de extender el ojo avizor del Estado por todas las redes sociales para poder tener bajo control a los elementos más peligrosos de la sociedad (los pobres y los jóvenes, fundamentalmente), de la mano de la voluntad de imposición de un modelo de individuo competitivo, altamente productivo y disciplinado, acorde a los requerimientos de la etapa actual del desarrollo del modo de producción capitalista.

Comprenderá entonces el lector por qué el discurso oficial sobre las drogas asume una estrategia prohibicionista y también por qué los discursos alternativos sobre las drogas (despenalización, legalización, etc.), son excluidos del debate público, a pesar de la solidez científica de algunas de sus asunciones.

Volvamos al tema del suicidio juvenil para preguntarnos: ¿por qué no se diseñan políticas nacionales y locales sobre el tema? ¿Por qué casi no se habla del tema, y cuando se habla, se lo reduce a su dimensión psico-biológica individual, o, en el mejor de los casos, familiar, y no se intenta vincular el suicidio juvenil con procesos sociales más generales?

Esos molestos cadáveres: una tesis sobre el ocultamiento de la muerte

Siguiendo a Nietzsche, Gabriel André afirma que “la muerte de Dios” quitó sentido a nuestra existencia terrena: “(…) el mundo verdadero ha desaparecido y con él el mundo aparente” (André, 1998:39). Con la secularización, la racionalidad científica moderna intentó -y por mucho tiempo logró- ocupar el lugar del dios recién destronado.

En cuanto al tema específico de la muerte, el despliegue de la racionalidad científica en la sociedad uruguaya (desde fines del siglo XIX) coincide con el afianzamiento del poder médico y del poder burocrático. La muerte se traslada del espacio familiar hacia los hospitales, la ancianidad es amontonada en asilos y se cierne sobre los familiares del moribundo o del muerto una maraña de controles burocráticos. El cadáver es expropiado por el Estado, que legitima su acción a través de un discurso médico-higienista. Junto a esta política de salud pública, el autor descubre una función en el ocultamiento de la muerte y del cadáver: la legitimación del lazo social. La cohesión de nuestra sociedad contemporánea se funda en la illusio del productivismo, el consumo, la eficiencia. “Nuestro destino está en manos de los nuevos teólogos de fin de siglo, los economistas, y nuestra sociedad toda parece prepararse para una suerte de consumación escatológica en el aquí y ahora” (André; 1998: 39).

La muerte se ha convertido en evidencia de la precariedad del “proyecto” consumista, hedonista e inmediatista. El cuerpo muerto y putrefacto se vuelve intolerable para una sociedad que hace culto del cuerpo delgado, bronceado y eternamente joven. Es necesario poner a la muerte al margen de la cotidianeidad. El autor considera, con lucidez, que asumir la realidad de la muerte puede permitirnos reconstruir un sentido para nuestra existencia, trascendiendo así las políticas de la banalización masiva.

El ocultamiento del suicidio juvenil

La tesis de André adquiere particular relevancia en el caso del ocultamiento del suicidio juvenil, aunque requiere cierta ampliación del marco teórico.

Las muertes por enfermedad, si bien son objeto de ese dispositivo de ocultamiento, pueden ser “rescatadas” por el discurso del poder, desde el cual cabrían enunciados como el siguiente: “el progreso científico irá derrotando progresivamente a las enfermedades”. Como no todos son conscientes de que, por efecto de la reestructuración regresiva del sistema capitalista y la consiguiente precarización de los sistemas de salud, sin olvidar el crecimiento mundial de la pobreza, cada vez más personas mueren por enfermedades que tienen cura, es posible generar consenso y conformidad con el modelo neoliberal-conservador a partir de enunciados como el expuesto más arriba.

Pero la muerte de jóvenes por su propia voluntad es reacia a un “rescate” como el mencionado. ¿Cómo hacer funcionar, en forma creíble, dentro del discurso del poder un hecho como éste? Se ha dado en los mass media una limitada atención al tema de la depresión, que se ha enfocado, como cabría esperar, desde un discurso de la psicopatología que no es esencialmente falso, pero que refuerza el efecto de ocultamiento, en la medida que constriñe el análisis del fenómeno a sus aspectos orgánicos y psicológicos, desprendidos del contexto social en el cual las personas están inmersas.

El suicidio juvenil, considerado en su dimensión política, deviene la más fuerte y radical contestación a un “proyecto” de vida egoísta, en el cual se confunde al culto a los símbolos de status con el amor propio, y donde el sentido de la vida es subsumido en el consumo de mercancías aparentemente imprescindibles. Afirmábamos en un trabajo anterior que “(…) la sociedad actual es un contexto desfavorable para el intento de los individuos de mantener una estabilidad psíquica y la illusio en el juego social (…)” (Núñez Leites, 2000; Relaciones No.193: 27). Ahora, complementamos esa hipótesis con la siguiente: el ocultamiento del suicidio juvenil como fenómeno social relevante, su exclusión de la agenda pública, cumple una función política, que es impedir el resquebrajamiento del discurso que sustenta al modelo neoliberal-conservador.

Dispositivo y voluntad de ocultamiento

Considero que el ocultamiento del suicidio juvenil obedece a dos lógicas solidarias: la una sistémica y la otra individual. Si nos preguntamos respecto a la naturaleza de este fenómeno, descubriremos, en primer lugar, la presencia de un dispositivo. Este concepto es clave en el análisis genealógico foucaultiano: “Las dos primeras dimensiones de un dispositivo (…) son curvas de visibilidad y curvas de enunciación. Lo cierto es que los dispositivos son como las máquinas de Raymond Roussel, según las analiza Foucault; son máquinas para hacer ver y para hacer hablar.” (Deleuze, 1990:155)

En el caso que tratamos, el dispositivo operaría de modo inverso: máquina de ocultar y hacer callar. Un dispositivo es, esencialmente, una relación de poder, entendido el poder no en el sentido jurídico, sino como algo dinámico e inestable, que resulta del entrecruzamiento y solidaridad de otras relaciones de poder (Foucault; 1992: 142); surge como base y resultado de prácticas discursivas e institucionales que se apoyan mutuamente. Surge de un agenciamiento, dirían Deleuze y Guattari (1994: 50).

Pues bien, la tendencia autorreproductiva de todo sistema de dominación conduce a la exclusión del campo de lo real de todo aquello que lo deslegitime.

Esto explica por qué ni el gobierno, ni los partidos de derecha, ni los mass media promueven alguna discusión psico-sociológica sobre el suicidio. Y en tanto los grupos de oposición desconocen su importancia estratégica, el suicidio juvenil permanece en el plano de lo políticamente inexistente. En términos foucaultianos, el suicidio juvenil se halla “proscripto de lo real”: “(…) lo inexistente no tiene derecho a ninguna manifestación, ni siquiera en el orden de la palabra que enuncia su existencia; y lo que se debe callar se encuentra proscripto de lo real como lo que está prohibido por excelencia. La lógica paradójica de una ley que se podría enunciar como conminación a la inexistencia, la no manifestación y el mutismo.” (Foucault, 1987: 12)

La lógica de acción individual que colabora en el ocultamiento y la no-problematización del suicidio se inscribe en el dispositivo mencionado. No sería pertinente la oposición sistema/acción individual, pues esta última, enmarcada en el cumplimiento de roles precisos, a la vez que la sustenta, es pre-determinada por la lógica sistémica. Así, no es aconsejable desde el marketing político que los gobernantes asuman que la situación actual constituye un escenario suicidógeno, ni desde el marketing mediático es aconsejable que los mass media se distraigan de su tarea de producción de distracción para atender un tema tan molesto como el suicidio juvenil.

Hay aquí una voluntad de ocultamiento solidaria con el -y parte del- dispositivo de ocultamiento.

La vida es un carnaval o el imperio de la banalidad.

¿Y por qué la gente no reacciona indignada? Por el mismo motivo que vive inmersa en un modo de vida indiferente. La indiferencia es un estado de la cultura (Lipovetsky; 1988: 40) correspondiente a la caída de los proyectos autoritarios modernistas (tanto revolucionarios como burgueses) y a la aparente imposibilidad de la cultura posmoderna para engendrar un sustituto estable, capaz de dotar de un sentido (ya sea trascendente o inmanente) a las vidas individuales.

En la posmodernidad se superponen y se refuerzan dos fenómenos. El primero, heredado del racionalismo cientificista de la modernidad: la necrofobia. Para la cosmovisión cristiana, la muerte tiene sentido como pasaje hacia otro nivel de existencia de la persona, el cuerpo muere, pero no así el alma, donde reside el ser. Tras la primera secularización, esa visión de la muerte sufre un inevitable resquebrajamiento; de ahí el esfuerzo científico por vencer las enfermedades (excluir el dolor) y prolongar la vida (excluir la muerte); la muerte aparece como signo de todo lo no deseado por la cultura moderna, es necesario negarla u olvidarla, pues ahora ya no es parte de la vida. Y con la posmodernidad, también conceptualizable como segunda secularización (Hopenhayn, 1997: 25) asume toda su intensidad el mencionado fenómeno de la indiferencia.

Aquí solo hay lugar para lo que se pueda vender o comprar. Y se sabe que la reflexión profunda, las preocupaciones existenciales y la crítica, no son mercancías redituables.

Re-encantar el mundo

Intentar problematizar el suicidio juvenil es una opción netamente política. Y a contracorriente.

Para los investigadores, implica actualizar las teorías ya existentes sobre el suicidio, y rediseñar las estrategias metodológicas de acuerdo con el contexto específico de la sociedad uruguaya. Implica además profundizar las perspectivas disciplinarias, al mismo tiempo que tender lazos para construir una o varias perspectivas globales sobre el tema.

Para la sociedad civil y las fuerzas políticas que quieran participar en la tarea, conlleva atreverse a romper con el mito de la impotencia para provocar cambios en el sentido de la construcción de una sociedad más solidaria y equitativa.

¿Hay lugar para el re-encantamiento del mundo? Yo creo que sí. Porque este artículo fue escrito con dolor, pero también con esperanza.
Referencias

ANDRÉ, Gabriel: Las sociedades y el fenómeno de la muerte humana. Montevideo ayer y hoy.; 1998; Tesis de Licenciatura, Montevideo; aún no publicada.
BOURDIEU, Pierre – PASSERON, Jean-Claude: La reproducción; 1995; Fontamara, México.
DELEUZE, Gilles: “¿Qué es un dispositivo?”, en: Michel Foucault, filósofo; 1990; Gedisa; Barcelona.
DELEUZE, Gilles – GUATTARI, Félix: Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia.; 1994; Pre-textos; Valencia.
FOUCAULT, Michel: Microfísica del Poder.; 1992; La Piqueta; Madrid.
FOUCAULT, Michel: The History of Sexuality.; Vol. 1; 1987. Vintage, New York.
HOPENHAYN, Martin: Después del Nihilismo. De Nietzsche a Foucault, 1997. Andrés Bello; Barcelona.
LIPOVETSKY, Gilles: La era del vacío, 1994. Anagrama; Barcelona.
NUÑEZ LEITES, Andrés; El suicidio juvenil; 2000. Relaciones No. 193, Montevideo.

Comida industrial: enfermando a la gente y al planeta

Comida industrial: enfermando a la gente y al planeta

Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC, Mexico, UNAM
http://www.jornada.unam.mx

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Las cinco enfermedades más comunes están ligadas a la producción y consumo de alimentos provenientes de la cadena agroalimentaria industrial: diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer, enfermedades cardiovasculares. Algunas totalmente, otras parcialmente, ninguna está desligada.

Esto se traduce en mala calidad de vida y tragedias personales, pero además en altos gastos de atención médica y del presupuesto de salud pública, un enorme subsidio oculto para las transnacionales que dominan la cadena agroindustrial, desde las semillas al procesado de alimentos y venta en supermercados. Más razones para cuestionar ese modelo de producción y consumo de alimentos.

En artículos anteriores referí cómo el sistema alimentario agroindustrial solamente alimenta a 30 por ciento de la población mundial, pero sus graves impactos en salud, cambio climático, uso de energía, combustibles fósiles, agua y contaminación son globales.

En contraste, la diversidad de sistemas alimentarios campesinos y de pequeña escala son los que alimentan a 70 por ciento de la población mundial: 60-70 por ciento de esa cifra lo aportan parcelas agrícolas pequeñas, las huertas urbanas el 15-20 por ciento, la pesca 5-10 por ciento y la caza y recolección silvestre 10-15 por ciento. (Ver ¿Quién nos alimentará? La Jornada, 21/9/13 y http://www.etcgroup.org). Agrego ahora datos complementarios, de la misma fuente.

En términos de producción por hectárea, un cultivo híbrido produce más que una variedad campesina, pero para ello requiere la siembra en monocultivo, en extensos terrenos planos e irrigados, con gran cantidad de fertilizantes y alto uso de agrotóxicos (plaguicidas, herbicidas, funguicidas). Todo ello disminuye la cantidad de nutrientes que contienen por kilogramo. Los cultivos campesinos, por el desplazamiento histórico que han sufrido, ocurren mayoritariamente en terrenos desiguales, en laderas y tierras pedregosas, sin riego. Si comparamos aisladamente la producción de un cultivo campesino con el mismo híbrido industrial, la producción por hectárea es menor. Sin embargo, los campesinos siembran, por necesidad y conocimiento, una diversidad de cultivos simultáneamente, varios del mismo cultivo con diferentes características, para diferentes usos y para soportar distintas condiciones, además de cultivos diferentes que se apoyan entre sí (se aportan fertilidad, protegen de insectos) y como usan poco o nada de agrotóxicos, crecen a su alrededor una variedad de hierbas comestibles y medicinales. Siempre que pueden, los campesinos combinan también con algún animal doméstico o peces. Todo sumado, el volumen de producción por hectárea de las parcelas campesinas es mayor que el de los monocultivos industriales, además de que resisten mucho mejor los cambios del clima y su calidad y valor nutritivo es mucho mayor.

De lo cosechado en la agricultura industrial, más de la mitad va para forrajes de ganado en cría a gran escala y confinada (cerdos, pollos, vacas). Virtualmente toda la soya y maíz transgénico que se produce en el mundo –y también la que quieren plantar en México– no se destina a alimentación humana sino a forrajes para cría animal industrial, dominada también por trasnacionales y cuyo sobreconsumo es otro factor causante de las enfermedades principales.

De los fertilizantes sintéticos usados en la agricultura industrial, la mayoría es justamente para producir forrajes, y la mitad que se aplica no llega a las plantas por problemas técnicos. A su vez, el escurrimiento de fertilizantes es factor fundamental de contaminación de aguas y de gases de efecto invernadero.

Adicionalmente, en la cadena industrial se desperdicia de 33 a 40 por ciento de los alimentos durante la producción, transporte, procesamiento y en hogares. Otro 25 por ciento se pierde en sobreconsumo, produciendo obesidad, entre otras cosas por la adicción que provoca la cantidad de sal, azúcar y químicos agregados.

En Norteamérica y Europa el desperdicio de alimentos per cápita es de 95 a 115 kilogramos por año, mientras que en África subsahariana y sudeste de Asia (con mayoría de agricultura campesina), es de 6 a 11 kilogramos per cápita, 10 veces menor.

Ante el desperdicio y la gravedad de los problemas de salud y ambientales que provoca la cadena industrial de alimentos, urge replantearse políticas que la desalienten y estimulen en su lugar la producción diversificada, sin químicos, con semillas propias y en pequeña escala, que además es la base de trabajo y sustento de más de 80 por ciento de los agricultores del país. En el extremo opuesto está la producción industrial con transgénicos, que exacerba todos los problemas mencionados, y además, al estar en manos de cinco trasnacionales es una entrega de soberanía nacional. La siembra de soya transgénica ya está amenazando de muerte a los apicultores, tercer rubro de exportación nacional, que provee sustento a más de 40 mil familias campesinas. Las solicitudes de siembra comercial de maíz transgénico en millones de hectáreas, amenazan eliminar otros miles de familias campesinas y contaminar el patrimonio genético más importante del país.

Por si estos datos no fueran suficientes, los eventos climáticos extremos que ha sufrido el país –con daños exacerbados por políticas que aumentan la vulnerabilidad–, están directamente vinculados a ese sistema alimentario agroindustrial, que es una de las causas principales del cambio climático.

http://www.jornada.unam.mx/2013/10/05/opinion/025a1eco

La vida digital que heredará tu hijo… y que no podrá borrar

Ardi Rizal

«Si un padre no se dedica a repartir fotografías de su hijo a extraños por la calle, no parece lógico que lo haga en una red social». Así lo considera el director de la Agencia Española de Protección de Datos José Luis Rodríguez Álvarez, pero la realidad es muy distinta. El fenómeno de colgar en Facebook, Twitter, Flickr, Youtube o Instagram desde la primera ecografía hasta el último puchero del retoño ha alcanzado tales dimensiones que ya tiene su propio nombre: «oversharenting».

No existen datos aún sobre el alcance de esta práctica en España, pero en el Reino Unido el 94% de los padres cuelgan fotos de sus hijos en internet, según la encuesta realizada por Posterista.co.uk. Un tercio de los padres de recién nacidos cuelga una foto de su bebé a la hora de dar a luz. Para algunos, es una manera de fortalecer los lazos familiares, para otros, una forma de exhibicionismo.

«La sociedad actual tiende a desnudarse en todos los sentidos, en mostrarse demasiado a los demás. La gente cree que lo suyo es muy interesante. Se mira demasiado en los ojos de los otros y no se da cuenta de lo poco que importa lo suyo a los demás», reflexiona Javier Urra. El psicólogo y exdefensor del menor recuerda a esa madre que confiesa en la red que ha tenido un «niño medicamento» o a ese padre que muestra orgulloso la foto del día en que adoptó a su hijo que «todo queda en el histórico» de internet. «El hijo puede toparse el día de mañana con información que no conocía y se puede preguntar ¿hasta qué punto he sido utilizado?».

Los padres que difunden imágenes de sus hijos están creando una vida virtual del niño que igual no es la que quiere para él el propio niño cuando crezca. ¿Cuál será su reacción cuando sea adolescente y encuentre miles de fotos de él en pañales, jugando, comiendo o incluso en la bañera? Antes estas imágenes se guardaban en un álbum en casa y se enseñaban solo a los más próximos. Ahora puede que millones de personas hayan visto un vídeo de cuando era pequeño y fue al dentista o se comió una cebolla, como algunos de los más virales de Youtube.

«Todos tenemos derecho a que no se rían de nosotros y eso, a veces en el caso de los niños no está asegurado. Los padres deben tener en cuenta que sus hijos tendrán que lidiar con las consecuencias de sus actos de un modo muy personal en el futuro. El derecho a la imagen es de sus hijos, no suyo», subraya Charo Sádaba. La profesora de la Universidad de Navarra experta en comunicación y nuevas tecnologías añade que «ya ha habido algunos casos también en que los internautas se han manifestado en contra del uso que algunos padres están haciendo de sus hijos en las redes sociales, señalando que no están teniendo en cuenta su derecho a la intimidad y la construcción de una identidad digital propia».

Los datos publicados en internet «configuran nuestro ‘currículum digital’, que cada vez va adquiriendo más importancia para nuestra valoración social», afirma el director de la Agencia de Protección de Datos, que alerta de que las informaciones publicadas sobre menores «pueden condicionar su reputación una vez alcanzada la mayoría de edad».

Aunque pueda dar la impresión de que lo van a ver solo unas pocas personas, si no se adoptan las medidas adecuadas, la información que se cuelga en la red puede difundirse más allá de lo previsto. «Al estar en un soporte digital es fácilmente copiable, pudiendo replicarse ilimitadamente», advierte Rodríguez Álvarez.
«Un cohete lanzado»

Pere Cervantes, policía de la Brigada de Investigación Tecnológica y coautor del libro «Tranki pap@s», apela al sentido común: «Antes de compartir una foto debemos preguntarnos cuánto nos dolería que esa foto fuera pública». Toda foto insertada en las redes sociales, en washapp o incluso enviada por correo electrónico «es un cohete lanzado». «¿Cómo detenerlo? ¿Cómo saber por dónde ha pasado y qué ha dejado por el camino?», se pregunta. Todo el mundo está expuesto al mal uso de esa imagen que pueda hacer de forma inconsciente un amigo al compartirla con terceros.

Muchos padres, tíos o abuelos no son conscientes de que su perfil está abierto al resto de los usuarios de la red social, con las imágenes que allí cuelgan o comparten disponibles incluso para Google si han sido etiquetadas. Transitan sin medir los riesgos por las redes sociales, cuando «son el lugar donde los pedófilos van a pescar… y pescan», asegura Cervantes.

«En los registros en casas de pedófilos no es raro ver entre fotos muy duras, otras de niños desnudos en la playa que son fotografías familiares, cogidas del Facebook». La Policía no suele investigarlas, según explica el comisario de la BIT, porque se centran en las más graves, «pero sí hay. Son claramente de Facebook y no son familiares del detenido».

«La persona que comparte una foto así, aunque solo sea con sus amigos o familiares, debe imaginarse qué pensaría al ver esa foto en el ordenador de un pedófilo», añade Cervantes.

Protégeles.com ha detectado y denunciado páginas web repletas de fotos obtenidas en las redes sociales, transformadas en muchos casos en pornográficas mediante programas de tratamiento de imágenes. «No es nada extraño, son webs que aparecen y desaparecen», indica Guillermo Cánovas, director de este centro de seguridad en internet para los menores en España, dependiente de la Comisión Europea.
Responsabilidad de familiares y amigos

La llamada de responsabilidad de los expertos no se dirige solo a los padres. «Estamos recibiendo muchas llamadas de gente que no sabe qué hacer para que otro familiar quite fotos en las que aparecen sus hijos. Se están dando problemas dentro de las familias, de los colegios…», comenta Cánovas.

Para publicar la imagen de un menor en internet se necesita la autorización de los padres -de ambos si están separados o divorciados-, que pueden acudir a los administradores de la red social para que la supriman si no han dado su consentimiento e incluso presentar una denuncia ante la Agencia Española de Protección de Datos, según explica Ana Fernández, abogada del Centro de Seguridad en Internet. En el caso de imágenes inapropiadas, no se puede difundir una fotografía que menoscabe la integridad física o psíquica del menor, ni siquiera con autorización de los padres.

La publicación excesiva de información personal en un perfil puede permitir no sólo identificar al usuario sino llegar a localizarle físicamente, según añade el director de la Agencia de Protección de Datos, «lo que adquiere especial relevancia cuando el usuario es un menor». Las noticias de secuestros en Asia o Latinoamérica planeados con la ayuda de las redes sociales cada vez son más frecuentes.

«La gente debe valorar los datos que ofrece sobre sí mismo, su familia, su entorno, su profesión, sus condiciones personales… Que lo valoren por favor porque una vez compartida una imagen o un vídeo en la red, ya no la podrán controlar», advierte Pere Cervantes.
Antes de compartir una foto en internet…

Estos son algunos de los consejos que ofrecen los expertos en seguridad en internet:

Cuidado con lo subes. Nunca insertes una fotografía que no estés dispuesto a que vean tus familiares, tus amigos, tus profesores, tus compañeros de trabajo, tu jefe…, incluso si tu perfil es privado. Con que una sola persona de tu red social copie esa foto puede llegar a ser pública.

No subas nunca una foto que no estés dispuesto a que corra por internet toda la vida. Puedes no saber nunca dónde está colgada y no poder borrarla.

Antes de subir una imagen, mira quién más está en la foto, porque no puedes publicar imágenes de otros sin su autorización y menos si son menores. Un menor de 14 años no puede dar su autorización para aparecer en una foto y si la da, no es válida.

Cuidado con lo que compartes. Nunca compartas la imagen de un menor (necesitas la autorización de sus padres) porque puedes colaborar sin saberlo en que la foto llegue a manos indeseadas.

Cuidado con lo que retuiteas porque puedes cometer un delito de difusión de pornografía infantil o contra el honor… Puedes ser víctima, pero también autor de un delito.

Fuente: http://matrizur.org/index.php?option=com_content&view=article&id=29083:la-vida-digital-que-heredara-tu-hijo-y-que-no-podra-borrar&catid=46:conocimiento-y-tecnologia&Itemid=69