Respuesta y reflexiones al Artículo “Razonando sin ira (crítica a la doctrina del buenismo)” de Samuel Schkolnik

Respuesta y reflexiones al Artículo “Razonando sin ira (crítica a la doctrina del buenismo)” de Samuel Schkolnik

Yanina Cariboni

SamuelShkolnikEnSuJuventud

Este artículo es una respuesta en tono de diálogo presente al siguiente artículo del filósofo argentino, fallecido en 2010: https://redfilosoficadeluruguay.wordpress.com/2014/03/15/razonando-sin-ira-critica-a-la-doctrina-del-buenismo/

He leído su artículo, y sumando o contrarrestando algunas cosas que ya venía hilvanando, considero de valor algunas de sus proposiciones. Esto que denomina la doctrina del “Buenismo” pervive en el ámbito del discurso, muchas proclamaciones pueden ser dichas sin que se actúe en concordancia en los ámbitos cotidianos de la vida y en definitiva no provoca ni cambios ni la reflexión profunda de determinados conflictos sociales. Conflictos constantes y circulares que vistos en perspectiva, son productos también de una construcción de “Sociedad” y quizá no exactamente colaterales, residuales.
Podríamos, porqué no, pensar como posible “necesidad” de la mismísima sociedad, para permanecerse como está, constituida en sus entramados y estructuras, de la “doctrina del Buenismo”. Efectivamente éste no se sale del binomio víctima y victimario -al igual que su ensayo y muchísimos otros postulados- más que en un juego de inversión de las valoraciones, de reveses y espejo contra espejo, y que entrarían en esa lógica opositora que usted ejemplifica, que no es tal, y se anulan resultándose en cero.

Creo que sus postulados tienen ciertas reflexiones de interés, pero sus proposiciones para resolverlas son inconsistentes. En primer término critican sin proponer, y si algo proponen, es que se haga marcha atrás en lo que, mucho antes de que conceptos tales como sociedad represora, constructos sociales de equidad, o doctrinas humanistas viene mostrando su falacia, sin entrar en sus argumentos, sino más bien en la realidad. Sumándome a lo que expone, comparto que muchas veces, por no decir la mayoría, usted le llama obligación, y comparto, yo le llamo beneficio personal de cómoda posición en proposiciones políticamente correctas y una cierta ceguera a la hora de constituirse como sujeto reflexivo y agente de eso que se proclama, que en definitiva es lo mismo. La complejidad social queda en su salsa, intacta en sus conflictos, anulándose en el juego de las “fuerzas” como usted mismo induce a pensar, justamente con las posiciones opositoras, cada cual en su parcela del decir, que si bien una parece no obtener beneficio en proclamar lo que ya no está dentro del “deber decir”, si lo tiene en tanto son voceros de derechos humanos inalienables en boga también como la protección a la integridad de la vida. Entonces: Estado que es instado a cumplir a raja tabla presuponiendo que la falla es la flexibilidad en las penalidades o aumentarlas, para dignificar a los danificados, sin proponer más que lo ya establecido, protección que en su modelo vigente o arcaico careció y carece de esa facultad de la que se la inviste, en vistas a una larga data histórica, en sus diversos modelos desde los más severos hasta los menos, ya que no han podido evitar que se sigan consumando actos violentos y abusivos en detrimento de otros. El otro insta a la sociedad en la comprensión de fenómenos sociales producidos por injusticias de mecanismos de Estado a exigir al Mismo compensación dignificando a los damnificados de éste, sin proponer también nuevas formas de sociedad o soluciones eficientes, donde todas esas comprensiones, sin justificar, marquen un camino, para resolver una violencia viva, activa y en engorde. Salirse de justificaciones y castigos, otro binomio alimenticio como punto de partida o de llegada, puede trazar otra forma de pensar las circunstancias actuales.
En el ámbito del discurso también, y aquí estamos en el inter-juego del suyo por un lado y el mío por este otro, no bastaría con mostrar contradicciones para negar, reducir, o suprimir una contraposición como falaces o engañadores. Creo que hace falta, no sólo mostrar éstas, sino que es menester sostener en sí misma la posición que se defiende incluyendo lo propositivo fundadamente.
Creo que no hace falta una comprensión de cada caso particular que se transforme casi en una justificación de la acción a cambio de comprar mezquinamente la imagen y título de “Buenista” y las cosas y cada quien en el lugar que ya estaba, pero si es una necesidad una comprensión profunda de los conflictos y las pugnas que atraviesan a la sociedad, cuanto más, muchos no tiene nada de novedoso, aunque las corrientes ideológicas que imperen tengan pretensiones de progreso.
Jugando un poco, se me ocurre a modo de ridiculizar por adelantado algunos argumentos contrarios a las soluciones penalistas para después proponer alguna plataforma de reflexión: Volver a la vida en comunidades donde todo el mundo haciendo uso de la naturaleza, se proporciona su medio de mantención, repartiendo ovejas y vacas equitativamente entre cada uno de los habitantes no sería el camino obviamente, o así yo no lo creo. Pero quizá esto ayude a preguntarnos si el origen es efectivamente la inequidad en su sentido amplio. Antes también por motivos culturales, religiosos, demostración de la propia fuerza, hasta por incidentes banales, la gente se violentaba entre sí. Los motivos de la violencia, o mejor el objeto de la violencia no han sido sólo los bienes materiales, están los “objetos” emocionales, afectivos y posicionales, la pugna en el saber ha producido violencia y otros tantos “objetos”. ¿Cuál es el origen de la violencia? Es una buena pregunta.
Creo seriamente que nadie esta afuera de la sociedad, yo pagaría por estarlo si eso fuera posible haciéndome cargo de la ironía. En todo sitio se esta adentro aunque se esté en sus periféricos o en asilos naturales, por eso no me he emigrado a las distintas comunidades aisladas de este “feroz mundo capitalista y globalizado”, sino más bien que hay diferentes formas de vivir en esta y diversos grados o niveles de acceder en esta, y sobre todo y lo más importante, diferentes modos de pensarse y pensar a lo Otro en esta..
El binomio víctima y victimario, violento delincuente demente psicopático opuesto al sano, adaptado, laborioso, productivo y buen ciudadano, son conceptos parcializantes, abstractos y cómodos; y por ende someros siempre. Como tan abstracto y cómodo es pretender soluciones a conflictos inherentes a la sociedad en la cual todos estamos insertos, como la cárcel e incluso me animaría a decir ya a estas alturas la educación laica y gratuita. Ambas instituciones, no recientes ni locales y en variedad de modelos, ya han dado prueba de que no llegan a cumplir sus cometidos para menguar estos dilemas, es más, son ámbitos donde se acontecen violencias, porque no hay ámbito donde no se acontezca. Si pregunta, creo que habría que ver los otros factores que están actuando al unísono en nuestras sociedades, menos visibles pero no por ello menos violentos o activos, como las formas de conformación y auto conformación de cada sujeto como tal y como él, su proceso de individuación, inserto en sociedad.
La banalización o tergiversaciones de doctrinas o conocimientos, así como el atravesamiento e invasión en todos los aspectos de la vida del sujeto de las mismas, no ya de la psicología, sino del sicologismo, no ya del capitalismo, sino del culto a los objetos; y como opera esto en las distintos modos de subjetivación y relacionamiento. Eso creo que es un asunto para pensar, así como que doctrina esta en alza, cual fue censurada al punto de que sea policíaco no solo decirlo sino pensarlo, como el Nazismo y llegar luego al Buenismo, que en realidad, no opera cambios en la realidad más que en las formas del deber pensar y de la convención del lícito decir. Pensar los repliegues de estas en sus encadenamientos, los vestigios de una moral “vigente en enunciados” pero obsoleta en la acción dentro de los juegos relacionales, las morales colindantes y coexistentes y sus validaciones por medio del uso sofisticado de la banalización antes mencionada y sus retóricas, en los discursos y contra discursos según vengan al caso, en sus conceptos flotantes. Entre otros puntos de partida de análisis claro, pienso mientras le escribo y habrá que seguir pensando.
Para concluir me llama la atención algunas cosas de su ensayo, Entre su título y algunos de sus enunciados menos fundamentados y hasta más de paso si se quiere, esta la alusión al libro Vigilar y Castigar, al que llama literatura como precursor del “Buenismo”. Sabido es y también de larga data, que muchas veces se toma prestado un recorte de idea para fundamentar algo que nada hay de más ajeno, y aparencialmente se lo sustrae cual pilar y arengador. No he leído este que menciona, si otros del autor, y en algunos de sus fundamentos que es lo que importa, se distancia claramente de la postura ideológica de sociedad represora para dar plataforma a sus análisis, y muy lejano estaba de identificarse, a mi entender, con la doctrina que ha dado a llamarse Humanista, ésta que quizá muy involuntariamente pudo ser progenitora de tal deformación deviniendo en el Buenismo cual residuo. Razona sin ira pero no sin desprecio.
No es de mi interés defender al autor, ni siquiera disponer como sus postulados no defienden ni arengan lo que usted critica, que dicho sea de paso me han dejado no certezas sino preguntas. A lo que apunto es que justamente ahí mismo, donde usted dice “literatura” siendo filosofía, yo veo clara muestra de un devenir histórico de fornicación, trasfiguración a uso y demanda de las ideas. Un ejemplo para esclarecer lo que digo; la tragedia de Edipo Rey para el psicoanálisis, que nada hay que fundamente, más que la propia introducción del inconciente, o sea se fundamenta en su propia tesis, que enclave la obra en la temática del deseo y la represión bajo un velo místico, nada más y nada menos que en la civilización Griega. Se dirá, como analogía, simbología, siempre hay un motivo para hacer una atadura de una idea o una obra a otra totalmente distinta, y sin entrar en discusión sobre la importancia o su validez como constructo teórico, lo que digo es que lo importante, no es eso, sino lo siguiente: Cuando una teoría atraviesa a la humanidad, no sólo se produce la banalización de la misma, como es el psicologismo, y que las “ataduras” contribuyen a eso, generan un significado independiente de ambas, indisoluble, de relleno y de vaciamiento a la vez. En este caso, entre el psicoanálisis y la tragedia griega procreando luego conceptos flotantes vagos y poliformes. Así con otros casos.
Nietszche o el Eugenismo como supuestos precursores en sus recortes parciales para la Ideología Nazi, que como estrategia entre otras utilizaron guetos con trabajos forzados (otro modelo de prisión) y en suma no cambió en nada la historia tampoco que se utilizara la prisión al finalizar la guerra como condena para los verdugos operadores de tal sistema ideológico . La hoguera para las brujas, el cadalso para el traidor o violador, la ley del Talyon, y tampoco el escarnio o el escrache público, ni las lindas huertas y talleres en las cárceles modernas han evitado la violencia, más bien han sido impotentes en suprimir lo que condenan y eficaces en su reactualización. La violencia se reactualiza con violencia, pero también se sofistica cada vez más, para decirlo de otro modo hay una producción de tecnologías de violencias múltiples y no sólo tecnologías en productos. La amenaza mayor en estos días, es justamente lo invisible que puede claro que sí, eclosionar luego en algo ya más materializado, ya sea, individual, dual, grupal, o masivo y por ende punible o censurable. La no definible, la más sofisticada, que no pasa solo por yo veo que vos tenes una auto cero kilómetro, para colmo las publicidades me las morfo y yo no tengo “nada”. Pasa por los nuevos modelos relacionales y que mucho tiene que ver con las formas de estructuras de pensamiento. Comencemos a mi entender por pensar como pensamos y de donde viene ese pensar, con que se relaciona. Propongo algo que no resuelve que hoy mismo alguien sea asesinado por otro? Claro. Pero creo, no hay caminos rápidos, es más, no sé siquiera si hay caminos, pero lo que sí sé, es que no sólo le venimos errando a las soluciones, quizá también a la identificación de los problemas.
Un gusto leer su artículo como todo lo que invite a repensar lo pensado.

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Guantánamo, la inseguridad y la lógica perversa del informativo

Guantánamo, la inseguridad y la lógica perversa del informativo
Marcelo Marchese

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Sólo un cansancio infinito puede explicar que tomando el control de la TV me tirara sobre el sofá. En esa operación conocida como zapping, anuncio de un declive intelectual, caí por un hoyo al informativo de Teledoce encontrándome con un largo segmento acerca del paro del transporte, la muerte del taxista y el dolor de sus familiares. Vi gente llorando, luego una toma en blanco y negro del eventual homicida en el momento que sube al taxi (un collage cinematográfico del editor del informativo), una larga caravana de taxis acompañando la víctima, gente reclamando seguridad y por fin el dolor profundo de una hija del taxista que deseaba que el culpable fuera encarcelado “sea o no un menor”. Luego de estas amargas imágenes vinieron breves palabras del conductor del programa a modo de nexo de la siguiente información: el gobierno decidió que los uruguayos conviviéramos con unos reos venidos de Guantánamo. Se escuchó a Mujica, en tanto caminaba dificultosamente hamacándose como un caimán entre varios periodistas (tomado desde arriba), diciendo que estaba podrido de que se llenaran la boca con los DDHH para no hacer nada cuando la ocasión se presentaba, y luego se escuchó, a modo de cierre, a un político de la oposición (tomado desde abajo) diciendo que no teníamos por qué importar la guerra que EEUU entabla con vaya a saber quién, pues nada tenemos para ganar en esta muy peligrosa operación.
Si hay algún lugar donde el azar no tiene aire para respirar, ese lugar es el informativo. Allí jamás se irán a buscar las causas de los problemas y no se tendrá tiempo para razonar una noticia, pues tras una vendrá la otra en una continua catarata de “realidades” sin aparente ilación. No hay tiempo para razonar nada y precisamente esa es la función del informativo: bombardear de tal manera nuestra capacidad crítica, que ante la batahola, admitamos los hechos “tal como son”, lo cual quiere decir, admitamos el discurso oculto del informativo, la forma perversa a través de la cual se anudan las noticias.
Unir el asesinato del taxista con la venida de los presos de Guantánamo equivale a responsabilizar al gobierno por la inseguridad creciente que vivimos. Ejemplos de esta forma solapada de lógica hay tantos como informativos se hayan realizado: primero un terremoto, luego la oratoria de un sindicalista, encadenado a esto un tsunami, luego un sanguinolento accidente en la carretera, después el discurso de algún izquierdista que desconoce en qué parte del libreto irá su monólogo y como corolario, algún caballero de la clase alta en funciones de político cerrando el mensaje para el televidente. Es imposible ser más burdo y artero, pero la libertad de expresión permite esta maniobra despreciable. No es la primera vez que en nombre de la libertad se comete un acto ruin.
Veamos ahora de cerca el problema de los reos de Guantánamo. La oposición ha cerrado filas en contra de esta acogida que “incrementa la inseguridad”. El gobierno, según estos políticos, no sólo no hace nada y libera presos peligrosos a mansalva, sino que trae a los peores terroristas a fabricar bombas en el Chuy, en una actitud de servilismo hacia EEUU. Lo primero que debemos decirle a estos políticos es que Guantánamo fue una cárcel creada por EEUU cuando decidió aplicar su “Justicia infinita”, para lo cual masacró gente en Afganistán y otros sitios tórridos del globo bien lejos de Punta del Este. Esta gente podría no ser terroristas. Acaso sólo sean patriotas. No sabemos si alguien sabe qué son, pues como no fueron juzgados ni vieron un fiscal, ni un abogado defensor o un juez, y como sólo vieron durante diez años los más atroces métodos de tortura imaginables, lo que fuera que hayan hecho, si lo hicieron, ya lo pagaron con creces. Allá los yanquis dirán que son terroristas, pero los yanquis no son, luego de sus bombas atómicas, las personas más adecuadas para acusar de terrorista a nadie. En todo caso, los caballeros de la clase alta devenidos en políticos deberían recordar que los judíos que venían escapando de la barbarie nazi, eran acusados de enemigos de la patria por el Estado alemán y aquí les dimos acogida. En el siglo XVI, cuando la barbarie católica, Inquisición mediante, persiguió a los judíos, en América le dimos refugio a los “enemigos de nuestra Santa Fe”. A principios del siglo XX, cuando anarquistas y socialistas italianos huían de la persecución, aquí formaron nuestros sindicatos, los partidos socialistas y las federaciones anarquistas, amén de acrecentar el número de intelectuales del Partido Colorado liderado por Batlle, quien llevaría a cabo unas cuantas buenas obras. Cuando Franco dio un golpe contra la República nuestro país acogió a una cantidad de terroristas republicanos que trajeron su cultura y coadyuvaron al desarrollo de nuestras editoriales, que luego se expandieron durante la Segunda Guerra Mundial generando el emporio editorial de México y Buenos Aires. Cuando Rosas perseguía a sus enemigos, esos enemigos venían a Montevideo trayendo sus bibliotecas y aquí vinieron luego los perseguidos por Perón, y de esa manera llegó Atahualpa Yupanqui, personaje que generó considerables repercusiones en nuestra cultura. Así que el nuestro es un país, y un continente, formado por expulsados económicos, políticos y religiosos. Somos un crisol de gente segregada. Es algo muy lindo que tenemos y no lo vamos a cambiar porque algún caballero de la clase alta en funciones de político esté agarrándose de lo que venga para intentar ganar unas elecciones que, salvo una catástrofe, tiene perdidas de antemano.
¿Pero por qué Mujica accede a refugiar a estos seres sino peligrosos, por lo menos demasiado barbudos? Por los motivos que ya dijimos, y seguramente porque algo a cambio ganaremos, sea lograr que nuestra carne sin hueso entre al mercado yanqui, o sea lograr que al mercado yanqui entre con hueso nuestra carne. Sea de ello lo que fuere es más lo que tenemos para ganar que lo que tenemos para perder. Por otra parte hace un buen tiempo que la corriente mayoritaria dentro del imperialismo yanqui intenta cambiar el rumbo, cambio de rumbo que incluye acabar con la guerra a los cubanos. El fin de Guantánamo se inscribe en este cambio. Colaborando con ese sector atacamos al otro sector más brutal y de paso abrimos mercados para nuestros churrascos, o quién sabe qué, pero ese qué será algo beneficioso para nosotros. Sumado a lo anterior, y no excluyéndolo en absoluto, Mujica con esto suma unos puntos para el Premio Nobel de la Paz, lo cual vendrá bien para su vanidad y para la vanidad de la Nación que aspira, ya que no puede alcanzar un campeonato mundial ni una medalla de oro olímpica, a un sustitutorio Primer Premio Nobel en la categoría que fuese.
En cuanto a la inseguridad que vivimos, ni este gobierno ni el que viene, sea el de Tabaré o el de Lacalle Pou, podrán atenuarla un sólo ápice, y más aún, no podrán evitar que se agrave. Vivimos un proceso de colombianización de nuestra sociedad y día a día crecerá nuestro temor a pisar la calle en tanto acribillamos de cerraduras nuestras puertas. ¿Por qué? Porque por un lado el capitalismo nos bombardea con tentaciones de fetiches a través de los cuales alcanzaremos la felicidad, en tanto le niega a unos cuantos la posibilidad de alcanzar dichos fetiches. Contemporáneamente, el precio de las hectáreas no para de subir, miles de productores rurales se funden abandonando sus campos y el latifundio disfrazado de fondos de inversión engorda plantando soja y eucaliptus que ni comeremos ni beberemos. Dando unas pinceladas bien siniestras a este cuadro expresionista, la escuela y el liceo público se han convertido en guarderías que no esconden su propósito de domar salvajes bajo un disfraz de pseudo educación. Nuestro tejido social se destruye. La familia se erosiona. No hay tiempo, ni hay forma, de educar en valores ni en la cultura del trabajo. Si alguno de los caballeros de la clase alta en funciones de político hablara alguna vez con estos pibes de gorra que vienen imponiendo su fascismo cotidiano, escucharía que su abuelo se vino del campo, su padre está preso y él no va a ir a trabajar a un supermercado embolsando mercadería por cuatro pesos locos para ser despedido antes de los tres meses. Todo aquel que proponga solucionar el problema de la seguridad con más policías o más cámaras o más represión sólo estará haciendo demagogia. La inseguridad es una pústula en el rostro de una sociedad enferma. No es a palazos que evitaremos que nazca el verdín del pantano. La solución, como toda solución verdadera, exige que vayamos a la raíz de los problemas. “Del agua estancada espera veneno” dijo el poeta antes de escribir: “El hombre que no cambia de opinión es como el agua estancada: engendra los reptiles de la mente”. Si no estamos dispuestos a cambiar nuestra fosilizada forma de pensar, tarde o temprano, al doblar la esquina, nos encontraremos con los reptiles del pantano.

Los ricos se quejan porque no los amamos, Roberto Savio

LOS RICOS SE QUEJAN PORQUE NO LOS AMAMOS
Roberto Savio

18.03.2014

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F. Scott Fitzgerald dijo la famosa frase “Los ricos son diferentes de usted y de mí”, pronunciada cuando en esa época, en los primeros años del siglo 20, los ricos no estaban sujetos al escrutinio público y en general eran objeto de envidia, no de resentimiento.

Avanzando rápidamente hasta el siglo 21, al movimiento Occupy Wall Street , que para denunciar la creciente desigualdad social salió a la calle en septiembre de 2011 en el distrito financiero de Wall Street de Nueva York, en nombre del 99% de los estadounidenses que posee 60% de la riqueza nacional frente al 1% que posee el 40 por ciento.

El éxito de la acción del movimiento popular repercutió en todo el mundo, por lo que ahora los ricos están contraatacando.

Su líder es Tom Perkins, de 82 años de edad, con un patrimonio neto de 8.000 millones de dólares. Él es dueño de un ático de 1.600 m2 en San Francisco y acaba de comprar un yate por 110 millones de dólares. En una carta a The Wall Street Journal en enero de este año, Perkins equiparó la “guerra progresiva contra el uno por ciento americano” de los estadounidenses más ricos, con el Holocausto, comparando la “demonización de los ricos” del movimiento ocupación de Wall Street con el antisemitismo de la Alemania nazi.

Un mes más tarde, Perkins declaró públicamente que en las elecciones, el número de votos que una persona puede emitir debe ser proporcional a la cantidad de impuestos que esa persona paga. Y está agitando a sus compañeros, invitándolos a “salir del armario”.

Bud Konheim, CEO de la compañía de moda de lujo Nicole Miller, ha hecho exactamente eso con su mensaje al 99%: dejen de quejarse. “Nuestro 99% es el 1% en el resto del mundo… El tipo que está ganando, oh Dios mío, 35.000 dólares al año… ¿Por qué no comparamos eso con lo que pasa en la India o en algunos países que no podemos ni siquiera nombrar?”.

Juan Marcos, ex director ejecutivo de Morgan Stanley, que fue rescatado con fondos públicos, está defendiendo los salarios extravagantes de los ejecutivos de la corporación. Acaba de hacer una declaración a favor de James Dimon, el CEO de JP Morgan Chase, que recibió 20 millones de dólares en momentos en que su banco había perdido varios millones de dólares en inversiones erróneas en fondos soberanos y una penalización cerca de 12.000 millones de dólares por prácticas fraudulentas.

Según fuentes financieras, Wall Street ha gastado 600 millones de dólares en grupos de presión, para tratar de impedir la acción del regulador en la aplicación de las normas aprobadas por el Congreso de los EE.UU. para un control algo más estricto, con la esperanza de evitar una repetición de la crisis financiera de 2008 que, junto con la crisis europea de los fondos soberanos, ha enviado al desempleo a las generaciones jóvenes en todas partes.

Para aquellos que piensan que en realidad el voto de un multimillonario es igual al de un desempleado, este contraataque del 1% es legítimo. El único problema es que, aparte de su diferente peso en la política, me pregunto si las mismas personas ingenuas también creen que ricos y pobres pagan impuestos en la misma proporción.

Según Tax Justice Network (TJN) -una organización que hace campaña para frenar la evasión fiscal-, en los paraísos fiscales se encuentra ahora cerca de 8% del PIB mundial (los Estados Unidos tiene un PIB cercano a la mitad de eso), y TJN subraya cómo el gran capital estimula la corrupción.

¿Qué es la corrupción? Según el Diccionario Inglés de Oxford, la corrupción es “la falta de honradez o la conducta fraudulenta por aquellos que tienen el poder”. Las instituciones financieras y el 1% están sin duda en el poder. De acuerdo a TJN, el monto sustraído durante los últimos 15 años alcanza la asombrosa cifra de 30 billones de dólares, es decir la mitad del producto interno bruto del mundo.

En China, de los 4 billones de dólares que se cree que han desaparecido entre 2000 y 2011, gran parte de ellos se canalizaron a paraísos fiscales. En Rusia, la cifra es de alrededor de 1 billón de dólares y en la Unión Europea 1,2 billones.

En todo el mundo , los bancos han sido multados por fraude y corrupción a niveles sin precedentes. Leer el informe del Senado EE.UU. (2009) sobre el nivel de corrupción en UBS, el mayor banco de Suiza, es como entrar en el mundo de una novela de crimen. El informe de 176 páginas detalla en qué grado la UBS ayudó a los clientes estadounidenses a esconder miles de millones en activos. UBS pagó una multa de 780 millones de dólares, y más podrá venir.

En un llamamiento para crear una fuerza policial corrupción mundial publicado en el New York Times el mes pasado, Alexander Lebedev denunció el robo de 5.000 millones de dólares del Banco de Moscú , 4.000 millones de BTA Bank y Banco AMT , 4.000 millones de Rosukrenergo, 3.000 millones de Globex y Sviaz Bank, 2.000 millones del Banco Agrícola Ruso, mil millones de Rosagroleasing , y mil millones de VEFK Bank.

Según Lebedev , un ex alto funcionario de la KGB y ahora empresario, propietario del London Evening Standard y The Independent, “si alguien roba mil millones de dólares, y se dirige a un paraíso fiscal , es prácticamente imposible emprender acciones legales “. ¡Como todos los oligarcas rusos, ciertamente tiene un gran conocimiento del interior!

De todos modos, no es necesario que el 1% se preocupe. A pesar de las quejas, lo están haciendo mejor que nunca.

Acabo de leer Informe sobre la Riqueza de este año, el compendio anual de todas las posesiones ricas de Knight Frank, la empresa de administración de propiedades. Durante la última década, los súper ricos han aumentado en 59%, y los multimillonarios 80%, que ahora alcanzan 1.682. Los que tienen activos de más de 30 millones de dólares, son alrededor de 167.000, lo que equivale a la población de una ciudad de tamaño considerable. En una reciente encuesta señaló que el 75% del famoso 0,1%, los extremadamente super-ricos, aumentaron su riqueza en el último año.

Alrededor de 2030, se espera que China tenga 322 multimillonarios, más que Gran Bretaña, Rusia, Francia y Suiza juntas: por fin la prueba de que el socialismo, aunque sea en su versión en chino, es superior al capitalismo.

Los países soberanos tomen nota. Malta propone ofrecer su pasaporte a los que paguen 650.000 euros (900.000 dólares), sin requisito de residencia. Malta hace parte de la Unión Europea, por lo que con su pasaporte se puede ir a todas partes. España y Portugal están ofreciendo residencia, incluso con tiempo limitado, si usted hace inversiones sustanciales. Letonia y Estonia les están siguiendo. En 2012, los Estados Unidos dieron 7.641 visas a inversores e inmigrantes y el 80% de ellas fueron a los inversores chinos.

Por lo tanto, los ricos de verdad son diferentes de usted y yo y ellos están creciendo tanto, que sería una lástima no unirse a ellos. El mercado es ahora la base de la democracia, cualquiera puede hacerlo.

¡Si seguimos siendo parte del 99%, es sólo por falta de voluntad!

Génesis del terror en el arte, Natalia Menén

GÉNESIS DEL TERROR EN EL ARTE
Por Natalia Menén (2009)

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El terror o miedo es un sentimiento común en todos los seres vivos. ¿Pero qué es y por qué el ser humano es tan dado a hacer representaciones artísticas que motiven este sentimiento?
Lo primero que se tiene que hacer para comprender este estado es ahondar en su significado y terminología. Terror del latín terror –oris, significa miedo muy intenso, que a su vez se refiere a una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo de daño real o imaginario. Es importante subrayar que la concepción de la palabra se conecta con un estado fisiológico anormal, el cual se basa en un mecanismo especial en nuestro cerebro que desata el miedo y todo el dispositivo de alerta de nuestro cuerpo se activa.
Este mecanismo impulsado por el miedo, que se da tanto en personas como en animales, se encuentra en el cerebro, concretamente en el sistema límbico, que es el encargado de regular las emociones, la lucha, la huida, la evasión del dolor y en general todas las funciones de nuestro cuerpo encargadas de la supervivencia del individuo y de su especie.
La sensación del terror está mediada por la hormona vasopresina en la amígdala cerebral, que es la que gestiona el control de las emociones básicas como el miedo, el afecto y que a su vez es la encargada de localizar la fuente de dichas sensaciones.
El miedo provoca cambios fisiológicos inmediatos en el sujeto que lo padece tales como el incremento del metabolismo celular, aumento de la presión arterial, la glucosa en sangre y la actividad cerebral, así como la coagulación sanguínea. El sistema inmunológico se detiene al igual que toda función no esencial, la sangre fluye a los músculos mayores y el corazón bombea a gran velocidad para llevar hormonas a las células (adrenalina). También dicho sentimiento provoca ciertas modificaciones faciales para adaptarse a las circunstancias tal y como el agrandamiento de los ojos para tener un campo mayor de visualización, la dilatación de las pupilas para una mayor entrada de luz y el aumento horizontal de los labios.
De esta forma podemos observar como el miedo es una actividad cerebral de defensa del sujeto y de la especie, interpretado como un acto de conservación y de aprendizaje, ya que al confrontarnos con situaciones límites aprendemos a sobrevivir y a adaptarnos al medio, a menudo adverso. De esta forma, podemos encontrar que la necesidad de sentir miedo es vital para la preservación de la especie y la adaptación del individuo al medio.
Pero existe una diferencia entre el ser humano y el resto de especies, y es que éstas últimas emplazan la sensación para casos donde la conservación de la especie corre un riesgo real, en cambio el ser humano ha desarrollado una forma de reproducir el sentimiento por vía estética: el arte. Pero la emoción que nos puede otorgar por vía estética es muy diferente al que podemos sentir en situaciones reales por lo cual adaptaremos la terminología propuesta por Noël Carroll en su libro Filosofía del terror o paradojas del corazón el cual llama a éste último, terror –arte y que se expresa mediante el arte y su catarsis.
FREUD, LA CONCEPCIÓN DE LO SINIESTRO
Freud en su libro, Lo Siniestro, trata de esclarecer en que situaciones el sujeto tiene miedo y sobretodo frente una obra artística. Así, para el psicoanalista alemán umheimlich o lo siniestro (término que usa Freud para hablar de las obras de arte concebidas con el fin de provocar terror) “sería aquella suerte de sensaciones de espanto que se adhiere a las cosas conocidas y familiares desde tiempo atrás.”[1]
¿Pero bajo que condiciones se tornan siniestras?
Esta definición encierra en ella cierta paradoja ya que en alemán umheimlich es antónimo de heimlich que significa íntimo, secreto, familiar, hogareño, de esta forma se impone la idea que lo siniestro causa espanto porque no es conocido ni familiar. Pero esta relación no es reversible ya que no todo lo desconocido causa miedo, así falta algún componente más para convertirlo en siniestro.
Con lo que nos aproximamos a otra posible definición como “siniestro aquello que habiendo de permanecer secreto se ha revelado, se trata pues, de algo que acaso fue familiar ha llegado a resultar extraño e inhóspito. Algo que al revelarse se muestra en su faz siniestra, pese a ser en realidad profundamente familiar, íntimo y reconocible”[2]. Freud asocia a personas y elementos y situaciones que podríamos resumir de la siguiente forma:
1) Un individuo siniestro es portador de maleficios y de presagios funestos: cruzarse con él lleva consigo alguna desgracia.
2) Un individuo siniestro es portador de maleficios y de presagios funestos para el sujeto, tiene o puede tener el carácter de un doble de él o de un familiar muy cercano. Aquí el motivo del doble se convierte en algo siniestro.
3) La duda de que un ser aparentemente inanimado tenga vida o viceversa. La sensación final no deja de producir cierto efecto siniestro que esclarece la naturaleza artística a la vez que algunas dimensiones más hondas del erotismo.
De esta forma, en general se da lo siniestro cuando lo fantástico se produce en lo real o cuando lo real asume el carácter de lo fantástico. Se podría decir que se da la sensación de lo siniestro cuando algo presentido, temido y oscuramente deseado se hace realidad de forma súbita.
Así podemos observar que el terror, según la concepción de Freud, responde a algo conocido previamente, algo familiar se vuelve extraño y reconocible.
¿CUÁNDO APARECE EL TERROR EN EL ARTE?
En las manifestaciones de índole terrorífica siempre ha habido la intención de poner cara y ojos al mal, sólo hace falta observar las miles de representaciones que pueden existir del diablo dentro de la pintura sacra. Pero el terror–arte como género, como obras pensadas por y para causar exclusivamente miedo aparecen en el siglo XVIII con la novela gótica inglesa y el schauerroman alemán. Pero aún así, existe la dificultad de fijar cual es la obra con la que se inició el género pero muchos de los historiadores de la literatura lo fijan en la publicación del Castillo de Otranto (1764) de Horace Walpole.
Es significativo que las primeras obras de carácter terrorífico aparecieran en el siglo de las luces o Ilustración y que luego en el Romanticismo ya gozaran de una gran popularidad. Los logros de la ciencia (natural) y la sobreestima a las posibilidades de la razón que había imperando en ese momento daba el convencimiento que todo era susceptible a ser explicado y analizado por el método científico. Así, la religión fue puesta bajo sospecha ya que la fe y la revelación tenían otorgadas un valor superior a la razón. No es que fuera un siglo propiamente ateo pero la superstición era mal interpretada y mal vista por aquello que defendían el método científico para analizar y comprender el mundo.
Resulta sintomático que fuera en ese momento cuando aparecieron las ficciones literarias como respuesta a ese mundo tan racional. Así, la literatura fantástica suponía un mundo sobrenatural, no cuantificable y no controlable por la ciencia. Por un lado, podríamos interpretar lo fantástico como una reacción al mundo establecido por la ilustración, pero por el otro, podríamos verlo como un residuo que permanece en la literatura de todo aquello que el mundo de las luces relegó como explicación del mundo y como una necesidad, que acabó instalándose en la ficción y que aún hoy seguimos requiriéndola para narrar y explorar aquello que por vía racional nos está vedado.
¿POR QUÉ NOS ATRAE VER COSAS QUE NOS ESPANTAN?
Kant a través de la explicación de la categoría de lo Sublime en la Crítica del Juicio hace tambalear las fronteras estéticas del momento. La experiencia estética se va más allá del principio formal mesurado y imitativo al que quedaba restringido en el concepto tradicional de lo bello.
En primer lugar, según Kant, el sujeto frente alguna fuerza inconmesurable de la naturaleza le produce una sensación informe, desordenada caótica. La reacción inmediata es de terror; el sujeto siente hallarse en un estado de suspensión frente esta fuerza (que puede ser objeto o ser) que le excede y sobrepasa. A ello sigue la reflexión sobre su propia insignificancia e impotencia del sujeto sobre la magnitud no mesurable. Pero esa angustia y ese vértigo, doloroso del sujeto son combatidos y vencidos por una reflexión segunda en la que recapacita sobre la superación del hombre sobre la naturaleza y sus vertientes.
Así el sentido de lo sublime se acomoda entre cierta ambigüedad y ambivalencia entre el placer y el dolor. El placer experimentado de un conflicto interno: se sobrepone al miedo y al a angustia mediante un sentimiento de placer más poderoso que angustioso y el terror experimentado en primer lugar se vuelve punzante y placentero.
A través de la explicación del sublime dinámico, Kant argumenta que no sólo las cosas bellas causan placer estético sino también a las que se les atribuye fealdad, elemento que como hemos visto se empieza a explotar en el siglo de las luces y que en el romanticismo alcanza su auge.
Pero este placer estético frente al horror nos brinda un placer catártico que nos purga de las pasiones sobrantes, pero no cualquier pasión sino la que nos atemoriza y nos provoca miedo en situaciones reales, así tal y como lo comenta Carroll:
“Que el miedo sea lo único que tenemos que temer es algo cuestionable. Aunque es indudable que una de las cosas a las que tememos son las emociones, en especial respecto al control que ejercen sobre nosotros. Y quizá, a un nivel aún más profundo, nos causan ansiedad porque no sabemos cómo reaccionaríamos en situaciones aterrorizantes, y porque no confiamos en que las respuestas que podrían surgir en esas ocasiones fueran las que aceptaríamos como adecuadas.
Las ficciones de terror nos dan un anticipo de esas reacciones impredecibles. En este aspecto, nos ayudan a lograr control sobre nuestras emociones. Nos preparan para ser sobresaltados y por eso convierten el shock en algo más manejable. Nos exponemos a ficciones de terror para endurecernos frente a lo que pueda pasar; el proceso es similar a la inoculación. Al aceptar una pequeña dosis de terror, aspiramos a mejorar el autocontrol sobre nuestras desordenadas emociones, emociones que de hecho nosotros mismos encontramos atemorizantes. Es decir, al exponernos a un terror artificial nos probamos a nosotros mismos, y pasar la prueba esperamos que nos haga más fuertes. [3]

[1] Freud Sigmund, Lo siniestro, Librodot p. 2
[2] Trías Eugenio, Lo Bello y lo siniestro, Barcelona, Ariel, 1988 p.23
[3]Carroll Noël, Filosofía del terror o paradojas del corazón, Madrid, p.17

¿Por qué en Uruguay no se generaron sincretismos con la cultura aborigen? Marcelo Marchese

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¿Por qué en Uruguay no se generaron sincretismos con la cultura aborigen?

Marcelo Marchese

Primera parte

Los aborígenes que habitaban la tierra que hoy ocupamos desaparecieron casi sin dejar una impronta cultural. A diferencia del resto del continente no se generaron sincretismos. Esta ausencia se explica por la incapacidad del conquistador para explotar el trabajo indígena. Aquellas sociedades no eran agrícolas, no estaban acostumbrados a la contracción al trabajo ni a la autoridad. En las regiones donde fueron útiles al nuevo sistema, los individuos sobrevivieron. De una forma u otra se insertaron y de esa manera se procesaron los sincretismos culturales.
Tiempo atrás, los historiadores veían a la agricultura como resultado del progreso humano. El hombre la “descubre” en un chispazo de inteligencia. Mas las cosas no sucedieron de forma tan simpática. La agricultura, con sus clases sociales y Estados, fue resultado de una crisis alimentaria que asoló a la humanidad al final de la prehistoria. Hasta que la caza no comenzó a escasear, el hombre no aceptó doblar la cerviz sobre la dura tierra, al tiempo que su sombra doblaba la cerviz ante el poder estatal. Tan poco dado era el hombre a estas tareas que obligaba a otros: con la institución de la agricultura nace otra un poco menos simpática, la esclavitud. Anteriormente podía haber cautivos, pero no esclavos que formaran una clase social. Según Herodoto, los espartanos llevan grillos para encadenar a los de Tegea a los aperos de labranza, pero al ser derrotados quedan unidos a la tierra con sus propios grillos.
Los españoles explotaron a los pueblos agrícolas que previamente dominaran los incas, mas, como ellos, nada pudieron hacer frente a los pueblos no agrícolas, inexplotables y difíciles de reprimir por su poder no centralizado. Las Misiones Jesuíticas fueron eficaces entre los guaraníes por su práctica de la agricultura, pero fracasaron entre charrúas y minuanes. Podían apresarlos en una misión, pero en vano. El conquistador sólo pudo utilizar a estas tribus ocasionalmente, en actividades comerciales y militares, usándolos vía alianzas para hostigar a otro conquistador (la alianza de portugueses con los charrúas para hostigar al español; la alianza de Artigas con los charrúas para lo mismo).
En la colonia las diversas campañas emprendidas contra charrúas y minuanes lograron que disminuyeran en número, pero no lograron extinguirlos. Esto fue obra de los gobiernos patrios, que en toda América fueron más crueles y eficaces que sus antecesores en la lucha con el “infiel”.
Luego de las masacres de Salsipuedes y Mataojo, algunos sobrevivientes escaparon al Brasil. Para evitar que mantuvieran su cultura, los cautivos fueron entregados a las familias que los solicitaran, con el deliberado propósito de separar a las madres de sus hijos.
En cuanto a los guaraníes que fueron utilizados en el coloniaje para la construcción de pueblos, o empleados en la guerra, inclusive contra los “infieles”, eran indígenas previamente aculturados por los misioneros. Cuando Rivera entrega las Misiones les promete alojamiento en el nuevo Estado. Desde allí vinieron trayendo sus campanas y cuatrocientos mil cabezas de ganado, pero apenas cruzaron el Cuareim fueron despojados y hacinados en un pueblo donde vivían de hervir huesos. Esa situación desembocó en un levantamiento que fue reprimido. Luego se dispersaron por la campaña pasando a la categoría de peones de estancia. Aculturados y disgregados, poca impronta cultural dejaron. Pero por poca que fuese, alguna marca imprimieron en la sensibilidad de los habitantes de la región.

Segunda parte:
La herencia indígena en el Uruguay

Así como la generalidad de los críticos españoles desconoce la impronta árabe del Quijote, nuestro país, a causa de un complejo de inferioridad, ignora la herencia del indígena. Tres millones que poco agregan al mundo erigieron el mito de su democracia, su igualdad social y otras mistificaciones condensadas en la ilusión de ser un pequeño trozo de Europa en Sudamérica.
Afortunadamente, para esta jubilosa visión, salvo el mate y algunos nombres de ríos y animales no queda ninguna otra huella de un pasado despreciable. Esta concepción progresista, pues ve en el progreso un refinamiento de nuestras costumbres, genera que en Uruguay, donde el indígena fue eliminado o disuelto en la sociedad, se pueda seguir sin complejos una tradición suya: el mate. Mas si las comunidades hubieran sobrevivido, por elemental racismo el mate no se hubiera extendido de forma unánime. La prueba evidente la aporta la Argentina. En un país con mayor presencia indígena el porteño toma mate en su casa, mas se cuida de llevarlo a la calle. En Chile, se supone, nadie toma mate, mas en los supermercados la yerba desaparece como por encanto.
El hombre no es consciente de la gravedad, ni de la presión del aire, ni de sus particularidades culturales. Nada mejor que salir de la tierra propia para entenderla, o eventualmente, prestarle oídos al que viene de fuera. Un europeo nos dirá: “Europa es hoy, hoy, hoy. Sudamérica es mañana. Uruguay es un poco hoy y un poco mañana”. Con esto expresará que el reloj y la contabilidad rigen la vida del europeo. El tiempo es oro. El sudamericano, por herencia indígena y por las bondades de su tierra, no está tan constreñido por el trabajo y se arroja sin culpa sobre una hamaca paraguaya, punteando una guitarra en tanto la tarde cae más lentamente que en la otra orilla del atlántico.
La pervivencia del indio se aprecia en nuestra sensibilidad, en nuestra noción del tiempo, en nuestra concepción de la propiedad y en nuestra generosidad. Werner Herzog, mientras filmaba Fitzcarraldo en el Amazonas, recibió una visita de indios en tanto cocinaba para todo el equipo en una gran olla. Agregó una segunda olla. Los indios aguardaron, luego comieron en silencio y se fueron sin dar las gracias. Esto a Herzog le llamó la atención, pero alguien de la región le dijo que en las tribus que él conocía no existía nada parecido a la palabra “gracias”. Las sociedades hiper abundantes no la necesitan. En el fogón del charrúa, y seguramente en el fogón del guaraní, siempre había una carne asándose y cualquiera se acercaba y pegaba un tajo o todos los que deseara, pues nadie andaba contabilizando esas cosas. Hacerlo es asunto de otra concepción de la naturaleza y la propiedad. La palabra “gracias” nos parece nacida de un sano sentimiento de agradecimiento, pero antes es resultado de la necesidad y de la lucha, de igual forma que la palabra libertad nace con la primera cárcel, y nuestro educado “disculpá”, introductorio en un diálogo con un desconocido, delata una violencia latente.
Compartir un asado entre los amigos, sin usar de una calculadora, es una forma de sentir heredada de un pasado que se nos quiere pintar como sombrío. Se podrá argumentar que es herencia de los españoles que poblaron nuestro país, pero precisamente esos españoles estuvieron en contacto con los indígenas y el resultado más notorio de esa mezcla fue el gaucho. Aunque fuera eliminado al son del fusil de retrocarga y de la monserga escolar, ese hijo de una madre guaraní y a veces charrúa también dejó su herencia. El gaucho recibirá las enseñanzas de su madre, pero por ser un hombre de dos mundos no encontrará acogida ni en la tribu indígena, ni en la sociedad de los blancos. Vivirá fuera de la ley, tomará del indio sus boleadoras, su poncho, su destreza en el trabajo del cuero y su baquía. El baqueano no sabrá leer, pero aprenderá del indio su capacidad para leer en el vasto libro de la naturaleza. Luego el astuto caudillo tomará esa sabiduría del baqueano. Se dice que Rivera sabía por el sabor del pasto en qué tierra se encontraba y en cierta ocasión se lo vio bebiendo sangre de yegua. Aquella costumbre nos lleva a pensar en los que gustan de un asado quemado y seco como suela de zapato, mas el sibarita sabe apreciar un asado jugoso, y aunque no siempre lo sepa, esa es otra herencia indígena, como es una herencia indígena el conocimiento de las plantas medicinales y el saber popular sobre las costumbres de nuestros animales. Pescar tarariras y lenguados con una fija es otra herencia indígena.
De igual forma que el bandoneón, un instrumento alemán, encontró sus mejores ejecutantes en el Río de la Plata, el caballo traído por el conquistador encontró sus mejores jinetes y domadores entre los indios. La doma racional es conocida como doma india. El conocimiento de la naturaleza, que en rigor es mucho más que el “conocimiento de la naturaleza”, le aportaría al indio un compañero inseparable.
El amable lector permitirá que digamos que pareciera estar demostrado que los ritmos de los indios que habitaron nuestro suelo, el del actual Uruguay, no dejaron ninguna huella en nuestra música, mas consideraríamos temerario afirmar que no dejaran ninguna huella en otros sentidos. Pienso en cierta tristeza inherente a la milonga y al tango. Algo del gaucho pervive en el tango, y no sólo en el facón que usaban los malevos, ni en sus duelos, ni en la propia palabra malevo o malévolo. El mismo Gardel en sus inicios entonaba canciones camperas vestido de gaucho. En un relato titulado “El tango argentino”, denostado por la crítica contemporánea que integran aquellos que no vivieron el tiempo que sí vivió el artista, el gran Cunninghame Graham, luego de sufrir la experiencia de observar en Europa un tango prostituido, viaja en el tiempo para describirnos cómo se vivía un tango en la campaña de la Banda Oriental. Galopa con otros gauchos hasta llegar a una casa donde en una habitación hombres y mujeres bailan contorsionándose hasta barrer el piso con el cabello, en tanto un negro y un ciego ejecutan la guitarra y el acordeón. Aquel baile terminaría drásticamente cuando un gaucho vengara una antigua afrenta. En la tristeza del tango y la milonga uno cree oír la tristeza de una raza que se extingue, la tristeza de un tiempo de abundancia que no volverá.
Sufrimos, y en esto no necesariamente escapan ni historiadores ni antropólogos, una tendencia a dotar a las fronteras erigidas por razones políticas, una eficacia que va más allá de lo estrictamente político. Al pensar en la música popular uruguaya, como no vemos en nuestros ritmos influencia guaraní ni charrúa o minuán, negamos toda influencia indígena. Sin embargo los fenómenos culturales, así como el contrabando, se ríen de las fronteras, o mejor aún, las desconocen. En campaña se tocaría lo que hoy llamamos “música folclórica” sin que la ciudad se enterara o la aceptara. Cuando Atahualpa Yupanqui viaja a Buenos Aires vivirá en carne propia esta indiferencia. Sin embargo nuestra música folclórica (exceptuando el tango que seguiría otro derrotero) terminaría imponiéndose de la mano del gran cantor argentino, acaso coadyuvado por la radio. La influencia de Yupanqui en Zitarrosa y Viglietti (por nombrar a nuestros principales exponentes) sólo es igualada por la admiración delirante que le profesaban. Atahualpa tenía la virtud de aunar, salvo el tango, todos los ritmos de su país, y gracias a él y a otros músicos de la región, esos ritmos se hicieron nuestros. Mas la influencia musical indígena también llega a nosotros desde aquellas tierras que no serían bañadas por el Paraná. Para sólo dar un ejemplo elocuente, la cumbia, que auna ritmos africanos, indígenas y europeos, encontraría en nuestro país un arraigo incuestionable.
El Estado al crear la escuela logró que desapareciera el guaraní y el portugués que se hablaban en nuestra campaña. Exuberancia es belleza, pero se optó por un sólo idioma. Como el lenguaje es un testimonio vivo del pasado, quedaron innumerables palabras que nos permiten rastrear el antiguo hablar del pueblo. Poco sabemos del lenguaje charrúa. Según me cuentan, un sensible alemán que convivió con ellos escribió una gramática. Testimonio de nuestra brutalidad y de nuestro complejo, nunca ningún uruguayo, hasta mediados del siglo pasado, se preocupó de viajar a Europa para copiar ese valioso original. Cuando decidimos ir por el manuscrito resultó que había desparecido, junto a tantas otras cosas, en un bombardeo de nuestra civilizada segunda guerra mundial.

Un machismo omnipresente que desborda y cae sobre el feminismo, Marcelo Marchese

Este artículo se refiere a la siguiente noticia:
http://www.elpais.com.uy/informacion/mysu-expreso-total-indignacion-archivo.html

Un machismo omnipresente que desborda y cae sobre el feminismo
Marcelo Marchese
Original en:
http://www.uypress.net/uc_49642_1.html

16.03.2014

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Con creciente estupor leímos un comunicado del MYSU que expresa su indignación con la Justicia ante el caso Santa Teresa. Es innegable la violencia que genuinamente combate el MYSU. Precisamente, consideramos que el propio comunicado es una prueba, por reflejo, de dicha violencia.

Hemos encontrado, cada vez que quisimos discutir con un grupo feminista, una violencia expresada en adjetivaciones de todo tenor. La gente suele cuidarse de opinar públicamente por temor a ser acusado de machista, aberrante y otras lindezas, de igual forma que es acusada de asesina si come carne, acusación enunciada por alguien que en ese mismo instante está devorando con fruición una indefensa zanahoria. Si lo que se busca es acabar con el machismo de nuestra sociedad, y se pretende realizar esa tarea a través de la razón, pareciera imposible llegar al objetivo actuando de esta manera. Si además se pretende atacar el machismo reproduciendo visiones machistas no lograremos avanzar un sólo paso, siempre y cuando sea válido el postulado, harto dudoso, que pretende que el razonamiento sea una vía para solucionar el drama del machismo. Veamos, para ilustrar mejor nuestra idea, el comunicado del MYSU (1).

La Justicia, luego de ver los videos e interrogar a los testigos, no vio prueba de violación ninguna. El MYSU se pregunta “¿Qué requiere la Justicia para identificar un abuso sexual si estando filmado no le alcanza?” No entendemos cómo afirma que está filmado ningún abuso. La inmensa mayoría de los hombres y mujeres que vieron el video no lo identificaron. La Justicia, formada por terrícolas, tampoco. ¿De dónde sacó el MYSU la idea del abuso? ¿De la denuncia de la botija? No nos parece prueba suficiente. La botija, luego de conocer el video pudo haber querido lavar su imagen, o acaso sus familiares la presionaron en ese sentido. ¿No será que una imagen de esta naturaleza el MYSU sólo la puede concebir como un abuso y no como resultado del deseo? La realidad es que tiempo atrás Eva le hizo a Adán unas cuantas fellatio en tanto Adán correspondía con igual cantidad de cunilingus. Es la cosa más natural del mundo. ¿La botija no tiene derecho a practicarle una fellatio a seis pibes medio nabos, luego ir a una carpa a seguir la función como le plazca, para volver al baño por una segunda vuelta? Tiene todo el derecho del mundo. ¿Lo disfrutó? No lo sabemos. Sabemos que ella, por propia voluntad, luego de haber consumido un cóctel de drogas, fue a un baño masculino tirando una cana al aire. ¿O el MYSU cree que el hombre puede fornicar sin sentimiento ninguno pero la mujer es una santa que sólo “hace aquello” con el amor de por medio? ¿No podría hacerlo sin ninguna obligación, por propia voluntad, con un interés mercenario o por mero placer?

El sinsentido del comunicado del MYSU llega al paroxismo en este tramo: “Estos hombres que estuvieron implicados ¿quedan exonerados de responsabilidad aunque ella hubiese dado su consentimiento para que abusaran de ella?”. Le hemos dado vuelta a esta frase por arriba y por abajo, de frente y de perfil y no logramos encontrarle ni el pie ni la cabeza. ¿Cómo pueden ser ellos acusados si ella daba su consentimiento? Si ella daba su consentimiento ¿cómo puede haber abuso? Para colmo utilizan la palabra “consentimiento” que ubica a la mujer una vez más en el rol pasivo, cuando todo indica que tuvo un rol activo de principio a fin.

Plantea el MYSU que vivimos el mundo del revés: los violadores serán absueltos y para colmo ella puede ser acusada de difamación. ¿Se opone el MYSU a que, en la eventualidad de que ella denunciara una violación inexistente, el acusado de violación la acuse a ella de difamadora?. Existen millones de violaciones, pero existen decenas de acusaciones falsas. Aclaramos que estamos hablando de lo sucedido en el baño. En cuanto a lo sucedido con el eventual personal militar, violación que no pudo ser probada, seguramente tampoco podrá ser probada ninguna difamación. No se encontrarán pruebas suficientes ni para una cosa ni para la otra y si el personal militar la hubiese violado o no, en los dos casos reaccionaría acusándola de difamadora.

Tenemos dos consideraciones que hacer con respecto al remate del comunicado, que dice así: “Con este accionar de los Poderes del Estado: el Judicial que no condena, el Ejecutivo que no actúa y el Legislativo que no controla, el mensaje que se trasmite a la sociedad no aporta en absoluto al abordaje de un problema enorme que hay en este país y que sigue invisibilizado, naturalizado o siempre encuentra canales de justificación: LA VIOLENCIA Y EL ABUSO A LAS MUJERES”. Estamos de acuerdo que la ley no hace nada, ni puede hacer mucho, contra el abuso y la violencia hacia las mujeres. Puede meter presos a los violadores y demás energúmenos, cosa que hace cuando se reúnen suficientes pruebas, pero el castigo a este delito, inclusive si se penara con la muerte, no reduce la cantidad de violaciones en nuestra sociedad. Este comunicado del MYSU tampoco ayuda en absoluto, aunque su incidencia sea mucho menor. El problema que nos ocupa es el más grave de los problemas imaginables, cuya más horrenda expresión es la cantidad de niñas violadas a diario en todas las clases sociales. En el mundo, una de cada cinco niñas, incluyendo niños, es violada o vejada brutalmente. Nuestro país tiene el raro mérito de superar el promedio mundial: aquí se viola o veja a una de cada cuatro. ¿La solución a este problema puede venir del lado de una más firme acción de la ley? ¿Puede venir del lado de una campaña contra la violencia de género y contra la violencia hacia las niñas? Ojalá sirvieran cualquiera de esos caminos, pero equivalen a la ilusión de pretender demoler un edificio soplando con toda la fuerza de nuestros pulmones. Ese porcentaje espantoso de violaciones infantiles es un fiel indicador de la represión sexual de una sociedad que, al no poder satisfacer naturalmente sus deseos, cae en estas aberraciones y las reproduce, pues normalmente el violador fue violado. No es una ley la que está mal. No es la renuencia de los poderes del Estado la que alienta la violencia contra la mujer. Es toda una civilización la que en un punto indeterminado ha errado el rumbo. Esta agresión a la mujer, este triunfo, a modo de reflejo en las alturas de lo que pasa en la tierra, de los dioses desplazando a las diosas miles de años atrás, de alguna manera está vinculado con un desequilibrio y un ataque general a la vida que pone en peligro la supervivencia de la especie. Existe un vínculo simbólico entre la sujeción a la mujer y la brutal forma de relacionarnos con la madre naturaleza. El triunfo de los dioses, que devino en el triunfo de Dios, en tanto las diosas quedaron reducidas a una Virgen que sólo tiene el poder de interceder, trajo acompañada la visión de alcanzar la felicidad a través del sufrimiento, adorando no un dios que supiera bailar, como dijera un poeta, sino uno que está eternamente torturado.

Esta macabra forma de concebir la vida es herencia de larga data. Las leyes no cambian estas cosas. Más bien estas cosas determinan las leyes. Para solucionar el problema que inquieta justificadamente al MYSU y a muchos otros, no tenemos más remedio que transformar los fundamentos de una civilización que hasta el momento ha mostrado una capacidad de supervivencia y reproducción asombrosas. En el caso específico de la violencia que nos ocupa se aplica lo que dijo otro poeta: “El que no cambia todo, no cambia nada”.

El exilio de Helena, Albert Camus

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El Mediterráneo tiene un sentido trágico solar, que no es el mismo que el de las brumas. Ciertos atardeceres– en el mar, al pie de las montañas–, cae la noche sobre la curva perfecta de una pequeña bahía y, desde las aguas silenciosas, sube entonces una plenitud angustiada. En esos lugares se puede comprender que si los griegos han tocado al desesperación ha sido siempre a través de la belleza y de lo que ésta tiene de opresivo. En esa dorada desdicha culmina la tragedia. Nuestra época, por el contrario, ha alimentado su desesperación en la fealdad y en las convulsiones. Y por esa razón, Europa sería innoble, si el dolor pudiera serlo alguna vez.

Nosotros hemos exiliado la belleza; los griegos tomaron las armas por ella. Primera diferencia, pero que viene de lejos. El pensamiento griego se ha resguardado siempre en la idea de límite. No ha llevado nada hasta el final –ni lo sagrado ni la razón–, porque no ha negado nada: ni lo sagrado, ni la razón. Lo ha repartido todo, equilibrando la sombra con la luz. Por el contrario, nuestra Europa, lanzada a la conquista de la totalidad, es hija de la desmesura. Niega la belleza, del mismo modo que niega todo lo que no exalta. Y, aunque de diferentes maneras, no exalta más que una sola cosa: el futuro imperio de la razón. En su locura, hace retroceder los límites eternos y, enseguida, oscuras Erinias se abaten sobre ella y la desgarran. Diosa de la mesura, no de la venganza, Némesis vigila. Todos cuantos traspasan el límite reciben su despiadado castigo.

Los griegos, que se interrogaron durante siglos acerca de lo justo, no podrían entender nada de nuestra idea de la justicia. Para ellos, la equidad suponía un límite, mientras que nuestro continente se convulsiona en busca de una justicia que pretende total. Ya en la aurora del pensamiento griego, Heráclito imaginaba que la justicia pone límites al propio universo físico. “El sol no rebasará sus límites, y si lo hace, las Erinias, defensoras de la justicia, darán con él.” Nosotros, que hemos desorbitado el universo y el espíritu, nos reímos de esa amenaza. Encendemos en un cielo ebrio los soles que queremos. Pero eso no impide que los límites existan y que nosotros lo sepamos. En nuestros más locos extravíos, soñamos con un equilibrio que hemos dejado atrás y que ingenuamente creemos que volveremos a encontrar al final de nuestros errores. Presunción infantil y que justifica que pueblos niños, herederos de nuestras locuras, conduzcan hoy en día nuestra historia.

Un fragmento, también atribuido a Heráclito, enuncia simplemente:”Presunción, regresión del progreso”. Y muchos siglos después, del efesio, Sócrates, ante la amenaza de una condena a muerte, no reconocía más superioridad que ésta: lo que ignoraba, no creía saberlo. La vida y el pensamiento más ejemplares de estos siglos concluyen con una orgullosa confesión de ignorancia. Olvidando eso, hemos olvidado nuestra nobleza. Hemos preferido el poderío que remeda la grandeza: primero, Alejandro, y después los conquistadores romanos que nuestros autores de manuales, por una incomparable bajeza de alma, nos enseñan a admirar. También nosotros hemos conquistado, hemos desplazado los límites, dominado el cielo y la tierra. Nuestra razón ha hecho el vacío. Y, al fin solos, concluimos nuestro imperio en un desierto. Cómo poder imaginarnos, pues, ese equilibrio superior en el que la naturaleza mantenía la historia, la belleza, el bien, y que llevaba la música de los números hasta la tragedia de la sangre? Nosotros volvemos la espalda a la naturaleza, nos avergonzamos de la belleza. Nuestras miserables tragedias arrastran olor de oficina y la sangre que derraman tiene color de tinta de imprenta.

Por eso es indecoroso proclamar hoy que somos hijos de Grecia. A menos que seamos hijos renegados. Colocando la historia en el trono de Dios, avanzamos hacia la teocracia tal como hacían aquellos a quienes los griegos llamaban bárbaros y combatieron a muerte en las aguas de Salamina. Si se quiere captar bien la diferencia, hay que volverse hacia el filósofo de nuestro ámbito que es verdadero rival de Platón. “Solo la ciudad moderna –se atreve a escribir Hegel– ofrece al espíritu el terreno en el que puede adquirir conciencia de sí mismo”. Vivimos, así pues, en el tiempo de las grandes ciudades. Deliberadamente, el mundo ha sido amputado de aquello que constituye su permanencia: la naturaleza, el mar, la colina, la meditación de los atardeceres. Solo hay conciencia en las calles, porque solo en las calles hay historia, ese es el decreto. Y como consecuencia, nuestras obras más significativas dan fe de esa misma elección. Desde Dostoievski, buscar paisajes en la gran literatura europea es inútil. La historia no explica ni el universo natural que había antes de ella ni la belleza que está por encima de ella. Ha decidido ignorarlos. Mientras que Platón lo contenía todo –el sinsentido, la razón y el mito–, nuestros filósofos no contienen más que el sinsentido o la razón, porque han cerrado los ojos al resto. El topo medita.

Fue el cristianismo el que empezó a sustituir la contemplación del mundo por la tragedia del alma. Pero al menos se refería a una naturaleza espiritual y, a través de ella, conservaba cierta seguridad. Muerto Dios, no quedan más que la historia y el poder. Desde hace mucho tiempo, todos los esfuerzos de nuestros filósofos no han ido dirigidos más que reemplazar la noción de naturaleza humana por la de situación, y la antigua armonía por el impulso desordenado del azar o el movimiento implacable de la razón. Mientras que los griegos marcaban a la voluntad los límites de la razón, nosotros hemos puesto, como broche, el impulso de la voluntad en el centro de la razón, que se ha vuelto asesina. Para los griegos, los valores eran preexistentes a toda acción, y marcaban, precisamente, sus límites. La filosofía moderna sitúa sus valores al final de la acción. No están, sino que se hacen, y no los conoceremos del todo más que cuando la historia concluya. Con ellos, desaparecen también los límites, y, como las concepciones acerca de lo que habrán de ser aquéllos difieren, y como no hay lucha que, sin el freno de esos mismos valores, no se prolongue indefinidamente, hoy los mesianismos se enfrentan y sus clamores se funden con el choque de los imperios. Según Heráclito, la desmesura es un incendio. El incendio se extiende, Nietzsche ha sido superado. Europa no filosofa a martillazos, sino a cañonazos.

Sin embargo, la naturaleza está siempre ahí. Opone sus cielos tranquilos y sus razones a la locura de los hombres. Hasta que también el átomo se encienda y la historia concluya con el triunfo de la razón y la agonía de la especie. Pero los griegos nunca dijeron que el límite no pudiera franquearse. Dijeron que existía y que quien osaba franquearlo era castigado sin piedad. Nada en la historia de hoy puede contradecirlos.

Tanto el espíritu histórico como el artista quieren rehacer el mundo. Pero el artista, obligado por su naturaleza, conoce sus límites, cosa que el espíritu histórico desconoce. Por eso el fin de este último es la tiranía, mientras que la pasión del primero es la libertad. Todos cuantos luchan hoy por la libertad, combaten en último término por la belleza. No se trata, claro está, de defender la belleza por sí misma. La belleza no puede prescindir del hombre y no daremos a nuestro tiempo su grandeza y su serenidad más que siguiéndolo en su desdicha. Nunca más volveremos a ser solitarios. Pero igualmente cierto es que el hombre tampoco puede prescindir de la belleza, y eso es lo que nuestra época aparenta querer ignorar. Se tensa para alcanzar el absoluto y el imperio, quiere transfigurar el mundo antes de haberlo agotado, ordenarlo antes de haberlo comprendido. Diga lo que diga, deserta de este mundo. Ulises puede elegir con Calipso entre la inmortalidad y la tierra de la patria. Elige la tierra y, con ella, la muerte. Una grandeza tan sencilla nos resulta hoy ajena. Otros dirán que carecemos de humildad. Pero esa palabra, en cualquier caso, es ambigua. Semejantes a esos bufones de Dostoievski que se jactan de todo, suben a las estrellas y acaban por exhibir su miseria en el primer lugar público, a nosotros lo único que nos falta es ese orgullo del hombre que es observancia de sus límites, amor clarividente de su condición.

“Odio mi época”, escribía antes de su muerte Saint-Exupéry, por razones que no están demasiado alejadas de las que he expuesto. Pero, por perturbador que sea ese grito viniendo precisamente de alguien como él –que amó a los hombres por lo que tienen de admirable–, no vamos a apropiárnoslo. Y, sin embargo, qué tentador puede resultarnos, en ciertos momentos, darle la espalda a este mundo sombrío y descarnado! Pero esta época es la nuestra, y no podemos vivir odiándonos. Ha caído así de bajo tanto por el exceso de sus virtudes como por la grandeza de sus defectos. Lucharemos por aquella de sus virtudes que viene de antiguo. Qué virtud? Los caballos de Patroclo lloran a su dueño muerto en la batalla. Todo se ha perdido. Pero se reanuda el combate, ahora con Aquiles, y la victoria llega al final, porque la amistad acaba de ser asesinada: la amistad es una virtud.

La ignorancia reconocida, el rechazo del fanatismo, los límites del mundo y del hombre, el rostro amado, la belleza en fin, tal es el terreno en el que volveremos a reunirnos con los griegos. En cierta manera, el sentido de la historia de mañana no es aquel que se cree. Está en la lucha entre la creación y la inquisición. Pese al precio que hayan de pagar los artistas por sus manos vacías, se puede esperar su victoria. Una vez más, la filosofía de las tinieblas se disparará por encima del mar destellante. Oh pensamiento del Mediterráneo! La guerra de Troya se libra lejos de los campos de batalla! También esta vez los terribles muros de la ciudad moderna caerán para entregar, “alma serena como la calma de los mares”, la belleza de Helena.

1948

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Tomado de Albert Camus, El verano, Alianza Cien, Madrid, 1996.