Guantánamo, la inseguridad y la lógica perversa del informativo

Guantánamo, la inseguridad y la lógica perversa del informativo
Marcelo Marchese

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Sólo un cansancio infinito puede explicar que tomando el control de la TV me tirara sobre el sofá. En esa operación conocida como zapping, anuncio de un declive intelectual, caí por un hoyo al informativo de Teledoce encontrándome con un largo segmento acerca del paro del transporte, la muerte del taxista y el dolor de sus familiares. Vi gente llorando, luego una toma en blanco y negro del eventual homicida en el momento que sube al taxi (un collage cinematográfico del editor del informativo), una larga caravana de taxis acompañando la víctima, gente reclamando seguridad y por fin el dolor profundo de una hija del taxista que deseaba que el culpable fuera encarcelado “sea o no un menor”. Luego de estas amargas imágenes vinieron breves palabras del conductor del programa a modo de nexo de la siguiente información: el gobierno decidió que los uruguayos conviviéramos con unos reos venidos de Guantánamo. Se escuchó a Mujica, en tanto caminaba dificultosamente hamacándose como un caimán entre varios periodistas (tomado desde arriba), diciendo que estaba podrido de que se llenaran la boca con los DDHH para no hacer nada cuando la ocasión se presentaba, y luego se escuchó, a modo de cierre, a un político de la oposición (tomado desde abajo) diciendo que no teníamos por qué importar la guerra que EEUU entabla con vaya a saber quién, pues nada tenemos para ganar en esta muy peligrosa operación.
Si hay algún lugar donde el azar no tiene aire para respirar, ese lugar es el informativo. Allí jamás se irán a buscar las causas de los problemas y no se tendrá tiempo para razonar una noticia, pues tras una vendrá la otra en una continua catarata de “realidades” sin aparente ilación. No hay tiempo para razonar nada y precisamente esa es la función del informativo: bombardear de tal manera nuestra capacidad crítica, que ante la batahola, admitamos los hechos “tal como son”, lo cual quiere decir, admitamos el discurso oculto del informativo, la forma perversa a través de la cual se anudan las noticias.
Unir el asesinato del taxista con la venida de los presos de Guantánamo equivale a responsabilizar al gobierno por la inseguridad creciente que vivimos. Ejemplos de esta forma solapada de lógica hay tantos como informativos se hayan realizado: primero un terremoto, luego la oratoria de un sindicalista, encadenado a esto un tsunami, luego un sanguinolento accidente en la carretera, después el discurso de algún izquierdista que desconoce en qué parte del libreto irá su monólogo y como corolario, algún caballero de la clase alta en funciones de político cerrando el mensaje para el televidente. Es imposible ser más burdo y artero, pero la libertad de expresión permite esta maniobra despreciable. No es la primera vez que en nombre de la libertad se comete un acto ruin.
Veamos ahora de cerca el problema de los reos de Guantánamo. La oposición ha cerrado filas en contra de esta acogida que “incrementa la inseguridad”. El gobierno, según estos políticos, no sólo no hace nada y libera presos peligrosos a mansalva, sino que trae a los peores terroristas a fabricar bombas en el Chuy, en una actitud de servilismo hacia EEUU. Lo primero que debemos decirle a estos políticos es que Guantánamo fue una cárcel creada por EEUU cuando decidió aplicar su “Justicia infinita”, para lo cual masacró gente en Afganistán y otros sitios tórridos del globo bien lejos de Punta del Este. Esta gente podría no ser terroristas. Acaso sólo sean patriotas. No sabemos si alguien sabe qué son, pues como no fueron juzgados ni vieron un fiscal, ni un abogado defensor o un juez, y como sólo vieron durante diez años los más atroces métodos de tortura imaginables, lo que fuera que hayan hecho, si lo hicieron, ya lo pagaron con creces. Allá los yanquis dirán que son terroristas, pero los yanquis no son, luego de sus bombas atómicas, las personas más adecuadas para acusar de terrorista a nadie. En todo caso, los caballeros de la clase alta devenidos en políticos deberían recordar que los judíos que venían escapando de la barbarie nazi, eran acusados de enemigos de la patria por el Estado alemán y aquí les dimos acogida. En el siglo XVI, cuando la barbarie católica, Inquisición mediante, persiguió a los judíos, en América le dimos refugio a los “enemigos de nuestra Santa Fe”. A principios del siglo XX, cuando anarquistas y socialistas italianos huían de la persecución, aquí formaron nuestros sindicatos, los partidos socialistas y las federaciones anarquistas, amén de acrecentar el número de intelectuales del Partido Colorado liderado por Batlle, quien llevaría a cabo unas cuantas buenas obras. Cuando Franco dio un golpe contra la República nuestro país acogió a una cantidad de terroristas republicanos que trajeron su cultura y coadyuvaron al desarrollo de nuestras editoriales, que luego se expandieron durante la Segunda Guerra Mundial generando el emporio editorial de México y Buenos Aires. Cuando Rosas perseguía a sus enemigos, esos enemigos venían a Montevideo trayendo sus bibliotecas y aquí vinieron luego los perseguidos por Perón, y de esa manera llegó Atahualpa Yupanqui, personaje que generó considerables repercusiones en nuestra cultura. Así que el nuestro es un país, y un continente, formado por expulsados económicos, políticos y religiosos. Somos un crisol de gente segregada. Es algo muy lindo que tenemos y no lo vamos a cambiar porque algún caballero de la clase alta en funciones de político esté agarrándose de lo que venga para intentar ganar unas elecciones que, salvo una catástrofe, tiene perdidas de antemano.
¿Pero por qué Mujica accede a refugiar a estos seres sino peligrosos, por lo menos demasiado barbudos? Por los motivos que ya dijimos, y seguramente porque algo a cambio ganaremos, sea lograr que nuestra carne sin hueso entre al mercado yanqui, o sea lograr que al mercado yanqui entre con hueso nuestra carne. Sea de ello lo que fuere es más lo que tenemos para ganar que lo que tenemos para perder. Por otra parte hace un buen tiempo que la corriente mayoritaria dentro del imperialismo yanqui intenta cambiar el rumbo, cambio de rumbo que incluye acabar con la guerra a los cubanos. El fin de Guantánamo se inscribe en este cambio. Colaborando con ese sector atacamos al otro sector más brutal y de paso abrimos mercados para nuestros churrascos, o quién sabe qué, pero ese qué será algo beneficioso para nosotros. Sumado a lo anterior, y no excluyéndolo en absoluto, Mujica con esto suma unos puntos para el Premio Nobel de la Paz, lo cual vendrá bien para su vanidad y para la vanidad de la Nación que aspira, ya que no puede alcanzar un campeonato mundial ni una medalla de oro olímpica, a un sustitutorio Primer Premio Nobel en la categoría que fuese.
En cuanto a la inseguridad que vivimos, ni este gobierno ni el que viene, sea el de Tabaré o el de Lacalle Pou, podrán atenuarla un sólo ápice, y más aún, no podrán evitar que se agrave. Vivimos un proceso de colombianización de nuestra sociedad y día a día crecerá nuestro temor a pisar la calle en tanto acribillamos de cerraduras nuestras puertas. ¿Por qué? Porque por un lado el capitalismo nos bombardea con tentaciones de fetiches a través de los cuales alcanzaremos la felicidad, en tanto le niega a unos cuantos la posibilidad de alcanzar dichos fetiches. Contemporáneamente, el precio de las hectáreas no para de subir, miles de productores rurales se funden abandonando sus campos y el latifundio disfrazado de fondos de inversión engorda plantando soja y eucaliptus que ni comeremos ni beberemos. Dando unas pinceladas bien siniestras a este cuadro expresionista, la escuela y el liceo público se han convertido en guarderías que no esconden su propósito de domar salvajes bajo un disfraz de pseudo educación. Nuestro tejido social se destruye. La familia se erosiona. No hay tiempo, ni hay forma, de educar en valores ni en la cultura del trabajo. Si alguno de los caballeros de la clase alta en funciones de político hablara alguna vez con estos pibes de gorra que vienen imponiendo su fascismo cotidiano, escucharía que su abuelo se vino del campo, su padre está preso y él no va a ir a trabajar a un supermercado embolsando mercadería por cuatro pesos locos para ser despedido antes de los tres meses. Todo aquel que proponga solucionar el problema de la seguridad con más policías o más cámaras o más represión sólo estará haciendo demagogia. La inseguridad es una pústula en el rostro de una sociedad enferma. No es a palazos que evitaremos que nazca el verdín del pantano. La solución, como toda solución verdadera, exige que vayamos a la raíz de los problemas. “Del agua estancada espera veneno” dijo el poeta antes de escribir: “El hombre que no cambia de opinión es como el agua estancada: engendra los reptiles de la mente”. Si no estamos dispuestos a cambiar nuestra fosilizada forma de pensar, tarde o temprano, al doblar la esquina, nos encontraremos con los reptiles del pantano.

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