Ni Ni: acerca de los jóvenes uruguayos que no estudian ni trabajan, por Consuelo Pérez

Ni Ni
16.Abr.2014

Consuelo Pérez
Edila por sector ProBa, Partido Colorado, Uruguay. Integrante actual de la Comisión de Derechos Humanos de la Junta Departamental de Montevideo. Integrante actual de la Comisión de Medio Ambiente y Salud de la Junta Departamental. Integrante de la Red de Mujeres Políticas.

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Uno de los mayores fracasos atribuibles al sistema político en el Uruguay es no haber podido obtener avances en la problemática social que supone la existencia de jóvenes que ni estudian ni trabajan, a los que se les conoce como los Ni Ni .

Para el año 2010, en términos absolutos, la cantidad de jóvenes en esa situación era de 131.000, lo que representa un 17, 8 % del total de los jóvenes.

Los datos del anuario educativo del MEC nos ilustraban a la fecha: “La cantidad de jóvenes que no asisten a un establecimiento educativo ni tampoco trabajan se incrementa entre los 15 y los 19 años”; los valores son más altos en el tramo de 17 a 27 años de edad; los ni-ni de entre 15 y 24 años mayoritariamente “no han superado la educación media básica”. Datos escalofriantes para un país avejentado, de escasa población y con índices de natalidad descendientes.

Es reconocido internacionalmente que los principales detonantes de este problema son la falta de empleo, la deserción escolar y la baja calidad educativa.

Ciertamente, el pertenecer a estratos sociales de bajos ingresos, motivó a lo largo de nuestra historia como sociedad, que la deserción escolar para volcarse a trabajar fuera una constante. Pero hoy se deserta para no hacer nada. La trillada pregunta: ¿estudiás o trabajás? ya no tiene sentido entre los jóvenes, que son concientes de esta terrible anomalía.

Pero además, a pesar de la recuperación económica constatada y difundida insistentemente por el gobierno, el número de los Ni Ni no sólo que no desciende, sino que aumenta, lo que vincula definitivamente el problema a los aspectos sociales, familiares, de valores y educativos, no a los económicos.

Como dijimos muchas veces, sin educación no hay futuro, y la educación, como bien lo recalcara José Pedro Varela hace mucho, en ocasión de presentar su reforma, es además la garantía imprescindible para el fortalecimiento de la democracia. Sin educación no tendremos una democracia fuerte, y hasta podemos perderla.

Es genéricamente aceptado que la baja calidad educativa propicia la aparición y crecimiento de los Ni Ni, que además se transforman en una población vulnerable ante mecanismos de reclutamiento para hacer dinero fácil, y por supuesto que en esa hipótesis las drogas y la delincuencia en general están presentes.

Recordemos que este gobierno se ha propuesto encarar soluciones para el tema, y recordemos también que el propio presidente José Mujica reclamó apoyo de los privados para el programa interinstitucional que pretendía atender a los jóvenes en Uruguay que ni estudian ni trabajan, ya sea con la contratación de esa población así como de la apertura para sistemas de pasantías, lo que fue recibido con beneplácito.

Pero el fracaso se ha instalado una vez más, y los mecanismos utilizados no se han comparecido con avances, que en este caso sería el descenso del número de jóvenes – que llenarían dos veces el estadio Centenario – que ni estudian, ni trabajan.

Mientras el sistema educativo siga devastado y generando resultados “en picada” no habrá mejorías.

Mientras la falta de autoridad sea una constante en todos los ámbitos, así como persistan los asistencialismos sin contrapartida y la falta de controles con relación a obligatoriedades no se respeten, estaremos sin posibilidades de éxito.

Paralelamente y relacionado con este tema, vimos en los medios que de los 15.000 jóvenes que no habían tramitado la Credencial Cívica hasta el lunes, unos 7.000 concurrieron a último momento a la Corte Electoral y tuvieron múltiples problemas, pues los tiempos no daban. Por tanto, hay al menos 8.000 que no participarán de las elecciones presidenciales por carecer del documento.

Obviamente que los que no necesitan votar, ni trabajan ni estudian, pero en la instancia se comprobó además desinterés por el asunto del voto. Es que en los últimos tiempos se ha constatado que la población en general, y en particular la juventud, ha perdido interés en participar en los temas relacionados con los aspectos políticos de la vida del país, y así lo dicen las mediciones al respecto.

Se ha perdido confianza en el sistema político y en sus actores, y la indiferencia es el primer síntoma.

Ciertamente, la pérdida de confianza va unida al naufragio de las expectativas que se generaron en el descreído, y ese aspecto se vincula directamente a las promesas incumplidas, que desde hace nueve años, obviamente, son responsabilidad del actual gobierno.

La ausencia de resultados en nueve años con relación a la problemática vinculada a los mucho más de cien mil jóvenes que “vegetan” en el país, también.

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