Detrás de la agresión a maestras, Marcelo Marchese

Detrás de la agresión a maestras

maestras

Marcelo Marchese

La explicación más obvia, y la más inútil, acerca de las reiteradas agresiones a las maestras, es que nuestra sociedad se ha tornado excesivamente violenta; sin embargo, aunque esto sea rigurosamente cierto no alcanza para explicar el fenómeno, pues lo llamativo es que la violencia se lleve a cabo, reiteradamente, en un lugar donde antaño no sucedía. Evidentemente, hemos traspasado cierto umbral y ya no alcanza con decir: “Nuestra sociedad se torna cada vez más violenta”, pues falta averiguar por qué esto se expresa de forma llamativa también en las escuelas.
Acaso un primer indicador a tener en cuenta para desentrañar este fenómeno sea la reacción del gremio de maestros, que ha decretado ante cada agresión un automático paro de actividades. Esto nos lleva a dos interrogantes. Primero ¿qué poder limitante tendría un paro con las agresiones que lo disparan? Quienes defienden el paro argumentan que la medida sirve para que la sociedad tome consciencia de la violencia que nos aqueja. Este argumento es desde todo punto de vista inaceptable, pues la sociedad es sumamente consciente de la violencia que nos aqueja. Ante esta objeción considerablemente razonable, el gremio contestará a coro: “Pero algo debemos hacer”, actuando de manera similar a aquel que ante cada infortunio le daba una patada al gato. Pegarle al gato o decretar un paro no servirá de mucho, más bien todo lo contrario: pegarle al gato o decretar un paro es ya una medida violenta. Aunque el gremio de maestros de las escuelas privadas se solidarice, no adhiere al paro y como siempre, lo que se ha logrado es quitar un día de clases deteriorando más el nivel de nuestra enseñanza pública. Una cantidad de madres que cumplen la función de madre y padre a la vez, ese día, en vez de ir a trabajar, se quedaron con sus hijos ya que no podían enviarlos a la escuela que estaba de paro para que ellas reflexionaran sobre la violencia creciente de la sociedad. No sé qué habrán reflexionado esas madres, pero no dudo que deben haber sentido una violencia creciendo en sus interior ante las maestras que deciden un paro para que ellas piensen en la violencia creciente cuando en realidad deben ir a procurar billetes para poner algo en la mesa. En lugar de pretender que la sociedad tome consciencia de un problema sobre el cual ha tomado consciencia hace tiempo pero sin encontrarle una solución, el gremio hubiera podido plantearnos el problema de la novedosa violencia en las escuelas, cosa que no hizo y aquí vamos de lleno a la segunda de nuestras interrogantes. ¿Ante estos hechos inusuales, los maestros no se preguntan si la gente no estará respondiendo violentamente a otra violencia? Algo sucede en las escuelas para que la gente actúe así. Sin embargo es más sencillo tirar la pelota a la otra cancha: “¡Es un problema de la sociedad!” Esta serie de agresiones deberían generar algún tipo de autocrítica o como mínimo de análisis del por qué del fenómeno. Que se tire la pelota a la otra cancha también es una medida violenta que testimonia la ceguera violenta de un grupo social que no hace autocríticas ni permite críticas de ningún tenor a su labor.
Cuando estudiábamos en el IPA a principios de los 90, en una clase de Didáctica donde comentábamos el maltrato que observábamos por parte de unos cuantos docentes hacia sus alumnos, la profesora de Didáctica, en un raro gesto de sinceridad en aquel ámbito, nos contaba que unos estudiantes habían reaccionado empujando a una profesora por las escaleras. La profesora de Didáctica vaticinó lo que inevitablemente sucederá: “va a terminar pasando algo grave”. No se necesitaba ser muy lúcido para hacer tal pronóstico: alcanzaba con tener un mínimo de sensibilidad.
Evidencias de la violencia que sufre el estudiante a cargo de un sistema inhumano las encontramos por doquier sin necesidad de leer Pedagogía del oprimido de Paulo Freire, La escuela capitalista en Francia de Baudelot y Establet o ¡Escucha, Hombrecito! de Wilhelm Reich. Tampoco es necesario leer el poema de William Blake El escolar ni el de Jacques Prévert El mal estudiante, ni ver el film Cero en conducta de Jean Vigó o The Wall, ni menos aún es necesario leer cualquier autobiografía de cualquier genio que haya dado la humanidad, donde siempre e invariablemente encontraremos negras páginas escritas por el sufrimiento y la humillación, describiéndose aquel sistema de hostigamiento y castración. Alcanza con recordar nuestro pasado, aunque aquí nos topamos con un escollo muy serio: tendemos a olvidar los deseos y temores de nuestra infancia pues en rigor asesinamos al niño que tenemos dentro como mejor forma de llevar una vida vegetal. El problema, y he aquí parte sustancial de la explicación del fenómeno, es que vivimos un período de cambios en nuestra forma de concebir el mundo sólo equiparable al cambio que en su momento significó el Renacimiento. Ante esta nueva forma de entender y pensar el mundo por parte de nuestros jóvenes, les oponemos la misma estructura pedagógica de siempre. Es inevitable que en estas circunstancias, la fricción entre aquello que viene volando y esto otro que en el mejor de los casos se arrastra, genere chispas que provocarán inevitablemente un incendio.
Enfrentados a este lúgubre paisaje que estamos esbozando se levantarán unos cuantos objetores diciendo que vivieron maravillas en la escuela y a grito pelado afirmarán que tienen un agradecimiento eterno a una maestra o profesor en particular. Nosotros también, y no olvidamos a esos profesores, pero los recordamos por su rareza, por ser diferentes a los otros. Esos profesores y maestros que todos recordamos son la prueba palmaria de la realidad que estamos enunciando.
Cuando era profesor participaba en reuniones evaluatorias de los estudiantes. Se nombraba al alumno Fulano, el plantel docente expresaba su opinión sobre Fulano y le aplicaba un juicio colectivo y luego venía Mengano, Perengano y todos los demás. Bastaba que llegara el turno del estudiante crítico, ese que pensaba y se animaba a expresar en voz alta su pensamiento (en cualquier grupo humano siempre aparece alguien así, inclusive en un liceo), para que la inmensa mayoría de los profesores descargara toda su furia e impotencia sobre el apóstata. Afortunadamente en cada reunión evaluadora había uno o dos profesores que no adherían a este coro violento (en cualquier grupo humano siempre aparece alguien así, inclusive en un liceo). Cuando interrogaba a mis compañeros de estudio del IPA, me confesaban que en sus liceos pasaba exactamente lo mismo y por lejos esa era la instancia más repugnante de nuestra profesión. Para colmo descubríamos que si hacíamos una defensa del estudiante crítico nuestros colegas se exacerbaban más aún y nuestra defensa terminaba siendo perjudicial, como si agregáramos leña al fuego. Lo más prudente para defender a aquel pobre muchacho, si uno lograba guardar silencio ante las barbaridades que escuchaba, era no defenderlo.
En mis años como docente conocí algunos profesores y sobre todo directores e inspectores (1) que por su forma de proceder no consideraría inverosímil que alguien, perdiendo los estribos, le hubiese aplicado una muy pedagógica bofetada. Nadie dice que las maestras o directoras agredidas recientemente entren o no en esta categoría. Sólo digo que la metodología docente en general se hace acreedora de estas raras violencias y alguien, sin tener por qué ser necesariamente el particular responsable, termina pagando el pato. El padre que actúa violentamente, por más condenable que sea su conducta, se convierte en espejo de la violencia institucional. Lo más llamativo del caso es que estas cosas suceden en lugares que deberían merecer nuestro respeto y cariño, pero tenemos ciertas razones para sospechar que el ex alumno que prendió fuego su escuela en Flor de Maroñas, entre la cantidad de sentimientos que abrigara hacia el centro del saber, el cariño no sea el preponderante.
No es necesaria ninguna prueba Pisa para que entre nosotros y en secreto admitamos que en las escuelas y liceos no se aprende más que a leer (medianamente, basta con pedirle a un estudiante que lo haga en voz alta), escribir (sin comentarios), sumar, restar y multiplicar (la gente tiende a olvidarse de qué manera se hacía una división), cantar el himno y hacer viboritas con plasticina. El rol de las escuelas, según José Pedro Varela, era formar ciudadanos, pero no queda claro qué ciudadanos formamos si reprimimos cualquier análisis crítico de los futuros ciudadanos. No se evalúa al estudiante por la capacidad de llevar a cabo sus razonamientos, se lo evalúa por la capacidad de repetir los razonamientos que le embute el profesor, y esto se aplica tanto en matemáticas, historia o literatura, y en música, en vez de hacerlos cantar o ejecutar un instrumento, se les habla de música. Un compañero del IPA, en su clase final a modo de examen de la materia Didáctica de la Música, en la que hizo precisamente música con sus estudiantes percutiendo en los bancos: ¡¡¡Reprobó el examen!!!
No sólo no se estimula la sagrada curiosidad del estudiante, no sólo no se le permite expresarse, se lo aburre hasta el hartazgo en clases infinitamente tediosas llevadas a cabo por profesores que a veces dictan los ochenta minutos de corrido. No voy a seguir contando lo que viví como estudiante, como profesor y luego como padre. El lector bien que lo sabe y si ya lo olvidó, vaya y pregúntele a los estudiantes a ver qué piensan de la educación que reciben. No digo que su opinión sea la única válida, pero LO ASOMBROSO es que nunca se les pregunte. No digo que el gobierno lo haga, no soy tan iluso como para pedirle eso al gobierno actual, anterior o posterior, mas los docentes podrían hacerlo y sin embargo no lo harán, pues no les conviene. No quieren oír esas respuestas que los obligarían a dejar de tirar la pelota a cancha ajena y a pensar valientemente en el rol que realmente están desarrollando, que nada tiene que ver con el rol que soñaron desarrollar. El docente no crea ciudadanos, domestica trabajadores y consumidores para una sociedad acrítica y enferma hasta la médula. Eso es lo que logra el Sistema, independientemente de la voluntad de cada profesor en particular.
La arqueología ha logrado determinar los inicios de la domesticación del caballo. Un animal encerrado tiende a manifestar su nerviosismo mordiendo la madera del establo, y esa constante tarea deja marcas en los dientes por las cuales, algunos miles de años más tarde, los arqueólogos dirán: “Aquí hubo animales encerrados”. El día que los futuros historiadores se encuentren con la información de la escuela quemada en Flor de Marañas, entre otras escuelas quemadas en Latinoamérica, y se enteren de las constantes agresiones a maestras y directoras, seguramente se preguntarán qué estaba sucediendo. La explicación que le darán a este fenómeno dependerá del tipo de futuro al que hayamos arribado. Ojala que sea un futuro en el cual el arqueólogo que se encuentre frente a un pedazo de madera, sienta pena por el estudiante que inclinado sobre el pupitre descargaba su fastidio e impotencia con la punta del compás.

(1) Es asombrosa la capacidad que tiene el sistema, que actúa como un organismo vivo, para seleccionar las personas “idóneas” para los cargos más elevados de la pirámide educativa. Aquí confluyen varios factores: los puntos que suman la mera antigüedad; el carácter insoportable de un sistema que genera la renuncia de varios de los profesores más audaces e innovadores; la transformación, o erosión, que genera en el correr de los años el sistema sobre el educador, que ante el desgaste, y ante la ausencia de una metodología alternativa, termina incorporando el conductismo; y la forma de evaluar, por la cual los inspectores asignan mejores puntajes a los profesores que son iguales a ellos, asegurándose de esta manera la reproducción a lo largo del tiempo de autoridades iguales a sí mismas.

150 cosas a las que le tienen miedo las personas más inteligentes del mundo

Cada año, la revista digital Edge, “el sitio más inteligente del mundo”, le pregunta a los mejores científicos, tecnólogos, escritores y académicos que respondan una pregunta. La pregunta de este año fue: “¿Por qué debemos estar preocupados?” y la idea era identificar los nuevos problemas en la ciencia, tecnología y cultura que no han sido ampliamente reconocidos.

armagedon

Martin Rees

Los ex presidentes de la Royal Society, premios Nobel, autores de ciencia ficción, Nassem Nicholas Taleb, Brian Eno, así como físicos teóricos, psicólogos y biólogos fueron los entrevistados de este año. Esta lista es la versión comprimida. Aquí puedes leer todo.

Esto es a lo que le temen algunas de las mentes más brillantes del mundo:

1. La proliferación de la eugenesia china. – Geoffrey Miller, psicólogo evolutivo

2. La teoría del cisne negro, y el hecho de que seguimos dependiendo de modelos que se ha demostrado son fraudulentos. – Nassem Nicholas Taleb

3. Que no podremos derrotar viruses aprendiendo a empujarlos más allá del umbral de error. – William McEwan, investigador de biología molecular

4. Que la pseudociencia siga ganando terreno. – Helena Cronin, escritora, filósofa

5. Que la aceleración de la tecnología nos abrumara con oportunidades para preocuparnos. – Dan Sperber, científico social y cognitivo

6. Verdaderos eventos apocalípticos. El creciente número de eventos con baja probabilidad que podrían llevar a una completa devastación de la sociedad humana. – Martin Rees, ex presidente de la Royal Society

7. La decreciente cobertura científica en los periódicos. – Barbara Strauch, editora de ciencia para el New York Times

8. Estrellas que explotan, el eventual colapso del sol, y los problemas con la identidad humana que no nos permiten lidiar con esto. – John Tooby, fundador del campo de la psicología evolutiva

9. Que el internet está arruinando la escritura. – David Gelernter, científico computacional de Yale

10. Que las personas inteligentes como aquellas que contribuyen a Edge, no hagan política. –Brian Eno, músico

11. Que habrá otra crisis financiera de proporciones épicas. –Seth Lloyd, profesor de mecánica cuántica ingenieril en MIT

12. Que los buscadores se convertirán en árbitros de la verdad. – W. Daniel Hillis, físico

13. La escasez de parejas deseables es algo que nos debe preocupar, pues “está detrás de la traición y brutalidad humana”. – David M. Buss, profesor de psicología en la U de Texas

14. “Me preocupa que nuestra tecnología ayude a llevar ese largo consenso de la posguerra contra el fascismo a su fin.” – David Bodanis, escritor, futurista

15. Que ciertas malas palabras seguirán siendo tabú. – Benhamin Bergen, Profesor asociado de ciencia cognitiva en UCS

16. Privación de datos. –David Rowan, editor, Wired UK

17. Que las tecnologías digitales están acabando con nuestra paciencia y cambiando nuestra percepción del tiempo. – Nicholas G. Carr, escritor

18. Una “bomba de despoblamiento.” – Kevin Kelly, editor, Wired.

19. Que se acabe el financiamiento de grandes experimentos, y estos ya no ocurran. – Lisa Randall, física de Harvard

20. “Me preocupa que conforme el poder para resolver problemas de nuestras tecnologías aumenta, nuestra habilidad para distinguir entre problemas importantes, triviales o incluso inexistentes, se deteriora”. – Evgeny Morozov, editora colaboradora, Foreign Policy

21. No mucho. Manejo una motocicleta sin casco. – J. Craig Venter, científico genómico

22. La catarsis es una alegría que trasciende… ¿puedes repetir la pregunta? – Andrian Kreye, editor, el Daily Newspaper en Alemania

23. Ya dejé de hacer preguntas. Sólo floto en un tsunami de aceptación de lo que sea que la vida me arroje… y me maravillo como estúpido. (respuesta completa) –Terry Gilliam

24. Deberíamos preocuparnos por la nueva era el Antropoceno; no sólo como fenómeno geológico, sino también como marco cultural. –Jennifer Jacquet, profesora asistente de estudios ambientales en NYU

25. Extinción cultural, y el hecho de que los trabajos de un escritor oscuro del Caribe no reciban suficiente atención. –Hans Ulrich Obrist. curador, Galería Serptine

26. El peligro de inadvertidamente alabar arcos cigomáticos. –Robert Sopolsky, neurólogo

27. Que dejemos de morir. –Kate Jeffery, profesor de neurociencia del comportamiento

28. Que hay una infinidad de universos allá afuera, pero sólo podamos estudiar en el que vivimos. – Lawrence M. Krauss, físico/cosmólogo

29. El auge del anti-intelectualismo y el fin del progreso. “Ahora, por primera vez, tenemos una sola civilización global. Si fracasa, fracasamos todos juntos”. –Tim O’Reilly, presidente y fundador de O’Reilly Media

30. Deberíamos preocuparnos por varios Estados “modernos” que, en términos prácticos, están forjados por el crimen. Estados cuyas leyes se promulgan por criminales y, aun peor, se legitiman a través de una democracia formal y “legal”. – Eduardo Salcedo, filósofo colombiano

31. No debería preocupar que tanta de nuestra ciencia y tecnología todavía use sólo cinco modelos de probabilidad—a pesar de que existen más modelos de probabilidad que números reales. –Bart Kosko, científico informático

32. Es posible que seamos una extrañas y efímeras manchas conscientes en un desierto cósmico de insensibilidad, los únicos testigos de sus maravillas. También es posible que vivamos en un mar universal de conciencia, rodeados de éxtasis y conflictos susceptibles a nuestra influencia. Como los seres sensibles que somos, las dos posibilidades deben preocuparnos. – Timo Hannay, publicista

33. Hombres. – Helen Fisher, antropóloga biológica

34. El efecto de los medios sociales sobre los textos científicos. – Michael I. Norton, profesor de la escuela de negocios de Harvard

35. La arrogancia absoluta de la humanidad. – Jessica L. Tracy, profesora de psicología

36. Que la tecnología pueda poner en peligro la democracia. – Haim Harari, físico

37. No te preocupes, no habrá una singularidad. – Bruce Sterling, escritor de ciencia ficción

38. Destrucción mutuamente asegurada. –Vernor Vinge, matemático, computólogo, escritor

39. La desviación del esfuerzo intelectual de la innovación a la explotación, la distracción de las guerras constantes, el auge del fundamentalismo podrían generar una época de oscurantismo. – Frank Wilczek, físico de MIT

40. Necesitamos instituciones y normas culturales que nos hagan mejor de lo que somos. Me parece que nuestro más grande reto es construirlas. – Sam Harris, neurocientífico

41. “Me preocupa que realmente no entendamos los fenómenos cuánticos” – Lee Smolin, físico

42. Los estadunidenses están homogeneizando y exportando sus opiniones de una mente normal a todo el mundo. – P. Murali Doraiswamy, profesor de psiquiatría

43. El futuro de las publicaciones científicas. –Marco Iacoboni, neurocientífico

44. Que la nueva esfera pública digital no sea tan pública. – Andrew Lih, profesor de periodismo

45. Propongo que deberíamos estar preocupados no sólo por un problema, sino por todos los problemasposibles”. – Richard Foreman, dramaturgo y director

46. Estrés. – Arianna Huffington, agregacionista extraordinaria

47. Nos debería preocupar que la ciencia no nos haya hecho entender mejor el cáncer. – Xeni Jardin, Boing Boing

48. Que perdamos contacto, literalmente, con el mundo físico. – Christine Finn, arqueóloga.

49. Debería preocuparnos el increíble abismo psicológico que separa a la humanidad de la naturaleza – Scott Sampson, paleontólogo.

50. Que nos estemos volviendo tan conectados. – Gino Segre, profesor de física y astronomía

51. Que nos preocupemos demasiado. – Joseph LeDoux, neurocientífico

52. Me preocupa que estamos cada vez más inmersos en sistemas incompetentes, es decir, sistemas que exhiben un comportamiento patológico pero que no se pueden arreglar. – John Naughton, editor de Edge

53. Demasiado acoplamiento. – Steven Strogatz, profesor de matemáticas aplicadas, Cornell

54. Que el internet termine beneficiando a las estructuras actuales de poder y no a la sociedad en general. – Bruce Schneier, tecnólogo de seguridad

55. Que el tema de este año para Edge haya sido tan pobre. – Kai Krause, pionero en software

56. Que veremos el fin de la ciencia fundamental. – Mario Livio, astrofísico

57. La paradoja del progreso material. – Rolf Dobelli, periodista y escritor

58. Que seremos como ratas atrapadas en una trampa de mármol azul. –Gregory Benford, profesor de física y astronomía

59. Que la humanidad dejará de perseguir una cuidadosa observación. –Ursula Martin, computóloga

60. Lo que me preocupa es el “envejecimiento” de la población global, la cual está distribuida de forma no uniforme, pero generalizada, en el mundo. – David Berreby, periodista y escritor

61. Debería preocuparnos la creciente dominancia de la Cuarta Cultura [pop] y como podría afectarnos a todos, directa o indirectamente. – Bruce Parker, profesor

62. La lucha entre ingenieros y druidas. – Paul Saffo, analista tecnológico

63. Como alguien comprometido con la muerte de nuestro sistema solar y la entropía del universo, creo que al final la pregunta de lo que nos debe preocupar es irrelevante. – Bruce Hood

64. Una escasez de agua. – Giulio Boccaletti, físico

65. Que estamos inarticuladamente perdidos en la Modernidad. Muchos de nosotros presentimos el fin del algo, quizá una insignificancia futil en nuestra Modernidad. – Stuart A. Kauffman, profesor de ciencias biológicas, física y astronomía

66. Me preocupa la oportunidad perdida de negarle a los adolescentes del mundo el acceso a la educación. – Sarah-Jayne Blakemore

67. Realidad aumentada. – William Poundstone, periodista.

68. Que tanta información y los nuevos medios implicarán el fin de los hechos. –Victoria Stodden, profesor de estadística

69. Que pasaremos demasiado tiempo en los medios sociales. –Marcel Kinsbourne, neurólogo

70. Que la idiocracia nos amenace. –Douglas T. Kenrick, profesor de psicología

71. Que la separación entre las noticias y el entendimiento sea cada vez mayor. –Gavin Schmidt, climatólogo de la NASA

72. Me preocupa que no hemos tenido una conversación sobre lo que parece ser una “nueva normalidad” sobre la presencia de pantallas en el salón de juegos y en el kinder. – Sherry Turkle, psicóloga, MIT

73. Que nos volveremos irracionalmente impacientes con la ciencia. –Stuart Firestein, profesor que trabaja tan duro como puedo, carajo

74. Que nos emocionemos demasiado con la idea del viaje interestelar, porque no va a suceder. –Ed Regis, escritor de ciencia

75. Que la cooperación mundial fracase y no sepamos por qué. –Daniel Haun

76. Que nos preocupemos demasiado. –Joel Gold, psiquiatra

77. Me preocupa cada vez más lo que ocurrirá con las generaciones de niños que no tendrán ese regalo tan único de una niñez prolongada, protegida y estable. – Alison Gopnik

78. Que la biología sintética se saldrá de control. – Seirian Summer, orador en biología del comportamiento

79. La muerte de las matemáticas. – Keith Devlin, matemático

80. Que dejemos demasiados trabajos a las máquinas. – Susan Blackmore, psicóloga

81. Deberían preocuparnos los sitios en línea. Nos vuelven estúpidos y hostiles. –Larry Sanger, cofundador de Wikipedia

82. Que nos preocupemos demasiado. –Gary Klein, científico de MacroCognition

83. Que la especie humana pierda el deseo de sobrevivir. –Dave Winer, pionero de blog y el RSS

84. El exceso de testosterona producido por una brecha sexual en China. –Robert Kurzban, psicóloga

85. Una preocupación que todavía no está en la agenda cultural o científica son los derechos de privacidad de los datos neuronales –Melanie Swan, pensador a nivel de sistemas, futurista

86. Armagedón. – Timothy Taylor, arqueólogo

87. No hay de qué preocuparse, a pesar de que el LHC no ha revelado nuevos descubrimientos. – Amanda Gefter, editor

88. “Lo que más me preocupa es que cada vez perdemos más puentes formales e informales entre los distintos acercamientos intelectuales, mentales y humanísticos para ver el mundo.” – AntonZeilinger, físico

89. Que nos preocupemos demasiado. –Donald D. Hoffman, científico cognitivo

90. La creciente brecha entre la élite científica y la vasta mayoría de personas “científicamente discapacitados”. – Leo M. Chalupa, oftalmólogo y neurobiólogo

91. Me preocupa la idea de una amnesia colectiva. – Nogra Arikha, historiador de ideas

92. Que nos preocupemos demasiado. – Brian Knutson, profesor asociado de psicología

93. Que no entendamos la dinámica dela cultura global emergente. – Kirsten Bomblies, asistente de profesor en biología evolutiva y de organismos

94. Deberíamos preocuparnos por perder el deseo como eje para la reproducción de nuestra especie. – Tor Norretranders, escritor de ciencia

95. Que nos preocupamos demasiado, pero por la violencia ficticia. – Jonathan Gottschall, profesor de inglés

96. Deberían preocuparnos las consecuencias de nuestro conocimiento sobre la causa de las enfermedades, y sus consecuencias para la libertad humana. –Esther Dyson, Catalyst, Information Tech Startups

97. La muerte natural. – Antony Garrett Lisi, físico teórico

98. Lo que me preocupa es que el debate sobre las diferencias de género siga polarizando la idea de lo innato contra lo adquirido, y que algunas ciencias sociales y humanidades quieran asegurar que la biología no juega ningún papel, ignorantes de la evidencia científica en su contra. – Simon Baron-Cohen, psicólogo

99. El fin del académico. – Daniel L. Everett, investigador en lingüística

100. La inevitable intrusión de las fuerzas sociopolíticas en la ciencia. –Nicholas A Christakis, físico

101. Me preocupa quienes termine siendo los jugadores en el juego de la ciencia; y quienes queden fuera. – Stephon H. Alexander, físico

102. El hecho de que tantas personas elijan vivir de forma que limiten la comunidad del destino a una serie muy limitada de otros y que definan al resto como una amenaza a su forma de vida y valores es muy preocupante porque esta forma contemporánea de tribalismo, y las ideologías que lo respaldan, les permite negar interdependencias (locales, nacionales e internacionales) y eludir su propio papel para crear amenazas a largo plazo contra su propio bienestar y el de otros. – Margaret Levi, politólogo

103, 104. Que no podremos facilitar sinergias efectivas. –Stephen M. Kosslyn, Robin S. Rosenberg, psicólogos y fans de la sinergia

105. No me preocupa que una súper IA domine el mundo. – Andy Clark, filósofo y científico cognitivo

106. La geografía post humana que existirá cuando los robots se hayan adueñado de todos nuestros trabajos. – David Dalrymple, investigador del MIT

107. Que los alienígenas sean un peligro para la civilización. – Seth Shostak, SETI astrónomo

108. Que se ignore el papel de los microorganismos en el cáncer durante las actuales estrategias de secuenciación utilizadas por la comunidad médica. – Azra Raza, médico

109. Que la intuición moral y social de la humanidad obstaculice el proceso tecnológico. – David Pizarro, psicólogo

110. La ilusión de conocimiento y entendimiento que puede resultar de disponer de información tan fácilmente. – Tania Lombrozo, asistente de profesor en psicología

111. El fin de la inoculación contra las dificultades. – Adam Alter, psicólogo

112. El número explosivo de drogas ilegales. – Thomas Metzinger, filósofo

113. Superstición. – Matt Ridley, escritor de ciencia

114. Que las instituciones históricamente atrincheradas impidan el progreso tecnológico. – Paul Kedrosky, editor

115. Que en una o dos generaciones, los niños se convertirán en adultos que no podrán distinguir entre los real y lo imaginario. – Mihaly Csikszentmihalyi, psicólogo

116. Que nos preocupemos demasiado. –Virginia Heffernan, corresponsal de Yahoo Noticias

117. Debería preocuparnos nuestra forma de buscar esa sabiduría que nos permita navegar por los avances, conforme mejoramos nuestra habilidad para imprimir tejido humano, producir cerebros sintéticos, hacer que los robots cuiden de nuestros ancianos, permitir que internet eduque a nuestros niños. – Luca De Biase, periodista

118. Que la genómica nos falle en cuanto a los trastornos mentales. –Terrence J. Sejnowski, neurocientífico computacional

119. Lo que no me deja dormir por las noches es que tengamos una crisis con las bases más fundamentales de la física. La única salida parece involucrar una revisión profunda de los principios físicos fundamentales. – Steve Giddings, físico teórico

120. El aspecto que más me preocupa de nuestra sociedad es el bajo índice de sospecha que tenemos del comportamiento de las personas normales. – Karl Sabbagh, escritor, productor de TV

121. A muchas personas les preocupa que no haya suficiente democracia en el mundo; a mí me preocupa que nunca lleguemos más allá de la democracia. – Dylan Evans, presidente de Projection Point

122. No el crecimiento poblacional, sino el crecimiento de la prosperidad; la idea de que todo el mundo consuma sus recursos como los estadunidenses y los occidentales. – Laurence C. Smith, profesor de geografía

123. Que empecemos a tratar la tecnología como magia. – Neil Gershenfeld, físico en MIT

124. El auge de la inestabilidad genómica. – Eric J. Topol, M.D., profesor de genómica

125. Que las autoridades y compañías puedan leer la mente de las personas. – Stanislas Dehaene, neurocientífico

126. Que se detenga el crecimiento económico. – Satyajit Das, experto financiero

127. Me preocupa que la imaginación esté sobrevaluada y creo que esto conlleva riesgos. – Carlo Rovelli, físico teórico

128. Que nos preocupemos demasiado. –James J. O’Donnell, erudito

129. Que nos preocupemos demasiado. –Robert Provine, neurocientífico

130. Que no tendremos robots suficientes para hacer todos los trabajos que necesitaremos que hagan en las siguientes décadas. –Rodney A. Brooks, robótico

131. Que no tendremos un Plan B cuando el internet se caiga. –George Dyson, historiador científico

132. La singularidad. Que “somos curiosamente complacientes con la idea de que la vida como la conocemos se transforme. No debería preocupar que no estemos preocupados.” –Max Tegmark, físico en MIT

133. “Hay datos conocidos e incógnitas conocidas, pero lo que más nos debería preocupar son las incógnitas desconocidas.” –Gary Marcus, científico cognitivo

134. Que el cerebro no pueda concebir nuestros más graves problemas. –Daniel Goleman, psicólogo

135. “Debería preocuparnos que los científicos se hayan dado por vencidos en su búsqueda por determinar el bien y el mal, y que valores hará florecer a la humanidad, cuando las herramientas investigativas están apareciendo en línea” –Michael Shermer, publicista, revista Skeptic

136. La pérdida de nuestra cognitividad y conciencia colectiva. –Douglass Rushkoff, analista de medios

137. La caída del héroe científico. –Roger Highfield, Director, Science Museum Group

138. Que no podamos identificar la “buena vida.” – David Christian, historiador

139. Tatuajes eléctricos en Facebook y más. – Juan Enriquez

140. La captura regulatoria federal —es decir, cuando el zorro supervisa el corral en industrias como el petróleo y la extracción de carbón. – Charles Seife, profesor de periodismo

141. La precaria incapacidad de la sociedad para razonar sobre la incertidumbre. –Aubrey De Grey, gerontólogo

142. Que el conocimiento esté avanzando demasiado rápido. – Nicholas Humphrey, profesor de la Escuela de Economía de Londres

143. La “pesadilla” de la física fundamental. Peter Woit, físico-matemático

144. La homogenización de la experiencia humana. – Scott Atran, antropólogo

145. Que no podremos entenderlo todo. – Clifford Pickover, escritor de matemáticas

146. Que nos preocupemos demasiado, y “empaquetemos nuestras preocupaciones” de una manera perjudicial. – Mary Catherine Bateson, profesora emérita

147. Que como consecuencia del cambio climático, la escasez de recursos, los drones, y otras razones no anticipadas, estalle una gran guerra. – Steven Pinker, psicólogo

148. La estupidez. – Roger Schank, psicólogo

149. Ya dejé de preocuparme por el problema del libre albedrío, porque nunca quedará resuelto. – Howard Gardner, profesor de cognición y educación

150. Que la ciencia esté en peligro de convertirse en el enemigo de la humanidad. – Colin Tudge, biólogo, editor de New Scientist

151. Que no podremos vivir sin internet. – Daniel C. Dennet, filósofo

Con información de Animal Político.

¿De qué hablamos cuando hablamos de paz en Medio Oriente?

¿De qué hablamos cuando hablamos de paz en Medio Oriente?

Marcelo Marchese

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Si observamos los libros de viajeros de fines del XIX encontraremos que los palestinos se dedicaban a plantar limones, aceitunas y otras lindas cosas cuando hubieron de abandonar esas actividades al ser desplazados de sus tierras. En el resto del mundo árabe pasaba algo similar, un proceso sufrido hasta el día de hoy por nosotros, los latinoamericanos, que hemos decidido llamarlo extranjerización de nuestras tierras. Como ha sucedido históricamente en este vasto planeta que gira en el universo, los plantadores de limones y aceitunas lucharon contra esa realidad con medidas de resistencia conocidas como desobediencia civil (no pagar impuestos, negarse a portar una carnet de identidad) huelgas generales y rebeliones abiertas, las cuales (como además no contaban con el respaldo de sus propias clases dominantes) fueron masacradas, como sucede normalmente en esta esfera que gira alegremente en el Universo. Los que desplazaron a los aborígenes del Medio Oriente dicen que no había gente allí, algo difícil de creer apenas veamos los libros de viajes que comenté al principio, o que no constituían una nación, lo cual equivale a decir que una persona no tiene derechos porque aún no cuenta con una cédula de identidad o con libros de historia que digan disparates. Este desplazamiento llevado a cabo por los nuevos colonizadores contaba inicialmente con el respaldo de Gran Bretaña y de esta manera expresaba su Secretario de Relaciones Exteriores, el bueno de Arthur Balfour, las razones de su proceder: “Con razón o sin ella, bueno o malo, el sionismo está arraigado en necesidades presentes y esperanzas futuras de importancia mucho más profunda que los deseos de los más de 700.000 árabes que actualmente ocupan el antiguo país”. Con el respaldo interesado del Imperio inglés, y con una considerable ayuda financiera, y habida cuenta que los colonizadores habían sido masacrados y perseguidos innumerables veces y tenían derecho a reclamar un Estado propio, fueron desplazando a los indígenas y a la postre constituyeron su propio Estado soñado con el apoyo de los nuevos imperios emergentes. Pero los otros Estados circundantes no veían con buenos ojos al nuevo Estado que se convertía en una cuña bien metida por los imperios occidentales en una zona geoestratégica clave, y por ello constantemente lo atacaron pero nunca pudieron con él, ya sea por la eficiencia y coraje desplegado por los habitantes del nuevo Estado, ya sea por el respaldo internacional que tenía. Tal respaldo nadie lo niega. Hoy día es el Estado que recibe la principal ayuda que destina el Imperio que desplazó a la Pérfida Albión. Después de ellos está Egipto, con la condición de que sea garante de la paz de los vencedores (1). Cada vez que fue atacado, el nuevo Estado venció, e inevitablemente, como lógica inevitable en cualquier guerra, al triunfar se apoderaron de más territorios, desplazando aún más a los aborígenes. Actualmente los aborígenes se quedaron con un pedacito, como si dijéramos: viven en un pozo con niveles de desnutrición alarmantes. Si desde otras partes del mundo se intenta llevar provisiones al pozo a través de una flotilla, el nuevo Estado ataca a la flotilla y de hecho bloquea al pozo. No deja que llegue ayuda, pues desde el pozo le tiran piedras (fueron condenados no hace mucho a cadena perpetua unos botijas de catorce años que le tiraron piedras a un tanque) y lanzan unos misiles bastante dañinos allí donde caen, como todo misil, pero estos misiles lanzados desde el pozo se lanzan “para aquella zona” y no tienen la capacidad de ir a un lugar específico y determinado, como sí pueden hacerlo con precisión quirúrgica los misiles (no en vano tienen la ayuda militar que mentamos) del nuevo Estado. Tal este conflicto centenario, recientemente agarraron a tres botijas entre los colonizadores y los masacraron. Un acto bárbaro. Inmediatamente se acusó a un grupo ultraderechista formado en el pozo, pero el grupo ultraderechista y fundamentalista que siempre que se manda una de las suyas admite orgullosamente que fueron ellos, esta vez dijeron que no tenían nada que ver. Poco importa. Vuelven a tirarse misilazos de aquí para allá y viceversa, que de un lado aterrorizan a la gente matando a muy pocos, y del otro los aterrorizan y los hacen pedazos. ¿Por qué tiran misilazos desde el pozo si saben que después recibirán por centuplicado? Por un lado porque los han reducido a un pozo y es difícil que en el pozo apoyen a otro que no sea al energúmeno que tira misilazos, por otro lado porque así se justifican y por último porque los han arrinconado de tal manera que apelan a esta táctica. La política del nuevo Estado favorece el fortalecimiento de los energúmenos que tiran misilazos, así como estos energúmenos que tiran misilazos favorecen el fortalecimiento de los energúmenos dentro del nuevo Estado. Cada vez que un proceso de paz se ha iniciado aparece uno de estos vivillos para defecar arriba del pastel de la paz y entre ellos se favorecen y aunque digan ser enemigos, son la misma cosa.
Si desde nuestro pacífico Uruguay nos oponemos a la masacre desatada, hacemos bien en citar a algunos energúmenos que se encuentran dentro del pozo, que argumentan que su fin último es acabar con los que están fuera del pozo e instalar el reinado de Alá, como lo expresara Hamás, que nos dice que su objetivo es “la lucha contra el mal, derrotarlo y vencerlo para que la justicia pueda prevalecer, las patrias sean recuperadas y desde todas las mezquitas emerja la voz del muazín declarando el establecimiento del Estado del Islam, de modo que la gente y las cosas retornen a los lugares correctos y Alá sea nuestro salvador”. Pero si citamos estas fuentes, como ha hecho Gerardo Sotelo en reciente artículo (2) también debemos citar a los energúmenos del otro lado, que en su momento dijeron: “No cabe pensar en una reconciliación voluntaria entre nosotros y los árabes, ni ahora ni en un futuro previsible. Toda la gente inteligente, salvo los ciegos de nacimiento, comprendieron hace mucho la completa imposibilidad de llegar a acuerdos voluntarios con los árabes de Palestina para transformar Palestina de país árabe en país con una mayoría judía. Cualquiera de vosotros tiene una idea general de la historia de las colonizaciones. Buscad aunque sea un solo ejemplo de que la colonización de un país se haya producido con el acuerdo de la población nativa. Eso nunca ha ocurrido. Los nativos siempre lucharán obstinadamente contra los colonizadores. Da lo mismo que tengan cultura o no la tengan. Los compañeros de armas de Cortés y Pizarro se comportaron como bandidos. Los Pieles Rojas lucharon con ardor inflexible contra los colonizadores de buen y de mal corazón. Los nativos luchaban porque cualquier tipo de colonización, en cualquier parte, en cualquier época, es inadmisible para cualquier pueblo nativo (…) La colonización tiene un solo objetivo. Tal es la naturaleza de las cosas. No es posible cambiarla. Ha sido necesario desarrollar la colonización contra la voluntad de los árabes palestinos y la misma situación se da hoy (…). Por tanto, es inconcebible un acuerdo voluntario. Cualquier colonización, aun la más restringida, debe desarrollarse desafiando la voluntad de la población nativa. Por lo tanto, sólo puede continuar y desarrollarse bajo el escudo de fuerza que incluye una Muralla de Hierro”(3)
Si queremos la paz tenemos que entender que si un día los indígenas que se encuentran en las tristes reservaciones donde los arrinconamos (donde arrinconamos a los sobrevivientes) empiezan a tirarnos piedras y misiles, y citamos las frases de odio de algunos de esos indígenas que no aceptan “LA PAZ” que les impusimos, sin citar nuestra propias fracesitas, no estaremos ayudando a ningún proceso de paz, sino que estaremos ayudándonos a nosotros mismos, los vencedores, que todavía seguimos arrinconando a los indígenas, y masacrándolos, con el espurio propósito de cortar árboles para vender madera o plantar soja para el mayor beneficio de nuestra civilización superior (4).
Si queremos la paz tenemos que enfrentarnos con uñas y dientes a una grosera mistificación que se ha tejido sobre la realidad. Se argumenta por la paz, pero se destinan millones de dólares para tergiversar la realidad. Las olas de esta campaña ideológica también llegan a nuestro paisito. Hace diez años, a principios de curso desapareció el texto de Santillana para tercer año de liceo. El equipo de la trasnacional que elabora los textos que leen la mayoría de nuestros jóvenes tuvo a bien, imagine el lector la verdadera causa de este proceder, modificar el texto de estudio cada vez que hiciera mención al conflicto entre el Estado de Israel y los palestinos. Los palestinos, como por arte de magia, pasaban a ser terroristas palestinos y aquel capítulo que titulábase: “Judíos: la búsqueda de un territorio”, pasaba a titularse: “Israel: la vuelta a la patria ancestral”, pero lo más preocupante fue la eliminación, in totum, de la explicación del antisemitismo. Si las diferentes políticas antisemitas, además de todas las aberraciones imaginables, prohibían a los judíos comprar tierras o integrar ejércitos y por esa causa, y otras más, en Europa se dedicaban a los negocios y compraban las casas de los que se arruinaban en las guerras, despertando la aversión de quienes perdían sus propiedades convirtiéndose en pasto de cultivo del nazismo, toda esa explicación se borraba y un espacio en blanco erigido en nada se brindaba para el mayor conocimiento de nuestros adolescentes. Como profesor de Historia tuve los dos manuales de Santillana en mis manos y pude apreciar cómo aquella lejana guerra en Medio Oriente también se libraba en nuestro país.
Todo lo anterior no significa que nos opongamos a la existencia del Estado de Israel. Tal Estado ya es un hecho, como los Estados americanos, y un país de economía agraria como el nuestro haría bien en estudiar de qué manera los judíos, habida cuenta del respaldo que tienen, desarrollaron la economía de Israel haciendo una fuerte apuesta a la inteligencia y destinando recursos a la investigación. Israel nos da un maravilloso ejemplo del uso que se le puede dar a los eucaliptus que inocentemente cultivamos en nuestras praderas: ellos los usaron para desecar pantanos, lo cual quiere decir que si tenemos un país encharcado por pantanos, bien hacemos en seguir cultivando eucaliptus. Ahora bien, no sólo esta pequeña economía agrícola haría bien en estudiar la economía israelita; los árabes también harían bien en estudiar ese proceso sumamente interesante. Lo que no podemos hacer es pretender que estudien nada desde un pozo y que hagan un Estado con un pozo. Años de guerra y el subsiguiente odio generado obstaculizarán cualquier paz y esta guerra continuará ad infinitum cada vez que se obligue a millones a vivir en un pozo, y cada vez que a los energúmenos que se encuentran dentro de los dos bandos les convenga la guerra, en tanto por encima de ellos planean otros buitres a quienes les conviene que una serie de Estados se enfrenten en Medio Oriente.

(1) No está demás recordar el brutal golpe de estado que el Ejército egipcio ha dado recientemente.
(2) Gerardo Sotelo. Israel vs Hamás: entre el terrorismo y las causas justas http://columnistas.montevideo.com.uy/categoria_167_1_1.html
(3) Zeev Jabotinsky. La Muralla de Hierro.
(4) “Suponiendo que su Majestad el Sultán nos entregase Palestina, podríamos a cambio ocuparnos de regularizar las finanzas de Turquía. Formaríamos allí una avanzada de la civilización frente a la barbarie” Theodor Herzl, 1896.