¿De qué hablamos cuando hablamos de paz en Medio Oriente?

¿De qué hablamos cuando hablamos de paz en Medio Oriente?

Marcelo Marchese

palestina-israel

Si observamos los libros de viajeros de fines del XIX encontraremos que los palestinos se dedicaban a plantar limones, aceitunas y otras lindas cosas cuando hubieron de abandonar esas actividades al ser desplazados de sus tierras. En el resto del mundo árabe pasaba algo similar, un proceso sufrido hasta el día de hoy por nosotros, los latinoamericanos, que hemos decidido llamarlo extranjerización de nuestras tierras. Como ha sucedido históricamente en este vasto planeta que gira en el universo, los plantadores de limones y aceitunas lucharon contra esa realidad con medidas de resistencia conocidas como desobediencia civil (no pagar impuestos, negarse a portar una carnet de identidad) huelgas generales y rebeliones abiertas, las cuales (como además no contaban con el respaldo de sus propias clases dominantes) fueron masacradas, como sucede normalmente en esta esfera que gira alegremente en el Universo. Los que desplazaron a los aborígenes del Medio Oriente dicen que no había gente allí, algo difícil de creer apenas veamos los libros de viajes que comenté al principio, o que no constituían una nación, lo cual equivale a decir que una persona no tiene derechos porque aún no cuenta con una cédula de identidad o con libros de historia que digan disparates. Este desplazamiento llevado a cabo por los nuevos colonizadores contaba inicialmente con el respaldo de Gran Bretaña y de esta manera expresaba su Secretario de Relaciones Exteriores, el bueno de Arthur Balfour, las razones de su proceder: “Con razón o sin ella, bueno o malo, el sionismo está arraigado en necesidades presentes y esperanzas futuras de importancia mucho más profunda que los deseos de los más de 700.000 árabes que actualmente ocupan el antiguo país”. Con el respaldo interesado del Imperio inglés, y con una considerable ayuda financiera, y habida cuenta que los colonizadores habían sido masacrados y perseguidos innumerables veces y tenían derecho a reclamar un Estado propio, fueron desplazando a los indígenas y a la postre constituyeron su propio Estado soñado con el apoyo de los nuevos imperios emergentes. Pero los otros Estados circundantes no veían con buenos ojos al nuevo Estado que se convertía en una cuña bien metida por los imperios occidentales en una zona geoestratégica clave, y por ello constantemente lo atacaron pero nunca pudieron con él, ya sea por la eficiencia y coraje desplegado por los habitantes del nuevo Estado, ya sea por el respaldo internacional que tenía. Tal respaldo nadie lo niega. Hoy día es el Estado que recibe la principal ayuda que destina el Imperio que desplazó a la Pérfida Albión. Después de ellos está Egipto, con la condición de que sea garante de la paz de los vencedores (1). Cada vez que fue atacado, el nuevo Estado venció, e inevitablemente, como lógica inevitable en cualquier guerra, al triunfar se apoderaron de más territorios, desplazando aún más a los aborígenes. Actualmente los aborígenes se quedaron con un pedacito, como si dijéramos: viven en un pozo con niveles de desnutrición alarmantes. Si desde otras partes del mundo se intenta llevar provisiones al pozo a través de una flotilla, el nuevo Estado ataca a la flotilla y de hecho bloquea al pozo. No deja que llegue ayuda, pues desde el pozo le tiran piedras (fueron condenados no hace mucho a cadena perpetua unos botijas de catorce años que le tiraron piedras a un tanque) y lanzan unos misiles bastante dañinos allí donde caen, como todo misil, pero estos misiles lanzados desde el pozo se lanzan “para aquella zona” y no tienen la capacidad de ir a un lugar específico y determinado, como sí pueden hacerlo con precisión quirúrgica los misiles (no en vano tienen la ayuda militar que mentamos) del nuevo Estado. Tal este conflicto centenario, recientemente agarraron a tres botijas entre los colonizadores y los masacraron. Un acto bárbaro. Inmediatamente se acusó a un grupo ultraderechista formado en el pozo, pero el grupo ultraderechista y fundamentalista que siempre que se manda una de las suyas admite orgullosamente que fueron ellos, esta vez dijeron que no tenían nada que ver. Poco importa. Vuelven a tirarse misilazos de aquí para allá y viceversa, que de un lado aterrorizan a la gente matando a muy pocos, y del otro los aterrorizan y los hacen pedazos. ¿Por qué tiran misilazos desde el pozo si saben que después recibirán por centuplicado? Por un lado porque los han reducido a un pozo y es difícil que en el pozo apoyen a otro que no sea al energúmeno que tira misilazos, por otro lado porque así se justifican y por último porque los han arrinconado de tal manera que apelan a esta táctica. La política del nuevo Estado favorece el fortalecimiento de los energúmenos que tiran misilazos, así como estos energúmenos que tiran misilazos favorecen el fortalecimiento de los energúmenos dentro del nuevo Estado. Cada vez que un proceso de paz se ha iniciado aparece uno de estos vivillos para defecar arriba del pastel de la paz y entre ellos se favorecen y aunque digan ser enemigos, son la misma cosa.
Si desde nuestro pacífico Uruguay nos oponemos a la masacre desatada, hacemos bien en citar a algunos energúmenos que se encuentran dentro del pozo, que argumentan que su fin último es acabar con los que están fuera del pozo e instalar el reinado de Alá, como lo expresara Hamás, que nos dice que su objetivo es “la lucha contra el mal, derrotarlo y vencerlo para que la justicia pueda prevalecer, las patrias sean recuperadas y desde todas las mezquitas emerja la voz del muazín declarando el establecimiento del Estado del Islam, de modo que la gente y las cosas retornen a los lugares correctos y Alá sea nuestro salvador”. Pero si citamos estas fuentes, como ha hecho Gerardo Sotelo en reciente artículo (2) también debemos citar a los energúmenos del otro lado, que en su momento dijeron: “No cabe pensar en una reconciliación voluntaria entre nosotros y los árabes, ni ahora ni en un futuro previsible. Toda la gente inteligente, salvo los ciegos de nacimiento, comprendieron hace mucho la completa imposibilidad de llegar a acuerdos voluntarios con los árabes de Palestina para transformar Palestina de país árabe en país con una mayoría judía. Cualquiera de vosotros tiene una idea general de la historia de las colonizaciones. Buscad aunque sea un solo ejemplo de que la colonización de un país se haya producido con el acuerdo de la población nativa. Eso nunca ha ocurrido. Los nativos siempre lucharán obstinadamente contra los colonizadores. Da lo mismo que tengan cultura o no la tengan. Los compañeros de armas de Cortés y Pizarro se comportaron como bandidos. Los Pieles Rojas lucharon con ardor inflexible contra los colonizadores de buen y de mal corazón. Los nativos luchaban porque cualquier tipo de colonización, en cualquier parte, en cualquier época, es inadmisible para cualquier pueblo nativo (…) La colonización tiene un solo objetivo. Tal es la naturaleza de las cosas. No es posible cambiarla. Ha sido necesario desarrollar la colonización contra la voluntad de los árabes palestinos y la misma situación se da hoy (…). Por tanto, es inconcebible un acuerdo voluntario. Cualquier colonización, aun la más restringida, debe desarrollarse desafiando la voluntad de la población nativa. Por lo tanto, sólo puede continuar y desarrollarse bajo el escudo de fuerza que incluye una Muralla de Hierro”(3)
Si queremos la paz tenemos que entender que si un día los indígenas que se encuentran en las tristes reservaciones donde los arrinconamos (donde arrinconamos a los sobrevivientes) empiezan a tirarnos piedras y misiles, y citamos las frases de odio de algunos de esos indígenas que no aceptan “LA PAZ” que les impusimos, sin citar nuestra propias fracesitas, no estaremos ayudando a ningún proceso de paz, sino que estaremos ayudándonos a nosotros mismos, los vencedores, que todavía seguimos arrinconando a los indígenas, y masacrándolos, con el espurio propósito de cortar árboles para vender madera o plantar soja para el mayor beneficio de nuestra civilización superior (4).
Si queremos la paz tenemos que enfrentarnos con uñas y dientes a una grosera mistificación que se ha tejido sobre la realidad. Se argumenta por la paz, pero se destinan millones de dólares para tergiversar la realidad. Las olas de esta campaña ideológica también llegan a nuestro paisito. Hace diez años, a principios de curso desapareció el texto de Santillana para tercer año de liceo. El equipo de la trasnacional que elabora los textos que leen la mayoría de nuestros jóvenes tuvo a bien, imagine el lector la verdadera causa de este proceder, modificar el texto de estudio cada vez que hiciera mención al conflicto entre el Estado de Israel y los palestinos. Los palestinos, como por arte de magia, pasaban a ser terroristas palestinos y aquel capítulo que titulábase: “Judíos: la búsqueda de un territorio”, pasaba a titularse: “Israel: la vuelta a la patria ancestral”, pero lo más preocupante fue la eliminación, in totum, de la explicación del antisemitismo. Si las diferentes políticas antisemitas, además de todas las aberraciones imaginables, prohibían a los judíos comprar tierras o integrar ejércitos y por esa causa, y otras más, en Europa se dedicaban a los negocios y compraban las casas de los que se arruinaban en las guerras, despertando la aversión de quienes perdían sus propiedades convirtiéndose en pasto de cultivo del nazismo, toda esa explicación se borraba y un espacio en blanco erigido en nada se brindaba para el mayor conocimiento de nuestros adolescentes. Como profesor de Historia tuve los dos manuales de Santillana en mis manos y pude apreciar cómo aquella lejana guerra en Medio Oriente también se libraba en nuestro país.
Todo lo anterior no significa que nos opongamos a la existencia del Estado de Israel. Tal Estado ya es un hecho, como los Estados americanos, y un país de economía agraria como el nuestro haría bien en estudiar de qué manera los judíos, habida cuenta del respaldo que tienen, desarrollaron la economía de Israel haciendo una fuerte apuesta a la inteligencia y destinando recursos a la investigación. Israel nos da un maravilloso ejemplo del uso que se le puede dar a los eucaliptus que inocentemente cultivamos en nuestras praderas: ellos los usaron para desecar pantanos, lo cual quiere decir que si tenemos un país encharcado por pantanos, bien hacemos en seguir cultivando eucaliptus. Ahora bien, no sólo esta pequeña economía agrícola haría bien en estudiar la economía israelita; los árabes también harían bien en estudiar ese proceso sumamente interesante. Lo que no podemos hacer es pretender que estudien nada desde un pozo y que hagan un Estado con un pozo. Años de guerra y el subsiguiente odio generado obstaculizarán cualquier paz y esta guerra continuará ad infinitum cada vez que se obligue a millones a vivir en un pozo, y cada vez que a los energúmenos que se encuentran dentro de los dos bandos les convenga la guerra, en tanto por encima de ellos planean otros buitres a quienes les conviene que una serie de Estados se enfrenten en Medio Oriente.

(1) No está demás recordar el brutal golpe de estado que el Ejército egipcio ha dado recientemente.
(2) Gerardo Sotelo. Israel vs Hamás: entre el terrorismo y las causas justas http://columnistas.montevideo.com.uy/categoria_167_1_1.html
(3) Zeev Jabotinsky. La Muralla de Hierro.
(4) “Suponiendo que su Majestad el Sultán nos entregase Palestina, podríamos a cambio ocuparnos de regularizar las finanzas de Turquía. Formaríamos allí una avanzada de la civilización frente a la barbarie” Theodor Herzl, 1896.

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