El terrible sonido de vuestro silencio bajo el ardiente sol del verano ucraniano

El terrible sonido de vuestro silencio bajo el ardiente sol del verano ucraniano.

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Podría volver a describiros cómo un ejército de mercenarios nazis y un gobierno legitimado por más de medio mundo están asesinando y torturando a miles de personas por simples motivos de odio e intereses económicos, pero seguramente los que lleguéis a leer esto lo sabéis perfectamente. Y ya duele tanto escribirlo como verlo a diario. Así que me niego a hacerlo nuevamente. También podría volver a reflexionar sobre el socialismo, la lucha de los pueblos, la libertad… Y seguiría siendo de igual manera infructuoso.

Este escrito, cumpla finalmente su función o no, va dirigido a la totalidad de la población, que como en anteriores ocasiones publiqué, sería incapaz de mantener los ojos abiertos más de un segundo al presenciar tan injustificable masacre. Lo escribo en un momento delicado, bastante delicado, de gran incertidumbre, cuando en la base apenas sale un hilo de agua de los grifos, y ni puedo imaginar cómo estarán en otras poblaciones más asediadas. Se perciben caras de preocupación entre los milicianos más experimentados. El idioma es una dificultad, pero poco a poco vas entendiendo parte de las conversaciones, y sobre todo, interpretas gestos, caras, miradas. Me da la sensación de que la Junta golpista de Kiev quiere echar el resto antes de posibles toques de atención, vengan de donde vengan. Esa es al menos mi opinión. Están intentando tomar la región por todas partes, y eso evidentemente se traduce en más muerte y destrucción.

Pero insisto, la motivación que me lleva a detenerme un instante a escribir no es volver a transmitiros un parte de guerra. No se trata de eso. Solo pretendo que intentéis hacer el esfuerzo de sentir lo que he sentido al mirar tantos ojos inundados del más absoluto dolor. Te desgarra el corazón. Dormir cada noche al lado de un gran hombre, que se preocupó por nuestro bienestar desde que llegamos (en la medida que la actual precariedad lo permite), que no descansaba hasta asegurarse de que la labor que desempeñaba por su pueblo estaba concluida. Y al día siguiente portar su féretro rodeado de su familia e innumerables amigos rotos de dolor. Eso destroza a cualquiera.

Hace un par de días me encontraba al otro lado de un río controlando un pequeño bosque y unos caminos y senderos que daban acceso a una pequeña población de la región de Donetsk, con el horrible sonido de las bombas de fondo. Vigilábamos la retaguardia de la primera línea que intentaba asegurar la zona de Yasunovata, castigada a diario durante el pasado fin de semana por la artillería del ejercito ukronazi. Trancurridas unas horas, mi superior situado al otro lado del río para guardar la entrada del camino principal del pueblo, me hizo señas para que me dirigiera hacia él. Los vecinos nos habían sacado leche fresca muy fría y una especie de carne rebozada que no supe indentificar, pero que agradecías enormemente después de tanto rato bajo un insufrible sol, con botas, pantalón largo, chaqueta, un pesado chaleco y demás accesorios indispensables. Más aún cuando la botella de agua que teníamos en el vehículo casi se evaporaba de la alta temperatura.

Mientras tomábamos dicho refrigerio varios vecinos se acercaron, agradecieron mi labor, nuestra labor, y me dieron muestras de profundo y sincero respeto por haber venido desde tan lejos para apoyar su defensa. Mi “khomandir” ya les había estado contando nuestro periplo. Al rato, una preciosa niña de unos 10-12 años se acercó junto con su perro, ya que su padre se encontraba charlando con nosotros. De pronto reconoció mi cara y el lazo republicano de mi muñeca al haberlo visto días atrás en la televisión en una de las entrevistas que nos realizaron. Unas entrevistas que por cierto desesperan, no porque considere que no puedan ser de utilidad, sino porque se te ocurren mil cosas mejores que hacer en esta tierra dada la situación actual. Al verme sonrió, una de esas sonrisillas semi avergonzadas al encontrarse allí junto a alguien que había visto en televisión. Una linda sonrisa.

Dos horas después, encontrándonos de nuevo en nuestras posiciones, un compañero me alertó de que tenía que regresar rápidamente al vehículo. Corres como nunca lo has hecho al escuchar cada vez más cerca los estruendos de tu columna en retirada y los bombazos de la artillería enemiga. Monté en el coche que me esperaba con la puerta abierta y ya en movimiento. Había que marcharse con total celeridad, ya que habían llegado significativos refuerzos del ejército fascista y no se podía mantener la posición sin comprometer la seguridad de la población. Había que llevárselos de allí. Vigilante desde la ventanilla del coche, mientras abandonábamos el pueblo, observaba como sus habitantes nos despedían con gritos de ánimo, aplausos y puños en alto desde las puertas de sus casas. Entonces volví a ver a esa niña, ella no aplaudía ni gritaba. Esa preciosa niña tenía dibujado en sus ojos la imagen del más absoluto terror. Esa niña, que seguramente meses atras vivía feliz, iba al colegio y jugaba con sus familiares y amigos, ahora solo podía pensar en cómo de cerca caerían las bombas y los misiles. No sé como estará. No sé si su pueblo ha sido bombardeado en estos días. Es posible, ya que el conflicto en la zona sigue siendo duro y constante. Historias miles, diarias, dramáticas. Las que llegas a conocer y las que no. Como para escribir uno y cien libros cargados de sufrimiento y horror. A los pocos días de llegar aquí, discutía por wassap con un familiar directo acerca de por qué había tomado la decision de llevar a cabo esta “locura”. Comprometía mi seguridad y la de mi familia. Por desgracia, como poco después ocurrió, también comprometía su seguridad y su intimidad. Les dejaba sumidos en la más absoluta preocupación, con los riesgos que esto también conllevaba.¿Por qué lo he hecho? Porque si algún día mi pueblo, mi gente, mi familia y amigos, se encuentran sufriendo una atrocidad semejante a la que padece esta población, solo podré soñar y desear que mucha gente tome esta misma decisión que yo he tomado. Y porque creo que a todos y cada uno de vosotros os ocurriría lo mismo. Y cerca de cumplir un mes en el Donbass os diré que aunque a nadie le desearía tener que presenciar y vivir esto, no me arrepiento en absoluto de estar aquí. Aunque solo fuese para tratar de transmitiros, como ahora intento hacer, de mi puño y letra, cuánto sufrimiento producen los macabros intereses de unos pocos.

Les culpo a ellos, son los máximos responsables de esta terrible página de la historia. Al presidente Petro Poroshenko y su gobierno golpista de ideología nazi-fascista. Culpo también a los Estados Unidos y los estados títeres de la Unión Europea. Pero, y perdonadme por el atrevimiento, también os culpo a todos los que con total indiferencia miráis hacia otro lado, ponéis excusas vacías, y no hacéis absolutamente nada por estos niños, estos ancianos, estas personas que de manera independiente, y ajenas a ideologías, lo único que quieren es recuperar la paz y libertad que les ha sido arrebatada hace demasiado tiempo. Supongo que la comodidad de vuestras vidas no os deja tiempo y/o ganas para más. Os acuso de ser cómplices silenciosos del asesinato, tortura y masacre de miles de personas. Porque si queréis podéis conocer la verdad de lo que aquí ocurre. Yo lo hice previamente a mi viaje. Porque si queréis, entre todos, podemos acabar con ello. Me dan igual vuestras ideologías y tendencias políticas. Aquí hay un gobierno que está masacrando a la población civil. Utiliza para ello grupos armados de ideología fascista. Y fuerza a otros muchos ciudadanos a ir a morir y matar en contra de su voluntad. Muchos de ellos se han negado a colaborar en la masacre y han pasado a formar parte de las milicias o han huido por temor a represalias. Frente a ellos hay una milicia formada en su inmensa mayoría por trabajadores como vosotros, que con múltiples tendencias, puntos de vista y sensibilidades, cierto es, dedican sus mejores esfuerzos a defender la población civil. A defender a la gente. A los ancianos, a las mujeres, a los niños. Me enorgullece ver cómo mis compañeros en España están luchando para detener el genocidio en Gaza. Tenéis todo mi apoyo. Pero al mismo tiempo me entristece profundamente observar cómo muchos miran hacia otro lado en lo que al conflicto ucraniano se refiere. No puedo entenderlo. ¿A que tenéis miedo? ¿Es quizás porque nos toca lo suficientemente cerca que nuestra implicación debería ser mayor? ¿Es porque está en nuestras manos exigir a nuestros respectivos gobiernos que dejen de legitimar y financiar a otro gobierno que está persiguiendo y aniquilando a gran parte de su población? ¿Acaso no luchamos por la justicia y la libertad de los pueblos? Son personas las que aquí mueren a diario. Personas como tú y como yo. Que hasta hace muy poco disfrutaban de la tranquilidad y comodidad que ahora estaréis disfrutando en vuestros hogares. Y que les fue robada para siempre tras el golpe de maidan. Se llama empatía, ponerse en el lugar del otro. Se llama solidaridad, no permitir esta injusticia.

Nota: Disculpad la carencia de acentuación del escrito, el lenguaje sexista que a veces he empleado, así como si se encuentra alguna falta de ortografia. No tengo acceso frecuente a ordenadores portátiles. Y los que tengo tienen un teclado en cirílico. Y no tengo tiempo para revisar y adaptar el escrito. Os agradecería que fuera corregido en lo posible para su difusión. Gracias.

No pasarán!

Rafa, miliciano español combatiente en la Brigada Vostok.
Donetsk 2014-08-18

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Carta de Arendt, Einstein y otros intelectuales judíos sobre la política de Israel (2/12/1948)

Carta de Hannah Arendt, Albert Einstein y otras personalidades judías al New York Times el 2 de diciembre de 1948

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Al editor de The New York Times:

Entre los fenómenos políticos más inquietantes de nuestra época tenemos, en el Estado de reciente creación de Israel, la aparición del «Partido de la Libertad» (Tnuat Haheteur) (1), un partido político con un enorme parecido en cuanto a su organización, métodos, filosofía política y planteamientos sociales, a los partidos nazi y fascista. Dicho partido ha sido formado por los miembros y partidarios del antiguo Irgun Zyai Leumi, una organización nacionalista de extrema derecha en Palestina.

La actual visita del jefe de esta agrupación, Menachem Begin (2), a Estados Unidos, obviamente se ha calculado para dar la impresión de un apoyo estadounidense a su partido para las próximas elecciones israelíes y para cimentar vínculos políticos con los elementos sionistas conservadores de Estados Unidos. Muchos estadounidenses de reputación nacional han prestado sus nombres para acoger esta visita.

Es inconcebible que quienes se oponen al fascismo en el mundo entero, si están correctamente informados sobre el pasado y las perspectivas políticas de Begin, puedan añadir sus nombres y su apoyo al movimiento que representa.

Antes de que las contribuciones económicas y las manifestaciones públicas de apoyo a Begin causen daños irreparables y antes de dar en Palestina la impresión de que una gran parte de Estados Unidos apoya a los elementos fascistas de Israel, el público estadounidense tiene que estar informado del pasado y los objetivos de Begin y su movimiento.

Las declaraciones públicas del partido de Begin (3) no muestran su auténtico carácter. Actualmente hablan de libertad, democracia y antiimperialismo, mientras que hasta ayer predicaban abiertamente la doctrina del Estado fascista. Pero sus actuaciones traicionan sus palabras y muestran el auténtico carácter de este partido terrorista. De sus acciones pasadas podemos deducir lo que puede hacer en el futuro.

El ataque a una aldea árabe

Un ejemplo escandaloso ha sido su actuación en la aldea árabe de Deir Yassin. Este pueblo, lejos de las carreteras principales y rodeado de tierras judías, no tomó parte en la guerra e incluso combatió a las bandas árabes que querían utilizar el pueblo como base.

El 9 de abril, según información proporcionada por el New York Times, las bandas terroristas atacaron ese tranquilo pueblo, que no era un objetivo militar en la guerra, y mataron a la mayoría de sus habitantes, 240 hombres, mujeres y niños, y mantuvieron a algunos con vida para hacerlos desfilar como prisioneros por las calles de Jerusalén.

La mayor parte de la comunidad judía se quedó horrorizada por este acto y la Agencia Judía envió un telegrama de disculpa al rey Abdalá de Transjordania (4). Pero los terroristas, lejos de avergonzarse de sus actos, estaban orgullosos de esta masacre, la proclamaron ampliamente e invitaron a todos los corresponsales extranjeros presentes en el país para que fueran a ver los montones de cadáveres y los daños perpetrados en Deir Yassin.

El ataque a Deir Yassin ilustra el carácter y las acciones del Partido de la Libertad, que entre la comunidad judía predica una mezcla de ultranacionalismo, misticismo religioso y superioridad racial. Lo mismo que otros partidos fascistas, ha colaborado para romper las huelgas y ellos mismos han alentado la destrucción de los sindicatos libres. En su congreso propusieron los sindicatos corporativos sobre el modelo fascista italiano.

Durante los últimos años de violencias antibritánicas esporádicas, el IZL y el grupo Stern han implantado el reino del terror entre la comunidad judía de Palestina. Han apaleado a profesores que hablaban mal de ellos y han abatido a padres de alumnos para impedir que sus hijos se reunieran con los maestros. Con métodos propios de gángsters: palizas, ventanas rotas y robos generalizados, los terroristas intimidan a la población y exigen un alto precio.

Los hombres del Partido de la Libertad no participan en los trabajos constructivos en Palestina. No construyeron colonias y sólo han disminuido la actividad de la defensa judía. Sus esfuerzos en la inmigración, muy divulgados, son minuciosos y se dedican principalmente a reclutar compatriotas fascistas.

Contradicciones

Las contradicciones entre las bonitas afirmaciones que ahora hacen Begin y su partido y los informes de sus pasadas actuaciones en Palestina dan la impresión de un partido político poco corriente. Lleva la marca indudable de un partido fascista para el que el terrorismo (contra los judíos, los árabes y los británicos) y las falsas declaraciones son los movimientos, y cuyo objetivo es un «Estado líder».

A la vista de las observaciones precedentes, es imprescindible que en este país se conozca la verdad sobre Begin y su movimiento. Todavía es más trágico que la alta dirección del Sionismo estadounidense haya rechazado hacer una campaña contra las pretensiones de Begin e incluso se haya negado a explicar a sus propios elementos los peligros que conlleva para Israel el apoyo a Begin.

Por lo tanto, los abajo firmantes utilizamos este medio para presentar públicamente algunos hechos esclarecedores con respecto a Begin y su partido y para recomendar a todos a quienes concierne que no apoyen esta última manifestación del fascismo.

Firman: Isidore Abramowitz, Hannah Arendt, Abraham Brick, Rabbi Jessurun Cardozo, Albert Einstein, Herman Eisen, Hayim Fineman, M. Gallen, H.H. Harris, Zelig S. Harris, Sidney Hook, Fred Karush, Bruria Kaufman, Irma L. Lindheim, Nachman Majsel, Seymour Melman, Myer D., Mendelson, Harry M. Orlinsky, Samuel Pitlick, Ffritz Rrohrlich, Louis P. Rocker, Ruth Sager, Itzhak Sankowsky, I.J. Shoenberg, Samuel Shuman, M. Znger, Irma Wolpe, Stefan Wolpe.

Sufrimiento y coraje en el este de Ucrania

Sufrimiento y coraje en el este de Ucrania

Fernando Gutiérrez Almeira

Hay algo que hace de menor importancia el hecho de que el gobierno de Kiev, en Ucrania, es hoy un gobierno títere de los intereses de EEUU y la Unión Europea, que procuran sostener una esfera de influencia lo más extensa posible en contra de la alianza de las potencias emergentes, Rusia-China-India-Brasil. Incluso hace irrelevante el hecho de que la bazofia neonazi se encuentre amparada y financiada por este gobierno criminal y secuaz de intereses extranjeros. Se trata del notable hecho de que, independientemente del apoyo que estén recibiendo desde Rusia, los milicianos del este de Ucrania, y la gente que habita en esa zona está dando una demostración de coraje, de entereza, de humanidad contenida y reforzada frente al embate de las bestias que bombardean indiscriminadamente, que confiados en su superioridad numérica y logística pretenden convertir esa región en tierra arrasada, ensangrentada y humillada.

Hoy, 25 de agosto de 2014, mientras en mi país, Uruguay, practicamente toda la ciudadanía ignora el drama que está aconteciendo, ya hemos visto con claridad que la ambición de las potencias occidentales se ha encontrado con la voluntad de hierro de una organizada y decidida resistencia de un pueblo que, lejos de la humillación levanta la cabeza y opta por la única salida que le es posible: la lucha sin tregua, la autodefensa hasta el final.

Justamente ayer en Donetsk los milicianos y el pueblo se manifestaron contra los intereses de Kiev exhibiendo con repudio a los asesinos que están destruyendo familias mediante bombardeos indiscriminados, en un gesto que recuerda precisamente el que una vez se realizó contra tropas nazis, lavando simbólicamente al término del acto las calles y trasladando a la prisión nuevamente a los criminales después de no más de media hora de caminata, sin causar a estos mayor daño que el de herir su autoestima y su ceguera frente a sus propios actos, algo muy distinto de la cruel indiferencia con que ellos han estimado la vida ajena. Símbolo claro de este hecho es esta foto que nos recuerda que también una mujer y una madre tiene la fuerza y la entereza para demostrar dignidad y voluntad y hacer frente a la brutalidad asesina.

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Lo cual no quita que también sea una mujer, en representación de Alemania, la que llega a Ucrania para abrazarse amorosamente con el líder de un gobierno sin conciencia y sin escrúpulos…

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Pero mi intención en este artículo no es polemizar sobre la guerra, o sobre su imperante desarrollo, o sobre los deseos de paz que están en mi y seguramente están en el corazón de todos los habitantes de Ucrania que están sufriendo en su propia carne y la de sus familiares sus horrendas consecuencias. Mi intención al escribir este artículo es acompañarlo con un pequeño conjunto de videos que para mi han sido tremendamente reveladores de la fuerza espiritual que sostiene a los resistentes…

En el primero de ellos tenemos el testimonio de un joven que ha decidido unirse a la resistencia al ver el sufrimiento que poco a poco se acumulaba a su alrededor y que visiblemente conmovido se manifiesta deseoso de luchar hasta el final por la tierra de sus padres y de sus abuelos…

En el segundo se revela la voluntad de luchar moderada por sus mayores de un jovencito de 15 años, que ha querido entrar en la milicia porque ha querido seguir a su padre y no defraudarlo y ha obtenido de este el permiso para participar en entrenamientos y funciones de apoyo a las tropas. Notable conciencia del valor de la vida se demuestra a su alrededor cuando se estima que no debe involucrarse en combate directo hasta ser mayor de edad.

En el tercero podemos escuchar las palabras de un niño que está por el momento destinado a vivir bajo tierra junto a su familia, pero que se nos muestra a pesar de ello con una gran voluntad de seguir adelante con su infancia…

Por último, en el cuarto, verán a una madre herida por uno de esos bombardeos criminales contra civiles, que penando en una cama de hospital solo piensa en su hija que ha recibido la peor parte al perder una pierna. Dice pensativa y angustiada que no sabe que le dirá luego a su hija, a la que tanto le gusta saltar y bailar, a su hija de 7 años, cuando tenga que afrontar el hecho de que ya nada será igual. Sin embargo, al otro día de esta entrevista, su hija finalmente murió…

Nada más que decir excepto que los duros corazones que alientan estas guerras fratricidas jamás sabrán del valor y de la dignidad que vive en estas almas.

El valor de las primeras ediciones y el poder de las palabras

El valor de las primeras ediciones y el poder de las palabras
Marcelo Marchese

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Una primera edición de Les fleurs du mal oscila en los 65.000 US$ y una de Don Quijote en 130.000 US$. Los libreros anticuarios saben por experiencia que hay un público dispuesto a pagar por la rareza del libro y, particularmente, porque de alguna manera el poseedor del ejemplar establece cierta proximidad con el artista al suponer que esa edición ha visto la luz bajo su vigilancia: ha cotejado las diferentes pruebas de imprenta con su manuscrito y en suma, esa primera edición es hija del autor y es en sí un acontecimiento histórico. Don Quijote es publicado bajo el furor de la persecución de árabes y judíos en España. Cervantes desafía la tendencia imperante pues nos presenta su libro como una traducción de un manuscrito árabe de Cide Hamete Benengeli, traducción que ha obtenido de otro árabe que alojara en su casa. El poseedor de la primera edición tiene a un tiempo un hijo del autor amado y un pasaje directo al pasado, un testimonio de una época, como si dijéramos: una piedra del templo. Pero todavía hay otro motivo para acreditarle valor a una primera edición: en tanto vio la luz en vida del autor, el libro tiene pocas chances de haber sido adulterado. Casualmente la edición príncipe del Quijote sufrió las correcciones del impresor, motivo por el cual debemos considerar auténtica la segunda edición en la que Cervantes exigió que nada se modificara de los discursos de Sancho. La primera de Les fleurs du mal contiene los poemas que serán censurados por “ultraje a la moral pública” y habrá que esperar al fin de la segunda guerra mundial para que se levantara esa proscripción. Normalmente en la primera edición tenemos el libro real, sin las adulteraciones que posteriores intereses puedan generar. El lector se preguntará qué tan común es esta práctica de adulterar libros. No sólo es una práctica común, si no milenaria, llevada a cabo por religiones y por Estados. Ya de por sí una traducción supone una adulteración, pero a veces el piadoso traductor prostituye astutamente el sentido original cada vez que utiliza la palabra “Dios” cuando el autor griego había invocado a “los Dioses”.
Si el Manual de Historia Uruguaya de algún fiel servidor del Estado cita la Convención Preliminar de Paz y la comienza de esta manera: “Su Majestad el Emperador del Brasil, RECONOCE la Provincia de Montevideo, llamada hoy Cisplatina, separada del Territorio del Imperio del Brasil, para que pueda constituirse en Estado libre e independiente”, también hace una adulteración ex profeso, pues el texto original dice que el Emperador “DECLARA la Provincia de Montevideo… separada del Territorio del Imperio del Brasil”. Entre reconocer y declarar media un abismo, pues RECONOCE significa que está obligado a dar algo que la lucha conquistara, pero DECLARA podría significar que por sí mismo hace tal cosa porque le conviene.
Feyerabend supone en Diversidad y armonía que La República de Platón sufrió algunas adulteraciones, pues de otra manera no se podrían entender ciertas contradicciones del texto. Perfectamente podríamos salir de esta duda si accediéramos a la primera edición de la obra, pero tal cosa no existe y el texto más antiguo, o mejor dicho, la copia más antigua de un fragmento de Platón, es del siglo X de nuestra era.

Pero dejemos de lado un país creado por Inglaterra para meter un cuña en América del Sur y vayamos a otro país creado por Inglaterra para meter una cuña en una zona geoestratégicamente más importante. Tengo en mis manos el libro “La invención de la Tierra de Israel” (1), escrito por Shlomo Sand, profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Tel Aviv. Este autor judío afirma que actualmente “En las ediciones hebreas de libros extranjeros, la palabra “Palestina” se sustituye sistemáticamente por las palabras Eretz Israel (la Tierra de Israel)”. Pero esta adulteración no alcanza sólo a los libros de los infieles, por llamarlos de alguna manera, sino que se extiende como mancha de aceite a los clásicos del sionismo: cada vez que Herzl, Max Nordau o Ber Borochov usan la palabra Palestine o Palestina, automáticamente se transforma en “Tierra de Israel”. Pero no alcanza con cambiar las palabras que ya fueron escritas, es necesario, cada vez que nos refiramos a la tierra que mucho después alguien nombró como Uruguay o Israel, nombrarlas retrospectivamente como Israel o Uruguay, concurriendo en una suerte de grosero anacronismo lingüístico. Un ejemplo elocuente es el libro “Historia de la dominación española en el Uruguay” de Francisco Bauzá: un título tan delirante como tramposo, pues la dominación española se ejerció en gran parte de América, y específicamente en el Río de la Plata, pero no en Uruguay, pues no existía ningún país llamado de esa manera. El título busca que el lector crea que esta particular creación histórica, el Uruguay, ya venía prefigurada desde aquel momento en que Yahvhé navegaba sobre la faz del abismo, así como ya imaginaba “La tierra de Israel”. Esta operación lingüística de los manuales uruguayos, sionistas y tutti quanti es equiparable a decir que los charrúas recorrían el Uruguay y cuando uno preguntaba “¿Donde cazaste ese ciervo?”, el interpelado le contestaba “Lo cacé en Punta del Este entre las paradas 7 y 8”.
Según afirma el autor que estamos siguiendo: “La “Tierra de Israel” de los textos bíblicos no incluía Jerusalén, Hebrón, Belén o sus áreas circundantes”. Normalmente los textos bíblicos se refieren al territorio que hoy llamamos Israel como tierra de Canaán. Dios le dice a Abraham: “Yo te daré a ti y a tu posteridad la tierra en que andas como peregrino, toda la tierra de Canaán, en posesión perpetua” y a Moisés le ordena “Sube a este monte de Abarim, al monte Nebo, que está en la tierra de Moab frente a Jericó, y mira la tierra de Canaán”. Este nombre aparece, según Shlomo Sand, en 57 versos bíblicos y el término “Judea”, donde estuvo asentada Jerusalén, aparece en 24 ocasiones. “Ninguno de los autores de los libros de la Biblia llegó a soñar con llamar “Tierra de Israel” al territorio alrededor de la Ciudad de Dios. Por esta razón, en el libro segundo de las Crónicas se relata que “derribó los altares y las imágenes de Ashera, y quebró y desmenuzó las esculturas, y destruyó todos los ídolos por toda la tierra de Israel. Entonces volvió a Jerusalén”. La “Tierra de Israel”, no siempre referida de forma cariñosa, aparece en once versos más. Tampoco los sabios judíos de la antigüedad, Filón de Alejandría y Flavio Josefo, se refirieron a la “Tierra de Israel”, sin embargo traducciones contemporáneas tienen el buen gusto de utilizar las palabras que debiera haber usado Flavio Josefo para la mayor gloria de las necesidades actuales del sionismo. “En realidad el término “Tierra de Israel” fue una posterior invención cristiana y rabínica que no tenía un sentido político sino teológico”. El autor supone, con cautela, que el nombre apareció por primera vez, refiriéndose a todo el territorio, en el Evangelio de Mateo, cuando un Ángel del señor le dice a José “Levántate, toma al niño y a su madre y vete a Tierra de Israel” una referencia considerablemente inusual, pues en la mayoría de los libros del Nuevo Testamento se utiliza el término “Tierra de Judea”. Recién a principios del siglo XX el término pasó a tener un sentido político cuando el sionismo lo tomó prestado de la tradición rabínica, en parte, para desplazar el término que se usaba en Europa y que usaron los primeros sionistas: Palestina. Mas no sólo fue necesario cambiarle el nombre al país. Todo fue rebautizado y la razón de este accionar es explicada de esta manera por Ben Gurión: “Estamos obligados a retirar los nombres árabes por razones de Estado. Igual que no reconocemos la propiedad árabe de la tierra, tampoco reconocemos su propiedad espiritual ni sus nombres”.
El sionismo se opone con uñas y dientes a los argumentos de los judíos ortodoxos enemigos del Estado de Israel, para luego utilizar un término teológico travestido en término político. El lector puede ser de aquellos que prefiera anteponer los hechos a las palabras: “Son sólo palabras”, razonará, “todo un artículo por una palabrita” pero aquí estamos viendo que las palabras son hechos y por eso los Estados eligen de forma sumamente cuidadosa las palabras a emplear y sepultan antiguos términos, de igual forma que una religión triunfante establece sus efemérides en las mismas fechas que establecía la religión derrotada y construye sus Iglesias sobre los cimientos de los antiguos templos.
Las guerras, y las masacres, también se llevan a cabo con palabras y el Estado de Israel no tendría la adhesión de sus ciudadanos si no legitimara históricamente su existencia. Los diseñadores del Estado de Israel se preocuparon de renombrar al país, de hacer creer a los ciudadanos que aquella era una tierra sin pueblo y que ellos, un pueblo sin tierra, estaban destinados a vivir allí. De igual forma procedieron otros diseñadores de Estados. En su República ideal Platón establecía una serie de mitos que debían ser impuestos a la población: “Quizá convenga que nuestros gobernantes usen muchas veces de la mentira y del engaño a favor de sus gobernados. Decíamos ya en alguna ocasión que la mentira puede resultar útil usada como medicina”.
Estábamos tentados a culminar este artículo con la cita de Platón, toda una prueba del poder de las palabras, pero pensando en el lector escéptico deseamos hacer una demostración más. El autor que estuvimos siguiendo en buena parte de este artículo ponderó muy bien, antes de emplearlas, las palabras de su dedicatoria, toda una prueba de su inteligencia y sensibilidad: “En memoria de los habitantes de al-Sheikh Muwannis, que hace mucho tiempo fueron arrancados del lugar donde ahora yo vivo y trabajo”

(1) Shlomo Sand. La invención de la Tierra de Israel. De Tierra Santa a madre patria. Akal.

Yo no vi niños comiendo pasto: recordando el pasado uruguayo.

Yo no vi niños comiendo pasto
23.08.2014 00:15

Andrés Núñez Leites

Fuente:
http://leites.webnode.es/news/yo-no-vi-ninos-comiendo-pasto/

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Aquella mañana de invierno, en la escuela de práctica, una niña de 9 años se había desmayado. La reanimamos y la llevamos a la cocina. Tenía los pómulos saltados, la piel reseca, los brazos finos y dolor de panza. Su padre trabajaba como peón en un local de ferias de ganado, y la epidemia de fiebre aftosa en los vacunos había llevado a que el gobierno paralizara el comercio de animales. Luego de una taza de leche y un pedazo de pan, se sintió mejor. Tenía hambre. No había comido el día anterior, ni desayunado aquella mañana.

Era 2001 y por lo menos diez niños, ese año, todos los días, tenían dolor de panza y se quejaban. El procedimiento era siempre el mismo: le preguntábamos si había comido algo anoche, o temprano en la mañana, y la respuesta era siempre la misma: “No”. Los niños tenían hambre. Entonces los llevábamos a la cocina y les dábamos una taza de leche y un pedazo de pan del día anterior (que pagaban los padres de la escuela a través de la Comisión de Fomento, porque el gobierno no). Revivían, literalmente, al menos por un rato.

Recuerdo a una directora del hospital de Bella Unión llorar ante cámaras de TV porque ya no tenía lugar para tantos niños con desnutrición aguda. Como en Artigas se descubrieron los primeros focos de aftosa en el ganado, el gobierno tuvo la lamentable y criminal idea de bloquear el departamento, para impedir el tránsito de alimentos producidos localmente hacia el resto del país. Como esa medida provocó el cierre inmediato de cientos de comercios, el gobierno prohibió el “contrabando hormiga”, en pequeñas cantidades, de alimentos brasileños. El resultado fue una catástrofe económica y humana para Artigas: desempleo y hambre en proporciones inéditas para los trabajadores, quiebra para los pequeños comercios y pequeñas propiedades rurales, concentración de la riqueza. Algún día alguien investigará este hecho histórico y le dará la relevancia que debería tener, para entender la sensibilidad de nuestros gobiernos y también la pasividad de nuestra población. Cuando el presidente Batlle quiso hacer lo mismo en Colonia, los productores rurales amenazaron con la resistencia civil y con enfrentar al ejército, impidiendo que allí también se aplicara la demencial medida, propia de los insensibles que tienen desprecio por las clases pobres.

Recuerdo a un diputado del partido de gobierno defendiendo en la TV la idea que un niño que había muerto de hambre en un hospital público en realidad había muerto por otra cosa, ignorando o queriendo hacer que la población ignorara que es obvio que difícilmente alguien muera de pura, lisa y llana desnutrición, sino que el debilitamiento del organismo siempre trae complicaciones asociadas que suelen ser las que terminan efectivamente con la vida de una persona. Hablaba de un niño internado con desnutrición aguda. Es decir, con hambre.

A comienzos de la década del 2000 había hambre en Uruguay, y muy extendida. Actualmente también hay problemas de desnutrición (que se manifiestan en los retrasos de talla de acuerdo a la edad, por ejemplo), pero no llegan a la misma extensión que entonces. Eso hay que reconocer a los gobiernos progresistas: sacaron de la línea del hambre a una franja numerosa de la población. No solucionaron su posición socialmente subordinada y vulnerable, y los volvieron funcionales al poder burocrático de la izquierda, pero los sacaron de la línea del hambre.

Cuando los sectores populares comenzaron a organizarse en torno a ollas populares y clubes de trueque, hubo dos movimientos desde el poder que intentaron y tuvieron un éxito rotundo en abortar lo que parecía un embrión de revuelta popular, que seguramente hubiera tirado abajo al gobierno de Batlle, pero a la vez hubiera condicionado al futuro gobierno de izquierda, radicalizándolo: por un lado la “casual” irrupción de la “pasta base”, una droga euforizante de altísimo potencial adictivo y bajo precio, ideal para la juventud desesperada por la pobreza y la falta de perspectivas, y al mismo tiempo muy eficiente en términos de oportunidad “empresarial” para algunas familias pobres que no tenían un perfil cultural asociativo (vinculado a las tradiciones de cooperativismo, sindicalismo, etc.); y también la legión de militantes de izquierda que salieron a los barrios a bajar el perfil de la indignación y evitar los saqueos a los comercios o la movilización contra las instituciones públicas, con el argumento de “no poner en riesgo el triunfo de la izquierda”, proponiendo por ejemplo la formación de huertas orgánicas -que rápidamente olvidaron una vez que triunfó la izquierda en las elecciones. Curiosamente, en uno de sus primeros discursos, el nuevo presidente progresista dijo a esos mismos militantes: “Pueden volver a casa”. Había que desmovilizar también a los movilizados apaciguadores.

Resulta penoso que en estos días en que la derecha neoliberal parece que tiene grandes posibilidades de retornar al gobierno, se intente borrar de la memoria colectiva la situación de hambre y depresión que vivimos en Uruguay a comienzos de la década del 2000. De todos modos, quisiera hacer una acotación sobre los peligros de la memoria: la memoria siempre es narcisista, se enfoca en el sufrimiento y en la heroicidad propias y en los valores antagónicos percibidos en los adversarios del momento; sin pretender que realmente exista la posibilidad de una historiografía “objetiva”, sería sumamente beneficioso para quienes vivimos esa época y para las generaciones futuras, que se investigara desde la historia y otras ciencias sociales, con una metodología adecuada, basada en evidencias, la situación de la población, sus estrategias de organización y supervivencia, sus problemas y su relación con las medidas del gobierno. De lo contrario, corremos el riesgo de perder la oportunidad de aprender de ese doloroso trance colectivo, sobre todo si el oportunismo político hace que algunos operadores políticos comiencen a intentar resignificar la memoria de la época, minimizando o directamente negando lo que ocurrió.

Yo no vi niños comiendo pasto, pero vi una niña desmayarse de hambre, una mañana de invierno, allá por 2001, en Tacuarembó.

Kirchnerismo : Los derechos humanos en la era del photoshop, Ariel Mayo

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Fuente:
http://miseriadelasociologia.blogspot.com.ar/2014/08/los-derechos-humanos-en-la-era-del.html

En estos días está de moda hablar de derechos humanos. Por eso, y a sabiendas de que lo que voy a decir resultará desagradable para algunos, es conveniente recordar algunas cuestiones pasadas y presentes.

Las luchas entre capital y trabajo ponen al desnudo las miserias y contradicciones de nuestra sociedad. No es casualidad, puesto sobre el antagonismo entre empresarios y trabajadores se encuentra edificado todo el orden social. Esta afirmación puede sonar anticuada al lector, sobre todo si se trata de un estudiante o de un graduado en alguna de las ciencias sociales. Capitalismo, clase social, lucha de clases, explotación, constituyen categorías de las que no se habla o que se esconden debajo de la alfombra. No se trata, por cierto, de que las ciencias sociales hayan refutado al marxismo. Por el contrario, es cuestión de comodidad o, dicho en criollo, de “hacerse amigo del juez”. Así, declararse defensor de la Patria Grande o de la liberación latinoamericana no compromete a nada. En cambio, poner el cuerpo en una huelga trae consecuencias concretas, como los palazos y gases lacrimógenos de la policía, la cárcel y el procesamiento, la incorporación a listas negras de variada índole y otros simpáticos procedimientos. Los empresarios, la gendarmería, la policía, saben por instinto y por interés, dónde está lo importante en nuestra sociedad. Así, cuando los obreros toman una planta fabril o pretenden impugnar el sacrosanto derecho empresarial a despedir trabajadores, se convierten en delincuentes que hay que castigar cueste lo que cueste.

En nuestra sociedad “está permitida” casi cualquier cosa… menos tocar la propiedad privada de los medios de producción. Es más, hay una prohibición tácita a hablar de esta propiedad privada. Quien piense que esta afirmación es exagerada, puede hacer el ejercicio de revisar los diarios, los programas televisivos y las emisiones radiales, y constatar si en ellos se habla de propiedad privada o de proceso de trabajo.

Los conflictos obreros ponen a prueba en qué medida un gobierno respeta los derechos humanos. Cuanto más intensa es la lucha de los trabajadores, más se resquebraja la apariencia de defensa de esos derechos.

Esta semana fue recuperado el nieto de Estela Barnes de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo. El reencuentro de Guido con Estela fue aplaudido por los medios oficialistas (Página/12) y por los medios “opositores” (Clarín y La Nación). La presidenta Cristina Fernández recibió en la residencia de Olivos a Guido (el nieto recuperado) y a Estela. Se habló de triunfo del amor, se dijo que el kirchnerismo había hecho posible el reencuentro de los nietos con sus abuelos, etc., etc.

Por enésima vez se repitió la historia de la defensa de los derechos humanos por el kirchnerismo.

El viernes 8 de agosto, la nieta recuperada Victoria Moyano Artigas participaba de una manifestación en contra de los despidos realizados por la empresa de autopartes Lear, una multinacional de origen norteamericano. La Gendarmería irrumpió en el auto en que viajaba junto a otros compañeros, rompió los vidrios del mismo, tiró gas pimienta dentro del vehículo y finalmente la detuvo junto a Guillermo Pistonesi (presidente del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos), Patricio del Corro (dirigente del PTS) y María Chávez (investigadora del CONICET). Los detenidos fueron llevados al Departamento de Gendarmería de General Pacheco y liberados la noche del mismo día.

¿Cómo es posible que el mismo día que un nieto recuperado era recibido por la Presidenta, otra nieta sufría violencia y prisión a manos de una fuerza de seguridad dependiente de esa misma Presidenta?

La explicación debe buscarse en la naturaleza del kirchnerismo. En 2003, Néstor Kirchner llegó a la presidencia con poco más de un 20 % de los votos emitidos. Sin un aparato nacional, sometido al control de Duhalde, quien fue el padrino de su candidatura, Kirchner debió encarar la tarea de construir apoyo para su política. En este punto se produjo la conexión entre kirchnerismo y derechos humanos. Kirchner vio que levantar la bandera de los derechos humanos le generaba grandes beneficios con un gasto ínfimo de su capital político. En 2003 los militares genocidas de la última dictadura eran cadáveres políticos a los que casi nadie quería defender. En 2003 pegarle a los militares era tarea sencilla, que no acarreaba ninguna consecuencia peligrosa y que, en cambio, vendía mucho entre las capas medias progresistas, ansiosas de defender causas nobles sin tener que poner en riesgo ni sus propiedades ni su integridad física. En pocas palabras, proponer juicios a los militares y reivindicar un setentismo descafeinado era la manera rápida de ganar apoyo entre el progresismo y los intelectuales.

Lo expuesto en el párrafo anterior se refiere al carácter general de la política de derechos humanos del kirchnerismo. No implica negar que dicha política haya tenido algunos aspectos positivos (que fueron, por cierto, producto de la lucha sostenida por décadas por los organismos de derechos humanos). Supone, en cambio, marcar los límites de esta política.

El kirchnerismo restringió el alcance de su política de derechos humanos a las causas derivadas de la dictadura militar de 1976-1983. Su combate contra el terrorismo de Estado tuvo amplias limitaciones. Por ejemplo, no abarcó la acción de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) en el período 1974-1975, acción que contó en sus orígenes con el aval de Juan Domingo Perón. Tampoco abarcó las torturas y ejecuciones sumarias cometidas por la policía contra pobres y/o jóvenes. Los “delincuentes comunes” no son aptos para la defensa de los derechos humanos emprendida por el kirchnerismo.

El kirchnerismo procuró captar el apoyo de los organismos de derechos humanos, en especial Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Con algunas concesiones, dinero y otras prebendas, consiguió el apoyo de varios dirigentes, sobre todo de Hebe de Bonafini y de Estela de Carlotto. El kirchnerismo, con poco esfuerzo, logró así una cara amable, a imagen y semejanza de los deseos del progresismo argentino.

Pero la cara amable del kirchnerismo tiene mucho de photoshop.

El caso Lear demuestra que las cosas son un poco diferentes. Los trabajadores de Lear están luchando por la defensa de sus puestos de trabajo. Pocas cosas hay más terribles para un trabajador que el despido. Es cierto que los funcionarios ignoran estas cosas, acostumbrados como están a vivir de los fondos públicos y a almorzar y/o cenar con empresarios. La empresa desoyó varias resoluciones judiciales que la obligaban a reincorporar a los despedidos. Los obreros fueron puestos contra la pared: o luchaban o quedaban en la calle en un contexto de crisis económica.

Los trabajadores de Lear, apoyados por los partidos de izquierda (se entiende, la izquierda clasista, no el progresismo que dice ser de izquierda y mira con desprecio a los trabajadores), fueron reprimidos en varias oportunidades por las fuerzas de seguridad. Para el kirchnerismo, los derechos humanos se aplican hacia el pasado, no en el presente. Por lo menos, no tienen vigencia en el caso de los trabajadores de Lear y de tantos otros lugares.

Es bueno recordar que Lear es una empresa norteamericana. El mismo gobierno que dice luchar contra los “fondos buitres”… pagando hasta el último centavo y más de la deuda externa contraída por los milicos de la dictadura y por el peronismo menemista de los años 90, aplica generosamente palos contra los trabajadores que enfrentan a una corporación norteamericana.

La lucha de los trabajadores de Lear no fue acompañada por los organismos de derechos humanos cooptados por el kirchnerismo. Ni Hebe ni Estela dijeron una palabra a favor de los trabajadores. Tampoco se manifestaron en contra de la detención de Victoria ni de los demás detenidos. Para ellas, la defensa de los derechos humanos quedó congelada en el período de la dictadura. Los apaleados y torturados actuales no merecen una marcha de los jueves. Ese es el precio a pagar por las prebendas que ofrece el kirchnerismo.

No todo es photoshop. Mientras estaba detenida, Victoria fue visitada por Mirta Baravalle, una de las fundadoras de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Mirta, con 89 años, tiene claro que los derechos humanos no son cosa del pasado. También estuvieron presentes Nora Cortiñas y Elia Espen.

El encuentro entre Mirta y Victoria, en una dependencia de Gendarmería, es todo un símbolo. Defender los derechos humanos implica poner el cuerpo y acompañar las luchas de los trabajadores. Es, además, un homenaje a la memoria de tantos compañeros que dieron su vida en la lucha contra el capital.

Porque, guste o no, la dictadura militar fue una ofensiva gigantesca del capital sobre los trabajadores. El kirchnerismo, que se ufana de que las ganancias de los empresarios durante la “década ganada”, nunca se propuso enfrentar a la burguesía. Por eso su política de derechos humanos es una política de photoshop.

Villa del Parque, domingo 10 de agosto de 2014

Un mundo en guerra, por Walter Goobar

Un mundo en guerra
Walter Goobar

yazidies

Después de ordenar el bombardeo de Irak, el presidente de EE.UU. y Premio Nobel de la Paz, Barack Hussein Obama, se colocó los guantes, eligió cuidadosamente sus palos favoritos y se fue a jugar al golf. Para un presidente que sabe que desde el 11 de septiembre de 2001 el poder real no está en la Casa Blanca sino en manos del complejo militar-industrial, que se ha convertido en el cuarto poder del Estado, no hay mejor manera de iniciar unas merecidas vacaciones que lanzar un bombardeo y tratar de embocar la bola en un hoyo. De esta manera, Obama se convirtió en el cuarto presidente norteamericano que bombardea Irak. Sin embargo, el golfista Obama ha advertido que no será una operación de semanas, sino de meses, y los analistas militares rusos ya vaticinan una tercera invasión de Irak.

Los conflictos en la Franja de Gaza, Irak, Siria, Ucrania y Libia –sumado al hecho que sea el Pentágono el que provee y administra el tratamiento contra la epidemia del ébola en Africa– han resucitado la idea de que las guerras e intervenciones militares han regresado a Washington. Y Washington tiene la misma respuesta de siempre, aunque nunca funciona: más bombas.

Estados Unidos reactiva su estrategia que apunta a producir una partición de facto del país en tres Estados –uno kurdo, uno sunita y otro chiita– que serían más fáciles de controlar.

El periodista Tom Engelhardt, director de TomDispatch.com, explica que durante los años de la Guerra Fría, y más acentuadamente en el siglo XXI, el gobierno de EE.UU. ha experimentado un cambio. Además del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, EE.UU. ha desarrollado un cuarto poder: el estado de seguridad nacional, cuya principal característica es un impulso insaciable para expandir su poder y alcance. Si bien aún carece de prerrogativas formales de poder gubernamental, esta cuarta rama goza incluso de menor supervisión que el Congreso y el Ejecutivo. Esto es notable en este momento en que el Ejecutivo y el Legislativo brillan por la inactividad para contrarrestar sus respectivos poderes; una situación impensable en el pasado. Los líderes de seguridad nacional, amparados en una penumbra de secreto, toman decisiones sobre asuntos cruciales, haciendo por lo general lo que quieren.

En la era posterior al 11 de septiembre de 2001, el estado de seguridad nacional ha crecido a un nivel sin paralelo en tamaño y capacidad de poder. Tanto que ha sido la chispa para un boom inmobiliario en Washington y sus alrededores (al igual que en el resto del país). En las series del diario The Washington Post, de 2010, “Top Secret America”, Dana Priest y William Arkin presentaron un resumen del alcance de ese boom para el sector que trabaja en inteligencia en EE.UU. Dice: “En Washington y sus alrededores, desde septiembre de 2001, se están construyendo o se han construido 33 complejos de edificios para actividad de inteligencia ultrasecreta. En conjunto ocupan el equivalente de casi tres Pentágono o de 22 edificios del Capitolio; un área de unos 17 millones de pies cuadrados”. Y la construcción continúa en 2014.

En este siglo, se estableció un segundo Departamento de Defensa a escala completa: el Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security). Alrededor de éste se ha desarrollado una mini versión del complejo militar-industrial, con el consabido conjunto de asesores, gente que hace lobby en los centros de poder de Washington, contribuciones políticas y relaciones de poder.

Paralelamente a una creciente privatización de la guerra, las 17 agencias de inteligencia en el estado de seguridad nacional han seguido creciendo a un ritmo prodigioso. Algunas de ellas se han transformado en modelos particulares de corporaciones, transfiriendo algunas de sus operaciones hacia contratistas privados de manera drástica, con lo que ahora tenemos también “servicios de inteligencia capitalistas”. Desde el Pentágono hasta el Departamento de Seguridad Nacional y al laberíntico mundo de los servicios de inteligencia, el ascenso al poder del estado de seguridad nacional ha sido un verdadero espectáculo, sostiene Engelhardt.

Para la cuarta rama, ésta sigue siendo la era de la impunidad. Ocultos por un velo de secreto, alimentados por leyes y cortes secretas, rodeados por las corporaciones y los políticos de su agrado, su poder para elaborar políticas y actuar como les plazca en nombre de la seguridad de los estadounidenses sigue visiblemente en ascenso.

Por su parte, el politólogo mexicano Alfredo Jalife-Rahme afirma desde las páginas del diario La Jornada que la simultaneidad de los conflictos en Gaza, Irak, Ucrania, Siria y Libia no son producto del azar.

Jalife remarca que después de anunciar la creación de una institución alternativa al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial –y por ende al dólar–, Rusia soporta la acusación de haber destruido en pleno vuelo el avión de pasajeros de Malaysia Airlines, y el resto del mundo contempla el ataque de Israel contra la Franja de Gaza –perpetrado con la complicidad de los servicios de inteligencia militares de Estados Unidos y Gran Bretaña–, el caos en Libia, y la ofensiva del Emirato Islámico en Irak, Siria y el Líbano. Además, en cada uno de esos teatros de operaciones, los combates giran alrededor del control de los hidrocarburos, cuyo mercado funcionaba –hasta ahora– única y exclusivamente en dólares.

Jalife arma una cronología que habla por sí sola:

-Dos días antes del misterioso y letal misil que derribó en el cielo ucraniano el avión de Malaysia Airlines se clausuraba la histórica cumbre del Brics-Unasur en Fortaleza (Brasil), donde se anunció la creación de un Fondo de Reserva Monetaria –principalmente chino– y de un banco Brics como alternativas al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial, o sea como alternativa al sistema dólar.

Incluso antes del anuncio, los anglosajones ya habían preparado su respuesta: la transformación de la red terrorista Al Qaeda en un califato con el fin de orquestar problemas e incidentes entre todas las poblaciones musulmanas de Rusia y China. Prosiguieron su ofensiva en Siria y la extendieron además a Irak y el Líbano.

-Un día antes del misil letal, Obama elevó las sanciones contra Rusia afectando a la banca y los energéticos.

-El mismo día del derribo del avión de Malaysia en los cielos de Ucrania, Benjamin Netanyahu, jefe de un Estado nuclear, ordenaba a su ejército invadir la Franja de Gaza.

-En paralelo a las crisis en Ucrania y Gaza, arreciaban los enfrentamientos sectarios y energéticos en países árabes: Libia, Siria e Irak –tildados de “fallidos” por los estrategas de Estados Unidos–, sin contar las guerras de Yemen y Somalia.

En Libia –balcanizada y vulcanizada como consecuencia de la intervención “humanitaria” de Gran Bretaña y Francia–, las milicias rebeldes de las brigadas Zintan cerraron el aeropuerto internacional de Trípoli –la capital libia–, mientras recrudecían los enfrentamientos entre clanes rivales en Bengazi.

Lo fundamental para las trasnacionales petroleras/gasíferas/acuíferas de Estados Unidos/Gran Bretaña/Francia radica en el control de las materias primas (gas y agua dulce) de Libia, donde Rusia y China se dejaron embaucar inocentemente. Lo mismo ocurre con la captura del petróleo de Irak, que le ha valido una guerra de 30 años. Ahora, Estados Unidos reactiva su estrategia que apunta a producir una partición de facto del país en tres Estados –uno kurdo, uno sunita y otro chiita– que serían más fáciles de controlar.

La pista petrolera y gasífera vuelve a aparecer en Gaza:

Manlio Dinucci, del rotativo italiano Il Manifesto, aduce que una de las causas de la ofensiva israelí serían los importantes yacimientos gasíferos que Gaza posee en su zona marítima.

Asimismo, el gas de esquisto en la República Autónoma de Donetsk –que busca la separación de Ucrania– bien vale una guerra prolongada.

Rusia prefirió contenerse y se abstuvo –hasta ahora– de entrar en guerra en Ucrania. Apoya a los rebeldes con armas e información de inteligencia, pero se abstiene de enviar tropas y de seguir el juego de la guerra. Y es probable que no intervenga antes de que la gran mayoría de los ucranianos se subleve contra el presidente Petro Porochenko, aunque eso implique no entrar en el país hasta después de la caída de la República Popular de Donetsk.

Ante la guerra económica, Moscú ha optado por responder con medidas similares pero no en el sector financiero sino en el de la agricultura.

Lo cierto es que en todos los frentes bélicos mencionados –Ucrania, Gaza, Irak, Siria y Libia– el común denominador son los hidrocarburos.