Las elecciones en Uruguay, la montaña y Mahoma, por Marcelo Marchese

Las elecciones en Uruguay, la montaña y Mahoma
Marcelo Marchese

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Con el 48% es un hecho que el FA ganará el balotaje. Si viviéramos en un mundo razonable donde no primaran las necesidades de visualizarse como figura opositora, Lacalle Pou debería ahorrarle al país la segunda vuelta (1). Alguien podrá objetar que aunque pierda, haría bien en insistir pues durante 34 días se instalará el debate público, ese alimento natural de las democracias. Este argumento, sin embargo, tiene menos peso que un suspiro (2) pues si algo caracteriza esta campaña es la ausencia de debate de ideas. No se debate nada y mucho menos modelos económicos pues los principales partidos son diversas expresiones del mismo modelo.
Si midiéramos el nivel de las campañas desde el 84, nadie cuestionará este empobrecimiento signado por el descenso del debate de propuestas y la irrupción de empresas de marketing político que convierten la conquista de votos en una actividad mercantil. Se podrá objetar que si partimos del 84 hacemos trampa, pues en una apertura democrática estamos lanzados a debatir las cuestiones esenciales de la vida política, mas si sólo nos retrotrajéramos a las elecciones del 89 también observaríamos un descenso cuya expresión suprema es la nada peligrosa del planteo “Por la positiva”. En treinta años lo único persistente es el desgano, pues el voto no adquiere el compromiso de otras épocas y los festejos y los cánticos ayunos de ideas semejan las celebraciones de una hinchada que ha conquistado un campeonato. Sumado a lo anterior, signo evidente de erosión, cada vez más gente opta por el menos peor.
He leído una lluvia de críticas a las encuestadoras. Sucede aquí algo similar a la relación con la astrología: nadie cree en ella, pero todos saben el signo que les corresponde en el zodíaco. En lo esencial las encuestadoras acertaron: perdió el SI, el FA fue el más votado, le sigue el PN y habrá segunda vuelta. Fallaron en la cifra alcanzada por el FA y en su mayoría parlamentaria. Este error de las encuestas tiene una explicación que excluye cualquier pretendida intención malévola, resultado de un pensamiento políticoparanoico. El FA votó mejor que cualquier predicción, ahora, si se pretende decir que las encuestadoras siempre matan al FA (3), caeríamos en un error. A modo de ejemplo, en el 2009 Cifra le asignó al FA un punto más y a los partidos tradicionales un punto menos del que a la postre obtuvieron. Algunas encuestadoras estuvieron más acertadas que otras y acaso, como en otros ordenes de la vida, los aciertos pasados pudieron, a la larga, resultarles perjudiciales, pues reforzaron la confianza en su metodología y evitaron un acompasarse a la realidad social siempre variable. La encuestadora que más falle estará obligada a rediseñar su metodología y a ajustar su muestreo de país.
Los dos principales obstáculos para los denostados encuestadores fue inferir qué votaría ese 9 % de indecisos y luego qué tan firme sería el 91% restante. Si todas dieron menos votos al FA debemos concluir que hubo más o menos un 4% que a 10 días de las elecciones decían que no lo votarían, pero llegada la hora fatídica se confesaron a sí mismos que no podían soportar la idea de un triunfo futuro de Lacalle Pou. En este mismo sentido deben sumarse, paradójicamente, los efectos benéficos de los informes de las encuestadoras. Un sector de votantes frentistas, relativamente desganado y harto, pretendía impedir la mayoría parlamentaria. Le iba a dar en octubre el voto a cualquier otro, reservándolo para el FA en noviembre, sin embargo, cuando vio que esa mayoría ya era imposible y que los partidos tradicionales juntos lo superaban, ese sector prefirió achicar la diferencia. Esta vertiente de votantes de última hora (4) permite que el FA llegue al 48%, un porcentaje similar al de cinco años atrás pero con muy diferente grado de convicción y compromiso, como si dijéramos: “algunos votos están prendidos con alfileres”.
Como una prueba más de este desgaste asistimos al creciente apoyo a partidos menores. El PI que llegará a un techo apenas se comprometa con una u otra fuerza para brindar gobernabilidad; la UP , que es un desprendimiento del FA; y el PERI. En este último caso observamos algo novedoso, como si existiera cierta posibilidad futura de fragmentación, dando nacimiento a nuevos y variados partidos de temática específica y no globalizadora. En todo caso, esa tendencia a la fragmentación tiene cierto estímulo externo por la modalidad del balotaje. Con el tiempo se manifestarán en la primera vuelta los ecologistas, las feministas y varias otras expresiones que votarán luego por el mejor gobernante.
Aunado a este panorama del cual jamás podemos olvidar el detalle sustancial de una opción negativa (voto a éste porque no soporto al otro) observamos un aumento de un 50% de los votos anulados y en blanco. En el 2009 fueron 49.778 y hasta ahora suman 76.933. Pero eso no es todo: en el 2009 la diferencia entre habilitados y sufragios emitidos fue de 258.711 y ahora se incrementó a 318.191: una diferencia de 59.480. Uno suponía que gran parte de los no votantes viven en el extranjero o están de viaje, ahora, si hay menos gente en el exilio que cinco años atrás (como uno sospecha) no nos quedan muchas más opciones que suponer que, al menos, 59.480 ciudadanos (dejando aparte aquellos 76.933 del anulado o en blanco) tienen un 0% de confianza en el sistema y es más, estarían dispuestos a pagar los $748 que supone la multa (5) .
El crecimiento del FA desde 1984 hasta el 2004 corresponde a un retroceso de la izquierda dentro de los partidos tradicionales. El descenso de estos dos partidos deviene por lo tanto de la migración de wilsonistas y batllistas. Esto no significa un cambio en la forma de ver el mundo de dichos wilsonistas y batllistas, si no que el Frente a migrado a otras posiciones más razonables para ellos, siguiendo aquella consigna: “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Este respaldo se acentuó desde el momento en que el FA se convirtió en defensor de las empresas públicas, un aspecto particularmente sensible para la ciudadanía, como lo demostraron elocuentemente los plebiscitos de la década del 90. El oficialismo se ha visto beneficiado por la actual bonanza resultante del aumento de las commodities, lo que ha permitido, además, aplicar un populista reparto de dinero, construyendo laboriosamente una bomba de tiempo. Se lleva a su paroxismo el modelo capitalista dependiente, se alienta la inversión de megaempresas que acentúan nuestro rol de proveedores de bienes primarios y se erosiona el entretejido económico, provocando daños evidentes en el medio ambiente. Aunque todavía mantiene un respaldo considerable, ya se pueden apreciar las consecuencias de convertirse en el partido más eficiente para llevar a cabo el modelo neoliberal.
Mas la desilusión atraviesa de diferentes maneras a los votantes de todos los partidos y si midiéramos la legitimidad democrática con respecto a los inicios del siglo XX, donde aupados en el positivismo creíamos que alcanzábamos el mejor modelo político jamás imaginado, resulta evidente que hemos llegado a esa histórica e inevitable fase llamada “decadencia”, manifestada por la aceptación de un modelo por considerarlo el menos insoportable, como si uno dijera: “Es lo que hay”. Mientras los precios internacionales se sostengan, “lo que hay” sobrevivirá, pero la historia del capitalismo indica con elocuencia que lo único permanente es la acumulación del capital. Esta acumulación se acentúa, para colmo, en las crisis y entonces “lo que hay” sufre un embate severo, abriéndose por un lado la opción de otra vuelta de tuerca, un descenso al siguiente círculo del infierno y por el otro la construcción de algo nuevo que nos permita escapar de esta loza kakistocrática (6) bajo la cual hemos vegetado los últimos siglos.

(1)Se podría establecer una reforma por la cual si un candidato en la primera vuelta supera el 45% y a su vez aventaja al segundo en 10 puntos, se lo considere automáticamente ganador. No es algo que uno propondría en todas las condiciones, pero para campañas electorales como la que hemos vivido, no dudo que esta reforma sería apoyada, con alivio, por un 95% de la población.
(2)Cierto filósofo del cual robo esta imagen no empleó la palabra “suspiro”. Utilizó una que recuerda un aire corporal.
(3)http://www.uypress.net/uc_55566_1.html
(4)En rigor, si las encuestas fueron publicadas un 23, los datos sobre los que trabajaron fueron recabados unos cuantos días antes, por lo cual la encuesta es un mapa que lleva, más o menos, una semana de atraso.
(5)Lo que pagaríamos por averiguar qué significa esos 318.191 y cuántos son gentes que viajan, que viven afuera, que están enfermas, que no han trasladado su credencial, que han muerto y no han sido dados de baja (muy dudoso) o que no se dignan participar de la gran fiesta cívica, como varios que conozco.
(6)Kakistocracia, antónimo de aristocracia, esto es: gobierno de los peores. Es una palabra llamada a tener gran suceso en el vasto mundo.

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Discursos feministas y violencia contra los niños, Andrés Núñez Leites

Discursos feministas y violencia contra los niños
Andrés Núñez Leites

Original en el blog del autor:
http://leites.webnode.es/news/discursos-feministas-y-violencia-contra-los-ninos/

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Señala Deleuze tres momentos históricos del discurso feminista occidental. Un primer momento en el cual las mujeres organizadas intentan demostrar que son capaces de hacer las mismas cosas que los varones, intentando combatir, en el plano del discurso los prejuicios binarios de la cultura patriarcal, que le asignaban a la mujer el lado sensible y débil, mientras que a los varones el lado inteligente y fuerte de la “naturaleza humana”. Un segundo momento estaría marcado por un nuevo giro del discurso, en el cual las mujeres organizadas, conscientes de su capacidad igual a los varones -y aceptado ya este hecho por el establishment-, capitalizan el prejuicio patricarcal, e intentan con bastante éxito invertir la carga valorativa pero manteniendo la codificación binaria, con una fórmula que podría decirse así: “Somos fuertes, inteligentes, valientes y además sensibles y solidarias. “Si las mujeres gobernaran tendríamos un mundo mejor” comienzan a afirmar demagógicamente los mismos políticos que le niegan escaños a sus compañeras de partido. Algunos grupos de varones feministas incluso, empiezan a rogar por un retorno a un mítico “matriciado” o “matriarcado”, en que la bondad y la sensibilidad materna traerían un retorno a la paz uterina, en un reencuentro, cómo no, con la Naturaleza. La respuesta a la dominación masculiina es entonces un intento de inversión de la relación de poder, pero manteniendo la codificación de la humanidad en “varón/mujer” u “hombre/mujer”. El propio Deleuze rinde sus armas deconstructivas ante esta potencia teórico-política y llega afirmar que de todos los devenires minoritarios el principal es el devenir mujer. De las conclusiones lógicas de la crítica a la construcción social de los géneros emerge el tercer momento, el del feminismo posmodernista y especialmente el feminismo queer, con un gran potencial libertario en términos teóricos y políticos. El término devenir es clave: no hay una naturaleza masculina o femenina, más allá de algunas poco definitorias diferencias físicas, y casi todo lo que implica ser “hombre” o “mujer”, es una construcción social. Pero si esa construcción social se basa en una división del trabajo social por géneros, en la cual es la mujer la que paga el pato, una opción ética posible no es intentar construir una dominación femenina sino deconstruir cualquier forma de dominación basada en el género. Es decir, superar la división histórica de los géneros y abrir paso a la multiplicidad de variantes subjetivas, dejando a los humanos o personas libres para pasar, a lo largo de su vida por distintos estados, dinámicos y sustancialmente inconclusos.

La cualidad de nuestra época es la convivencia de estos discursos, sobre todo los dos últimos. Precisamente la fortaleza del segundo, el del segundo momento feminista, es su potencial como herramienta política. El problema es que, como toda arma de guerra, comienza a generar daños colaterales. En esta nota quisiera enfocarme en uno: la invisibilización de la violencia de las mujeres contra los niños.

Algunas reflexiones desde la antropología sobre los violadores, muestran un resultado muy interesante: los violadores entrevistados suelen aludir a imágenes arquetípicas de la mujer. Una mujer cuyo cuerpo tiene la libertad para andar sola por los caminos de una ciudad o del campo es, en esa especie de profundidad psíquica de la construcción social masculina, una profanación. La violación, en la mente perturbada del violador, aparece entonces como un acto genérico de reparación de un desequilibrio, como un castigo genérico contra las mujeres por haber profanado el mandato milenario del cuidado de la casa y los hijos, y de la obediencia al varón. Sin llegar al punto de violar a una desconocida, los hombres que agreden física y psicológicamente a las mujeres, especialmente a su pareja, mostrarían un patrón similar: se trata de “ponerlas en su lugar”. Sumado ésto a elementos bastante más materiales como la tendencia mayoritaria de las parejas a sostener la histórica atribución del rol maternal a la mujer y en muchos casos la lisa y llana discriminación machista (salarial pero también en cuanto a acceso a puestos jerárquicos), podemos afirmar que aún si no es sostenible la idea de una “naturaleza” o “esencia” mujer, el “devenir mujer” es un devenir minoritario en términos sociológicos: implica una menor disposición de medios y coloca a las mujeres en una situación potencial de víctima del maltrato de los hombres. Un hecho patente y visible de esta potencial victimidad es la agresividad de la mirada fija masculina en la calle, que coloca a la mujer como “objeto de caza” del varón y que no le reconoce la condición de persona, en la medida que la correspondencia de la mirada de desaprobación de la mujer no es recibida por el varón, que seguirá en la mayoría de los casos sosteniendo la mirada al cuerpo-objeto. Lo anterior por no mencionar el caso extendido y debatido de la agresividad del piropo masculino en la calle.

El problema es que esa totalidad social, tanto en la estructura económica, como en las pautas culturales hegemónicas, sobre todo a partir del uso político del discurso feminista para la generación de modificaciones legislativas y administrativas que produzcan ya sea protecciones o discriminaciones positivas en favor de la mujer, opacan el carácter intercambiable de los lugares en las relaciones de poder, e impiden responsabilizar a las mujeres concretas por sus violencias contra otras personas más desvalidas física o psicológicamente. Es decir, si el lugar de la mujer es tenido como el lugar exclusivo de una víctima, es imposible en la lógica del discurso, atribuirle responsabilidad por sus actos. Ni que hablar que los varones que han sufrido la violencia de su pareja mujer prácticamente no encuentran eco en ningún lado, y las pocas sentencias judiciales contra mujeres violentas aparecen luego de la ocurrencia de lesiones graves o del asesinato de la pareja maculina. En el caso particular de los niños, la madre que se violente con sus hijos, incluso en público, difícilmente encuentre una respuesta activa de los testigos, y mediando denuncia y judicialización de la situación, tiene amplias posibilidades de salir impune de la situación. Para ello, suele ser aconsejada para declararse a su vez víctima de la violencia de algún varón de la familia (su pareja, su padre, etc.), con lo cual la condición de víctima le permite la elaboración de una serie de “atenuantes” típicos, referidos a su afectación psicológica. Y es que en muchos casos efectivamente es así: una mujer golpea o destrata porque fue o es golpeada o destratada, pero ello no ocurre en todos los casos, y aún así cabría preguntarse si eso es suficiente para poder decir que una mujer violentada no es dueña de sus actos a la hora de golpear la cabeza de un niño contra la ventanilla de un ómnibus. Los grupos organizados de mujeres feministas más radicales en la denuncia de la universalidad del patriarcado y de la violencia masculina contra la mujer, responden en estos casos que en la medida que toda la sociedad es machista, la violencia de una mujer sobre un niño siempre es derivada de la violencia masculina. Así se cierra un círculo en el cual los niños pierden casi toda posibilidad de una defensa social ante el abuso si éste es efectuado por una mujer. Es por ello que todo el discurso y los dispositivos institucionales correspondientes contra “la violencia doméstica contra mujeres y niños” está enfocado exclusivamente en los varones adultos.

En realidad todos podemos ser violentos, incusive las mujeres. Quien tiene una posición de poder tiende a utilizarlo, y por ello de lo que se trata es de descubrir cuáles son las relaciones asimétricas y los espacios sociales de impunidad para el ejercicio de la violencia, y cómo modificarlo, tanto desde lo social (generando mecanismos de intervención) como desde lo personal. Aún si se parte de la premisa de una totalidad social patriarcal, ello no debería des-responsabilizar a las mujeres cuando ocupan un lugar de poder, por ejemplo en relación con los niños, en la medida que ser víctimas de una relación violenta (en manos de un hombre concreto o de un hombre genérico) no implica la pérdida de la condición de persona racional que tiene obligaciones hacia sus semejantes, por ejemplo en relación con el respeto de su integridad física. En última instancia, más acá de la lucha por el poder, hay un espacio a la vez individual y colectivo para la ética, y ésta debería estar marcada por algunas renuncias al ejercicio puro y llano del poder, es decir, por la aceptación libre de algunas normas que nos limiten con un objetivo: hacer de la vida algo más bello.

Diálogo sobre las elecciones uruguayas entre un progresista y un indignado

Diálogo sobre las elecciones uruguayas entre un progresista y un indignado

Marcelo Marchese

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Diógenes caminaba por donde una vez se erigió la muralla de Montevideo, lamentando la decisión de aquellos constituyentes progresistas que en 1829 la derribaran restándole belleza a la ciudad, cuando vio caminar hacia él, sudando, pero engalanado con su mejor sonrisa, a Sócrates.
-¿Por qué ese gesto adusto, oh Diógenes, cuando la ciudadanía se apresta a seguir cumpliendo sus sueños en vez de volver a las pesadillas tenebrosas?
-Amigo Sócrates, no podrías haber elegido mejor tus palabras. Pareciera que hablaras de gentes que todavía están dormidas.
-¡Cínico Diógenes! ¿Negarías las conquistas de estos últimos diez años? El matrimonio igualitario, la liberación de la marihuana, el millón de ceibalitas repartidas, el aumento del presupuesto de la educación, la vuelta de los consejos de salarios y la caída de la desocupación? Recuerda cómo estábamos en la crisis del 2002.
-Tus logros no me parecen proporcionales a cuarenta años de lucha y sacrificios inenarrables. Si partiéramos de la crisis del 29 también nos pondríamos de acuerdo en que blancos y colorados nos llevaron al auge de la posguerra. No se trata de medir a partir de una crisis, pues con poco que se haga ya parecería bueno. Se trata de ver si se hace lo que se puede en función del potencial que se dispone. Tus logros me recuerdan aquello de “Y la montaña parió un ratón”.
-Las pruebas están a la vista.
-Si las pruebas fueran tan evidentes no veo por qué estarías sudando con gesto desencajado. Con diez años de un gobierno tan eficiente y amigo del “pobrerío” deberías recibir votos a toneladas.
– La derecha confunde a la gente.
-Acaso te refieras a artículos como el que leí ayer en El PAÍS, que cuenta cómo fajaban a botijas en el SIRPA; cómo las autoridades negaban los hechos; cómo se pretendió amedrentar al funcionario que hizo la denuncia y cómo se lo despidió. O acaso te refieras a los que informaron sobre el agua contaminada, la cual OSE asegura que es una maravilla.
-No gobernamos con ángeles, gobernamos con seres de carne y hueso.
-Pero estos seres de carne y hueso se parecen demasiado a los seres de carne y hueso que nos gobernaban antes. Todo indica que estamos condenados a salir del fuego para caer en las brasas y así saltar eternamente. Es el juego de la democracia, basado en una memoria que no llega a lanzar el reel más allá de cuatro años.
-Con el material que disponemos hemos hecho grandes avances. La gente tiene más poder adquisitivo.
-La humanidad crea, Sócrates, cada vez más riquezas. Cuando aparecieron los celulares, valían una fortuna, igual que las computadoras, pero ahora son masivos. Tres siglos atrás sólo accedía al azúcar la élite. Si blancos y colorados argumentaran que gracias a ellos todos disfrutamos del azúcar, caerían en la misma falacia. No se trata de ver si ahora cada cual tiene más bienes que antes, se trata de ver si los bienes están mejor repartidos que antes.
-Precisamente, ahora los bienes están mejor repartidos.
-¿En que te basas, oh Sócrates, para afirmar eso?
-En las estadísticas oficiales (Al rostro de Diógenes emergió una sonrisa mefistofélica, pero nada dijo) Nos basamos en los estudios del Instituto Nacional de Estadística que elabora los datos de la Encuesta Continua de Hogares (ECH).
-Lo que digan los ricos, que por astucia tienden a declarar al Estado que ganan menos de lo que ganan, y lo que digan los pobres, que por vergüenza tienden a declarar al encuestador que ganan más de lo que ganan, no puede ser una fuente del todo fiable. Dudo mucho que en la ECH puedan encuestar a cualquiera de los propietarios de tierras extranjeros, como los principales latifundistas del país, los dueños de Montes del Plata, o a los de UPM, ni a ninguno de los inversores extranjeros. Se advierten (1) gruesas diferencias entre los datos elaborados a partir de la ECH y los datos elaborados a partir de la información de la DGI (que tampoco es una garantía). En los dos casos la desigualdad se habría reducido algo, pero difieren en cuánto, y en función de una de ellas el porcentaje de riquezas del 1% más rico permanece estable. Aquí nos enfrentamos al problema del manejo de los datos, un asuntillo sensible a nuestras democracias. Cuando una fuente es favorable para determinados propósitos, los gobernantes se amparan en ella despreocupándose de la dosis de verdad que pueda contener. Parece no importar mucho si el que maneja los datos (amén de una jerga inextricable) sea un “rosadito” o un multicolor.
-Son las reglas del juego. Como ellos tuercen el árbol para un lado, nosotros lo torcemos para el otro, así lo equilibramos.
-Uno sospecha que las dos partes tuercen el árbol para su beneficio. Supongamos, Sócrates, que hubo una leve mejora igualitaria con respecto a la crisis del 2002, aunque responda, sea a que disminuyó la desocupación, sea a que algunos trabajadores pagan menos impuestos, en tanto los trabajadores medianos pagan más. Se ha repartido sacándole a los del medio para darle a los de abajo sin tocar a los peces gordos, o mejor dicho, exonerando a los peces gordos. ¿Te recuerdo algunas cifras acerca de los peces gordos y las mojarritas?
-No sé por qué, estimado Diógenes, pretendes introducir información que nadie en esta campaña ha traído a cuento.
-Por eso mismo. En función de los datos de la DGI, el 1% más rico gana casi lo mismo que el 50% más pobre (2). Como nos referimos a la población mayor de 20 años, estamos diciendo que 23.000 habitantes ganan casi lo mismo que 1.150.000 (3).
-Es el mundo que vivimos, Diógenes. No pretenderás luchar contra eso. Ya lo hicimos y nos fue mal. Como dijo el Pepe: “cuando era joven quería cambiar el mundo, ahora me conformo con arreglar la vereda”.
-Por este camino, Sócrates, cuando seas viejo dirás: “Cuando era joven quería arreglar la vereda, ahora me conformo con arreglar la baldosa”.
-¿No estarás dándome a entender que traicionarás a la causa, como Hoenir Sarthou? ¿No estarás pensando en votar a la derecha?
-Si no me multaran aprovecharía ese domingo para actividades más loables, pero habida cuenta que se me “obliga” a ejercer un “derecho”, pondré en mi hoja de votación esta consigna: “A otro perro con ese hueso”. En cuanto a Sarthou disfruté su artículo, pero su decisión alcanza sólo a octubre y en noviembre otro gallo cantará y ya no podrás tacharlo de traidor ni de ninguna otra lindeza.
-Lo que me temía: te has convertido en el típico pseudo intelectual elitista que mira el mundo desde una nube, desentendiéndose de la política y haciéndole el campo orégano a la derecha.
-Depende cómo entendamos la palabra “política”. Cuando uno vota, Sócrates, afirma al menos dos cosas: la primera y menos importante: a un partido determinado; la segunda y trascendente: legitima una forma de conducir la cosa pública.
-¿Qué pretendes, volver a la monarquía?
– En absoluto, en tanto ya vivimos una monarquía, más bien la tiranía de ese 1% que aquí, allá y acullá, y cada vez más, acapara tanto como el 50% más pobre, y no satisfecha, determina qué se piensa, qué se investiga en las universidades, qué medicamentos se producen, qué granos se plantan, qué guerras se hacen. Ellos logran que imaginemos, cual esclavos que creen conocer la realidad en función de las sombras proyectadas en tu célebre caverna, que vivimos en una democracia cuando nunca jamás como ahora la democracia estuvo más ausente. Bajo ningún otro modo de producción tan pocos reunieron tanto poder en sus manos; unos pocos que por añadidura no sólo ostentan una moral sospechosa, sino que parecen empeñados, compitiendo cual babeantes epilépticos, en conducirnos al abismo.
-Nadie interpretará así tu voto. Si votaras a los mejores, o a los menos peores, nos iríamos aproximando a…
-Reparar más eficientemente la baldosa. No me opongo a que se decidan las cosas mediante votaciones, ni siquiera la mejor forma de lustrar la baldosa, pero como no veo alguna propuesta que ponga en tela de juicio la verdadera naturaleza de las imágenes proyectadas en la pared de la caverna y el fundamento de un sistema que utiliza la “democracia” como quien usa de una máscara, anulo el voto junto a un 3 %, como una forma de generar el espacio para una nueva propuesta, que podríamos llamar democracia sin violar tan abiertamente el lenguaje.
-Ese 3% es inexistente.
-“Vengo haciendo punta solo pero atrás viene un montón”. En el 82 el Partido Comunista exhortaba a votar los sectores más progresistas dentro de lo que permitía la dictadura, sin embargo, afortunadamente, hubo un 10% “inexistente” que votó en blanco.
-La opción, Diógenes, no es entre construir una nueva democracia o no. La opción es elegir lo mejor ahora, pues la gente cobra el sueldo hoy y no en un delirante futuro utópico.
-El problema, Sócrates, es creer que sólo existen dos opciones, cuando en rigor esas dos opciones están englobadas en otras dos (acaso innumerables) más trascendentes. ¿Me permitirías, para explicarme, recordar un breve relato de Kafka?
-Cuéntame lo que quieras, pero te advierto que la campaña me llama y ese señor no es autor de mi preferencia. Me gusta Benedetti, Neruda, Gorki y otros escritores actuales progresistas, sumamente premiados, que…
-Dejemos tus gustos de lado, aunque bien mirados me llevan a pensar que “la lógica de las cosas no puede ser más perfecta”.
-Relata tu historia de una vez (aquí Sócrates cotejó la hora en su reloj) que ya veo que nada podrá impedirlo y prométeme continuar nuestro diálogo la semana próxima.
-Prometido está, que nos queda mucha tela por cortar. Kafka nos habla de un campesino que llega a las puertas de la Ley. Cuando pretende ingresar un imponente guardián lo detiene. “¿Cuándo podré entrar?”. Se le responde: “Ahora no, acaso mañana”. El campesino duerme a las puertas de la Ley. Al día siguiente insiste, mas le dicen: “Si tu deseo por entrar es tan grande ¿por qué no lo intentas? Pero te advierto que soy el último de los guardianes y después de ésta hay otra puerta con un guardián más aterrador y luego otra y otra”. El campesino aguarda y va dando, infructuosamente, todas sus pertenencias para sobornar al guardián y llega a rogarle a las pulgas del gabán del guardián para que que intercedan por él. Por fin, el campesino ya decrépito y casi enceguecido logra atisbar la luz que emerge inextinguible por los resquicios de la puerta del Palacio y en su último esfuerzo pregunta: “¿Cómo es posible que en todos estos años nadie acudiera ante las puertas de la Ley?”, ante lo cual el guardián le responde: “Porque esta puerta era sólo para ti. Ahora mueres, mi labor concluye y permanecerá cerrada para siempre”.

(1) “Desigualdad y altos ingresos en Uruguay”, Burdín, Esponda y Vigoritto
http://www.cef.org.uy/images/TallerDesigualdad2013/desigualdadyaltosingresos.pdf
(2) Un 13,2 contra un 13,9. Ahora, de esos 23.000, los más ricos entre ellos, el 0,5 % de la población, gana más que el 40% más pobre: un 9,5 contra un 8,9. Y el 0,1 más rico, 2.300 personas, ganan un poco menos que 690.000, el 30% más pobre: un 4,6 contra un 5,2.
(3) Antonio Elías http://www.rebelion.org/noticia.php?id=183265

Los orígenes de la crisis del Ébola

Los orígenes de la crisis del Ébola

Tariq Ali y Allyson Pollock
CounterPunch

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-Tariq Ali (TA): Vamos a hablar hoy de medicina y de lo que está sucediendo en África, pero no sólo allí, también en otras partes del planeta, y de cómo la medicina privatizada está ya subyugando todo ese ámbito excepto en unos cuantos oasis que todavía quedan: Cuba, Venezuela, etc. Está conmigo la Profesora Allyson Pollock, una de las científicas y expertas de la sanidad pública más reconocidas en su campo por todo el mundo. Ébola: ¿cuáles son sus orígenes y cómo se extendió tan rápidamente por tres países africanos, Sierra Leona, Liberia y Guinea, aunque ahora el pánico se está extendiendo por todas partes?

-Allyson Pollock (AP): Bien, el Ébola es un virus, nadie sabe muy bien cuáles son sus orígenes, algunos piensan que podría proceder del murciélago y que se extiende a través de los fluidos del cuerpo, ese es por tanto un mecanismo importante de trasmisión. En la mayoría de la situaciones normales debería ser fácilmente controlado con una cuarentena y aislando a los enfermos, pero el gran problema en los países donde es más prevalente, los que has citado, Sierra Leona, Liberia y Guinea, son países muy, muy pobres, donde la infraestructura está cada vez más destrozada, especialmente en lo que se refiere a los sistemas sanitarios, y el virus está presente ya en zonas urbanas donde se da un estrecho contacto entre humanos, por eso es muy difícil de contener y controlar, sobre todo cuando aparece en zonas superpobladas y muy pobres y con muy escaso saneamiento.

-TA: La comunidad sanitaria internacional, por decirlo de alguna manera, la OMS, ¿no reaccionó muy lentamente respecto a lo podría haber hecho en las primeras fases de la enfermedad?

-AP: Bien, supongo que la OMS confiaba en que iba a contenerla con bastante facilidad, al igual que en el anterior gran brote en la década de 1970. ¿Sucedió quizá que no pensaron en el hecho de que esos países en los que está brotando se hallan realmente entre los países más pobres de entre los pobres? Liberia y Sierra Leona han pasado cada uno por largos períodos de guerra civil, han tenido conflictos con refugiados desplazados, el PIB y la economía han quedado muy desangrados y lo que hemos visto en todos esos países es un vaciamiento de todo tipo de servicios públicos y especialmente de sistemas sanitarios. Por todo ello es muy, muy difícil contenerlo, pero a lo que tenemos que enfrentarnos sobre todo es a problemas muy reales de pobreza. Supongo que confiaban en contener fácilmente la enfermedad pero se trata de un virus que tiene una tasa de mortalidad muy alta, se dice que hay un 55% de probabilidades de morir si se contrae. Esto es muy grave pero uno de los grandes problemas es que el mundo occidental, sobre todo el gobierno de EEUU, está respondiendo con soluciones de armas y balas mágicas muy vistas ya: el anuncio de Obama de que va a enviar 3.000 soldados y el anuncio paralelo de que van a centrarse en la producción rápida de la vacuna. Y esto supone la total eliminación del importante factor estructural y social de la sanidad pública, y los principios de toda la salud pública se hallan en soluciones muy sencillas y básicas. Se trata de disponer de agua potable, saneamiento, buena nutrición, es decir, que hay que luchar contra los males de la pobreza. Y, por encima de todo, se necesitan sistemas sanitarios competentes que dispongan de doctores y enfermeras bien formados e instalaciones donde puedas aislar a la gente y puedas también hacer lo que se denomina “rastreo de contactos”: volver a la comunidad para averiguar con quien han estado en contacto las personas afectadas para que puedas entonces ponerlas en cuarentena y aislarlas hasta estar seguros de que realmente no se han contagiado de la enfermedad ni no la han trasmitido durante el período de incubación. Y todas esas posibilidades han desaparecido.

Eso es lo que esos países están viviendo al haber sufrido una erosión y colapso totales de sus sistemas de atención sanitaria y esa es la tragedia. Por tanto, la población cuenta con poquísimos doctores y enfermeras. Sencillamente, no dan abasto, y desde luego las instalaciones públicas que hay están atestadas, están en una situación horrible, carecen completa y totalmente de personal. Por tanto, el problema de una epidemia va a machacarlos, es el Ébola, pero podría haber sido cólera o cualquier otra enfermedad. Y va a golpearlos con toda fuerza. Esto era completamente previsible y lleva siendo previsible desde hace más de veinte años y es de lo que han venido hablando el lobby a favor de la sanidad pública y los defensores de lo público. La solución a esta epidemia no son balas mágicas de vacunas y no está en enviar tropas. Es un problema estructural, social, económico, medioambiental y se resuelve poniendo en marcha medidas de salud pública en todos los sectores.

-TA: Pero, según vemos, todo el sistema capitalista mundial está en contra de los servicios públicos de salud, está a favor de soluciones privatizadas, de instalaciones privatizadas, lo que significa que en la mayoría de los países, y cada vez más, se dispone de dos o tres sistemas de niveles: tienes buenos hospitales de calidad para los ricos y la gente que puede permitírselos, tienes un segundo nivel para la mayor parte de la clase media, que también tienen que pagar pero no demasiado y sus instalaciones no son tan buenas, y después tienes los hospitales públicos, no sólo en África sino en países como la India y Pakistán y Sri Lanka, que son una desgracia total pero no se hace nada al respecto a nivel global porque no se considera una prioridad. Es un escándalo. Teniendo en cuenta que así es como funciona el sistema sanitario del que hablabas, la solución obvia a medio y largo plazo es crear una fuerte infraestructura social en esos países, pero es ahí precisamente donde el Fondo Monetario Internacional les lleva exigiendo que no inviertan dinero desde hace cuatro décadas, así pues, ¿qué crees que pueden hacer?

-AP: Bien, creo que estás planteando dos temas importantes: cuál es el papel del FMI, del Banco Mundial, del Banco Africano de Desarrollo, porque si miramos de nuevo a Liberia, Sierra Leona y Guinea, que en realidad tienen muchísimos recursos naturales, lo que está sucediendo con estos países respecto a su economía, es que las tierras se están privatizando cada vez más y están siendo ocupadas por inversores extranjeros que están entrando y saqueando sus recursos y activos. Liberia tiene un PIB de un par de miles de millones de dólares y una población de cinco o seis millones, por tanto, cómo van a reconstruir el país cuando en realidad sólo cuentas con altos ejecutivos extranjeros, compañías público-privadas y grandes flujos de dinero que se van fuera y no tienes ningún mecanismo de redistribución porque la redistribución implica intentar construir un sociedad más justa y tratar de recuperar los recursos.

Por tanto, eso empieza por la economía, empieza con lo que está sucediendo con la tierra, empieza con el hecho de que el aceite de palma, el coco y el caucho son cultivos comerciales importantes y hay tierra, pero su propiedad se ha transferido; y esto lo han documentado muy bien organizaciones importantes como Global Witness, pero también la Fundación Oakland en EEUU, que han levantado acta de lo que está sucediendo con la tierra y recuerdan que muchos de los campesinos, por ejemplo en Liberia, constituyen el 70% de la población y viven en zonas rurales. Van a ser agricultores de subsistencia, ese es un gran problema, y cuando tienes a la población gastando el 80% del dinero en comida y vas y pones todos esos cercos a su alrededor, desde luego que tienen un problema muy real, porque la pobreza va realmente a acelerarse aún más en esos países a causa del virus del Ébola, porque se están cerrando las fronteras y porque ya no cuentas con flujos económicos. Por eso pienso que necesitamos empezar por la economía porque esa es la causa de los problemas estructurales. Luego tenemos el papel que juega la Organización Mundial de la Salud, que es la autoridad internacional mundial en materia sanitaria. Tiene poderes para elaborar leyes pero desde hace más de veinte años se la viene privando sistemáticamente de fondos y esa financiación está vinculada a todo tipo de condiciones, y esas condiciones las están fijando las grandes ONG mundiales, como la Fundación de Bill & Melinda Gates, que no tienen base democrática, no rinden cuentas y además están haciendo un daño incalculable a través de sus programas verticales de atención a las enfermedades, porque no están enraizados en la sanidad pública y en los sistemas de sanidad pública. Y un buen ejemplo de programa vertical de atención a las enfermedades es cuando coges el Ébola y montas tu operación para hacerle frente ignorando todas las otras causas de la enfermedad, como también sucede en el caso de la malaria, que son la pobreza y malnutrición y, al mismo tiempo, centras todos los esfuerzos en la industria del desarrollo de vacunas.

De verdad que lo que esos países necesitan no son vacunas, sino medidas adecuadas de redistribución y sanidad pública. No aprendemos nada de la historia, eso es lo realmente desesperante. Todas las grandes reformas, todo el gran colapso de epidemias de enfermedades infecciosas no se redujeron con medicinas y vacunas, sino con medidas redistributivas, que incluyen saneamiento, nutrición, vivienda digna y, sobre todo, una verdadera democratización. Y con eso llega la educación y todo el resto de medidas que necesitamos. Ahora bien, no estoy diciendo que no necesitemos vacunas pero uno de los grandes problemas es que esos desarrollos de vacunas están ahora en manos de grandes fundaciones muy poderosas, de ONG, como GAVI (siglas en inglés de Alianza Global para la Iniciativas de Vacunas), que junto con grandes firmas como GSK y Merck, están dispuestas a imponer patentes y la razón por la que les gustan las vacunas… es porque las vacunas significan inmunización masiva, lo que implica grandes cifras y esos cifras entrañan dinero. Y sí, el dinero lo están poniendo los gobiernos occidentales y occidente, pero ese dinero podría fluir mucho más fácilmente hacia los mismos gobiernos africanos para que reconstruyeran sus sistemas sanitarios, porque se trata de reconstruir la infraestructura de la sanidad pública y eso incluye introducir atención sanitaria primaria en la comunidad, sistemas comunitarios de sanidad, unidades de control de las infecciones a nivel comunitario, construir hospitales y formar a enfermeras y doctores. Y el otro gran problema en todos estos países es el de la fuga de cerebros, porque hay allí pocos doctores y enfermeras y muchos de los que hay quieren marcharse, y eso es lo que está sucediendo también en Nigeria, que quieren trabajar en el sector privado o que quieren trabajar para esas ONG porque ganan mucho más dinero, y así es como va vaciándose completamente todo el sistema de la sanidad pública.

Esta situación representa un gran problema porque la Fundación Gates, Bill & Melinda Gates, no creen en el sector público, no creen en un sistema democrático, de propiedad pública al que se le puedan exigir cuentas públicamente.

-TA: ¿Ha dejado la OMS de hacer realmente lo que debía debido a las políticas gubernamentales y a las prioridades del consenso de Washington, i.e., neoliberalismo, privatización de la medicina, incapacidad para controlar a las grandes firmas farmacéuticas, en el sentido de que no puede hacer lo que hay que hacer, como apuntalar, fortalecer, construir si fuera necesario en algunos de esos países sistemas de salud pública?

-AP: Bien, hay un informe muy importante publicado recientemente en el British Medical Journal, creo que de David Legg, que establece realmente qué es lo que pasó en la OMS durante las dos décadas en que EEUU se negó a financiar lo que le correspondía, y te encuentras con que cuando los gobiernos occidentales y EEUU entran en acción, imponen sus condiciones, que giran habitualmente alrededor de las prioridades de Bill & Melinda Gates y no alrededor de las prioridades esenciales de la sanidad pública, y la OMS se encuentra con las manos atadas. Y es realmente la OMS la que tiene poder para hacer leyes, y sin embargo nunca ha ejercido esas funciones de las que hablamos respecto a los déficits democráticos que se producen en el momento en que las grandes financiaciones globales, como el Fondo Gates o el Fondo Buffet, determinan de hecho cuáles son las prioridades mundiales, desvinculándolas de la sanidad pública porque las vinculan a lo económico, necesitan industrializar, necesitan medicalizar y necesitan farmaceutizar. Pero hay en ciernes un gran contragolpe, una gran reacción en el mundo occidental; hay ahora mucho más pensamiento crítico respecto a la ética y la seguridad e idoneidad de los medicamentos y las vacunas, y este grupo está empezando a estar cada vez más articulado y cada vez más y más implicado. Pero uno de los grandes problemas es que debido a la enorme cantidad de dinero que tiene el Fondo de Bill & Melinda Gates, el personal técnico, como yo misma, las tribus de la sanidad pública, se sienten atrapados porque sus posibilidades de conseguir trabajo o de investigar están vinculadas a los intereses del Fondo Global. Y así sucede que el pensamiento crítico se va vaciando, pero al mismo tiempo tenemos las funciones esenciales que cubre la sanidad pública porque la sanidad pública está ahí, como diría Ibsen en Un enemigo del pueblo; tenemos que ser realmente críticos para poder evaluar y pensar de forma racional y para recordarle a todo el mundo cuáles son las determinaciones sociales de la salud, no es tan complicado. No se necesitan pociones mágicas ni gastar millones de dólares en genética y laboratorios, se necesitan cosas muy, muy básicas, pero que son esenciales porque son de las que dependen las infraestructuras de la salud pública.

-TA: Contrasta con lo que está pasando en la mayor parte del mundo, la situación de un país diminuto como Cuba, que ha conseguido levantar un sistema de salud pública a partir de muchos de los factores que estás defendiendo. Está muy centrado en la medicina preventiva, que impide que una enfermedad se propague, y tiene uno de los mejores historiales de salud pública para los ciudadanos cubanos, y también ha ayudado a Venezuela, a los ciudadanos venezolanos y a otros ciudadanos sudamericanos, que están ahora en mejores condiciones que muchos pueblos, por ejemplo, de la Europa del Este, donde se ha llevado a cabo una gran privatización; y no digamos ya en África y grandes zonas de Asia. ¿Has estudiado ese sistema?

-AP: Sí, pienso que el sistema cubano es muy alentador y cualquiera que haya estado en Cuba no ha podido sino sentir los beneficios de la sanidad pública. Quiero decir que es un país que realmente conoce el significado de la austeridad y su PIB es equivalente al de muchos de estos países pobres, pero no tienen esas desigualdades extraordinarias porque su visión de la medicina y las campañas que han llevado a cabo han incentivado la sanidad pública y la sanidad para todos. Por tanto, lo han hecho extraordinariamente bien, muy, muy bien. El problema real se produce ahora como consecuencia de las políticas neoliberales y de la necesidad de conseguir los productos, las medicinas, en el mercado; es un momento muy importante para que Cuba piense en ello. Tienen que recordar continuamente cuál es su PIB y en lo que han conseguido con él si se comparan con algunos de los países más pobres del mundo, como Sierra Leona y Liberia, especialmente Liberia.

-TA: El otro aspecto, desde luego, es que los cubanos han enviado un buen número de sus doctores a zonas de África, Sudamérica, a cualquier lugar donde se hubiera producido un desastre. Recuerdo en las terribles inundaciones en Pakistán, realmente horribles, a todo un equipo de doctores cubanos que llegaron y les llevaron hasta las zonas más remotas del país donde los hombres no permitían que a sus mujeres las vieran doctores porque la mayoría eran hombres. Y cuando vieron el equipo cubano, en el que había un 60% de doctoras y un 40% de doctores, los hombres de esas comunidades dijeron: “Ah, tenéis doctoras, ¿sois doctoras?”, y ellas contestaron “sí, sí”, entonces les dijeron “OK, podéis ver a las mujeres allá donde vayáis”. Fue algo sorprendente y las mujeres estaban encantadas y lo mismo sus niños, y una doctora cubana me contó que les dijeron: “¿De dónde venís?”, y ella contestó “Venimos de Cuba”. “¿Dónde está eso?”, “Es una isla diminuta del Caribe”. Y le preguntaron, “¿quién es vuestro líder, qué gobierno tenéis?”. Fueron muy cuidadosas porque estaban en una misión médica, pero les dijeron: “¿Queréis ver una foto de Fidel Castro, que es nuestro líder?”, y le dijeron que sí. Y les mostró una foto de Castro y las mujeres dijeron: “Dios mío, tiene barba, como los que hay a veinte kilómetros de aquí, ¿quieres ir a ver a esos barbudos?”. [Risas]. Pero estaban muy impresionadas y todos los medios de Pakistán se referían a lo que habían hecho, los cubanos dijeron “no queremos ayuda del gobierno, hemos venido con nuestras tiendas, nuestro equipamiento, todo lo que queremos son recipientes para hervir el agua y del resto ya nos ocupamos nosotros; traemos medicinas con nosotros”.

Y la otra cuestión es que, a diferencia de los servicios sanitarios construidos en Europa Occidental tras la II Guerra Mundial, incluido el Servicio Nacional de Salud [Reino Unido], los gobiernos de esos países nunca establecieron industrias farmacéuticas para complementar esos servicios sanitarios. Ni siquiera consideraron seriamente la posibilidad de nacionalizarlos, porque eso habría hecho bajar los precios de las medicinas y no poder cobrar por las recetas. Vamos un momento a abordar un tema que conoces muy bien: el servicio de salud en Gran Bretaña y los países de la Unión Europea, Allyson, ¿qué está sucediendo? Una cosa es hablar de África, pero, ¿qué está sucediendo con los servicios sanitarios en Europa?

-AP: Lo que está sucediendo ahora en Europa, por lo que muchos estamos preocupados, es que se están importando las políticas neoliberales que vienen de EEUU, todo lo referente a la industria de la atención sanitaria en EEUU, que ha agotado los fondos del país porque la sanidad alcanza el 18% del PIB, comparada con el 9% o 10% de la media en Europa, por lo que los inversores de la sanidad necesitan encontrar nuevos mercados y están muy ocupados tratando de penetrar y abrir los sistemas de atención sanitaria en Europa. Y desde luego, para ellos, el mayor trofeo es el Servicio Nacional de Sanidad (NHS, por sus siglas en inglés) del Reino Unido porque durante mucho tiempo fue el más socializado de todos los sistemas de atención sanitaria. Ha habido descentralización; Escocia, Gales e Inglaterra tienen sus propios servicios y Escocia y Gales, que son territorios muy pequeños, no cubren más que a 8 ó 9 millones de personas, han conservado un servicio nacional de sanidad, pero Inglaterra –y mucha gente no es consciente de ello- abolió sus servicio nacional de sanidad en 2012 con el Acta de Atención Sanitaria y Social. Lo que queda del NHS es un flujo de fondos, se ha visto reducido a un logo y lo que el gobierno está haciendo ahora es acelerar la desaparición de lo que queda del servicio nacional bajo propiedad pública, y para ello está cerrando hospitales, cerrando servicios y privatizando o subcontratándolo todo. Por tanto, del mismo modo que estamos viendo que en Liberia y Guinea las tierras públicas, los recintos, están transfiriéndose a propietarios privados extranjeros, lo mismo está sucediendo con nuestros servicios públicos, con nuestros hospitales públicos, con nuestras instalaciones públicas. Se están cerrando y entregando a inversores privados que sólo buscan el lucro y todo esto está sucediendo a una extraordinaria velocidad en Inglaterra. Mucho más rápidamente que en cualquier otro lugar de Europa, respondiendo a un gran proyecto neoliberal global.

-TA: Para privatizar la sanidad.

-AP: Sí, para privatizar no sólo el sistema sanitario sino también, en última instancia, la financiación. Ahora, en EEUU, alrededor de esa mitad del 18% del PIB la está pagando el gobierno, el gobierno es en efecto un contribuyente y después canaliza el dinero hacia las corporaciones privadas con ánimo de lucro. El gobierno en Inglaterra abolió el acta de sanidad y asistencia social porque quería abrir nuevos flujos de financiación. Pero eso reduce el nivel de los servicios públicos disponibles, creando un clima de descontento respecto al NHS, obligando a la gente de las clases medias, como tú y como yo, Ali, a ir por lo privado y pagar de nuestro bolsillo, o hacerte un seguro sanitario, y así es como vamos desertando, abandonando lo que queda y, al mismo tiempo, el gobierno está reduciendo todos nuestros derechos porque ya no tienen la obligación de proporcionar una sanidad universal. Ese deber estuvo en vigor desde 1948 y se abolió en 2012. Es decir, el gobierno reduce todos nuestros derechos, reduce todo de lo que disponíamos y cada vez más tendremos que acudir, como te comentaba, a pagar por nuestra cuenta o a hacernos un seguro privado. Y la industria de los seguros sanitarios privados con ánimo de lucro está aquí, está en EEUU y está impulsando las nuevas estructuras que el gobierno ha puesto en marcha para dejarnos en sus manos manos de los seguros sanitarios privados; eso es lo que estamos viendo.

Ese nuevo sistema que está poniendo en marcha el gobierno sigue el modelo de EEUU y va a suponernos una pérdida inmensa y será también una catástrofe para la sanidad pública porque va a implicar que muchos, muchos millones de personas se irán quedando sin atención; por supuesto que los mercados hacen que la gente se vuelva invisible, que no se la vea. El doctor que está frente a ti sólo ve el paciente que le llega; no ve las muchas decenas de miles a los que se niega el acceso a la sanidad, y esa es la razón de que en EEUU los doctores no estén en la calle haciendo campaña. Pero en el Reino Unido, los doctores sí están en la calle protestando, están ahora a favor del Partido de la Alianza por la Sanidad Nacional, están poniendo a sus candidatos frente a los partidos convencionales. Y puedes ver que los doctores están listos para luchar por la sanidad pública universal; una vez que nuestro NHS ha desaparecido completamente, que ha sido abolido, que todo lo que quedaba se ha liquidado, tienes que utilizar el paralelo del roble, que parece estar brotando y floreciendo pero que le han cortado las raíces y le puede llevar muchos meses o años hasta entrar en decadencia total. Pero una vez desaparecido, los doctores ya no estarán ahí. Serán como los médicos de EEUU, que sólo están interesados en ellos mismos, interesados en sus propios bolsillos y ajenos al acceso universal a la sanidad. Y este es el crimen del siglo, la forma en que la coalición inglesa, tanto conservadores como demócratas liberales, ha abolido realmente nuestro NHS, pero en el camino han contado con la enorme ayuda del gobierno laborista que estuvo antes que ellos.

-TA: ¿Sentó las bases el laborismo de toda esa situación cuando estaba en el poder?

-AP: Absolutamente. Alan Milburn, el Secretario de Sanidad llevó a cabo la operación en el 2000. En 1997, el gobierno laborista tuvo ocasión para revertir las políticas de privatización y mercantilización, de librarse de la iniciativa de financiación privada y tuvieron un muy buen Secretario de Estado que estaba decidido a llevarlo a cabo…

-TA: ¿Frank Dobson?

-AP: Frank Dobson. Pero se deshicieron de él a toda prisa y en su lugar nos colocaron a Alan Milburn y su plan de diez años; ahora ha entrado a trabajar en las mismas compañías que ayudó a crear. Pienso que es una tragedia, como cuando se aprobó el proyecto de ley en el parlamento para abolir el NHS, muchos de los pares y muchos de los parlamentarios tenían conflictos de intereses porque realmente tenían intereses en las empresas sanitarias que estaban estableciéndose.

-TA: Es realmente indignante. Y Milburn es uno de ellos.

-AP: Sí, es una parodia de democracia, lo es realmente, y como doctora de la sanidad pública sostengo que es una catástrofe absoluta porque en estos momentos sabemos que personas de todas las edades, con enfermedades mentales graves, no pueden acceder a la atención sanitaria, personas con derrames cerebrales, con enfermedades crónicas, se les niega el acceso a la sanidad y son voces que claman en el desierto, a las que nadie escucha, nadie las escucha porque no hay mecanismos colectivos para que se les pueda ya escuchar. Y los médicos y enfermeras están totalmente desesperados. Pero tenemos la solución; mis colegas han elaborado un proyecto de ley para restaurar el NHS y esperamos que lo restaure cualquiera que sea el partido que llegue al poder; por tanto, la solución está ahí, está ya redactada y preparada, para restaurar y restablecer el NHS.

-TA: ¿Es legítimo conseguir beneficios inmensos a costa de las necesidades básicas de la gente común y corriente?

-AP: Eso es lo que está ocurriendo, se consiguen beneficios a costa de las enfermedades de las personas. La historia empezó con la industria farmacéutica y con la producción de vacunas, era perfectamente aceptable conseguir beneficios de ahí, por lo tanto pensaron ¿por qué no seguimos adelante y conseguimos beneficios de las enfermedades y la atención sanitaria? Por supuesto que el NHS se estableció en Inglaterra para ser redistributivo. Se financiaba con los impuestos, era progresista, lo que significaba que el dinero fluía de acuerdo con las necesidades. Pero lo que estamos viendo ahora es que el dinero fluye de acuerdo con las necesidades de los accionistas y no de los pacientes, y eso es como para preocuparse muchísimo. Desde luego. Todo depende de la voluntad política. Todo puede revertirse pero depende de la política, de la democracia y de que el pueblo haga que su voz se escuche.

-TA: Estoy de acuerdo.

Allyson Pollock es profesora de Política e Investigación de la Salud Pública en la Universidad Queen Mary de Londres.

Tariq Ali es un escritor y director de cine pakistaní. Escribe habitualmente para The Guardian, Counterpunch, London Review of Books, Monthly Review, Z Magazine. Ali es, además, editor y asiduo colaborador de la revista New Left Review y de Sin Permiso, y es asesor del canal de televisión sudamericano Telesur. Su último libro, publicado por Verso, es The Obama Syndrome: Surrender at Home, War Abroad’.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2014/10/10/the-origins-of-the-ebola-crisis/

La realidad en Medio Oriente: Entrevista a Noam Chomsky

La realidad en Medio Oriente: Entrevista a Noam Chomsky

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M. Albert: Algunos analistas sostienen que el caos que vive actualmente Irak es resultado del retiro de tropas estadounidenses del país. ¿Qué opina usted sobre este argumento?

N. Chomsky: Prácticamente, sin excepción, el mazo estadounidense ha dañado severamente a la sociedad iraquí desde hace 50 años cuando comenzó a intervenir apoyando un golpe de Estado militar. En los ochenta, Washington apoyó de manera decidida la invasión a Irán, liderada por Saddam Hussein, que fue altamente destructiva para ambos países. Una especie particularmente sádica de “contención mutua”. La admiración estadounidense por Saddam fue tan grande que, cuando terminó la guerra, el Presidente (George) Bush (padre) invitó a los ingenieros nucleares iraquíes a EE.UU. para entrenamientos avanzados en armas nucleares y producción. En abril de 1990, Bush envió una delegación de senadores, de alto nivel, encabezada por el futuro candidato presidencial del Partido Republicano, Bob Dole, para extender un caluroso saludo a su amigo Saddam y asegurarle que no compartía los comentarios hostiles en su contra, aparecidos en la prensa estadounidense. La transcripción está disponible, y es bastante impresionante, por lo cual asumo que casi nadie la conoce.
Algunos meses después, Saddam cometió su primer error: desatender o tal vez malinterpretar órdenes, invadiendo Kuwait. Saddam rápidamente se dio cuenta de su error y buscó alguna forma de salir de Kuwait sin ser aplastado por un ataque estadounidense. Bush no permitiría nada de eso. Como explicó Colin Powell en una discusión interna, si EE.UU. dejaba a Saddam retirarse de Kuwait, permanecería un gobierno títere y todos los Estados árabes estarían felices. En resumen, hizo lo mismo que había hecho en Panamá unos meses atrás, sólo que los latinoamericanos estaban lejos de sentirse felices con el resultado.
Entonces, EE.UU. lanzó una guerra devastadora, destruyendo gran parte de Irak, más allá de cualquier acción que debían tomar para sacar a Saddam de Kuwait, lo cual probablemente lo hubiesen logrado simplemente negociando (aunque los medios de comunicación suprimieron esa opción, que no era la preferida de Washington). Después del gran triunfo, cuyo principal logro fue enterrar a pobres soldados iraquíes en la arena con trascabos, Bush pudo declarar triunfalmente que “lo que decimos, se hace” y era mejor que el mundo lo comprendiera.
Después vinieron las sanciones de(l) (Presidente Bill) Clinton, que devastaron a la sociedad civil aún más. Tenían su componente “humanitario”: el programa de petróleo por comida. Este programa fue administrado (bajo el auspicio de Naciones Unidas) por los reconocidos diplomáticos Dennis Halliday y Hans von Sponeck. Los dos renunciaron en protesta, considerando que las sanciones eran “genocidas”. El libro A Different Kind of War, escrito por Von Sponeck sobre el caso, está prohibido en EE.UU. (y en Gran Bretaña). Las sanciones devastaron a la sociedad civil, fortalecieron al dictador, empujaron a la sociedad a depender del sistema de distribución estatal para sobrevivir, y probablemente salvaron a Hussein del destino de una larga serie de monstruos apoyados por Estados Unidos, que fueron derrocados en sus países: Somoza, Marcos, Duvalier, Suharto y otros personajes, más recientemente Mubarak y otros.
Después vino la invasión británico-estadounidense, que destruyó casi todo lo que quedaba, y creó un conflicto entre sunníes y chiíes que ahora está destruyendo Irak en pedazos y ha esparcido el veneno a través de la región. El ejército que fue armado y entrenado por EE.UU. durante una década, ha colapsado frente a unos miles de insurgentes y su apoyo local. Saddam sin duda era un monstruo, como muchos otros apoyados por Estados Unidos. Pero durante su mandato, la sociedad no sólo funcionaba, sino que también avanzaba bastante bien comparada a otros países del mundo árabe.
Es difícil evitar llegar a la conclusión del Comandante de la Marina (estadounidense) David Shoup en 1966, que se refirió a la Guerra de Vietnam diciendo: “Creo que si hubiésemos mantenido nuestros sucios, sangrientos y codiciosos dedos fuera de los asuntos de estas naciones, tan llenas de personas explotadas y deprimidas, ellas mismas hubiesen encontrado una solución que obedeciera a su deseo y voluntad, y que hubiesen luchado y trabajado por alcanzar”.

M. Albert: Los principales medios de comunicación hacen ver al ISIS (Estado Islámico en Irak y Siria) como un grupo bastante horrendo, inclusive llevando a cabo ejecuciones masivas. ¿Cómo evalúa usted estas acusaciones?

N. Chomsky: Creo que son bastante precisas.

M. Albert: ¿Cuál es su opinión en torno a varias de las políticas y propuestas estadounidense hacia Irak: enviar entrenadores militares, enviar armas al gobierno iraquí, presionar al gobierno iraquí para ampliar su base, usar drones o poder aéreo para apoyar al gobierno, y por último enviar tropas estadounidenses al país?
Los iraquíes suelen describir la invasión de EE.UU. como un recuerdo de las horrendas invasiones mongoles del Siglo XIII, y tienen razón. Como muchos otros alrededor del mundo, el país es una creación del imperialismo europeo, y sus fronteras fueron diseñadas para garantizar a Gran Bretaña (no a Turquía) el control de los campos de petróleo en el norte, y para bloquear fácilmente el acceso al Golfo Pérsico (por eso Kuwait era un principado dirigido por los británicos). Pero, para bien o para mal, se construyó una nacionalidad iraquí, y la mayor parte de los árabes iraquíes parecen querer que su país se mantenga unido (los kurdos son una historia diferente). La situación parece estrecharse cada vez más. Sin algún tipo de acuerdo político interno – por más tentativo o improvisado – es difícil pensar en una política constructiva, particularmente entre quienes aplican el mazo, para un efecto tan destructivo por tantos años.

M. Albert: Obama ha anunciado que busca financiar a la oposición en Siria con 500 millones de dólares en ayuda militar y entrenamiento ¿Cómo ve usted esto?

N. Chomsky: Siria está encaminándose hacia una catástrofe. El resultado probable es una especie de partición: una región gobernada por Assad, una región kurda con un grado de autonomía y tal vez ligada al Kurdistan iraquí, y una región gobernada por grupos armados enfrentados entre sí, con el ISIS estableciendo algunas medidas de control. Es difícil ver cómo un involucramiento militar estadounidense podría mejorar este horrendo desastre, para decirlo de forma moderada.
Si EE.UU. (e Israel) tuvieran un interés real en apoyar a la oposición a Assad, hay medidas muy simples que pudiesen haber tomado. Por ejemplo, si Israel hubiese movilizado tropas a los Altos del Golán (territorio sirio anexado por Israel en violación a las órdenes del Consejo de Seguridad), Assad tendría que mover sus tropas a la frontera, quitando mucha presión sobre los rebeldes. No existe evidencia de que ese tipo de ideas fueron consideradas.
Parece que Israel no tiene ninguna objeción a que los árabes se maten entre sí. Debilita cualquier oposición regional que pueda surgir al expansionismo criminal en los territorios ocupados, y también contribuye a la imagen de “la villa en medio de la jungla”. EE.UU. probablemente también ve en el gobierno de Assad lo mejor que pudo haber anticipado.

*Michael Albert es fundador de una variedad de proyectos comunicacionales, como Znet, Z Magazine, Z Media Institute, y South End Press. Además, ha escrito 21 libros sobre estrategia y una alternativa al capitalismo al cual él llama la economía participativa. Sus más recientes libros incluyen: Fanfare for the Future (ZBooks), Remembering Tomorrow (Seven Stories Press), Realizing Hope (Zed Press) and Parecon: Life After Capitalism (Verso Books).

Dantesca: sobre la reforma educativa propuesta por el Partido Nacional uruguayo

Dantesca

por Daniel Martirena.

Original en…
http://ladiaria.com.uy/articulo/2014/9/dantesca/

borrador

La enseñanza y el aprendizaje (así, sin ese guión que pretende que éste es consecuencia natural de aquélla) son fenómenos que poseen una relativa autonomía. Los estudiantes aprenden de los profesores y del resto de su entorno, según su historia personal, sus aspiraciones y el empeño que pongan en la tarea.

Por suerte, lo que sucede en la cabeza de nuestros estudiantes es inescrutable, por más que las pruebas estandarizadas intenten decir lo contrario. Sin embargo, es difícil que los aprendizajes a los que aspiramos para las generaciones más jóvenes se produzcan si la calidad de la enseñanza es mala.

Los profesores se preparan para enseñar durante años, guiados por otros que han desarrollado un saber académico que los hace profesores de profesores, a la vez que el contexto de las charlas y discusiones con otros estudiantes y con las situaciones a las que se enfrentan van poniendo a prueba su capacidad para poner en práctica los conocimientos adquiridos. De este proceso surgen profesionales que seguirán formándose en la práctica de su labor docente.

Para que los profesores enseñen y provoquen la posibilidad de aprender en sus estudiantes, deben saber lo que enseñan. Esta simple premisa, aparentemente obvia, fue menospreciada por intentos de cambio que apuntaron al diseño curricular como base del problema. El más radical de ellos estuvo asociado con la administración Rama en el Codicen: las asignaturas eran sustituidas por “áreas”, en un intento que nunca pasó del papel. Los estudiantes detectaban la falla y decían “el año pasado tuvimos Historia” o “Geografía”, dependiendo de la matriz en la que se hubiera formado el profesor. De nada valía que éste insistiera en que “daba” un curso de Ciencias Sociales.

La tardía (¿en forma calculada para minimizar su discusión?) aparición del programa del Partido Nacional, incluye una iniciativa de reforma curricular pobremente explicada (¿una demostración de improvisación?) e increíblemente poco debatida. En ella se propone una estructura en tres círculos de prioridad decreciente. En el primero aparecen idiomas, matemáticas, ciencias (¿cuáles?); en el segundo círculo, informática, formación ciudadana, “valores” (?), “competencias emprendedoras” (???). Estas asignaturas serían obligatorias, y los estudiantes que no alcanzaran en el primer círculo un nivel satisfactorio según “estándares internacionales” deberían asistir a cursos “remediales”. Si llegaran a ese nivel, podrían cursar materias del tercer círculo, entre ellas literatura, filosofía e historia del arte, cuya “oferta” podría “variar de un establecimiento a otro, según decisiones tomadas en el propio establecimiento”.

Insiste esta propuesta en la creencia bastante extendida de que para aprender más matemáticas y mejorar en idiomas son necesarias más horas de estas materias, algo que desconoce dos objeciones. Una es que hay un punto de saturación en el aprendizaje, y por lo tanto no se mejora por simple adición de horas, aparte de que aprender a operar o a expresarse no se aprende sólo en Idioma Español o Matemáticas.

La otra objeción es la que expuse al comienzo. Desde hace años se recurre a la solución de aumentar las horas de estas asignaturas, a las que se ha asignado una centralidad indiscutible. Uno de los resultados es que los liceos tienen cada vez más dificultades para conseguir profesores que las impartan.

Si esto es así para asignaturas con una consolidada historia en materia de formación docente, no cuesta imaginar qué sucedería con la inclusión de espacios (¿asignaturas?) como “Valores” y “Competencias emprendedoras”, o para la “introducción de la seguridad vial como materia curricular”, que aparece en otro punto del programa.

Por otro lado, la implementación de “cursos remediales” para llegar a un nivel satisfactorio que permita cursar el tercer círculo, consolida una diferenciación del estudiantado sumamente nociva. Nada indica que un estudiante que anda mal en las asignaturas “prioritarias” deba ser privado de acceder a cursos de literatura, filosofía o teatro. Esto no resiste ningún análisis, pero además parte de una premisa falsa, devenida de las teorías que unen mediante un nexo causal la enseñanza-aprendizaje. Podemos tener alguna idea sobre el aprendizaje de un estudiante, pero no podemos saber a ciencia cierta si aprendió o no, aunque insista en lo contrario una batería de propuestas conductistas (en las que se basan las pruebas estandarizadas internacionales, como la popularizada PISA).

Por lo mismo, si congelamos el acceso de un estudiante a materias más complejas porque aún no aprendió a comprender un texto, sólo lograremos privarlo de otra forma de llegar a lo que no comprendió por la vía tradicional.

Si la propuesta del PN se llevara a cabo, causaría una fractura curricular y quizás una regionalización de la currícula; tendríamos liceos en los que se desarrollarían todas las asignaturas y otros donde predominarían las “prioritarias”. No es el primer intento al respecto: en los últimos años el mismo partido impulsó una tímida fractura curricular bajo la máscara de la autonomía de los centros. A fines del siglo XIX, desde el sector ganadero, se presentó la misma intención en un discurso muy aplaudido de Daniel Muñoz, que en 1895 decía: “Propaguemos en la campaña la escuela elemental que enseña sólo a leer y escribir… y no aspiremos a más, señores, porque si pretendemos sacar de sus naturales fronteras la educación común, vamos derechamente al desquicio social”*.

Es discutible que los cambios en la enseñanza deban empezar por una profunda reforma curricular. Probablemente haya otras modificaciones más urgentes. Lo que es indudable es que no puede hacerse ningún cambio sin saber con qué recursos se va a contar. Tener profesores que sepan sobre lo que enseñan es ineludible. Reflexionar sobre el papel que cumple la evaluación también, así como dejar de lado las trampas facilistas que prometen resultados inmediatos apelando a mecanismos remediales. Evitar una ruptura curricular que dificulte el acceso a la cultura para vastos sectores de nuestros niños y adolescentes es una condición fundamental si lo que se quiere es aportar a la construcción de una sociedad democrática.

*Barrán y Nahum, Historia social de las revoluciones de 1897 y 1904. EBO, 2ª edición, Montevideo 1993, pág. 50.

Esclavos, pero del dislate (respuesta a “Esclavos, pero de la ley” de Jorge Batlle)

Esclavos, pero del dislate (respuesta a “Esclavos, pero de la ley” de Jorge Batlle)
por Marcelo Marchese

esclavos

Con cierto grado de asombro por la inusual prosa que se desplegaba ante mis ojos, leí el artículo de Jorge Batlle incluido en el libro colectivo “Las instrucciones del año XIII 200 años después”. Esta sensación dio paso a cierto grado de condescendencia un poco malévola, cuando en el cuarto párrafo me topé con esta joya de la literatura patriota: “Fue un proceso interesante porque se había producido ya la Revolución Industrial en Inglaterra, comenzando por la Glorius Revolution de Cromwell, y hubo algunos otros factores que determinaron unos cambios formidables en la vida de Inglaterra. Inglaterra se transformó, de un país que tenía como fuente de energía la bosta de los caballos y vacas y la combustión de la madera, a un país que (había aprendido de Holanda a utilizar los recursos cuasicarboníferos) comenzó a usar el carbón y que en el momento histórico que estamos analizando había llegado a producir tres veces más carbón que el resto del planeta”. Si el autor se hubiera esmerado, no hubiera podido componer una tirada más cacofónica. Además el uso del paréntesis es extremadamente dudoso, sobre todo por la inutilidad de la información que nos brindan las palabras contenidas, pero lo más llamativo es “un país que tenía como fuente de energía la bosta de los caballos y vacas y la combustión de la madera”.
Mas haciendo una violenta abstracción del estilo vayamos al garrafal error historiográfico. La Glorius Revolution no tiene nada que ver con Cromwell, de igual forma que Cromwell no tiene nada que ver con la Glorius Revolution. El problema no es sólo que el citado personaje ya estuviera mirando las lechugas desde abajo cuando sucedieron los gloriosos acontecimientos, si no el que fuera personaje clave en circunstancias anteriores a la Glorius Revolution, por las cuales, para desgracia de los reyes europeos, en la plaza pública se emancipó la cabeza del monarca del cuello que hacía normalmente de asidero. Entremezclar estos hechos equivale a decir que Cristóbal Colón llegó a la luna a bordo de la Niña, la Pinta y la Santa María. Alguien podrá objetar que hay 500 años y unos cuantos kilómetros entre Colón y Armstrong, cuando apenas separan a los sucesos ingleses unas décadas. Es verdad, hay una gran diferencia, sin embargo la Glorius Revolution se llamó de esa manera tan eufónica por ser incruenta, por no haber establecido un espacio considerable entre la testa coronada y el cuerpo regio. Si hubiera justicia en este mundo, Oliver Cromwell sería recordado como el prócer de su país, pero la justicia no es un bien que uno pueda encontrar usualmente en el mercado histórico. Él será todo el auténtico héroe que uno quiera, pero fue un dictador que no guardó el debido respeto por ciertas tradiciones muy inglesas y fue la antítesis del espíritu del otro acontecimiento histórico que se ha preferido recordar de una manera rimbombante. Si se nos preguntara cómo nos explicamos este traspié, pensamos que Batlle fue encandilado por la belleza de las palabras Glorius Revolution, las cuales, pese a quien pese, pretendió encajar en el texto.
Todos y cada uno de los párrafos de este artículo son verdaderas perlas engarzadas una al lado de la otra conformando un collar de una feroz audacia intelectual. El autor podría estar dando nacimiento, si tuviese seguidores, a una corriente que deberíamos definir como surrealismo histórico. De tramo en tramo, como si se atendiera a un plan, se destaca una perla más grande que las otras. Ya vimos el párrafo cuatro, ahora citaremos in totum, para regocijo del lector, el párrafo ocho: “A veces los acontecimientos son un poco difusos, no se sabe cuándo comienzan los hechos históricos, pero aquí tenemos una fecha bien precisa: el cambio comenzó el 21 de octubre de 1805, al mediodía. Porque fue al mediodía que el almirante Nelson le explicó a todos los comandantes de su flota, a los que reunió a bordo de su barco, el HMS Victory, lo que llamó el “Nelson touch”. Nelson les cambió ese día el esquema de las batallas navales, que eran batallas en paralelo, donde cada uno, navegando a favor del viento, buscaba ser más eficiente que el otro. Nelson les hizo hacer una cosa en apariencia muy simple pero tremendamente eficaz, con la cual logró destrozar a los franceses. No era un asunto tan difícil porque los franceses nunca habían tenido una presencia marítima significativa, pero lo que sí resultó importante fue que con ese pequeño cambio logró destrozar a la Armada Invencible española, clave para el Imperio de los Borbones”.
En rigor, esa “fecha bien precisa” no fue un 21 de Octubre, pues el 21 fue la batalla y es irrazonable que ese día Nelson haya reunido, cual director técnico que arenga a sus jugadores, a los comandantes de su flota para desnudarles su plan, cosa que sí hizo el 10, el 9 o antes todavía. Pero este es un error menor comparando con introducir brutalmente en este relato a la Armada Invencible. Es como decir que Artigas en las Piedras venció a su enemigo Bin Laden, el cual venía acompañado por un tal Iván. La ruina de la Armada Invencible sucedió en 1588 y la Batalla de Trafalgar en 1805. Transcurrieron doscientos diecisiete años y en uno de los acontecimientos intervienen los franceses en una armada combinada, pero en el otro no vienen a cuento. Acaso el lector razone que el articulista cometió un lapsus. Eso mismo pensé, pero al lado de la perla número ocho, se engarzó, como no puede ser de otra manera, la perla número nueve, que dice así: “En el enfrentamiento con los franceses no fueron solo los ingleses los protagonistas, sino que también lo fueron los vientos huracanados y el desconocimiento de las costas del canal de la Mancha, sobre todo por parte del duque de Medina Sidonia, que era quien tomaba las decisiones, pese a ser un hombre de tierra y no de mar. Pero en el enfrentamiento con los españoles y con la derrota de la Armada Invencible los protagonistas plenos fueron esos ingleses que lograron la apertura de América al mundo”. Batlle debió percatarse que algo no cuadraba, pues si decía que la lucha era “con los franceses”, no resulta creíble que fuera uno de apellido andaluz el que “tomaba las decisiones, pese a ser un hombre de tierra y no de mar”. Tiene razón cuando afirma que el “desconocimiento de las costas del canal de la Mancha” por parte de aquel “hombre de tierra y no de mar” (que a su ignorancia del mar en general sumaba la ignorancia de aquel mar en particular) fue lamentable para los intereses españoles en el año 1588. Debió advertir que si la batalla fue en Trafalgar, esto es al sur de España, nada tendría que ver el desconocimiento del Canal de la Mancha, salvo que estemos pensando en barcos gigantescos que arrojaban cañonazos desde España hasta Inglaterra y viceversa ¿A qué viene la irrupción en escena de ese protagonista apasionante, “los vientos huracanados”, cuando en Trafalgar, si excluyéramos otros aspectos y sólo nos centráramos en cuestiones climáticas, podríamos afirmar que se vivió una calma chicha? Es evidente que a través del método del collage surrealista introdujo en la posterior Batalla de Trafalgar las condiciones climáticas que arruinaron a la Armada Invencible a su regreso de su penosa incursión a las Islas Británicas en el siglo XVI.
La perla número diez no desmerece de las anteriores: “Todo se embarcaba en Cádiz, atravesaba el océano y llegaba al istmo de Panamá. Se desembarcaba en el Callao; la carga se ponía encima de una mula y al final se desembarcaba en Buenos Aires, con un costo absurdo”. La inmensa maravilla de este párrafo consiste en esa pantagruélica mula que aguardaba la carga de los galeones para luego avanzar, haciendo retumbar el continente, hacia Buenos Aires, “desembarcando” allí la mercadería. Las proporciones de esta mula guardan cierta analogía con aquellos barcos que protagonizaron, en medio de vientos huracanados que sólo afectaron a una de las partes, la célebre Batalla de Trafalgar de la Mancha.
El lector se preguntará a cuenta de qué se nos ilustra de esta manera. Es un despliegue de erudición presidencial para introducirnos a los cambios que se vivirían en América, sin embargo, se nos advierte, los acontecimientos reseñados no afectaron en nada a cierto “político superior a todos los demás que hubo en América, salvo Miranda”: “Si bien tanta influencia y espíritu francés llegaron, Artigas estuvo fuera de todo ese contexto jacobino, girondino, inglés y norteamericano. Artigas es un héroe auténtico de nuestra patria porque es un aragonés puro…” Si hubiera sido inglés, norteamericano o integrante de aquella nación montañosa conocida como Jacobinia o esa otra más tolerante llamada La Gironda, nuestro héroe hubiese sido foráneo, pero siendo aragonés ya es otra cosa y, ojito, lo definitorio en Artigas no sería su ilustración, si no su carácter. “Para mí el hecho más importante de la vida de Artigas, de tantas y tantas cosas importantes que dijo y que escribió…, tiene que ver con su decisión de no regresar a su provincia, después de la derrota del año 20”. Van a visitarlo Demersay y el General Paz y les dice: “no, yo no vuelvo”. Va su hijo José María; Rivera le manda una carta, “es una carta al amigo, a aquel a quien le encargó que cuidara de sus hijos” (seguramente pretendió decir que Artigas le encargó a Rivera que cuidara de sus hijos) y él dice: “no, yo no vuelvo. Artigas demostró en esa decisión el sentido político de la grandeza de su destino y de su acción, como -sin ninguna duda- no lo tuvo ninguno de sus contemporáneos. Artigas tiene el mérito de haber crecido por las decisiones de su vida, por haber dicho: no, yo voy a estar hasta mi muerte acá, porque es la única forma de sobrevivir allá”.
Si la Glorius Revolution y Medina Sidonia en Trafalgar habían llegado navegando en aquella mula a las tierras del absurdo, este último párrafo pasa de largo ese país incursionando en un territorio mental desconocido ¿Artigas decide quedarse allá para sobrevivir acá? ¿Pero si le importa el acá por qué se quedó allá? ¿No sería más razonable venirse para acá? ¿Se va para allá porque lo que pasaba acá no lo convencía y decide quedarse allá porque sería la única forma de sobrevivir acá, en aquello que ya no le convencía, que uno supone que sería la provincia amputada? ¿Por lo tanto para Batlle no tuvieron “sentido político de la grandeza de su destino y de su acción” ni Rivera ni Lavalleja ni ninguno de los creadores del Uruguay, pero sí lo tuvo alguien que se fue y que por lo tanto nada tuvo que ver con la creación del Uruguay? ¿Desde el país creado por aquellos que lo hicieron sin grandeza se elogia a uno cuya grandeza sería haberse ido y no haberlo creado?
“Los defectos de Artigas eran precisamente sus virtudes” pasa a decirnos. Este defecto que no es defecto no es otro que la terquedad aragonesa tan uruguaya. Era un “heredero de esa tradición política que inspiró El príncipe. Lo que sabía de política era lo que el mundo español había enseñado a Maquiavelo”. Esta afirmación es harto llamativa pues si de alguna conducta Maquiavelo advierte encarecidamente al Príncipe, esa conducta es la terquedad y si hay algo que le recomienda es flexibilidad para utilizar las instituciones convenientes, sean las que fueren, para mantenerse en el poder.
Las Instrucciones “se constituyeron, de hecho, en el derecho patrio; de entonces para acá no adelantamos nada. En todo caso, algunas veces hemos retrocedido, pero siempre volvemos a las Instrucciones como el derecho patrio”. ¿Instrucciones a unos delegados que debían cruzar el charco para participar de una Asamblea Constituyente de la Argentina, se han constituido en el derecho de un país que nació precisamente desgarrado de la Argentina? ¿Cuando dice que “de entonces para acá no adelantamos nada” se refiere también a su propio gobierno, al de su padre, a los del tío de su padre y al del padre del tío de su padre?
El autor culmina su panegírico con esta idea: “Ese mensaje fundamental de Artigas está en el texto de las Instrucciones”. Ese y otros documentos, y todo su accionar “tiene el reflejo y el brillo de un hombre que tenía en su defecto su mayor virtud: su firmeza para defender las instituciones”. Ahora resulta que “el hecho más importante de la vida de Artigas” ya no es que se quedara “allá para sobrevivir acá”, si no su terquedad en la defensa de las instituciones: “ese es, precisamente, el mandato más importante que ha recibido el Uruguay de su prócer”. Sería maravilloso que el autor nos dijera a qué instituciones se refiere, pues si de algo se carecía en aquel tiempo y lugar, ese algo eran instituciones. Acaso se refiera a los cabildos municipales. Salvo en algunos cabildos abiertos, donde se convocaba a los principales, que es una forma de decir: a la gente bien, fueron una institución que no le hacían la menor mella ni al rey ni al otro mon-arca, el caudillo. Batlle no estará pensando en la Junta de Mayo ni en ninguna de las posteriores instituciones que desde Buenos Aires pretendieron dirigir la guerra emancipadora, pues Artigas, como subordinado, fue sumamente díscolo a ellas. En rigor, salvo las instituciones creadas por el patriciado porteño, la verdadera institución que había en el país, nacida naturalmente en los campos como el pasto y el ombú, fue el caudillo. A esa institución fue fiel Artigas, lo cual quiere decir que no fue fiel a más nada que a sí mismo, a su propio poder. De centenares de documentos que podríamos citar de aquel período en que el “defensor de las instituciones” detentó el poder (entre los que se encuentra una orden, no recuerdo si dirigida al Cabildo o a alguno de los gobernadores de Montevideo, que normalmente eran sus primos, para que le restituyeran quinientas cabezas de ganado a su padre) vaya esta carta que le manda a Rivera: “Con esta fecha doy mi última providencia y digo al Cabildo y a Barreiro lo conveniente; y si no veo un pronto y eficaz remedio, aguárdeme el día menos pensado en esa. Pienso ir sin ser sentido, y verá Ud. si me arreo por delante al gobierno, a los sarracenos, a los porteños y a tanto malandrín que no sirven más que para entorpecer los negocios. Ya estoy tan aburrido que verá Ud. cómo hago una alcaldada y empiezan los hombres a trabajar con más brío”.
De ninguna manera puede condenarse a Artigas por no someterse a leyes e instituciones. Simplemente no había leyes ni instituciones a las cuales someterse. Veremos por doquier declaraciones acerca de la veleidosa voluntad de los hombres y la autoridad emanada que cesará ante la presencia soberana, pero los hechos fueron porfiadamente en contra de esas declaraciones y no pudo ser de otra manera.
El artículo de Batlle forma parte de una obra coordinada por dos prestigiosos historiadores: Gerardo Caetano y Ana Ribeiro. Ellos son inocentes acerca de los disparates o aciertos doctrinarios de los diversos autores y es más, habla bien el que hayan apelado a una amplia gama de visiones y uno agradece, particularmente, la inclusión del ameno y centrado artículo de Guillermo Vázquez Franco. Me pregunto si, dejando de lado el inmiscuirse en las opiniones, no debieron advertirle a Batlle acerca de la dudosa utilidad de su método surrealista en esta disciplina que algunos pretenden científica. Al menos pudieron recordarle que el Duque de Medina Sidonia ya estaría bien guardado por las arañas en su tumba cuando en Trafalgar oleadas de sangre barrían las cubiertas. Razonando acerca de las causas de esta negligencia se me ocurren tres explicaciones: 1- Percibieron los errores pero se dijeron que a ellos no les competía advertir nada a ninguno de los autores. Esto es posible aunque no del todo verosímil, pues un articulo con esas características resta cierta seriedad a la edición. 2- Observaron esos disparates pero se dijeron “allá Batlle con sus delirios” e interiormente se regocijaron, habida cuenta que el autor militaría, posiblemente, en otras filas políticas que los coordinadores. 3- Acaso no advirtieron los errores pues, después de todo, son sólo especialistas en Historia Nacional. Nunca sabremos qué pasó. Afortunadamente las aberraciones navegaron incólumes ante la mirada de diversos editores. En una historiografía nacional radicalmente acartonada, dogmática, predecible, aburrida y hagiográfica, un artículo así es una bendición, pues uno sostiene la lectura con una sonrisa sólo interrumpida por carcajadas estentóreas.