Notas sobre la guía didáctica “Educación y diversidad sexual”, Andrés Núñez Leites

Notas sobre la guía didáctica “Educación y diversidad sexual”

Andrés Núñez Leites

Original en:
http://leites.webnode.es/news/notas-sobre-la-guia-didactica-educacion-y-diversidad-sexual/

1. El espíritu general de la guía es la promoción de la aceptación de la diversidad sexual a partir de un trabajo formativo desde la infancia en la educación pública. Es compartible que sólo si objetivamos el problema de la discriminación que sufren las minorías y lo convertimos en asunto de discusión pública podemos generar una toma de conciencia personal y colectiva, modificar pautas valorativas y de conducta. Al decir de Goffman, la discriminación en última instancia se traduce en una reducción de los medios de vida, materiales y simbólicos, de las categorías sociales estigmatizadas, nada menos. Quienes, frente a un parámetro específico de “normalidad” se paran dentro del lado mayoritario, no perciben o apenas atisban el sufrimiento psicológico y físico, tanto individual como familiar, de quienes sufren la discriminación. Es compartible también que se trabaje desde los ámbitos educativos formales, incluso desde el nivel primario, pues si bien el ámbito de socialización primaria lo constituyen la familia y actualmente los medios masivos de difusión, la escuela sigue siendo un espacio de referencia valorativa, donde se pueden cuestionar y resignificar pautas culturales extendidas relacionadas con la discriminación.

2. Inicialmente se cita a Butler para referirse al concepto de heteronormatividad, que se define como la imposición masiva de una pauta heterosexual, según la cual la normalidad, la salud y de algún modo el bien, pasan por el hecho de la coincidencia de la orientación sexual, la identidad y las expresiones manifiestas de género y el sexo biológico de cada persona dentro de una codificación binaria: hombre/mujer. El humano biológicamente macho, debe sentirse varón, actuar como varón, desear sexualmente a las mujeres. Lo mismo se aplica para los humanos biológicamente hembras: deben sentirse mujeres, actuar como mujeres, desear a los varones. Cuando alguno de estos cuatro niveles: sexo biológico, identidad de género, expresiones de género y deseo sexual, se desvía del guión socialmente legítimo (heteronormatividad), ocurre como con cualquier hecho social: los mecanismos de control intentan encauzar al desviado, por diversas formas más o menos violentas. El problema es que la cita a la ideología queer queda por el camino cuando a la vez se pide la sustitución de un código binario hombre/mujer, por un código múltiple, que a su vez implica un cuadrillage normalizador: la aceptación de las identidades lésbica, gay, bisexual, trans e intersexual (LGBTI), -a lo cual en ocasiones en el mismo documento se suma “queer”- junto a las identidades clásicas producidas por la heteronormatividad, es sin dudas un paso liberador. De un sistema binario estaríamos pasando a un sistema base 6, 7 u 8, según como se lo interprete, haciendo legítimo un grado de diversidad mucho mayor que el acostumbrado. El problema es que nos quedamos cortos y en última instancia, a través de la ampliación del código reintroducimos un mecanismo de control. Al movimiento de cada jugador, un movimiento del jugador contrario, en esta pelea entre el poder y el contrapoder. La recodificación ampliada no rompe el mandato de identificación sexual, sino que lo consolida, en una multiplicidad siempre ampliable, que puede en la próxima guía incluir a los “autoeróticos” y los “asexuales”, y así sucesivamente, pero siempre previendo un espacio de diversidad legítimo cuya última funcionalidad sistémica es colocar la sexualidad en el eje de la identidad personal (como autoidentificación y como identificación externa).

3. Inicialmente también se cita a Foucault. Del mismo modo que la lectura de Butler podría llevar al reclamo de la disolución de las identidades producto de la heteronormatividad pero también de las que son producto de la codificación de los movimientos LGBTI, la de Foucault, en la medida que identifica correctamente la sexualidad como una construcción cultural moderna asociada a la institucionalidad médica, que si bien no provino de un “plan maestro” funcionó en términos sistémicos como mecanismo de control de la libido y ajuste de las conductas para reducir a la plebe al rol proletario, de acuerdo a la funcionalísima pareja mujer ama de casa / hombre proletario, también debería caminar en esa dirección. La codificación heterosexual-homosexual generó un par donde el segundo término es subordinado y humillante, asociado a la enfermedad y la vileza, lo cual a su vez se grabó en la identidad de los propios homosexuales (lo cual explica por ejemplo la vivencia sádica de los varones heterosexuales y sus prácticas violentas hacia los homosexuales, que en muchos casos incluyen la violación real o sublimada como fantasía erótica en la práctica sexual con quien asume una identidad homosexual y ocupa el rol “pasivo”). Aquí hay dos caminos posibles: uno de corto y otro de largo alcance. El primero es el que elige la guía: la legitimación de la identidad homosexual. Si algo está mal visto, puede recodificarse a través de la educación para que sea bien o por lo menos mejor visto. La otras salida sería extremar el planteo de Foucault y seguir su propia interpretación, que pasa justamente por lo que él denominó “desexualización”. Esto es: si la sexualidad es una forma de sujeción al poder, la mejor forma de resistencia es apuntar a su disolución como mecanismo identitario. Entonces una guía didáctica “focaultiana”, si algo así fuera posible de trabajar en un ámbito educativo formal (¡Creo escuchar la risa de Illich!), debería implicar trabajar hacia una recategorización humana que haga desaparecer la identidad sexual como eje identificador, tanto subjetivamente como desde la interpretación lingüística y simbólica. Quizás entonces tendríamos que educar para la percepción y aceptación de “personas” (incluso más allá de la categoría “hombre” o “varón” y “mujer”), quitando la descripción (y autopercepción) de su identidad sexual. En este sentido hay mucho que pensar y no pretendo resolverlo en esta breve nota. Sobre todo porque hay un mecanismo de “rescate” del sistema de opresión y discriminación que consiste precisamente en la negación política de la identificación que sigue operando de hecho. Es decir: podemos educar para borrar los estereotipos de género, los estereotipos vinculados a las identidades sexuales, la discriminación a las expresiones de género “inadecuadas al sexo biológico”, pero sin caer en la trampa de negar que están allí y que la gente por mucho tiempo seguirá identificándo(se) de acuerdo a las categorías centradas en el género y la sexualidad, por lo cual seguirá existiendo la discriminación y habrá que identificarla y contrarrestarla, lo cual a su vez implica, paradójicamente, ponerle nombre a las cosas. Pero una cosa es nombrar categorías para disolverlas en tanto prejuiciosas y funcionales a un sistema de dominación social, y proteger a los (auto)identificados por esas categorías y otra cosa es nombrar categorías para reafirmarlas. Creo que en éste caso, terminamos reconstruyendo, en otro nivel, el mismo sistema de dominación que pretendemos combatir.

4. La guía promueve la “salida del armario” de los docentes que no se adaptan al molde heterosexual. Se interpreta como un acto de liberación que una persona haga pública su orientación sexual. Ésto por un lado tiene un rasgo positivo que la guía recoge: los docentes no-heterosexuales pueden funcionar como un referente constructivo y alentador para los adolescentes con una orientación sexual no definida o definida por fuera de la heterosexualidad, así como una valoración más positiva de los sexualmente diversos por parte del estudiantado heterosexual. Se trata de una función básica del maestro y el profesor: funcionar como modelo moral de los estudiantes. Aquí hay un juego de múltiples legitimaciones: por un lado, el grueso de la legitimidad del docente pasa por una derivación de la legitimidad institucional: es la institución que certifica con su inclusión en la plantilla docente, que se trata de alguien idóneo y por lo tanto si se certifica la idoneidad de los docentes más allá de la orientación sexual que explícitamente proclamen, indirectamente la institución está legitimando la orientación sexual del docente, en la medida que no la está considerando como un indicador de falta de idoneidad moral para el desempeño de la función. Luego a ésto se suma la letigimidad que proviene de los dotes carismáticos y el acervo cultural del docente, su capacidad para enseñar y el dominio de su ciencia. Entonces, del mismo modo, si un docente que es, por ejemplo, homosexual, a la vez que es reconocido por la institución, es buen docente, está promoviendo una imagen positiva de la homosexualidad. Lo anterior es correcto dentro del marco de sentido ideológico de la propuesta de la guía, pero empieza a ser cuestionable si vamos un poco más allá. Por un lado, se trata de una compulsión a la “salida del armario” y la existencia del armario implica un adentro oscuro, el de la no aceptación de la propia identidad sexual y un afuera luminoso, el de la auto-aceptación que se comunica al mundo, con lo cual se reintroduce una distinción normal/patológico, que por otra parte también tiene una traducción lógica: la incoherencia entre el discurso pro-diversidad y la acción que niega publicidad de la identidad sexual propia, por parte de quienes están dentro del armario, todo según las opciones ideológicas de la guía. Pero además, y quisiera con ésto volver a Foucault y a Butler, lejos de combatir el mecanismo psíquico del poder que consiste en la subjetivación afincada en la construcción de una identidad sexual en el sujeto, es decir, ignorando que la sujeción del sujeto pasa por su sujeción a un modelo de identidad cuyo eje es la invención moderna de la sexualidad (que puede ser heteronormativo, pero puede perfectamente ser sustituido por una normatividad de lo diverso), la guía promueve la identificación sexual de los docentes. Se trata, como diría Foucault, de hacer hablar al cuerpo. El aula y el pasillo del liceo devienen confesionarios inesperados para un poder deseoso de escuchar la intimidad de los sujetos, para someterla a escrutinio y codificarla.

5. Las actividades que promueve la guía entran en la línea de la promoción de la tolerancia y el respeto por la diversidad humana en general. Quizás términos como “deconstruir y desnaturalizar”, que forman parte de la glosa filosófica posmoderna, hayan sido interpretadas por algunos comentaristas como poseyendo una carga semántica mayor a la que realmente tienen dentro del discurso de la guía: no se trata, si interpreto bien los objetivos de las actividades, de quitar toda legitimidad a la heterosexualidad y a las (cada vez más escasas) “familias tipo” (papá, mamá e hijos), sino de promover el reconocimiento, conceptual y de hecho, de una diversidad de identidades en torno de la sexualidad y una diversidad de arreglos familiares posibles a partir de dichas identidades. Claro que “deconstruir y desnaturalizar”, en la medida que implica historizar y analizar sociológicamente tanto los mandatos sexuales hegemónicos como la “familia tipo”, implica cierta deslegitimación de la heteronormatividad, en la medida que le quita el aura ahistórica y natural; pero ello, manejado con cuidado y respeto por la mayoría de los niños y adolescentes que seguramente seguirán esos mandatos hegemónicos, no implica un knock-out a dichas construcciones, sino un relajamiento de su mandato.

6. Ese relajamiento del mandato de la heteronormatividad es posibilitado por un momento histórico en el cual el sistema social no requiere de una disciplina estricta de la vida cotidiana en términos del auto-control de la energía sexual. Superado el modelo de producción en serie de la disciplina moderna, y en este sentido es acertada la cita de la guía a la inclusión nazi de los homosexuales entre sus objetivos genocidas (aunque también, en honor a la verdad y a las enormes masas poblacionales que lo sufrieron deberíamos incluir a la manicomialización socialista de los homosexuales), ello no quiere decir que la disciplina como modelo de construcción de sujetos haya desparecido, sino que ha cedido la primacía a los mecanismos de control, como señalara Deleuze, más en clave de auto-construcción de las personas como mercancías apetecibles por el mercado social. De allí que hay que estar atentos a los nuevos mecanismos de control, que se inscriben más en general en la reproducción de la sociedad capitalista, el poder corporativo y el Estado. La guía mencionada constituye sin lugar a dudas un paso interesante que busca la ampliación conceptual de la población en torno a la sexualidad y la diversidad, la visibilidad de la discriminación (y con ello el apoyo y el alivio para las víctimas) y la construcción de una sociabilidad tolerante y abierta. Sin embargo, las contradicciones que anotamos más arriba, y que constituyen el eje ideológico vertebrador de la guía, parecen indicar a la vez un impulso y un freno a una perspectiva potencialmente libertaria, que en su creciente institucionalización se reconfigura en clave socialdemócrata y controlada por una voluntad estatal y corporativa de visualización y clasificación normalizadora de los cuerpos.

Nota:

Puede leer una versión electrónica de la guía pulsando aquí: https://drive.google.com/file/d/0B3xksL_pufurME00ck41NVdsRVk/view?pli=1

* By anonymous ; uploader Carlos adanero [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Serpiente_alquimica.jpg

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Sexo y Enseñanza: una crítica a la Guía sobre Diversidad Sexual (MIDES – Ovejas Negras)

SEXO Y ENSEÑANZA

Hoenir Sarthou

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La distribución de la polémica “Guía didáctica sobre educación y diversidad sexual”, elaborada por el colectivo “Ovejas Negras”, con respaldo del “Instituto de las Mujeres” (“Inmujeres”), dependiente del MIDES, y la supervisión de la “Red de Género” y el “Programa de Educación Sexual” de la ANEP, fue recientemente suspendida por el Codicen.
Tanto la decisión del Codicen como el documento -este último por la magnitud de lo que se propone- imponen una reflexión profunda, no sólo sobre los problemas que genera la identidad sexual y de género sino sobre lo que la sociedad uruguaya entiende por “diversidad”, “respeto”, “democracia” y “tolerancia”.
Una somera lectura de la Guía revela que su propósito no se limita al loable fin de prevenir y evitar la discriminación entre las personas por sus orientaciones sexuales, sino que va mucho más allá. Su objetivo declarado es que la actividad docente se oriente a “deconstruir” y “desnaturalizar” los modelos clásicos y mayoritarios de “masculinidad” y “femineidad” y las nociones tradicionales de “familia” y “pareja”.
Así, en el capítulo denominado “Actividades propuestas para niños y niñas de 4 y 5 años”, subtitulado “Diversas formas de ser niño y niña”, se lee: “Objetivo general: generar un espacio de juego y expresión que habilite el reconocimiento, valoración, identificación y vinculación de los cuerpos, reelaborando los roles y comportamientos de género.”. Y pocos renglones más adelante: “Evidenciar los roles y comportamiento de género asignados y esperados en niños/as y construir colectivamente, a través del juego, alternativas a los mismos.”. Y luego: “Se busca evidenciar los juegos y personajes esperados para niños y niñas (por ejemplo: niños de superhéroes y niñas vestidas de princesas). A partir de esa actividad se evidencian los estereotipos de género y se invita a la construcción de juegos alternativos a los generados.”. Más adelante, en el capítulo titulado “Actividades propuestas para niñas y niños de 1º a 3º” (año de enseñanza primaria), se lee “Objetivo específico: Reflexionar sobre los modelos de masculinidad y femineidad construidos a lo largo de la historia personal de las/os niñas/os para deconstruirlos y desnaturalizarlos.”. Por fin, en el capítulo denominado “Familias diversas, diversas familias”, el documento expresa: “Objetivos específicos: Reflexionar acerca del modelo de familia que los niñas/os tienen incorporado a sus emociones, sentimientos y pensamientos. Promover la deconstrucción del modelo hegemónico de familia y de pareja, valorando la riqueza de la diversidad.”. Y luego, en el subtítulo “Contenidos”, puede leerse: “Diversidad. Modelo Hegemónico de pareja y familia. Deconstrucción de estos modelos en pos de la convivencia en diversidad.”.
Los textos citados son sólo una muestra, entre muchas, del espíritu dominante en el documento. Aconsejo su lectura completa, dado que está disponible en internet.
Lo menos que puede decirse sobre la Guía es que se mueve en el delicado territorio de las identidades de sexo y de género, e incluso en el de la libertad individual, con la delicadeza de un elefante en un bazar.
¿Quién dijo que el derecho a la diversidad sexual y la protección de ciertas orientaciones requiera la “deconstrucción” y la “desnaturalización” de otras orientaciones? ¿No se percibe que el proceso de “deconstrucción” y “desnaturalización” de los modelos mayoritarios de orientación sexual será vivido, por los niños y niñas que ya los han incorporado, como una agresión a su propia identidad?
Si se busca generar respeto hacia orientaciones sexuales estadísticamente minoritarias y discriminadas, como la homosexualidad, el peor camino es el desprestigio y la agresión hacia otras orientaciones sexuales. Ni hablar de la pretensión de “deconstruir” y “desnaturalizar” el modelo de familia que los niños “tienen incorporado a sus emociones, sentimientos y pensamientos”.
Educar es ante todo respetar. Ninguna labor educativa puede edificarse sobre la agresión a aquello que los educandos tienen “incorporado a sus emociones, sentimientos y pensamientos”. Para percibir la barbarie que implica ese concepto, basta pensar en lo que sentiríamos si alguien propusiera expresamente “deconstruir” y “desnaturalizar” a la orientación y a la pareja homosexuales.
En el fondo, bajo el discurso seductor de “la diversidad”, la Guía persigue un objetivo político concreto: darle a la homosexualidad un estatuto respetable dentro del sistema educativo, con la expectativa de que, por el efecto multiplicador y naturalizador del sistema educativo, eso generará un mayor nivel de aceptación de la homosexualidad en la sociedad.
Es un objetivo compartible, y es razonable que la organización “Ovejas negras” lo promueva, dado que hace a sus intereses como colectivo. Lo que no resulta compartible es el método elegido para promoverlo. Porque, si la condición para lograr el respeto de la orientación homosexual es la “deconstrucción” y la “desnaturalización” de la orientación heterosexual, vamos por mal camino. Y definitivamente es inadmisible que organismos públicos, como el MIDES y ciertos órganos subordinados de la ANEP, lo hayan avalado.
Se me objetará que diga que el objetivo del proyecto es mejorar el status social de la homosexualidad, y no el de la diversidad. Bueno, lo digo a conciencia. Porque la Guía no promueve cualquier “diversidad”. De hecho, algunas orientaciones sexuales quedan silenciadas e invisibilizadas, como el autoerotismo y la abstención de toda actividad sexual, y otras siguen siendo directamente negadas y reprimidas, como la zoofilia, la necrofilia y la pedofilia. Lo menciono simplemente para hacer constar que toda pretensión de dar a cierta sexualidad un marco determinado de respetabilidad está basada en la negación y en la represión de otras inclinaciones y prácticas sexuales.
Es inútil hacer consideraciones sobre la “naturalidad” o “antinaturalidad” de las inclinaciones sexuales como argumentos para su admisión social. Hasta donde sabemos, la heterosexualidad, la homosexualidad en todas sus formas, y también otras inclinaciones sexuales (la pedofilia, por ejemplo, en algunas polis de Grecia y en la Roma clásica), han sido parte de la humanidad desde siempre. Lo que ha variado es la consideración social de unas y de otras en las distintas culturas y etapas históricas. De modo que lejos estamos ahora de hacer algo novedoso y “avanzado” al reconocer derechos a las personas homosexuales.
En definitiva, de lo que se trata es de establecer cuál es el grado de diversidad sexual que la sociedad uruguaya está dispuesta a admitir y qué estatuto y derechos dará a las orientaciones admitidas. Es un tema político, entonces, en el más riguroso sentido de la palabra “política”.
En el caso de la homosexualidad, su admisión social parece inevitable. Una intensa militancia cultural, política y social, llevada a cabo por diversas personas y organizaciones durante años, le ha ganado visibilidad y un estatuto jurídico materializado en numerosas leyes.
Lo que ahora se intenta definir es de qué modo la sociedad trasladará esas normas jurídicas a la realidad y de qué manera reproducirá esa realidad en el sistema educativo, es decir para la formación de las nuevas generaciones.
La Guía elaborada por “Ovejas negras” no parece ser el camino.
No es la primera vez que la asociación de “Ovejas negras” con el MIDES produce resultados inadmisibles. Un reciente concurso para ocupar varios cargos administrativos y de servicio en el MIDES, que estuvo dirigido a personas cuya identidad de género no correspondiera con su sexo biológico, fue un ejemplo claro. Porque condicionar la ocupación de un cargo público a la orientación sexual de la persona, sea cual sea esa orientación, es discriminatorio y por tanto inconstitucional. Vulnera justamente el principio de igualdad que se pretende hacer valer.
De alguna manera, el tema central en este asunto es si las políticas de equidad deben ser diseñadas desde la perspectiva interesada y urgida de sus futuros beneficiarios o si deben resultar de una visión más global, que integre los derechos de los grupos a los que se pretende benficiar con el interés general de la sociedad.
De esa decisión depende, entre otras cosas, que las nuevas conquistas no perforen y destruyan viejos y fundamentales derechos. Por ejemplo, que el pretendido “derecho a la no discriminación” no arrase con la libertad de expresión. O que la “equidad de género” no destruya la laicidad y la libertad de conciencia en el sistema educativo.
La igualdad y la libertad formales no garantizan la igualdad ni la libertad materiales. Estamos de acuerdo. Pero, si se pretende construir igualdad y libertad reales destruyendo la libertad y la igualdad formales, estamos en problemas. Porque ninguna política sobrevive a la destrucción del principio que le dio inspiración.

Buscando el piso: la catástrofe del Partido Colorado (Uruguay)

Buscando el piso

Gabriel Delacoste

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Se ha dicho muchas veces desde las elecciones que la situación del Partido Colorado (PC) es delicada. Esto es evidente para cualquiera que haya visto los resultados, pero creo que todavía no se ha tomado conciencia de la magnitud de la catástrofe que sufrió el partido de Rivera y Batlle.

Repasemos: el PC perdió sus dos últimos bastiones en el interior, Salto y Rivera, votando muy mal en ambos y quedando tercero en el segundo; casi desapareció en la periferia de Montevideo (histórico reducto del partido), donde llegó apenas a superar 6% de los votos en algunos barrios; y obtuvo a nivel nacional una votación casi tan mala como la de 2004, pero sin haber mediado una crisis como en 2002. Es la tercera elección consecutiva en la que queda tercero, y la segunda en la que enfrenta el balotaje como socio minoritario del Partido Nacional (PN), probablemente para perderlo de nuevo. Para colmo, no puede aprovechar la elección de mayo para recuperarse en Montevideo, ya que competirá dentro del Partido de la Concertación, junto con los blancos.

A nivel de liderazgo, si bien es esperable que después de dos malas elecciones el de Pedro Bordaberry se vea cuestionado, no parece haber candidatos obvios a disputárselo. José Amorín Batlle es el líder de la fracción minoritaria, pero fue categóricamente derrotado tanto en la elección interna como en la competencia por los escasos parlamentarios que logró el partido. Coutinho podría ser otra opción, pero no sólo fue vencido junto con Bordaberry como parte de la fórmula, sino que ni siquiera pudo lograr una votación aceptable para el PC en Salto, donde es intendente. Por último, Fernando Amado se perfila con una voz diferente, pero no parece haber mucho lugar en el partido para sus coqueteos centristas, especialmente si recordamos que en las internas perdió la competencia por marcar votos entre los dirigentes montevideanos de Vamos Uruguay contra Guillermo Facello, del “grupo de amigos de Óscar Magurno”. Los líderes históricos, Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti, no pueden salir al rescate por su edad y por el rechazo que inspiran en enormes segmentos de la población.

En cuanto a lo ideológico, el panorama no es mejor. La apuesta a la baja de la edad de imputabilidad fue un fracaso, no sólo por la derrota del plebiscito sino también porque éste generó el peor de los escenarios para el PC: lo dejó aislado pero incapaz de cosechar los votos de los partidarios de la iniciativa, entre los cuales (si suponemos que todos los colorados votaron “Sí”) apenas uno de cada cuatro lo eligió. La apuesta a “correr por derecha” a Luis Lacalle Pou no dio resultado, y las reivindicaciones legalistas fueron recibidas por el electorado con un encogimiento de hombros. Por si todo esto fuera poco, la invocación del ya muy lejano batllismo no es creíble viniendo de un partido que se ha pasado los últimos años criticando a los sindicatos, la intervención estatal, las políticas sociales y el avance en derechos individuales.

Los colorados deberán afrontar una verdadera crisis existencial. Deberán pensar sobre su relación con el PN, y hasta qué punto les conviene conformarse con ser el ala derecha y minoritaria de una coalición con él. Hasta qué punto tienen vocación de gobierno, qué proyecto de país tienen en mente y qué relación tendrán con las organizaciones de la sociedad civil, ahora que parecen haber perdido por mucho tiempo al Estado, su tradicional plataforma política.

Por suerte para ellos, el sistema electoral los protege. Los sistemas con balotaje favorecen la existencia de tres partidos grandes, y la representación proporcional en el Parlamento permite sobrevivir a los pequeños. Pero aun allí hay nubes en el horizonte. Por un lado, abundan las especulaciones (tanto entre frenteamplistas como entre blancos) sobre una reforma electoral que disminuya o elimine esta protección. Por otro lado, ¿quién le garantiza al PC que en 2019 va a ser la tercera fuerza?

El Partido Independiente (PI), por más que hoy sea muy pequeño, es un serio contendiente. En primer lugar, por ser un portador mucho más creíble que el PC actual del legado batllista, y en segundo lugar por haber mantenido su independencia, tanto del FA como del PN. Incluso en lo puramente cuantitativo no está tan lejos: en Montevideo logró 4,22% de los votos, frente a 11,08% de los colorados. Es claramente menor, pero comparable. Además, la existencia de importantes descontentos a la izquierda del FA no permite descartar la aparición a mediano plazo de un partido verde o una “izquierda de la izquierda”, capaces de cosechar parte importante del electorado.

El escenario para los colorados se presenta verdaderamente aciago. Una recuperación no es imposible, y nunca se puede dar por muerto a un partido que ha demostrado una resiliencia extraordinaria en los últimos dos siglos. Pero hoy no parece claro con qué recursos políticos e ideológicos se podría lograr. A principios del año electoral se discutía si el PC, bajo el liderazgo de Bordaberry, tenía techo. Ahora hay que empezar a discutir si tiene piso.