Sexo y Enseñanza: una crítica a la Guía sobre Diversidad Sexual (MIDES – Ovejas Negras)

SEXO Y ENSEÑANZA

Hoenir Sarthou

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La distribución de la polémica “Guía didáctica sobre educación y diversidad sexual”, elaborada por el colectivo “Ovejas Negras”, con respaldo del “Instituto de las Mujeres” (“Inmujeres”), dependiente del MIDES, y la supervisión de la “Red de Género” y el “Programa de Educación Sexual” de la ANEP, fue recientemente suspendida por el Codicen.
Tanto la decisión del Codicen como el documento -este último por la magnitud de lo que se propone- imponen una reflexión profunda, no sólo sobre los problemas que genera la identidad sexual y de género sino sobre lo que la sociedad uruguaya entiende por “diversidad”, “respeto”, “democracia” y “tolerancia”.
Una somera lectura de la Guía revela que su propósito no se limita al loable fin de prevenir y evitar la discriminación entre las personas por sus orientaciones sexuales, sino que va mucho más allá. Su objetivo declarado es que la actividad docente se oriente a “deconstruir” y “desnaturalizar” los modelos clásicos y mayoritarios de “masculinidad” y “femineidad” y las nociones tradicionales de “familia” y “pareja”.
Así, en el capítulo denominado “Actividades propuestas para niños y niñas de 4 y 5 años”, subtitulado “Diversas formas de ser niño y niña”, se lee: “Objetivo general: generar un espacio de juego y expresión que habilite el reconocimiento, valoración, identificación y vinculación de los cuerpos, reelaborando los roles y comportamientos de género.”. Y pocos renglones más adelante: “Evidenciar los roles y comportamiento de género asignados y esperados en niños/as y construir colectivamente, a través del juego, alternativas a los mismos.”. Y luego: “Se busca evidenciar los juegos y personajes esperados para niños y niñas (por ejemplo: niños de superhéroes y niñas vestidas de princesas). A partir de esa actividad se evidencian los estereotipos de género y se invita a la construcción de juegos alternativos a los generados.”. Más adelante, en el capítulo titulado “Actividades propuestas para niñas y niños de 1º a 3º” (año de enseñanza primaria), se lee “Objetivo específico: Reflexionar sobre los modelos de masculinidad y femineidad construidos a lo largo de la historia personal de las/os niñas/os para deconstruirlos y desnaturalizarlos.”. Por fin, en el capítulo denominado “Familias diversas, diversas familias”, el documento expresa: “Objetivos específicos: Reflexionar acerca del modelo de familia que los niñas/os tienen incorporado a sus emociones, sentimientos y pensamientos. Promover la deconstrucción del modelo hegemónico de familia y de pareja, valorando la riqueza de la diversidad.”. Y luego, en el subtítulo “Contenidos”, puede leerse: “Diversidad. Modelo Hegemónico de pareja y familia. Deconstrucción de estos modelos en pos de la convivencia en diversidad.”.
Los textos citados son sólo una muestra, entre muchas, del espíritu dominante en el documento. Aconsejo su lectura completa, dado que está disponible en internet.
Lo menos que puede decirse sobre la Guía es que se mueve en el delicado territorio de las identidades de sexo y de género, e incluso en el de la libertad individual, con la delicadeza de un elefante en un bazar.
¿Quién dijo que el derecho a la diversidad sexual y la protección de ciertas orientaciones requiera la “deconstrucción” y la “desnaturalización” de otras orientaciones? ¿No se percibe que el proceso de “deconstrucción” y “desnaturalización” de los modelos mayoritarios de orientación sexual será vivido, por los niños y niñas que ya los han incorporado, como una agresión a su propia identidad?
Si se busca generar respeto hacia orientaciones sexuales estadísticamente minoritarias y discriminadas, como la homosexualidad, el peor camino es el desprestigio y la agresión hacia otras orientaciones sexuales. Ni hablar de la pretensión de “deconstruir” y “desnaturalizar” el modelo de familia que los niños “tienen incorporado a sus emociones, sentimientos y pensamientos”.
Educar es ante todo respetar. Ninguna labor educativa puede edificarse sobre la agresión a aquello que los educandos tienen “incorporado a sus emociones, sentimientos y pensamientos”. Para percibir la barbarie que implica ese concepto, basta pensar en lo que sentiríamos si alguien propusiera expresamente “deconstruir” y “desnaturalizar” a la orientación y a la pareja homosexuales.
En el fondo, bajo el discurso seductor de “la diversidad”, la Guía persigue un objetivo político concreto: darle a la homosexualidad un estatuto respetable dentro del sistema educativo, con la expectativa de que, por el efecto multiplicador y naturalizador del sistema educativo, eso generará un mayor nivel de aceptación de la homosexualidad en la sociedad.
Es un objetivo compartible, y es razonable que la organización “Ovejas negras” lo promueva, dado que hace a sus intereses como colectivo. Lo que no resulta compartible es el método elegido para promoverlo. Porque, si la condición para lograr el respeto de la orientación homosexual es la “deconstrucción” y la “desnaturalización” de la orientación heterosexual, vamos por mal camino. Y definitivamente es inadmisible que organismos públicos, como el MIDES y ciertos órganos subordinados de la ANEP, lo hayan avalado.
Se me objetará que diga que el objetivo del proyecto es mejorar el status social de la homosexualidad, y no el de la diversidad. Bueno, lo digo a conciencia. Porque la Guía no promueve cualquier “diversidad”. De hecho, algunas orientaciones sexuales quedan silenciadas e invisibilizadas, como el autoerotismo y la abstención de toda actividad sexual, y otras siguen siendo directamente negadas y reprimidas, como la zoofilia, la necrofilia y la pedofilia. Lo menciono simplemente para hacer constar que toda pretensión de dar a cierta sexualidad un marco determinado de respetabilidad está basada en la negación y en la represión de otras inclinaciones y prácticas sexuales.
Es inútil hacer consideraciones sobre la “naturalidad” o “antinaturalidad” de las inclinaciones sexuales como argumentos para su admisión social. Hasta donde sabemos, la heterosexualidad, la homosexualidad en todas sus formas, y también otras inclinaciones sexuales (la pedofilia, por ejemplo, en algunas polis de Grecia y en la Roma clásica), han sido parte de la humanidad desde siempre. Lo que ha variado es la consideración social de unas y de otras en las distintas culturas y etapas históricas. De modo que lejos estamos ahora de hacer algo novedoso y “avanzado” al reconocer derechos a las personas homosexuales.
En definitiva, de lo que se trata es de establecer cuál es el grado de diversidad sexual que la sociedad uruguaya está dispuesta a admitir y qué estatuto y derechos dará a las orientaciones admitidas. Es un tema político, entonces, en el más riguroso sentido de la palabra “política”.
En el caso de la homosexualidad, su admisión social parece inevitable. Una intensa militancia cultural, política y social, llevada a cabo por diversas personas y organizaciones durante años, le ha ganado visibilidad y un estatuto jurídico materializado en numerosas leyes.
Lo que ahora se intenta definir es de qué modo la sociedad trasladará esas normas jurídicas a la realidad y de qué manera reproducirá esa realidad en el sistema educativo, es decir para la formación de las nuevas generaciones.
La Guía elaborada por “Ovejas negras” no parece ser el camino.
No es la primera vez que la asociación de “Ovejas negras” con el MIDES produce resultados inadmisibles. Un reciente concurso para ocupar varios cargos administrativos y de servicio en el MIDES, que estuvo dirigido a personas cuya identidad de género no correspondiera con su sexo biológico, fue un ejemplo claro. Porque condicionar la ocupación de un cargo público a la orientación sexual de la persona, sea cual sea esa orientación, es discriminatorio y por tanto inconstitucional. Vulnera justamente el principio de igualdad que se pretende hacer valer.
De alguna manera, el tema central en este asunto es si las políticas de equidad deben ser diseñadas desde la perspectiva interesada y urgida de sus futuros beneficiarios o si deben resultar de una visión más global, que integre los derechos de los grupos a los que se pretende benficiar con el interés general de la sociedad.
De esa decisión depende, entre otras cosas, que las nuevas conquistas no perforen y destruyan viejos y fundamentales derechos. Por ejemplo, que el pretendido “derecho a la no discriminación” no arrase con la libertad de expresión. O que la “equidad de género” no destruya la laicidad y la libertad de conciencia en el sistema educativo.
La igualdad y la libertad formales no garantizan la igualdad ni la libertad materiales. Estamos de acuerdo. Pero, si se pretende construir igualdad y libertad reales destruyendo la libertad y la igualdad formales, estamos en problemas. Porque ninguna política sobrevive a la destrucción del principio que le dio inspiración.

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