Notas sobre la guía didáctica “Educación y diversidad sexual”, Andrés Núñez Leites

Notas sobre la guía didáctica “Educación y diversidad sexual”

Andrés Núñez Leites

Original en:
http://leites.webnode.es/news/notas-sobre-la-guia-didactica-educacion-y-diversidad-sexual/

1. El espíritu general de la guía es la promoción de la aceptación de la diversidad sexual a partir de un trabajo formativo desde la infancia en la educación pública. Es compartible que sólo si objetivamos el problema de la discriminación que sufren las minorías y lo convertimos en asunto de discusión pública podemos generar una toma de conciencia personal y colectiva, modificar pautas valorativas y de conducta. Al decir de Goffman, la discriminación en última instancia se traduce en una reducción de los medios de vida, materiales y simbólicos, de las categorías sociales estigmatizadas, nada menos. Quienes, frente a un parámetro específico de “normalidad” se paran dentro del lado mayoritario, no perciben o apenas atisban el sufrimiento psicológico y físico, tanto individual como familiar, de quienes sufren la discriminación. Es compartible también que se trabaje desde los ámbitos educativos formales, incluso desde el nivel primario, pues si bien el ámbito de socialización primaria lo constituyen la familia y actualmente los medios masivos de difusión, la escuela sigue siendo un espacio de referencia valorativa, donde se pueden cuestionar y resignificar pautas culturales extendidas relacionadas con la discriminación.

2. Inicialmente se cita a Butler para referirse al concepto de heteronormatividad, que se define como la imposición masiva de una pauta heterosexual, según la cual la normalidad, la salud y de algún modo el bien, pasan por el hecho de la coincidencia de la orientación sexual, la identidad y las expresiones manifiestas de género y el sexo biológico de cada persona dentro de una codificación binaria: hombre/mujer. El humano biológicamente macho, debe sentirse varón, actuar como varón, desear sexualmente a las mujeres. Lo mismo se aplica para los humanos biológicamente hembras: deben sentirse mujeres, actuar como mujeres, desear a los varones. Cuando alguno de estos cuatro niveles: sexo biológico, identidad de género, expresiones de género y deseo sexual, se desvía del guión socialmente legítimo (heteronormatividad), ocurre como con cualquier hecho social: los mecanismos de control intentan encauzar al desviado, por diversas formas más o menos violentas. El problema es que la cita a la ideología queer queda por el camino cuando a la vez se pide la sustitución de un código binario hombre/mujer, por un código múltiple, que a su vez implica un cuadrillage normalizador: la aceptación de las identidades lésbica, gay, bisexual, trans e intersexual (LGBTI), -a lo cual en ocasiones en el mismo documento se suma “queer”- junto a las identidades clásicas producidas por la heteronormatividad, es sin dudas un paso liberador. De un sistema binario estaríamos pasando a un sistema base 6, 7 u 8, según como se lo interprete, haciendo legítimo un grado de diversidad mucho mayor que el acostumbrado. El problema es que nos quedamos cortos y en última instancia, a través de la ampliación del código reintroducimos un mecanismo de control. Al movimiento de cada jugador, un movimiento del jugador contrario, en esta pelea entre el poder y el contrapoder. La recodificación ampliada no rompe el mandato de identificación sexual, sino que lo consolida, en una multiplicidad siempre ampliable, que puede en la próxima guía incluir a los “autoeróticos” y los “asexuales”, y así sucesivamente, pero siempre previendo un espacio de diversidad legítimo cuya última funcionalidad sistémica es colocar la sexualidad en el eje de la identidad personal (como autoidentificación y como identificación externa).

3. Inicialmente también se cita a Foucault. Del mismo modo que la lectura de Butler podría llevar al reclamo de la disolución de las identidades producto de la heteronormatividad pero también de las que son producto de la codificación de los movimientos LGBTI, la de Foucault, en la medida que identifica correctamente la sexualidad como una construcción cultural moderna asociada a la institucionalidad médica, que si bien no provino de un “plan maestro” funcionó en términos sistémicos como mecanismo de control de la libido y ajuste de las conductas para reducir a la plebe al rol proletario, de acuerdo a la funcionalísima pareja mujer ama de casa / hombre proletario, también debería caminar en esa dirección. La codificación heterosexual-homosexual generó un par donde el segundo término es subordinado y humillante, asociado a la enfermedad y la vileza, lo cual a su vez se grabó en la identidad de los propios homosexuales (lo cual explica por ejemplo la vivencia sádica de los varones heterosexuales y sus prácticas violentas hacia los homosexuales, que en muchos casos incluyen la violación real o sublimada como fantasía erótica en la práctica sexual con quien asume una identidad homosexual y ocupa el rol “pasivo”). Aquí hay dos caminos posibles: uno de corto y otro de largo alcance. El primero es el que elige la guía: la legitimación de la identidad homosexual. Si algo está mal visto, puede recodificarse a través de la educación para que sea bien o por lo menos mejor visto. La otras salida sería extremar el planteo de Foucault y seguir su propia interpretación, que pasa justamente por lo que él denominó “desexualización”. Esto es: si la sexualidad es una forma de sujeción al poder, la mejor forma de resistencia es apuntar a su disolución como mecanismo identitario. Entonces una guía didáctica “focaultiana”, si algo así fuera posible de trabajar en un ámbito educativo formal (¡Creo escuchar la risa de Illich!), debería implicar trabajar hacia una recategorización humana que haga desaparecer la identidad sexual como eje identificador, tanto subjetivamente como desde la interpretación lingüística y simbólica. Quizás entonces tendríamos que educar para la percepción y aceptación de “personas” (incluso más allá de la categoría “hombre” o “varón” y “mujer”), quitando la descripción (y autopercepción) de su identidad sexual. En este sentido hay mucho que pensar y no pretendo resolverlo en esta breve nota. Sobre todo porque hay un mecanismo de “rescate” del sistema de opresión y discriminación que consiste precisamente en la negación política de la identificación que sigue operando de hecho. Es decir: podemos educar para borrar los estereotipos de género, los estereotipos vinculados a las identidades sexuales, la discriminación a las expresiones de género “inadecuadas al sexo biológico”, pero sin caer en la trampa de negar que están allí y que la gente por mucho tiempo seguirá identificándo(se) de acuerdo a las categorías centradas en el género y la sexualidad, por lo cual seguirá existiendo la discriminación y habrá que identificarla y contrarrestarla, lo cual a su vez implica, paradójicamente, ponerle nombre a las cosas. Pero una cosa es nombrar categorías para disolverlas en tanto prejuiciosas y funcionales a un sistema de dominación social, y proteger a los (auto)identificados por esas categorías y otra cosa es nombrar categorías para reafirmarlas. Creo que en éste caso, terminamos reconstruyendo, en otro nivel, el mismo sistema de dominación que pretendemos combatir.

4. La guía promueve la “salida del armario” de los docentes que no se adaptan al molde heterosexual. Se interpreta como un acto de liberación que una persona haga pública su orientación sexual. Ésto por un lado tiene un rasgo positivo que la guía recoge: los docentes no-heterosexuales pueden funcionar como un referente constructivo y alentador para los adolescentes con una orientación sexual no definida o definida por fuera de la heterosexualidad, así como una valoración más positiva de los sexualmente diversos por parte del estudiantado heterosexual. Se trata de una función básica del maestro y el profesor: funcionar como modelo moral de los estudiantes. Aquí hay un juego de múltiples legitimaciones: por un lado, el grueso de la legitimidad del docente pasa por una derivación de la legitimidad institucional: es la institución que certifica con su inclusión en la plantilla docente, que se trata de alguien idóneo y por lo tanto si se certifica la idoneidad de los docentes más allá de la orientación sexual que explícitamente proclamen, indirectamente la institución está legitimando la orientación sexual del docente, en la medida que no la está considerando como un indicador de falta de idoneidad moral para el desempeño de la función. Luego a ésto se suma la letigimidad que proviene de los dotes carismáticos y el acervo cultural del docente, su capacidad para enseñar y el dominio de su ciencia. Entonces, del mismo modo, si un docente que es, por ejemplo, homosexual, a la vez que es reconocido por la institución, es buen docente, está promoviendo una imagen positiva de la homosexualidad. Lo anterior es correcto dentro del marco de sentido ideológico de la propuesta de la guía, pero empieza a ser cuestionable si vamos un poco más allá. Por un lado, se trata de una compulsión a la “salida del armario” y la existencia del armario implica un adentro oscuro, el de la no aceptación de la propia identidad sexual y un afuera luminoso, el de la auto-aceptación que se comunica al mundo, con lo cual se reintroduce una distinción normal/patológico, que por otra parte también tiene una traducción lógica: la incoherencia entre el discurso pro-diversidad y la acción que niega publicidad de la identidad sexual propia, por parte de quienes están dentro del armario, todo según las opciones ideológicas de la guía. Pero además, y quisiera con ésto volver a Foucault y a Butler, lejos de combatir el mecanismo psíquico del poder que consiste en la subjetivación afincada en la construcción de una identidad sexual en el sujeto, es decir, ignorando que la sujeción del sujeto pasa por su sujeción a un modelo de identidad cuyo eje es la invención moderna de la sexualidad (que puede ser heteronormativo, pero puede perfectamente ser sustituido por una normatividad de lo diverso), la guía promueve la identificación sexual de los docentes. Se trata, como diría Foucault, de hacer hablar al cuerpo. El aula y el pasillo del liceo devienen confesionarios inesperados para un poder deseoso de escuchar la intimidad de los sujetos, para someterla a escrutinio y codificarla.

5. Las actividades que promueve la guía entran en la línea de la promoción de la tolerancia y el respeto por la diversidad humana en general. Quizás términos como “deconstruir y desnaturalizar”, que forman parte de la glosa filosófica posmoderna, hayan sido interpretadas por algunos comentaristas como poseyendo una carga semántica mayor a la que realmente tienen dentro del discurso de la guía: no se trata, si interpreto bien los objetivos de las actividades, de quitar toda legitimidad a la heterosexualidad y a las (cada vez más escasas) “familias tipo” (papá, mamá e hijos), sino de promover el reconocimiento, conceptual y de hecho, de una diversidad de identidades en torno de la sexualidad y una diversidad de arreglos familiares posibles a partir de dichas identidades. Claro que “deconstruir y desnaturalizar”, en la medida que implica historizar y analizar sociológicamente tanto los mandatos sexuales hegemónicos como la “familia tipo”, implica cierta deslegitimación de la heteronormatividad, en la medida que le quita el aura ahistórica y natural; pero ello, manejado con cuidado y respeto por la mayoría de los niños y adolescentes que seguramente seguirán esos mandatos hegemónicos, no implica un knock-out a dichas construcciones, sino un relajamiento de su mandato.

6. Ese relajamiento del mandato de la heteronormatividad es posibilitado por un momento histórico en el cual el sistema social no requiere de una disciplina estricta de la vida cotidiana en términos del auto-control de la energía sexual. Superado el modelo de producción en serie de la disciplina moderna, y en este sentido es acertada la cita de la guía a la inclusión nazi de los homosexuales entre sus objetivos genocidas (aunque también, en honor a la verdad y a las enormes masas poblacionales que lo sufrieron deberíamos incluir a la manicomialización socialista de los homosexuales), ello no quiere decir que la disciplina como modelo de construcción de sujetos haya desparecido, sino que ha cedido la primacía a los mecanismos de control, como señalara Deleuze, más en clave de auto-construcción de las personas como mercancías apetecibles por el mercado social. De allí que hay que estar atentos a los nuevos mecanismos de control, que se inscriben más en general en la reproducción de la sociedad capitalista, el poder corporativo y el Estado. La guía mencionada constituye sin lugar a dudas un paso interesante que busca la ampliación conceptual de la población en torno a la sexualidad y la diversidad, la visibilidad de la discriminación (y con ello el apoyo y el alivio para las víctimas) y la construcción de una sociabilidad tolerante y abierta. Sin embargo, las contradicciones que anotamos más arriba, y que constituyen el eje ideológico vertebrador de la guía, parecen indicar a la vez un impulso y un freno a una perspectiva potencialmente libertaria, que en su creciente institucionalización se reconfigura en clave socialdemócrata y controlada por una voluntad estatal y corporativa de visualización y clasificación normalizadora de los cuerpos.

Nota:

Puede leer una versión electrónica de la guía pulsando aquí: https://drive.google.com/file/d/0B3xksL_pufurME00ck41NVdsRVk/view?pli=1

* By anonymous ; uploader Carlos adanero [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Serpiente_alquimica.jpg

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