La última entrevista a Michel Foucault.

La última entrevista a Michel Foucault.

religion

por
Hubert Dreyfus
Paul Rabinow

27 JUN 1984

La inesperada muerte del filósofo francés Michel Foucault, acaecida anteayer 25 de junio de 1984 a los 58 años de edad y en un momento de total madurez y nuevos desarrollos de su pensamiento, ha conmovido los círculos intelectuales del mundo entero. Junto con la información sobre estas repercusiones, publicamos a continuación la última entrevista concedida por el filósofo, aparecida en el semanario francés Le Nouvel Observateur, en su número del pasado día 1 de este mismo mes, así como una serie de artículos sobre su figura, vida y obra.

A Michel Foucault no le gustaban las entrevistas, y esta última, concedida a dos estudiantes norteamericanos, constituye una especie de introducción a los volúmenes segundo y tercero de su Historia de la sexualidad -Le souci de soi (La preocupación por sí mismo) y L’usage des plaisirs (El uso de los placeres)- recientemente aparecidos en Francia. El filósofo prohibió en principio que la entrevista apareciese en su propio país, y sólo su carácter de avance editorial pudo permitir su publicación. Preocupado por la genealogía de los saberes, el filósofo comprobaba, en estos dos nuevos volúmenes, que la cultura humana, en principio, se ha preocupado más por los problemas del yo que por el sexo, que para él era aburrido, y que la ética organizaba la vida humana en función de la estética, más que de las religiones.

Pregunta. El primer volumen de su obra Historia de la sexualidad se publicó en 1976, ¿sigue usted pensando que el conocimiento de la sexualidad es imprescindible para comprender lo que somos?

Respuesta. Debo aclarar que me interesan mucho más los problemas relacionados con las técnicas del yo que el sexo… El sexo es aburrido.

P. Parece ser que a los griegos tampoco les interesaba el sexo.

R. Sí, así es. Consideraban que no era un problema importante. De hecho, le concedían una mayor importancia a la alimentación y a los regímenes. Creo que tiene un gran interés la observancia del movimiento extremadamente lento que va desde el momento en que se pone el énfasis en la alimentación -preocupación omnipresente en Grecia- hasta aquel en que se presta atención a la sexualidad. La alimentación era mucho más importante que el sexo en los primeros tiempos del cristianismo. En las reglas monacales, el problema fundamental era la alimentación. Durante la Edad Media se produjo un lento desplazamiento. Finalmente, después del siglo XVII se impuso la sexualidad como problema esencial.

P. El tomo II de su Historia de la sexualidad, El uso de los placeres, se ocupa casi exclusivamente, del sexo.

R. En este segundo volumen me he propuesto demostrar que en el siglo IV antes de Jesucristo prevalecía un código de restricciones y prohibiciones muy semejante al que tenían presente los moralistas y médicos de los primeros tiempos del Imperio romano. Creo, sin embargo, que la forma de entregar estas prohibiciones con respecto al yo por parte de estos últimos era muy distinta. A mi entender, ello se debe a que el objetivo principal de este tipo de ética era de orden estético. En primer lugar, la ética a que nos referimos se limitaba a un problema de elección personal. En segundo lugar, estaba reservada a un sector muy reducido de la población y, por consiguiente, no podía prescribir un modelo de comportamiento para todo el mundo. Por último, la elección personal era determinada en la voluntad de vivir una existencia bella y de dejar a los demás el recuerdo de una vida honorable. No creo que este tipo de ética pueda considerarse como un intento destinado a establecer una normalización de la población.

A leer a Séneca, Plutarco y otros autores afines me pareció que se ocupaban de un gran número de problemas relacionados con el yo, la ética del yo, la tecnología del yo… A partir de ahí se me ocurrió escribir un libro compuesto por una serie de estudios independientes que se ocuparan de determinados aspectos de la antigua tecnología pagana del yo.

P. ¿Cuál es su título?

R. La experiencia de sí mismo. Esta obra, que no forma parte de la serie de libros sobre la sexualidad, se compone de diferentes escritos sobre el yo, el papel de la escritura y la lectura en su constitución, el problema de la experiencia médica del yo, etcétera.

Lo que me llama la atención es que la ética griega se preocupaba más por la conducta moral del hombre, su ética y su relación consigo mismo y con los demás, que por los problemas religiosos. ¿Qué nos sucede después de la muerte? ¿Qué son los dioses? ¿Intervienen en nuestras vidas? Todas estas preguntas tenían muy poca importancia, ya que no estaban directamente relacionadas con la ética. Ésta, por su parte, no se hallaba vinculada con un sistema legal. Así, por ejemplo, las leyes contra la mala conducta sexual eran escasas y poco constrictivas. Lo que los griegos en realidad se proponían era construir una ética que fuese una estética de la existencia.

Me pregunto si nuestro problema hoy no es, en cierta forma, similar, ya que la mayoría de nosotros hemos dejado de creer que la ética esté sustentada por la religión, y nos oponemos a que un sistema, legal intervenga en nuestra vida privada moral y personal. Los movimientos de liberación más recientes están perdiendo fuerza porque no consiguen encontrar un principio que pueda servir de base para la elaboración de una nueva ética. Necesitan una ética, pero la única que encuentran se halla sustentada por un supuesto conocimiento científico de lo que es el yo, el deseo, el inconsciente, etcétera. La similitud entre estos problemas y los que se planteaban los griegos es sorprendente.

P. ¿Cree usted que los griegos ofrecen una alternativa atrayente y plausible?

R. ¡De ninguna maneral Yo no busco una solución alternativa; no se puede resolver un problema imitando lo que hicieron otros hombres en otro tiempo. Mi intención no es reconstruir la historia de las soluciones, y éste es el motivo por el que rechazo la palabra alternativa; lo que me propongo es elaborar la genealogía de los problemas, de las problemáticas. Yo no creo que todas las soluciones sean malas, sino que todas encierran un peligro, lo que no es exactamente lo mismo. Si todas son peligrosas, tenemos siempre algo que hacer. Por consiguiente, mi postura no conduce a la apatía, sino a una militancia de la que no está excluido el pesimismo.

Pienso que la elección ético-política que debemos hacer cada día consiste en determinar cuál es el peligro principal. Considere, por ejemplo, el análisis de Robert Castel sobre la historia del movimiento antipsiquiátrico. Aunque su estudio no induce a plantear el valor incondicional de todo lo que se deriva de la antipsiquiatría, tampoco se debe llegar a la conclusión de que los manicomios eran mejores que la antipsiquiatría. Sigue habiendo buenas razones para establecer una crítica de los hospitales psiquiátricos.

P. Puede que la vida de los griegos no fuese perfecta; sin embargo, parece ofrecer una alternativa atrayente frente al eterno autoanálisis cristiano.

R. La ética griega estaba vinculada a una sociedad puramente viril, que dejaba un sitio a los esclavos y en la que las mujeres eran seres relativamente inferiores, cuya vida sexual, caso de estar casadas, debía orientarse hacia una ratificación de su estado de esposas.

P. Las mujeres estaban, pues, dominadas. Sin embargo, el amor homosexual se vivía, sin duda, mejor que ahora.

R. Esa es la impresión más extendida. El hecho de que en la cultura griega exista una abundante y enjundiosa literatura sobre el amor entre hombres jóvenes ha sido considerado por los historiadores como una prueba evidente de que los griegos gustaban de practicar este tipo de relación. Pero ello demuestra al mismo tiempo que la homosexualidad planteaba varios problemas. De no ser así, los griegos se hubiesen referido a esas relaciones con los mismos términos que utilizaban para hablar de amor heterosexual. El problema era que no podían aceptar que un joven que estaba llamado a convertirse en un ciudadano libre pudiese estar dominado y fuera utilizado como un objeto para el placer de otro. La mujer y el esclavo podían ser positivos, puesto que ello formaba parte de su naturaleza y de su estado. Reflexiones como éstas sobre el amor homosexual demuestran que los griegos no podía integrar esta práctica real en el marco de su yo social.

Ni siquiera podían imaginar que hubiese reciprocidad de placer en las relaciones entre un joven y un hombre. Si Plutarco, por ejemplo, cree que el amor de los efebos plantea problemas, ello no se debe a que considere que es contrario a la naturaleza. Su tesis es que “no puede haber reciprocidad en las relaciones físicas entre un joven y un hombre”.

P. Hay un aspecto de la cultura griega al que se refiere Aristóteles y que usted omite, a pesar de que parece muy importante: la amistad. En la literatura clásica, la amistad es la que permite el reconocimiento mutuo. Aunque tradicionalmente no ha sido considerada como la más alta de las virtudes, al leer a Aristóteles y a Cicerón se tiene la impresión de que se trata, en realidad, de la más importante de todas ellas. La amistad es, en efecto, desinteresada y duradera; no se compra con facilidad, no niega la utilidad y el placer del mundo y, sin embargo, busca algo más.

R. El uso de los placeres se ocupa de la ética sexual. No es un libro sobre el amor, la amistad o la reciprocidad. No hay que olvidar que cuando Platón intenta integrar el amor de los jóvenes en la amistad se ve obligado a pasar por alto las relaciones sexuales. La amistad es recíproca, pero las relaciones sexuales no lo son: en ellas se es pasivo o activo, se es penetrado o se penetra. Estoy completamente de acuerdo con lo que dice usted acerca de la amistad, pero creo que ello confirma lo que señalábamos acerca de la ética sexual griega: si hay amistad, es difícil que existan relaciones sexuales. Una de las razones por las cuales los griegos tuvieron que elaborar una filosofía para justificar este tipo de amor es que no podían aceptar la reciprocidad física. En El banquete, Jenofonte refleja las opiniones de Sócrates al decir que en las relaciones entre un hombre y un joven es evidente que el joven no es más que el espectador del placer del hombre. Es más, para el joven resulta deshonroso sentir cualquier tipo de placer en su relación con un hombre.

Lo que me interesa descubrir es lo siguiente: ¿Somos capaces de formular una ética de los actos y de su placer que tenga en cuenta el placer del otro? ¿Es posible integrar el placer del otro en nuestro propio placer sin que sea necesario referirse a una ley, al matrimonio o a cualquier otra obligación?

P. Aunque parece que la no reciprocidad era un problema para los griegos, se tiene a la vez la impresión de que ese problema se podría haber resuelto. ¿Por qué el placer sexual había de ser masculino? ¿Por qué el placer de las mujeres y de los efebos no podía ser tomado en consideración sin que ello diera lugar a una importante alteración del sistema? ¿Quiere ello decir que no se trataba de un problema sin importancia y que si se intentaba introducir el placer del otro se venía abajo todo el sistema jerárquico y ético?

R. Eso es exactamente lo que hubiera ocurrido. La ética griega del placer está vinculada a una sociedad viril, a la falta de simetría, a la exclusión del otro, a la obsesión por la penetración, a una especie de temor a ser desposeído de la propia energía, etcétera.

P. Está bien. Admitamos que para los griegos las relaciones sexuales constituyeron, a la vez, una situación de no reciprocidad y un motivo de preocupación. Sin embargo, el placer no parecía plantearles ningún tipo de problema.

R. En El uso de los placeres he intentado demostrar, por ejemplo, que se da una tensión creciente entre el placer y la salud. Las opiniones de los médicos y el interés que prestan a los problemas relacionados con el régimen alimenticio demuestran que los motivos principales de preocupación han sido muy similares durante varios siglos. Sin embargo, la idea de que el sexo es peligroso tiene mucha mayor fuerza en si siglo II de nuestra era que en el siglo V o IV antes de Jesucristo. Creo que se puede demostrar que ya Hipócrates, en el siglo V antes de Jesucristo, consideraba que el acto sexual podía ser peligroso y que cuando se hacía el amor había que tener cuidado con los momentos, las estaciones, las circunstancias, etcétera. En los siglos I y II de nuestra era parece que para los médicos el acto sexual está ya mucho más cerca de lo patológico. Creo que la diferencia más importante reside en el hecho de que en el siglo IV antes de Jesucristo el acto sexual es actividad, mientras que para los cristianos se caracteriza por su pasividad y su naturaleza de castigo del pecado original.

P. ¿Los griegos le prestaban, pues, mayor atención a la salud que al placer?

R. Sí, así es. Son muy numerosas las obras que se ocupan de lo que los griegos debían comer para conservar la salud. Por el contrario, son muy pocas las que tratan de lo que se debe hacer cuando se tienen relaciones sexuales con otra persona. En lo que respecta a la alimentación, estudian sus relaciones con el clima y las estaciones, la humedad y sequedad de los alimentos, etcétera.

P. Por consiguiente, a pesar de lo que hayan podido creer los helenistas alemanes, la Grecia clásica no fue una edad de oro. Pese a ello, tienen, sin duda, algo que enseñarnos.

R. No creo que una época que no sea la nuestra pueda tener un valor ejemplar para nosotros. No se puede regresar al pasado. Con todo, podemos encontrar en los griegos el ejemplo de una experiencia ética que implicaba un vínculo muy sólido entre el placer y el deseo. Si la comparamos con la experiencia de la sociedad contemporánea, en la que todo el mundo -el filósofo y el psicoanalista- intenta demostrar que lo que importa ante todo y sobre todo es el deseo, podemos preguntarnos si esta ruptura no constituye un acontecimiento histórico sin relación alguna con la naturaleza humana.

P. Usted ya ha ilustrado este punto de vista en su Historia de la sexualidad, al oponer nuestra ciencia de la sexualidad al arte erótico oriental.

R. Entre los errores en los que incurrí en este libro se debe incluir lo que dije acerca de este arte erótico. Ni los griegos ni los romanos tenían un arte erótico que fuese comparable al de los chinos. Disponían de una techné tou biou en la que la economía del placer desempeñaba un papel muy importante. En este arte de la vida, la idea de que el hombre debe adquirir un dominio perfecto de sí mismo se convirtió muy pronto en la preocupación más importante. La hermenéutica cristiana del yo constituye una nueva elaboración de esta techné.

P. Después de lo que hemos dicho acerca de la reciprocidad y la obsesión, ¿qué enseñanzas podemos sacar de esta tercera alternativa?

R. Cuando se lee a Sócrates, Séneca o Plinio, por ejemplo, se descubre que los griegos y los romanos no se hacían ninguna pregunta acerca de la vida futura, de lo que sucede después de la muerte o de la existencia de Dios. No consideraban que éste fuese un problema importante. Lo que les preocupaba era ante todo qué techné debía utilizar el hombre para vivir tan bien como debería. Creo, que se produjo una importante evolución en la cultura antigua cuando esta techné tou biou, este arte de la vida, se fue convirtiendo poco a poco en una techné del yo. Supongo que un ciudadano griego del siglo V o IV antes de Cristo debía pensar que esta techné consistía en no preocuparse por la ciudad ni por los compañeros. Para Séneca, en cambio, el problema consistía en preocuparse por uno mismo.

Ya en el Alcibíades de Platón aparece esta idea: uno debe preocuparse por uno mismo, porque se tiene la misión de gobernar la ciudad. Sin embargo, la preocupación por uno mismo empieza en realidad con los epicúreos y se generaliza con Séneca, Plinio … : cada cual debe preocuparse por sí mismo. La ética griega y grecorromana gira en torno al problema de la elección personal, de una estética de la existencia.

La idea del bios como motivo de una obra de arte estética me parece muy interesante. Me fascina también la idea de que la estética pueda constituir una sólida estructura de la existencia, con independencia de lo jurídico, de un sistema autoritario, de una estructura disciplinaria.

P. ¿Cuál era entonces la actitud de los griegos frente a la desviación?

R. De acuerdo con la ética de los griegos; lo que diferenciaba a las personas no era el hecho de que prefiriesen a las mujeres o a los muchachos o de que hicieran el amor de tal o cual forma. La diferencia fundamental residía en la cantidad, la actividad y la pasividad: ¿eres esclavo de tus deseos o eres su amo?

P. ¿Qué sucedía si una persona hacía tan a menudo el amor que su salud se resentía?

R. Eso es lo que los griegos llamaban hubris, exceso. El problema no estaba en la desviación, sino en el exceso o en la moderación.

P. ¿Qué hacían los griegos con esos individuos?

R. Los consideraban como personas de mala reputación.

P. ¿No intentaban curarlos, corregir su comportamiento?

R. Existían ejercicios cuyo fin era conseguir que la persona se hiciera dueña de sí misma. Según Epícteto, el hombre debía ser capaz de contemplar una bella mujer o un joven hermoso sin sentir ningún deseo por ella o por él. En este sentido, era necesario tener un dominio absoluto de uno mismo.

En la sociedad griega la austeridad sexual constituía una corriente de pensamiento, un movimiento filosófico que emanaba de las personas cultas, deseosas de imprimir a su existencia una mayor belleza e intensidad. En cierta medida, se puede decir que en el siglo XX ha ocurrido algo similar: se ha producido un intento de liberación con respecto a toda la represión sexual que impone la sociedad o que se ha acumulado en la infancia. En Grecia, Gide hubiera sido un filósofo austero.

P. Los griegos creían que la austeridad era un medio para hacer que su vida fuera bella; nosotros, en cambio, intentamos realizarnos individualmente porque así lo prescribe la ciencia psicológica.

R. En efecto, entre las invenciones culturales de la humanidad existe un cúmulo de medios, técnicas, ideas, procedimientos, etcétera, que no se puede reactivar, pero que, al menos, conforma -o puede ayudar a conformar- un punto de vista que sirve como instrumento para analizar lo que está sucediendo en el mundo presente y para cambiarlo. No tenemos que elegir entre nuestro mundo y el mundo de los griegos. Pero, dado que nos permite comprender que algunos principios fundamentales de nuestra ética estuvieran vinculados en un determinado momento a una estética de la existencia, pienso que este tipo de análisis histórico puede sernos muy útil. Durante varios siglos hemos estado convencidos de que existían relaciones analizables entre nuestra ética, nuestra ética personal y nuestra vida cotidiana, por un lado, y las grandes estructuras políticas, sociales y económicas, por otro. Hemos pensado, por ejemplo, que para cambiar nuestra vida sexual o familiar era imprescindible alterar por completo nuestra economía, nuestra democracia, etcétera. Pienso que debemos deshacemos de la idea de que existe un vínculo analítico o necesario entre la ética y las estructuras sociales, económicas o políticas; con esto no quiero decir que no existan relaciones entre éstas y aquélla. De cualquier modo, se trata de relaciones variables.

P. Ahora que sabemos que sólo existe un vínculo histórico, y no una relación necesaria, entre la ética y las otras estructuras, ¿qué tipo de ética podemos construir?

R. Me llama la atención el hecho de que en nuestra sociedad el arte se haya convertido en algo que atañe a los objetos y no a la vida ni a los individuos. El arte es una especialidad que está reservada a los expertos, a los artistas. ¿Por qué un hombre cualquiera no puede hacer de su vida una obra de arte? ¿Por qué una determinada lámpara o una casa pueden ser obras de arte y no puede serlo mi vida?

P. Pero si el hombre debe crearse a sí mismo, sin recurrir al conocimiento o a unas reglas universales, ¿en qué difiere su punto de vista del sostenido por el existencialismo de Sartre?

R. Desde el punto de vista teórico, parece que Sartre, por medio de la noción moral de autenticidad, vuelve a la idea de que debemos ser nosotros mismos: ser de verdad nuestro verdadero yo. Sin embargo, la consecuencia práctica de lo que dice Sartre nos lleva a relacionar su pensamiento teórico con la práctica de la creatividad, y no con la de la autenticidad. Creo que de la idea de que el yo no nos es dado solo se puede extraer una consecuencia práctica: debemos constituirnos, fabricarnos, ordenamos como una obra de arte. Es interesante advertir que en sus análisis de Baudelaire o de Flaubert, Sartre sostiene que el trabajo de creación depende de una determinada relación consigo mismo -del autor consigo mismo-, que puede revestir la forma tanto de la autenticidad como de la falta de autenticidad. Me pregunto si no se puede sostener exactamente lo contrario: en lugar de considerar que la actividad creadora de un individuo depende del tipo de relacion que mantiene consigo mismo, es posible vincular el tipo de relación que mantiene con él mismo con una actividad creadora, que constituye el centro de su actividad ética.

P. Ello nos recuerda las observaciones de F. Nietzsche en El gay saber, cuando nos dice que debemos crear nuestra propia vida, confiriéndole un estilo por medio de una larga práctica y de un trabajo cotidiano.

R. Sí. Podemos sentimos mucho más próximos de Nieztsche que de Sartre.

P. Los dos libros que siguen al volumen I de su Historia de la sexualidad, ¿cómo se integran en su proyecto de genealogía?

R. Se pueden distinguir tres campos que interesan a la genealogía. En primer lugar, una ontología histórica de nosotros mismos en relación con la verdad, en virtud de la cual nos constituimos como sujetos de conocimiento; en segundo lugar, una ontología histórica de nosotros mismos en relación con el campo del poder, en virtud del cual nos constituimos como sujetos que actúan sobre los otros; por último, una ontología histérica de nosotros mismos en relación con la ética, en virtud de la cual nos constituimos como agentes morales.

Hay, por consiguiente, tres ejes posibles de genealogía. Los tres estaban presentes, aunque de forma algo confusa, en mi libro Histona de la locura en la época clásica. El eje de la verdad lo estudié en El nacimiento de la clínica y en El orden del discurso; la praxis del poder, en Vigilar y castigar, y la relación ética, en Historia de la sexualidad.

El marco general de este libro sobre la sexualidad es una historia de la moral. Creo que, por lo general, cuando se estudia la historia de la moral, hay que establecer una distinción entre los actos y el código moral. Los actos (las conductas) constituyen el verdadero comportamiento de las personas en relación con el código moral (las prescripciones) que se ven en la obligación de respetar. Hay que distinguir entre el código que señala qué actos están permitidos o prohibidos y el que detemina el valor positivo o negativo de los diferentes comportamientos posibles (el principio “sólo se puede hacer el amor con la propia esposa” sería, por ejemplo, un elemento de código). Hay, además otro aspecto de estas prescripciones que casi nunca aparece aislado como tal, pero que considero muy importante: el tipo de relación que tenemos con nosotros mismos, la relación con uno mismo, a la que llamo ética, y que determina la forma en la que el individuo se constituye como sujeto moral de sus propios actos.

© Gallimard, 1984 (en prensa).

* Este articulo apareció en la edición impresa del Miércoles, 27 de junio de 1984 de El País de Madrid.

Boris Groys: Internet es un gran tacho de basura, todo lo que allí se mete tiende a desaparecer.

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“Internet es un gran tacho de basura, todo lo que allí se mete tiende a desaparecer.” Boris Groys sonríe; se diría que disfruta el toque de provocación. En el mismo tono, confirma: “El único tipo de relación que uno puede establecer con Internet es una relación narcisista”.

Crítico de arte, teórico de los medios y dueño de un recorrido que va de la Universidad de Leningrado, bajo el régimen soviético, a la Universidad de Nueva York en la actualidad, desarrolla un pensamiento que tiende a desmarcarse del discurso habitual y se pregunta por lo que significa vivir en un mundo donde “la totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición”.

Invitado por el Goethe-Institut, la Universidad de San Martín y la Universidad Di Tella, pasó por Buenos Aires para presentar el libro Volverse público (Caja Negra), donde, entre otros análisis, desarrolla la idea del “diseño total”: un concepto que, para Groys, pertenecería más a lo político que a lo económico o estético, y que habla de un mundo donde “la totalidad del espacio social se transformó en espacio de exhibición” y cada ciudadano debe asumir “una responsabilidad ética, estética y política por el diseño de sí”. Para este pensador, las múltiples derivaciones de semejante configuración social se concentrarían en una consecuencia funamental: “este sistema nos pone en una situación donde la autoexplotación es algo inevitable”. Una dinámica en la que participarían los sistemas informáticos, las redes sociales y los buscadores como Google, y donde el sostén es una web que ofrece “una combinación de hardware capitalista y software comunista”.

Difícil no pensar estos fenómenos en tanto derivados de las innovaciones tecnológicas y las mutaciones sociales propias del siglo XXI. Pero Groys, delatando otra vez ese gusto por desconcertar aunque más no sea un poco, lanza una idea inesperada: “basicamente, Internet es un teléfono. Algo inventado en el siglo XIX”.

-¿Quiere decir que llegó la hora de disminuir las expectativas con respecto a Internet?

-Habría que tener las mismas expectativas que con un teléfono. Y la expectativa tendría que ser poder hablar sin censura. Como artista, tradicionalmente tenías que presentar tu trabajo a un curador o un galerista, y al hacerlo te enfrentabas a un proceso de selección. De modo similar, si sos un periodista o un escritor tenés que presentar tu trabajo a un comité. Esto implica toda una problemática ligada a la crítica institucional, la inclusión, la exclusión. Pero si tenés amigos, podés simplemente llamarlos por teléfono y contarles todo lo que hacés, sin enfrentarte a ningún tipo de censura. Internet participa de ese mismo sistema. Podés contar todo, mostrar todo, no hay censura… pero eso que exhibís solamente es interesante para tus propios amigos. Entonces, básicamente Internet es un medio de fragmentación del espacio público. Este medio de fragmentación del espacio público empezó con el teléfono, con la contraparte de que las conversaciones privadas podían ser escuchadas por los servicios secretos o agentes de seguridad. De hecho, todo lo que pasó con Edward Snowden no es algo novedoso; ya había pasado en siglos anteriores. Con lo cual podemos decir que Internet es un concepto expandido de lo que fue el teléfono. Pero que tiene en foco el tema de la privatización y fragmentación del espacio público.

-En relación a los fenómenos que nos parecen tremendamente novedosos, pero en realidad no lo serían tanto: llama la atención, en uno de sus ensayos, el paralelismo que establece entre el siglo XXI y el siglo XIX, destacando que en ambos períodos se registran política de apertura de mercados, capitalismo creciente, cultura de la fama, retorno de la religión, terrorismo y contraterrorismo. ¿Los enormes cambios por los que atravesó la subjetividad en Occidente no estarían relativizando esas similitudes?

-Bueno, creo que somos mucho más lentos que la gente del siglo XIX (risas). Te voy a dar ejemplos de mi propia vida. Si me invitaban a visitar Buenos Aires en los años 80, ¿yo qué hubiera hecho? Habría llamado a mi agencia de viajes, y efectuado las reservas. Pero actualmente en Nueva York, donde vivo, no hay más agencias de viajes. ¿Por qué? Porque se supone que todos nos ocupamos de hacer nuestras propias reservas por Internet. Así que me paso horas y horas tratando de concretarlo. Otro ejemplo: muchas veces tengo que mandar por correo paquetes pequeños. Y, dadas las modalidades actuales, tengo que determinar yo mismo cuál es el tamaño, el peso, utilizar un programa informático para ver cuánto tengo que pagar, ir a ese lugar y pagar. En realidad, todo es más engorroso en la sociedad del “hazlo tú mismo”. Si comparo todo esto con lo que le ocurría a Leon Tolstoi, que vivía en el siglo XIX, o a Jean-Paul Sartre, que vivía en París, una ciudad que a mediados del siglo XX seguía estructurada como en el siglo XIX… Hoy por hoy simplemente no hay posibilidad de tener el tiempo, la energía y la concentración para escribir una obra como La guerra y la paz. La gente pierde mucho tiempo haciendo las cosas de la vida cotidiana. Nada de lo público funciona por sí solo: se supone que en esta sociedad uno tiene que saber hacerlo todo. Es el lado oscuro del narcisismo, de la privatización. Un proceso que deja al sujeto viéndoselas solo con los problemas de la vida cotidiana. Se supone que uno tiene que aprender todo, que será buen cocinero, se ocupará de su físico, de sus trámites, y siempre estará haciendo algo. Es una característica de nuestro tiempo: la vida cotidiana se ralentiza. El resultado es que hay menos tiempo para dedicarse a trabajar en lo propio. No tenemos tiempo para trabajar porque ocupamos demasiado tiempo en resolver las calamidades de las que se tendrían que ocupar otros.

– ¿Se trataría de un narcisismo social que nos hace sentir poderosos aunque en realidad nos debilita?

-Es que todo esto no me hace sentir poderoso; me hace sentir completamente explotado. Antes de venir a la Argentina tuve que hacer la declaración de impuestos. Todavía me acuerdo cuando uno mandaba toda la información al asesor de impuestos y él se encargaba de todos los cálculos. Ahora tengo que pasarme dos días haciendo los cálculos yo mismo. Pero le tengo que pagar la misma cantidad de dinero al mismo asesor por enviar el documento (risas). Este nuevo sistema social pareciera ser de autoexplotación. Pareciera. De hecho, se nos pone en una situación donde la autoexplotación es algo inevitable. Este nuevo sistema, de alguna manera, es el que nos está explotando. Porque no tenemos la libertad para elegir ni siquiera el modo de explotación, si aparece en cuestiones como pagar los impuestos o viaja. No sé cómo se manejarán en la Argentina, pero en los Estados Unidos los sistemas informáticos se están actualizando todo el tiempo. Asimismo, toda la comunicación con la universidad yo la llevo con Internet: mis estudiantes me presentan los papers a través de Internet, yo los califico a través de Internet, y el sistema informático, que está continuamente actualizándose, me dice todo el tiempo que soy incompatible con los nuevos sistemas recién actualizados. Hago las actualizaciones para que se vuelvan compatibles, pero estos nuevos sistemas son incompatibles con otros programas que vengo usando en otras áreas… Entonces, en vez de dedicarme a enseñar, paso días y días tratando de actualizar mi computadora.

-En Volverse público asegura que Internet nos ofrece “una combinación de hardware capitalista y software comunista”. ¿Esa mixtura estaría presente en los fenómenos de ralentización de la vida cotidiana?

-Es un nivel diferente. Sería el comienzo de la respuesta a la pregunta de por qué Internet es redituable, cómo genera recursos. Porque, si uno trabaja en Internet, si escribe en Internet, no le genera ningún redito económico a las empresas vinculadas con la web. Es diferente a lo que sucedía en períodos históricos anteriores: en términos marxistas, si estabas trabajando, llevabas ese rédito a las personas que eran propietarias del medio de producción. No es el caso en Internet que, de todos modos, genera recursos. ¿Cómo lo hace? A través de la hermenéutica. Porque Internet está interesado en vos no como escritor, sino como consumidor potencial. Analiza tu proceso de trabajo para anticiparse a tus posibles intereses y deseos de consumo. Si yo envío, por ejemplo, un texto vía mail a Buenos Aires, el sistema informático puede deducir que yo quizás necesite un hotel en Buenos Aires: de alguna manera planifica lo que necesito consumir para seguir produciendo. Cuando mando muchos textos por correo electrónico, me comienzan a llegar mensajes con avisos las mejores pastillas para la depresión (risas). Es que, en Nueva York al menos, se dice que escribir mucho es un signo de depresión.

-¿Habría que pensar, entonces, que los occidentales estamos inmersos en un doble discurso permanente? Internet tiende a parecernos un espacio privado aunque en realidad es público; se nos presenta como gratuito, pero no lo es tanto; nos sentimos libres y dueños de nuestras vidas, pero nos estaríamos autoexplotando?

-Primero que nada: lo que ocurre en Occidente ocurre en todas partes. Viajo mucho y lo que observo es que todo está unificado; nunca vi un país donde estas problemáticas no se produzcan. Habría que decir, en todo caso, algo sobre la falta de tiempo: considero que, en realidad, es falta de inmortalidad. Porque los seres humanos sólo tenemos tiempo si tenemos inmortalidad. Si sos inmortal, como en la fe cristiana, podés posponer. Si posponés, tenés mas tiempo. Si creés en el comunismo, también tenés una perspectiva de tiempo inmortal. Porque un comunista considera que el comunismo si no se concreta hoy, se podrá realizar en 100 años. Por el contrario, la religión de nuestra sociedad es una religión de finitud radical. Un nihilismo radical. No experimentaríamos el tiempo como tal si lo tuviéramos, porque nuestra experiencia del tiempo es en términos de falta. Si no tuviéramos esa falta, experimentaríamos al tiempo en términos de espacio.

-¿La sensación de que todo comienza y termina en una sola generación, este vértigo que Ud. suele vincular con la necesidad de novedad continua, complicaría aún más las cosas?

-Absolutamente. Dado que no tenemos este recurso del tiempo, asociamos la existencia humana con la existencia biológica de los cuerpos humanos. Es interesante, por ejemplo, lo que ocurre en el arte, donde la vanguardia estaba asociada con la idea del cambio. Sin embargo, hoy la vanguardia está asociada con la gente joven, sin importar que estos artistas jóvenes estén haciendo lo mismo que hacían las vanguardias del siglo pasado. Considero que esto ocurre porque todo está definido en términos biológicos.

-¿Cómo se articula la idea del “diseño total” y de los individuos que aparecen como “artistas y obras de arte autoproducidas” con el modo contemporáneo de construir lo social?

-El diseño total no es el diseño del todo. Por ejemplo, Internet no tiene espectadores. Dios sería el único espectador de Internet, pero no hay espectadores humanos, es un ámbito que se basa en la autopresentación. Parece que nos presentamos en sociedad, pero nos presentamos para nadie o para nosotros mismos. Porque Internet funciona como espejo de nuestros propios deseos o intereses. Mandamos una pregunta, recibimos una respuesta. Es como mirar al espejo y verse a uno mismo: no se obtiene de Internet nada que no se hubiera pedido antes. No recibimos de la Red nada más que nuestra propia imagen. De este modo, el único tipo de relación que uno puede establecer con Internet es una relación narcisista. Podés engañarte a vos mismo y a tus amigos contando lo que pasa, pero eso es más o menos todo lo que ocurre.

Un futuro posible, según Groys

¿Cómo pensar las acciones políticas en una época regida por la idea del “diseño total”?

En los Estados Unidos y en Europa, me han hecho preguntas similares sobre la cuestión de la dimensión de lo político, las acciones y las protestas políticas. Lo que siempre respondo a este tipo de interrogantes es que uno comienza una protesta solamente si dispone de recursos para hacerlo. Lo que se observa en los Estados Unidos y Europa es que cada movimiento primero obtiene algún tipo de subsidio y luego comienza a manifestarse. Evidentemente, este vínculo entre recursos y protesta social quizá sea distinto en la Argentina. En todo caso, lo que también puedo decir es que cada movimiento y cada acción política generan imágenes. Deben hacerlo, porque en la actualidad si un movimiento político no produce imágenes, no estará claro para la gente lo que ese grupo o movimiento está haciendo. Entonces, insisto: los grupos de acción social o política tienen que tener una imagen de lo que son y de lo que están haciendo. Porque desde el momento en que producen estas imágenes se los puede inscribir dentro del sistema.

Mano a mano
Un pensador por fuera del discurso habitual

Lo rodea cierto halo de filósofo de culto y -más allá de la inevitable frontera de la diferencia idiomática- se le percibe el gusto por desconcertar con algún atisbo de ironía o reflexiones por fuera del discurso corriente. Boris Groys nació en Berlín en 1947, estudió Filosofía y Matemáticas en la Universidad de Leningrado, participó en los círculos no oficiales de intelectuales y artistas bajo el régimen soviético, y en 1981 emigró a Alemania, donde se doctoró en la Universidad de Münster. Hoy es profesor en la Universidad de Nueva York y, además de trabajar en el ámbito de la teoría del arte y los medios, es curador de exhibiciones artísticas. Entre otros, escribió Sobre lo nuevo: ensayo de una economía cultural, La posdata comunista y Bajo sospecha: una fenomenología de los medios. “Soy alguien del siglo XX. Tengo tiempo”, contesta, ante el ruego de prolongar los minutos pautados e introducir alguna pregunta más. Pero habrá que tomar fotos, recibir a los realizadores de un documental… y Groys, hombre del siglo XX que vive en el XXI, terminará la entrevista a la hora fijada. Sin tiempo de más para dar.

Zigmunt Bauman: Es posible que ya estemos en plena revolución

Zigmunt Bauman: Es posible que ya estemos en plena revolución
Texto de Justo Barranco y fotos de Carlos González Armesto

religion

Zygmunt Bauman no para. Su agenda está tan cargada que hay meses que pasa apenas dos días en su casa de Leeds (Gran Bretaña). Pero es que le homenajean en una universidad tras otra y, sobre todo, le requieren en debates de todo el mundo. E incluso en festivales de música y cultura alternativa dirigidos a los más jóvenes. Y él acude. Es el sociólogo de referencia, el que ha acuñado el concepto de “mundo líquido” para definir el actual momento de la historia en el que las realidades sólidas de nuestros abuelos, como el trabajo y el matrimonio para toda la vida, se han desvanecido. Y han dado paso a un mundo más precario, provisional, ansioso de novedades y, con frecuencia, agotador.

Un mundo que Bauman ha sabido explicar como pocos. Quizá porque, como dice en su nuevo libro, ¿Para qué sirve realmente un sociólogo?, que acaba de publicar Paidós, hacer sociología es descorrer la cortina, poner de manifiesto cómo los problemas individuales están fuertemente relacionados con las circunstancias sociales, aportar orientación a las personas en un mundo en continuo cambio. Un cambio que él ha vivido como pocos: nacido en Poznan, Polonia, en 1925, en una familia judía, ha experimentado en primera persona los vaivenes del siglo XX.

Paradójicamente, lo que no logró Hitler lo consiguió el gobierno comunista polaco: Bauman se marchó de su país a finales de los años sesenta tras una campaña antisemita y acabó reconstruyendo su vida en Leeds, en el norte de Inglaterra, desde donde se ha convertido en una referencia mundial. Allí reside en una pequeña casa con jardín en las afueras de la ciudad. Una casa modesta donde se amontonan los libros que lee incansable y los que le publican por todo el mundo. Y también los recuerdos de toda una vida. Viudo desde el 2009 y con tres hijas que hace mucho que dejaron el nido, vive actualmente con la profesora de la Universidad de Varsovia Aleksandra Kania, de 82 años, a la que define como su compañera de vida y junto a la que recibe al Magazine con unas fresas con crema.

¿Imaginó que podía convertirse en una estrella mediática global?

No, desde luego. Pero no soy una estrella. Cuando muera, lo que probablemente sucederá pronto, seguramente moriré como una persona insatisfecha, que no ha logrado su objetivo.

¿Por qué?

Porque he tratado de transmitir ciertas ideas toda mi vida, que ha sido muy larga. Y cuando miro atrás hay toda una montaña gris de esperanzas y expectativas que murieron al nacer o fallecieron muy jóvenes. No tengo nada de qué alardear. Intento unir palabras para decir a la gente cuáles son los problemas, de dónde vienen, dónde se esconden, encontrar ayuda para resolverlos si es posible. Pero son palabras. Y no niego que son poderosas porque nuestra realidad, lo que pensamos que es el mundo, esta habitación, nuestra vida, nuestros recuerdos, son palabras. Pero pese a haber vivido tantos años no he conseguido resolver el problema de convertir las palabras en carne. Hoy hay una enorme cantidad de gente que quiere el cambio, que tiene ideas de cómo hacer el mundo mejor no sólo para ellos sino también para los demás, más hospitalario. Pero en la sociedad contemporánea, en la que somos más libres que nunca antes, a la vez somos también más impotentes que en ningún otro momento de la historia. Todos sentimos la desagradable experiencia de ser incapaces de cambiar nada. Somos un conjunto de individuos con buenas intenciones, pero que entre sus intenciones y diseños y la realidad hay mucha distancia. Todos sufrimos ahora más que en cualquier otro momento la falta absoluta de agentes, de instituciones colectivas capaces de actuar efectivamente.

¿Qué ha cambiado?

Cuando era joven todos mis contemporáneos en la izquierda, la derecha o el centro coincidían en un punto: si ganamos el gobierno o hacemos una revolución, sabemos qué hacer y cómo lo haremos mediante el poder del Estado. Ahora nadie cree que el gobierno puede hacer nada. Los gobiernos son vistos como instituciones que nunca cumplen sus promesas. Es un grave problema. Porque significa que aunque sepamos cómo crear una sociedad más humana –y por ahora hemos abandonado la esperanza de poder diseñarla–, la gran pregunta, para la que no tengo respuesta, es quién va a convertirla en realidad.

Vivir en un mundo líquido, ¿qué significa exactamente?

Modernidad significa modernización obsesiva, adictiva, compulsiva. Modernización significa no aceptar las cosas como son, sino cambiarlas en algo que consideramos que es mejor. Lo modernizamos todo. Coges tus regulaciones, tus relaciones, tus objetos y tratas de modernizarlos. No viven demasiado tiempo. Eso es el mundo líquido. Nada encuentra una forma definida que dure mucho tiempo. Hay que decir que fundir lo sólido, hacerlo líquido y moldearlo de nuevo era una preocupación de la modernidad desde el principio, pero el objetivo era otro. Arbitrariamente, pero creo que de forma útil, fijo el inicio de la modernidad en el año 1755 en el terremoto de Lisboa, al que siguió un incendio que destruyó lo que quedaba y luego un tsunami que se lo llevó todo al mar.

¿Por qué en ese terremoto?

Fue una catástrofe enorme, no sólo material sino también intelectual. La gente pensaba hasta entonces que Dios lo había creado todo, que había creado la naturaleza y había puesto leyes. Pero de repente ve que la naturaleza es ciega, indiferente, hostil a los humanos. No puedes confiar en ella. Hay que poner el mundo bajo la administración humana. Reemplazar lo que hay por lo que puedes diseñar. Así, Rousseau, Voltaire o Holbach vieron que el antiguo régimen no funcionaba y decidieron que había que fundirlo y rehacerlo de nuevo en el molde de la racionalidad. La diferencia con el mundo de hoy es que no lo hacían porque no les gustara lo sólido, sino, al revés, porque creían que el régimen que había no era suficientemente sólido. Querían construir algo resistente para siempre que sustituyera lo oxidado. Era el tiempo de la modernidad sólida. El tiempo de las grandes fábricas empleando a miles de trabajadores en enormes edificios de ladrillo, fortalezas que iban a durar tanto como las catedrales góticas. Sin embargo, la historia decidió un camino muy diferente.

¿Se hizo “líquida”?

Sí. Hoy la mayor preocupación de nuestra vida social e individual es cómo prevenir que las cosas se queden fijas, que sean tan sólidas que no puedan cambiar en el futuro. No creemos que haya soluciones definitivas y no sólo eso: no nos gustan. Por ejemplo: la crisis que tienen muchos hombres al cumplir 40 años. Les paraliza el miedo de que las cosas ya no sean como antes. Y lo que más miedo les causa es tener una identidad aferrada a ellos. Un traje que no te puedes quitar. Estamos acostumbrados a un tiempo veloz, seguros de que las cosas no van a durar mucho, de que van a aparecer nuevas oportunidades que van a devaluar las existentes. Y sucede en todos los aspectos de la vida. Hace dos años la gente hacía enormes colas por la noche por el iPhone 5 y ahora mismo las hace por el 6. Puedo garantizar que en dos años aparecerá el 7 y millones de iPhone 6 serán lanzados a la basura. Y eso que es así con los objetos materiales funciona igual con las relaciones con la gente y con la propia relación que tenemos con nosotros mismos, cómo nos evaluamos, qué imagen tenemos de nuestra persona, qué ambición permitimos que nos guíe. Todo cambia de un momento a otro, somos conscientes de que somos cambiables y por lo tanto tenemos miedo de fijar nada para siempre. Probablemente su Gobierno, como el del Reino Unido, llama a sus ciudadanos a ser flexibles.

Lo hace.

¿Qué significa ser flexible? Significa que no estés comprometido con nada para siempre, sino listo para cambiar la sintonía, la mente, en cualquier momento en el que sea requerido. Esto crea una situación líquida. Como un líquido en un vaso, en el que el más ligero empujón cambia la forma del agua. Y esto está por todas partes.

¿Cuáles cree que son los efectos de esta nueva situación en la gente?

Hace unos años la gente joven iba a trabajar para Ford o Fiat como aprendiz y podía acabar estando allí los siguientes 40 años si no se emborrachaba o moría antes. Hoy los jóvenes que no han perdido la ambición tras tener amargas experiencias laborales sueñan con ir a Silicon Valley. Es la meca de las ambiciones de todo hombre joven, la punta de lanza de la innovación, del progreso. ¿Sabe cuál es la media de un trabajador en una empresa de Silicon Valley? Ocho meses. El sociólogo Richard Sennett calculó hace unos años que el trabajador medio cambiaría de empresa once veces durante su vida. Hoy esa cantidad es incluso mayor. Las generaciones que emergen de las universidades en grandes cantidades están todavía buscando empleo. Y si lo encuentran, no tiene nada que ver con sus habilidades y sus expectativas. Están empleados en trabajos basura, temporales, sin seguridad, sin recorrido laboral. Así que la manera principal en la que nos conectamos al mundo, que es nuestra profesión, nuestro trabajo, es fluida, líquida. Estamos conectados sólo por agua. Y no puedes estar conectado por eso, produce inundaciones, fugas…

¿Por eso dice que hemos pasado del proletariado al precariado?

Hace no mucho el precariado era la condición de vagabundos, homeless, mendigos. Ahora marca la naturaleza de la vida de gente que hace 50 años estaba bien instalada. Gente de clase media. Menos el 1% que está arriba del todo, nadie puede sentirse hoy seguro. Todos pueden perder los logros conseguidos durante su vida sin previo aviso. No hace tantos años, seis, el crédito y los bancos se hundieron y la gente empezó a ser desahuciada de sus casas y sus trabajos. Antes de eso, los ­optimistas hablaban de orgía del consumo, la gente pensaba que podía gastar dinero que no tenía porque las cosas serían mejores cada vez y también sus ingresos, pero todo eso se ha hundido. Las consecuencias son hoy los recortes, la austeridad, el alto nivel de desempleo y, sobre todo, la devastación emocional y mental de muchos jóvenes que entran ahora al mercado de trabajo y sienten que no son bienvenidos, que no pueden añadir nada al bienestar de la sociedad sino que son una carga.

Aumentan lo que llama vidas desperdiciadas.

Cada vez hay más. Pero es que además la gente que tiene un empleo experimenta la fuerte sensación de que hay altas posibilidades de que también se conviertan en desechos. Y aun conociendo la amenaza son incapaces de prevenirla. Es una combinación de ignorancia e impotencia. No saben qué va a pasar, pero ni sabiéndolo serían capaces de prevenirlo. Ser un sobrante, un desecho, es una condición aún de una minoría, pero impacta no sólo en los empobrecidos sino también en cada vez mayores sectores de las clases medias, que son la base social de nuestras sociedades democráticas modernas. Están atribuladas.

¿Van a desaparecer las clases medias?

Estamos en un interregno. La palabra se usó por primera vez en la historia de la antigua Roma. El primer rey legendario fue Rómulo, que reinó 38 años. Era la media de vida de la gente, así que cuando murió pocos o ninguno recordaban el mundo sin él. La gente estaba confundida. ¿Qué hacer? Rómulo les decía qué hacer. Y si hubiera otro, quién sabe lo que les pediría. Gramsci actualizó la idea de interregno para definir una situación en la que los viejos modos de hacer las cosas ya no funcionan, pero las formas de resolver los problemas de una nueva manera efectiva aún no existen o no las conocemos. Y nosotros estamos así. Los gobiernos viven atrapados entre dos presiones imposibles de reconciliar: la del electorado y la de los mercados. Tienen miedo a que si no actúan como las bolsas y el capital viajero quieren, las bolsas quebrarán y el dinero se irá a otro país. No se trata sólo de que pueda haber corrupción y estupidez entre nuestros políticos, sino que esta situación les hace impotentes. Y por eso la gente busca desesperadamente nuevas formas de hacer política.

¿Cómo los indignados?

Es un buen ejemplo. Si el gobierno no cumple, vamos a la plaza pública. Pero es un buen intento que no trae mucho resultado. Estamos buscando. Intentando crear alternativas practicables para cumplir con las necesidades colectivas. El interregno por definición es transitorio. Yo creo que no viviré para ver el nuevo arreglo, pero su vida estará llena de búsqueda de estas alternativas. Porque este periodo de suspensión en el que muchas cosas van mal y tenemos pocas ideas para solucionarlas no es eternamente concebible.

¿No nos habremos hecho ya demasiado líquidos?

Los cambios van y vienen. Mucha gente está hoy convencida de que ya hay alternativas, pero que son invisibles porque aún están muy dispersas. Jeremy Rifkin habla del procomún colaborativo. Benjamin Barber ha publicado el libro Si los alcaldes gobernaran el mundo en el que dice que los estados están acabados, que fueron una buena herramienta para la separación, la independencia y la autonomía, pero que en nuestros tiempos de interdependencia deben ser reemplazados. Que las instituciones locales son capaces de enfrentarse a los problemas mucho mejor, tienen la dimensión adecuada para ver y experimentar su colectividad como una totalidad. Pueden llevar a cabo luchas mucho más efectivas para mejorar las escuelas, la sanidad, el empleo, el paisaje. Pide una especie de Parlamento mundial de alcaldes de las grandes ciudades. Nada demasiado utópico, porque el 70% de la población vive en ciudades. Un Parlamento donde la gente hable y comparta experiencias que son enormemente similares. Y los cambios pueden estar ya aquí. Mi tesis, cuando estudiaba, fue sobre los movimientos obreros en Gran Bretaña. Indagué en los archivos del siglo XIX y los diarios. Para mi sorpresa, descubrí que hasta 1875 no se mencionaba que estaba teniendo lugar una revolución industrial, había sólo informaciones dispersas. Que alguien había construido una fábrica, que el techo de una fábrica se hundió… Para nosotros es obvio que estaban en el corazón de una revolución, para ellos no. Es posible que cuando entreviste a alguien dentro de 20 años le diga: cuando fue a entrevistar a Bauman a Leeds estaban en medio de una revolución y usted le preguntaba a él por el cambio.

La ministra Julia Muñoz es una amenaza para la cultura uruguaya

Nada personal: María Julia Muñoz es una amenaza para la cultura
6/5/16
por Carlos Liscano

religion

“—¿Sabés a qué hora velan a Galeano? —No. —Te lo pregunto porque sos escritor y capaz que cualquier día de estos tengo que enterrarte a vos también.” Diálogo en la puerta de la Biblioteca Nacional, 13 de abril de 2015, entre María Julia Muñoz, ministra de Educación y Cultura, y Carlos Liscano, entonces director de la Biblioteca.

I

Voy a contar hechos un poco miserables. Me aburre hacerlo y es muy probable que también aburra al lector. Pido disculpas, no tengo más remedio. Nunca busqué un cargo político ni me preparé para ejercerlo. En el último número de Brecha de diciembre de 2008 escribí una nota criticando al gobierno del Frente Amplio por todo lo que no hacía en Cultura. Poco tiempo después el presidente Tabaré Vázquez me nombró subsecretario de Educación y Cultura: “Vos me criticás, ahora podés trabajar por el país”. Algo así me dijo el presidente. Fueron seis meses. Creo que no tuve tiempo de hacer nada. El 1 de marzo de 2010 el presidente José Mujica me nombró director de la Biblioteca Nacional. En marzo de 2013 el ministro Ricardo Ehrlich me nombró presidente del Consejo de Derecho de Autor (Cda). El 1 de marzo de 2015 el presidente Vázquez me nombró director de la Biblioteca. Desde 1971 ningún director ejercía ese cargo por dos períodos consecutivos.

II
El Cda está integrado por cinco consejeros honorarios y depende directamente del titular del Mec. Es el órgano del Estado que entiende en todo lo relativo a derechos de autor, administra las obras de dominio público y las de dominio privado propiedad del Estado. Tiene, entre otras, la tarea de auditar las sociedades de gestión (Agadu, Sudei, Sugai, etcétera) y de asesorar a la cancillería en los debates que tienen lugar en la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (Ompi). Es opinión generalizada entre quienes se dedican a estos asuntos que la institucionalidad de los derechos de autor en Uruguay es débil. Esa opinión es compartida por los especialistas de la región y por técnicos de Ompi. Es así, entre otros motivos, porque tenemos pocos técnicos especializados en la materia y por la histórica carencia de personal del Cda. Lo que acabo de decir está documentado en el “Informe sobre derechos de autor” emanado de las jornadas internacionales que el Cda coorganizó junto con Ompi en noviembre de 2014 en los espacios de la Biblioteca.

El 1 de marzo de 2015 el Cda tenía cuatro consejeros honorarios, dos asesores letrados honorarios, una funcionaria administrativa y un contador. Personal apenas suficiente para la envergadura de las responsabilidades del Cda. En nuestro país los derechos de autor generan millones de dólares por año y es tarea del Cda fiscalizar ese movimiento de dinero que, en parte, es del Estado. El Sodre paga por el uso de obras de dominio público entre 100 y 120 mil dólares al año.

A los pocos días de asumir, Muñoz trasladó a la única funcionaria que tenía el Cda a su secretaría personal; en abril trasladó al contador a la Comisión de Patrimonio. Los asuntos que llegan semanalmente al Cda quedaron paralizados desde marzo. Ni siquiera hay quien conteste el teléfono, abra una carta. A las reiteradas llamadas a mi teléfono privado he contestado que, de momento, no se tramita ningún expediente por falta de personal. Esta situación está en conocimiento de la ministra, de Jorge Papadópulos, director general de Secretaría, de los ciudadanos que hacen seguimiento de sus trámites, y también de Agadu, que actúa en muchos casos como intermediario de sus socios.

A principios de abril la ministra resolvió que la oficina del Cda, que funciona en la calle Reconquista, se trasladara al edificio de la Biblioteca Nacional. El 9 de abril expuse por escrito los inconvenientes que eso significaría. La Biblioteca no tiene espacio para cumplir con sus obligaciones emanadas de la ley de depósito legal. La Biblioteca no tiene espacio para alojar otra institución. Un día después Papadópulos me llamó para decirme que la decisión de la ministra seguía firme. Al tanto de la grave falta de espacio en la Biblioteca, Muñoz encontró una solución fácil y rápida a los problemas de espacio que tiene en el edificio de Reconquista.

III
El martes 21 de abril el diario El País publicó una nota sin firma en la que se me citaba dando opiniones sobre la situación del Cda. La nota está basada en una entrevista telefónica que me hizo un periodista el día 20 de abril. En la entrevista se habló de tres artículos aparecidos días antes en la versión digital de El Observador sobre las pretensiones de Egeda, sociedad de gestión autorizada por el Poder Ejecutivo en 2007 a actuar en Uruguay. Egeda, informa El Observador, pretende cobrar un canon por los aparatos de televisión usados en bares, hoteles, mutualistas. El periodista, notoriamente al tanto de las dificultades del Cda, sobre el final me preguntó acerca del asunto. Mi respuesta fue la misma que he dado a ciudadanos y empresas que se preocupan por sus trámites: de momento el Cda no está evacuando expedientes. Luego de publicada esa nota me han llamado otros medios de prensa. A todos los he remitido a Papadópulos, a quien la ministra encargó solucionar los problemas de personal del Cda (véase La Diaria, 24-IV-15).

El 22 de abril, sobre las dos de la tarde, me llamó Papadópulos. Me dijo que la ministra le había ordenado que me trasmitiera que yo debía renunciar a la dirección de la Biblioteca por las declaraciones que me atribuía la nota de El País. Dijo Papadópulos que, si bien era cierto todo lo que decía la nota, la ministra opinaba que esos asuntos sólo debían ventilarse internamente. Le contesté que yo no había ventilado nada, que la situación del Cda era de conocimiento público. Que me parecía absurdo que por un asunto del Cda me pidiera la renuncia a la Biblioteca. Le dije que trasmitiera a la ministra mi pedido de que reconsiderara su decisión. Un par de horas después Papadópulos me llamó para decirme que la ministra no reconsideraba nada.

Resolví que no renunciaría. Yo fui designado por el presidente, no por la ministra. Llamé a Papadópulos y le dije que trasmitiera a Muñoz mi decisión: yo no renunciaba. Mi decisión no era un intento de conservar el trabajo. Sabía que al fin y al cabo el presidente Vázquez iba a sustituirme. Me negué a renunciar porque no iba a abandonar en silencio el proyecto que elaboramos durante cinco años con decenas de funcionarios, asesores, investigadores, muchos de ellos voluntarios. No iba a renunciar en silencio por respeto a ellos, y a los muchos colaboradores honorarios de las publicaciones de la Biblioteca. Parte de mi dignidad se nutre de respetar el trabajo ajeno. Por encima de mi dignidad está la nada.

Un par de días después Muñoz ordenó a una funcionaria que me pidiera la renuncia al Cda por correo electrónico. Estaba en su derecho: a los consejeros los nombra el ministro. Renuncié por correo electrónico ante la funcionaria.

IV
A Muñoz no le gustó que yo dijera que el Cda no estaba funcionando. Eso ya no es cierto: ahora no existe. No tiene ningún funcionario, no tiene contador, no tiene asesor letrado, no tiene lugar donde reunirse y no puede tomar decisiones porque con sólo tres consejeros carece de quórum.
Muñoz entiende que nadie debe hablar de los problemas de su ministerio. Es una forma novedosa de solucionar las cosas y una curiosa norma de transparencia: si nadie se entera de nada, todo va bien. O por lo menos no va tan mal. Yo no la conocía y, sin proponérmelo, transgredí la norma. Si la hubiera conocido tampoco la habría respetado. Sea como sea, por contravenir una norma suya, Muñoz me pidió la renuncia al Cda y forzó mi salida de la Biblioteca. Otra curiosidad: Muñoz ordenó el traslado de la oficina del Cda a la Biblioteca. No me negué a cumplir la orden. Pedí que la mudanza fuera acompañada por un inventario de los bienes y documentos que contiene. El inventario nunca apareció. La oficina del Cda no está en el edificio de la Biblioteca, como quiere Muñoz; sigue, abandonada y sin uso, en el cuarto piso de Reconquista.

V
Cuando en 2009 Tabaré Vázquez me nombró subsecretario le dije que sólo podía prometerle que soy trabajador y disciplinado. Creo que cumplí con mi palabra. No voy a juzgar lo hecho en estos años. No corresponde. Sí voy a mencionar algo de lo que siempre me sentiré orgulloso. Algo que hicieron otros, no yo. Formé, organicé y conduje un equipo de investigadores que ha creado conocimiento sobre nuestra sociedad, conocimiento que quedará para siempre en el acervo intelectual de Uruguay. Las publicaciones de la Biblioteca dan fe de lo que digo. No puedo dejar de destacar la labor de la profesora Alicia Fernández Labeque, jefa del Departamento de Investigaciones. Me consta que no aceptó cargos mucho mejor remunerados para poder seguir conduciendo el Departamento. Podría reconocer a los muchos funcionarios de todos los escalafones que prestaron su enorme colaboración a mi gestión. Nombro a Fernández Labeque en representación de todos quienes pusieron sus conocimientos, su trabajo y su talento al servicio de la Biblioteca en estos cinco años. Ello comprende, muy especialmente, al numeroso grupo de voluntarios e investigadores asociados que trabajaron para la institución.

VI
Lo ocurrido en estos días me recordó lo siguiente. A fines de 2009, en mi carácter de subsecretario de Educación y Cultura, me ocupaba de la Comisión de Bienestar Animal. Un día empezaron a llegar a mi oficina noticias de que jaurías de perros atacaban a los pacientes en la Colonia Etchepare. Llamé a Muñoz, entonces ministra de Salud Pública, para trasmitirle la preocupación. Me dijo más o menos así: “Vos de la Colonia Etchepare no sabés nada. Estás preocupado por los perritos. Yo, en cambio, me ocupo de la gente”. Y colgó. Llamé al subsecretario del Interior, inspector (r) Ricardo Bernal, quien me recibió un viernes a las nueve de la noche. Le trasmití la inquietud. Bernal comprendió la situación y dijo que se haría cargo. Hace pocas semanas una jauría mató a un paciente en la Colonia Etchepare. No pude menos que recordar la sensible respuesta que me dio Muñoz en 2009.

VII
En los primeros días de enero cuatro directores del área de Cultura fuimos convocados por Muñoz. Nos dijo que no iba a ocuparse de Cultura y que en el futuro no se reuniría con nosotros. Le informé que el Cda depende de ella y yo lo presidía. No tenía idea de qué le estaba hablando. “Una tarea más que no conocía”, me dijo. Me fui intranquilo. Si no iba a ocuparse de Cultura, ¿para qué había aceptado el cargo? Entendí que no le interesaba el Cda ni la Biblioteca. Después pensé que tal vez fuera una dificultad menos: si no se ocupaba, no pondría trabas. En pocos días nos dimos cuenta de qué es lo que Muñoz entiende por “no ocuparse de Cultura”. Lo dijo: no asumirá sus responsabilidades. No se ocupará, pero no tendrá ningún escrúpulo en desmantelar lo existente si eso le genera alguna dificultad, del orden que sea. Abandonará a su suerte a instituciones emblemáticas, que acabarán desmanteladas, como ya ha ocurrido. En pocas semanas deshizo el Cda. La próxima institución será la Biblioteca, que tiene un problema crónico de espacio, que en cinco años perdió 59 funcionarios y las vacantes no han sido llenadas. Se lo informé. No le interesó. No es su asunto. Todo esto me genera enorme incertidumbre y estoy obligado a decirlo. Me obliga mi compromiso con la cultura. También mi compromiso de toda la vida con el Frente Amplio y mi compromiso con Tabaré Vázquez. En ese orden.

Termino este relato de asuntos miserables. No escribo para decir que me he sentido agraviado por Muñoz. Si así fuera, sería irrelevante. Lo relevante, lo que debe preocuparnos, es que Muñoz es ministra de Cultura, de lo que no se ocupará. Eso es un agravio a su investidura y a la sociedad. Su prescindencia, la indiferencia hacia los asuntos de la cultura, el desconocimiento y la falta de interés en informarse, la transforman en una grave amenaza para la sociedad. Eso, lector, y los compromisos que enumeré más arriba, son motivos suficientes para dar a conocer estos hechos, que no tienen relación con mi salida del Cda y de la Biblioteca. No es nada personal: hay que evitar que Muñoz lleve adelante su proyecto de “no ocuparse de la Cultura”. Antes de que sea tarde.

Artículo complementario: Liscano y la Biblioteca Nacional
El silencio es lo que cuenta
por Rosalba Oxandabarat

Hasta ayer de noche, la noticia sobre el cese del escritor Carlos Liscano como director de la Biblioteca Nacional se informaba en condicional: “El presidente Tabaré Vázquez habría decidido cesar de su cargo al director de la Biblioteca Nacional, Carlos Liscano”. Sin embargo, el tiempo verbal ya cambiaba en la nota publicada en Búsqueda el jueves pasado: “el próximo lunes 4 en el Consejo de Ministros, el jefe de Estado comunicará el nombramiento de una jerarca de su confianza, ya seleccionada, como sustituta”.

Brecha ya disponía de la información del pedido de renuncia que la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, le había cursado a Liscano a través de uno de sus más cercanos colaboradores. Según informó entonces el propio Liscano a Brecha, él seguía siendo director de la Biblioteca Nacional, en tanto el presidente de la República no le pidiera directamente su renuncia, ya que su nombramiento procedía de la Presidencia y no del Mec. Sí renunció a la presidencia del Consejo de Derechos de Autor, en tanto había sido nombrado en ese cargo por el anterior titular del Mec, Ricardo Erhlich. Ante el pedido de renuncia, Liscano, que había sido confirmado en su puesto hacía apenas un mes, envió una carta al presidente Tabaré Vázquez, que hasta donde se sabe no ha sido contestada.

Lo cierto es que fue un asunto que se tramitó en la prensa, en los pasillos y en las redes sociales, sin que fuera posible recibir ninguna información oficial. Al igual que Liscano en su despacho, queríamos saber la actitud que tomaría Tabaré Vázquez, quien durante su primera presidencia lo había nombrado viceministro de Educación y Cultura.

Como remarcable excepción, la ministra María Julia Muñoz confirmó a radio Montecarlo la información difundida por Búsqueda, sobre la remoción de Liscano, destacando que “El director ha cumplido perfectamente su tarea durante un período prolongado”, que “agradecemos el trabajo hecho” pero que le propuso al presidente Tabaré Vázquez “otra persona que tiene amplios conocimientos y es bibliotecóloga”. Brecha intentó recabar el punto de vista oficial, pero no obtuvo más que la confirmación del cese de Liscano, y que el Mec no tenía nada para comunicarle a la prensa al respecto, lo que fue trasmitido a esta periodista por el director general de Secretaría del Ministerio de Educación y Cultura, Jorge Papadópulos. Liscano sí aceptó expresar su opinión, pero no en forma de entrevista sino mediante la carta que publicamos. Queda atrás una gestión que si bien no careció de polémicas, marca un antes y un después en la Biblioteca Nacional. Y por delante la amarga sospecha de que un jerarca orejano, capaz de señalar los errores cometidos en su campo específico –la cultura– por el mismo gobierno de la misma fuerza política que lo puso en ese cargo, no tiene lugar en el presente del nuevo período progresista.

Marie Curie: una energía inagotable

Marie Curie: una energía inagotable

por Francisco Domenech

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El siglo XIX tenía reservada una última sorpresa para la ciencia. Físicos y químicos por fin estaban cómodos con sus leyes básicas, que podían explicar cualquier cosa hasta que en 1896 el francés Becquerel descubrió por casualidad un fenómeno totalmente nuevo. Se dejó en un cajón un paquete de sales de uranio, encima de un rollo de placa fotográfica, y días después comprobó que la placa estaba oscurecida como si le hubiera dado la luz; así que pensó que esas sales emitían unos rayos penetrantes, que eran capaces de atravesar metales. Sin embargo, Becquerel perdió interés en el tema y se lo pasó a una estudiante polaca que no tenía muy claro sobre qué hacer la tesis doctoral. Ella, Marie Curie, investigó mucho más a fondo esas piedrecillas que emitían constantemente tanta energía y parecían no consumirse, y bautizó aquello como radiactividad.

A la edad de 24 años, Marie Curie (entonces Marie Skłodowska) había emigrado desde Polonia, donde las mujeres no podían estudiar una carrera, y se matriculó en la universidad más famosa de Francia, la Sorbona. Devoraba una asignatura tras otra, apenas comía y vivía en una buhardilla sin calefacción. Fue la primera de su promoción y al acabar conoció a su marido, el físico Pierre Curie, que también fue su pareja científica. Marie descubrió que los rayos de Becquerel venían del interior de los átomos de uranio y que sólo otro elemento, el torio, emitía unos rayos parecidos. Entonces estudió los minerales de uranio y vio asombrada que uno de ellos, la pecblenda, era más radiactivo que si fuera uranio puro: su hipótesis fue que aquella roca contenía una cantidad mínima de algo desconocido y muy, muy radiactivo.

Pierre lo vio tan claro que abandonó sus propias investigaciones para centrarse en ayudar a Marie y, juntos, enseguida descubrieron dentro de la pecblenda dos nuevos elementos: el polonio y el radio, a cada cual más radiactivo. Para obtenerlos en cantidad y poder estudiarlos, invirtieron sus ahorros en toneladas de pecblenda y las guardaron en un cobertizo prestado y con goteras. Allí se iban, al terminar su jornada de profesores, a machacar y a deshacer con ácidos el mineral. Era un trabajo duro, en medio de gases tóxicos y productos radiactivos cada vez más puros. Cinco años después, las toneladas de mineral se habían quedado en 0,1 gramos de sal de radio, tan radiactiva que brillaba en la oscuridad y les producía quemaduras. Marie Curie ya podía presentar su tesis, que fue la más rentable de la Historia, pues le dio el título de doctora y además dos premios Nobel: el primero ese mismo año (1903), compartido con Becquerel y su marido; y el segundo fue en solitario (1911), pues Pierre había fallecido cinco años antes atropellado por un coche de caballos.

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“El retrato más famoso de Marie Curie (a la izquierda) es en realidad una foto de la actriz Susan Marie Frontczak, tomada por Paul Schroder en 2001. A la derecha, una fotografía real de la verdadera madame Curie”

La historia de los Curie lo tenía todo: romanticismo, idealismo, sacrificio, tragedia y una nueva fuente de calor, el radio, que parecía no agotarse. La ciencia saltó de las revistas especializadas a la primera plana de los periódicos. Mientras tanto, Rutherford había descubierto que los materiales radiactivos sí se consumen, y se desintegran transformándose en otros elementos: era el sueño de los alquimistas hecho realidad. Para Vassily Kandinsky, que en esos años creaba las primeras obras de pintura abstracta, aquello de la radiactividad era el símbolo de la desintegración del mundo entero.

No fue para tanto, sólo hubo que crear una nueva Física para explicar ése y otros fenómenos. Marie Curie vivió para verlo y murió a los 67 años de leucemia, una enfermedad probablemente causada por toda la radiación que recibió. De hecho, sus cuadernos de laboratorio siguen siendo muy radiactivos: tendrán que pasar 1.600 años para que se consuma la mitad del radio que les cayó encima.

¿Se acabaron los momentos de reflexión?

¿Se acabaron los momentos de reflexión?

Por Teddy Wayne 19 junio 2016

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Hay muchos momentos a lo largo de un día cualquiera en los que, en otra época, a falta de material de lectura impreso pensaba y miraba a mi alrededor: lo hacía mientras caminaba o esperaba en algún lado, tomaba el metro, me recostaba en la cama sin poder dormir o hacía acopio de fuerzas para levantarme.

Ahora, en cambio, en estas situaciones a menudo tomo mi celular para revisar una notificación, navegar y leer en internet, enviar un mensaje de texto, utilizar una aplicación, escuchar un podcast o, en raras ocasiones, hacer una llamada telefónica a la vieja usanza. El último lugar donde hoy tengo garantía de estar a solas con mis pensamientos es la ducha.

“Encontrar momentos para dedicarse al pensamiento contemplativo siempre ha sido un reto, ya que siempre hemos estamos sujetos a la distracción”, afirma Nicholas Carr, autor de “The Shallows”. “Pero ahora que llevamos con nosotros estos dispositivos multimedia todo el día, esas oportunidades se vuelven aun menos frecuentes por la sencilla razón de que tenemos esta capacidad de distraernos constantemente”.

La neuroplasticidad (o la capacidad que tiene el cerebro de cambiar) resultante de la utilización de la tecnología es un tema candente. Habitualmente, el tono es alarmista, aunque a veces también es optimista.

Por ejemplo, los videojuegos: un estudio reveló mejoras en la memoria y la concentración de personas de edad avanzada cuando juegan a las carreras. En otro estudio se observó que jugar al Super Mario 64 producía aumentos en la materia gris en regiones del cerebro asociadas con la memoria, la planificación y la navegación espacial.

Sin embargo, estas habilidades cognitivas difieren de la reflexión. En un mundo donde un teléfono o un ordenador casi nunca están fuera de nuestro alcance, ¿estamos eliminando la introspección en momentos que podrían haber estado dedicados a eso? ¿Acaso la profundidad de esa reflexión está en peligro porque nos hemos acostumbrado a buscar la gratificación inmediata de los estímulos externos?

Si los datos indican algo, la mayoría de nosotros utiliza los teléfonos más de lo que creemos: los participantes en el estudio calcularon que utilizaban los dispositivos 37 veces durante el día (incluidas todas las ocasiones en que encendemos una pantalla, desde apagar el despertador hasta hacer una llamada), pero el número real se acercó a 85. Algunas de las veces tomó menos de 30 segundos. (Los participantes también subestimaron el tiempo que pasan utilizando los dispositivos por cerca de una hora —el total real fue de 5,05 horas—, incluyendo llamadas telefónicas y escuchar música con la pantalla apagada).

Si estás despierto durante 16 horas, encender o revisar tu celular 85 veces significa hacerlo aproximadamente una vez cada 11 minutos (eso sin contar las veces que utilizamos internet en una computadora), y 5,05 horas son más del 30 por ciento del día. ¿Qué efecto podría tener este comportamiento compulsivo en la reflexión?

En 2010, investigadores dirigidos por el médico Stephen Fleming, en el Wellcome Trust Center for Neuroimaging del University College en Londres, publicaron un artículo en la revista Science en el que establecieron la correlación entre la habilidad introspectiva y la cantidad de materia gris en la corteza prefrontal. (Para el estudio, la habilidad introspectiva se definió como la precisión de medir nuestro propio desempeño en una tarea de percepción visual, una señal de metacognición o “pensar acerca de pensar”).

Utilizando esta información acerca de la corteza prefrontal, Brian Maniscalco y Hawkwan Lau publicaron un artículo en Neuroscience of Consciousness en 2015 que medía la habilidad introspectiva mientras los sujetos del estudio podían concentrarse en una tarea o se distraían con una segunda tarea difícil. Distraerse con la segunda tarea no afectó el desempeño real de la primera tarea, pero sí impidió que los sujetos tuvieran la habilidad de ser introspectivos (de nuevo, al informar ellos mismos exactamente cómo les había ido). El hallazgo respalda estudios anteriores que indican que hacer varias cosas al mismo tiempo disminuye el desempeño cognitivo (pero otros estudios muestran algunos efectos beneficiosos de la multitarea).

Por lo tanto, de acuerdo con el doctor Fleming, es una “conjetura razonable” que si pensamos en que navegar el mundo es una primera tarea (físicamente, como un vagabundo o, mentalmente, cuando sopesamos algo) y revisar el teléfono es una segunda tarea, esta última dificulta nuestra capacidad de reflexionar.

“La corteza prefrontal es buena para hacer una sola cosa a la vez”, dijo. “Si sometes a las personas a un contexto donde hay dos tareas, parte de la razón por la que las cosas se dificultan es que la tarea secundaria interfiere con las funciones involucradas en la introspección”.
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Credit Jon Han

Parece contradictorio decir que estamos entrado a una fase cultural irreflexiva, ya que nuestra época tiende a ser criticada por su ensimismamiento. No obstante, con frecuencia expresamos nuestro solipsismo de manera externa en vez de explorarlo internamente, con más énfasis en las imágenes que nunca antes. Cuando hay texto, los nuevos medios como Instagram por lo general dejan de lado el papel del lenguaje.

Las selfies son algo muy obvio en este caso particular, pero consideremos un tuit. Su brevedad tiene la longitud perfecta para un aforismo y poco más (a menos que alguien publique una secuencia).

Para cierto porcentaje de la población, los pensamientos que podrían haberse guardado en una época previa a los teléfonos inteligentes —dejando así que se marinaran y quizá se hicieran más profundos hasta que ya no pudieran formularse en menos de 140 caracteres— ahora se expresan en un foro público.

Además, internet suele recompensar la velocidad por encima de cualquier otra cosa, una cualidad que contradice al pensamiento deliberativo, además, nuestra hambre de velocidad va en aumento conforme mejoran las tasas de transferencia de información. En 2006, Forrester Research halló que los compradores en línea esperaban que las páginas web se cargaran en cuatro segundos. Tres años más tarde, el tiempo se redujo a dos segundos. Las páginas web más lentas hacían que muchos compradores buscaran en otros sitios.

Para 2012, los ingenieros de Google habían descubierto que cuando los resultados tomaban más de dos quintas partes de segundo en aparecer, la gente buscaba menos, y retrasarse un cuarto de segundo en comparación con un sitio rival puede alejar a los usuarios.

“Eso apunta a que, conforme nuestras tecnologías incrementan la intensidad de la estimulación y el flujo de cosas nuevas, nos adaptamos a ese ritmo”, dijo Carr. “Nos hacemos menos pacientes. Cuando surgen momentos sin estimulación comenzamos a sentir pánico y no sabemos qué hacer con ellos, porque nos hemos entrenado para esperar esa estimulación: nuevas notificaciones, alertas, y similares”.

Esto a menudo se traduce en el discurso que define internet como una demanda de “momentos estimulantes”, inmediatos y superficiales, en vez de juicios sopesados con cuidado, ya sea sobre asuntos serios o triviales.

Carr también señaló los argumentos contrarios: formular pensamientos relativamente simples en internet puede producir otros más complejos mediante intercambios en tiempo real con la gente, y puede que las personas cuyo reflejo es publicar algo con prisa en vez de pensar en ello, tampoco habrían sido los pensadores más deliberativos en una época anterior a los teléfonos inteligentes.

Aun así, Carr considera que nuestro rumbo actual indica “la pérdida de la mente contemplativa”. “Hemos adoptado el ideal mental de Google, que consiste en tener una pregunta que se puede responder rápidamente: Preguntas finitas y bien definidas. Perdida en esa concepción está la idea de que también hay una manera abierta de pensar con la que no siempre estamos tratando de responder una pregunta. Estás intentando ir al lugar al que ese pensamiento te lleve. Como sociedad, estamos diciendo que la manera de pensar ya no es tan importante. Se ve como algo ineficiente”.

Carr observó que, durante décadas, la escultura de Rodin “El pensador” (1902) representaba la forma de contemplación más elevada: una figura con un físico imponente que mira hacia abajo abstraídamente, encorvado para bloquear las distracciones, congelado porque es una estatua, desde luego, pero también porque los pensadores serios necesitan tiempo y no se inquietan. Es difícil imaginar que una nueva versión posmoderna llamada “El tuiteador” sea tan inspiradora.

Sheldon Glashow: Algunos físicos están cerca de convertirse en filósofos

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El mundo se ha movido mucho desde que Sheldon Lee Glashow (Nueva York, 1932) ganara el premio Nobel de Física en 1979. Pero al margen de los cambios vertiginosos de la tecnología y la medicina, la Física sigue levantándose básicamente sobre los mismos pilares de entonces.

A pesar de que se ayuda de una garrota, esta no le resta ni un centímetro a su imponente altura. Ya sentado en un sillón, descansa sus 84 años con un aire afable y tranquilo. Hoy en día sigue siendo profesor en la Universidad de Boston, pero en su currículo hay una lista interminable de instituciones y universidades prestigiosas (Cornell, Harvard, Caltech, Stanford, Berkeley, CERN, MIT). Ha venido a Madrid, invitado por la Fundación Ramón Areces, para impartir una conferencia sobre la inutilidad y al mismo tiempo la importancia de la Cosmología y la Física de partículas. Pero aparte de eso, se muestra muy preocupado por resaltar la importancia de la curiosidad en la ciencia y la sociedad y por criticar a los físicos teóricos que pasan demasiado tiempo sumergidos en fórmulas matemáticas que no se pueden comprobar con experimentos.

-¿Por qué son la Física y la Cosmología inútiles pero esenciales?

Los descubrimientos en lo que parece ser ciencia sin utilidad tienden a ser con frecuencia importantes y tienen consecuencias completamente inesperadas. Déjame darte un ejemplo. Hace unos años, a principios del siglo XX, había un montón de científicos que trataban de entender la estructura del átomo. Por entonces eso era un auténtico misterio y prácticamente solo se sabía que existían y que tenían un núcleo, pero no se sabía cómo funcionaban.

Científicos como Heissenberg, Fermi, Dirac, Schrödinger, vinieron de muchos países y se unieron para tratar de resolver problemas. Trabajaron muy duro, pero no se preocuparon de fundar sus compañías, de conseguir patentes o de fabricar sus productos. Aún así, inventaron la Mecánica Cuántica, una disciplina que hoy en día es responsable del 30 por ciento de la economía del mundo.

A veces la clave del éxito es mirar alrededor y satisfacer tu curiosidad. Las consecuencias pueden ser enormes, esas son el tipo de cosas de las que voy a hablar hoy.

-¿Se sigue mirando alrededor hoy en día tanto como antes?

Siempre está ocurriendo, pasa continuamente. Gracias a esto, hace unos años unos físicos y químicos japoneses, descubrieron una proteína fluorescente en algunos tipos de medusas, lo que llevó al descubrimiento de la GFP («Green fluorescent protein», proteína verde fluorescente, usada muy ampliamente en investigación para marcar con luz, y de forma específica, secuencias genéticas o estructuras biológicas). Otra gente miró a su alrededor hace unos diez años para entender el fenómeno del magnetismo bajo circunstancias inusuales y descubrieron el llamado efecto de la magnetorresistencia gigante. Gracias a eso hoy en día hay discos duros de gigabytes. Ambos descubrimientos, por cierto, fueron premiados con el Nobel.

-¿Estamos en la era dorada de la Cosmología y la Física de Partículas?

Eso creo. Piensa en las ondas gravitacionales, un descubrimiento espectacular y que seguramente llevará a un premio Nobel o a otros grandes premios. Las ondas gravitacionales son inútiles, y seguramente siempre lo sean, estoy seguro, pero la tecnología que ha sido desarrollada para detectarlas ha permitido producir espejos de una precisión sin precedentes. Midieron longitudes mil veces menores al tamaño de un protón. Esto ya ha llevado a nuevas compañías, nuevas ideas, y quizás a nuevas patentes. Han desarrolllado el láser más potente y estable del mundo, un nuevo método para procesar datos y muchos desarrollos en materiales. Espejos que son absolutamente perfectos. Sí, por supuesto, es sorprendente que la ciencia pura tenga estas «spin-offs».
De San Bernardo

Pero tomemos otro ejemplo. Los españoles se quejan de que en España no hay premios Nobel en Física. Pero mira, en mi barrio, el Bronx, tenemos 4 premios Nobel, y en todo el alto Manhattan son 18. La clave está en que, mientras que en mi instituto se seleccionaban estudiantes en función del mérito, en España sería impensable hacer eso actualmente. ¡Hacen falta estudiantes con interés! A veces la selección de niños interesados en ciencia básica puede llevar a premios Nobel.

En mi instituto había una cosa llamada «Westinghouse science talent search», donde los niños eran animados a presentarse a un examen y a enviar proyectos a la NASA y otras instituciones muy prestigiosas, y se seleccionaba a 40 de ellos. Yo fui uno de esos 40 en 1950. No pagaban mucho dinero, imagínate, yo ganaba 100 dólares en los cincuenta. Luego, Intel se hizo cargo de ese certamen, y empezó a dar más dinero. Esta empresa lo soltó el año pasado, sin saber la razón, y fue tomado por una compañía farmacéutica. ¿Y por qué lo hicieron? Porque los fundadores de esta compañía farmacéutica, que vale en la bolsa 40.000 millones de dólares, son ambos ganadores del «Westinghouse science talent» y quieren asegurarse de que esta búsqueda de talentos continúa hoy.

-¿Recuerda por qué decidió convertirse en científico?

Lo decidí cuando tenía 12 años o algo así, antes de ir al instituto. Por entonces leía mucha ciencia ficción, como Isaac Asimov y muchos otros, cuyos nombres no recuerdo. Muchos de mis amigos leían ciencia ficción. Hacíamos experimentos de química en casa, había juguetes científicos, algunos niños construían sus propios telescopios, otros estaban fascinados con la electrónica. Yo tenia un microscopio y podía ver los parásitos del río Hudson. Y creo que esto sigue pasando hoy en día. Hay muchas formas a través de las cuales los niños pueden acercarse a la ciencia.

-¿Cree que la tecnología está ayudando a la gente joven a leer más y a tener más curiosidad?

Es una pregunta difícil. No sé si los dispositivos tienen un efecto positivo, y si contribuyen a aprender o no. La gente joven que veo como profesor de Universidad, como padre y como abuelo pasa mucho tiempo haciendo «texting» (escribiendo mensajes de texto a través del teléfono), no escribiendo. Ahí no hace falta tener habilidades para escribir, vale con usar los emoticonos. Y si leen, si es que leen alguna vez, van a la Wikipedia. No digo que esté mal, pero no puede reemplazar a una biblioteca. Yo pasaba muchas horas en la biblioteca de Nueva York tratando de entender cosas para las que no estaba preparado todavía. No sé si eso seguirá pasando.

-Me gustaría preguntarle de nuevo acerca de las ondas gravitacionales, ¿cuál es el avance que suponen, aparte de los desarrollos tecnológicos asociados a ellas?

La tecnología no fue el principal objetivo ni consecuencia, ciertamente. Conozco al director de diseño de LIGO (el gran laboratorio que detectó las ondas) y ya hace varios años estaba seguro de que iban a detectar las ondas gravitacionales. Y, a la semana de poner a funcionar el detector, encontraron la señal. Pero no fue lo que ellos esperaban. Creían que iban a ver la unión de estrellas condensadas, y encontraron evidencias de la unión de dos agujeros negros, de 30 masas solares. Nadie esperaba que hubiera tales agujeros negros en pares.

La detección de ondas gravitacionales fue una observación espectacular, pero todo el mundo sabía que existían. Cuando el antiprotón fue descubierto, en los cincuenta, todo el mundo sabia existía. Cuando los electrones se descubrieron en 1932, también se sabía que existían. A pesar de todo, sí, fue un gran descubrimiento y llevará a una nueva astronomía.

Creo que va haber mucho por venir y mucho en Física fundamental, gracias a este descubrimiento. Especialmente cuando los italianos terminen Virgo, su versión de Ligo, y los japoneses y los indios construyan sus propias versiones. Esta década vamos a tener dos o cuatro detectores muy potentes, y va haber un importante cambio.

-¿Y qué podremos ver gracias a las ondas gravitacionales?

Aún no lo sabemos, ese es el asunto. Europa está pensando en construir un detector aún más grande en el espacio (LISA), porque ahí puedes tener sensores más sensibles y rastrear frecuencias más bajas que ahora no podemos ver. Esto es otra frontera donde quizás podamos ver las ondas gravitacionales primordiales que se crearon en el nacimiento del Universo. Pero, si hace unos años le hubieras preguntado a un astrónomo de rayos X qué esperaba encontrar gracias a esa nueva técnica, él te habría dicho que no tenía ni idea.

-Si el 99 por ciento del Universo está hecho de materia oscura y de energía oscura, ¿qué sabemos en realidad del Universo?

(Ríe). Sabemos mucho sobre la materia que vemos y sentimos. Lo suficiente, creo. Pero sí, es vergonzoso que lo que conocemos describa, como has dicho, el uno por ciento de la materia o la energía que existen en el Universo.

El problema de la materia oscura es muy interesante. Sabemos que está ahí, gracias a sus efectos gravitacionales, pero todos los intentos de descubrirla han fracasado. Una posibilidad es qué esté ahí gracias a partículas que no podemos ver. Los físicos reconocerán que esto es una posibilidad realista, aunque no sea su favorita, porque de momento no podrán verlas y podría ser que nunca las viéramos. O también podría ser que estuviera hecha de partículas detectables, alcanzables con sensores más sensibles.
De San Bernardo

La energía oscura podría ser simplemente resultado de una constante que Einstein no pudo añadir a sus ecuaciones. Einstein trató de concebir un Universo independiente del tiempo, pero no fue el caso, porque el Universo se está expandiendo. Esa constante está ahí, el misterio es por qué es tan pequeña y por qué tiene el valor que tiene. Quizás algún día sepamos por qué, pero hoy en día no lo sabemos. Es tanto un problema experimental como teórico.

-¿Qué grandes avances en Física espera en los próximos 20 años?

En tecnología no sabría predecir, ni siquiera en ciencia básica puedo. He vivido en tiempos muy interesantes en los que un número bastante pequeño de personas pensábamos que la teoría electrodébil era cierta, y viajábamos por ahí convertidos en apóstoles para convencer a la gente. Teníamos la opinión de que era demasiado bonito para que no fuera verdad… y resulto ser verdad, pero llevó casi una década confirmarlo. Esto llevó al descubrimiento de los bosones X y Z en los ochenta.
De San Bernardo

Es un sentimiento agradable el que solíamos tener entonces, pero esto aún no contesta a tu pregunta, ¿qué pasa ahora? Ahora no tengo para nada esa bonita sensación. Sencillamente no sé lo que va a ocurrir en el futuro. Ahora no está claro cómo proceder: una de las soluciones más populares para el problema de la supersimetría claramente no funciona, tal como estaba pensado que funcionara. Esa teoría no puede vivir en el dominio de la energía, donde tendría que vivir si quisiera cumplir con el propósito para el que está diseñada. Así que no tenemos una supersimetría que pueda ser una solución plausible para los problemas que quedan aún. La teoría de cuerdas es maravillosa por supuesto, porque puede adaptarse a los resultados de cualquier experimento.

-Entonces, ¿cuál es el propósito de la teoría de cuerdas?

¡Eso se lo tienes que preguntar a los teóricos de la teoría de cuerdas!

-Entonces, diría que hay peligro de que algunas partes de la física se conviertan en un nuevo tipo de filosofía o quizás de religión?

Los teóricos de la teoría de cuerdas no dirán que no hagas experimentos, ellos solo están de acuerdo con la idea de que no hay experimentos que puedan demostrar que la teoría de cuerdas es errónea. Pero, da miedo lo cerca que está de la filosofía, sí. Estoy muy preocupado por el hecho de que tantas personas, estén interesadas por la teoría de cuerdas: es un asunto muy interesante, con unas matemáticas increíbles, ha llevado a importantes descubrimientos en matemáticas y permitió llegar a la teoría cuántica de la gravedad, lo que es esencial: no puedes tener la gravedad clásica y la teoría cuántica juntas.

Pero, ¿cómo se acercarán a la Cosmologia del Universo temprano¿ ¿Como serán capaces de decir algo realmente nuevo? No lo sé. Hasta el momento, han gastado la mayor parte de su tiempo lidiando con la física extraordinariamente interesante de los agujeros negros. Pero por desgracia esto es algo que no podemos hacer a través de experimentos. Sí, podemos ver la fusión de agujeros negros, pero eso no influye tanto como para entender la estructura del álgebra cuántico o la relatividad general. O para visualizar sus efectos cuánticos.

-¿Qué ocurre cuando ese tipo de física llega a la calle y comienza a interesarle a la gente?

La gente está muy interesada en la teoría de cuerdas. Las personas que dan conferencias sobre la teoría de cuerdas son muy bien recibidas y lo hacen todo el rato. Están muy excitados por lo que hacen y están convencidos de que lo que hacen es ciencia. Es ciencia, en algún sentido, porque todos quieren saber cómo nació el Universo, o si hay otros universos o no. Eso está muy cerca de ser una cuestión muy filosófica, porque saber si hay un multiverso siempre será una cuestión totalmente inaccesible. Por eso, su ciencia es muy similar a la filosofia.

-Stephen Hawking es una de esas personas muy bien recibidas y un famoso comunicador. ¿Es un gran científico, un gran comunicador o un gran profeta?

Es muy famoso porque consiguió un gran logro al explicar la naturaleza termodinámica de los agujeros negros. Ese trabajo tiene una importante significación. Y continuó, aunque sufre una enfermedad que en la mayoría de los casos causa la muerte en tres años, pero ha logrado sobrevivir durante mucho tiempo.

Pero él no es un profeta. El tipo de cosas que está diciendo ahora son un paso adelante de la ciencia que él solía profesar, habla de que estamos destruyendo la Tierra y de que quizás debamos buscar otros planetas. Yo también creo que estamos en el proceso de hacerlo. Debemos parar, o no habrá más esperanza para nosotros, salvo moverse a otros planetas y construir un nuevo hogar.

-¿Cuáles cree que son los problemas más graves de la ciencia?

El problema del CO2, y del cambio climático. No solo es un problema de la ciencia sino también de la sociedad. Nuestros hijos y nietos lo sufrirán muy directamente, como bien sabes, los americanos y los europeos tenemos partidos políticos que no creen que vaya a haber un cambio climático. Pero no hay ningún otro país en el que un partido crea eso, y eso. Es realmente un problema y está empeorando, lo podemos ver ahora cuando vemos eventos climáticos extremos. Quizás aún no son una amenaza para la humanidad, pero lo serán, va a ser más serio. El mundo tiene que unirse y conseguir la solución a este problema. Este es el mayor problema. No habrá más ciencia si la temperatura se incrementa en cinco grados.

-¿Sería posible lograr la tan ansiada unificación entre Cosmología y Física de partículas?

Lo hemos hecho en gran medida. La gente no se da cuenta de hasta qué punto se han unido ambas. La Cosmología nos dijo que como máximo podía haber cuatro tipos de neutrinos. Años después, en el CERN se encontraron tres.

A lo largo de toda la historia de la ciencia ha habido conexiones entre lo pequeño y lo grande. Newton es famoso por unir el comportamiento de los cuerpos grandes con lo más pequeño. Gracias al descubrimiento en el siglo XX de la espectroscopía, pudimos desafiar a que los que decían que era imposible, y aprendimos a determinar la composicion química de las estrellas.

Ahora entendemos cómo al principo del Universo se formaron algunos elementos químicos, o cómo se forman en estrellas y en supernovas. Conocer el origen de los elementos ciertamente representa una auténtica unificación de la fisica de lo pequeño y lo grande.

-¿Y se podría lograr llegar a la teoría del todo?

No sé qué es eso. Creo que es un concepto muy desafortunado que apareció hace veinte años. Tenemos una teoría de casi todo, al menos de casi todo lo relacionado con la materia que nos rodea. Aunque aún hay muchas cosas que no entendemos, algunas anomalías, que tienen que ver con nuestra capacidad de computacion o con nuestra ciencia básica: estoy hablando de las anomalias del momento magnetico, cosas así. Para algunas cosas necesitamos mejores experimentos y mejores teorías.

-¿Un científico puede creer en Dios?

Conozco a buenos científicos que son bastante religiosos. Conozco a uno que trabaja en Harvard, que es cristiano y que ha conseguido importantes observaciones. Hay científicos religiosos, pero el 99 por ciento no cree en Dios ni en nada.

-¿Y usted, cree en Dios?

Absolutamente no. Creer en Dios ha llevado a horribles crímenes en el pasado e incluso en el presente. Hoy en día tenemos a chiíes y suníes, gente que se mata por las cosas que pasó en la historia de su religión. Y cada religión ha tenido sus malos días.

-Entonces, ¿qué había antes del Big Bang? ¿Cómo se originó?

No sé si había algo antes, o si existe un antes. El tiempo es también un problema filosófico y fisico. ¿Por qué hay algo como un tiempo, cómo funciona, por qué tienen una sola dimensión? El tiempo es un misterio. Podría ser que el tiempo empezara en el Big Bang, ¿pero no había algo antes? Esto solía ser una pregunta idiota, pero no creo que lo sea para nada.