Palos de ciego de la ley de femicidio, por Marcelo Marchese

Palos de ciego de la ley de feminicidio
Marcelo Marchese
04.07.2016

religion

Todos sabemos que la ley que pretende agravar las penas a quienes cometen el llamado “femicidio” no reducirá una sóla muerte. Puede que alguien piense que prohibiéndole por mera denuncia al agresor acercarse a la futura víctima se evite que se salga con la suya; pero lo cierto es que la idea es que aunque esto no sirva de mucho “algo tenemos que hacer”.

Según esa visión debemos llevar a cabo alguna “acción afirmativa” y no sólo filosofar mientras estos sujetos bajan a balazos mujeres como si se tratara de palomas posadas en una rama. El tema es grave, no por la cantidad de casos, bastante inferior al número de homicidios de hombres y más aún si tenemos en cuenta que los homicidios apenas llegan a la mitad de los suicidios (el gran tabú en nuestro país); es grave pues muestra de forma elocuente nuestro grado de enfermedad: un tipo mata a la que fue su compañera, la madre de sus hijos, a los cuales a veces también mata y luego, en ocasiones, se suicida.

Esta ley no ayudará en nada pues de ninguna manera atiende a las causas del fenómeno y reacciona de la forma usual en que reacciona la cultura dominante, acentuando el control y las penas, pero obviando la raíz del problema. Nunca jamás se va al fondo del asunto, siempre las soluciones son “para ir tirando”. Lo triste es que no sólo no sirva de nada, sino que agrave las cosas y limite la libertad de expresión (véase “violencia simbólica”, artículo 6, inciso g del proyecto). Si es que “algo tenemos que hacer” al menos podemos evitar tomar decisiones contraproducentes. Esta ley se inscribe en la agenda de derechos creada en el norte, la cual luego Sudamérica, fiel a su tradición, adoptó oligofrénica y acríticamente, entre otros motivos porque el financiamiento para propagandear estas macanas viene desde el norte. Los maravillosos resultados de dicha agenda son el incremento del autoritarismo (una tendencia en varios ámbitos, que nos habla de un futuro siniestro profetizado por la ciencia ficción), la profundización de la atomización social (una tendencia en varios ámbitos, que nos habla de un futuro siniestro profetizado por la ciencia ficción) y la mengua del fundamental principio de igualdad ante la ley (una tendencia en varios ámbitos, que nos habla de un futuro siniestro profetizado por la ciencia ficción).

Ahora bien, una propuesta que parece razonable sería la creación de refugios para las mujeres que se sienten amenazadas. Ya que la dependencia económica las obliga a permanecer en una casa donde será objeto de violencia, el refugio serviría mientras el clima está caldeado. Como gastamos dinero a montones en cosas ridículas, bien que podríamos probar con esto, pero me temo que no será de mucha ayuda. El tipo dispuesto a matar y matarse no encontrará gran escollo en un refugio y tengo entendido que en otros países han elegido precisamente ese lugar como escena del crimen.

¿Entonces, qué? ¿Qué cuernos propone el articulista? Lo primero es no aprobar esta ley peligrosa. Una cosa es estar mal y otra cosa es estar mucho peor. Lo siguiente es pensar por qué se da este acto enajenado y acaso, escarbando en el origen del problema, podamos encontrar caminos para solucionarlo, pero acá debo hacerle una advertencia al lector: nuestro afán por sanar los males del mundo puede ser enorme, pero rara vez las soluciones puedan llegar con una medida específica, con una ley y, con certeza, no vendrán sin transformar de raíz el orden de las cosas ¿Se le ocurre alguna medida para atenuar estos suicidios que duplican los homicidios que a diario vomitan los canales de televisión? ¿Acaso incrementar la pena a los suicidas? ¿Algún refugio para gente bajoneada y presta a descerrajarse un tiro en la cabeza?

Sé bien que arribo al momento en que el lector escéptico pensará que si algo de lógica he mantenido, ahora me precipito en el abismo, pero por lo que sabemos, este asesinato es perpetrado por un hombre al que la mujer ha abandonado o amenaza abandonar. Por un lado tenemos el problema de cómo se manifiesta la violencia en el hombre, ya que la mayoría de los homicidios, las peleas callejeras y las guerras, son protagonizados por hombres. La violencia de la mujer se expresa de otras maneras, y en lo relativo a la pareja, en ocasiones adopta el recurso de tomar a los hijos de rehén o hacer denuncias falsas. Aquí, y antes que nada, debemos considerar que resulta muy dudosa la igualdad entre el hombre y la mujer habida cuenta de sus reacciones, por no mencionar el curioso hecho de que el feminismo pasó de reivindicar la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer para abogar por una desigualdad en materia de penas. Una y otro reaccionan de forma diversa ante el abandono de la pareja. Tiendo a pensar que la mujer es más fuerte emocionalmente y una prueba sería aportada por el hecho de que un 73% de los suicidios en nuestro país afectan a los hombres. Cuando en una pareja de viejos muere primero la mujer, el hombre, generalmente, la acompaña en breve; ahora, cuando primero muere el hombre la mujer tiende a sobrevivirlo largo tiempo. Según los médicos, en las consultas, ellos tienden a quejarse más y en particular con visiones tremebundas acerca de una muerte tan próxima como ilusoria.

Tenemos por un lado esta violencia dispuesta a manifestarse físicamente y por el otro tenemos esta mayor debilidad emocional. Ahora bien, cuando a esta mayor debilidad emocional se suma todo lo que pierde el hombre al perder a su mujer, puede estallar la bomba si agregamos otros ingredientes. La mujer y el hombre no tienen la misma carga simbólica y prueba de ello es todo el arte universal desde el paleolítico hasta el presente. Si la mujer pierde al hombre pierde innumerables cosas; mas el hombre puede sentir que ha perdido el vínculo con la vida, pues la mujer simboliza la vida. La mujer ha parido a la especie, la ha alimentado y criado y ha determinado, más que el hombre, la relación con la vida y ha generado, más que el hombre, nuestra manera de entender la vida. Por algo decimos “la lengua materna” y jamás veremos esta anómala expresión “la lengua paterna” ¿verdad? Así que llegamos a la situación en que un hombre teme ser abandonado y ese abandono lo lleva a un abandono previo, a reabrir una herida que no ha cerrado anteriormente. En función de su frustración, del vínculo que lleve con esa herida, de su capacidad de rehacer su vida, pues en rigor la vida aún no lo ha rechazado, podrá tomar un camino nuevo o podrá, como el suicida, pretender arreglar algo haciendo un desastre. Uno imagina que el suicida busca “limpiar” alguna cosa, sin advertir que cuando “se limpia” con ese balde que arroja, lo arroja todo. Ante el rechazo, que es mucho mayor que el rechazo de esa mujer específica y que siente como el rechazo de la especie y de la vida, pues lo encadena a un rechazo previo que lo ha estructurado, busca borrar el rechazo limpiando eso que lo rechaza, que lo humilla, que ha liquidado su posición de hombre, que lo ha llevado a ser una nada, e igual que el suicida, borra todo.

Sospecho que en esta compleja situación el patriarcado tiene tanto que ver como las milanesas de acelga y aunque creo en la existencia de las milanesas de acelga, pienso que en este lado del mundo el patriarcado es un concepto que se usa de forma indiscriminada, confundiéndose a menudo con el mero capitalismo. No veo patriarcado cada vez que una pareja se separa y la mujer se queda en la vivienda hasta que los hijos adopten la mayoría de edad. El discurso sobre el patriarcado pretende situar a la mujer en una falsa posición lamentable y ayuna de poder, víctima del “sometimiento sexual masculino”. Por supuesto, los hombres dirigen los gobiernos, los ejércitos y las empresas, lo que les brinda poder, asignándole a la idea de patriarcado un carácter verosímil, y esos mismos hombres se estresan más, sufren ataques cardíacos, se suicidan por doquier, mueren en la construcción y en las guerras, son más débiles emocionalmente, viven menos y menos cultivan su vida interior y sobre todo, tienen un vínculo más tenue con la vida, en tanto no son ellos los creadores de vida. Como decía un amigo muy sabio, el hombre primitivo se quedó maravillado ante la mujer que daba vida y aunque no sabemos qué signifiquen las Venus del paleolítico (no se ha encontrado un sólo Apolo del paleolítico, salvo una figura masculina mitad hombre mitad león) sospechamos que son parte de una ceremonia mágica relativa a propiciar la vida y la reproducción de la naturaleza en todos los sentidos imaginables. Sexo es destino. No se siente y piensa igual el mundo con un pene, con una lanza, que con una vagina, un hogar, un útero y un par de mamas. Por eso mi amigo decía que esta asimetría llevaba al hombre a pretender ser un mago, cosa que no necesitan las mujeres, las mujeres son la magia.

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