Cuatro mitos sobre los jóvenes e Internet.

Cuatro mitos sobre los jóvenes e Internet.

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Mito 1. Todos los jóvenes usan internet de la misma manera

Este mito deriva de uno más amplio: que la juventud se vive de manera homogénea; por lo tanto, su participación en las diversas actividades que realizan, es igual. Esta concepción de la juventud, hace a un lado las condiciones sociales y culturales en que se desenvuelven, así como la edad, género y desarrollo personal. De hecho, no es posible hablar de una “juventud”, sino de la existencia de diversas formas de juventud, ya que los jóvenes viven distintas trayectorias y manifiestan discrepancias en sus actitudes, gustos, sentimientos, formas de ser y concebir la realidad.
En los estudios sobre la juventud, destacan conceptos como tribus, culturas y micro-sociedades juveniles, que hacen referencia a identidades que se construyen y manifiestan en tiempos y lugares diferentes (Arce, 2008). Por lo tanto, si los jóvenes son distintos, el uso que dan a internet también lo es; si en la sociedad se identifican emos, hipsters, skatos, rastas, fresas, góticos, graffiteros y punks entre otros, en internet se pueden encontrar youtubers, flickers, twitteros, facebookeros, blogers, streamers, gamers y tumblers, por mencionar algunos grupos. Las diferencias en el uso de la red se vinculan tanto a los contextos sociales donde se desarrollan, como a las condiciones, intereses y necesidades individuales.
Dentro de los jóvenes urbanos, los estudiantes emplean la red con mayor frecuencia e interés. En las investigaciones realizadas con jóvenes de la UAN, se pudo observar la existencia de un imaginario que vincula a la educación superior con las tecnologías, sobre todo la computadora e internet; de manera que, la imagen de los universitarios de hoy incluye la portación de recursos tecnológicos de información y comunicación. Para muchos estudiantes, estar privados de acceso a internet implica estar des-armados o carecer de los elementos básicos para desempeñarse en su entorno diario; la red es una especie de llave que les asegura un lugar en el mundo juvenil, urbano y académico de este siglo. […]

Mito 2. Los jóvenes emplean internet sólo para entretenerse

El segundo mito está relacionado con la visión adultocéntrica de la juventud. Para la mayoría de los adultos, las largas horas que pasan los jóvenes en la red tiene como finalidad el entretenimiento, y por lo tanto, son una pérdida de tiempo. Sin embargo, el acercamiento a la vida de los jóvenes muestra otras dimensiones. […]
Internet es un espacio de unión social, ante la amenaza de la fragmentación de los vínculos sociales. Los jóvenes viven situaciones que limitan su convivencia social, como horarios académicos extendidos, tareas, actividades laborales, compromisos familiares o distancias geográficas. No se trata de un simple intercambio de mensajes, sino del soporte que los mantiene unidos a sus grupos de convivencia. Para muchos jóvenes, esto permite cubrir la necesidad emocional de sentirse integrados a un grupo y genera la ilusión de ser parte de un ente mayor, una comunidad formada por múltiples personas que se encuentran enlazadas entre sí a través de una cadena de “amigos”, como es el caso de las redes sociales: un amigo conoce a otro y así sucesivamente.
Por otra parte, internet es un espacio de libertad, de ejercicio de poder y afirmación de su autonomía, gracias a las posibilidades que ofrece para tomar decisiones y manipular los recursos disponibles. En comparación con otros medios, aquí los jóvenes disponen de mayores recursos y formatos, navegan por sitios donde pueden acceder a múltiples temas y puntos de vista e interactúan con diferentes personas y en los horarios que más les convengan. Ello implica tomar decisiones de lo que ven, escuchan y hacen, lo cual traducen como posibilidades de libertad de acción.
Además, la red les permite pasar con facilidad de espectadores a emisores. Los blogs y las redes sociales constituyen espacios desregularizados donde los jóvenes se insertan como emisores que gozan de autonomía y libertad sobre los contenidos y formatos de los mensajes. La creación de blogs y sitios web, responde a los gustos e intereses personales; pueden ser una especie de albergue donde vierten sus pensamientos y experiencias, controlan el acceso de sus visitantes y permiten o no la réplica. Estas posibilidades, se traducen en oportunidades de manipulación, ejercicio de poder y afirmación de la autonomía de los jóvenes aunque, como indica Winocur (2006), sean cuotas de poder limitadas.
La información recabada en las investigaciones, demostró que más allá de ser un simple instrumento de diversión, entretenimiento o pérdida de tiempo, las prácticas que los jóvenes realizan en internet les permiten configurar su identidad y generar nuevas formas de integración y socialización.

Mito 3. Internet aísla a los jóvenes

Esta idea surge por considerar a la computadora y las tecnologías de acceso a internet, como artefactos que propician la vida en solitario. Sin embargo, la red cambió la manera de actuar y pensar respecto a la comunicación interpersonal, debido a que amplía las vías para establecer relaciones sociales, tanto con personas conocidas como desconocidas en la vida real.
Las investigaciones de Winocur (2006 y 2009), muestran que los recursos de internet han hecho posible la eliminación de las distancias físicas, través del intercambio de imágenes, sonidos y palabras, lo cual influye de manera decisiva en las relaciones personales. Gracias a ello, los jóvenes han generado nuevas formas de integración social y, lejos de aislarlos, la red es el soporte de su nueva sociabilidad. […]
No obstante la frecuencia de la comunicación virtual, los jóvenes prefieren ante todo, la comunicación y convivencia directa. El contacto a través de la red, es una oportunidad frente al escenario actual de rutinas agitadas, inconexas y fragmentadas.

Mito 4. Los jóvenes son sujetos pasivos

Para muchos adultos, las actividades que realizan los jóvenes en la red, poco tiene que ver con los problemas sociales y políticos que se viven en el país o con el ejercicio de la ciudadanía. Esta postura se vincula a una opinión extendida de manera general en la sociedad, que considera a los jóvenes actuales como apáticos o desinteresados, lo cual en cierta forma es real. De acuerdo la Encuesta Nacional de la Juventud (IMJUVE, 2010), la presencia de los jóvenes en los espacios públicos de participación es baja: cerca del 70%, nunca han participado en alguna asociación u organización, y tienen poco interés por los asuntos de carácter político. Sin embargo, habría que hacer algunas acotaciones al respecto.
Por una parte, estas cifras responden al desencanto que los jóvenes tienen hacia las instituciones políticas tradicionales como los partidos y sindicatos, y a las carencias económicas que los obligan a tener como meta la incorporación al mercado laboral, relegando su participación en otros ámbitos, como la política. Por otra, la acción política de la juventud actual se presenta en formas diferentes a las de décadas pasadas, debido a que tienen nuevas demandas y otros recursos tecnológicos para expresarse. A diferencia de los movimientos sociales clásicos que pugnaban por la redistribución del poder y por un nuevo orden socioeconómico y político, las manifestaciones de las últimos años están asociadas en mayor medida a colectivos culturales y acciones orientadas a atender la estética, los sentimientos, los valores, lo cotidiano y cercano. En muchos casos, son temas considerados anteriormente de interés privado que ahora se trasladan al ámbito público.
En mayor o menor grado, los movimientos sociales actuales utilizan las tecnologías de comunicación como parte de sus instrumentos de lucha. Carles Fexia, Inês Pereira y Jeffrey Juris (2006), identifican la existencia de nuevas formas de participación política de los jóvenes a las cuales denominan como novísimos movimientos sociales (“New, New” social movements), que están vinculados a la aparición de nuevas formas de activismo colectivo en una era de redes globales y ciberculturas juveniles, dando lugar a nuevos actores sociales. El empleo de la red, permite la formación y desarrollo de movilizaciones que se caracterizan por su heterogeneidad, descentralización y estructura no jerárquica, y que permiten la conexión redes sociales reales y virtuales. Las indagaciones realizadas con jóvenes de la UAN, mostraron que el empleo de internet les permite la difusión de contenidos audiovisuales que responden a múltiples propósitos y diferentes alcances: videos artísticos, documentales sobre problemáticas sociales, imágenes para promover actividades culturales y ecológicas, audios con pro-puestas musicales alternativas, e incluso, participan en nuevos tipos de expresiones como los memes. Por ello, internet representa una herramienta sustancial para convertirse en prosumidores (acrónimo de productor y consumidor), expresarse públicamente y hacerse visibles en la sociedad. […]

Comentarios finales

La juventud es una imagen construida de manera social de acuerdo a los contextos de tiempo y lugar; dicha imagen, define las características de los jóvenes, de los límites y posibilidades de sus prácticas y de su deber ser como miembros de comunidades específicas.
Las prácticas culturales de la juventud, se van configurando a partir de los elementos que la sociedad privilegia; el empleo de la tecnología, especialmente de internet, tiende a considerarse como prioritaria para el desarrollo de este grupo social y se ha establecido como una práctica hegemónica.
En las ciencias sociales, habría que considerar estas condiciones a manera de escenarios y de puntos de partida para la reflexión e investigación: es conveniente analizar el papel que juega el uso de internet en el contexto social de los jóvenes y en la construcción de sus subjetividades. Y a la vez, observar desde qué posturas se realizan dichas indagaciones. No se puede dejar de lado que la juventud también es resultado de un conjunto de teorías que crea y delimita a la propia juventud.

Extraído de: Becerra Romero, América Tonantzin. Jóvenes e internet. Realidad Y mitos. Nóesis. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, vol. 24, diciembre, 2015, pp. 65-75
http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=85939869005

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