El genocidio de indígenas en Chile que la historia oficial intentó ocultar

El genocidio de indígenas en el sur de Chile que la historia oficial intentó ocultar

por Héctor Cossio y Tatiana Oliveros

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Después de varios años de investigación en La Patagonia chilena y argentina, el historiador español José Luis Alonso Marchante publicó el libro “Menéndez. Rey de la Patagonia”, el texto definitivo –según expertos en el tema– sobre la verdad de la extinción de los selk’nam en la Tierra del Fuego, que en rigor se trató de un exterminio ordenado por José Menéndez, el gran latifundista del sur de Chile, sobre cuya familia existen sendos museos en Punta Arenas, y a quien se le atribuye el desarrollo económico de la región.

En 2013 el historiador español José Luis Alonso Marchante encontró en la Biblioteca Nacional de España el texto original de Treinta años en Tierra del Fuego, del misionero salesiano, gran naturalista y expedicionario Alberto de Agostini. Con este libro en sus manos, el historiador comprobó que en las actuales reediciones del texto, incluida la realizada el 2013, faltaban párrafos y no cualquiera. En los textos censurados, el misionero era implacable: la extinción del pueblo selk’nam en la Patagonia chilena y argentina no fue obra de su “ignorante glotonería”, “guerra entre tribus” o producto de su “miserable contextura física”, como dictó durante muchos años la historia oficial, sino que producto del exterminio y la cacería, ordenada por un solo hombre: José Menéndez, el gran latifundista del extremo sur de Chile.

“Exploradores, estancieros y soldados no tuvieron escrúpulos en descargar sus mauser contra los infelices indios, como si se tratase de fieras o piezas de caza”, reza uno de los párrafos censurados (De Agostini, 1929: 244).

Este hallazgo junto a otros importantes testimonios se encuentran contenidos en el libro Menéndez. Rey de la Patagonia (Editorial Catalonia), recientemente lanzado en Chile y que, según historiadores expertos en La Patagonia, como Osvaldo Bayer, vendría siendo “el libro definitivo sobre la verdad ocurrida en el sur chileno y argentino”.

“Hubo dos cosas que me impactaron en la investigación: el genocidio de todo un pueblo (los selk’nam) en pleno Siglo XX y la trágica suerte de los obreros (también masacrados) que trabajan en esas estancias”, dice Alonso Marchante, casi al comienzo de la conversación con Cultura + Ciudad, en la que explica sin eufemismos la naturaleza de la responsabilidad criminal de quien fuera también el abuelo de Enrique Campos Menéndez, el escritor favorito de Pinochet y redactor de los bandos militares del Golpe.

La censura

La censura en el texto de De Agostini, explica Alonso Marchante, fue más bien una autocensura que el religioso aplicó a sus libros luego que la Congregación fuera presionada por el poder de Menéndez para cambiar la historia y exculpar de la masacre al más grande latifundista del sur de Chile, quien acumulara una de las más grandes fortunas de América Latina con el comercio lanero.

“Los primeros salesianos no negaban las matanzas, los primeros, como Faganno y De Agostini, fueron gente que estuvieron en el terreno, que levantaron las misiones de la nada, y en sus diarios publicaban cómo se estaban exterminando a los indígenas. Ocurre que después hubo un cambio en la historiografía de los salesianos. Los que vienen después ya están sometidos al poder económico de los Menéndez, entonces ahí se reescribe la historia de la colonización, y ahí sostienen que los indios simplemente desaparecen sin que mediaran los estancieros”, explica Alonso.

La motivación por investigar el papel de Menéndez y de sus descendientes en Chile nació casi por casualidad. Un día –cuenta– paseando por el Museo Asturiano en Buenos Aires, encontró un busto de José Ménendez. Nunca había escuchado una palabra de él, pese a que el historiador también es asturiano. En su región natal, Alonso no encontró calle que llevara su nombre, pero sí una escuela –fundada a comienzos del siglo pasado–, que era la forma que tenían los “indianos” (como se conoce a los colonos europeos que viajaron a América) de retribuir a su patria la fortuna alcanzada en sus aventuras.

“Se construyeron más de 350 escuelas en Asturias, en las primeras décadas del siglo XX, y entre ellas está la de José Menéndez en Miranda y que lleva su nombre”, cuenta Alonso, remarcando así el punto de partida de una historia marcada por la fortuna, la crueldad y la mentira.

El imperio Menéndez

En la Región de Magallanes, específicamente en Punta Arenas, las mansiones de la familia Menéndez se conservan en forma de museos, dando cuenta –a través de su fastuosidad– de la época dorada de la región magallánica.

En el libro se explica que Menéndez, tras una breve estancia en Cuba, llega a nuestro país en 1868. Al poco tiempo recibe miles de hectáreas como beneficio del gobierno chileno por la colonización en el sur. La idea era traer el desarrollo económico a la zona y establecer reservas indígenas. En esos años Mauricio Braun, otro inmigrante, también había recibido miles de hectáreas, lo mismo que Julius Popper en Argentina.

Alonso Marchante cuenta que, como parte de una gran inversión, las familias Menéndez y Braun se unen a través del matrimonio de sus hijos, y las tierras de Popper, tras una extraña muerte por presunto envenenamiento, son cedidas a Menéndez, convirtiéndose este último en el dueño y señor de toda la Patagonia chilena y argentina a través de la Sociedad Explotadora Tierra del Fuego.

El imperio económico, que llegó a sumar bancos y navieras, tuvo su origen el comercio de lana de oveja, que vendían a Inglaterra a cambio de libras esterlinas. En la inserción de la ovejas en la zona y consecuente desplazamiento del guanaco, animal que poblaba esas zonas, se encuentra –según el libro– el origen de una de las matanzas más grandes de indígenas y que contó con todo el poder editorial de esos años para tapar el genocidio.

El exterminio de los selk’nam

“A medida que comenzó a avanzar la frontera ovina, porque toda la riqueza de las dinastías económicas se sustentaba en el ganado de lana”, cuenta el historiador, “comenzaron a requerirse cada vez más tierras para terminar instalándose en el territorio selk’nam”.

Al instalarse en la zona, se divide el terreno mediante alambradas, y el guanaco –principal sustento alimenticio y de abrigo de los onas– se ve arrinconado hacia tierras más altas.

“Una vez que el guanaco desaparece los Selk’nam empiezan a pasar hambre. Cuando se dan cuenta de la aparición de las ovejas empiezan a alimentarse de este animal y lo entienden como algo absolutamente natural, no saben muy bien cómo han aparecido esas ovejas ahí, ni conocían el concepto de propiedad”, explica el historiador.

“Cuando los Selk’nam empiezan a atacar a las ovejas, José Menéndez da la orden de acabar con ellos. Lo hacen primero disparándoles directamente para exterminarlos, y con las mujeres y niños se produce una cacería. Los van cazando para después ofrecerlos en plazas públicas”, cuenta Alonso, quien precisa que todo esto es muy posterior a la exhibición de indígenas como piezas de circo, en lo que se llamó “zoológicos humanos”.

La familia Menéndez, especialmente José Menéndez –remarca el historiador–, fueron los instigadores de la matanza. “José Menéndez puso como capataz y como administrador de su estancia a un escocés de nombre Alexander Mc Lennan (El chancho colorado), quien fue el mayor matador de indígenas y reconocido por él mismo. Él recibía órdenes directas de José Menéndez, era su empleado”.

En el libro se sostiene que por cada indígena muerto, Menéndez pagaba una libra esterlina, de modo que en la fortuna que alcanzó a tener este escocés podría incluso calcularse la cantidad de indígenas asesinados y que, de acuerdo a las versiones de otros historiadores, podría estimarse en varios cientos, si no miles.

“Cuando se retiró Mc Lennan, José Menéndez le regaló un carísimo reloj en agradecimiento por todos esos servicios”, relata.
La historia oficial

“Logré contactarme con un bisnieto de Alexander Mc Lennan, quien me decía que no se puede decir que esté bien matar indios, pero que, gracias a lo que hizo su abuelo y José Menéndez, hoy no hay indígenas en la Tierra del Fuego, así que no hay problemas. Y eso me lo dicen en pleno 2014”, recuerda con asombro el historiador.

Durante muchos años, la historia oficial que se contó tuvo como propósito ocultar los crímenes, que fueron incluso celebrados como deporte.

En 1971, el historiador y descendiente del clan, Armando Braun Menéndez, portavoz de los estancieros, señala que como causa de muerte de los indígenas estaban sus hábitos alimenticios. “Era frecuente observar al lado de los restos de una ballena, los cadáveres de los indígenas que, llegados tarde al festín, habían sido víctimas de su ignorante glotonería” (Braun 1971: 135). Insiste a tal punto en el tema que escribe que “era tan miserable su contextura física que no pudieron soportar ni su propio clima”.

Esta absurda conjetura –explica Alonso en su libro– chocó con la respuesta contundente del etnólogo suizo Jean-Christian Spahni, quien señala: “Mis investigaciones alrededor de los habitantes me han demostrado que los genocidios habían existido realmente y que fueron causados justamente por los propietarios de las estancias a los que Armando Braun intenta defender”.

Otro de los herederos de los hacendados, el escritor favorito de Pinochet, Enrique Campos Ménendez, llega incluso a exponer sus dudas sobre un posible canibalismo de los Selk’nam, cuestión que, al momento de sus dichos, ya nadie se atrevía siquiera a mencionar.

La historia oficial de negación del genocidio intenta a tal punto instalarse, que otro de los herederos, Eduardo Braun Menéndez, llega a obligar –se narra en el libro– “al científico Alexander Lipschutz (Premio Nacional de Ciencias 1969) a la eliminación de cualquier referencia a la caza de indígenas, como paso previo para publicar sus ensayos en la revista Ciencia e investigación, que dirigía el nieto de José Menéndez”.
La Patagonia trágica

Además del exterminio de los onas, el libro de Alonso toca otro de los temas sensibles en La Patagonia, y que tiene que ver con las matanzas de más de 1.400 obreros chilenos en 1921.

Estos crímenes fueron recogidos en un libro llamado La Patagonia Trágica, publicado en Argentina en 1928 por José María Borrero. En este libro, escrito sin rigurosidad científica, había una denuncia en cada página y al poco tiempo se convirtió en un mito al desaparecer de las librerías. Un segundo texto, presuntamente llamado Orgías de sangre y que, según el mito, narraba los asesinatos de 1921, se convirtió en leyenda tras asegurarse que el manuscrito había sido robado y quemado.

Parte de esa historia fue recogida con seriedad científica por Osvaldo Bayer, quien publicó La Patagonia rebelde, en 1972, un libro testimonial de no ficción que trataba sobre la lucha protagonizada por los trabajadores anarcosindicalistas en rebelión de la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia argentina, entre 1920 y 1921. Esta historia comenzó como una huelga contra la explotación de los obreros por parte de sus patrones, luego reprimida por el Ejército al mando del teniente Héctor Benigno Varela, enviado por el entonces presidente Hipólito Yrigoyen.

“Se fusilaron a centenares de peones de las estancias, la mayoría de ellos chilenos, pero también asturianos, argentinos, alemanes, italianos. Esas son las dos grandes tragedias de esta historia, creo que esta historia no la podemos ver con una sonrisa porque es una historia trágica, porque desaparecen de manera brutal los pueblos que habitaron por milenios esas tierras y además hay una represión salvaje sobre los peones que trabajaron en las estancias”, sostiene Alonso Marchante, de cuyo libro el propio Bayer reconoce que “después de este acopio de pruebas nadie podrá señalar que las versiones críticas que surgieron a medida que se producían los hechos eran exageradas o de pura imaginación”.

–¿Como historiador crees que hay responsabilidad del Estado chileno en estas masacres?

–Los peones fueron fusilados por el Ejército argentino, pero la mayoría eran chilenos, y las autoridades chilenas no solamente no levantaron la voz sino que colaboraron con las autoridades argentinas en el silencio. Esto lo demostró Osvaldo Bayer hace ya mucho tiempo, cuando descubrió cómo los propios carabineros chilenos llevaban a los peones a Argentina, en donde el Ejército de ese país los fusiló. Es verdad que estos hechos ocurrieron hace casi un siglo, pero los Estados deben hacer un reconocimiento. En Argentina, en la zona en que ocurrieron los fusilamientos, en cada cuartel en donde hubo un centro de detención hay unas placas que identifican que en ese lugar y en ese cuartel se mató gente. Yo no se qué homenajes han hecho las autoridades chilenas a esos peones.

El mundo según Trump

El mundo según Trump
El nuevo gobierno norteamericano, los mercados y América Latina
Jorge Argüello
Buenos Aires 13 FEB 2017

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En los primeros días de su gobierno, Donald Trump ratificó sus promesas de campaña. La reformulación de los acuerdos comerciales, la presión sobre las compañías multinacionales y el anuncio de una probable reforma impositiva son las principales novedades.

Las nuevas iniciativas pretenden fomentar la producción nacional y la radicación de empresas en territorio norteamericano sin afectar las ganancias de las grandes corporaciones.

Los primeros días de gestión de Donald Trump fueron deliberadamente intensos y agresivos. Se privilegiaron los gestos, destemplados y ajenos a los tradicionales códigos de Washington, para evidenciar un cambio de estilo en la Casa Blanca y una ruptura palpable con el discurso del establishment político.

Es cierto que muchas de las certezas que imperaron en los últimos años en la política internacional están siendo cuestionadas y que el escenario que se avizora se torna menos predecible. Pero una lectura más afinada de las acciones encaradas por Trump habilita una primera conclusión: el nuevo mandatario prefiere dar un fuerte golpe de efecto como paso previo a la negociación o renegociación de un tema al que le asigna prioridad. Las amenazas a las empresas automotrices y de otros rubros constituyen el ejemplo más acabado: le entregaron a Trump anuncios de inversiones en territorio norteamericano después de que el presidente las vapuleara públicamente. El destrato al presidente de México supone una lógica similar: mostrar fortaleza, donde la desmesura es parte del plan, para encarar una amplia y ventajosa renegociación del NAFTA.

Naturalmente, la reformulación de los acuerdos comerciales considerados “dañinos” será un eje de su gestión, más allá de las bravatas y las amenazas. La estrategia de Trump apunta a poner en valor la importancia del mercado estadounidense para las grandes empresas globales. Estados Unidos es el principal comprador mundial, con alrededor del 18% de las importaciones que se realizan a lo largo y ancho del globo. En esa dirección, el objetivo de Trump es recuperar la fortaleza productiva de su país, a la que considera deteriorada por las últimas administraciones y por los efectos de la globalización. Ese sería el centro de sus decisiones de política económica, más allá de la prédica por la creación de empleos, habida cuenta de que los datos sobre el mercado laboral son cada vez más alentadores y ya se encuentran en línea con los registrados en el período previo a la última gran crisis global.

En el plano internacional, la atención estará depositada en los grandes eventos electorales previstos para los próximos meses en Europa. Holanda, Francia y Alemania encadenan elecciones vitales para la configuración del orden mundial y la ola “Brexit-Trump” puede deparar sorpresas en esas naciones e impactar de modo definitivo en el futuro del proyecto europeo. Nada está dicho, porque tanto en Alemania como en Francia, las fuerzas tradicionales aún tienen capacidad de respuesta frente a la creciente ola antisistema.

La reformulación del horizonte global para los distintos bloques mundiales obliga a repensar estrategias para América Latina. Dos elementos claves pueden sumarse al debate y a la reflexión en el latinoamericano:

1. Es necesario rediscutir si la apertura y la desregulación acelerada en distintos ámbitos de la producción y las finanzas son los instrumentos idóneos para insertarse en un mundo cambiante y que evolucionará con una alta dosis de volatilidad.

2. Parece ser el momento de volver a trabajar seriamente en el fortalecimiento de los bloques regionales, especialmente del Mercosur. Cabe preguntarse si la cumbre entre los presidentes Macri y Temer, más allá de los diferentes contratiempos domésticos que enfrentan, podrá resucitar un bloque que se halla en estado de alta pasividad. Y desde allí evaluar caminos para su relación con otros conglomerados globales y aún con México, que está siendo empujado por Trump a cumplir su destino latinoamericano. En este caso, deberán extremarse los parámetros de la negociación. Los sectores productivos de Argentina y Brasil, las otras dos grandes economías regionales, ya advierten el riesgo eventual que puede suponer una ofensiva mexicana por la relocalización de las exportaciones que ya no podrán destinarse al mercado norteamericano. La Argentina reaccionó con velocidad a través de un contacto telefónico entre Mauricio Macri y el mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, y del posterior viaje a ese país de la canciller Susana Malcorra.

Argentina, Brasil y México son, por otra parte, los tres países latinoamericanos que tienen sillas en el influyente Grupo de los 20 y que aún se deben la discusión de una agenda común ante los próximos encuentros de este selecto club, que en 2018 sesionará en la Argentina.

Una nueva era: domesticando la globalización

Lejos de las especulaciones que auguraban una posible moderación, el nuevo presidente de los Estados Unidos inició su gestión ratificando la tónica y orientación que lo encumbró en la presidencia. Con Trump en el poder, la principal superpotencia del mundo se ha diagnosticado un proceso de decadencia que se propone revertir.

El llamado a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés), el abandono del Acuerdo Trans-Pacífico, las negociaciones y el enfrentamiento con empresas multinacionales y una todavía incierta reforma impositiva, encarnan lo que parece ser la base de una nueva política económica norteamericana orientada a domesticar el proceso de globalización.

Dos reglas simples: comprar y contratar americano

“America First” (“Estados Unidos primero”) es el lema con el que Trump buscó captar durante su campaña el creciente desencanto de la sociedad norteamericana respecto del proceso de globalización. En su discurso inaugural, el nuevo presidente ratificó su orientación al señalar que “dos reglas simples” guiarán su gestión: comprar productos estadounidenses y contratar trabajadores norteamericanos.

La cruzada en favor de la producción y el empleo estadounidense ha tenido hasta el momento tres expresiones principales. Por un lado, la decisión de avanzar en la reformulación de los acuerdos comerciales internacionales. Por otro, las negociaciones puntuales con un grupo de empresas multinacionales (principalmente aquellos con planes de deslocalización hacia México). Finalmente, los proyectos respecto de una posible reforma impositiva que encarecería los productos importados y reduciría la carga tributaria sobre las ganancias de las grandes corporaciones.

La renegociación del NAFTA y el abandono del TPP

La globalización implicó un proceso de fragmentación de la producción que favoreció la reducción de costos a partir del aprovechamiento de las ventajas ofrecidas por cada país para la localización de las distintas etapas del proceso productivo.

La nueva administración de los Estados Unidos identifica en China (a partir de sus estrategias de manipulación cambiaria) y México (a través del aprovechamiento de las ventajas otorgadas por el NAFTA) a los principales beneficiarios de un proceso que habría traído consigo la decadencia productiva estadounidense.

El libre acceso al mercado estadounidense con el que cuentan los productos mexicanos tras la puesta en vigor del Tratado de Libre Comercios de América del Norte en 1994, sería para la nueva administración una de las piezas claves para explicar la creciente radicación de actividades al sur del río Bravo. México presentó en 2015 un superávit comercial bilateral de casi 122 mil millones de dólares en sus intercambios con los Estados Unidos.

A pocos días de iniciar su gestión, y en medio de una aguda polémica con su par mexicano, Trump instó a la renegociación del NAFTA. Poco se sabe todavía sobre los términos de una renegociación que deberá incorporar también al tercer socio del acuerdo: Canadá.

El nuevo presidente señaló en varias oportunidades que no se opone a los tratados comerciales, pero que las condiciones de negociación en los últimos años han sido sumamente desventajosas para los Estados Unidos. En tanto los reclamos se han concentrado en el papel de México, las especulaciones apuntan a un posible remplazo del NAFTA por dos acuerdos de tipo bilateral. A su vez, algunos trascendidos refieren a una posible imposición de mayores barreras a los productos mexicanos a partir del incremento de los requisitos de la regla de orígen; esto es, la norma que establece las condiciones que un producto debe satisfacer para ser considerado originario del mercado común y por lo tanto poder beneficiarse del libre acceso.

En simultáneo, Estados Unidos adoptó la decisión de abandonar el Acuerdo Trans-Pacífico (TPP por sus siglas en inglés) e incrementó la incertidumbre no sólo respecto de su estrategia comercial, sino también respecto del futuro de su relación con China. El acuerdo transpacífico era la principal herramienta establecida por la administración Obama para incrementar la incidencia de los Estados Unidos en Asia Pacífico y limitar la influencia económica China.

Tensiones con empresas multinacionales

El nuevo presidente mantuvo además tensos intercambios con un grupo de empresas multinacionales que presentaban planes de inversión en México. A través de su cuenta de Twitter, Trump hizo públicas sus amenazas al señalar que en caso de trasladar operaciones a México las empresas serían castigadas por medio de la imposición de nuevos impuestos y aranceles.

En algunos casos, las disputas condujeron a nuevos acuerdos para la radicación de inversiones en los Estados Unidos y la suspensión de inversiones en México. Tal es el caso de Carrier y Ford que permitieron a Trump anunciar la recuperación de 1000 puestos de trabajo en Indiana y 700 en Michigan, respectivamente.

Boeing, Apple y General Motors fueron también foco de las declaraciones del presidente. Aunque no en todos los casos se alcanzaron acuerdos posteriores, las discusiones ilustran el nuevo posicionamiento del gobierno norteamericano. No se trata tanto de combatir el proceso de globalización, como de garantizar que Estados Unidos resulte uno de los ganadores del mismo.

La estrategia del presidente Trump busca poner en valor la importancia del mercado nacional para las grandes empresas globales. Estados Unidos es el principal comprador mundial con alrededor del 18% de las importaciones que se realizan a lo largo y ancho del globo.

Las presiones ejercidas por Trump ponen de manifiesto un rasgo ya demostrado por China: contar con un mercado amplio y dinámico es mucho más importante para fomentar inversiones que cualquier tipo de traba o condicionante. La nueva política obliga por lo tanto a repensar la cándida visión respecto de que la apertura y la desregulación son condiciones suficientes de una política de inversiones.

La reforma impositiva y el impuesto transfronterizo

La tercera pieza del programa económico de Trump insinuada en sus amenazas a empresas multinacionales es la puesta en marcha de una reforma impositiva. La misma se orientaría a eliminar los incentivos de las grandes corporaciones para deslocalizarse hacia otros territorios.

Hasta el momento, las especulaciones se basan en el proyecto de ley presentado por los republicanos Paul Ryan y Kevin Brady. El texto propone la modificación y reducción de la carga del impuesto a las ganancias a las grandes corporaciones y una compensación de los ingresos tributarios a través de la creación de un impuesto interno al consumo de productos con componente importado.

El denominado “impuesto transfronterizo” grabaría el consumo en distintas proporciones según sea el contenido importado de la producción.

Al aplicarse sobre los productos importados, pero no sobre los exportados el impuesto transfronterizo se transforma en una herramienta de fomento exportador que ratifica la idea de que la nueva estrategia política consiste en fortalecer las capacidades de producción de los Estados Unidos.

La reforma se plantea como un importante estímulo a la radicación de empresas y permitiría además atender otra de las grandes preocupaciones de los Estados Unidos en los últimos años: la evasión impositiva a partir de la radicación de empresas en paraísos fiscales.

En términos generales, y sólo por ahora, las nuevas iniciativas de política parecen enfocarse en lograr que los Estados Unidos sea uno de los ganadores del proceso de globalización, más que en combatirlo.

Estados Unidos y América Latina después del triunfo de Trump

Aunque todavía es demasiado pronto para saber si el nuevo gobierno de los Estados Unidos logrará cambiar el rumbo de la principal potencia mundial o si la trayectoria elegida es la adecuada, la única y principal certeza es que la nueva estrategia traerá consecuencias sobre el orden económico global.

En primer lugar, las tensiones con Estados Unidos parecen acercar a México a su destino latinoamericano. Este proceso no estará exento de conflictos dada la tradicional reticencia de Brasil a incorporar a sus proyectos a un socio que por sus dimensiones es capaz de disputar su liderazgo regional.

Más allá de los resquemores políticos, el nuevo contexto podría forzar a México a intentar volcar sus excedentes productivos hacia la región. Se trata de una amenaza adicional para la Argentina y Brasil, las otras economías industriales de la región, que atraviesan en la actualidad coyunturas por demás complejas.

La nueva política norteamericana ha desencadenado además un mayor optimismo respecto de las perspectivas de crecimiento global. Mejores resultados en Europa y Estados Unidos podrían también mejorar las perspectivas para los precios de los commodities. El resultado final será sin embargo en extremo susceptible a las decisiones de política monetaria y tasa de interés de los Estados Unidos.

En términos regionales, la decisión de Estados Unidos de abandonar el TPP e intensificar sus disputas con México se ha transformado en un importante golpe al proyecto de la Alianza del Pacífico (AP). El cambio de políticas en la principal potencia mundial significó para la AP un fuerte golpe a su estrategia de integración sobre la base de una mayor apertura.

Poco a poco comienza a desdibujarse la idea de que existe en América Latina la opción de una estrategia de apertura unilateral.

En oposición, el escenario plantea una oportunidad para el MERCOSUR. La política norteamericana tiende a poner en valor la relevancia de un mercado regional amplio, integrado y con capacidad para negociar condiciones.

La capacidad del bloque de aprovechar las nuevas circunstancias dependerá de la habilidad de sus líderes. Lidiar con un escenario internacional cambiante, en el que los dogmas económicos comienzan a ser discutidos a izquierda y derecha, y en el que por si fuera poco las tensiones entre Estados Unidos y China parecen destinadas a incrementarse, no resulta una tarea sencilla. Hasta el momento los gobiernos de Argentina y Brasil parecen todavía aferrados a las reglas de un mundo que comienza a desaparecer. La decisión de profundizar la apertura de capitales en la Argentina y las restricciones impuestas por Brasil en su nueva reforma fiscal se ubican claramente a contramano de las tendencias globales.

Jorge Argüello, político y diplomático argentino. Fue embajador en Estados Unidos, en Portugal y ante las Naciones Unidas. Actualmente, preside la Fundación Embajada Abierta.