Obligados al goce, por Oscar Larroca

Obligados al goce

Por Oscar Larroca*

religion

Los pueblos siempre dejaron espacio para Dioniso, el dios de la vendimia y el vino, inspirador de la locura ritual y el éxtasis. Quizá por eso también fue conocido por los romanos como Baco. Así, una fiesta en la cual se den cita el vino y el desenfreno es una bacanal.

La fiesta es una sana costumbre social, un ritual guiado por la memoria para fijar un recuerdo grato: un cumpleaños, una boda o una conmemoración religiosa. Sin embargo, a las “fiestas sorpresa”, despedidas de soltero, de egresados, de disfraces (carnaval, Halloween), fiestas nacionales, etc., cabe agregar las fiestas electrónicas, la Walk Zombie, la fiesta de colores, las “previas de las fiestas navideñas” y las “previas de las previas de las fiestas navideñas”.
“ Mientras se concurre cada vez más tarde a una discoteca, las festividades de diciembre en los shoppings se organizan cada vez más temprano, los cuales se adornan con papanoeles desde principios de noviembre ”

Cada año se van sumando celebraciones nuevas, como la “guerra de almohadas” o las “bodas falsas”. Y mientras se concurre cada vez más tarde a una discoteca, las festividades de diciembre en los shoppings se organizan cada vez más temprano, los cuales se adornan con papanoeles desde principios de noviembre, dando empuje a la ansiedad y el consumo.

Las escapadas de fin de semana, el día sándwich, los feriados y las fiestas patrióticas (el “día del Patrimonio”), las fiestas temáticas (“Semana de la cerveza”), las fiestas de la Diversidad sexual (anteriormente, “Día del orgullo gay”), o las efemérides bailables (“La noche de la nostalgia”), concitan a un público cada vez más dispuesto al desenchufe y el goce. Más playa y menos adoquines…

“Sous les pavés, la plage” (“Bajo los adoquines, la playa”), reclamaron hace casi medio siglo los estudiantes del Mayo francés, quienes objetaban los principios de la moral burguesa: el ahorro, la utilidad y la finalidad. Frente a la sexualidad trazada por los católicos propugnaron el apuro orgasmático (“el volcado del excedente de semen” para Baudrillard), mientras que el ahorro fue asimilado a la represión sexual (la castidad de la mujer hasta la boda). Así, frente al ascetismo burgués propusieron la promiscuidad, el hedonismo… y más fiesta. Frente a la renuncia formularon el goce sin espera, lo que equivale a decir que ante el futuro rescataron el presente.

A pesar de ese reclamo emancipador, la síntesis de estos elementos (gasto, goce, inmediatez) configura la cultura de consumo. Tanto el ahorro económico como la aprehensión profunda ante una obra de arte, o la distensión con un grupo de amigos, requieren de una construcción prudente; tiempo y profundidad reflexiva que no son rentables a los intereses del capitalismo. Por esa razón, el eslogan publicitario de una tarjeta de crédito (“porque la vida es para vivirla hoy”) y los efectos de la cocaína (“para estimularse al toque en una fiesta”), apuntan a proscribir la espera y satisfacer la inmediatez: el gozo ahora. “¡Llame ya!”.
“ El gozo ahora. ¡Llame ya! ”

Según Slavoj Zizek: “El problema hoy es que la gente no se siente culpable de transgredir prohibiciones sino de no transgredir, de ser incapaz de gozar.

Paradójicamente, sólo el psicoanálisis te permite no gozar. Ése es el problema de hoy: no está permitido no gozar. Lacan lo dice de modo muy preciso: desde el momento en que te permiten gozar, la permisión se vuelve un deber, “tenés que…”. El problema es tener el permiso de no gozar, porque realmente sólo podés gozar si está permitido también no gozar. Hoy tenemos este terrible deber del superyó en todos los niveles, desde lo más brutal tipo “tenga sexo, disfrute, etc.” hasta el más espiritual “realícese, pase un buen momento”. Hoy el goce está permitido, e incluso es obligatorio”.

Parafraseando a Zizek, este es el mandato reciente de la marihuana desregulada o las drogas de diseño, que prometen restaurar la capacidad para gozar de un modo biomecánico, dejando de lado los conflictos presentes en el estado de vigilia. Ahora que las prótesis se hacen cargo del goce y de que tenemos una publicidad oficial que exhorta a que ingieras agua entre tus ingestas estivales de alcohol, ya no hay pretextos: debes estar en “estado fiesta” cada vez que puedas.

*Oscar Larroca es artista plástico, profesor y ensayista uruguayo.

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