Retrato de un político uruguayo, por Macelo Maute Saravia.

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Aclaración previa: Este es un documento muy especial y valioso. Un militante partidario cuyo apellido se extiende a uno de los grandes caudillos de la historia del país, su tatarabuelo Aparicio Saravia, retrata de una manera sutil y al mismo tiempo descarnada la figura de un político de su partido, el Partido Nacional, que lo decepciona, exhibiendo también los entresijos de la vida político-partidaria. Sirva este retrato realizado no desde la confrontación partidaria, sino desde la interna de un mismo partido, como elemento de análisis político.

Sobre Luis Lacalle Pou, por Dr. Macelo Maute Saravia

Desde la reapertura democrática he militado en mi querido Partido Nacional, sintiendo orgullo de ser tataranieto de Aparicio Saravia, quien, sin ocupar cargo alguno, fue y es la más romántica imagen de nuestra colectividad. Idolatrado por las nuevas generaciones como por veteranos servidores, se puede encontrar su calcomanía en un termo en el pueblo más lejano como en la agenda de un universitario de la costa capitalina, desde el parabrisas del vehículo de alta gama más costoso como en la bicicleta destruida del más humilde compatriota, en termos caros y en los baratos, en ventanas de Carrasco y en ventanas de asentamientos. Eso es Saravia y ese es el orgullo que legaré a mis dos hijos.

He tenido el honor de ser edil por Montevideo y diputado suplente por mi partido, pero nunca he vivido de la política ni lo haré. Como productor agropecuario, abogado y profesor de Derecho Internacional Público de Facultad, me siento en el derecho de dar mi opinión sobre la realidad actual de mi colectividad.

En diciembre de 2016, renuncié a la Convención Nacional de mi partido por entender que dicho órgano, en el que debería radicar la soberanía partidaria, cumple un mero papel testimonial y secundario, indigno para un partido fermental y revolucionario como el nuestro.

Desde que Lacalle Pou en 2014, asesorado o por propia convicción, decidió excluir a Lacalle Herrera del escenario electoral –y, como consecuencia, político–, se ha efectivizado, tal como lo expresé en Búsqueda en 2013, un “parricidio político”, como lo confirma el libro La Positiva, de Daniel Supervielle, asesor de Lacalle Pou, en el cual (autorizado por él) se jacta de que el hijo haya eliminado a su padre de toda participación en la campaña.

No soy objetivo, porque no concibo la falta de agradecimiento como virtud, sino como uno de los peores defectos, sobre todo a los padres, quienes nos han ayudado a ser alguien en la vida, por lo que no puedo admitir la concepción maquiavélica de que “el fin justifica los medios”.

Me he preguntado qué rechazo de Lacalle Pou y lo voy a expresar con el mayor respeto político, pero no negando la realidad de que nuestro partido, históricamente popular, no representa a la masa popular de nuestra patria en estos años.

Me preguntaba si la mayoría de los uruguayos están equivocados o son tontos. Pero para poder llegar a una respuesta tenía que hacer un real y sincero análisis.

Fue denominado por un legislador frenteamplista como “oligarca” e “imberbe” en la Cámara de Diputados, lo que generó un incidente pugilístico que lo catapultó a la fama en 2007, y el presidente Vázquez lo definió como una “pompita de jabón” en la campaña electoral de 2014.

¿Por qué el calificativo de “oligarca”? Lo primero que debo aclarar es que “oligarca” no refiere al caudal económico de un individuo, sino a una actitud de vida. De lo contrario, Aparicio Saravia, que contaba con miles de hectáreas de campo, no hubiese sido un caudillo popular y líder revolucionario; nada más lejano a ese concepto elitista de aquel jefe revolucionario.

Estudió en el British y se recibió de abogado en la Universidad Católica, sus veranos eran en La Barra de Punta del Este, moviéndose en ambientes reducidos de la sociedad uruguaya (Carrasco y Pocitos) hasta los 25 años de edad, cuando su madre lo impone como su suplente en una lista a Diputados por Canelones, departamento que había empezado a recorrer políticamente unos meses antes, ya que su interés en la política se dio aprovechando que no trabajaba y que su alternativa era irse al exterior (Estados Unidos) a hacer un posgrado. Sus idas al interior antes de ese año eran a algún monte a cazar jabalíes en camionetas con perros y amigos.

Nunca trabajó como abogado, no caminó la Ciudad Vieja, no visitó juzgado alguno como profesional ni para hacer procuración, sino que colgó el titulo en el despacho de diputado luego de que su madre renunciara a la banca para ser senadora. Por ser su suplente, quedó en la titularidad de la banca de diputado en la elección de 1999.

Desde los 25 años y hasta la fecha (43 años), sólo ha desarrollado tareas de legislador y candidato, rodeado de secretarios, asesores, choferes y privilegios de la banca que ocupa, sin desempeñar emprendimiento privado alguno, por lo que entiendo que desconoce la dura realidad del simple ciudadano contribuyente.

Electo diputado por Canelones, vivió en Montevideo (Carrasco) hasta que compró su terreno y construyó su casa en un barrio privado de Canelones, más cerca del aeropuerto de Carrasco que del centro urbano de Pando.

Aislado en dicho barrio (donde hay que presentarse en la entrada ante los guardias de seguridad privada, quienes consultan al dueño de casa telefónicamente si aceptan o no que pase el anunciado), no representa al simple vecino de Canelones ni al uruguayo común y corriente; pierde el contacto natural del líder al que le golpea la puerta el ciudadano que quiere consultar, saludar o recriminar.

Se atiende en el Hospital Británico de Montevideo, un exclusivo centro médico que está excluido del Fonasa (es decir, debe abonarse de forma particular) y asiste en las mañanas a hacer “fierros” (aparatos de musculación) al Carrasco Lawn Tennis en el corazón de Carrasco, teniendo más cerca el Urupan de Pando.

Hace un par de años, eligió un hermoso terreno frente al océano de Rocha, donde armó su nuevo hogar de veraneo familiar para poder surfear todas las mañanas, en lugar de los balnearios de Canelones como lugar de veraneo familiar.

Quizás algo de esto explique la visión del primer concepto vertido por el diputado y compartido por muchos uruguayos sobre él.

¿Por qué la calificación de “pompita de jabón” e “imberbe” (“que todavía no tiene barba”, diccionario de la Real Academia Española)?

Fue candidato a intendente de Canelones en una elección en la que el Partido Nacional obtuvo una de las peores votaciones históricas en aquel departamento. Los propios compañeros canarios del Partido Nacional habían acordado con candidatos de otros partidos para no votarlo a él. Casi nunca recuerda en su currículum político esa fallida candidatura.

Fue presidente de la Cámara de Diputados tras ganarle por un voto al diputado carrerista José Carlos Carozo. Para ese “triunfo interno” influyeron llamados a ciertos diputados del sector de su padre (a quien después le pediría que se aleje de su figura, pues lo perjudicaba).

Prometió en su discurso de asunción una modernización y optimización de datos legislativos y leyes no aplicadas o en desuso. Devolvió un monto de dinero al final de su mandato, como símbolo de austeridad, el que fue repartido entre funcionarios del Legislativo por el presidente que lo sucedió, dado que no se había utilizado con su fin original y suspendió la transmisión de sesiones parlamentarias, que él había instalado, por la mala imagen que daban a la ciudadanía, ya que en ellas se veía a legisladores durmiendo, chateando, fuera de sala en su mayoría, conversando de otros temas entre ellos, mientras se desarrollaban las sesiones casi vacías.

Su primera intención, luego de las elecciones de 2009, era conformar su propia lista al Senado, que encabezaría para ser electo, sin importar demasiado el tema del candidato a presidente para la elección de 2014, ya que las encuestas daban como invencible a Jorge Larrañaga en la interna partidaria, a tal punto que el senador Heber Da Rosa planteaba la posibilidad de no realizar internas. Él, en aquel momento, sólo pretendía obtener su banca en el Senado, no le importaba nada más y ese concepto es literal.

En 2012, recuerdo charlas de “estrategias electorales” asombrosas, en las que sus planteos eran desde que se debía ir a buscar al entonces intendente Bebedizo (del grupo de Larrañaga) como precandidato de Unidad Nacional, sabiendo que no tenía chancea ante Larrañaga. También propuso ofrecerle a Jorge Saravia que volviera al Partido Nacional como candidato a presidente del sector en la interna, pero sin que pretendiera ser candidato a senador. Por supuesto que la realidad fue exactamente la inversa a su visión.

Llegó a ser el candidato del Partido Nacional en 2014 luego de “destrozar” el sector, en una interna que tuvo la ida de importantes dirigentes como Verónica Alonso, Ana Lía Piñeyrúa, Pablo Abdala (Montevideo), Juan Pichiruche (San José), Francisco Gallinal, Enrique Antia y Carlos Marullo (Correntada Wilsonista), todos ellos con Jorge Larrañaga.

Aunque ganó la interna, perdió en octubre la cantidad de legisladores ante Larrañaga y en las elecciones departamentales perdió con este la cantidad de intendentes blancos y con Novick en Montevideo, luego de decirle a Gandinga que “no era su candidato” e inventar, como le gusta a él, a Garué como candidato a la intendencia y aniquilar a un excelente asesor de seguridad.

Como contrapartida elaboró sigilosamente y con paciencia la incorporación de Javier García y su lista 40, históricamente el cero del eterno adversario de su padre, el Dr. Juan Andrés Ramírez.

Esta incorporación, que suponía una puñalada en el riñón a Larrañaga, ameritaba una ingeniería electoral que obligaba a que Javier García fuese electo senador de la República, lo que, dentro del grupo de Larrañaga y compitiendo con Verónica Alonso y Jorge Gandini, no lograría.

Él pagó ese precio gustoso, aun en contra de compañeros del sector que merecían mantener su banca en el Senado, como Gustavo Penadés, por ejemplo, todos relegados para esa “sensacional incorporación”, no olvidando que ese acuerdo incluía darle a García la lista 400 de Canelones para la interna y que se computaran esos votos para el Espacio 40, muestras de la vieja política y “pactos de chinchulineada” y no de Aire Fresco o “renovación”.

Sin dudas, defender lealtades familiares lo incomoda y adherir a quienes enfrentaron a sus padres lo regocija, lo que quizás amerite más que un análisis político una evaluación psicológica.

Lacalle Herrera y el herrerismo eran una molestia, mientras que don Carlos Julio Pereyra y el Movimiento Nacional de Rocha pasaron a ser su referencia permanente en su discurso, siendo la “Casa de los Lamas” lugar de concurrencia, desapareciendo del mapa la centenaria “Casa de Herrera”. “Cosas que pasan”, diría Larralde.

En cuanto a su conocimiento y preparación, la entrevista que le realizó el periodista Leonardo Pereyra en VTV como candidato, sobre su programa de gobierno, lo deja en evidencia y me exime de comentarios. Todos los hizo el propio periodista.

En tribuna y si no le preguntan y repreguntan, se desenvuelve bien, con frases camperas, dichos y chanzas. Pero nada más.

Nunca interpeló a un ministro ni ha sido una voz desequilibrante ni definitoria en los recintos parlamentarios, en los que deambula hace 16 años.

Su senador y dirigente político de confianza comenzó con Volonté, siguió con Gallinal, luego con Vidalín y, por descarte, acuerdo mediante y luego de rechazarlo y decirle con brutal sinceridad que no se podía jugar por él, pues tenía “una sola bala en su arma y no podía errar el tiro”, fue el exdiputado y actual senador Álvaro Delgado de la lista 404, que fuera desde siempre opositor al Dr. Lacalle Herrera. Me he cansado de criticarlo por ocupar cargos políticos con sueldos privilegiados para nuestro país desde hace 20 años y ser, a su vez, desde la época de Volonté, adjudicatario de un campo de Colonización en Quebracho (Paysandú) de 339 hectáreas en la Colonia Horacio Ros de Oger.

Ética proviene del griego éthos, que significa “predisposición para hacer el bien”. Recordamos las enseñanzas del profesor Durán Martínez sobre el concepto de “improbidad”: “Una conducta deshonesta, no recta, no íntegra. Implica también admitir cualquier provecho o ventaja, cualquiera sea su naturaleza, obtenido por sí o por interpuesta persona, para sí o para terceros en el desempeño de su función en desmedro del interés público. Implica además cualquier acción, en ejercicio de la función pública, que exteriorice la apariencia de violación de las normas de conducta en la función pública”.

La improbidad así concebida es un concepto más amplio que la corrupción tal como está definida en nuestro derecho positivo, en la ley Nº 17.060, que establece: “Se entiende que existe corrupción, entre otros casos, en el uso indebido del poder público o de la función pública, para obtener un provecho económico para sí o para otro, se haya consumado o no un daño al Estado (art. 3º de la ley Nº 17.060)”.

Opino que este artículo define un concepto restringido de corrupción y que puede existir corrupción sin que exista provecho económico y que encuadran en el concepto amplio y democrático de la corrupción.

Hizo diputada a una frenteamplista (comunista) en su lista 404, liberal, de perfil de centroderecha y alto nivel social, quien reconocía graciosamente que uno de sus hijos no la votaba, dejando a cientos de compañeras blancas de a pie, con familias enteras y vecinos votando al partido por ellas y con años de militancia partidaria por el camino.

Intentó y logró no salirse, en toda la campaña de las internas partidarias, del falso eslogan “Por la Positiva” y de una serenidad y prudencia que le habían recomendado sus asesores. Pero el ego lo traicionó en la campaña hacia la presidencia y cuando, para demostrar su destreza física indiscutible, hizo la famosa “bandera” en una columna de una esquina del interior del país, invitando al Dr. Vázquez a que lo imitara, “si podía”, mostró la hilacha.

Vázquez, con experiencia, serenidad, cancha y oficio ignoró su grosera e inadecuada invitación y sólo recordó que era una “pompita de jabón”, ignorándolo políticamente durante toda su presidencia, lo que no tiene antecedentes en nuestra política nacional.

Comenzaba a notarse un aire de soberbia y exceso de confianza, lo que se potenciaba por sus adulones, que no lo dejaban ver la realidad, y por una interna brillante, casi sin errores, sólo con eslóganes, muy marketinera y de poco contenido para que no se notara la liviandad del candidato. Pasó, entonces, a una elección nacional en la que se descarriló todo y desnudó su esencia.

Hace unos años me pregunté cuál era el motivo de que un joven dirigente sin problemas y con mucho para agradecer haya cambiado su entorno tan radicalmente. Su secretaría fue cambiada de plano, sustituyendo a aquellas leales compañeras que lo acompañaron en el inicio y sin motivos justificados. La mayoría de los fundadores de la lista de Canelones de su madre (lista 400) se fueron, incluso su candidato a intendente en 2004, el granjero Remo Di Leonardi. Otros, con tal de no tener que apoyarlo, se han ido del Partido.

En Montevideo, su lista 404 perdió a la mayoría de sus fundadores y eso es un dato objetivo, no va en detrimento de que gente nueva se haya integrado ni de los caudales electorales, sino que cuestionó la falta de sentido de pertenencia y el afecto entre dirigentes y líder.

Estos elementos no definen a un hombre criterioso y aspirante a gobernar un país, en el que debe primar la prudencia, el equilibrio, la serenidad y la capacidad de resolver grandes y difíciles temas. La lealtad y el respeto a quienes acompañaron y apoyaron siempre da fortaleza al líder, no debilidad.

Un endeble y circunstancial candidato puede igualmente ser electo presidente en un sistema electoral como el nuestro, en el cual quien tenga potencial económico para competir, bancar estructura y proceso electoral, sumado a una buena campaña publicitaria, puede lograrlo.

Al comienzo me preguntaba si tantos uruguayos eran “resentidos” o lo “calificaban injustamente”, como chicana política, pero como blanco siento que no es así, que por más caretas o vocabulario chabacano, frases camperas, dichos y ocurrencias graciosas que se utilicen, no basta. La gente percibe lo real y profundo, y si eso me pasó a mí, cómo no le va a pasar a tantos compatriotas hundidos en la miseria que miran a un actor arriba del escenario, con aplaudidores, y está a años luz de distancia de su vida cotidiana.

Parte de lo expresado se lo he dicho al propio Lacalle Pou, pero cometí el error de creer que podía interesarle o agradecer la opinión, cuando la realidad marca que siempre “el sordo piensa que quienes bailan están locos”.

Cuando se es verdaderamente libre y no se debe nada a nadie, es legítimo y se debe respetar la opinión personal del simple ciudadano sobre un hombre público, de frente, nunca en el cobarde anonimato, con respeto y con la serena tranquilidad de decir mi verdad.

Nota: El Dr. Macelo Maute Saravia es abogado y adjunto de Cátedra de Derecho Administrativo de la Facultad de Derecho en la Universidad Católica del Uruguay. Fue fundador, en 1995, de la Agrupación Política del Partido Nacional Grupo Saravia. Fue convencional nacional y convencional departamental por el Partido Nacional en el año 2000 y reelecto en 2005. Fue edil por Montevideo en el período 2000-2005 y primer candidato a la Cámara de Representantes por la lista 2 de Montevideo por el Partido Nacional en 2004. Se desempeñó como asesor jurídico de la Intendencia de Cerro Largo, en enero de 2007, y como asesor letrado de la Asociación Rural de Jóvenes del Uruguay (2006-2007).