La crítica a la ciencia del filósofo Bergson en tres frases.

Extracto de “La Evolución Creadora” del filósofo francés Henri Bergson

religion

LA VIDA ES UN PROCESO INCALCULABLE.

¿El estado de un cuerpo vivo encuentra su explicación completa en e! estado inmediatamente anterior? Sí, si convenimos a priori en asimilar el cuerpo vivo a los otros cuerpos de la naturaleza, y en identificarle, para las necesidades de la causa, con los sistemas artificiales sobre los que operan el químico, el físico y el astrónomo. Pero en astronomía, en física y en química, la proposición tiene un sentido bien determinado: significa que ciertos aspectos del presente, importantes para la ciencia, son calculables en función del pasado inmediato. Nada semejante en el dominio de la vida. Aquí el cálculo afecta, todo lo más, a ciertos fenómenos de destrucción orgánica. Por el contrario, de la creación orgánica, de los fenómenos evolutivos que constituyen propiamente la vida, no entrevemos incluso cómo podríamos someterlos a un tratamiento matemático. Se dirá que esta impotencia apoya en nuestra ignorancia. Pero puede también expresar que el momento actual de un cuerpo vivo no encuentra su razón de ser en el momento inmediatamente anterior y que es preciso unir a él todo el pasado del organismo, su herencia, en fin, el conjunto de una historia muy larga.

LA CIENCIA PREDICTIVA SOLO ENTIENDE LO QUE SE REPITE.

Pero contra esta idea de la originalidad y de la imprevisibilidad absoluta de las formas se subleva nuestra inteligencia. Porque precisamente nuestra inteligencia, tal como la ha modelado la evolución de la vida, tiene por función esencial iluminar nuestra conducta, preparar nuestra acción sobre las cosas, prever para una situación dada los sucesos favorables o desfavorables que podrán seguirse de ella, Aísla pues instintivamente, en una situación, lo que se parece a lo ya conocido; busca lo mismo, a fin de poder aplicar su principio de que “lo mismo produce lo mismo”. En esto consiste la previsión del porvenir para el sentido común. La ciencia lleva esta operación al más alto grado posible de exactitud y de precisión, pero no altera su carácter esencial. Como el conocimiento usual, la ciencia no retiene de las cosas más que el aspecto repetición. Si el todo es original, se las arregla para analizarlo en elementos o en aspectos que sean poco más o menos la reproducción del pasado. Ella no puede operar más que sobre lo que se considera ha de repetirse, es decir, sobre lo que se sustrae, por hipótesis, a la acción de la duración. Lo que hay de irreductible y de irreversible en los momentos sucesivos de una historia, eso se le escapa. Es preciso, para representarse esta irreductibilidad y esta irreversibilidad, romper con hábitos científicos que responden a las exigencias fundamentales del pensamiento, hacer violencia al espíritu, remontar la pendiente natural de la inteligencia. Pero éste es precisamente el papel de la filosofía.

LA TOTALIDAD DE LO REAL ES INDIVIDISIBLE.

El todo real podría ser muy bien, decíamos, una continuidad indivisible: los sistemas que recortamos en él no serían entonces, hablando con propiedad, partes; serían consideraciones parciales tomadas sobre el todo. Y con estas consideraciones parciales reunidas no obtendríais ni siquiera un comienzo de recomposición del conjunto, como tampoco multiplicando las fotografías de un objeto, bajo mil aspectos diversos, no podríais reproducir su materialidad. Así, en cuanto a la vida y a los fenómenos físico-químicos en los que se pretendiese resolverla. El análisis descubrirá sin duda en los procesos de creación orgánica un número creciente de fenómenos fisico-químicos. Y a ellos se atendrán los químicos y los físicos. Pero no se sigue de ahí que la química y la física deban darnos la clave de la vida. Un elemento muy pequeño de una curva es casi una línea recta. Tanto más semejará a una línea recta cuanto más pequeño se le tome. En el límite, se dirá, según se quiera, que forma parte de una recta o de una curva. En cada uno de sus puntos, en efecto, la curva se confunde con su tangente. Así la “vitalidad” es tangente en no importa qué punto a las fuerzas físicas y químicas; pero estos puntos no son, en suma, más que las consideraciones de un espíritu que imagina detenciones en tales o cuales momentos del movimiento generador de la curva. En realidad, la vida no está hecha de elementos físico-químicos, al igual que una curva no está compuesta de líneas rectas.

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