Las torturas y hogueras católicas.

En 1252, el papa Inocencio IV autorizó en la bula Ad extirpanda el uso de la tortura para obtener la confesión de los reos acusados de herejía. Se recomendaba a los torturadores no se excedieran hasta el punto de mutilar al reo o finiquitarlos. Las penas eran variables. Los que se negaban a abjurar, “herejes relapsos”, eran entregados al brazo secular para la ejecución de la pena de muerte.Esa decisión fue el inicio de siglos de un masivo desarrollo y aplicación de métodos de tortura que incluían el diseño de toda clase de máquinas e instrumentos de tormento,con la presencia bajo el beneplácito de la Iglesia Católica de una caterva inmensa de torturadores profesionales que no satisfechos con torturar y asesinar de las maneras más tortuosas extendieron posteriormente su actuación a la persecusión paranoica y enfermiza de “brujas” que solo existían en sus delirios criminales pero que llevó al dolor y la muerte a incontables mujeres.

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