La hija a la que Pablo Neruda abandonó

La hija a la que Pablo Neruda abandonó
Crónica de Fernando Lizama-Murphy
Original en: https://fernandolizamamurphy.com/2015/12/26/malva-marina-la-hija-abandonada-por-neruda/

religion

Nacer arrullada por un poema de García Lorca debiera ser un privilegio para cualquier persona, pero no lo fue para Malva Marina Trinidad Reyes Hagenaar, porque nació enferma y porque su padre muy pronto la abandonó para siempre. He aquí su extraña historia.

Quizás fue su infancia triste, llena de privaciones o tal vez la muerte prematura de su madre, lo concreto es que Ricardo Neftalí Reyes Basoalto, conocido en todo el orbe como Pablo Neruda, cuando se hizo hombre, aprovechó cada oportunidad de diversión que su andar le entregó. Y en ese sentido y en muchos otros, la vida fue generosa con el poeta.

Comenzó su carrera diplomática muy joven, a los 23 años, enviado por el Gobierno de Chile al oriente, donde lo nombraron cónsul en Birmania y otros países. Aunque nació en Parral, fue en Temuco, en plena Araucanía, donde transcurrió toda su infancia y adolescencia junto a su madrastra y a su padre, un modesto obrero ferroviario. Y desde ahí a los salones de embajadas o sedes de gobierno el salto fue demasiado grande para este precoz poeta que a muy corta edad ya destacaba por sus creaciones.

Al parecer, este mundo nuevo lo obnubiló.

En ese ambiente de recepciones oficiales, cenas de gala y espectáculos, jugando tenis conoce a María Antonia Hagenaar Vogelzang, a la que apoda Maruca o “la Javanesa”, porque era nativa de la isla de Java, por entonces colonia holandesa. Mujer atractiva, alta, se casan en la tierra de ella el 6 de diciembre de 1930. Muy pronto, a solicitud de la Cancillería, Neruda debe regresar a Chile donde la flamante esposa conoce la otra vida de su marido, la de bohemio y mujeriego. Prácticamente vive sola, sin conocer a nadie y casi nada del idioma. La única que la acoge es la escritora María Luisa Bombal. Mientras el matrimonio tambalea, Neruda es enviado a Buenos Aires y desde ahí a España, donde Maruca queda embarazada. Las relaciones conyugales comienzan a marchar un poco mejor.

El 18 de agosto de 1934, en Madrid, son padres de una niña, a la que bautizan como Malva Marina Trinidad, que en lugar de ser el punto de unión, representó el comienzo de una tragedia. Porque la nueva integrante de la familia nace con una hidrocefalia severa, cuyo diagnóstico no vaticina una vida prolongada.

Al parecer, al comienzo Neruda no dimensionó bien la enfermedad de su hija. Al menos así se puede deducir cuando se lee el testimonio del poeta español Vicente Aleixandre, que visitó a la recién nacida:

“Salí a la terraza corrida y estrecha, como un camino hacia su final. En él, Pablo, allá, se inclinaba sobre lo que parecía una cuna. Yo le veía lejos mientras oía su voz: Malva Marina, ¿me oyes? ¡Ven, Vicente, ven! Mira qué maravilla. Mi niña. Lo más bonito del mundo. Brotaban las palabras mientras yo me iba acercando. Él me llamaba con la mano y miraba con felicidad hacia el fondo de aquella cuna. Todo él sonrisa dichosa, ciega dulzura de su voz gruesa, embebimiento del ser en más ser. Llegué. Él se irguió radiante, mientras me espiaba. ¡Mira, mira! Yo me acerqué del todo y entonces el hondón de los encajes ofreció lo que contenía. Una enorme cabeza, una implacable cabeza que hubiese devorado las facciones y fuese sólo eso: cabeza feroz, crecida sin piedad, sin interrupción, hasta perder su destino. Una criatura (¿lo era?) a la que no se podía mirar sin dolor. Un montón de materia en desorden. Blanco yo, levanté la vista, murmuré unos sonidos para quien los esperaba y conseguí una máscara de sonrisa. Pablo era luz, irradiaba irrealidad, sueño, y su ensoñación tenía la firmeza de una piedra, el orgullo de su alegría, el agradecimiento hacia un fruto celeste.”

Pero muy pronto, cuando comenzó a tomarle el peso a la enfermedad de la niña, la desilusión fue manifiesta, el nacimiento de una hija enferma estaba fuera de todos sus cálculos y lo evidencia en la carta que enviara, el 19 de septiembre de 1934, a Sara Tornú, esposa del poeta argentino Pablo Rojas Paz, con la que Neruda habría mantenido algún flirteo.

Empieza refiriéndose a las celebraciones patrias chilenas, donde se puede percibir el ambiente de desenfado de las fiestas nerudianas:

“Mañana firmamos nuestra permuta: ella se dirige a Barcelona dando grandes saltos y yo permanezco de cónsul en Madrid, llorando a gritos de alegría como un verdadero cientopié. Estas imágenes me vienen porque anoche, en una gran fiesta nacional, 18 de septiembre, peruanos, cubanos, la argentina Delia del Carril, mexicanos, vinieron a mi casa, en donde bebieron de manera frenética.”

Supuestamente, la que viaja a Barcelona es María Antonia y él, a un mes del nacimiento de su hija enferma, no puede disimular la alegría que le provoca su partida. Es casi seguro que ya para entonces mantenía alguna relación con Delia del Carril, mujer por la que después abandonaría a su familia. Pero en un párrafo posterior de la misma misiva se refiere a Malva Marina Trinidad:

“No hay escritores, aunque ya es invierno; todos andan de veraneo. Federico, en Granada, desde donde ha mandado unos lindos versos para mi hija. Mi hija, o lo que yo así denomino, es un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma, una vampiresa de tres kilos. Todo bien ahora, oh Rubia queridísima pero todo iba muy mal. La chica se moría, no lloraba, no dormía; había que darle con sonda, con cucharita, con inyecciones, y pasábamos las noches enteras, el día entero, la semana, sin dormir, llamando médico, corriendo a las abominables casas de ortopedia, donde venden espantosos biberones, balanzas, vasos medicinales, embudos; llenos de grados y reglamentos. Tú puedes imaginarte cuánto he sufrido. La chica, me decían los médicos, se muere, y aquella cosa pequeñilla sufría horriblemente, de una hemorragia que le había salido en el cerebro al nacer. Pero alégrate Rubia Sara porque todo va bien; la chica comenzó a mamar y los médicos me frecuentan menos, y se sonríe y avanza gramos cada día a grandes pasos marciales”.

Después de un período plagado de desencuentros, provocados por las infidelidades de él y por el rechazo hacia su hija, en 1936 el poeta abandona definitivamente a su mujer y a su hija, para irse a vivir con la argentina Delia del Carril, bautizada por él como “La Hormiguita”, siguiendo su costumbre de apodar a sus compañeras. Las deja casi sin dinero en Montecarlo, ciudad a la que llegan huyendo de la Guerra Civil española.

Ahí comienza el trágico peregrinaje de madre e hija, repudiadas por el vate. Maruca decide regresar a Holanda buscando la protección de su país. En un periplo interminable, trabajando en lo que puede, dejando encargada en hogares o en hospitales a su hija enferma, cruza toda Francia para llegar a Holanda.

Como María Antonia nació en Java cuando era colonia holandesa, en Holanda carecía de contactos y como única alternativa le queda dejar a Malva Marina en manos de un matrimonio, los Julsing, padres de tres hijos, en la localidad de Gouda, famosa por sus quesos. Buscando desesperadamente ayuda, logra contactarlos a través de instituciones religiosas que apoyan a los refugiados de guerra. La familia campesina acoge a la niña como hija adoptiva.

Mientras, la madre viaja a La Haya en busca de trabajo y lo consigue en la Legación Española. Visita a su hija cuando puede, no con la frecuencia que hubiese deseado, pues se lo impide su precaria situación económica, producto de la irresponsabilidad de su ex marido, que rara vez envía el dinero que se comprometió a entregar para la mantención de Malva.

Al leer una carta en la que ella reclama las remesas, podría entenderse que aún lo ama, porque se la dirige mencionándolo por el apodo afectivo:

“Mi dear pig:

Es realmente imperdonable tu negligencia hacia nosotras, especialmente para tu bebé. Hoy 18 del mes no he recibido tu dinero. El 1º de este mes tuve que pagar los gastos de alojamiento de Malva Marina por el mes de octubre. Con mi salario sólo pude pagar una parte de ello. Qué vergüenza realmente. Ellos son tan buenas personas… Nunca encontraré gente tan buena otra vez. Malva es muy apegada a ellos… ella ha progresado mucho mentalmente. Ahora ni siquiera puedo ir a verla porque no tengo un centavo. Mi último dinero será gastado en enviar esta carta.”

Para los Julsing la guerra es una pesadilla. Escasea la comida y varias veces el pueblo es bombardeado, pero aun así sus “hermanos” se preocupan de jugar con la niña, arrastrándola en un carrito que le fascina.

Hace unos años, la periodista Alejandra Gajardo logró ubicar a Frederick Julsing, uno de los hijos del matrimonio, que no conocía ni de nombre a Neruda. Hasta entonces nunca supo que su hermana adoptiva era hija de un premio nobel de literatura. Él conservaba las únicas fotos de la niña, en las que se puede apreciar la deformidad de su cabeza, lo que en ningún caso la convierte en un monstruo, como su padre la quiso hacer aparecer. Ratificó que la niña tenía un retraso que le impedía hablar y tampoco podía caminar, por eso la desplazaban en el carrito que tanto le gustaba. Según este cercano testigo y hasta donde él recuerda, Malvita ─como la llamaban cariñosamente─ jamás recibió atención médica.

El otro testimonio lo consiguió Antonio Reynaldos, chileno radicado en La Haya desde hace muchos años. Reynaldos conversó en Gouda con Neil Leys, que si aún vive, hoy es nonagenaria y que ayudó a cuidar a la niña en casa de los Julsing. La mujer narró que Malva Marina llamaba la atención por el tamaño de su cabeza, desproporcionadamente grande frente a sus brazos y piernas muy delgados. Pero aseguró que la niña reía mucho, que siempre mostraba una actitud alegre.

Malva Marina muere el 2 de marzo de 1943, cuando tenía ocho años. María Antonia, a través del Consulado de Chile en La Haya le avisa a Neruda de la muerte de su hija y le pide reunirse con él. Jamás recibe una respuesta.

No terminó ahí la desilusión de la holandesa con los chilenos. Años después, cuando ella está sola, pobre y adicta al opio, el presidente Gabriel González Videla, enemigo político de Neruda, la invita al país para que cuente su versión de los hechos y así desprestigiar al poeta, pero como no logra su objetivo, al poco tiempo la olvida. Ella deambula por Santiago sin destino, intentando conseguir algún dinero para mantenerse y mantener su adicción. Incluso es detenida por la Policía de Investigaciones, que al parecer la sorprende consumiendo o traficando drogas. Al final, logra sacarle a Neruda trescientos mil pesos por el divorcio y regresa a Holanda. Pero el dinero se le escapa por entre los dedos y muy pronto está nuevamente en la miseria. Muere en La Haya en 1965. Sus restos descansan en una fosa común.

Fernando Lizama Murphy

Diciembre 2015

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