Una historia de la dictadura uruguaya: “Me vinieron a buscar las Fuerzas Conjuntas: hay comida en la heladera”

Una historia de la dictadura uruguaya
“Me vinieron a buscar las Fuerzas Conjuntas: hay comida en la heladera”

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Mientras se la llevaban los militares decidió que había que trasmitirle tranquilidad a su marido: escribió el mensaje en un papel y lo dejó sobre la mesa para que lo encontrara al volver. Más de 40 años después, su hijo subió esa pequeña carta a las redes sociales y dio la vuelta al mundo. Infojus Noticias habló con los protagonistas para reconstruir la historia de ese gesto de amor en medio del horror.

Graziella Formoso desayunaba y se apuraba para ordenar. Eran las nueve de la mañana y su padre la estaba por pasar a buscar para llevarla de Pando hasta Montevideo, donde cursaba en la facultad de la Agronomía. Ese día, el 9 de julio de 1974, le tocaba la clase de Edafología 2. Su marido Luis había salido más temprano: era fecha patria en Argentina y de eso hablaba la radio que sonaba de fondo.
Graziella recogía sus apuntes para irse a la facultad y Blanquita, la lavandera del barrio, desplegaba la ropa en la calle. Entonces los vio: un grupo de militares se acercaba por la vereda. “Están viniendo para acá”, pensó, mirando la cara aterrada de la lavandera. Y esperó. Los hombres golpearon la puerta y entraron sin mediar palabra. Avanzaron hacia la pieza de entrada donde estaba el juego de comedor, regalo de su mamá. En la mesa había papeles desparramados y un adorno con los versos de “Caminante no hay camino” de Antonio Machado. Eso miraba fijo Graziella cuando se animó a preguntar:
-Ustedes quiénes son.
Eran las Fuerzas Conjuntas, el organismo de la dictadura que abarcaba las Fuerzas Armadas y la Policía. Le preguntaron su nombre. Ella respondió. Le dijeron que tenía que irse con ellos.
-Yo soy el capitán Aguerre.
Graziella pensó en su marido. Sacó una hoja y una lapicera del bolso de la facultad y escribió: “Luis: me vinieron a buscar las fuerzas conjuntas. Hay comida en la heladera”. Tenía 21 años, estaba aterrada pero necesitaba transmitirle tranquilidad. Todo tenía que seguir como siempre.

Graziella no veía nada por la capucha pero en el camión percibió las piernas largas de Adriana, una compañera de la Unión de Juventudes Comunistas (UJC). Viajaron durante 45 minutos por un camino accidentado. Cuando las bajaron se dio cuenta que estaban cerca de una estación de tren. Plantadas frente a una pared blanca, miraban el piso de cemento y escuchaban como alguien corría de acá para allá:
-¡Número! – gritaba uno de los militares.
El mayor Mario Aguerre era el encargado del operativo. El capitán Eduardo Caussi hacía los interrogatorios. Años después Graziella sabría que estaban en un cuartel de San Ramón, al norte del departamento de Canelones y que el jefe allí era teniente coronel Juan Carlos Geymonat.
Eran las 10 y media de la mañana cuando la hicieron pasar a la sala sanitaria donde un médico le preguntó si padecía alguna enfermedad, si tomaba alguna medicación. Después de tomarle los datos y preguntarle por su obra social le dijo:
-¿A quién le avisamos en caso de fallecimiento?
Graziella les dio la dirección de sus padres y la volvieron a subir al camión. Pudo correrse un poco la capucha y allí vio a Adriana y a otra compañera, Alicia. El grupo electrógeno del vehículo, que se encendía y apagaba, la ponía nerviosa.
“Luis y mis padres ya deben saber que me llevaron. La lavandera les tiene que haber contado todo”, se decía para tranquilizarse. Y de golpe se dio cuenta por qué estaba ahí: había participado de unas pintadas para denunciar la muerte de la estudiante Nibia Sabalsagaray, asesinada mientras la torturaban con submarino seco. Recordaba la última vez que la había visto viva. Estaba sentada sobre una mesa junto a un montón de volantes, con una polera amarilla y una falda negra. Sonreía.
La autopsia de Nibia la hizo el entonces médico, Marcos Carámbula, que luego en democracia llegaría a ser intendente de Canelones. Su familia había pedido una autopsia porque los militares decían que se había suicidado. En eso pensaba Graziella todavía arriba del camión.
Allí los días pasaban todos iguales. Las mantenían paradas desde las seis de la mañana hasta las 10 de la noche. Y cada tanto las dejaban ir al baño. Primero interrogaron a Alicia, se quebró y la liberaron. Años después sería la maestra de su primer hijo. A Adriana la llevaron para hacerle submarino y después la encerraron en una celda.
Y le llegó su momento.
El teniente Caussi le preguntó sobre los comunistas.

-Yo fui a un colegio católico. No tengo nada que ver con comunistas- respondió Graziella.
Desde el otro cuarto escuchaba cómo hablaban de los itinerarios de pintadas de militantes de la Federación de Estudiantes Universitarios de Uruguay (FEUU). Allí escuchó los nombres de sus compañeros y el suyo propio. Y se quedó sin aire, como si le estuvieran comprimiendo el pecho. Los habían delatado y esperaban que ella hiciera lo mismo. Se calló la boca.
Le hicieron firmar un papel donde decía que no había recibido malos tratos y se resignó. Sentía que iba a pasar allí mucho tiempo. Así que se impuso una rutina: barrer la celda con una escoba chica, y caminar. En un momento un oficial, de traje impecable, se acercó al agujero de su puerta para preguntarle por qué no comía carne.
-Soy vegetariana
-Si no come, se va morir.
Supo después que era el coronel Geymonat.

El 18 de julio, otra fecha patria, pero esta vez de Uruguay, la volvieron a subir al camión. Grazziela pensó que la llevaban a otro chupadero, pero la bajaron en una esquina de Pando, su ciudad. Estaba libre. No lo podía creer. Lo primero que hizo fue refugiarse en una iglesia y agradecerle a la Virgen.
No quería volver a su casa. Tenía miedo y tampoco tenía plata para pagar el boleto hasta lo de sus padres. Fue hasta la casa de la madre de Adriana y de allí la llevaron a la granja donde se reencontró con su familia. Su cuñado Dámaso y sus padres habían recorrido todo Canelones para encontrarla. Dieron con su paradero porque un militar filtró su nombre.
A Luis, su marido, lo vio recién varios días después.

***

“Después de estas experiencias hay cosas en ti que cambian. Empecé a apreciar la suerte de tener un hogar con Luis, a mis padres, a mi cuñado. Empecé a valorar el poder moverme con libertad, sin cuerdas en las manos y sin capuchas”, dice Graziella a Infojus Noticias.
Tuvo que dejar la facultad porque perdió el semestre. Y empezó a ayudar a sus padres en la granja. Despicaba pollos, los vacunaba, clasificaba los huevos. Luis trabajaba como profesor de matemáticas en un secundario hasta que lo destituyeron en 1976. Antes de eso, volvieron a allanar su hogar dos veces más. Los llevaban a la fuerza de choque de Canelones en vagones de ferrocarril. Allí conoció a otra encapuchada, Jovita Lainez, una argentina que habían detenido en Montevideo. Graziella declaró esto mismo en la Comisión para la Paz creada por el presidente Jorge Batlle (2000-2005).
El matrimonio Rodríguez tuvo la posibilidad de exiliarse en Buenos Aires pero decidieron quedarse en Uruguay porque sus familias necesitaban ayuda.

Con la llegada de la democracia, en 1985, restituyeron en el cargo a Luis, quien falleció de muerte súbita en 1999. Graziella se quedó sola criando a sus hijos Luis Humberto y Pablo. El mayor es psiquiatra y el menor, Pablo, se está por recibir de abogado. Fue él quien, la semana pasada, publicó en Facebook la nota que su madre le dejó a su padre 41 años atrás. Esa cartita la había guardado su abuela en una biblia todos estos años y se la legó como un tesoro cuando falleció. Pablo posteó la nota y se viralizó al instante. En Uruguay, donde una política de Estado para juzgar a los militares y reparar a las víctimas sigue siendo una deuda, esta cartita apareció como una manera de recuperar la memoria.
Después de que falleciera su marido, el secundario donde trabajaba Luis lo homenajeó nombrando una sala con su nombre. Ahora Graziella se dedica al acompañamiento de enfermos, luego de cuidar durante muchos años a su hermano. Conserva poco contacto con sus compañeros de militancia. Y se ha aferrado toda la vida, dice, a la máxima artiguista: “Nada podemos esperar sino de nosotros mismos.”

Las torturas y hogueras católicas.

En 1252, el papa Inocencio IV autorizó en la bula Ad extirpanda el uso de la tortura para obtener la confesión de los reos acusados de herejía. Se recomendaba a los torturadores no se excedieran hasta el punto de mutilar al reo o finiquitarlos. Las penas eran variables. Los que se negaban a abjurar, “herejes relapsos”, eran entregados al brazo secular para la ejecución de la pena de muerte.Esa decisión fue el inicio de siglos de un masivo desarrollo y aplicación de métodos de tortura que incluían el diseño de toda clase de máquinas e instrumentos de tormento,con la presencia bajo el beneplácito de la Iglesia Católica de una caterva inmensa de torturadores profesionales que no satisfechos con torturar y asesinar de las maneras más tortuosas extendieron posteriormente su actuación a la persecusión paranoica y enfermiza de “brujas” que solo existían en sus delirios criminales pero que llevó al dolor y la muerte a incontables mujeres.

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Así incentivan Europa y EEUU el hambre y la emigración masiva en África.

Aunque la imagen más explotada de África son sus sabanas y desiertos, en realidad el continente está poblado de gigantescos terrenos fértiles para el cultivo.Sin embargo, los africanos padecen hambre. ¿Cómo es posible esto disponiendo de tierras abundantes para su cultivo?

“Muchos países subsaharianos son potenciales graneros”, señalan desde la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Sin embargo, África se ve obligada a importar un gran número de alimentos. En 2010, las importaciones de los países subsaharianos alcanzaron los 70.000 millones de dólares, frente a los 30.000 millones de dólares de sus exportaciones. Según una comisión económica de Naciones Unidas, África importa en total alrededor de un 80 por ciento de los alimentos que consume, entre ellos algunos de consumo básico como el maíz, el trigo, el arroz, la soja o la leche.

Gran parte de estos alimentos importados proviene de la Unión Europea (UE), donde LAS SUBVENCIONES PERMITEN A LOS AGRICULTORES OFRECER UNOS PRECIOS QUE DE OTRO MODO NO CUBRIRÍAN LOS COSTES DE PRODUCCIÓN. En total, la UE ingresa 18.300 millones de euros (20.600 millones de dólares) por la venta de alimentos a África, entre ellos cereales, leche en polvo y aceite vegetal.

“Los Gobiernos africanos tienen que proteger sus industrias locales ante el dumping de los precios extranjeros”, afirma el ingeniero agrónomo Nick Kotze, de la Universidad Stellenbosch en Sudáfrica. Pero esta afirmación no es tan fácil de llevar a cabo. Entre otros, la FAO ha criticado las “PRÁCTICAS COMERCIALES INJUSTAS” de los socios africanos, incluida la UNIÓN EUROPEA Y ESTADOS UNIDOS.

En el marco de sus Acuerdos de Partenariado Económico (APE), Bruselas permite a los países de África un acceso libre de cuotas y aduanas a determinados mercados a cambio de la apertura de la mayoría de mercados africanos. Esto acaba dañando a las industrias africanas o impidiendo que éstas se creen, pues no pueden competir con la UE. Y sin embargo, Gobiernos como el keniano lo firmaron, pues Bruselas amenazó con barreras a la importación de flores, una de las principales exportaciones del país.

Los expertos critican además que los elevados impuestos para la importación de alimentos procesados EN LOS PAÍSES DE DESTINO obligan a los agricultores africanos a exportar sus productos sin elaborar y, por tanto, más baratos. Así, café y cacao -que en Europa no se cultivan- están libres de impuestos. Si el café fuera tostado o torrefacto, se le aplicaría una tasa del 7,5 por ciento y al cacao en polvo, del 7,7. Pero después, África reimporta estos productos procesados a precios muchísimo más altos.

Con todo, los acuerdos comerciales no son la única losa para la agricultura africana. A menudo, el desarrollo agrícola fracasa debido a una mala gestión política y la falta de infraestructuras, a lo que se suma una baja productividad y unas deficientes condiciones de trabajo. Aunque más de la mitad de la población está empleada en este sector, la agricultura sólo supone un 15 por ciento del PIB africano total, según el Banco Africano de Desarrollo.

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“Los intelectuales fueron los principales clientes del nazismo.”

Christian Ingrao: “Los intelectuales fueron los principales clientes del nazismo”

El historiador francés experto en el nazismo Christian Ingrao publica Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS (Acantilado), un monumental ensayo que demuestra que muchos de los asesinos del régimen nazi eran universitarios cultivados.

ANDRÉS SEOANE | 22/06/2017

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¿Cómo se puede ser un intelectual sensible a la cultura y un ferviente defensor del nazismo a un mismo tiempo? Hasta ahora al pensar en soldados del Reich o en oficiales de cuerpos como las SS nos imaginábamos a individuos sin estudios y extraídos de los bajos fondos, populacho próximo a la barbarie encandilado por un genio del mal como Adolf Hitler. Lo bueno de este mito es que nos permite delimitar claramente la línea entre hombre y monstruo y suscribir la evocadora cita de Theodor Adorno sobre Auschwitz y la poesía. Pero existe un problema que plantea la realidad. El nazismo, y todas las atrocidades de las que fue responsable, no fueron producto de una masa enfervorecida por ciegas ensoñaciones patrióticas, sino el resultado de una ingeniería científica y unas construcciones académicas creadas por intelectuales y eruditos afectos a una ideología que les permitió superar sus traumas privados y colectivos. En el monumental ensayo Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS (Acantilado), el historiador francés experto en el nazismo Christian Ingrao analiza la trayectoria de 80 miembros intermedios de las SS y las SD, todos universitarios, muchos doctores, juristas, economistas, filólogos, filósofos e historiadores que conformaron de forma entusiasta el corpus central del régimen nacionalsocialista.

Porque lo que Ingrao pretende demostrar es una tesis a priori sencilla pero muy reveladora. “No hay que estudiar el nazismo como un sistema de ideas, sino como un sistema de creencias que subvierte, a través de un proceso emocional, la pertenencia social y cultural”, explica. “El nazismo fue atractivo para obreros y campesinos, para gente de clase media y para gente de clase superior, y la única población que realmente no se sintió atraída por el nazismo fueron los judíos”. Pero más allá de la retórica populista y de la crispada situación social, ¿qué llevo a estos hombres cultos a participar de la subsiguiente barbarie que generó el régimen de Hitler, a comer, como dijo Heinrich Böll, del “sacramento del búfalo? “Lo que diferencia al nazismo de otros tipos de etnonacionalismo que se vivieron en Alemania entre 1919 y 1925 es que es un planteamiento determinista racial, lo que significa que para cualquier persona que lo interioriza todo está condicionado por un sistema de jerarquización racial, que para los nazis tiene una justificación científica”, afirma Ingrao. “El nazismo distorsiona a través de la emoción la manera en que los individuos y los grupos perciben el mundo”.

El nazismo logró transformar la angustia de la Gran Guerra en una utopía política”

Este planteamiento de la interiorización puede ser suficiente para explicarnos la pertenencia de estos académicos a los cuerpos represores del Estado, pero se queda algo estrecho a la hora de tratar de comprender como estos intelectuales comprometidos participaron, entusiastamente en muchos casos, en los Einsatzgruppen, los “comandos de ejecución” que se dedicaron a asesinar en los países de Europa del Este a más de 1.400.000 judíos, oficiales, comisarios políticos, soldados, intelectuales, patriotas, gitanos… Para Ingrao eso se explica por una necesidad desesperada de creer en su nación surgida de la humillante e inesperada derrota de 1918 y el subsiguiente maltrato recibido en el Tratado de Versalles. “Estos hombres eran niños y adolescentes durante la Primera Guerra Mundial, y sufren entonces una experiencia sumamente traumática, el resurgimiento de la muerte de masas a niveles nunca vistos desde la Peste Negra del siglo XIV. De los 3000 muertos diarios, 1700 eran alemanes”, asegura el historiador.

Pero además del drama mortal, Alemania perdió la guerra, lo que provocó el cuestionamiento de la existencia misma de la nación a nivel político e incluso físico. “Alemania se vio abrumaba por un sentimiento de angustia colectiva y muerte inminente que, analizado y dotado de sentido por el nazismo, asume de una manera suficientemente convincente para que una gran cantidad de intelectuales se impliquen de una manera convencida”. Según el historiador, una de las claves del triunfo del nazismo es que “ha asumido la herida narcisista de la Gran Guerra y la ha explicado, transformando la angustia en una utopía política cuyos principales clientes son estos intelectuales acostumbrados a las emociones intensas. Pasan de una emoción muy oscura que es la angustia, a un fervor cuasi religioso. Por eso cuando tienes un intelectual que interioriza ese nazismo, cree en él con todas sus fuerzas, con toda su alma y con todo su cuerpo”.

Y aquí es donde entra en juego la segunda parte de la propuesta de Ingrao, el destruir, que nace de la lógica racial nazi de suponer que la raza que no lucha y vence, perece, lo que explica la lógica apocalíptica adoptada por la Segunda Guerra Mundial. “En el nazismo el creer y el destruir están imbricados. El creer es creer en la voluntad de destrucción del otro para con uno mismo. El imaginario de la destrucción consiste en imaginar que te van a destruir a ti y actuar primero”. Por eso la violencia, primero como deportación, luego como asesinato y después como exterminio, estaba justificada e incluso era necesaria para la salvación de Alemania. En este contexto nace el ideario de la “Conquista del Este” llevada a cabo por los Einsatzgruppen, el plan para germanizar los territorios existentes hasta los Urales, el Cáucaso y las llanuras del Caspio con población alemana, lo que supondría el exterminio o deportación de unos 50 millones de personas. “El nazismo también fue un proyecto político que, por la dimensión imperial de la conquista del espacio vital, se otorga la idea de fundar un imperio que sea milenario en el cual una nueva sociedad podrá organizarse y el fermento de conflictos que existe en todas las sociedades quedará eliminado para siempre”, recuerda Ingrao.

Ninguno de estos hombres estará convencido de que lo que ha hecho era condenable moralmente”

No obstante, a pesar de estos sueños megalómanos y a sus perversos medios de ejecución, Ingrao no considera que estos intelectuales fueran unos fanáticos, sino que eran hombres muy comprometidos emocionalmente, y “dispuestos a hacer inmensas concesiones y sacrificios para no renunciar a la creencia”. Un punto de vista que contrasta con el resultado final. Como sabemos, la guerra termino de nuevo con derrota alemana, un hecho que divide profundamente a los dignatarios nazis. Como recuerda el historiador, “en lo que respecta a la primera generación, los que han vivido como adultos la derrota de la Primera Guerra Mundial y viven en el 45 una segunda derrota, la mayoría prefieren renunciar a la vida antes que enfrentarse a la realidad”. Pero no ocurre lo mismo con estos intelectuales de grado intermedio, en muchos casos con las manos mucho más manchadas de sangre que los jerarcas más conocidos. “La segunda generación de dirigentes nazis no decide lo mismo. Son asesinos, y en ese sentido sí se han comportado como fanáticos, pero al final en los últimos meses de la guerra toman la decisión fundamental de decidir sobrevivir e intentar adaptarse al mundo tal y como pudiera plantearse”, recuerda Ingrao.

Eso sí, en ellos no hay el menor signo de arrepentimiento y en un principio ni siquiera de renuncia al nazismo. “Siguen siendo nazis, porque el nazismo no muere en mayo del 45. En realidad, comienza a morir en el invierno del 46, cuando los aliados toman la decisión bastante increíble de alimentar a las poblaciones alemanas, a menudo a costa del sacrificio de sus propias poblaciones”. Muchos de estos hombres se libraron de ser detenidos o tardaron en comparecer ante un juez, pero en la gran mayoría de los casos expresaron más justificaciones que arrepentimiento, echando definitivamente por tierra el estereotipo de burócrata nazi defendido en La banalidad del mal por Hannah Arendt (de hecho, se asegura que el propio Eichmann fingió y la filósofa mordió el anzuelo). “Ese arrepentimiento supondría aceptar que lo que habían hecho era moralmente condenable. Todas las respuestas que dan esos hombres son estrategias de huida o de escape, porque ninguno de ellos estará convencido de que lo que ha hecho era condenable moralmente”, afirma tajante Ingrao. “Lo que hicieron fue tan bestia y transgresor que, si hubieran aceptado ese condicionamiento moral de lo que habían hecho, se hubiesen visto en la obligación de suicidarse. Y eso sería ya ciencia ficción”.

La primera cárcel privada en Uruguay: una inversión de 120 millones de dólares.

La primera cárcel privada en Uruguay representa una inversión de 120 millones de dólares. (20/6/17)
Por: Álvaro Delgado Vivas.

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Uruguay tendrá en pocos meses su primera cárcel privada, y será la segunda más grande del país. El innovador negocio carcelario fue abordado durante un intercambio académico organizado por la Comisión de Derechos Humanos del Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales. La discusión giró en torno a las políticas públicas de seguridad y el interés que incita la gestión de centros penitenciarios en base a lógicas empresariales.

En el debate, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Sociales, expusieron el comisionado parlamentario para el sistema penitenciario, Juan Miguel Petit, el sociólogo Rafael Paternain, la psicóloga María Ana Folle, y el integrante del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) Mauro Tomasini.

El nuevo establecimiento carcelario es el primero en regirse por la Ley de Contratos de Participación Público-Privada (PPP), N° 18.786, promulgada en 2011, que autoriza la realización de obras de infraestructura y prestación de servicios.

La licitación pertenece al consorcio Sociedad Anónima Punta Rieles, conformado por las empresas Teyma, Abengoa, Inabensa y Goddard Catering Group. La inversión es de aproximadamente 120 millones de dólares, y será el primer caso en que una empresa privada prestará un servicio carcelario al Estado uruguayo. Lo hará durante 27 años y medio de contrato y, además de la infraestructura, el consorcio proveerá el servicio alimentario, de limpieza y lavandería.

El Estado, por su parte, se encargará tanto de la seguridad y administración, como del modelo de tratamiento de rehabilitación.

Capacidad para 1.960 reclusos

Según expuso Petit, el proyecto está en obra desde mediados de 2015 y se espera que comience a funcionar en setiembre de este año.

La capacidad del centro penitenciario será para 1.960 personas privadas de libertad, en un predio de 25 hectáreas.

Por concepto de “hotelería” debe entenderse que el Estado abonará al consorcio, según expusieron los especialistas, un costo estimado de 670 pesos por día y por recluso, hasta que finalice el contrato.

En caso de que la cárcel se encuentre llena, el Estado debería pagar unos 18 millones de dólares anuales, que multiplicados por los veintisiete años y medio que dura el contrato, implican cerca de 500 millones dólares. Además, el acuerdo implica que de superarse la población carcelaria se incrementará el pago por parte del Estado a las empresas.

El sociólogo Rafael Paternain se basó en las experiencias de casos de cárceles privadas en Chile, México y Estados Unidos, para plantear que estos modelos carcelarios van “hacia una tendencia que focaliza al recluso como una mercancía. El sujeto pasa de ser un sujeto de depósito a obtener un nuevo estatus de revalorización económica, lo que implica pensar que la lógica de estas cárceles neoliberales supone que estas dos mil plazas se llenen de inmediato”.

Paternain agregó que “seguramente se presione hacia el hacinamiento, pues el Estado debe pagar sobrecostos o multas cuando se supere esta frontera (de 1.960 internos), lo que constituye un excelente negocio para los administradores de estos proyectos, tal como las tarjetas de crédito, que ganan con los atrasos. En la experiencia chilena siempre hubo sobrecostos por pasarse de la cantidad de plazas”.

Por otro lado, ilustró que, aunque no hubo una discusión de por medio, el sistema penitenciario necesitaba construir de manera rápida un nuevo establecimiento que diera respuesta a los problemas estructurales.

Petit reconoció esa “mala fama” de las experiencias en otros países de la región, pero también señaló que Uruguay está muy atrasado en el diseño arquitectónico de los centros carcelarios y el sistema en sí es muy pobre. Dijo que ante la preocupante cantidad de personas privadas de libertad y ante la situación en la que viven se precisan más centros carcelarios y, que si bien preferiría varios centros de menor tamaño, espera que esta apuesta funcione.

“El sistema carcelario no está contemplado dentro de la agenda y se encuentra por fuera de las políticas públicas. El Parlamento no contempla destinar dinero para cárceles que no tienen autonomía técnica para reclamar recursos necesarios”, dijo.

Asimismo, resaltó que en esta nueva cárcel se buscará un trato humano, rodeado de un alto contenido tecnológico, y que el rol del Estado será muy importante debiendo encargarse de la educación, la salud, el deporte, la ciudadanía y la cultura.

Una cárcel público-privada gestionada por un gobierno progresista

Por su parte, la psicóloga María Ana Folle revisó las opciones que brinda el abolicionismo penal para delitos menores, e ilustró el tema a través de casos de personas involucradas en el menudeo y comercio de drogas en los que, de recurrirse a medidas alternativas a la privación de libertad, podrían evitarse las situaciones de hacinamiento, violencia física y psicológica.

Folle no dejó pasar la oportunidad para atribuirle al Estado la responsabilidad concreta de las 36 muertes de internos durante el año pasado, y expresó que “todos debemos ser conscientes de que en medio de un contexto de neoliberalismo complejo se va a abrir una cárcel público-privada gestionada por un gobierno progresista”.

Planteó que todos los ciudadanos son susceptibles de ser víctimas de cualquier suceso fatal, y que “en esta era de humanitarismo quizás se pueda pensar desde nosotros, haciendo una inversión de ese lugar de la víctima, para ponernos en situación de sintonía con esa víctima, pero superando todas aquellas situaciones por las que esa persona está hoy en la cárcel”.

Mientras que Mauro Tomasini habló de lo mucho que cuesta relacionarse con personas privadas de libertad, lo cual debe ser revisado por los políticos, la academia y las organizaciones.

Además, criticó la falta de rehabilitación del sistema carcelario adulto, y dijo que “no hay un planteo serio. No hay acompañamiento posterior a la libertad del sujeto, no se sabe cómo se trabaja dentro de la cárcel, no hay un abordaje ni intervención. Antes de hablar de una nueva cárcel y cómo va a operar, es necesario definir esto”.

La crítica a la ciencia del filósofo Bergson en tres frases.

Extracto de “La Evolución Creadora” del filósofo francés Henri Bergson

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LA VIDA ES UN PROCESO INCALCULABLE.

¿El estado de un cuerpo vivo encuentra su explicación completa en e! estado inmediatamente anterior? Sí, si convenimos a priori en asimilar el cuerpo vivo a los otros cuerpos de la naturaleza, y en identificarle, para las necesidades de la causa, con los sistemas artificiales sobre los que operan el químico, el físico y el astrónomo. Pero en astronomía, en física y en química, la proposición tiene un sentido bien determinado: significa que ciertos aspectos del presente, importantes para la ciencia, son calculables en función del pasado inmediato. Nada semejante en el dominio de la vida. Aquí el cálculo afecta, todo lo más, a ciertos fenómenos de destrucción orgánica. Por el contrario, de la creación orgánica, de los fenómenos evolutivos que constituyen propiamente la vida, no entrevemos incluso cómo podríamos someterlos a un tratamiento matemático. Se dirá que esta impotencia apoya en nuestra ignorancia. Pero puede también expresar que el momento actual de un cuerpo vivo no encuentra su razón de ser en el momento inmediatamente anterior y que es preciso unir a él todo el pasado del organismo, su herencia, en fin, el conjunto de una historia muy larga.

LA CIENCIA PREDICTIVA SOLO ENTIENDE LO QUE SE REPITE.

Pero contra esta idea de la originalidad y de la imprevisibilidad absoluta de las formas se subleva nuestra inteligencia. Porque precisamente nuestra inteligencia, tal como la ha modelado la evolución de la vida, tiene por función esencial iluminar nuestra conducta, preparar nuestra acción sobre las cosas, prever para una situación dada los sucesos favorables o desfavorables que podrán seguirse de ella, Aísla pues instintivamente, en una situación, lo que se parece a lo ya conocido; busca lo mismo, a fin de poder aplicar su principio de que “lo mismo produce lo mismo”. En esto consiste la previsión del porvenir para el sentido común. La ciencia lleva esta operación al más alto grado posible de exactitud y de precisión, pero no altera su carácter esencial. Como el conocimiento usual, la ciencia no retiene de las cosas más que el aspecto repetición. Si el todo es original, se las arregla para analizarlo en elementos o en aspectos que sean poco más o menos la reproducción del pasado. Ella no puede operar más que sobre lo que se considera ha de repetirse, es decir, sobre lo que se sustrae, por hipótesis, a la acción de la duración. Lo que hay de irreductible y de irreversible en los momentos sucesivos de una historia, eso se le escapa. Es preciso, para representarse esta irreductibilidad y esta irreversibilidad, romper con hábitos científicos que responden a las exigencias fundamentales del pensamiento, hacer violencia al espíritu, remontar la pendiente natural de la inteligencia. Pero éste es precisamente el papel de la filosofía.

LA TOTALIDAD DE LO REAL ES INDIVIDISIBLE.

El todo real podría ser muy bien, decíamos, una continuidad indivisible: los sistemas que recortamos en él no serían entonces, hablando con propiedad, partes; serían consideraciones parciales tomadas sobre el todo. Y con estas consideraciones parciales reunidas no obtendríais ni siquiera un comienzo de recomposición del conjunto, como tampoco multiplicando las fotografías de un objeto, bajo mil aspectos diversos, no podríais reproducir su materialidad. Así, en cuanto a la vida y a los fenómenos físico-químicos en los que se pretendiese resolverla. El análisis descubrirá sin duda en los procesos de creación orgánica un número creciente de fenómenos fisico-químicos. Y a ellos se atendrán los químicos y los físicos. Pero no se sigue de ahí que la química y la física deban darnos la clave de la vida. Un elemento muy pequeño de una curva es casi una línea recta. Tanto más semejará a una línea recta cuanto más pequeño se le tome. En el límite, se dirá, según se quiera, que forma parte de una recta o de una curva. En cada uno de sus puntos, en efecto, la curva se confunde con su tangente. Así la “vitalidad” es tangente en no importa qué punto a las fuerzas físicas y químicas; pero estos puntos no son, en suma, más que las consideraciones de un espíritu que imagina detenciones en tales o cuales momentos del movimiento generador de la curva. En realidad, la vida no está hecha de elementos físico-químicos, al igual que una curva no está compuesta de líneas rectas.

El gobierno de México espía y persigue a los ciudadanos de su país.

(Nota previa: Hemos adjuntado a este artículo otro en el que se describen los metodos de espionaje electrónicos utilizados)

El gobierno atenta contra los periodistas y la libertad de expresión de los mexicanos
Por GUILLERMO OSORNO 19 de junio de 2017

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CIUDAD DE MÉXICO — La noticia de que el gobierno mexicano podría estar usando el software Pegasus, una tecnología especial destinada al combate de grupos criminales, para espiar e intimidar a defensores de derechos humanos, líderes anticorrupción y periodistas es un ejemplo de cómo el régimen autoritario nunca se fue de este país.

El asunto es particularmente grave en el contexto de violencia contra la prensa. México es uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el oficio periodístico. Solo en este año han asesinado a seis periodistas. Casi la totalidad de los 106 asesinatos de periodistas desde el año 2000 a la fecha ha permanecido impune.

El asesinato hace poco más de un mes de Javier Valdez, un periodista conocido y valiente, fundador del semanario Riodoce, ha vulnerado como nunca antes al gremio y ha levantado enormes cuestionamientos sobre la capacidad, pero sobre todo la voluntad del Estado mexicano de ofrecer alguna protección efectiva. Las revelaciones de espionaje a periodistas solo abonan a la idea de que, más que proteger a la prensa, el gobierno mexicano la mira como un grupo disidente o, de plano, como un enemigo.

De acuerdo con la investigación de The New York Times, dos periodistas de alto perfil han sido víctimas de ataques cibernéticos; uno de ellos es Carlos Loret de Mola, que tiene un noticiero televisivo en las mañanas y una influyente columna en el periódico El Universal; la otra es la popular conductora de radio Carmen Aristegui. Ella y su equipo publicaron a finales de 2014 una investigación que señalaba cómo la elegante casa de la primera dama había sido financiada por uno de los principales constructores de obra pública de México.

En cualquier otro país, Carmen Aristegui habría recibido premios por su investigación. En México, los periodistas de su equipo fueron cesados por supuestas violaciones del contrato laboral. Ella amenazó con renunciar si no reinstalaban a sus colegas y luego fue despedida. Más tarde fue objeto de demandas judiciales.

A partir de 2015, Carmen Aristegui comenzó a recibir mensajes de texto desde números desconocidos pidiendo que hiciera clic en un vínculo que, por ejemplo, le advertía que podía ser encarcelada. Los mensajes comenzaron a llegar también al número de teléfono de su hijo. Si el receptor de estos mensajes hace clic, el sistema de espionaje se infiltra en el teléfono y permite monitorear todas las actividades del celular.

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Carmen Aristegui, la cara más conocida del caso de espionaje a los periodistas mexicanos, habla durante una rueda de prensa con activistas y defensores de derechos humanos, el 19 de junio en Ciudad de México. Credit Henry Romero/Reuters
Pero además, la página web de Aristegui Noticias ha sido intervenida un par de veces y a finales del año pasado unos asaltantes entraron a su oficina para robar una computadora. A pesar de que las cámaras captaron sus caras y ellos dejaron huellas por todos lados nadie ha sido detenido.

Unas horas después de la publicación del reportaje de The New York Times, la Red en Defensa de los Derechos Digitales, R3D, junto con las organizaciones Artículo 19 y Social TIC, presentaron un informe que documentaba 76 casos más de intento de espionaje a periodistas y defensores de derechos humanos: según el informe, Loret de Mola fue objeto de estas acciones cuando investigaba sobre la ejecución arbitraria de 22 personas en Tanhuato, Michoacán; otros periodistas del equipo de Aristegui también habrían sido espiados, y dos periodistas más de la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad recibieron mensajes de texto luego de la publicación de una investigación que revelaba la corrupción del gobernador de Veracruz, Javier Duarte.

Este hostigamiento a la prensa pertenece al mismo patrón de lo que sucede cotidianamente a cientos de periodistas en el país. De acuerdo con los datos, además de los grupos criminales, los propios representantes del gobierno son la principal fuente de amenaza al gremio. La intimidación viene sobre todo de alcaldes y policías.

Hay otras formas de amago gubernamental más sutiles: las autoridades no solo no investigan los asesinatos de los periodistas, sino que normalmente niegan que el asesinato haya tenido que ver con el ejercicio periodístico, incluso antes de que comience la investigación. También sucede que los periodistas asesinados son objeto de campañas de difamación que se gestionan por medio de filtraciones de su vida privada en las páginas de la prensa cercana al régimen.

El espionaje, pues, es solo una forma nueva y sofisticada de algo que sucede desde hace varios años. Tiene un efecto igualmente silenciador, pues el periodista no solo se da cuenta de que ha sido atacado, sino que la información que se obtiene por esta vía ilegal es privada y puede ser usada como chantaje, además de que pone en riesgo a las fuentes involucradas.

Cabe preguntarse qué se puede hacer si el gobierno es al mismo tiempo juez y parte del problema. Luego de su débil respuesta a los cuestionamientos sobre corrupción y complicidad con el crimen organizado que provocaron los casos de la Casa Blanca de Peña Nieto y la desaparición de los estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, existe la impresión de que no hay verdaderos mecanismos de verdad y justicia en México.

Algo parecido sucede con los casos de periodistas asesinados. Ante la incapacidad del gobierno de ofrecer protección efectiva, más de 350 periodistas de todo el país se reunieron recientemente en el Palacio Postal de Ciudad de México a discutir una agenda de medidas urgentes para combatir la violencia. Por su parte, hace un mes, dueños de los medios que normalmente no se pronuncian sobre estos temas publicaron un desplegado condenando la violencia y llamando también a una reflexión colectiva que aún no se celebra.

Luego de tres días de discusión e intercambio, quedó clara la necesidad de que los periodistas se procuren una organización por medio de redes de solidaridad estatales y nacionales que establezca al mismo tiempo vínculos internacionales, una organización que pueda explicar mejor a la sociedad que cuando se amenaza, espía o mata a un periodista se atenta contra el derecho de libertad de expresión en México. En fin, es lo mejor que se puede hacer por ahora que la institucionalidad del Estado está socavada y que el gobierno mira al periodismo como su adversario.

Guillermo Osorno es periodista y escritor mexicano. Es fundador de la revista digital Horizontal.mx.

ADJUNTAMOS:

‘Están monitoreando nuestros teléfonos’: cómo descubrimos el ciberespionaje a mexicanos
Por AZAM AHMED y NICOLE PERLROTH 20 de junio de 2017

Azam Ahmed: A principios de este año, me llamó Mario Patrón, un destacado abogado de derechos humanos. Quería que habláramos en persona. Cuando llegó a las oficinas de The New York Times en México, se sentó en la sala de conferencias y me pidió mi teléfono. Enseguida, recogió los celulares de todos los demás en la sala, los sacó y los dejó en el vestíbulo, fuera del alcance de nuestra conversación. “Están monitoreando nuestros teléfonos”, me dijo.

Patrón explicó que él y dos abogados más de su equipo en el Centro Prodh, entre ellos el que representa a las familias de los 43 estudiantes desaparecidos de la escuela normal rural de Ayotzinapa, habían sido blancos de un programa espía muy sofisticado que puede intervenir un teléfono celular, incluido el micrófono. El software, conocido como Pegasus, puede monitorear llamadas, correos electrónicos, las citas en el calendario e incluso mensajes encriptados. Básicamente convierte un teléfono celular en un micrófono oculto.

Después, Patrón me presentó a Luis Fernando García, un activista de derechos digitales que había rastreado el uso del software en contra de activistas, periodistas y algunas otras personas. Me mostró más casos en los que sospechaba que habían utilizado el programa.

Encontramos que muchas personas han sido blancos: académicos anticorrupción, periodistas y familiares de al menos dos de los objetivos, como el hijo adolescente de Carmen Aristegui, una de las periodistas más reconocidas del país.

Casi todas las personas que entrevisté hicieron lo mismo que Patrón: dejaron sus teléfonos en otro lugar. Carlos Loret de Mola, conductor televisivo, hizo algo distinto. Comenzó a llevar consigo siete distintos celulares en todo momento y a usarlos de manera intermitente para frustrar cualquier intento de espionaje.

En especial, me interesaron los mensajes que recibió Aristegui, los cuales incluían un enlace que con un clic instala el programa espía. Mientras los revisaba, empecé a entrar en pánico. Recordé que había recibido mensajes idénticos y había dado clic en uno de ellos. El enlace estaba roto y me había llevado a una página en blanco. Le di poca importancia en ese momento: fue antes de que hubiera algún reportaje sobre NSO Group, el fabricante israelí que hizo el software, y de que se sospechara del abuso del gobierno mexicano.

Sin embargo, meses después, mi teléfono fallaba seguido. Llamaban y colgaban, las llamadas no se conectaban, las aplicaciones se cerraban de pronto. Me desesperó tanto que borré el contenido de mi teléfono. Por supuesto, al hacerlo nunca pudimos saber si el teléfono había sido intervenido. Ya no tenía el mensaje original con el enlace y, si el software se había descargado, ya se había borrado. Seguí trabajando, pero usé otro teléfono para llevar a cabo mi investigación.

Al investigar sobre el programa, me di cuenta de que la persona que había escrito la mayor cantidad de artículos sobre NSO Group había sido mi propia colega, Nicole Perlroth.

Busqué a Nicole para compartir mis avances, y decidimos hacer equipo. Rastreé y entrevisté a los sujetos —con la ayuda de Luis y otras personas de Artículo 19, un grupo de derechos de los periodistas en México— y Nicole investigó más sobre NSO Group.

En nuestra investigación, nos percatamos de que no había forma de saber de manera irrefutable si el gobierno de México estaba haciendo un mal uso del programa espía, el cual NSO Group asegura que solo pueden adquirir los gobiernos y únicamente se puede utilizar en contra de terroristas y criminales. Ni siquiera NSO Group podría saberlo. La empresa no puede rastrear el uso —o abuso— que hagan sus clientes del software.

Nicole Perlroth: La primera vez que supe de NSO Group fue en una conferencia sobre seguridad hace un par de años. Alguien que conocí en la conferencia me contó que eran los mejores en lo que hacían —vigilancia móvil—, lo cual me sorprendió, porque había cubierto la fuente de ciberseguridad durante cuatro años y nunca había escuchado de ellos. “Por eso son los mejores”, fue la respuesta.

Empecé a preguntar sobre NSO Group entre mis fuentes de las agencias gubernamentales y, sin falla, las personas se inquietaban. Fue evidente que había tocado una fibra sensible y me dio la impresión de que NSO Group era un secreto muy bien guardado. Finalmente, una de esas personas me reveló que les preocupaba que la lista de clientes que tenía la empresa crecía cada vez más, pero que los gobiernos que usaban las herramientas de NSO Group no tenían las mejores calificaciones en materia de derechos humanos.

Me pusieron en contacto con alguien que estaba dispuesto a proporcionar documentos internos de la empresa, los cuales tenían detalles de los clientes, costos y las capacidades de esta respecto de su principal producto: Pegasus, un sistema de rastreo móvil que puede vigilar de manera invisible todo lo que haces con tu teléfono. Puede rastrear todas tus conversaciones, correos electrónicos, mensajes de texto, llamadas, calendario, las teclas que pulsas, los detalles bancarios que revisas y dónde te encuentras.

En resumen, la empresa había diseñado el equivalente digital a que te siguieran todo el tiempo, solo que era mejor porque Pegasus puede registrar todo lo que recojan el micrófono e incluso la cámara de tu teléfono.

En septiembre, publiqué una historia sobre lo que sabía. Este reportaje —y otro que realizaron unos investigadores del Citizen Lab de la Escuela Munk de la Universidad de Toronto, en el cual se detallaba el uso de Pegasus en contra de un activista de derechos humanos de los Emiratos Árabes Unidos y un periodista mexicano— fueron una llamada de atención para que otros activistas y periodistas revisaran sus teléfonos en búsqueda de rastros del programa espía.

NSO Group siempre ha dicho que sus herramientas solo se utilizan para actividades criminales y terroristas, y que sigue un estricto proceso de investigación para determinar cuáles serán los gobiernos con los que hará negocios y cuáles no, con base en las calificaciones en materia de derechos humanos de cada país. Sin embargo, después de septiembre, comencé a escuchar que había cada vez más personas que recibían mensajes de texto sospechosos, los cuales después confirmaron estar ligados con el programa espía de NSO Group. Estos individuos no eran criminales ni terroristas; estaban lejos de serlo.

En la mayoría de los casos, eran expertos en política y defensores con buena reputación, algunos de los cuales incluso habían trabajado en el gobierno, pero todos tenían algo en común: se habían manifestado públicamente a favor de un impuesto nacional a los refrescos en México. Dos cosas eran claras: una autoridad del gobierno mexicano estaba usando Pegasus para favorecer los intereses de la industria refresquera o un tercero había tenido acceso a las herramientas de NSO Group. Casi inmediatamente después de la publicación de ese reportaje en febrero, me enteré de que solo era la punta del iceberg.

Poco tiempo después, supe de los activistas de derechos digitales en México que habían confirmado otros casos en que el programa espía de NSO Group había atacado a los abogados del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, una organización de derechos humanos en México que representa a las familias de los 43 estudiantes de Ayotzinapa que desaparecieron de forma misteriosa en 2014, y que además trabaja en otros casos de corrupción y abusos de perfil alto. Azam Ahmed también sabía de casos similares en el Centro Prodh, pero asimismo entre periodistas y sus familiares, así que decidimos trabajar en equipo.

La parte más perturbadora de esta historia es que hay tan pocos recursos legales en contra del abuso. Una vez que las herramientas de NSO Group llegan a las manos de los gobiernos, estos son los que deben regularse. La empresa realmente se entera por los periodistas, o de forma indirecta por las mismas víctimas, de los casos de abuso.

A pesar de que se ha hecho el intento, hasta este momento no existe un órgano a nivel mundial que regule el uso de programas espía. Los periodistas han sido los principales encargados de descubrir los casos de abuso y aun así es claro que nadie está investigando a nadie para asegurarse de que esto nunca vuelva a pasar.

De hecho, estas herramientas solo se están vendiendo a más gobiernos, muchos de los cuales tienen calificaciones terribles en materia de derechos humanos, y es alarmante saber que quizá únicamente estemos empezando a descubrir el tema.