La revolución fractal de la conciencia

LA REVOLUCIÓN FRACTAL DE LA CONCIENCIA
por Caitlin Johnstone

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La principal lucha de la humanidad es una lucha para llegar a ser más conciente. Esto es cierto tanto si habla de la humanidad como especie o de la sociedad humana en términos de naciones o comunidades o de  las relaciones interpersonales en una familia o estructura social específica, o de los procesos mentales internos de un ser humano individual.

Como un fractal, podemos ver esta misma lucha por la expansión de  la conciencia en todos las escalas de lo humano, sin importar qué tan lejano o cercano sea el punto de vista. En la escala global, la humanidad lucha periódicamentte por expandir la conciencia más allá de las distorsiones de la ignorancia y la propaganda hasta que se dan situaciones en que una masa crítica de personas comprende lo que realmente está sucediendo en su mundo y usa el poder numérico para forzar el fin de la opresión, la explotación, violencia y ecocidio que ejercen esas inmensas estructuras de poder que han sido establecidas en el planeta.

En la escala más pequeña se lucha por expandir la conciencia interna rompiendo las estructuras egocéntricas  y los hábitos mentales subconscientes que dictan nuestra atención, pensamiento y comportamiento y nos hacen sufrir y crear sufrimiento para los demás. Entre esos dos extremos existen luchas para expandir la conciencia frente a las dinámicas abusivas y poco saludables en las familias y las relaciones interpersonales, para expandir la conciencia en las culturas y sociedades particulares frente a las dinámicas abusivas y poco saludables en la distribución de la riqueza, la vigilancia, las relaciones raciales, el sexo y la sexualidad, y para expandir la conciencia entre las naciones y pueblos ante las dinámicas abusivas e insalubres en materia de política y gobierno.

Esta expansión de la conciencia no es un agradable paseo hippie por el parque pues tiene enemigos. Dentro de cada posible nivel del fractal existen fuerzas que se oponen a esa expansión de la conciencia. En todos los niveles hay sectores resistentes que expresan una tendencia a mantener las cosas ocultas en la inconsciencia, ya sea las estructuras de poder global ocultando sus actividades deshumanizadas detrás de la propaganda y la opacidad de los gobiernos, o las corporaciones ocultando sus fechorías detrás del velo de las relaciones públicas, o los líderes de culto y los explotadores religiosos ocultando su depravación detrás de la cortina doctrinaria y los rituales,  o las parejas y los padres que ocultann sus abusos con un manto de manipulación emocional, o a escala personal, los mecanismos habituales subconscientes que ocultan a la propia conciencia la incomodidad de un recuerdo cuya presencia resulta perturbadora.

En cada recurrencia del fractal, la humanidad está tratando de despertar de la matriz de la falsedad avanzando hacia un reconocimiento consciente de lo que es verdad. Y cada recurrencia tiene su propio Agente Smith tratando de evitar que ocurra ese movimiento de liberación. Cuando hacemos un trabajo interno profundo, ese Agente Smith con el que nos encontramos tiene la apariencia de la inercia, la cobardía, el intento continuo de alejar la mente de lo que resulta traumático y revelador. Cuando luchamos contra las estructuras de poder, los Agentes Smith terminamos luchando bajo la apariencia de los propagandistas y políticos engañosos. Por cada impulso hacia la conciencia hay un impulso en la dirección opuesta que viene de la oscuridad, no importa cuán grande o pequeño sea.

La buena noticia es que cualquier expansión de la conciencia en un nivel del fractal ayuda a expandir la conciencia en todos los demás. Las personas que han expandido su conciencia internamente son más hábiles para ayudar a expandir la conciencia de su sociedad, porque la manipulación interna de un Agente Smith a nivel individual es muy similar a las manipulaciones de los Agentes Smiths a gran escala. Una sociedad que expande su conciencia libera a su vez a los individuos para que se vuelvan más conscientes interiormente y ayuda a que la humanidad en su conjunto sea más consciente. Y cualquier expansión de la conciencia de la humanidad en su conjunto, como una mayor valoración de la importancia de la libertad personal, la igualdad y la justicia, beneficia a todos los demás niveles del fractal.

Solo debemos encender las luces para que todo lo que está oculto se pueda ver. Cualquier nuevo pedacito de luz hará que toda el panorama sea mucho más brillante, y hará que sea mucho más fácil para las personas encontrar nuevos interruptores de luz. Por ese camino habrá que seguir hasta que todo esté iluminado, y a partir de ahí, un movimiento hacia la salud y la armonía para nuestra especie será inevitable.

Nadie puede cambiar algo de lo que no está al tanto, pero una vez que ha llegado a una conciencia suficiente, el cambio es inevitable. El espectáculo de los títeres nunca se puede confundir con la realidad una vez que se haya revelado la presencia y voluntad de  los titiriteros.

Las luces se encienden; lo que revelan a menudo no es bonito, pero están llegando cierta claridad al mundo. Si tuviera que elegir una narrativa para describir lo que ha estado sucediendo en 2020, eso sería todo. La característica más distintiva de los últimos cuatro años ha sido expandir la conciencia expandir la conciencia de la corrupción de los medios, la corrupción gubernamental, el abuso hacia los inmigrantes, la militarización policial, las heridas raciales no curadas, etc., y la historia de 2020 ha sido la historia de la rápida aceleración de esa tendencia. No veo que esta tendencia se desacelere en el corto plazo. Veo, por el contrario, que se acelera cada vez más. Todo lo que una vez estuvo oculto ahora está rugiendo en la conciencia con una urgencia cada vez mayor. Las luces se encienden, y cuanto más luz hay más débiles se vuelven los Agentes Smith en cada recurrencia del fractal.

A medida que se encienden las luces, vemos más y más parásitos espeluznantes que previamente se habían escondido en la oscuridad, pero eso es todo: los estamos viendo, y cuando son vistos pierden su poder mover los hilos de sus marionetas desde las sombras. Hoy tengo más razones que nunca para sentirme esperanzada. Que todo continúe siendo revelado.

Qué un uruguayo muera de frío en la calle es un síntoma de algo peor

Qué un uruguayo muera de frío en la calle es un síntoma de algo peor
por Hector Casavieja Píriz

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Algo muy negativo está en marcha en Uruguay. Con lentitud pero con seguridad nos vamos percatando de que no estamos ante un gobierno normal sino ante un gobierno compuesto por extrañas figuras, algunas de ellas situadas muchas veces en circunstancias dudosas, fotografiados al lado de gente con la que seguramente ya no desearían haber sido fotografiados, o involucrados en oscuras grabaciones de audio. Pero son ciertos hechos los que actúan como síntomas para medirle la temperatura a la atmósfera gélida que se está generando.

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Un hombre murió de frío en la calle a fin de junio de este 2020. Tenía 31 años. Ese mismo mes ya se habían registrado dos muertes más por hipotermia en la calle ante las cuales el gobierno hubiera podido reaccionar para evitar una muerte horrorosa más. Pero no lo hizo, eso está claro y más que claro. Y no solo no lo hizo sino que en este tercer caso el fallecido había reclamado hasta que fue golpeado, conducido y expulsado de nuevo a la calle, que le dieran refugio de una noche terrible en la cual en el país se había decretado la alerta naranja, es decir, un cierto riesgo de vida a causa de las condiciones climáticas. Lo echaron de nuevo a la calle, no se hicieron todos los esfuerzos posibles para al menos no permitir que muriera de esa manera tétrica.

Es un síntoma, un síntoma de que algo no funciona en la psicología de este gobierno. Algo está desconectado en la mentalidad que reina en él, algo que implica la falta de empatía mezclada con vanidad y despliegues mediáticos, una falta de empatía que se puede asociar, por supuesto, a esa campaña de odio transversal que lo llevó al poder, una campaña en la que los que ahora gobiernan intentaron atraer el voto de los que siempre creyeron que la ayuda social es un desperdicio de tiempo y dinero, o el voto de los que pedían mano dura e impune contra la delincuencia, muerte en el acto del delincuente si es posible, o el voto de los que añoraban la disciplina dictatorial y el ejercicio de la fuerza desde el poder. Y es un síntoma para nada aislado pues en días anteriores un grupo de personas se habían justamente manifestado frente a un refugio estatal para pedir que se les tuviera consideración al menos en los días de alerta naranja y eso quedó registrado, efectivamente en las pantallas de televisión.

Solo un tiempo antes ese mismo gobierno pedía a los medios que lo apañan y acarician que dieran cobertura a la apertura de un hotel para dar refugio a indigentes. Solo un tiempo antes ese mismo gobierno era exaltado a través de los focos de los canales de televisión cuando ayudaba a extranjeros atrapados en un crucero contaminado con el COVID19 a salir de su situación. Pero los focos se apagaron, el brillo de los primeros momentos se extinguió y luego supimos que estaba muriendo gente de frío tirada en la calle. Y luego vimos que, desprevenidamente, en uno de los canales de televisión se filtró la noticia nunca realmente cubierta de que había madres con niños durmiendo en la calle. El editorial apareció por un momento en la pantalla y luego fue rápidamente quitado. Fue una revelación mediática inesperada, es decir, otro síntoma de que algo muy negativo está en marcha en este país.

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Pero hay muchos más síntomas. No hace mucho pudimos ver por la calle a los trabajadores de una importante empresa nacional, Chic Parisien, protestar por despidos masivos e indiscriminados que incluían, según ellos mismos afirmaban, un ataque a la organización sindical. 180 despidos y no vimos la cobertura mediática que esta situación ameritaba. Se dirá que fueron despidos aislados en un caso puntual pero solo un tiempo antes, también en el mes de junio se daba la noticia de que 370 trabajadores eran despedidos de la curtiembre Zenda. Se dirá también que la situación epidémica es la causa de esta debacle en la vida de los trabajadores pero…¿Cuáles fueron las medidas que tomó el gobierno para proteger a los trabajadores? ¿Aumentar los impuestos de manera indirecta? ¿Aumentar las tarifas de los servicios públicos? ¿Negarse a bajar el precio de los combustibles cuando el precio del petróleo a nivel mundial es históricamente bajo? ¿No hacer nada frente al creciente precio de los alimentos que son prácticamente el centro de la economía de muchas familias, poniendo en manos del esfuerzo común del pueblo llano la creación de ollas populares para evitar el hambre? En lugar de preocuparse por el pueblo trabajador este gobierno ha declarado abiertamente que intentará siempre y sobre todo ayudar al mundo empresarial. Y será para ello que decidieron en este momento endeudar al país por varios cientos de millones de dólares con el Banco Mundial, una entidad que se encuentra controlada al igual que el FMI por los intereses geopolíticos de EEUU.

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Así es, mientras hay uruguayos que mueren de frío en la calle, mientras quede a la vista en un canal de televisión que hay madres con sus hijos durmiendo en la calle, mientras muchos golpean a las puertas de los refugios y reciben una respuesta tan fría como el invierno que los espera allá afuera, el gobierno se endeuda con un organismo financiero que de nuevo alinea al país en el sendero de servir de súbdito a la potencia hemisférica que siempre ha querido controlar al pueblo latinoamericano. Y el rompecabezas cierra cuando nos enteramos  que este gobierno en lugar de propulsar la agenda histórica, nacida en la época de Eisenhower en relación a que el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo sea un latinoamericano como lo fuera el uruguayo Enrique Iglesias, de reconocida trayectoria, ha dado su beneplácito a la agenda del gobierno estadounidense actual, encabezado por Donald Trump, en cuanto a poner en ese cargo a un representante de EEUU. ¿Este es el nacionalismo que propugnan? ¿Este es artiguismo y patriotismo del que hablan? ¿O es una agenda de sometimiento?

Pero hay muchos más datos de la realidad reveladores de lo que está sucediendo y de lo que todavía puede suceder trágicamente a los uruguayos, en masa o yendo tras de cada grupo vulnerable en sucesión demoledora. Por ejemplo, está la supresión de los servicios de traslado aéreo de pacientes médicos que acaba de ser denunciada. Un servicio destinado a salvar vidas cuando ya no queda tiempo que esperar ha sido desmantelado. Se ahorra a costa de sufrimiento mientras se crean oscuras deudas que atan al país a la voluntad de una potencia extranjera.

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Y notoriamente el gobierno está en proceso de desmantelar las capacidades reales del Ministerio de Desarrollo, que fuera creado para ayudar a los más desprotegidos de la sociedad en situaciones similares a esta de crisis sanitaria y económica. Así lo afirma el sindicato que agrupa a los trabajadores de esa institución que han denunciado el desmantelamiento financiero del Sistema de Cuidados, la disminución de recursos en tantos rubros como uno pueda imaginar, la quita de personal para fiscalizar centros donde se alberga a personas mayores y así sucesivamente. Con esto y todo lo anterior nos podemos hacer un panorama de lo que este gobierno tiene en el centro de su psicología fundamental: no es solo la falta de empatía, es una sistemática, planificada intención de desarmar la asistencia social y entregar la sociedad a la persecución insolidaria de la mera sobrevivencia donde el que resista seguirá adelante y el que no le tocará quizás morir de frío tirado en algún callejón. Vinieron a canibalizar a la sociedad uruguaya y en eso están, y no es algo sorpresivo porque llegaron al poder alimentándose de la incordia y del desprecio.

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Derribar estatuas no borra la historia, nos hace verla con más claridad

Derribar estatuas no borra la historia, nos hace verla con más claridad
por Enzo Traverso

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Los manifestantes que derriban monumentos dedicados a esclavistas y genocidas son a menudo acusados de «borrar el pasado». Sin embargo, sus acciones están obligando a escrutar más de cerca a quienes son honrados por estos monumentos, y esto permite que la historia se vuelva a contar desde el punto de vista de sus víctimas.

El antirracismo es una batalla por la memoria. Esa es una de las características más notables de la oleada de protestas que ha surgido en todo el mundo tras el asesinato de George Floyd en Minneapolis a manos de la policía. En todas partes, los movimientos antirracistas vienen poniendo en cuestión el pasado mediante ataques a monumentos que simbolizaban el legado de la esclavitud y el colonialismo: el general Robert E. Lee de los Confederados en Virginia; Theodore Roosevelt en la ciudad de Nueva York; Cristóbal Colón en muchas ciudades de Estados Unidos; el rey belga Leopoldo II en Bruselas; el traficante de esclavos Edward Colston en Bristol; Jean-Baptiste Colbert, ministro de Finanzas de Luis XIV y autor del infame Code noir en Francia; el padre del periodismo italiano moderno y ex-propagandista del colonialismo fascista Indro Montanelli, etc.

Ya sean derribadas, destruidas, pintadas o grafiteadas, estas estatuas personifican una nueva dimensión de lucha: la conexión entre los derechos y la memoria. Ponen de relieve el contraste entre el estatus de los negros y los sujetos poscoloniales como minorías estigmatizadas y embrutecidas, y el lugar simbólico dado en el espacio público a sus opresores; un espacio que también conforma el entorno urbano de nuestra vida cotidiana.

Estallidos de iconoclastia

Es bien sabido que las revoluciones conllevan una «furia iconoclasta». Ya sea espontáneo, como la destrucción de iglesias, cruces y reliquias católicas durante los primeros meses de la Guerra Civil española, o algo más cuidadosamente planeado, como la demolición de la columna Vendôme durante la Comuna de París, este estallido de iconoclastia da forma a cualquier subversión del orden establecido.

El director de cine Sergei Eisenstein comenzó Octubre, su obra maestra sobre la Revolución Rusa, con imágenes de una multitud derribando una estatua del zar Alejandro III, y en 1956 los sublevados de Budapest destruyeron la estatua de Stalin. En 2003, como una confirmación involuntariamente irónica de esta regla histórica, las tropas estadounidenses organizaron el derribo de una estatua de Sadam Husein en Bagdad, con la complicidad de muchas estaciones de televisión afines, para disfrazar así su ocupación como un levantamiento popular.

A diferencia de ese caso, dondequiera que la iconoclastia de los movimientos de protesta sea auténtica, esta siempre provoca reacciones indignadas. Los comuneros fueron tachados de «vándalos» y Gustave Courbet, uno de los responsables del derribo de la columna, fue encarcelado. En cuanto a los anarquistas españoles, fueron condenados como feroces bárbaros. Una indignación similar ha estallado en las últimas semanas.

Boris Johnson se escandalizó cuando una estatua de Winston Churchill recibió la pintada de «racista», algo sobre lo que existe un consenso académico, vinculado a los debates actuales sobre su representación de los africanos y su responsabilidad por la hambruna de Bengala en 1943.

Emmanuel Macron se quejó amargamente de una iconoclastia similar en un mensaje dirigido a la nación francesa en el que curiosamente nunca mencionó a las víctimas del racismo: «Esta noche les digo muy claramente, queridos conciudadanos, que la República no borrará ninguna huella ni figura de su historia. No olvidará ninguno de sus logros. No derribará ninguna estatua».

En Italia, el lanzamiento de pintura roja sobre una estatua de Indro Montanelli en un parque público de Milán fue denunciado unánimemente como un acto «fascista» y «bárbaro» por todos los periódicos y medios de comunicación, con la excepción de Il Manifesto. Herido en la década de 1970 por terroristas de izquierda, Montanelli fue canonizado como un heroico defensor de la democracia y la libertad. Después de esta «ofensa cobarde» infligida a su estatua por los lanzadores de pintura, un editorialista del Corriere della Sera insistía en que ese héroe debía ser recordado como una figura «sagrada». Sin embargo, este acto «bárbaro» resultó fructífero al revelar a muchos italianos los «sagrados» logros de Montanelli: en la década de 1930, como joven periodista, ensalzó el imperio fascista y sus jerarquías raciales; enviado a Etiopía como corresponsal de guerra, de inmediato compró a una niña eritrea de 14 años para satisfacer sus necesidades sexuales y de servicio doméstico. Para muchos comentaristas esas eran las «costumbres de la época» y, por lo tanto, cualquier acusación de apoyo al colonialismo, el racismo y el sexismo era injusta y estaba injustificada. Sin embargo, tan tarde como en la década de 1960, Montanelli siguió condenando el mestizaje como fuente de decadencia civilizatoria, con argumentos tomados directamente del Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas de Arthur Gobineau de 1853-1855.

Estos fueron de hecho los mismos argumentos defendidos vigorosamente por el Ku Klux Klan (KKK) en ese mismo periodo contra el movimiento de derechos civiles en Estados Unidos. Y contra toda evidencia, el padre espiritual de dos generaciones de periodismo italiano negó ferozmente que el ejército fascista hubiera llevado a cabo bombardeos con gas mostaza durante la guerra de Etiopía. Los «bárbaros» de Milán solo querían recordarnos estos simples hechos.

Es ciertamente interesante observar que la mayoría de los líderes políticos, intelectuales y periodistas indignados por la actual ola de «vandalismo» nunca expresaron una indignación similar por los repetidos episodios de violencia policial, racismo, injusticia y desigualdad sistémica contra los cuales se dirigen las protestas. Se han debido sentir bastante cómodos en esa posición. Muchos de ellos incluso elogiaron la tormenta iconoclasta de signo contrario hace 30 años, cuando las estatuas de Marx, Engels y Lenin fueron derribadas en Europa central y oriental. Mientras que la perspectiva, aun imaginaria, de vivir entre este tipo de monumentos les resulta intolerable y agobiante, ellos se sienten muy orgullosos de que las estatuas de generales confederados, comerciantes de esclavos, reyes genocidas, arquitectos de la supremacía legal de los blancos y propagandistas del colonialismo fascista constituyan el patrimonio histórico de las sociedades occidentales. De este modo, insisten en señalar que «no borraremos ningún rastro o figura de nuestra historia».

En Francia, demoler los vestigios monumentales del colonialismo y la esclavitud generalmente se caracteriza como una forma de «comunitarismo», una palabra que actualmente tiene un sentido peyorativo, ya que implícitamente significa que tales vestigios molestan exclusivamente a los descendientes de esclavos y pueblos colonizados, no a la mayoría blanca que es la que fija las normas estéticas, históricas y conmemorativas que enmarcan el espacio público. De hecho, muy a menudo el supuesto «universalismo» de Francia tiene un sabor desagradable a «comunitarismo blanco».

La «furia iconoclasta» que actualmente se extiende por las ciudades a escala mundial reclama, al igual que lo demandaran sus antepasados, nuevas reglas de tolerancia y coexistencia. Lejos de borrar el pasado, la iconoclastia antirracista entraña una nueva conciencia histórica que inevitablemente afecta el paisaje urbano. Las estatuas en disputa celebran el pasado y a sus actores, un simple hecho que legitima su retirada. Las ciudades son cuerpos vivos que cambian de acuerdo con las necesidades, valores y deseos de sus habitantes, y estas transformaciones son siempre el resultado de conflictos políticos y culturales. Derribar monumentos que conmemoran a los gobernantes del pasado da una dimensión histórica a las luchas del presente contra el racismo y la opresión. Quizás signifique incluso algo más que eso. Es otra forma de oponerse a la gentrificación de nuestras ciudades, que supone la metamorfosis de sus distritos históricos en lugares cosificados y fetichizados.

Una vez que una ciudad es clasificada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) como «patrimonio de la humanidad», está condenada a morir. Los «bárbaros» que derriban estatuas protestan implícitamente contra las políticas neoliberales actuales que, al tiempo que expulsan a las clases bajas de los centros urbanos, transforman estos últimos en vestigios congelados. Los símbolos de la antigua esclavitud y el colonialismo se combinan con el rostro deslumbrante del capitalismo inmobiliario, y estos son los objetivos de los manifestantes.

La mirada de los vencidos

La iconoclastia antirracista, según un argumento más sofisticado y perverso, expresa un deseo inconsciente de negar el pasado. Según este argumento, a pesar de lo opresivo y desagradable que fuera el pasado, este no se puede cambiar. Esto es desde luego cierto. Pero transitar el pasado, particularmente si se trata de un pasado repleto de racismo, esclavitud, colonialismo y genocidios, no implica celebrarlo, como vienen a hacer la mayoría de las estatuas derribadas.

En Alemania, el pasado nazi está abrumadoramente presente en las plazas y calles de la ciudad a través de monumentos conmemorativos que celebran a sus víctimas y no a sus victimarios. En Berlín, el Memorial del Holocausto se erige como una advertencia a las generaciones futuras (das Mahnmal). Los crímenes de las SS no se recuerdan con una estatua que rememore a Heinrich Himmler, sino mediante una exposición al aire libre y bajo techo llamada «Topografía del terror», que se encuentra en la sede de una antigua oficina de las SS.

No necesitamos estatuas de Hitler, Mussolini y Franco para recordar sus fechorías. Precisamente porque los españoles no han olvidado el franquismo el gobierno de Pedro Sánchez decidió retirar los restos del Caudillo de su monumental tumba. Es solo desacralizando el Valle de los Caídos como este monumento fascista podía erigirse en el reino de la memoria en una sociedad democrática que no olvida.

Por esta razón, es profundamente engañoso equiparar nuestra actual iconoclastia antirracista a la intencionalidad de la antigua damnatio memoriae (condena de la memoria). En la antigua Roma, esta práctica tenía como objetivo eliminar las conmemoraciones públicas de emperadores u otras personalidades cuya presencia chocaba con los nuevos gobernantes. Debían ser olvidados. Borrar a León Trotsky de las imágenes oficiales soviéticas bajo el estalinismo fue otra forma de damnatio memoriae, e inspiración para la obra 1984 de George Orwell. Orwell escribió que en el Estado ficticio de Oceanía el pasado se había reescrito por completo: «Estatuas, inscripciones, piedras conmemorativas, los nombres de las calles, cualquier cosa que pudiera arrojar luz sobre el pasado había sido sistemáticamente alterada».

Estos ejemplos son comparaciones engañosas porque se refieren a la eliminación del pasado por los poderosos. En cambio, la iconoclastia antirracista busca provocativamente liberar el pasado de su control, «peinar la historia a contrapelo», al repensarlo desde el punto de vista de los dominados y los vencidos, y no con la mirada de los vencedores. Sabemos que nuestro patrimonio arquitectónico y artístico está cargado con el legado de la opresión. Como dijera un famoso aforismo de Walter Benjamin: «No hay ningún documento civilizatorio que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie». Quienes derriban estatuas no son nihilistas ciegos: no desean destruir el Coliseo o las pirámides. Más bien, preferirían no olvidar que, como señalara Bertolt Brecht, estos monumentos admirables fueron construidos por esclavos. Edward Colston y Leopoldo II no serían olvidados: sus estatuas deberían conservarse en museos y preservarse de manera que no se explicara solo quiénes fueron y sus logros extraordinarios, sino también por qué y cómo se convirtieron en ejemplos de virtud y filantropía, objetos a venerar; en resumen, en la personificación de su civilización.

Ola global

Esta oleada de iconoclastia antirracista es global y no admite excepciones. Los italianos (incluidos los italoamericanos) y los españoles están orgullosos de Colón, pero las estatuas del hombre que descubrió las Américas no tienen el mismo significado simbólico para los pueblos indígenas. Esta iconoclastia reclama legítimamente un reconocimiento público y la transcripción de su propia memoria y perspectiva: un descubrimiento que inauguró cuatro siglos de genocidio. En Fort-de-France, la capital de Martinica, dos estatuas de Victor Schœlcher, tradicionalmente celebradas por la República Francesa como un símbolo de la abolición de la esclavitud en 1848, fueron derribadas el 22 de mayo. Como nos dice el diario de derecha Le Figaro: «Los nuevos censores creen poseer la verdad y ser los guardianes de la virtud». Pero resulta que los «nuevos censores» (es decir, jóvenes activistas antirracistas) desean pasar página a una tradición paternalista y sutilmente racista del universalismo francés. Este siempre describió la abolición de la esclavitud como un regalo para los esclavos por parte de la República ilustrada, una tradición que Macron resumía bien en el mensaje citado anteriormente.

Los «nuevos censores» comparten el juicio de Frantz Fanon al abordar este cliché en su libro Piel negra, máscaras blancas de 1952: «El hombre negro se contentó agradeciéndole al hombre blanco, y la prueba más palmaria de este hecho es la impresionante cantidad de estatuas que se erigieron por toda Francia y colonias para mostrar a la Francia blanca acariciando el cabello rizado de este bonito negro cuyas cadenas acababan de romperse».

Trabajar con el pasado no es una tarea abstracta o un ejercicio puramente intelectual. Requiere más bien de un esfuerzo colectivo que no puede disociarse de la acción política. Este es el significado de la iconoclastia de estos últimos días. De hecho, si bien ha estallado en el seno de una movilización antirracista global, el terreno ya había sido labrado por años de compromiso contramemorial y una investigación histórica desarrollada por multitud de asociaciones y activistas. La iconoclastia, como toda acción colectiva, merece atención y crítica constructiva. Estigmatizar despectivamente es simplemente exonerar una historia de opresión.

La tercera amenaza contra la humanidad, por Noam Chomsky

LA TERCERA AMENAZA CONTRA LA HUMANIDAD: EL VACIAMIENTO DE LA DEMOCRACIA
por Noam Chomsky

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Si me lo permiten, quisiera comenzar con una breve alusión a un período que tiene inquietantes similitudes con la actualidad, en muchos y lamentables sentidos.

Estoy pensando en hace justo 80 años, casi exactos, el momento en que escribí por primera vez, que recuerde, sobre materia política. Es fácil ponerle fecha; fue justo tras la caída de Barcelona, en febrero de 1939.

En el artículo trataba de lo que parecía la inexorable expansión del fascismo por el mundo. En 1938, la Alemania nazi se había anexionado Austria; meses más tarde puso en sus manos a una Checoslovaquia traicionada en la Conferencia de Múnich. En España caía una ciudad tras otra bajo las fuerzas de Franco. En enero de 1939 cayó Barcelona.

Era el final de la Segunda República española. La notable revolución popular, una de carácter anarquista, que había florecido durante 1936, 1937, 1938… ya había sido aplastada por la fuerza. Parecía que el fascismo fuera a desplegarse sin límite.

No es exactamente lo que está ocurriendo en la actualidad, pero, si se me permite tomar prestada la famosa frase de Mark Twain “la historia no se repite, pero a veces rima”, lo cierto es que hay demasiadas semejanzas como para pasarlas por alto.

Tras la caída de Barcelona hubo una oleada de refugiados españoles. La mayor parte fueron a México, unos 40.000; algunos acabaron en Nueva York y abrieron sedes anarquistas en Union Square, librerías de segunda mano en la Cuarta Avenida, etc.

Me inicié en la cultura política deambulando por aquella zona. De eso hace 80 años. Entonces no lo sabíamos, pero el Gobierno de Estados Unidos también empezaba a pensar que la expansión del fascismo podía llegar a ser imparable. No lo veían con el mismo alarmismo que yo, con mis 10 años de edad.

Hoy sabemos que el Departamento de Estado mantenía sentimientos encontrados con respecto a cuál era la verdadera importancia del movimiento nazi.

Se mantenía, de hecho, un consulado en Berlín; había un cónsul de Estados Unidos en Berlín que enviaba comentarios algo embarullados sobre los nazis, en los que sugería que quizá no fuesen tan malos como se decía. Se trataba del famoso diplomático George Kennan. Lo mantuvieron hasta lo de Pearl Harbor, fecha en la que se lo revocó.

(…)

Resulta que poco después, aunque era imposible haberlo sabido entonces, en 1939, el Departamento de Estado y el Consejo de Relaciones Exteriores comenzaron a hacer planes para lo que sería el mundo posterior al conflicto, sobre qué aspecto debía tener.

Por aquel entonces asumían que en los primeros años el mundo posterior a la guerra estaría dividido entre una zona bajo control alemán, es decir, un mundo controlado por los nazis, la mayor parte de Eurasia, y un mundo controlado por Estados Unidos, que consistiría en el hemisferio occidental; el antiguo Imperio británico, con cuyo control se habría hecho el país americano, y algunas áreas de Extremo Oriente. Y esa sería, en resumen, la forma del mundo posterior al conflicto mundial.

En la actualidad sabemos que esta perspectiva se mantuvo hasta el cambio de rumbo que iniciaron los rusos. En Stalingrado, entre 1942 y 1943, y en la gran batalla con carros de combate de Kursk, un poco después, quedó muy claro que Rusia iba a vencer a los nazis.

Así que se cambiaron los planes; la imagen del mundo posterior al enfrentamiento se trastocó para convertirse en lo que hemos estado viendo desde entonces, en este último período. Pero eso fue hace 80 años.

Hoy no nos enfrentamos al auge de algo como el nazismo, pero sí estamos ante la propagación de lo que alguna vez se ha llamado la Internacional Reaccionaria, de carácter ultranacionalista, que sus partidarios proclaman sin ningún pudor, incluido Steve Bannon, el promotor teatral del movimiento.

Obtuvo una nueva victoria con la elección de Netanyahu en Israel, que refuerza la alianza reaccionaria en ciernes, todo bajo los auspicios de Estados Unidos (…).

En Oriente Próximo, la alianza se compone de los Estados más reaccionarios de la región, a saber, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos; Egipto, bajo la dictadura más brutal de su historia, e Israel, que sería el epicentro, todos ellos enfrentados a Irán.

En América Latina encaramos amenazas muy graves, como la elección de Jair Bolsonaro en Brasil, que ha puesto en el poder al más extremo y extravagante de los ultranacionalistas que campan en la actualidad por el continente.

Y Lenín Moreno, presidente de Ecuador, dio un paso recio para ubicarse dentro de la alianza de la extrema derecha al expulsar a Julian Assange de su embajada en Londres. La policía británica lo detuvo al instante, así que tiene por delante un futuro muy escabroso, a menos que haya una reacción popular importante.

México es una de las pocas excepciones en América Latina a esta tendencia. También en Europa Occidental los partidos de derecha, algunos de ellos de naturaleza muy alarmante, están creciendo.

Asimismo, hay un desarrollo a la contra. Yanis Varoufakis, antiguo ministro de Finanzas de Grecia, un individuo de gran relevancia, muy importante, ha hecho un llamamiento, junto con Bernie Sanders, a la formación de una Internacional Progresista que enfrente a la internacional de derechas en formación.

En la esfera estatal, parece que la balanza se decanta abrumadoramente hacia el lado equivocado. Pero los Estados no son meras entidades, y al nivel de las personas de a pie, las cosas son bastante distintas. Eso es lo que puede marcar la diferencia.

Hace falta proteger las democracias efectivas, incidir en ellas, aprovechar las oportunidades que ofrecen, para que la clase de activismo con el que hemos conseguido progresos trascendentales en el pasado nos pueda salvar también en el futuro.

A continuación quisiera poner el acento en un par de observaciones sobre la tremenda dificultad de mantener e instituir la democracia (…) y sobre la importancia que esto tendrá para el futuro.

Pero primero quiero decir unas palabras en torno a los desafíos que tenemos por delante, de los que ya hemos oído hablar bastante y todos conocemos. No hace falta entrar ahora en ellos en detalle, pero describir tales contrariedades como “graves en extremo” podría ser un error.

El término no captura la enormidad de la clase de dificultades que aún tenemos ante nosotros, y cualquier discusión sobre el futuro de la humanidad debe empezar con el reconocimiento de un hecho crítico, el de que la especie humana afronta ahora un dilema que nunca antes se había presentado en su historia, al cual hay que responder sin dilación, a saber, el de cuánto tiempo va a seguir sobreviviendo el ser humano.

En fin, como todos saben, llevamos viviendo 70 años a la sombra de la amenaza nuclear. Cualquiera que repase los archivos disponibles no podrá sino quedar admirado de que aún sigamos aquí.

Cada dos por tres nos ponemos demasiado cerca del desastre terminal, nos libramos por minutos. Parece un milagro que hayamos sobrevivido, pero los milagros no duran para siempre. Hay que poner fin a esto.

La actual revisión de la postura nuclear de la administración Trump acarrea un drástico incremento de la amenaza de conflagración, que tendría como resultado el final de la especie.

(…)

Bien, había tres grandes tratados sobre armas; el Tratado sobre Misiles Antibalísticos o ABM, el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio o INF y el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas o Nuevo Start.

Estados Unidos acabó con el Tratado ABM en 2002. Cualquiera que crea que los misiles antibalísticos son armas defensivas se engaña con respecto a la naturaleza de estos sistemas.

También se ha retirado del Tratado INF, firmado por Gorbachov y Reagan en 1987 y que entonces supuso una reducción abrupta de la amenaza bélica en Europa, la cual estaba destinada a extenderse rápidamente.

Unas multitudinarias manifestaciones civiles crearon la atmósfera para un tratado destinado a significar un antes y un después. (…) Pero, bueno, la administración Trump abandonó el INF, y Rusia también lo hizo poco después.

(…)

Queda el Nuevo Start, que ha sido calificado por nuestro mandamás –quien se ha descrito modestamente a sí mismo como “el mejor presidente de la historia de EE. UU.”– como el peor tratado de la historia, la designación que suele usar para referirse a cualquier cosa que hayan hecho sus predecesores.

En este caso, ha añadido que deberíamos quitárnoslo de encima. Si llega a renovarse en el cargo en las próximas elecciones, habrá mucho en juego, pues, de hecho, es mucho lo que hay en juego en la renovación de ese tratado, que ha sido todo un éxito a la hora de reducir en un grado importantísimo el número de armas nucleares (…).

Entretanto, el calentamiento global sigue su inexorable curso. A lo largo de este milenio, cada año, con una excepción, ha sido más caluroso que el anterior.

Hay artículos científicos recientes, como el firmado por James Hansen y otros, que indican que el ritmo del calentamiento global, que ha estado incrementándose desde alrededor de 1980, puede estar aumentando de manera abrupta, quizá pasando de un crecimiento lineal a uno de tipo exponencial, lo que significa que se duplicaría cada dos décadas.

Nos estamos acercando a las condiciones de hace 125.000 años, cuando el nivel del mar estaba aproximadamente a ocho metros por encima de donde está hoy. (…)

Mientras sucede todo esto, podemos leer con regularidad cómo la prensa celebra eufóricamente los progresos de Estados Unidos en la producción de combustibles fósiles. Ahora ha rebasado a Arabia Saudí, así que estamos a la cabeza de la producción de combustibles fósiles.

Los grandes bancos, como JP Morgan Chase y otros, están inyectando dinero para realizar nuevas inversiones en este tipo de combustibles, incluidos los más dañinos, como las arenas de alquitrán de Canadá.

Y el hecho se presenta con grandes entusiasmo y emoción. Estamos alcanzando el estado de “independencia energética”; podemos controlar el mundo, determinar el uso de combustibles fósiles en todo el globo. Pero apenas se puede encontrar una palabra sobre qué va a implicar todo esto, lo cual es bastante obvio.

(…)

Recientemente hemos visto, en una expresión espectacular, que se puede hacer, que puede alcanzarse una solución.

Un grupo organizado de jóvenes, el Sunrise Movement, llegó al punto de hacer una sentada en las oficinas congresuales, llamando la atención de las nuevas personalidades progresistas, dispuestas a llevar sus proclamas al Congreso.

Bajo una gran presión popular, la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, secundada por el senador Ed Markey, puso el New Deal Verde en la agenda.

Desde luego que recibe ataques desde todos los flancos, pero no importa. Hace un par de años era inimaginable que tan solo se discutiera.

Como resultado del activismo de este grupo de jóvenes, ahora está en el centro del programa; va a haber que implementarlo de una manera o de otra, porque es algo esencial para la supervivencia.

Quizá no se hará exactamente del modo propuesto por ellos, pero sí en alguna variante. Se trata de un cambio tremendo logrado por el compromiso de un reducido grupo de jóvenes.

Entretanto, el Reloj del Apocalipsis del Bulletin of Atomic Scientists se ha puesto, desde el pasado mes de enero, a dos minutos de la medianoche.

Es lo más cerca que ha estado del desastre terminal desde 1947. El anuncio de este ajuste mencionaba las dos principales amenazas, ya conocidas, la de la guerra nuclear, que aumenta cada vez más, y la del calentamiento global, que va aún peor.

Y además, por primera vez, se añadía una tercera, el menoscabo de la democracia. Y resultaba muy apropiado, porque la democracia efectiva es la única esperanza para superar tales peligros.

Las grandes instituciones, públicas o privadas, no se harán cargo si no es bajo una presión ciudadana de carácter masivo, lo cual implica que el funcionamiento de las vías democráticas ha de mantenerse vivo y utilizarse del modo ilustrado por el Sunrise Movement, por las manifestaciones masivas de principios de los 80, del modo, en fin, en que continuamos haciéndolo hoy.

Un periodista argentino permanece secuestrado por la neodictadura boliviana

Facundo Molares Schoenfeld, preso político en Bolivia

Molares Schoenfeld está detenido en Bolivia desde el 29 de noviembre, cuando se produjo el golpe de Estado. “Señor Presidente, le pido respetuosamente que inicie alguna gestión para repatriar a mi hijo, apresado injustamente en una causa arbitraria que tiene motivación política y ninguna prueba en su contra”, dice la carta que el padre del periodista, con el apoyo de organismos de derechos humanos, le dirigió a Alberto Fernández.

 

Molares es el padre de Facundo Molares Schoenfeld, un fotoperiodista que se encuentra detenido en Bolivia desde el 29 de noviembre, cuando se desató el golpe de Estado contra Evo Morales y él se encontraba trabajando allí para una revista argentina. Facundo, además, está muy mal de salud y su familia teme por su vida en el medio de la pandemia de coronavirus. “Debe ser repatriado de manera urgente para ser atendido”, afirma la carta dirigida al Presidente y firmada por organismos de derechos humanos, sindicatos y personas del ámbito de la política y la cultura. Además, el Papa Francisco pidió reportes de la situación del fotógrafo al obispo de la ciudad de El Alto, donde se encuentra el penal en el que está preso.

El fotoperiodista había llegado a Santa Cruz de la Sierra para cubrir las elecciones en octubre del año pasado y por una insuficiencia renal fue internado el 11 de noviembre en el hospital Japonés de dicha ciudad. El 12 su padre viajó a buscarlo y, una vez que identificó a Facundo, fue apresado junto a su compañera, con quien había viajado, en una comisaría en la que estuvieron detenidos 25 horas. En la carta enviada al Presidente, Hugo recuerda que “cuando estaba secuestrado en la comisaría de Monteros por el solo delito de haber ido a ver a mi hijo que estaba internado en terapia intensiva en estado de coma inducido, con respiración asistida y sondas, tuve que soportar al oficial interrogador que me refregara con una mueca que en mi país el presidente era Macri, y que no esperara nada, ninguna ayuda, ningún auxilio de él”.

En diálogo con PáginaI12, Molares también recuerda que esa noche, desde su celda, pudo oír distintas atrocidades del golpe que comenzaba aquella semana en Bolivia. “Mi celda estaba cerca de la entrada, entonces a través de una ventanita podía escuchar todo lo que decían. Esa madrugada salieron tres partidas de policías y entraron con tres muertos”.

A Hugo y su mujer los liberaron bajo amenaza de muerte el día 14 por la madrugada, pero a Facundo, el 6 de diciembre, y sin orden judicial, lo llevaron al penal de Chonchocoro –uno de los más peligrosos de Bolivia–, donde todavía se encuentra con prisión preventiva por su presunta participación en el bloqueo de un puente. “A mí me dijeron que me convenía irme de Bolivia porque si nos quedábamos nos iban a masacrar”, recordó el padre.

Según explica en el escrito, a su hijo “lo sometieron a una parodia de audiencia, vulnerando todos sus derechos, en especial el de la legítima defensa, nombrando una defensora de oficio el mismo día de la audiencia, con la presencia de tres fiscales y cinco abogados de la parte querellante en una causa que se había iniciado quince días antes y en la que Facundo ni siquiera estaba mencionado”.

“De esa audiencia figurada, donde además se montó un show periodístico que lo exhibió de modo denigrante semidesnudo en silla de ruedas, convaleciente de terapia intensiva y aún bajo los efectos de fármacos que le impedían mantenerse erguido, surge el dictado apresurado de prisión preventiva, violando sus derechos humanos más elementales”, agrega Molares en la carta.

Con respecto a la salud de Facundo en estos momentos, su padre comentó que “si bien de ánimo está estable, su salud física no está bien”. “Después de mucho esfuerzo y por medio de gestiones del abogado, de los organismos de derechos humanos y del consulado, logramos que se revea su situación médica en Chonchocoro y el médico de la cárcel dijo que necesitaba atención urgente y una revisión médica y oftalmológica, porque ha perdido casi por completo la visión del ojo derecho”, detalló. Sin embargo, esos estudios siguen pendientes y las autoridades del penal no quieren realizárselos.

La familia del fotoperiodista ha recibido muestras de solidaridad y adhesiones de todas partes del mundo. La CIDH, por ejemplo, interpeló a las autoridades bolivianas requiriendo información sobre la situación de Facundo y el Comité de Solidaridad Internacional y Lucha por la Paz (Cosi) se ha expedido en más de una oportunidad solicitando su libertad y repatriación. También han manifestado su solidaridad distintos organismos de derechos humanos nacionales, como Abuelas de Plaza de Mayo, APDH,  HIJOS, entre otros.

Pero, además, el Papa Francisco “también está  preocupado y al tanto de la situación”, afirmó Molares. Esta semana la familia recibió en Trevelin, la ciudad patagónica en la que viven, al obispo de la ciudad de Esquel que les acercó una carta de su par de El Alto boliviano, donde se encuentra la cárcel de Chonchocoro, explicando que por indicación del Papa había pedido un informe de la situación particular de Facundo.

“Además del padre de Facundo, soy abogado y puedo decir que él es un preso político que está siendo utilizado por el gobierno de facto como un rehén”, explicó Hugo Molares, que se desempeña como juez de Paz de Trevelin.

“Facundo está en la cárcel más dura de Bolivia”, remarcó Molares y explicó que Chonchocoro “está a 4500 metros de altura y por las noches la temperatura desciende a 5 o 6 grados bajo cero”. “Obviamente no hay calefacción y, si no te lleva comida un familiar, te dan alimento una  sola vez al día. Imaginate esa situación estando enfermo, con hipertensión arterial y un edema pulmonar, como está mi hijo”, expresó desesperado Hugo. “Queremos y necesitamos que vuelva a casa.”

Informe: Melisa Molina.

La humanidad y sus delirios masivos

LA HUMANIDAD Y SUS DELIRIOS MASIVOS

por Fernando Gutiérrez Almeira
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La mente animal, a la cual distinguiré aquí de la humana, se caracteriza por el apego “instintivo” a la realidad, es decir, por su compenetración realista con el medio ambiente en términos de las necesidades físicas concretas del organismo. El animal vive en la concreta relación de lo real con lo real, excepto quizás por alguna malinterpretación sensorial que no se puede descartar. Ese apego a lo real es justamente lo que podemos envidiar los seres humanos, pues por tal apego su vida es sencilla y carente de delirios. La mente humana en cambio, es simbólica y atomizada. Al decir que es simbólica me refiero a que en lugar de apegarse a la realidad coloca entre la realidad y ella misma el símbolo, la interpretación simbólica de la realidad. Esta mediación simbólica no es completa, claro, pues un total desapego de la concretez de lo real haría disfuncional la mente humana. El contacto sensorial, físico entre la mente humana y la realidad sigue existiendo, pero perturbada por esa mediación constante que se interpone aquí y allá. Al decir atomizada me refiero, a su vez, a que la mente humana se encuentra disgregada en mentes individuales sin apego “instintivo”, es decir, sin conexión profunda con un fundamento mental de la especie que en lugar de existir es sustituido por una coordinación simbólica a través de la turbulencia constante del lenguaje, de los intercambios comunicacionales entre las unidades individuales. Así el desapego simbólico con respecto a la realidad se asocia con una coordinación inter-simbólica entre las mentes individuales. Desde el punto de vista de la sencillez animal eso equivale a que los seres humanos en lugar de conectarse a lo real directamente en la simplicidad sensorial física, lo hacen principalmente a través de un delirio simbólico compartido por muchas individualidades que se atraen mutuamente en turbulencias simbólicas que les dan un fundamento errático e inconsistente a dichas individualidades necesitadas de tal fundamento. De modo que el fenómeno mental fundamental de la humanidad es el de los delirios masivos, delirios que necesitan ser duraderos y consistentes para ser medianamente útiles en esta conversión alienante que constituye la paradoja humana. La desventaja pero también ventaja inmediata (ambas consecuencias no se contradicen) de que los seres humanos se exciten mutuamente en delirios masivos para allegarse a la realidad sin lograrlo nunca por completo es que el desapego con respecto a la realidad concreta se vuelve en ellos tan importante como el apego.

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Efectivamente, si el ser humano no fuera productor de delirios masivos entonces no se lo distinguiría del animal y su vida sería sencilla pero limitada. La producción de delirios masivos, por el contrario, le permite al ser humano un desapego tal de la concretez que mediante este desapego puede, en cambio, construir un submundo humano donde la relación con el mundo es mediada por los productos concretos del delirio. El universo de los instrumentos y técnicas humanas nacen de la mente humana por el esfuerzo mental de pasar de la zona simbólica a la zona concreta de relación con lo real y por lo tanto son la consecuencia de una lucha humana permanente por asentar el delirio en el contacto con lo real. De modo que los delirios masivos humanos son productivos, generan el ecúmene, recubren la realidad natural de una realidad contra-natural humana, artificial y conflictiva. Por lo cual la desventaja inicial del desapego delirante se le hace al ser humano una oportunidad para hacer realidad sus delirios y construir un submundo delirante humano. Pero por supuesto que no todo delirio tiene éxito en lo real, en términos de concreción. Se pueden delirar toda clase de aparatos mecánicos pero la infinidad de ellos excepto los que se apeguen mejor a las condiciones de lo real, permanecerán siendo ensoñaciones inútiles y fundamentalmente delirantes. Se pueden delirar toda clase de explicaciones acerca de los fenómenos percibidos pero la mayor parte de esos delirios no serán más que absurdidades, fantaseos religiosos improductivos, supersticiones, etc. Eso quiere decir, a su vez, que la ventaja del delirio masivo humano puede convertirse fácilmente en una desventaja si los delirantes persisten en el delirio a pesar de que no encuentran efectivamente el contacto con lo real. Si así lo hacen se convierten en ciegos negadores de la realidad y se hunden más y más en un delirio que puede ser un callejón sin salida tanto individual como social. Así ocurre muchas veces en las organizaciones sectarias que terminan en suicidios colectivos o formas atormentadas de conducta, organizaciones sectarias que a veces infunden sus delirios a organizaciones más complejas y exitosas como ocurrió con la transfusión de los delirios nazis al aparato de estado alemán, o como ocurrió al convertirse los delirios cristianos primitivos en una armazón ideológico del imperio romano lo que dio lugar a la creación de una institución totalmente delirante e improductiva como lo es la Iglesia Católica. En general todas las religiones que han existido o aún existen no son otra cosa más que delirios improductivos que se sostienen por la persistencia de sus agentes individuales, sobre todo sus sacerdotes y charlatantes, en conservar el delirio como una fuente de autoresguardo frente a las inseguridades que implicarían para el individuo abandonar ese delirio y sustituirlo, al menos por un tiempo, por la búsqueda de un nuevo sistema de interpretación delirante más apegado a la realidad.

En ese sentido la filosofía tiene su razón de existencia en el combate al delirio no como tal sino como delirio improductivo y desapegado de la realidad. La filosofía tiene para ello que jugar siempre la basa de la desconexión individual respecto de los delirios masivos vigentes, tiene que ser crítica en el sentido de que el filósofo tiene que arriesgarse a construir su propio sistema de interpretación de lo real con la esperanza de que este se apegue mejor que aquellos delirios a la realidad concreta. Por supuesto que el filósofo jamás dejará de ser él también un delirante en el sentido de que estará construyendo una figuración simbólica de lo real en lugar de limitarse como el animal a ponerse en contacto con la concretez sencilla de la existencia. Pero su esfuerzo es fundamentalmente útil en la medida en que los seres humanos no pueden dejar de ser lo que son y lo correcto es orientar su ser preexistente de la mejor manera. Eso convoca al filósofo a compartir su filosofía pues sabe, aún sin pensarlo, que su tarea consiste en inocular su delirio particular en la masa humana haciendo que el delirio masivo concomitante sustituya los fallidos delirios colectivos preexistentes. Por supuesto que la tarea del filósofo tiene un punto de partida demasiado débil, demasiado exiguo en fuerzas e influencia pero eso no quita que los filósofos han efectivamente tenido un gran éxito en cuanto a orientar mejor a la humanidad en relación a lo real y han apartado a las religiones, supersticiones y demás delirios inútiles y tóxicos del camino central del progreso humano para que este sea posible. La corona de la tarea filosófica vino a ser, por supuesto, la ciencia, que aunque no carente por momentos de incrustaciones delirantes peligrosas como las teorías eugenésicas o el racismo, sintetiza muy bien los esfuerzos generales inicialmente filosóficos e individuales en un esfuerzo comunitario por construir un delirio de lo real que al lograr gran apego a la concretez le permita construir al ser humano un submundo mucho más eficiente dentro del campo de lo natural.

Los ricos son desproporcionadamente responsables del cambio climático

Los ricos son desproporcionadamente responsables del cambio climático

Por James Dyke

24 de junio de 2020

Un estudio en una revista científica ha encontrado que el 10 por ciento de las personas más ricas son responsables de hasta el 43 por ciento de los impactos ambientales globales destructivos.

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Una temperatura récord en la ciudad ártica de Verkhoyansk (Foto: ECMWF Copernicus Climate Change Service / AP)

La pequeña ciudad siberiana de Verkhoyansk siempre ha sido un lugar de climas extremos. Su ubicación en el Círculo Polar Ártico permitió un mínimo histórico de temperatura registrada de -67.8 ° C. Eso la convierte en el segundo lugar más frío de la tierra, con el primer lugar ocupado por la Antártida. Pero no fue el frío de Verkhoyansk lo que fue noticia recientemente en los titulares internacionales.

El fin de semana pasado, las estaciones meteorológicas en Verkhoyansk registraron una temperatura del aire de 38 ° C o 100 ° F. Eso superó ampliamente el récord de la temperatura más alta jamás registrada en el Círculo Polar Ártico. Hay factores meteorológicos particulares que producen rangos de temperatura tan grandes en Verkhoyansk pero en muchos sentidos, lo que acaba de suceder en esta ciudad es típico de cómo el calentamiento global afecta al Ártico, que actualmente se está calentando dos veces más rápido que el resto del mundo. Estamos literalmente viendo cómo las grandes regiones del norte de nuestro planeta se derriten en tiempo real. Temperaturas como esta nos permiten vislumbrar nuestro posible futuro. Lo que hoy se considera extremo se convertirá en unas pocas décadas en la nueva normalidad. Es allí donde radica el peligro.

Porque si no realizamos una acción transformadora en relación al clima, entonces estaremos al alcance de un mayor calentamiento que no solo romperá récords sino que los llevará hasta el fin. Entender cómo nos metimos en este desastre será vital en nuestros esfuerzos para salir de él. Con ese fin, un estudio publicado en la revista Nature Communications está muy bien orientado. El grupo de científicos internacionales dirigido por Thomas Wiedmann, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia, descubrió que el mayor impulsor del cambio climático y la destrucción del medio ambiente es el consumo excesivo por parte de los súper ricos. Siempre hemos sabido que más riqueza produce más daño ambiental pero el estudio lo deja claro.

Eso es así incluso cuando parte de esa riqueza se usa para comprar un automóvil eléctrico en lugar de un SUV que consume gasolina, porque las personas ricas también viajan en avión por todo el mundo y compran los últimos productos de moda y de consumo. Este estudio proporciona cierta precisión. Encuentra que el 10 por ciento más rico de las personas son responsables de hasta el 43 por ciento de los impactos ambientales globales destructivos, mientras que el 10 por ciento más pobre del mundo produce alrededor del 5 por ciento de estos impactos ambientales. Eso es claramente injusto. Pero el estudio concluye que la riqueza disponible en nuestras sociedades también podría frenar significativamente la destrucción climática. Esto se hace claro si consideramos que las personas más ricas a menudo son miembros de los sectores más poderosos de las sociedad mundial.

Pero se hacen ricos y mantienen su riqueza asegurándose de que el sistemas económico continúe como está. También contribuyen a impulsar el hiperconsumo que está destruyendo nuestro planeta. Los influencers de las redes sociales a menudo influyen esencialmente para que otras personas consuman más. El aspecto más revelador del estudio es que argumenta que las personas ricas no están necesariamente actuando perversamente al comportarse así. Más bien, los más ricos, al igual que los más pobres, están efectivamente encerrados en un sistema que los obliga a buscar un crecimiento sin fin y, por lo tanto, la destrucción de la naturaleza. Las concentraciones crecientes de riqueza, el consumo excesivo y el calentamiento global son características que emergen del capitalismo mismo.

Nunca pensé que vería una prestigiosa revista científica publicar trabajos que criticaran al capitalismo en términos tan firmes. Durante demasiado tiempo se nos ha dicho que el crecimiento debe continuar infinitamente, literalmente a cualquier costo para el medio ambiente, porque es un crecimiento que satisfará todas las necesidades de la humanidad. Eso nunca ha sido cierto. Por encima de cierto nivel, más dinero no te hace más feliz. Es hora de ir más allá de jugar con el capitalismo a través de iniciativas inoperantes de “crecimiento verde”, que son todos esfuerzos para mantener en marcha el crecimiento en el uso de la energía y el uso de materiales. Nuestros esfuerzos para conservar un sistema basado en el crecimiento infinito finalmente serán inútiles, porque por definición nunca se puede satisfacer una demanda infinita. En cambio, debemos pensar mucho más profundamente acerca de cómo se crea y se distribuye la riqueza en nuestras sociedades. Cualquier cosa menos correr el riesgo de tocar el violín mientras las pequeñas ciudades del Ártico y luego el resto de nuestra civilización, arden en llamas.

¿Por qué existe algo en lugar de nada?

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¿Por qué existe algo en lugar de nada?
por Tim Urban

No, pero en serio. ¿Por qué existe algo en lugar de nada?

Anoche, cuando me arrastraba por Internet a las 2:43 am, mientras los adultos del mundo dormían, mis ojos miraron el titular: “¿Por qué existe algo en lugar de nada?” en la barra lateral de un sitio en el que estaba. No hice clic en el artículo.

Finalmente me fui a la cama, planeando dormir ocho horas, cuando a las 7 de la mañana decidí que, en realidad, era un mejor plan despertar y mirar el techo durante tres horas pensando en por qué existe algo en lugar de nada.

Había escuchado la pregunta antes. Es una vieja pregunta sobre la que mucha gente ha reflexionado. Pero hasta las 7 de la mañana de hoy, no me di cuenta por completo de lo increíble que era la pregunta. No es una pregunta, es LA pregunta, y cuanto más lo piensas, menos sentido tiene.

Primero, mi mente se estanca en: “Espera, ¿por qué hay algo?” ¿Por qué hay espacio, tiempo, materia y energía?

Entonces, pienso en la alternativa. ¿Qué pasaría si no hubiera … nada … en absoluto … alguna vez … en alguna parte? ¿Qué pasa si nada existiera en primer lugar? ¿Pero qué? No. Eso no puede ser, tiene que haber algo.

La Nada es realmente un concepto loco. Podría pensar en una falsa nada, como un gran vacío (que es algo) o que no existiera nada aquí, lo cual no impediría que existieran otros universos en otras partes en otras dimensiones (lo cual es algo), o nada ahora, pero en algún momento, mucho antes o después de ahora, podría haber algo. Incluso en mi pregunta en el párrafo anterior, me refiero en realidad a “siempre” y “en cualquier lugar”, dos palabras que solo existen en un mundo donde hay algo, porque el tiempo y el espacio son algo.

Tratar de comprender mi verdad, no decir nada, es lo que mantuvo mis ojos muy abiertos mientras miraba el techo entre las 7 am y las 10 am de esta mañana.

Pero el hecho es que no hay Nada, hay Algo. Somos algo. La tierra es algo. El espacio es algo. El tiempo es algo. El universo observable y sus 100 mil millones de galaxias son algo.

Lo que desde luego me lleva a preguntar ¿Por qué? ¿Por qué existe todo esto? ¿Y dónde diablos estamos? Si este universo es lo único que hay, que es un poco extraño e ilógico, ¿por qué este gran espacio simplemente existiría solo en una situación que de otra manera no sería nada? Más lógico, para mí, es la situación burbujeante y espumosa del multiverso, pero aunque sea cierto todavía tendríamos el mismo problema. ¿Por qué existe esa cosa burbujeante? ¿Donde es que existe? ¿En qué contexto?

Ese es nuestro problema principal: no tenemos contexto. Es como acercarse a una sola letra y no saber nada más: ¿es la letra parte de un libro, en una biblioteca, en alguna parte? ¿Es parte de una palabra que existe por sí misma? ¿Es una sola letra, en solitario? ¿Es parte de algún código que no entendemos? No tenemos una maldita idea, porque todo lo que podemos ver es esta letra. No tenemos idea del contexto.

Las personas religiosas tienen una respuesta rápida a “¿Por qué existe algo en lugar de nada?” No soy religioso, pero cuando lo he pensado lo suficiente, me di cuenta de que es tan plausible como cualquier otra cosa que la vida en la Tierra fuese creada por otra vida inteligente, o que seamos parte de una simulación, o un montón de otras posibilidades que implicarían tener un creador. Pero en cada caso posible, la existencia del creador todavía necesita una explicación, por qué habría un creador original en lugar de nada, y para mí, cualquier explicación religiosa inevitablemente se golpea contra el mismo muro.

Leí un poco esta mañana para ver cómo la gente había pensado mucho más de lo que yo lo había hecho sobre LA pregunta. No es sorprendente que nadie tenga ni idea.

Ciertos científicos creen que la mecánica cuántica sugiere que es posible que se formen pequeñas burbujas de espacio-tiempo (algo) espontáneamente (de la nada), y que si una cosa no está prohibida por las leyes cuánticas de la física, está garantizado que sucederá. Por lo tanto, dicen los físicos cuánticos, el surgimiento de “algo” era inevitable.

Otros, como Joel Achenbach, creen que, en primer lugar, no existe tal cosa como nada. El explica:

Me parece que “nada”, a pesar de su simplicidad y simetría y falta de arbitrariedad, es sin embargo un estado o condición completamente imaginario, y podemos decir con confianza que nunca ha existido. La “Nada” se sueña en un mundo donde existe algo, en el cerebro de los filósofos, etc., en un pequeño planeta azul en órbita alrededor de una estrella amarilla ordinaria en cierta galaxia espiral.

No entiendo muy bien la lógica de Achenbach. ¿Por qué tiene que haber un mundo físico? ¿Por qué es un mundo físico una cosa automática? Pero entonces … si no hubiera un mundo físico, nunca, ¿entonces por qué simplemente no podría haber NADA?

Esto me esta arruinando.

Alguien que me ayude.

EEUU está a las puertas de cambios trascendentes

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ESTADOS UNIDOS ESTÁ A LAS PUERTAS DE CAMBIOS TRASCENDENTES
Por DAN SEWELL y RUSSELL CONTRERAS

CINCINNATI (AP) — Bob Moses dice que Estados Unidos está a las puertas de una gran transformación, tal vez tan impactante como la guerra civil del 1800 en torno a la esclavitud y el movimiento por los derechos civiles de la década de 1960, del que fue uno de sus líderes.

“Lo que estamos viviendo como nación se dio solo un par de veces en nuestra historia”, dijo Moses. “Esta es una época en que la nación entera está virando, pero nadie sabe exactamente en qué dirección”.

Moses, quien tiene 85 años, fue una de tantas personas, blancas y negras, que se expusieron a ser detenidos, agredidos e incluso asesinados por su papel en las batallas contra la segregación racial y a favor del derecho al voto en el sur del país. La Associated Press les pidió a algunos de los grandes referentes de esas luchas que opinen sobre las protestas actuales derivadas de las muertes de dos individuos afrodescendientes a manos de la policía en Minneapolis y Atlanta.

“Vivimos una tormenta perfecta”, dijo Jesse L. Jackson, estrecho colaborador de Martin Luther King Jr. “Tienes el COVID-19, tienes el ‘código azul’ (una alusión a la brutalidad policial), tienes pobreza y tienes a Trump”.

Distintos estudios indican que las personas afrodescendientes sufren con más intensidad el impacto del coronavirus, de la desaceleración económica que produjo y del maltrato policial, y las encuestas señalan que la mayoría se oponen al presidente Donald Trump, quien es republicano. Jackson destacó que no solo la población negra está saliendo a las calles.

“Es un movimiento más grande, más amplio y más global”, afirmó Jakcson, de 78 años.

Bobby Seale, de 83 años y cofundador del Partido de las Panteras Negras en 1966, dijo que las manifestaciones de hoy le parecen “fantásticas” porque atraen cientos de miles de personas, muchas más que las que había en su época.

“Me encanta”, manifestó Seale sonriendo desde su casa en Oakland.

Andrew Young, otro estrecho colaborador de King, se maravilla ante el tamaño de las movilizaciones y su espontaneidad. Young, quien fue legislador nacional, alcalde de Atlanta y embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, recordó que tomó tres meses organizar una movilización en Birmingham, Alabama, en la que King y otros manifestantes fueron detenidos. Contó que solo participaron algunos de los 500 manifestantes que deseaban reunir.

“Nuestra movilización fue intrascendente”, comentó Young, quien tiene 88 años, agregando que una carta que escribió King desde la cárcel y un boicot económico dieron mejores resultados.

James Meredith, quien cumple 87 añoso el jueves, siente que tiene una misión divina, que es acabar con la supremacía blanca. Hablando desde su casa en Jackson, Mississippi, dijo que el que una muchacha haya filmado la muerte de George Floyd a manos de un policía de Minneapolis es una señal de Dios. El video, sostuvo, enfoca la atención en la continua violencia contra las personas de raza negra.

“Siempre se piensa que ya terminó (la opresión), pero sigue pasando desde hace 500 años, una y otra vez”, manifestó Meredith, el primer estudiante afrodescendiente que tuvo la Universidad de Mississippi en 1962, en medio de violentas protestas de gente blanca. En 1966 sobrevivió a un episodio en el que un hombre blanco le disparó durante una “marcha contra el miedo”.

El activista de San Luis Percy Green dijo que las protestas de la década del 60 tenían objetivos claros.

“Esto de hoy es algo impulsivo”, expresó Green, de 84 años y otro veterano de la lucha por los derechos civiles. “Van a tener que seguir adelante para que haya cambios”.

Green y Seale dijeron que el movimiento actual tiene que enfocarse en llevar más gente a las urnas en las elecciones de noviembre.

Jackson acotó que los manifestantes deben ampliar sus reclamos, que no tendrían que limitarse a reformas policiales.

“Lo que me preocupa es que el tema de la policía es la epidermis, la capa exterior de nuestra crisis”, declaró. “El racismo está adentro, no se limita a la policía”.

Seale, quien fue acusado de promover desmanes durante una convención nacional demócrata en Chicago, advirtió que las movilizaciones “tienen que ser pacíficas. No creo en los disturbios”.

Young pronosticó que “surgirá un nuevo consenso acerca de cómo mantener la ley y el orden en una sociedad civilizada. Esto recién empieza. No creo que nadie tenga idea de la magnitud del cambio que se viene”.

Moses es más cauteloso. Dice que ya en el pasado hubo progresos seguidos de retrocesos. Pero apunta que la imagen de la muerte lenta de Floyd cuando un policía blanco le puso una rodilla en el cuello es una imagen que conmueve al país entero.

“Recién cuando sales de la presión de la profundidad del océano te das cuenta de que estabas en esas profundidaes”, expresó. “Me da la impresión de que mucha gente se sorprendió al descubrir que ha estado nadando en un mar bien profundo sin saberlo”.

La India es el peón nazi de EEUU contra China

LA INDIA ES EL PEÓN NAZI DE EEUU CONTRA CHINA
por Raúl Zibechi

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El reciente enfrentamiento militar entre la India y China en la región fronteriza de Ladakh (Cachemira), en el que murieron 20 soldados indios, debe ser analizado desde un punto de vista estratégico más que militar.

Si el análisis se circunscribiera a este aspecto, el balance de fuerzas no deja lugar a dudas: China es capaz de derrotar a la India, como lo hizo en la breve guerra de 1962.

El principal foco del conflicto es la carretera china NH 219 que une Xinjiang y Tibet atravesando la región denominada Aksai Chin, un enclave estratégico entre China, India y Pakistán que reclama Nueva Delhi, pero forma parte de la Región Autónoma Uigur de Xinjiang para Pekín.

Una región desolada y despoblada de 37.000 kilómetros cuadrados de pedregales desiertos a una altitud mínima de 4.300 metros fue la causa de una guerra hace medio siglo y de las confrontaciones actuales, no por sus riquezas sino por su valor geopolítico.

Cachemira es el punto de fricción entre las dos naciones más pobladas del planeta y además con Pakistán, que mantiene un largo litigio con la India desde su separación en 1947. Entre los tres países reúnen el 40% de la población mundial en una región como Eurasia, en disputa estratégica entre Occidente (EEUU y sus aliados) y la alianza China-Rusia.

Cachemira es la única región de mayoría musulmana que no se integró a Pakistán cuando fue la partición, quedando en manos de la India. Es un punto tan conflictivo en las relaciones sino-hindúes, que mereció un duro editorial de Global Times el 21 junio. “India estará más humillada que después del conflicto fronterizo de 1962 con China”.

No es, por cierto, el lenguaje habitual en los medios oficialistas chinos. Global Times llama al gobierno de Narendra Modi a “enfriar el nacionalismo” anti-chino que estos días barre la India y le recuerda que la brecha militar y económica entre ambas naciones es cinco veces mayor que en 1962.

“Intentar aventuras militares en esa área es pedir que se vuelvan a humillar en una escala cinco veces cinco veces mayor que en 1962”, concluye el rotativo. Agrega que si hubiera una guerra, India sufrirá “un retroceso de décadas en su economía y su posición global”.

Las relaciones se deterioraron abruptamente en agosto pasado, cuando India decidió acabar con la autonomía limitada de Jammu y Cachemira y redibujar el mapa de la región, una decisión duramente criticada por Pekín. De ese modo India creó una nueva región administrativa, Ladakh, que incluye Aksai Chin, el área que India reclama pero que controla China.

Un factor adicional de tensiones es la desconfianza de India ante la alianza de China y Pakistán, y la sospecha de Nueva Delhi de que Pekín ayudó a Islamabad a adquirir tecnología nuclear. China ha invertido alrededor de 60.000 millones de dólares en infraestructura en el corredor económico China-Pakistán, que parte de la Nueva Ruta de la Seda impulsada por el Dragón.

Para China el corredor es decisivo para la conexión con el puerto pakistaní de Gwadar, en la entrada al Mar Arábigo. Para India es un riesgo ya que la operativa china en ese puerto puede ser usada para apoyar las operaciones navales cerca de sus costas.

El ex diplomático indio M. K. Bhadrakumar sostiene que el conflicto sino-hindú comenzó con “la firma del tratado nuclear entre EEUU e India en 2008, cuando la relación entre Washington y Nueva Delhi experimentó una transformación histórica y la doctrina de la ‘interoperabilida’ con el ejército estadounidense comenzó a impregnar subrepticiamente el cálculo estratégico indio”.
A partir de ese momento, escribe el diplomático, “la política exterior de la India quedó atada a la de EEUU”. Entre las elites indias, arrasadas por un fervor nacionalista, existe la convicción de que el país puede derrotar a su adversario.

“Es una creencia delirante”, sostiene Bhadrakumar, ya que China es una superpotencia que “ha modernizado fenomenalmente sus fuerzas armadas con tecnologías que tienen un efecto multiplicador de fuerza que está mucho más allá de la capacidad de la India”.

En este clima, la abrogación del artículo 370 de la Constitución india para cambiar el estatuto de Jammu y Chachemira, fue una “línea roja” que Nueva Delhi se decidió a cruzar sin escuchar las quejas de Pekín. Autoridades indias declararon que “algún día” van a recuperar Aksai Chin, arrebatándole el control a China.El análisis de Roy es más duro aún, al detenerse en la razones políticas y culturales de lo que denomina como “ascenso del nazismo hindú”. Sostiene que el RSS (Rashtriya  SwayamsevakSangh), fundado en 1925, es “la nave nodriza del gobernante Partido Bharatiya Janata”, influenciado “por el fascismo alemán e italiano”.

Los miembros del RSS compararon a los 200 millones de musulmanes de la India “con los judíos de Alemania, y creyeron que los musulmanes no tienen lugar en la India hindú”. Agrega que el RSS “tiene 57.000 shakhas (sucursales) en todo el país y una milicia armada y decidida de más de 600.000 voluntarios”. Tiene además enorme influencia en las Fuerzas Armadas.

El primer ministro Modi fue miembro del RSS desde niño. En julio de 2013, un periodista de Reuters le preguntó si lamentaba el pogromo de 2002 en Gujarat, donde 2.500 personas, casi todas musulmanas, fueron asesinadas a plena luz del día y las mujeres violadas en grupo en las calles. “Respondió que lamentaría incluso la muerte de un perro si accidentalmente terminaba bajo las ruedas de su automóvil”, escribe una indignada Roy.

Siete millones de personas habitan el valle de Cachemira, “un gran número de las cuales no desean ser ciudadanos de la India y han luchado durante décadas por su derecho a la autodeterminación, están encerradas bajo un asedio digital y la ocupación militar más densa en el mundo”, denuncia Roy.

Con el régimen de Modi, “los musulmanes indios han sido privados de sus derechos y se están convirtiendo en las personas más vulnerables: una comunidad sin representación política, sin voz”.

Tres consideraciones

  1. Los medios occidentales no se molestan en informar sobre la deriva ultraderechista de la India, aliada de los EEUU, mientras denuncian la persecución china de los musulmanes de Xinjiang.
  2. La ofensiva de la India en la frontera con China, sumada a la anexión de Cachemira y Jammu y la persecución de los musulmanes, dibuja un panorama irritante para Pekín, que observa cómo se cierra un cerco desde Japón, el mar del Sur de China y Taiwán, hasta el océano Índico y la India continental.
  3. El tono fuerte de los medios chinos y del Gobierno parecen más que justificados ante esta tremenda situación. El más reciente editorial de Global Times arremeta contra el nacionalismo hindú y advierte: “La mayoría de las armas avanzadas de China se fabrican en el país, pero todas las armas avanzadas de la India se importan”.