La verdadera amenaza de la inteligencia artificial: más desigualdad económica.

La verdadera amenaza de la inteligencia artificial
Por KAI-FU LEE

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¿Qué peligros conlleva la inteligencia artificial? Es muy frecuente que la respuesta a esta pregunta se parezca a la trama de un thriller de ciencia ficción. La gente se preocupa de que el desarrollo de la inteligencia artificial produzca la “singularidad”: ese punto en la historia en que la inteligencia artificial rebasará a la humana, lo cual provocará una revolución inimaginable en la vida del hombre. Las personas también se preguntan si, en vez de que nosotros controlemos la inteligencia artificial, esta nos controlará a nosotros y nos convertirá, en efecto, en cíborgs.

Hay temas interesantes que se deben contemplar, pero no son apremiantes. Se refieren a situaciones que podrían no llegar sino hasta dentro de cientos de años, si acaso. En este momento, no hay un camino conocido entre nuestras mejores herramientas de inteligencia artificial (como el programa de computadora de Google que hace poco venció al mejor jugador del mundo en Go) y la inteligencia artificial “general”: programas de computadora conscientes de sí mismos que pueden tener un razonamiento con sentido común, adquieren conocimiento en muchos campos, sienten, expresan y entienden las emociones, etcétera.

Esto no quiere decir que no tengamos que preocuparnos de nada. Al contrario: los productos de inteligencia artificial que existen en la actualidad están mejorando más rápido de lo que la mayoría de las personas tiene conocimiento y prometen transformar de manera radical nuestro mundo, no siempre para bien. Solo son herramientas, no una forma de inteligencia que compita. Sin embargo, darán una nueva forma al significado del trabajo y a cómo se genera la riqueza, y esto producirá desigualdades económicas sin precedentes e incluso alterará el equilibrio mundial del poder.

Es imperativo que prestemos atención a esos desafíos inminentes.

¿Qué es la inteligencia artificial en este momento? Grosso modo, es una tecnología que tiene una cantidad enorme de información sobre un campo específico (por ejemplo, historias de rembolso de préstamos) y la utiliza para tomar una decisión en un caso específico (otorgar o no un préstamo a un individuo), al servicio de un objetivo específico (maximizar las ganancias del prestamista). Piensen en una hoja de cálculo extremadamente rápida que está acostumbrada a manejar una gran cantidad de datos. Estas herramientas pueden superar a los seres humanos en cualquier tarea determinada.

Este tipo de inteligencia artificial se está incorporando a miles de campos (no solo a los préstamos) y a medida que lo vaya haciendo eliminará muchos trabajos. Gradualmente, este software remplazará a los cajeros de los bancos, los representantes de atención al cliente, los televendedores, los operadores de bonos y de acciones, los asistentes legales y los radiólogos. Con el tiempo, esta tecnología llegará a controlar maquinaria semiautónoma y autónoma, como en los vehículos que se conducen solos y los robots, y la consecuencia será el desplazamiento de los trabajadores de las fábricas y de la construcción, los choferes, los repartidores a domicilio y muchos otros puestos de trabajo.

A diferencia de la Revolución Industrial y la Revolución de las Computadoras, la de la inteligencia artificial no tomará ciertos trabajos (artesanos, asistentes personales que usan papel y máquinas de escribir) ni los remplazará con otros (trabajadores en líneas de montaje, asistentes personales que saben de computadoras). En cambio, traerá consigo la aniquilación de trabajos a gran escala; la mayoría serán trabajos mal pagados, pero también los habrá bien pagados.

Esta transformación dará como resultado ganancias enormes para las empresas que desarrollen la tecnología, así como para las que la adopten. Imaginen cuánto dinero podría ganar una empresa como Uber si utilizara solo choferes robotizados. Imaginen los ingresos de Apple si pudiera fabricar sus productos sin mano de obra humana. Imaginen las ganancias de una empresa de préstamos que pudiera hacer préstamos por 30 millones de dólares al año sin que se involucre prácticamente a ningún ser humano (de hecho, mi firma de capital de riesgo ha invertido en una empresa prestamista como a la que hago referencia).

Así que estamos enfrentando dos situaciones que no conviven juntas fácilmente: riquezas gigantescas concentradas en relativamente pocas manos y cantidades gigantescas de personas desempleadas. ¿Qué se debe hacer?

Parte de la respuesta involucrará educar y volver a capacitar a las personas en las tareas en las que no destaquen las herramientas con inteligencia artificial. Esta tecnología no se adapta bien a trabajos que involucren creatividad, planeación y pensamiento interdisciplinario: por ejemplo, la labor de una abogada litigante. Sin embargo, lo más común es que estas habilidades se requieran en trabajos bien pagados, y sería complicado volver a capacitar a los trabajadores desplazados en estos. Es más prometedora la idea de trabajos con salarios bajos que involucren “habilidades de don gente”, las cuales no tiene la inteligencia artificial: trabajadores sociales, bármanes, conserjes, profesiones que requieran interacción humana matizada. No obstante, en este tipo de trabajos también hay un problema: ¿cuántos bármanes realmente necesita la sociedad?

Sospecho que la solución a este problema de desempleo en masa involucrará “trabajos de servicio de amor”. La inteligencia artificial no puede realizar estos trabajos que necesita la sociedad y que dan un sentido a la vida de la gente. Algunos ejemplos serían el acompañamiento de adultos mayores a sus visitas con los doctores, la orientación en orfanatos y ser padrino en Alcohólicos Anónimos, o en poco tiempo podría haber un Adictos Anónimos a la Realidad Virtual (para los que tengan una adicción a sus vidas paralelas en las simulaciones generadas por computadora). En otras palabras, los trabajos de servicio voluntario de la actualidad podrían ser trabajos reales del futuro.

Otros trabajos voluntarios podrían tener mejores sueldos y profesionalizarse, como los proveedores de servicio médico compasivo, la “interfaz humana” de los programas de inteligencia artificial que diagnostican el cáncer. En todos los casos, las personas serán capaces de optar por trabajar menos horas de las que trabajan ahora.

¿Quién pagará estos trabajos? Aquí es donde entra la riqueza gigantesca concentrada en relativamente pocas manos. Me parece que será inevitable que grandes porciones del dinero que creará la inteligencia artificial sean transferidas a las personas que perdieron sus trabajos. Eso puede ser viable solo por medio de políticas keynesianas en las que aumente el gasto del gobierno, lo cual presuntamente se lograría con el incremento de los impuestos a las empresas ricas.

En cuanto a la forma que tendrá la asistencia social, yo propondría un ingreso condicionado básico y universal: este se dará a las personas que tengan dificultades financieras, con la condición de que demuestren que hacen un esfuerzo por recibir capacitación que los vuelva contratables o que se comprometan a cumplir un cierto número de horas de “servicio de amor” voluntario.

Para financiar esa propuesta, las tasas de impuestos tendrán que ser mayores. El gobierno no solo tendrá que subsidiar la vida y el trabajo de la mayoría de las personas, sino que también tendrá que compensar las pérdidas de ingresos producto de los impuestos que solía recaudar de los empleados.

Esto nos lleva al desafío final y tal vez el más importante de la inteligencia artificial. El enfoque keynesiano que describí puede ser factible en Estados Unidos y en China, porque tendrán suficientes negocios de inteligencia artificial para financiar las iniciativas de asistencia social por medio de los impuestos. ¿Pero el resto de los países?

Las demás naciones enfrentan dos problemas infranqueables. Primero, la mayoría del dinero que produzca la inteligencia artificial irá a Estados Unidos y China. La inteligencia artificial es una industria en la cual la fuerza engendra fuerza: mientras más datos tengas, mejor será tu producto; mientras mejor sea tu producto, podrás recabar más datos; mientras más datos puedas recabar, podrás atraer más talento; mientas más talento puedas atraer, mejor será tu producto. Es un círculo virtuoso, y Estados Unidos y China ya tienen amasados el talento, la participación en el mercado y los datos para ponerse en marcha.

Por ejemplo, la empresa china de reconocimiento de voz iFlytek y varias empresas chinas de reconocimiento facial como Megvii y SenseTime se han vuelto líderes de la industria, según las mediciones de capitalización bursátil. Estados Unidos encabeza el desarrollo de los vehículos autónomos, el cual lideran empresas como Google, Tesla y Uber. En cuanto al mercado del internet para el consumidor, hay siete empresas estadounidenses y chinas —Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Baidu, Alibaba y Tencent— que están utilizando la inteligencia artificial de forma exhaustiva y están expandiendo sus operaciones a otros países, con lo cual básicamente se están adueñando de esos mercados. Parece que los negocios estadounidenses dominarán los mercados desarrollados y algunos de los mercados en desarrollo, mientras las empresas chinas tendrán la mayoría de los mercados en desarrollo.

El otro reto que tienen muchos países que no son China ni Estados Unidos es que sus poblaciones van en aumento, en especial los países en vías de desarrollo. A pesar de que tener una población grande y en crecimiento puede ser un activo económico (como en China y en India en décadas recientes), en la era de la inteligencia artificial será una carga, porque estará compuesta principalmente de trabajadores desplazados, no de trabajadores productivos.

Así que, si la mayoría de los países no puede tener empresas de inteligencia artificial que puedan generar enormes cantidades de ingresos en impuestos para subsidiar a sus trabajadores, ¿qué opciones tendrán? Solo puedo predecir una: a menos que deseen hundir en la pobreza a su gente, se verán obligados a negociar con el país que les proporcione la mayor cantidad de software de inteligencia artificial —China o Estados Unidos— para que en esencia sea dependiente económico de ese país y acepte los subsidios de asistencia social a cambio de que las empresas de inteligencia artificial de la nación “madre” sigan obteniendo ganancias de los usuarios del país dependiente. Estos arreglos económicos transformarían las alianzas geopolíticas de la actualidad.

De cualquier manera, tendremos que empezar a pensar en cómo minimizar la inminente brecha que abrirá la inteligencia artificial entre los que la tienen y los que no la tienen, tanto dentro de las naciones como entre ellas. O para ser más optimistas: la inteligencia artificial nos está presentando una oportunidad de repensar la desigualdad económica a escala global. Los efectos de estos desafíos tienen tal alcance para cualquier país que es imposible aislarse del resto del mundo.

Nota:

Kai-Fu Lee es presidente y director ejecutivo de Sinovation Ventures, una firma de capital de riesgo, y presidente del Instituto de Inteligencia Artificial de esa empresa.

La guerra económica de EEUU contra Venezuela

La guerra económica de EEUU contra Venezuela
Germán Sánchez Otero
Escritor y diplomático, fue embajador de Cuba en Venezuela.

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¿Qué objetivos, cuáles efectos?

Desde mediados de 2012 Venezuela comenzó a ser víctima de una guerra económica integral y creciente, cuyo fin es derrocar al gobierno bolivariano, lograr el control de ese estratégico país y destruir el modelo alternativo al capitalismo que implementa la Revolución Bolivariana.

Se trata de una guerra no convencional, que ha logrado en los últimos cuatro años dislocar la economía y generar poderosos impactos humanos. Estos afectan a casi todas las familias en niveles muy severos, sin precedentes en Venezuela y pocas veces acaecidos en el mundo.

Guerra sin balas, es también inhumana y perversa. Desaparece medicamentos e insumos médicos; saca de los anaqueles alimentos básicos y productos de higiene esenciales, desviándolos al mercado ilegal; genera inmensas y continuas colas; provoca hiperinflación y degrada a extremos irritantes la capacidad adquisitiva del bolívar y por ende de los salarios y otros ingresos del pueblo humilde.

Antecedente: Golpe petrolero de 2002

Durante el paro empresarial y el sabotaje petrolero de fines de 2002 y principios de 2003, el gobierno de Estados Unidos intentó derrocar a Chávez por la fuerza, luego de fracasar del mismo modo ocho meses antes. Orquestó el nuevo plan golpista basándose en una parálisis de la economía, respaldada por las transnacionales,los grandes empresarios venezolanos, y buena parte de la gerencia de la empresa petrolera estatal. Y otra vez participaron a tiempo completo casi todos los medios de comunicación privados,los partidos y entes civiles contrarrevolucionarios, y los militaresgolpistas –ahora fuera de la institución–derrotados en abril de 2002.

La embestida duró dos meses y provocó que el PIB se contrajera 18%, entre los años 2002–2003. Hubo amplia escasez de productos básicos, incluso de gasolina, la inflación se duplicó, al igual que el desempleo y en general aumentó la pobreza. También creció la fuga de capitales y el índice de riesgo país se disparó, con grave incidencia para la obtención de préstamos.

El llamado “golpe petrolero” devino prueba medular para la Revolución Bolivariana, que logró la victoria sustentada en una sólida alianza del pueblo civil y los militares, bajo el liderazgo de Chávez.

Referendo contra Chávez de 2004

Al terminar la jornada sin éxito, Estados Unidos apuesta de inmediato a la vía electoral, por medio del referendo revocatorio contra el Presidente, posible de activar en agosto de 2003. Luego de crear tal adverso escenario económico y social para el proceso bolivariano,el imperio se propuso coronar su plan de derrocar a Chávez a través de las urnas y a ellas dedicó sus poderosos recursos.Los desajustes que el plan golpista provocara en la economía y los graves impactos entre la gente humilde, hicieron creer a Estados Unidos que existía el escenario idóneo para derrotar a Chávez con votos. ¿Por qué estaban tan seguros?

En julio de 2003, según encuestas confiables, Chávez habría perdido el RR. Sin embargo, cuando se realiza 13 meses después, gana con 60 %.

¿Cómo fue posible derrotar este nuevo intento contrarrevolucionario, que abarcó desde febrero de 2003 hasta el 15 de agosto de 2004?

Vale la pena recordar los motivos:

––El estricto control de cambio en febrero de 2003, puso de rodillas a los empresarios. El gobierno logra un alto poder de fuego, al disponer de todas las divisas y usarlas según las prioridades del consumo de la población y del plan de desarrollo económico.

––Regulación de precios a una amplia lista de alimentos y medicamentos, y de productos de higiene.

––Creación y despliegue meteórico de las misiones sociales en la salud, la educación y la alimentación, y parapromover empleos. Acciones todas de gran impacto social, que benefician en pocos meses a más del 65 % de la población.

––Unidad cívico–militar.

––Acelerada reactivación de la producción y de los canales de distribución.

––Movilización constante del pueblo, avances en su organización en las bases y en la conciencia. Papel fundamental del liderazgo de Chávez.

––Radicalización de la Revolución, al adoptarel signo antimperialista y enfrentar sin ambages al gobierno de George W. Bush.

Desde entonces (15 de agosto de 2004) y hasta 2013, la Revolución Bolivarianalogra amplia hegemonía política y un vasto poder del Estado, en un contexto regional ventajoso con predominio de varios gobiernos de izquierda y progresistas, y favorecida por cuantiosos ingresos petroleros.

Crece mucho la influencia del presidente Chávez y del gobierno bolivariano en los procesos de unión e integración de la América Latina y el Caribe.

Por primera vez en la historia, el petróleo se convierte en potencial de solidaridad en vez de arma de presión.

Sin embargo,durante esa década el imperio mantiene su objetivo y busca avanzar. No cesa de conspirar. Evalúa las causas de sus derrotas, aumenta la ayuda financiera y la asesoría a Ongs y partidos opositores. Examina y explora nuevas variantes subversivas, entre ellas prepara a jóvenes opositores en los métodos de las “revoluciones de colores”.

Y en 2007, cuando Chávez se propone realizar una profunda reforma a la Constitución, con el fin de acelerar y fortalecer el proyecto socialista bolivariano, Estados Unidos hace todo lo posible para evitarlo y, sin dudas, contribuye a la derrota de la reforma en las urnas.Amén de otros factores, Chávez pierde el Referendo debido a la eficaz campaña ideológica y política contrarrevolucionaria, guiada desde Washington, y al sensible desabastecimiento programado e inducido, que abarcó el 25% de los productos esenciales.

Pero Chávez saca lecciones de la amarga experiencia y durante 2008 retomó la iniciativa, que no perdió nunca más.

Nueva arremetida imperial

En junio de 2011, la noticia sobre la sorpresiva enfermedad de Chávez reactiva en Washington y en sus aliados venezolanos, y de numerosos países, la esperanza de destruir en breve plazo a la Revolución Bolivariana.

La gravedad de su salud resulta clara al comenzar 2012, año en que están previstas elecciones presidenciales en octubre. Surge así otra posibilidad de derrotarlo por la vía comicial y, de no lograrse, avanzar en un plan integral de desestabilización y de asalto al poder.

Esta vez,las acciones económicas y financieras radicales e interrelacionadas van a ocupar un papel central desde la primera etapa: una especie de ablandamiento artillero que no debe cesar hasta lograr la derrota del adversario, con el uso de un amplio arsenal y numerosas variantes de ataque.

Quienes concentran la propiedad del capital, la producción y la distribución, sobre todo de los bienes esenciales para la vida, pueden manipular los mercados, sus precios y las cantidades de los productos. Ellos poseen armas muy poderosas para derrocar gobiernos.

Y como lo demuestran varios ejemplos de la historia, esos entes económicos y financieros, actúan acorde con la estrategia política decidida en los centros de poder del imperialismo estadounidense. Así obraron, por ejemplo, contra el gobierno de Salvador Allende y después frente a la Revolución Sandinista. Y también contra Cuba, aunque nuestro pueblo ha demostrado que es posible resistir y derrotar incluso la versión más extrema y prolongada de la agresión.

No es casual que la guerra económica contra Venezuela se inicie meses antes de los comicios presidenciales de octubre de 2012. Y que se recrudezca de modo acelerado, una vez que es notoria la extrema gravedad de Chávez.

Luego que él fallece en marzo de 2013 y ante la nueva elección presidencial de abril de ese año, aceleran el paso.Al triunfar Nicolás Maduro –por una diferencia mínima-, Estados Unidos acentúa su decisión de desestabilizar a fondo toda la economía y culpar de tal desastre al modelo socialista que adelanta la Revolución Bolivariana.

El imperio no pierde un minuto, a fin de aprovechar la coyuntura anómala que se crea en el campo bolivariano durante 2012 y hasta el 5 de marzo de 2013, y en el lapso del proceso de sustitución de Chávez y de toma de experiencia por su sucesor, el presidenteMaduro.

A mediados de 2012 comienza a ejecutarse el nuevo plan. Y en 2013 incrementan las acciones económicas, políticas, mediáticas, conspirativas y diplomáticas.

Bombardeo de la artillería pesada

El objetivo esencial en la primera etapa es desajustar a fondo el sistema económico. Para ello manipulan las importaciones, la producción, la distribución mayorista y minorista, y el valor del bolívar. Así impiden que el gobierno controle la inflación y otras categorías macroeconómicas. Todo vale para destrozar la economía y colocar a la defensiva al adversario.

¿En qué consiste esta guerra económica? ¿Qué actores económicos, políticos y conspirativos participan en ella?

¿Cuáles son sus objetivos? ¿Qué efectos ha provocado en la población?

¿Qué medidas ha estado adoptando el gobierno para contrarrestarla? ¿Es posible derrotarla? ¿En qué plazo?

La economista venezolana Pasqualina Curcio, en su documentado libro “La mano visible del mercado. Guerra económica en Venezuela” ofrece datos y argumentos irrefutables. Entre los instrumentos que emplea la guerra económica se encuentran: 1) el desabastecimiento programado de bienes esenciales; 2) la inflación inducida; 3) el boicot en el suministro de los bienes de primera necesidad; 4) el embargo comercial encubierto; y 5) el bloqueo financiero internacional.

Quienes utilizan estas armas lo hacen de manera oculta, no muestran sus rostros.

Actúan respaldados por sistemáticas campañas comunicacionales, cuya línea principal es responsabilizar al gobierno bolivariano con el desastre creado, debido a sus decisiones puntuales y, sobre todo, por adoptar un modelo económico alternativo al capitalismo.

Participan en esta guerra no convencional las grandes corporaciones transnacionales, en complicidad con los monopolios nacionales de alimentos, medicamentos y artículos de higiene. El diseño y la dirección estratégica recaen en los centros de poder de los Estados Unidos, que también utilizan a los entes políticos opositores de Venezuela, gobiernos aliados y a los medios de comunicaciones locales e internacionales. Todos actúan para encubrir las acciones de la guerra económica, y confundir al pueblo sobre las causas y responsables de esta.

Guerra económica e importaciones

Ofrezco y comento enseguida algunos datos, aportados por Pasqualina. El PIB de 2015, año en que se registró un nivel de escasez superior al 30 %, fue 34 % mayor que el del año 2004, cuando ocurriera un nivel de escasez del 7 %, el más bajo en veinte años.

La tasa dedesempleo en 2015 alcanzó 6 %, 62,5 puntos inferior a la de 1999. Esto contradice que se haya producido el cierre masivo de fábricas.

Por su parte, las cifras de las importaciones desmienten que la supuesta caída de estas haya provocado el desabastecimiento. Al contrario. Ellas aumentaron 129 % desde 1999 hasta 2014. Y ese año, el 2014, las importaciones superaron los 31 000 millones de dólares, casi el doble que en 2004, cuando sumaron 16 000 millones de dólares.

La importación de alimentos ascendió a 7 700 millones en 2014 y en 2004 fueron 2,100 millones, o sea 259 % mayor. Y en el caso de los medicamentos, en 2014 se importaron 2400 millones de dólares, mientras en 2004 apenas fueron 608 millones. Un incremento de 309 %.

Por consiguiente,la falta de alimentos, medicamentos, artículos de higiene, repuestos para el transporte y otros productos, así como las largas colas no pueden explicarse porque el sector privado haya dejado de recibir las cantidades suficientes de dinero para las importaciones. Desde 2003, tales divisas son entregadas por el Estado a las empresas privadas, a un tipo de cambio preferencial, que actualmente es de 10 bs por US$.

En 2004 –año en que no hubo desabastecimiento– se les asignó 15 750 millones de dólares y en 2013, momento en que con mayor intensidad comienzan a escasear los rubros esenciales, la cantidad asignada se duplicó a 30 859 millones.

Desde que se instauró el control cambiario en 2003 y hasta 2016, las empresas privadas recibieron del Estado 338 331 millones de dólares para las importaciones. Hubo años, como el 2007 y el 2008, en que se les asignaron alrededor de 40 mil millones de dólares en cada uno.

En 2011, ante de comenzar la guerra económica, se lesadjudicaron solo para alimentos 4 454 millones de dólares. En 2012, cuando empezaron a escasear varios productos y surgieron las colas, la cifra subió a 4 843 millones. En 2013 fue de 4 624 millones. Y en 2014 alcanzó4 173 millones.

¿Por qué ocurre el desabastecimiento?

El desabastecimiento tampoco puede ser explicado por el aumento del consumo. Por ejemplo, entre 2003–2013 la línea de tendencia del crecimiento del consumo es 5,07 %, mientras que la suma de lo que se produce más lo que se importa origina una tendencia creciente de 5,99 %. Son otras las causas del desabastecimiento.

Una de ellas, argumentada en detalles por Pascualina Curcio, es la diferencia entre el monto en dinero recibido para las importaciones y los valores de uso importados, expresados en kilogramos. Esta diferencia es clave.

La variación de las importaciones totales de bienes y servicios expresadas en dólares, fue de 388,9 % al comparar los años 2003 y 2013. Sin embargo al medir las importaciones totales de bienes y servicios, ahora expresadas en kilogramos, la variación en el mismo período fue de 57,6 %.

O sea, se importa menos bienes y servicios con una mayor cantidad de dólares asignados

El costo promedio de importación por kilogramo en el 2013 fue 210 % más alto que en 2003. Ese año ascendió a 0,83 dólar por kilogramo y en 2013 fue 2,34 dólares por kilogramo. De tal modo, un factor del desabastecimiento radica en que con una mayor cantidad de divisas entregadas por el Estado, se ha importado menor cantidad de bienes.

¿Qué hicieron con los dólares los empresarios? Aquí está la respuesta: Las monedas y depósitos del sector privado en el extranjero, suben 233 % entre 2003 y 2013. Por supuesto, con el subterfugio típico de la sobrefacturación u otros trucos, donde además de agentes corruptos externos deben haber participado no pocas veces funcionarios venezolanos de la misma especie.

Un segundo factor importante del desabastecimiento, es el acaparamiento por parte de las grandes empresas importadoras y productoras de alimentos básicos, medicamentos, piezas y repuestos del transporte, semillas, etc.

Y el tercer factor es el contrabando de extracción en las fronteras, sobre todo hacia Colombia.

Tales desequilibrios provocan otros, como el llamado bachaquerismo, aquellos sujetos que adquieren los productos a precios subsidiados y luego los revenden en el mercado informal varias veces más caro.

Inflación inducida, vía internet

El arma más poderosa y efectiva de la guerra económica contra Venezuela, es la inflación inducida vía internet con fines políticos, al fijarse de manera arbitraria e ilegalcada día la tasa de cambio respecto del dólar.

A partir de 2013, en Venezuelalos niveles de precio no los determina la demanda agregada y la liquidez monetaria, como ocurre en todos los países. Lo hace el dato arbitrario que aparece en la página “Dólar Today”.

Sus nocivos efectos en los precios (inflación) y por ende en el poder adquisitivo de la mayoría de los ciudadanos,en la distorsión de los mercados y en la caída de la producción, forman un haz diabólico.

Tales tasas de cambio, no responden a criterio económico alguno. Obedecen a una intencionalidad política, encaminada a desestabilizar a fondo y sin escrúpulos la economía y la sociedad.

Veamos estos datos. La variación promedio anual del tipo de cambio paralelo desde 1999 hasta 2011fue de 26 %. En 2012 respecto a 2011 creció a 31 %. Y en 2013 se dispara en comparación con 2012: 224%. Sube a 475 % en 2015 y en estos momentos la cifra es superior a 600 %.

Basándose en un modelo matemático que contempla el monto de las reservas y la liquidez monetarias, PasqualinaCurcioestimó que en marzo de 2016 la tasa de cambio real debía ser de 84 bs para adquirir un dólar, mientras que en esa fecha la tasa de cambio ilegal inducida por internet era de 1212 bs.

Ella también hizo un gráfico donde muestra la diferencia entre el tipo de cambio manipulado y el real estimado. En 2013 el manipulado es 1,5 veces mayor que el real, en 2014 sube a 2,4 veces, en 2015, aumenta 7 veces y en 2016 el paralelo es 14, 5 veces superior al valor real estimado.

¿Bloqueo económico?

El imperio desarrolla la guerra económica contra Venezuela de modo simultáneo y creciente en todos los escenarios, con el fin de destruir los pilares que sostienen cualquier sistema económico.

Hasta el momento, Estados Unidos no ha codificado en sus leyes –como ha hecho con Cuba– esta criminal guerra de cuarta generación, equivalente a un bloqueo económico, comercial y financiero, con sus especificidades. Han actuado de modo solapado, basándose en los diversos aliados e instrumentos con que cuenta. Uno de ellos es el financiero internacional.

Venezuela sufre desde 2013 una especie de bloqueo financiero. Consiste en hacer cada vez más difícil y costoso a la República y en especial a Pdvsa, tener acceso a créditos en el mercado internacional y en entorpecer las operaciones financieras de tal rango. También en este ámbito las armas han sido invisibles: sobre todo consisten en la publicación de elevadas cifras del índice de riesgo país y en enlentecer las transacciones financieras.

El riesgo país, como se sabe, es un índice que mide la garantía de un Estado para cumplir con sus compromisos financieros. Establece una prima de riesgo asociada a la probabilidad de incumplimiento en el pago de la deuda externa. Si el índice de riesgo país es mayor, los intereses y condiciones del préstamo serán más severos.

Todos los entes calificadores del riesgo país, son instrumentos de grandes bancos privados. Por ello no es casual que la guerra económica contra Venezuela haya incluido pintarla de rojo. Y desde 2015 está señalada como la nación de mayor riesgo, con más de 2 mil puntos.

Llama la atención que durante los años 2009 al 2012 el índice es bajo y estable y que se dispare a partir de febrero de 2013. Sin embargo, ninguno de los factores que podrían determinar tal fenómeno está presente: el pago de la deuda ha sido puntual, con cifras astronómicas; en 2013 el precio del petróleo aún no se ha desplomado; ni tampoco disminuye ese año el PIB y las reservas internacionales eran aceptables.

Lo que sí resulta evidente, como demuestra Pascualina, es la relación directa entre el tipo de cambio ilegal, la inflación inducida por este y el riesgo país. La razón es obvia: son tres categorías manipuladas con fines políticos por los autores de la guerra económica. Imponen el tipo de cambio, lo elevan a cifras cada vez mayores y hacen lo mismo, en similar proporción irracional, con el nivel del riesgo país. El comportamiento de las tres variables –tipo de cambio ilegal, inflación inducida y riesgo país– está estrechamente relacionando y es resultado de un mismo plan de desestabilización política.

Sugerencias para el análisis final de los lectores

La guerra económica contra Venezuela ha logrado crear un escenario sumamente complejo para la Revolución Bolivariana. Es un reto de medular importancia, que ella puede vencer y adelantar con muestras contundentes que es así en el menor plazo. Toda la sociedad ha sido impactada y sus efectos han contribuido de manera directa a la disminución de los votos obtenidos por los candidatos bolivarianos en las elecciones de octubre de 2012, abril de 2013 y diciembre de 2015 (Asamblea Nacional), donde ocurriera una derrota sensible.Está probado con cifras, que en tales coyunturas la inflación se disparó y los abastecimientos básicos desaparecieron.

El objetivo final de la contrarrevolución no es ganar la presidencia y los demás poderes públicos a través del voto. Esto forma parte del plan desestabilizador –a lograr siempre que resulte posible–, pero no es lo único: la meta es extirpar la Revolución Bolivariana y el chavismo. Para lograrlo, pretenden hacer creer que ella es la causante de los profundos desajustes causados por la guerra económica.

En consecuencia, un frente de batalla principal para intentar derrotar a la Revoluciónes y seguirá siendo la agresión económica.

Junto a ella acrecientan la escalada de violencia, como sucede desde abril pasado, que conduzca a una guerra civil o la apariencia de ella, y entorpezca las acciones del gobierno para derrotar las agresiones económicas.Además tratan de afianzar la imagen de que “el régimen” es una dictadura, sin escrúpulos ni apoyo.

Promueven la idea de que existe una crisis humanitaria y se requiere ayuda internacional, y que se ha generalizado el caos. Aceleran presiones y maniobras a fin de estrechar el cerco diplomático y buscan crear las condiciones para una eventual intervención militar directa. Siempre con el más amplio respaldo comunicacional.

La coartada del imperio y sus adláteres dentro y fuera de Venezuela, es adjudicar al gobierno bolivariano y al modelo económico–social y político que este adelanta, la carga del desastre que han generado a consecuencia de la guerra económica y de las demás acciones subversivas.

Tal maniobra resulta urgente desmentirla, pues ella es la plataforma para justificar todas las agresiones, incluida la guerra sucia y la intervención armada.

No por cínica esa campaña disminuye su potencial para confundir a muchas personas, fuera y dentro de Venezuela, gracias al sistemático bombardeo de falacias mediáticas. Y porque los graves efectos de las agresiones económicas en la vida cotidiana de las personas, facilitan que se distorsione la realidad.

Desde mediados de 2012, es notorio que Estados Unidos actúa con premura para derrocar al poder bolivariano en el corto plazo. De ahí el ritmo y amplitud de la agresión económica. Y si no lo ha logrado, es debido a la fortaleza que ha mostrado la Revolución Bolivariana.

No es casual que luego de asumir el control de la Asamblea Nacional en enero de 2016, la oposición política se haya propuesto sacar al presidente Maduro en seis meses. Ni que actúen desde entonces con tanta beligerancia frente a los demás poderes. Sin dudas, se sienten respaldados por el poderío del imperio. En especial perciben que es un éxito la guerra económica y apuestan a que esta será cada vez más recia, para favorecer el objetivo de arrasar de manera pronta con la Revolución.

Tal apremio y la subestimación de la fuerza popular y militar de la Revolución, hacen que el imperio y sus cómplices dentro y fuera de Venezuela cometan serios errores de estrategia y táctica políticas. Están enceguecidos por la oportunidad que creyeron definitiva, a partir de la muerte de Chávez en 2013. Se sienten confiados por los efectos que han logrado con la guerra económica,las dificultades que le han surgido al gobierno bolivariano debido a la caída del precio del petróleo –a lo que Estados Unidos ha contribuido–y un contexto en Suramérica menos favorable.

El presidente Maduro y el liderazgo bolivariano han comprendido que la victoria sobre la actual arremetida imperial –la más integral, poderosa y aviesa desde 1999–, supone lograr revertir las causas que han propiciado en parte el éxito alcanzado por el enemigo en la implementación de la guerra económica. Se trata de un frente de batalla tan decisivo como complejo, que el Presidente y el liderazgo cívico-militar bolivariano encaran con centralidad estratégica y acciones prácticas, sustentadas en la creatividad y entereza del pueblo chavista.

Son alentadores los resultados que se vienen logrando con la implementación de los Comités Locales de Alimentación y Producción (Claps) y la Gran Misión Abastecimiento Soberano, junto a diversas medidas asociadas a la supervisión y control de las importaciones, de la producción y la distribución y un mejor control de las fronteras.

Resultan loables las decisiones sobre el uso de las divisas y otras medidas semejantes en el terreno económico y financiero. Y es crucial la definición y puesta en funcionamiento de los “quince motores” para avanzar hacia una nueva etapa de desarrollo, que supere por fin el deformador rentismo petrolero, acorde con el pensamiento económico de Chávez y su Plan de la Patria formulado en 2012.

Existe claridad sobre determinadas vulnerabilidades. Entre ellas: la elevada concentración de la producción, de las importaciones y de la distribución de bienes y servicios en un reducido número de empresas; el dominio de monopolios y oligopolios en los mercados de bienes de primera necesidad; la alta dependencia de las importaciones y el imperativo de sustituir buena parte de ellas con producción nacional.

También hay conciencia de que el Estado ha sido deficiente –con expresiones de corrupción– en su papel de regulador y supervisor de las grandes empresas productoras, comercializadoras e importadoras, y del sistema financiero y los bancos.

Por otra parte, esta es una guerra sui géneris donde hasta ahora no existen culpables ni presos. Sin embargo, hay desabastecimiento e inflación inducidos, sabotaje en el suministro, embargo comercial encubierto y altas cifras de contrabando vía frontera. Y todo ello provoca graves violaciones a los derechos humanos del pueblo venezolano, que es víctima de la carencia de alimentos, de medicamentos e insumos médicos, y de otros artículos indispensables para la vida.

Es de esperar que la Asamblea Nacional Constituyente examine a fondo la actual estrategia contrarrevolucionaria concebida y dirigida por el imperialismo. En particular,los componentes y responsables de la guerra económica, a fin de adoptar nuevas medidas de efectos más inmediatos y reforzar las de complexión estructural, para revertir sus efectos, suprimir las causas e impedir su repetición.

Las secuelas de la agresión económica son enormes y no es conveniente minimizarlas. El imperio sacó provecho de una coyuntura inesperada. Atacó a fondo y sin piedad.

Por consiguiente, ser radical es la premisa, ir a las raíces es la senda. Y solo el pueblo civil y militar, movilizado, consciente y unido –como ya ocurre-, será capaz de obtener otro formidable laurel. Esta vez, sin la presencia física de su líder pero sí de sus leales seguidores, encabezados por el presidente Maduro.

Una historia de la dictadura uruguaya: “Me vinieron a buscar las Fuerzas Conjuntas: hay comida en la heladera”

Una historia de la dictadura uruguaya
“Me vinieron a buscar las Fuerzas Conjuntas: hay comida en la heladera”

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Mientras se la llevaban los militares decidió que había que trasmitirle tranquilidad a su marido: escribió el mensaje en un papel y lo dejó sobre la mesa para que lo encontrara al volver. Más de 40 años después, su hijo subió esa pequeña carta a las redes sociales y dio la vuelta al mundo. Infojus Noticias habló con los protagonistas para reconstruir la historia de ese gesto de amor en medio del horror.

Graziella Formoso desayunaba y se apuraba para ordenar. Eran las nueve de la mañana y su padre la estaba por pasar a buscar para llevarla de Pando hasta Montevideo, donde cursaba en la facultad de la Agronomía. Ese día, el 9 de julio de 1974, le tocaba la clase de Edafología 2. Su marido Luis había salido más temprano: era fecha patria en Argentina y de eso hablaba la radio que sonaba de fondo.
Graziella recogía sus apuntes para irse a la facultad y Blanquita, la lavandera del barrio, desplegaba la ropa en la calle. Entonces los vio: un grupo de militares se acercaba por la vereda. “Están viniendo para acá”, pensó, mirando la cara aterrada de la lavandera. Y esperó. Los hombres golpearon la puerta y entraron sin mediar palabra. Avanzaron hacia la pieza de entrada donde estaba el juego de comedor, regalo de su mamá. En la mesa había papeles desparramados y un adorno con los versos de “Caminante no hay camino” de Antonio Machado. Eso miraba fijo Graziella cuando se animó a preguntar:
-Ustedes quiénes son.
Eran las Fuerzas Conjuntas, el organismo de la dictadura que abarcaba las Fuerzas Armadas y la Policía. Le preguntaron su nombre. Ella respondió. Le dijeron que tenía que irse con ellos.
-Yo soy el capitán Aguerre.
Graziella pensó en su marido. Sacó una hoja y una lapicera del bolso de la facultad y escribió: “Luis: me vinieron a buscar las fuerzas conjuntas. Hay comida en la heladera”. Tenía 21 años, estaba aterrada pero necesitaba transmitirle tranquilidad. Todo tenía que seguir como siempre.

Graziella no veía nada por la capucha pero en el camión percibió las piernas largas de Adriana, una compañera de la Unión de Juventudes Comunistas (UJC). Viajaron durante 45 minutos por un camino accidentado. Cuando las bajaron se dio cuenta que estaban cerca de una estación de tren. Plantadas frente a una pared blanca, miraban el piso de cemento y escuchaban como alguien corría de acá para allá:
-¡Número! – gritaba uno de los militares.
El mayor Mario Aguerre era el encargado del operativo. El capitán Eduardo Caussi hacía los interrogatorios. Años después Graziella sabría que estaban en un cuartel de San Ramón, al norte del departamento de Canelones y que el jefe allí era teniente coronel Juan Carlos Geymonat.
Eran las 10 y media de la mañana cuando la hicieron pasar a la sala sanitaria donde un médico le preguntó si padecía alguna enfermedad, si tomaba alguna medicación. Después de tomarle los datos y preguntarle por su obra social le dijo:
-¿A quién le avisamos en caso de fallecimiento?
Graziella les dio la dirección de sus padres y la volvieron a subir al camión. Pudo correrse un poco la capucha y allí vio a Adriana y a otra compañera, Alicia. El grupo electrógeno del vehículo, que se encendía y apagaba, la ponía nerviosa.
“Luis y mis padres ya deben saber que me llevaron. La lavandera les tiene que haber contado todo”, se decía para tranquilizarse. Y de golpe se dio cuenta por qué estaba ahí: había participado de unas pintadas para denunciar la muerte de la estudiante Nibia Sabalsagaray, asesinada mientras la torturaban con submarino seco. Recordaba la última vez que la había visto viva. Estaba sentada sobre una mesa junto a un montón de volantes, con una polera amarilla y una falda negra. Sonreía.
La autopsia de Nibia la hizo el entonces médico, Marcos Carámbula, que luego en democracia llegaría a ser intendente de Canelones. Su familia había pedido una autopsia porque los militares decían que se había suicidado. En eso pensaba Graziella todavía arriba del camión.
Allí los días pasaban todos iguales. Las mantenían paradas desde las seis de la mañana hasta las 10 de la noche. Y cada tanto las dejaban ir al baño. Primero interrogaron a Alicia, se quebró y la liberaron. Años después sería la maestra de su primer hijo. A Adriana la llevaron para hacerle submarino y después la encerraron en una celda.
Y le llegó su momento.
El teniente Caussi le preguntó sobre los comunistas.

-Yo fui a un colegio católico. No tengo nada que ver con comunistas- respondió Graziella.
Desde el otro cuarto escuchaba cómo hablaban de los itinerarios de pintadas de militantes de la Federación de Estudiantes Universitarios de Uruguay (FEUU). Allí escuchó los nombres de sus compañeros y el suyo propio. Y se quedó sin aire, como si le estuvieran comprimiendo el pecho. Los habían delatado y esperaban que ella hiciera lo mismo. Se calló la boca.
Le hicieron firmar un papel donde decía que no había recibido malos tratos y se resignó. Sentía que iba a pasar allí mucho tiempo. Así que se impuso una rutina: barrer la celda con una escoba chica, y caminar. En un momento un oficial, de traje impecable, se acercó al agujero de su puerta para preguntarle por qué no comía carne.
-Soy vegetariana
-Si no come, se va morir.
Supo después que era el coronel Geymonat.

El 18 de julio, otra fecha patria, pero esta vez de Uruguay, la volvieron a subir al camión. Grazziela pensó que la llevaban a otro chupadero, pero la bajaron en una esquina de Pando, su ciudad. Estaba libre. No lo podía creer. Lo primero que hizo fue refugiarse en una iglesia y agradecerle a la Virgen.
No quería volver a su casa. Tenía miedo y tampoco tenía plata para pagar el boleto hasta lo de sus padres. Fue hasta la casa de la madre de Adriana y de allí la llevaron a la granja donde se reencontró con su familia. Su cuñado Dámaso y sus padres habían recorrido todo Canelones para encontrarla. Dieron con su paradero porque un militar filtró su nombre.
A Luis, su marido, lo vio recién varios días después.

***

“Después de estas experiencias hay cosas en ti que cambian. Empecé a apreciar la suerte de tener un hogar con Luis, a mis padres, a mi cuñado. Empecé a valorar el poder moverme con libertad, sin cuerdas en las manos y sin capuchas”, dice Graziella a Infojus Noticias.
Tuvo que dejar la facultad porque perdió el semestre. Y empezó a ayudar a sus padres en la granja. Despicaba pollos, los vacunaba, clasificaba los huevos. Luis trabajaba como profesor de matemáticas en un secundario hasta que lo destituyeron en 1976. Antes de eso, volvieron a allanar su hogar dos veces más. Los llevaban a la fuerza de choque de Canelones en vagones de ferrocarril. Allí conoció a otra encapuchada, Jovita Lainez, una argentina que habían detenido en Montevideo. Graziella declaró esto mismo en la Comisión para la Paz creada por el presidente Jorge Batlle (2000-2005).
El matrimonio Rodríguez tuvo la posibilidad de exiliarse en Buenos Aires pero decidieron quedarse en Uruguay porque sus familias necesitaban ayuda.

Con la llegada de la democracia, en 1985, restituyeron en el cargo a Luis, quien falleció de muerte súbita en 1999. Graziella se quedó sola criando a sus hijos Luis Humberto y Pablo. El mayor es psiquiatra y el menor, Pablo, se está por recibir de abogado. Fue él quien, la semana pasada, publicó en Facebook la nota que su madre le dejó a su padre 41 años atrás. Esa cartita la había guardado su abuela en una biblia todos estos años y se la legó como un tesoro cuando falleció. Pablo posteó la nota y se viralizó al instante. En Uruguay, donde una política de Estado para juzgar a los militares y reparar a las víctimas sigue siendo una deuda, esta cartita apareció como una manera de recuperar la memoria.
Después de que falleciera su marido, el secundario donde trabajaba Luis lo homenajeó nombrando una sala con su nombre. Ahora Graziella se dedica al acompañamiento de enfermos, luego de cuidar durante muchos años a su hermano. Conserva poco contacto con sus compañeros de militancia. Y se ha aferrado toda la vida, dice, a la máxima artiguista: “Nada podemos esperar sino de nosotros mismos.”

Las torturas y hogueras católicas.

En 1252, el papa Inocencio IV autorizó en la bula Ad extirpanda el uso de la tortura para obtener la confesión de los reos acusados de herejía. Se recomendaba a los torturadores no se excedieran hasta el punto de mutilar al reo o finiquitarlos. Las penas eran variables. Los que se negaban a abjurar, “herejes relapsos”, eran entregados al brazo secular para la ejecución de la pena de muerte.Esa decisión fue el inicio de siglos de un masivo desarrollo y aplicación de métodos de tortura que incluían el diseño de toda clase de máquinas e instrumentos de tormento,con la presencia bajo el beneplácito de la Iglesia Católica de una caterva inmensa de torturadores profesionales que no satisfechos con torturar y asesinar de las maneras más tortuosas extendieron posteriormente su actuación a la persecusión paranoica y enfermiza de “brujas” que solo existían en sus delirios criminales pero que llevó al dolor y la muerte a incontables mujeres.

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Así incentivan Europa y EEUU el hambre y la emigración masiva en África.

Aunque la imagen más explotada de África son sus sabanas y desiertos, en realidad el continente está poblado de gigantescos terrenos fértiles para el cultivo.Sin embargo, los africanos padecen hambre. ¿Cómo es posible esto disponiendo de tierras abundantes para su cultivo?

“Muchos países subsaharianos son potenciales graneros”, señalan desde la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Sin embargo, África se ve obligada a importar un gran número de alimentos. En 2010, las importaciones de los países subsaharianos alcanzaron los 70.000 millones de dólares, frente a los 30.000 millones de dólares de sus exportaciones. Según una comisión económica de Naciones Unidas, África importa en total alrededor de un 80 por ciento de los alimentos que consume, entre ellos algunos de consumo básico como el maíz, el trigo, el arroz, la soja o la leche.

Gran parte de estos alimentos importados proviene de la Unión Europea (UE), donde LAS SUBVENCIONES PERMITEN A LOS AGRICULTORES OFRECER UNOS PRECIOS QUE DE OTRO MODO NO CUBRIRÍAN LOS COSTES DE PRODUCCIÓN. En total, la UE ingresa 18.300 millones de euros (20.600 millones de dólares) por la venta de alimentos a África, entre ellos cereales, leche en polvo y aceite vegetal.

“Los Gobiernos africanos tienen que proteger sus industrias locales ante el dumping de los precios extranjeros”, afirma el ingeniero agrónomo Nick Kotze, de la Universidad Stellenbosch en Sudáfrica. Pero esta afirmación no es tan fácil de llevar a cabo. Entre otros, la FAO ha criticado las “PRÁCTICAS COMERCIALES INJUSTAS” de los socios africanos, incluida la UNIÓN EUROPEA Y ESTADOS UNIDOS.

En el marco de sus Acuerdos de Partenariado Económico (APE), Bruselas permite a los países de África un acceso libre de cuotas y aduanas a determinados mercados a cambio de la apertura de la mayoría de mercados africanos. Esto acaba dañando a las industrias africanas o impidiendo que éstas se creen, pues no pueden competir con la UE. Y sin embargo, Gobiernos como el keniano lo firmaron, pues Bruselas amenazó con barreras a la importación de flores, una de las principales exportaciones del país.

Los expertos critican además que los elevados impuestos para la importación de alimentos procesados EN LOS PAÍSES DE DESTINO obligan a los agricultores africanos a exportar sus productos sin elaborar y, por tanto, más baratos. Así, café y cacao -que en Europa no se cultivan- están libres de impuestos. Si el café fuera tostado o torrefacto, se le aplicaría una tasa del 7,5 por ciento y al cacao en polvo, del 7,7. Pero después, África reimporta estos productos procesados a precios muchísimo más altos.

Con todo, los acuerdos comerciales no son la única losa para la agricultura africana. A menudo, el desarrollo agrícola fracasa debido a una mala gestión política y la falta de infraestructuras, a lo que se suma una baja productividad y unas deficientes condiciones de trabajo. Aunque más de la mitad de la población está empleada en este sector, la agricultura sólo supone un 15 por ciento del PIB africano total, según el Banco Africano de Desarrollo.

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“Los intelectuales fueron los principales clientes del nazismo.”

Christian Ingrao: “Los intelectuales fueron los principales clientes del nazismo”

El historiador francés experto en el nazismo Christian Ingrao publica Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS (Acantilado), un monumental ensayo que demuestra que muchos de los asesinos del régimen nazi eran universitarios cultivados.

ANDRÉS SEOANE | 22/06/2017

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¿Cómo se puede ser un intelectual sensible a la cultura y un ferviente defensor del nazismo a un mismo tiempo? Hasta ahora al pensar en soldados del Reich o en oficiales de cuerpos como las SS nos imaginábamos a individuos sin estudios y extraídos de los bajos fondos, populacho próximo a la barbarie encandilado por un genio del mal como Adolf Hitler. Lo bueno de este mito es que nos permite delimitar claramente la línea entre hombre y monstruo y suscribir la evocadora cita de Theodor Adorno sobre Auschwitz y la poesía. Pero existe un problema que plantea la realidad. El nazismo, y todas las atrocidades de las que fue responsable, no fueron producto de una masa enfervorecida por ciegas ensoñaciones patrióticas, sino el resultado de una ingeniería científica y unas construcciones académicas creadas por intelectuales y eruditos afectos a una ideología que les permitió superar sus traumas privados y colectivos. En el monumental ensayo Creer y destruir, los intelectuales en la máquina de guerra de las SS (Acantilado), el historiador francés experto en el nazismo Christian Ingrao analiza la trayectoria de 80 miembros intermedios de las SS y las SD, todos universitarios, muchos doctores, juristas, economistas, filólogos, filósofos e historiadores que conformaron de forma entusiasta el corpus central del régimen nacionalsocialista.

Porque lo que Ingrao pretende demostrar es una tesis a priori sencilla pero muy reveladora. “No hay que estudiar el nazismo como un sistema de ideas, sino como un sistema de creencias que subvierte, a través de un proceso emocional, la pertenencia social y cultural”, explica. “El nazismo fue atractivo para obreros y campesinos, para gente de clase media y para gente de clase superior, y la única población que realmente no se sintió atraída por el nazismo fueron los judíos”. Pero más allá de la retórica populista y de la crispada situación social, ¿qué llevo a estos hombres cultos a participar de la subsiguiente barbarie que generó el régimen de Hitler, a comer, como dijo Heinrich Böll, del “sacramento del búfalo? “Lo que diferencia al nazismo de otros tipos de etnonacionalismo que se vivieron en Alemania entre 1919 y 1925 es que es un planteamiento determinista racial, lo que significa que para cualquier persona que lo interioriza todo está condicionado por un sistema de jerarquización racial, que para los nazis tiene una justificación científica”, afirma Ingrao. “El nazismo distorsiona a través de la emoción la manera en que los individuos y los grupos perciben el mundo”.

El nazismo logró transformar la angustia de la Gran Guerra en una utopía política”

Este planteamiento de la interiorización puede ser suficiente para explicarnos la pertenencia de estos académicos a los cuerpos represores del Estado, pero se queda algo estrecho a la hora de tratar de comprender como estos intelectuales comprometidos participaron, entusiastamente en muchos casos, en los Einsatzgruppen, los “comandos de ejecución” que se dedicaron a asesinar en los países de Europa del Este a más de 1.400.000 judíos, oficiales, comisarios políticos, soldados, intelectuales, patriotas, gitanos… Para Ingrao eso se explica por una necesidad desesperada de creer en su nación surgida de la humillante e inesperada derrota de 1918 y el subsiguiente maltrato recibido en el Tratado de Versalles. “Estos hombres eran niños y adolescentes durante la Primera Guerra Mundial, y sufren entonces una experiencia sumamente traumática, el resurgimiento de la muerte de masas a niveles nunca vistos desde la Peste Negra del siglo XIV. De los 3000 muertos diarios, 1700 eran alemanes”, asegura el historiador.

Pero además del drama mortal, Alemania perdió la guerra, lo que provocó el cuestionamiento de la existencia misma de la nación a nivel político e incluso físico. “Alemania se vio abrumaba por un sentimiento de angustia colectiva y muerte inminente que, analizado y dotado de sentido por el nazismo, asume de una manera suficientemente convincente para que una gran cantidad de intelectuales se impliquen de una manera convencida”. Según el historiador, una de las claves del triunfo del nazismo es que “ha asumido la herida narcisista de la Gran Guerra y la ha explicado, transformando la angustia en una utopía política cuyos principales clientes son estos intelectuales acostumbrados a las emociones intensas. Pasan de una emoción muy oscura que es la angustia, a un fervor cuasi religioso. Por eso cuando tienes un intelectual que interioriza ese nazismo, cree en él con todas sus fuerzas, con toda su alma y con todo su cuerpo”.

Y aquí es donde entra en juego la segunda parte de la propuesta de Ingrao, el destruir, que nace de la lógica racial nazi de suponer que la raza que no lucha y vence, perece, lo que explica la lógica apocalíptica adoptada por la Segunda Guerra Mundial. “En el nazismo el creer y el destruir están imbricados. El creer es creer en la voluntad de destrucción del otro para con uno mismo. El imaginario de la destrucción consiste en imaginar que te van a destruir a ti y actuar primero”. Por eso la violencia, primero como deportación, luego como asesinato y después como exterminio, estaba justificada e incluso era necesaria para la salvación de Alemania. En este contexto nace el ideario de la “Conquista del Este” llevada a cabo por los Einsatzgruppen, el plan para germanizar los territorios existentes hasta los Urales, el Cáucaso y las llanuras del Caspio con población alemana, lo que supondría el exterminio o deportación de unos 50 millones de personas. “El nazismo también fue un proyecto político que, por la dimensión imperial de la conquista del espacio vital, se otorga la idea de fundar un imperio que sea milenario en el cual una nueva sociedad podrá organizarse y el fermento de conflictos que existe en todas las sociedades quedará eliminado para siempre”, recuerda Ingrao.

Ninguno de estos hombres estará convencido de que lo que ha hecho era condenable moralmente”

No obstante, a pesar de estos sueños megalómanos y a sus perversos medios de ejecución, Ingrao no considera que estos intelectuales fueran unos fanáticos, sino que eran hombres muy comprometidos emocionalmente, y “dispuestos a hacer inmensas concesiones y sacrificios para no renunciar a la creencia”. Un punto de vista que contrasta con el resultado final. Como sabemos, la guerra termino de nuevo con derrota alemana, un hecho que divide profundamente a los dignatarios nazis. Como recuerda el historiador, “en lo que respecta a la primera generación, los que han vivido como adultos la derrota de la Primera Guerra Mundial y viven en el 45 una segunda derrota, la mayoría prefieren renunciar a la vida antes que enfrentarse a la realidad”. Pero no ocurre lo mismo con estos intelectuales de grado intermedio, en muchos casos con las manos mucho más manchadas de sangre que los jerarcas más conocidos. “La segunda generación de dirigentes nazis no decide lo mismo. Son asesinos, y en ese sentido sí se han comportado como fanáticos, pero al final en los últimos meses de la guerra toman la decisión fundamental de decidir sobrevivir e intentar adaptarse al mundo tal y como pudiera plantearse”, recuerda Ingrao.

Eso sí, en ellos no hay el menor signo de arrepentimiento y en un principio ni siquiera de renuncia al nazismo. “Siguen siendo nazis, porque el nazismo no muere en mayo del 45. En realidad, comienza a morir en el invierno del 46, cuando los aliados toman la decisión bastante increíble de alimentar a las poblaciones alemanas, a menudo a costa del sacrificio de sus propias poblaciones”. Muchos de estos hombres se libraron de ser detenidos o tardaron en comparecer ante un juez, pero en la gran mayoría de los casos expresaron más justificaciones que arrepentimiento, echando definitivamente por tierra el estereotipo de burócrata nazi defendido en La banalidad del mal por Hannah Arendt (de hecho, se asegura que el propio Eichmann fingió y la filósofa mordió el anzuelo). “Ese arrepentimiento supondría aceptar que lo que habían hecho era moralmente condenable. Todas las respuestas que dan esos hombres son estrategias de huida o de escape, porque ninguno de ellos estará convencido de que lo que ha hecho era condenable moralmente”, afirma tajante Ingrao. “Lo que hicieron fue tan bestia y transgresor que, si hubieran aceptado ese condicionamiento moral de lo que habían hecho, se hubiesen visto en la obligación de suicidarse. Y eso sería ya ciencia ficción”.

La primera cárcel privada en Uruguay: una inversión de 120 millones de dólares.

La primera cárcel privada en Uruguay representa una inversión de 120 millones de dólares. (20/6/17)
Por: Álvaro Delgado Vivas.

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Uruguay tendrá en pocos meses su primera cárcel privada, y será la segunda más grande del país. El innovador negocio carcelario fue abordado durante un intercambio académico organizado por la Comisión de Derechos Humanos del Centro de Estudiantes de Ciencias Sociales. La discusión giró en torno a las políticas públicas de seguridad y el interés que incita la gestión de centros penitenciarios en base a lógicas empresariales.

En el debate, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Sociales, expusieron el comisionado parlamentario para el sistema penitenciario, Juan Miguel Petit, el sociólogo Rafael Paternain, la psicóloga María Ana Folle, y el integrante del Servicio Paz y Justicia (SERPAJ) Mauro Tomasini.

El nuevo establecimiento carcelario es el primero en regirse por la Ley de Contratos de Participación Público-Privada (PPP), N° 18.786, promulgada en 2011, que autoriza la realización de obras de infraestructura y prestación de servicios.

La licitación pertenece al consorcio Sociedad Anónima Punta Rieles, conformado por las empresas Teyma, Abengoa, Inabensa y Goddard Catering Group. La inversión es de aproximadamente 120 millones de dólares, y será el primer caso en que una empresa privada prestará un servicio carcelario al Estado uruguayo. Lo hará durante 27 años y medio de contrato y, además de la infraestructura, el consorcio proveerá el servicio alimentario, de limpieza y lavandería.

El Estado, por su parte, se encargará tanto de la seguridad y administración, como del modelo de tratamiento de rehabilitación.

Capacidad para 1.960 reclusos

Según expuso Petit, el proyecto está en obra desde mediados de 2015 y se espera que comience a funcionar en setiembre de este año.

La capacidad del centro penitenciario será para 1.960 personas privadas de libertad, en un predio de 25 hectáreas.

Por concepto de “hotelería” debe entenderse que el Estado abonará al consorcio, según expusieron los especialistas, un costo estimado de 670 pesos por día y por recluso, hasta que finalice el contrato.

En caso de que la cárcel se encuentre llena, el Estado debería pagar unos 18 millones de dólares anuales, que multiplicados por los veintisiete años y medio que dura el contrato, implican cerca de 500 millones dólares. Además, el acuerdo implica que de superarse la población carcelaria se incrementará el pago por parte del Estado a las empresas.

El sociólogo Rafael Paternain se basó en las experiencias de casos de cárceles privadas en Chile, México y Estados Unidos, para plantear que estos modelos carcelarios van “hacia una tendencia que focaliza al recluso como una mercancía. El sujeto pasa de ser un sujeto de depósito a obtener un nuevo estatus de revalorización económica, lo que implica pensar que la lógica de estas cárceles neoliberales supone que estas dos mil plazas se llenen de inmediato”.

Paternain agregó que “seguramente se presione hacia el hacinamiento, pues el Estado debe pagar sobrecostos o multas cuando se supere esta frontera (de 1.960 internos), lo que constituye un excelente negocio para los administradores de estos proyectos, tal como las tarjetas de crédito, que ganan con los atrasos. En la experiencia chilena siempre hubo sobrecostos por pasarse de la cantidad de plazas”.

Por otro lado, ilustró que, aunque no hubo una discusión de por medio, el sistema penitenciario necesitaba construir de manera rápida un nuevo establecimiento que diera respuesta a los problemas estructurales.

Petit reconoció esa “mala fama” de las experiencias en otros países de la región, pero también señaló que Uruguay está muy atrasado en el diseño arquitectónico de los centros carcelarios y el sistema en sí es muy pobre. Dijo que ante la preocupante cantidad de personas privadas de libertad y ante la situación en la que viven se precisan más centros carcelarios y, que si bien preferiría varios centros de menor tamaño, espera que esta apuesta funcione.

“El sistema carcelario no está contemplado dentro de la agenda y se encuentra por fuera de las políticas públicas. El Parlamento no contempla destinar dinero para cárceles que no tienen autonomía técnica para reclamar recursos necesarios”, dijo.

Asimismo, resaltó que en esta nueva cárcel se buscará un trato humano, rodeado de un alto contenido tecnológico, y que el rol del Estado será muy importante debiendo encargarse de la educación, la salud, el deporte, la ciudadanía y la cultura.

Una cárcel público-privada gestionada por un gobierno progresista

Por su parte, la psicóloga María Ana Folle revisó las opciones que brinda el abolicionismo penal para delitos menores, e ilustró el tema a través de casos de personas involucradas en el menudeo y comercio de drogas en los que, de recurrirse a medidas alternativas a la privación de libertad, podrían evitarse las situaciones de hacinamiento, violencia física y psicológica.

Folle no dejó pasar la oportunidad para atribuirle al Estado la responsabilidad concreta de las 36 muertes de internos durante el año pasado, y expresó que “todos debemos ser conscientes de que en medio de un contexto de neoliberalismo complejo se va a abrir una cárcel público-privada gestionada por un gobierno progresista”.

Planteó que todos los ciudadanos son susceptibles de ser víctimas de cualquier suceso fatal, y que “en esta era de humanitarismo quizás se pueda pensar desde nosotros, haciendo una inversión de ese lugar de la víctima, para ponernos en situación de sintonía con esa víctima, pero superando todas aquellas situaciones por las que esa persona está hoy en la cárcel”.

Mientras que Mauro Tomasini habló de lo mucho que cuesta relacionarse con personas privadas de libertad, lo cual debe ser revisado por los políticos, la academia y las organizaciones.

Además, criticó la falta de rehabilitación del sistema carcelario adulto, y dijo que “no hay un planteo serio. No hay acompañamiento posterior a la libertad del sujeto, no se sabe cómo se trabaja dentro de la cárcel, no hay un abordaje ni intervención. Antes de hablar de una nueva cárcel y cómo va a operar, es necesario definir esto”.