Gandhi: el racista misógino tras el mito

Gandhi: el racista misógino tras el mito

Original por Mayukh Sen en Broadly, Gandhi Was a Racist Who Forced Young Girls To Sleep In Bed With Him.

(Nota previa: RFU publica esta nota del año 2016 con motivo del retiro de un monumento a Gandhi en la Universidad de Accra, Ghana, África, con motivo de su historial racista. Véase la noticia: https://goo.gl/LqSXJG)

En agosto de 2012, poco antes de la celebración del 65 aniversario de la independencia de India, el India Outlook, una de las revistas con más tirada en el país, publicó los resultados de una encuesta realizada entre sus lectores. La pregunta era “¿quién tras “el Mahatma” era la persona de nacionalidad india más importante de toda su historia?” “El Mahatma” detrás de esa aduladora pregunta era, sin duda, Mohandas Karamchand Gandhi.

No nos sorprende en absoluto que Outlook tratara de realidad esta conjetura: Gandhi se ha convertido en el barómetro absoluto que mide la grandeza india, y a veces la grandeza global. Después de todo, ¿a quién no le gusta Gandhi? Nos le han presentado siempre como un anciano frágil y malnutrido de moral pura y alma piadosa. Un hombre que trajo consigo a India toda una cosmología de resistencia no violenta, un país al que ayudó a liberarse de las cadenas del imperialismo británico. Combatió mediante valientes huelgas de hambre hasta que un nacionalista hindú le disparó, asesinándole y convirtiéndole en mártir.

Mi abuelo materno ingresó en prisión con Gandhi en 1933 así que crecí sabiendo que este mito se formó mezclándose con medias verdades. Mi abuelo se llevó sus memorias de la cárcel a un ashram (monasterio hindú) que él mismo creó en el corazón de la Bengala occidental. Fue así como mis progenitores me inculcaron un conocimiento íntimo de Gandhi que basculaba entre el elogio y la crítica. Mi familia le adoraba, aunque nunca nos creímos el mito de que él solo articulara el movimiento independentista indio. Luego también estaba el asuntillo de su fanatismo, que en casa era tabú. Décadas después de su asesinato, la imagen de Gandhi se creó a expensas de la realidad: se eliminaron todos los detalles controvertidos para que olvidáramos su discurso antinegro, su vehemente alergia a la sexualidad femenina y un rechazo global a la liberación de la casta Dalit, el grupo social conocido como “intocables”.

Gandhi vivió en Sudáfrica durante dos décadas, de 1893 a 1914, ejerciendo como abogado y luchando en pos de los derechos de la población india, pero eso, SOLO de la india. Para él, como expresó sin tapujos, la población negra sudafricana apenas podía considerarse humana. Se refería a ella con el término despectivo local de kaffir. Se lamentaba de que la población india fuera considerada “tan solo un poco mejor que las poblaciones nativas de salvajes de África”. En 1903 declaró que “la raza blanca sudafricana debía prevalecer en el país”. Tras ingresar en prisión en 1908 se burló del hecho de que la población reclusa de origen indio se encontrara encerrada junto a la de etnia negra, no junto a la blanca. El activismo en Sudáfrica ha tratado de visibilizar estas partes de pensamiento de Gandhi, como hicieron el pasado septiembre dos académicos del mismo país, con poco éxito, la conciencia cultural global necesita una sacudida más fuerte que la que pueden facilitar algunos círculos de Tumblr.

En esta misma época se produce también el despertar misógino de Gandhi, el cual le acompañará durante toda su vida. Durante sus años en Sudáfrica, una de las medidas en represalia por la agresión sexual de un joven a dos de sus seguidoras fue cortar el pelo corto a estas últimas para así evitar nuevas “invitaciones” de corte sexual. Michael Connellan, en un artículo en The Guardian explica de manera muy cuidadosa cómo Gandhi opinaba que las mujeres abandonaban su humanidad en el momento en que sufrían violación a manos de un hombre. Creía firmemente que los hombres no eran capaces de frenar su impulso depredador básico y que las mujeres eran las responsables de estos impulsos, quedando a su merced. Su visión de la sexualidad femenina era igualmente deplorable. Según Rita Banerji en su libro Sex and Power, Gandhi consideraba la menstruación como la “manifestación de la deformación del alma de la mujer por su propia sexualidad”. También consideraba el uso de anticonceptivos como una llamada a la prostitución.

Se enfrentó a esta aparente incapacidad del hombre para controlar su libido cuando, en su retorno a India, juró castidad (sin debatirlo con su mujer) y comenzó a hacer uso de mujeres, muchas de ellas menores, como su sobrina nieta, para probar su templanza sexual. Dormía desnudo junto a ellas en la cama sin tocarlas para asegurarse de que no sentía excitación. Estas mujeres se convirtieron en peleles para él durante su conversión al celibato.

“La imagen de Gandhi se creó a expensas de la realidad: se eliminaron todos los detalles controvertidos para que olvidáramos su discurso antinegro, su vehemente alergia a la sexualidad femenina y un rechazo global a la liberación de la casta Dalit, el grupo social conocido como “intocables”.”
Kasturba, la esposa de Gandhi, fue su saco de boxeo más recurrente. “Es que no puedo soportar mirarla a la cara”, masculló en una ocasión refiriéndose a ella, por estar haciéndose cargo de él durante una enfermedad. “La expresión de su cara es como la de una vaca sumisa y te provoca la misma sensación que el animal, como si, de alguna estúpida manera, estuviera intentando decirte algo.” La disculpa para esto, se suele argüir, es que las vacas para el hinduismo son sagradas, y que la comparación entre su esposa y una vaca fue un velado cumplido. O también se puede atribuir a un simple rencor matrimonial. Cuando Kasturba enfermó de neumonía, Gandhi le negó la penicilina pese a que su entorno médico insistía en que eso la curaría. No cedió en la creencia de que ese nuevo medicamento era un extraño brebaje extranjero que su cuerpo jamás toleraría. Terminó sucumbiendo a la enfermedad y murió en 1944. Años más tarde, quizás percatándose del grave error que cometió, consintió en aplicarse quinina para tratar su malaria. Sobrevivió.

Existe un empuje de corte occidental que ve a Gandhi como el sereno destructor de la sociedad de castas, algo categóricamente falso. Consideraba la emancipación de la casta Dalit como un objetivo inviable, y que no merecía la pena considerarles un electorado diferenciado. Su plan para la casta era que permaneciera complaciente esperando a una oportunidad que la historia nunca les daría. La casta Dalit continúa sufriendo por las consecuencias directas de este prejuicio sembrado en el poso cultural indio.

La historia, en palabras del ensayo de Arundhati Roy, “The doctor and the Saint”, ha sido especialmente benévola con Gandhi. Ha permitido que apartáramos sus prejuicios como meros defectillos, como manchas sin importancia sobre unas manos limpias. Sus apologetas insisten en que era humano y cometía errores. Es posible que muten esos prejuicios en algo positivo, demostrando que era una persona como cualquier otra, o quizá opten por otra vertiente discursiva: aquella que defiende que remarcar los prejuicios de Gandhi demuestra cómo al mundo occidental nos fascinan los problemas de la India, especialmente cuando nuestros escritores se obsesionan por crear de la nada lacras sociales para el subcontinente.

Este es el tipo de gimnasia mental que llevamos a cabo cuando se nos hace la boca agua creando dioses del Olimpo. Los rasgos infames de Gandhi aún perduran mayoritariamente en la sociedad india (el odio a la negritud, la desconsideración hacia los cuerpos de las mujeres y la vista gorda del deplorable trato recibido por la casta Dalit). No es casualidad que los pilares del discurso de Gandhi sostengan hoy día a toda una sociedad.

Entonces, ¿cómo colmas las ridículas expectativas que te exige ser el o la mejor habitante de India? Alzar a una persona como la mejor de un país que sirve de hogar a miles de millones de personas es una carga brutal que nadie merece. Asimismo, la creación de un falso ídolo nos obliga a acometer un gran ejercicio de amnesia, pues lo sencillo es que se te caiga la baba ante un hombre que jamás existió realmente.

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¿La humanidad es un brote biológico destinado al colapso?

El protagonista de esta charla, Charles C. Mann, parte en su especulación de su obra titulada “The Wizard and the Prophet” pero en la transversalidad de sus afirmaciones podemos constatar un cuestionamiento radical sobre la naturaleza humana. ¿Somos los seres humanos una especie más o somos un caso de brote descontrolado, de expansión descontrolado de una especie en su espacio vital? Si no estamos en condiciones de usar nuestra conciencia y tecnología para desviar el curso de los hechos, quizás nuestro destino es conducir el espacio vital planetario a un agotamiento exhaustivo del cual seremos las principales víctimas a través de un colapso poblacional.

Descontrol ético: un científico chino crea bebés genéticamente modificados

Descontrol ético: un científico chino crea bebés genéticamente modificados
Artículo original: https://goo.gl/ptamgh

(Nota previa: La humanidad tiene un patrimonio fundamental, el que comparten todos los seres humanos sin distinción: su patrimonio genético. Este acto significa la alteración de ese patrimonio sin el permiso de la humanidad misma por parte de individuos que apuestan al juego arbitrario de su voluntad. Esto es la rebelión de la ciencia contra la Constitución biológica de la humanidad, contra la Ley de la formación humana. Ya antes la ciencia cruzó el límite al usar la energía del átomo para arrasar ciudades. Fueron científicos los que construyeron el arma del apocalipsis atómico, burlándose de la humanidad al establecer una amenaza total sobre su existencia. Y ahora tenemos a un científico ofreciéndose como amo constructor de humanos-genéticamente-modificados, que ya no sabremos si son humanos. Los científicos sin conciencia, que ojalá sean una minoría, han revelado definitivamente su ferocidad. La ciencia acaba de adquirir la certeza de que nuevos crímenes podrán ser cometidos en su nombre. El oscurantismo y la ciencia por fin podrán aparearse en un maridaje monstruoso a menos que los propios científicos y la sociedad tengan algo más que “conciencia científica”.-RFU)

Por unos segundos, el auditorio del salón de actos del vestíbulo de la Universidad de Hong Kong permaneció en vilo al ver que He Jiankiu, el genetista chino que anunció el lunes haber modificado el ADN de dos bebés recién nacidas, no aparecía. “No sé dónde está”, aseguró Robin Lovell-Badge, del Instituto Francis Crick tras presentarle. Pero tras esos momentos de incertidumbre, el investigador entró por una puerta lateral cartera en mano para defender un experimento que ha puesto en jaque a la comunidad científica y reconocer que probó una segunda fecundación con genes alterados. No obstante, remarcó que por el momento ha detenido sus pruebas “debido a la situación actual”, en alusión al escándalo que su investigación ha generado.

Al comienzo de su intervención, He se disculpó por haber dado a conocer su experimento sin avisar previamente a los organizadores de la Segunda Cumbre de Edición de Genoma Humano, que se celebra esta semana en la excolonia británica. Como justificación, aseguró haber enviado el artículo con los datos de la prueba a una revista científica, aunque no mencionó el nombre de la publicación. En un discurso durante el que no aportó casi información, no identificó a los supuestos científicos consultados en las diferentes etapas de la investigación ni dio detalles sobre el seguimiento ético que debería haber llevado a cabo en cada fase según las normas que adoptan los miembros de su profesión.

Emmanuelle Charpentier: “No debemos usar la edición genética para crear humanos mejorados”

“Solo ha dado rasgos generales porque sabe que ha obviado las buenas prácticas en cualquier ensayo”, aseguró a este diario la experta en bioética María de Jesús Medina Arellano, de la Universidad de México y una de las participantes en el congreso científico en Hong Kong. “Busca reconocimiento”, añadió.

El genetista, formado en las universidades estadounidenses de Rice y Stanford, sorprendió el lunes al mundo al anunciar el nacimiento, hace “algunas semanas” de Nana y Lulu, dos gemelas chinas a las que se les modificó el gen CCR5, que el virus del sida utiliza como puerta para atacar el sistema inmunológico humano. He aclaró que, tras la decisión de una pareja de retirarse del proyecto, trabajó con otras siete en las que el varón era portador del virus del sida y la mujer no. Según dijo, tras lograr la gestación con éxito de los embriones en “Grace”, la madre de las gemelas, utilizó once embriones en seis intentos de implantación. Ahora asegura que las niñas se encuentran en perfecto estado de salud, en su casa, y su experimento no ha provocado ninguna mutación no deseada. “Me siento orgulloso. Me siento aún más orgulloso porque el padre (de las niñas gemelas) pensó que había perdido la esperanza en su vida”, indicó.

Aferrándose a la idea de que su método “puede ser la única manera de curar alguna enfermedad”, el investigador, que dijo haber autofinanciado su trabajo y rechazó cualquier implicación de sus dos compañías de investigación genética, insistió en que “si la tecnología está disponible, podemos ayudar a la gente que lo necesita”.

Con estas declaraciones dejó entrever su postura tras haber llevado a cabo una investigación -aún en secreto- que puede potencialmente ayudar a evitar enfermedades hereditarias al eliminar o cambiar la codificación problemática en los embriones. Sin embargo, la falta de conocimiento sobre el daño que podría causar no solo al individuo sino también a las generaciones futuras la modificación de esos embriones, ha sido el detonante de las críticas llegadas de científicos de diferentes partes del globo.
Irresponsable

Incluido el Premio Nobel de Medicina David Baltimore, uno de los organizadores del congreso en Hong Kong, quien tomó la palabra tras el discurso de He para lamentar que haber procedido de esta manera es “irresponsable”. “No creo que haya sido un proceso transparente. Solo lo hemos sabido después de que sucediera y los niños nacieran”, afirmó para asegurar que mañana habría una declaración formal por parte de la organización.

De la misma forma, un grupo de 122 científicos chinos firmaron una carta de repulsa, en la que califican el experimento de “locura”, y se lamentan de la mancha que He ha echado sobre la reputación de la investigación en ese país. Y más. Las autoridades científicas ordenaron la apertura de una investigación sobre las pruebas dirigidas por He, la Universidad del Sur de Ciencia y Tecnología en la que trabajaba como profesor asociado, se distanció de él al apuntar que se encuentra en excedencia desde febrero e incluso el hospital con el que He había supuestamente colaborado denunció una posible falsificación de firmas.

Pese al escándalo y la lluvia de críticas alrededor de su anuncio, He defendió su experimento y aseguró que vigilaría a las dos recién nacidas durante los próximos 18 años y si era posible y las niñas accedían, también después. La discriminación que sufren los portadores del virus del sida-estigmatizados en China- y la prevalencia de esta enfermedad en diferentes partes del mundo, fueron las razones que, según explicó, le empujaron a llevar a cabo un experimento que en palabras de Medina no debería haber ocurrido. “Tiene que haber consecuencias ejemplares para que no vuelva a suceder”, aseguró la experta.

Pero la caja de Pandora ya está abierta. Según reconoció He, hubo un segundo implante de embriones. “Hay un embarazo… hay un embarazo potencial”, señaló, aunque no dejó claro si hay otro bebé en camino o si la gestación se malogró a las pocas semanas. A la espera de conocer cuál será la postura que tome la comunidad científica tras el experimento, He lo tiene claro. “Si mi hijo pudiera tenerlo (el virus del sida), también lo hubiera hecho con él”, concluyó antes de marcharse por la puerta de atrás.

El control mediante el “big data” y los algoritmos sobre la vida de las mayorías

“Los privilegiados son analizados por personas; las masas, por máquinas”
Cathy O’Neil / Experta en algoritmos

La doctora en Matemáticas por la Universidad de Harvard lucha para concienciar sobre cómo el ‘big data’ “aumenta” la desigualdad

21 NOV 2018 – 08:37 CET

Cathy O’Neil (Cambridge, 1972), doctora en matemáticas por la Universidad de Harvard, cambió el mundo académico por el análisis de riesgo de inversión de la banca. Pensaba que esos fondos eran neutros desde el punto de vista ético, pero su idea no tardó en derrumbarse. Se dio cuenta de “lo destructivas” que pueden ser las matemáticas, y dio un cambio radical: se sumó al grupo de banca alternativa del movimiento Occupy Wall Street —nacido en 2011 en Nueva York para protestar contra los abusos del poder financiero— y comenzó su lucha para concienciar sobre cómo el big data “aumenta” la desigualdad y “amenaza” la democracia.

La autora del libro Armas de destrucción matemática (Capitán Swing, 2017), que también asesora a startups, defiende que los algoritmos generan injusticias porque se basan en modelos matemáticos diseñados para replicar prejuicios, equivocaciones y sesgos humanos. “La crisis financiera dejó claro que las matemáticas no solo están involucradas en muchos de los problemas del mundo, sino que los agravan”, considera.

O’Neil, que participó hace unas semanas en un foro sobre el impacto de los algoritmos en las democracias, organizado por Aspen Institute España y la Fundación Telefónica, contestó a las preguntas de EL PAÍS.

Pregunta. Afirma en su libro que las matemáticas son más importantes que nunca en los asuntos humanos.

Respuesta. No creo que sean las matemáticas, sino los algoritmos. Ese es parte del problema; estamos trasladando nuestra confianza en las matemáticas a unos modelos que no entendemos cómo funcionan. Detrás, siempre hay una opinión, alguien que decide qué es importante. Si miramos las redes sociales, hay sesgos. Por ejemplo, se ordenan los contenidos en función de quién habla más en Twitter o Facebook. Eso no son matemáticas, sino discriminaciones hechas por humanos. La persona que diseña el algoritmo define qué es el éxito.

P. Detrás de los algoritmos hay matemáticos. ¿Son conscientes del sistema de sesgos que están creando?

R. No son necesariamente matemáticos, sino expertos que puedan lidiar con fórmulas lógicas y tengan conocimientos de programación, estadística o matemáticas. Saben trasladar la forma de pensar de los humanos a los sistemas de procesamiento de datos. Muchos de ellos, ganan mucho dinero con ello y aunque desde el punto de vista técnico son capaces de detectar esos fallos, prefieren no pensar en ello. En empresas como Google, hay quienes se dan cuenta, pero si manifiestan su compromiso con la justicia, los abogados de la compañía les recordarán que se deben a los accionistas. Hay que maximizar los ingresos. No hay suficientes incentivos para transformar el sistema, para hacerlo más justo. El objetivo ético no suele ir acompañado de dinero.
No necesitas formación matemática para entender que una decisión tomada por un algoritmo es injusta

P. Denuncia que los algoritmos nos son transparentes, que no rinden cuentas de su funcionamiento. ¿Cree que los Gobiernos deben regular?

R. Son opacos incluso para los que los diseñan que, en muchas ocasiones, no están lo suficientemente pagados como para entender cómo funcionan. Tampoco comprueban si cumplen con la legalidad. Los Gobiernos deben legislar y definir, por ejemplo, qué convierte a un algoritmo en racista o sexista.

P. En su libro menciona un caso de una profesora en Estados Unidos a la que echaron por decisión de un algoritmo. ¿Cree que se puede medir la calidad humana con un sistema informático?

R. El distrito escolar de Washington empezó a usar el sistema de puntuación Mathematica para identificar a los profesores menos productivos. Se despidió a 205 docentes después de que ese modelo les considerara malos profesores. Ahora mismo no podemos saber si un trabajador es eficiente con datos. El dilema si es o no un buen profesor no se puede resolver con tecnología, es un problema humano. Muchos de esos profesores no pudieron reclamar porque el secretismo sobre cómo funciona el algoritmo les quita ese derecho. Al esconder los detalles del funcionamiento, resulta más difícil cuestionar la puntuación o protestar.

P. ¿Cuál es la clave para poder hacerlo en el futuro?

R. Es un experimento complicado. Primero tiene que haber un consenso entre la comunidad educativa sobre qué elementos definen a un buen profesor. Si se quiere valorar si genera la suficiente curiosidad en el alumno como para que aprenda, ¿cuál es la mejor fórmula para medirlo? Si nos metemos en un aula y observamos, podremos determinar si el docente está incluyendo a todos los estudiantes en la conversación, o si consigue que trabajen en grupo y lleguen a conclusiones o solo hablan entre ellos en clase. Sería muy difícil programar un ordenador para que lo haga. Los expertos en datos tienen la arrogancia de creer que pueden resolver esas cuestiones. Ignoran que primero hace falta un consenso en el campo educativo. Un estúpido algoritmo no va a resolver una cuestión sobre la que nadie se pone de acuerdo.
Sería muy difícil programar un ordenador para que lo determine si un profesor hace bien su trabajo

P. ¿Las Administraciones usan cada vez más los algoritmos por la falta de perfiles suficientemente formados?

R. Por un lado, ahorran costes en personal. Pero lo más importante: evitan la rendición de cuentas. Cuando usas un algoritmo, el fracaso no es tu culpa. Es la máquina. Estuve trabajando para el Ayuntamiento de Nueva York mientras investigaba para escribir mi libro. Estaban desarrollando un sistema de ayudas para los sin techo, pero me di cuenta de que no querían mejorar sus vidas, sino no fracasar en sus políticas. Pasó lo que querían evitar: el New York Times publicó un artículo sobre la muerte de un niño como consecuencia de un fallo en esa red de ayuda. La culpa era del algoritmo, que no había calculado bien. Creo que no deberíamos dejar a las Administraciones usar algoritmos para eludir la responsabilidad.

P. El uso de algoritmos para la contratación se está extendiendo. ¿Cuáles son los perjuicios?

R. La automatización de los procesos de selección está creciendo entre el 10% y el 15% al año. En Estados Unidos, ya se utilizan con el 60% de los trabajadores potenciales. El 72% de los currículums no son analizados por personas. Los algoritmos suelen castigar a los pobres, mientras los ricos reciben un trato más personal. Por ejemplo, un bufete de abogados de renombre o un exclusivo instituto privado se basarán más en recomendaciones y entrevistas personales durante los procesos de selección que una cadena de comida rápida. Los privilegiados son analizados por personas, mientras que las masas, por máquinas.

Si quieres trabajar en un call center o de cajero, tienes que pasar un test de personalidad. Para un puesto en Goldman Sachs tienes una entrevista. Tu humanidad se tiene en cuenta para un buen trabajo. Para un empleo de sueldo bajo, eres simplemente analizado y categorizado. Una máquina te pone etiquetas.

P. ¿Cree que falta más formación en matemáticas para ser conscientes de esa manipulación?

R. Eso es ridículo. La gente tiene que entender que es un problema de control político. Hay que ignorar la parte matemática y exigir derechos. No necesitas formación matemática para comprender qué es injusto. Un algoritmo es el resultado de un proceso de toma de decisiones. Si te despiden porque así lo ha determinado un algoritmo, tienes que exigir una explicación. Eso es lo que tiene que cambiar.

P. ¿En qué otros aspectos están perjudicando los algoritmos los derechos laborales?

R. Hay un fenómeno que se conoce como clopenning (en español, cerrar y abrir al mismo tiempo). Son horarios irregulares que, cada vez, afectan a más empleados con salarios bajos. Esos calendarios son el resultado de la economía de los datos, son algoritmos diseñados para generar eficiencia, que tratan a los trabajadores como meros engranajes. Según datos del Gobierno de Estados Unidos, a dos tercios de los trabajadores del sector servicios y a más del 50% de los dependientes se les informa de su horario laboral con una semana o menos de antelación.
Esta es una de las situaciones extremas que provoca el uso de algoritmos en el ámbito laboral. Hay una ley que estipula que si trabajas al menos 35 horas a la semana, se te deben dar beneficios. Pues hay un algoritmo que se asegura de que ningún empleado haga más de 34 horas. Como no hay ninguna ley que determine que debes trabajar el mismo horario todos los días, el algoritmo no se preocupa de tu vida, y te asigna las horas de trabajo en función de las necesidades de la empresa. Si se prevé un día de lluvia, aumentan las ventas, y cambian los turnos. Hasta el último minuto no deciden. Esas personas no conocen su horario con antelación, no pueden organizar su tiempo libre, estudiar o cuidar de sus hijos. Su calidad de vida se deteriora, y los ordenadores son ciegos a eso. La regulación gubernamental es la única solución.

Franco Berardi: No hay salida del nazismo global

“No hay salida del nazismo global”
Entrevista al filósofo italiano Franco Berardi

Para Berardi, las personas resignaron su capacidad para pensar y sentir y, mientras la falta de diálogo impide la organización, nuevos gobiernos represivos controlan todo sin necesidad de recurrir a ejércitos. “Hoy no nos relacionamos”, asegura.

Por Pablo Esteban

El filósofo Franco “Bifo” Berardi tiene la sonrisa fácil. Es profesor de la Universidad de Bologna desde hace mucho tiempo pero antes, cuando solo tenía 18 años, participó de las revueltas juveniles del 68’, se hizo amigo de Félix Guattari, frecuentó a Michel Foucault, ocupó universidades y fue feliz. Hoy asegura que esa posibilidad fue clausurada: los humanos ya no imaginan, no sienten, no hacen silencio, no reflexionan ni se aburren. Los cuerpos no se comunican y, por tanto, conocer el mundo se vuelve un horizonte imposible. Frente a una realidad atravesada por la emergencia de regímenes fascistas –enmascarados con globos, pochoclos y dientes brillantes– los ciudadanos protagonizan una sociedad violenta, caracterizada por la “epidemia de la descortesía”. Fundó revistas, creó radios alternativas y señales de TV comunitarias, publicó libros entre los que se destacan, “La fábrica de infelicidad” (2000), “Después del futuro” (2014) y Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva (2017). En esta oportunidad plantea cómo sobrevivir en un escenario de fascismo emergente, de vértigo y agresividad a la orden del día.

–A menudo plantea la frase: “El capitalismo está muerto pero seguimos viviendo al interior del cadáver”. ¿Qué quiere decir con ello?

–La vitalidad y la energía innovadora que el capitalismo tenía hasta la mitad del siglo XX se acabó. Hoy se ha transformado en un sistema esencialmente abstracto, los procesos de financierización de la economía son los que dominan la escena y la producción útil ha sido reemplazada. En la medida en que no se podía pensar el valor de cambio sin primero recaer en el valor de uso, siempre creímos que el capitalismo era muy malo pero promovía el progreso. Hoy, por el contrario, no produce nada útil sino que solo se acumula y acumula valor.

–¿Por qué no nos relacionamos?

–La abstracción de la comunicación ha producido un proyecto de intercambio de signos financieros digitales que, por supuesto, no requiere de la presencia de personas para poder efectuarse. Los cuerpos se aíslan: cuánto más conectados menos comunicados estamos. Me refiero a una crítica al progreso que ya se ha discutido tenazmente con Theodor Adorno y Max Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración. En la introducción del libro señalan que el pensamiento crítico y la democracia firman su condena a muerte si no logran comprender las consecuencias tenebrosas de la ilustración. Si no entendemos que la mayoría de la población reacciona de una manera miedosa al cambio todo terminará muy mal.

–¿En qué sentido?

–Creíamos que Adolf Hitler había perdido y no es verdad. Perdió una batalla, pero todavía gana sus guerras. Los líderes Rodrigo Duterte (Filipinas), Jair Bolsonaro, Donald Trump, Matteo Salvini (Italia) y Víktor Orbán (Hungría) representan los signos de un nazismo emergente y triunfante en todo el mundo.

–¿Por qué se vive con tanta violencia y agresividad?

–Puedo responderte con la reproducción de una frase que leí en el blog de un joven de 19 años: “Desde mi nacimiento he interactuado con entidades automáticas y nunca con cuerpos humanos. Ahora que estoy en mi juventud, la sociedad me dice que tengo que tener sexo con personas, las cuales son menos interesantes y mucho más brutales que las entidades virtuales”. Esto quiere decir que al relacionarnos –cada vez más– con autómatas perdemos la expertise, la capacidad de lidiar con la ambigüedad de los seres humanos y nos volvemos brutales. En efecto, miramos con mejores ojos a las máquinas. La violencia sexual es la falta de aptitud del sexo para poder hablar. De hecho, vivimos hablando de sexo, pero el sexo no habla. No logramos comprender el placer del deseo del cortejo, de la ironía, de la seducción y, en este sentido, lo único que queda cuando rascamos el fondo del tarro es la violencia, la apropiación brutal del otro.

–Si la capacidad emotiva se ha perdido y la de razonar se está desvaneciendo, ¿qué nos queda como Humanidad?

–No hay salida del nazismo global. Lo único que queda como respuesta es el trauma, a partir de la readaptación del cerebro colectivo. El problema fundamental no es político, sino cognoscitivo: la victoria de Bolsonaro no representa solo una desgracia para el pueblo brasileño, pues, también es una declaración de muerte para los pulmones de la Humanidad. Te lo digo como asmático: la destrucción de la Amazonia que se está preparando implica una verdadera catástrofe. Mientras que el final de nuestros recursos se aproxima, la evolución del conocimiento social, algunas veces, demanda dos o más siglos.

–Si ya no podemos imaginar, será imposible construir futuros.

–Por supuesto, si no imaginamos no podemos actuar. La imaginación depende de lo que conocemos, de nuestras trayectorias y experiencias y, sobre todo, de nuestra percepción empática del ambiente y del cuerpo ajeno. Ya no vivimos emocionalmente de manera solidaria. Los jóvenes hoy están solos, muy solos. Necesitamos construir un movimiento erótico para curar al cerebro colectivo. Se trata de volver a unificar al cuerpo y al cerebro, a la emoción y al entendimiento. Desde aquí, #NiUnaMenos es la única experiencia mundial que, desde mi perspectiva, recupera estos vínculos. Debemos aprender de este fenómeno y extenderlo a otras áreas, recuperar derechos, volver a vivir la vida.

La campaña de la Iglesia Católica contra el feminismo y el movimiento LGBT

Nota previa: Se equivocó aquel que alguna vez creyó que la Iglesia Católica iba a ceder sin resistencia su poder allí donde más le importa, en el seno de la vida personal, donde se acostumbró a controlar no solo la intimidad familiar sino también reglamentar la vida sexual, con visos de moralidad pura hoy desmentidos por interminables casos de abusos sexuales entre sus sacerdotes en docenas de países. La Iglesia Católica, por el contrario, ha diseñado desde los años 90 una vasta campaña mundial, con sofisticado diseño intelectual, contra el movimiento feminista y todo movimiento de reivindicación de las minorías sexuales, una campaña que han acompañado los ultraconservadores, sobre todo de ultraderecha, y los evangelistas. Para la Iglesia esta es una cuestión de privilegios y existencia, pues en caso de triunfar esas reivindicaciones sus imposiciones desde el Vaticano, un estado teocrático donde solo gobiernan hombres y no hay democracia, comenzarían a resquebrajarse incluso allí donde la Iglesia mantiene todavía un ejercicio de poder notorio como los países latinoamericanos.

“Ideología de género” ¿Qué ideología de género?
Texto de Mónica Cornejo, Universidad Complutense de Madrid

En 2003 el Consejo Pontificio para la Familia publicó un diccionario doctrinal específicamente orientado hacia los “términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas”, en el que DEFINE explícitamente su expresión “ideología de género” como “la ideología feminista” según la cual las mujeres “pretenden liberarse” y “la heterosexualidad, lejos de ser obligatoria, no significaría más que uno de los casos de práctica sexual” .

Aunque la Iglesia Católica ha desarrollado una influyente estrategia propia alrededor de la noción de “ideología de género”, en esta breve definición se aprecian los elementos que Tarducci (1999) ha identificado como rasgos comunes de los RADICALISMOS RELIGIOSOS desde los años sesenta: la exacerbación de la moral sexual como elemento central de la definición de la propia creencia y de la identidad grupal; el énfasis en la separación física y conceptual de los sexos; la infravaloración de la mujer; la visión de la propia doctrina como “una respuesta a la confusión de la identidad masculina y a la ansiedad derivada de la quiebra del dualismo de género”; todo ello expresado bajo el paraguas conceptual de la “familia” como término clave al que, desde finales del siglo XIX, se han venido aferrando las corrientes FUNDAMENTALISTAS para luchar CONTRA LA EMANCIPACIÓN DE LAS MUJERES en primer lugar, y CONTRA LOS DERECHOS LGBT cuando estos pasaron a formar parte de las agendas políticas.

En el caso particular del catolicismo, se opta por usar la expresión “ideología” en su sentido marxista como una estrategia consciente de la influencia del lenguaje en la formación de la opinión pública (López-Trujillo, 2006), a fin de denunciar el carácter ilusorio del término “género”, en cuanto construcción social. En este sentido, a la perspectiva de género, renombrada como “ideología de género”, se le atribuye la PERVERSIÓN interpretativa de promover los derechos humanos como herramientas para las reivindicaciones de las mujeres y de las minorías sexuales jugando a la confusión terminológica. En concreto, se critica que “los derechos sexuales se empleen muchas veces para defender el ‘derecho’ a la homosexualidad” y que los derechos reproductivos nos remitan a “un presunto derecho a la contracepción”, adoptándose “una interpretación desviada de la Declaración de Derechos Humanos”, originaria del “contexto ideológico liberal-radical” y “la lógica feminista” (Peris Cancio, 2006). Orwellianamente, este juego de distorsión semántica intenta menoscabar las connotaciones positivas del término “género” (asociadas a la igualdad entre hombres y mujeres como valor) al tiempo que impone nuevas connotaciones negativas asociándolo al concepto de “ideología” que equiparan a “falsedad” (frente a su discurso “verdadero”) e identificando el término “género” hacia lo que la Iglesia Católica llama “una CULTURA DE LA MUERTE”.

Esta deformación semántica viene acompañada por una segunda estrategia clave: activar y promover el PÁNICO MORAL frente a los avances en el reconocimiento de los derechos sexuales y contra el feminismo y el movimiento LGBT (Herdt, 2009). El origen de las nuevas estrategias se sitúa entre 1994 y 1995, en las conferencias internacionales de Naciones Unidas de El Cairo y Beijing. Como se relata en la crónica de Doris E. Buss (1998), en 1994, la reunión de El Cairo sobre población sirvió para orquestar una oposición creciente entre ciertos grupos CATÓLICOS Y MUSULMANES contra posibles acuerdos internacionales en cuestiones relacionadas con la familia. Como estrategia, el Vaticano obstaculizó constantemente las discusiones y los acuerdos al negarse a aceptar conceptos como género o “familias” en plural. En la conferencia de Beijing de 1995, sobre los derechos de la mujer, la Santa Sede había organizado un discurso amplio sobre derechos humanos en general, un discurso con un lenguaje propio, contrario a los conceptos y marcos clave de la agenda feminista (principalmente los relacionados con género e igualdad). Esta estrategia suponía un cambio respecto a su papel en El Cairo: más netamente opositor, en Beijing el Vaticano -ESTADO EXCLUSIVAMENTE GOBERNADO POR VARONES- se presentó a sí mismo como el AUTÉNTICO DEFENSOR DE LA MUJER, haciendo una representación de las mujeres activistas como radicalizadas y poco representativas. En este momento, el Papa Juan Pablo II escribe una carta personal (1995a) a la Secretaria General de la Conferencia de Beijing, Mrs. Gertrude Mongella, y publica su “Carta a las mujeres” (1995b). En ambas el Papa agradece a todas las mujeres su contribución a la humanidad y les pide perdón si la Iglesia Católica ha contribuido a su opresión histórica. El Vaticano sugería que la Iglesia estaba abierta a avances en el reconocimiento de los derechos de las mujeres y de su posición en la sociedad aunque, a continuación, ataca la reivindicación de igualdad de derechos como una radicalización que no podía representar los intereses de todas las mujeres.

Este es, probablemente, el cambio ideológico más importante. Después de que las posiciones católicas no tuvieran el éxito deseado en las conferencias internacionales, se puso en marcha una acción más planificada. A partir de la segunda mitad de los noventa, la respuesta proactiva contra los avances de género se basaría en la declaración de una ALERTA MUNDIAL contra los avances en los derechos sexuales y reproductivos, con dos dimensiones: una intelectual claramente internacional y otra política, con elementos internacionales y locales. Por lo que respecta a la primera, el trabajo intelectual empezó con la investigación a fondo de la literatura sobre género concebida en el feminismo crítico y continuó con la difusión de una interpretación católica de los derechos humanos, beligerante contra el feminismo, el marxismo y su síntesis en la llamada “ideología de género”. Uno de los primeros productos intelectuales en la lógica de la “ideología de género” es la obra de Dale O´Leary, The gender agenda. Redefining equality (1997), en la que se describen las conferencias de El Cairo y Beijing como batallas de una GUERRA entre feministas y católicos forzados a defenderse.

En 1998, Monseñor Alzamora Revoredo, entonces presidente de la Comisión ad hoc de la Mujer de la Conferencia Episcopal Peruana, publica el primer texto de esta tendencia en español bajo el título La Ideología de Género. Sus Peligros y Alcances (que es el mismo texto que aparece traducido en varios idiomas en el Lexicón de 2003). Después de estos primeros momentos, ya han sido numerosos los autores religiosos y laicos que han construido una literatura abundante, repetitiva y de consumo internacional, entre los que destacan Marguerite Peeters, Gabriele Kuby, Francesco D’Agostina, Mons. Tony Anatrella, Mons. Michel Schooyans, Constanza Miriano, Jorge Scala, o el cardenal Josef Ratzinger (después Benedicto). El libro desarrolla las ideas seminales que ya aparecían en el informe de la misma autora, “Gender, the deconstruction of women”, que O’Leary hizo circular en El Cairo durante la conferencia internacional sobre población.

Esta literatura confesional constituye el enmarque interpretativo en el que se han definido algunas cuestiones clave de cara a la acción política que acontecería con el tiempo. No sólo se provee de unos valores o una visión del mundo relativa a los derechos humanos y orientada a un público católico, además: (1) se dan las coordenadas en las que se va a definir un cierto AGRAVIO CONTRA LA HUMANIDAD; (2) se definen los actores de una contienda en curso; (3) lo católico se identifica con lo humano, con lo natural y con lo divino al mismo tiempo; (4) los antagonistas se dibujan como MENTIROSOS, confusos e interesados; (5) los significados de las palabras se diluyen y se manipulan en medio de acusaciones cruzadas de conspiración; (6) se invocan AMENAZAS APOCALÍPTICAS fruto de la alianza entre demógrafos, ecologistas, feministas y movimiento LGBT; (7) y se provee de justificación para la HOMOFOBIA, para la MISOGINIA y para la REIVINDICACIÓN DE ACCIONES DISCRIMINATORIAS reinterpretadas como un nuevo martirismo a través de la objeción de conciencia. Y cada uno de estos servicios que el discurso hace a la práctica, se implementa, local y regionalmente, de un modo distinto en función de la historia política y religiosa correspondiente, de la expansión y presencia social del activismo o de las oportunidades legales y gubernamentales.

Efraín Ríos Montt, el evangelista que mutilaba guatemaltecos

FASE 1: EL AUTOR DEL HORROR

(Texto extraído de un artículo del New York Times: https://goo.gl/kn4F7L)

José Efraín Ríos Montt nació el 16 de junio de 1926 en Huehuetango. Se unió al Ejército cuando era joven y entrenó en la Escuela de las Américas, financiada por Estados Unidos y ubicada en Panamá. (La influencia estadounidense en Guatemala era fuerte en esos momentos; el presidente de izquierda Jacobo Arbenz fue derrocado en un golpe respaldado por la CIA en 1954, evento en el que también participó Ríos Montt, entonces un joven oficial militar).
A finales de los setenta, al regresar a Guatemala, Ríos Montt se reinventó. Tomó un curso sobre relaciones humanas al estilo Dale Carnegie (un promotor estadounidense de autoayuda), dejó el catolicismo, SE CONVIRTIÓ EN UN LÍDER DE LA IGLESIA PENTECOSTAL EL VERBO Y ENTABLÓ AMISTADES CON EVANGELISTAS ESTADOUNIDENSES. Su estilo carismático, un bigote inconfundible y una reputación de rectitud ayudaron a que Ríos Montt tuviera muchos seguidores. El 23 de marzo de 1982 él y otros oficiales llevaron a cabo un golpe de Estado y él se volvió el líder de una junta militar de tres personas.
Para entonces guerrillas de izquierda habían tomado el poder en Nicaragua y tenían campañas en El Salvador y en Guatemala. Determinado a derrotar a la insurgencia en su país, Ríos Montt intensificó la política de tierra quemada que había realizado su predecesor, el general Romeo Lucas García. En los primeros cinco meses del mandato de Ríos Montt los soldados mataron a más de 10.000 campesinos, de acuerdo con Amnistía Internacional (véase: https://goo.gl/hnG8Zy). Miles más desaparecieron y cientos huyeron de sus hogares; muchos de ellos buscaron asilo al otro lado de la frontera, en México. Prácticamente todas las víctimas eran indígenas mayas.
Al general Ríos Montt le gustaba decir que TODOS LOS VERDADEROS CRISTIANOS PORTABAN UNA BIBLIA EN LA MANO Y UN RIFLE EN LA OTRA.“Si están con nosotros, les alimentaremos; si no, los mataremos”, le dijo a los campesinos.

FASE 2: RELATO DEL HORROR

Extraído del libro: MANUAL DE GUERRA DEL BUEN LATINOAMERICANO, pp. 211 y siguientes:

“Para ilustrar de manera casuística la gravedad de los hechos producidos en Latinoamérica en la modernidad más reciente, detengámonos en algunos testimonios recogidos por la Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala, que ya hemos citado, pues exponer la suprema irracionalidad de los hechos –como veremos– nos puede ayudar a entender la criminalidad del modelo imperante que sostienen los países centrales. Para ellos, la neutralización de los cambios sociales y de sus efectos políticos indeseados se convierte así en un asunto prioritario que debe ser resuelto violentamente, y tanto más violentamente, más funcional resulta para esas estrategias sumergentes. Preste especial atención el lector a la crudeza de los testimonios, y reflexione sobre qué razones pueden determinar comportamientos tan aberrantes como los que ocurrieron en Guatemala y que siguen a continuación:
“La mutilación de miembros, los dedos de los pies o de la mano, la propia mano entera, o partes de la cara, o la lengua, era algo común a muchos torturados. Sobre todo arrancar la lengua, los ojos, era una práctica común y los cadáveres eran botados [arrojados] posteriormente en las calles o en las plazas para infundir terror. La mutilación de los órganos sexuales de los hombres fue aplicada sistemáticamente.”

“Abandonar los cadáveres expuestos en estacas, colocar las cabezas de las víctimas degolladas sobre postes o colgando de los árboles, cortar las lenguas o las manos, mutilar los senos o los genitales, fueron prácticas que llegaron a ser habituales y que se realizaban antes o después de la muerte de la víctima. Aquellos macabros hallazgos y estos usos contribuyeron en gran medida al ascenso del terror.”

Estas prácticas fueron frecuentes en toda la geografía guatemalteca, como las padecidas por este grupo de campesinos en la finca Chacayá, en Santiago Atitlán:

“Las víctimas aparecieron al día siguiente botadas a lo largo del camino entre Godínez a Patzún, aproximadamente a 30 kilómetros de los hechos. Las víctimas aparecieron con signos de tortura, les habían arrancado pedazos de sus cuerpos … También les habían quitado toda la piel de las plantas de sus pies y tenían heridas de machete en la cabeza. A otro le habían cortado sus genitales y se los pusieron en la bolsa [bolsillo] de la camisa. A otro le quitaron los ojos y se los pusieron en la bolsa. Al pastor le habían quitado toda la piel de su cara, fue pelada. El acta de levantamiento del cadáver del señor José Chicajau, elaborada por el juez de paz, señala que éste presentaba quemaduras en el abdomen y en ambos pies, y muchos golpes amoratados en distintas partes del cuerpo.”

También un grupo de mujeres fueron torturadas en el Cuartel de Reservas Militares de Santa Cruz de Quiché, y declararon ante la comisión:
“(…) nos llevaron a una habitación chiquita, oscura, se sentía que había más gente, sólo se quejaban. Poco a poco pudieron distinguir a varios hombres que tenían cortados pedazos de nariz, orejas, dedos…”

A continuación el testimonio de un campesino obligado a torturar, recoge lo siguiente:

“A Juan Tomás, Matías Tomás y Manuel Tomás, los soldados sacaron un puñal, les sujetaron las manos y les empezaron a sacar una por una las uñas. Los gritos de dolor eran muy fuertes.”
“Yo les arranqué las uñas de los pies y después los ahorqué; en Chiacach y Chioyal las torturas que hacíamos era que les rajábamos con las bayonetas de los soldados, las plantas de los pies a los hombres… las uñas se las arrancaba con alicate… les picaba el pecho a los hombres con bayoneta, la gente me lloraba y me suplicaba que ya no les hiciera daño… pero llegaba el teniente y el comisionado… y me obligaban cuando veían que yo me compadecía de la gente…”

Y también:

“A Jesús le comenzaron a golpear en la boca hasta romperle los dientes. Luego se los sacaron con cuchillo y se los iban haciendo tragar, de uno en uno, mientras lo interrogaban sobre los nombres de sus compañeros guerrilleros. Finalmente el oficial, enojado porque no le decía nada, le agarró la lengua y amenazó a Jesús con cortársela, mientras volvía a ordenarle que dijera los nombres. Unos soldados sacaron un palo donde tenían colgadas una fila completa de lenguas, y le dijeron: ‘La tuya será la próxima’. Golpearon fuertemente a Jesús y después le cortaron la lengua.”

El informe también determina el origen y los alcances de los organismos militares involucrados en estos crímenes y concluye que éstos recaían fundamentalmente en los Servicios de Inteligencia pertenecientes a las estructuras internas del ejército guatemalteco, según afirman los testigos consignados en el documento”